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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."

José Saramago

viernes, 21 de noviembre de 2014

"SANTIAGO NEGRO" III FESTIVAL DE LITERATURA Y LAS ARTES, SANTIAGO DE CHILE, DEL 26 AL 29 DE NOVIEMBRE DE 2014






"DYLAN THOMAS EN EL "CABALLO BLANCO" DE NUEVA YORK" POR ANTONIO COSTA GÓMEZ (EXTRAÍDO DEL BLOG "EL COLOQUIO DE LOS PERROS")




Estaba tomando whisky en el "White Horse" de Nueva York, en el West Village, había hecho un gran esfuerzo para encontrarlo, había ido por la calle Hudson y había pasado las Casas Gemelas y me había acercado al río, y ahora estaba allí sin saber qué sentir, mirando las imágenes de Dylan en las paredes, y sintiéndome igual de interesante y de visionario que Dylan, como si me recorrieran las ondas de la poesía y de la profecía y de la fiebre céltica, como si pudiera fascinar y trastornar a todo el mundo igual que él a través de la radio, como si pudiera conseguir que mis recitales fueran vivencias y revulsivos y reminiscencias para miles de personas que no leen poesía, como si pudiera electrizar a la gente a los dos lados del océano, estaba allí sin saber qué sentir, pero profundamente emocionado y asombrado, y me acordé de cuando Dylan dijo: «Creo que he batido un récord, me he tomado 19 whiskies», y después se fue a morir al Chelsea Hotel. Poco después yo iría por allí como una rata nostálgica para evocar su aliento, y me entraron ganas de hacer yo también algo desaforado y decisivo como él, pero me daba miedo y pereza meterme en el delirium tremens en esos momentos, prefería llegar otra vez al hotel Carlton Arms y ver todas las pinturas que llenaban las paredes, me vi como un clochard peregrinando detrás de la poesía de verdad por las calles de Nueva York, la poesía que te hace sentir frío y fiebre entre los coches y no solo sirve para contar los sustantivos en un departamento académico.


     Le pedí whisky a la camarera y quise que cada trago me supiera como un poema de Dylan, y pensé en recitarle a la camarera un poema del galés como una vez le había recitado un poema mío a una empleada alucinada de la Biblioteca del Arsenal en París, pero en realidad me lo recité a mí mismo, ése que dice que la muerte jamás triunfará, que aunque los enamorados se vayan seguirá el amor, que aunque las personas se vayan quedará la tierra, y me acordé de cómo lo recitaba Sean Penn en una película de gangsters cuyo título no recuerdo,  me quedé impresionado como siempre, me dije: ¿ves?, siempre está esa pasión de los europeos, ese tono heroico y visionario, y luego me puse a  recitar en voz baja ‘Visión y oración’, ‘En la rodilla del gigante blanco’, ‘El cumpleaños’, tuve una charla conmigo mismo sobre el cristianismo y el celtismo de Thomas, dicen que Europa empieza en Grecia, me dije, pero los europeos tienen muchas más aportaciones, por ejemplo los celtas, que les hablan de las hadas, del infinito, de una naturaleza misteriosa, de los mares, de visiones, y también  el cristianismo, me dije que sí, que a nosotros se nos había desgastado el cristianismo, pero que Thomas lo exponía de una manera tan dramática, tan apasionada, tan visionaria, que de verdad nos sacudía con los profetas, la resurrección, el nacimiento de Dios, el milagro, el espíritu incendiándolo todo, para Thomas la gracia sí que era algo que nos trastornaba completamente y sacudía hasta a los muertos, y tenía  tanta pasión que hasta le decía  a su padre que no entrara tranquilamente en la noche callada.

 Y en aquel pub lleno  de gente que  hablaba en mitad de sus imágenes, junto a su cara mofletuda y sus ojos hinchados, parecía que todo cobraba vida y que nosotros nos volvíamos también milagrosos y extraordinarios como quería Dylan Thomas, ese poeta quería enloquecernos a todos y sacarnos del marasmo, incluso usted se pone inspirado cuando recita sus poemas, me dije a mí mismo, yo  dije que sí, que Dylan Thomas quería el Apocalipsis, quería que todo se revelara y se saliera de madre dramáticamente, que pusiéramos las cartas encima de la mesa y nos llenáramos de vida otra vez, que viniera Cristo en ese mismo momento a alucinarnos de nuevo, y parecía como si  Dios estuviera apareciendo de verdad en aquel pub, lo que quiso Thomas, dije, fue sacudir el aburrimiento de Europa y que todos viéramos visiones continuamente, es que no hemos parado de ver visiones, me dije, y eso es el encanto de Europa, ustedes han ido con sus visiones a otras culturas que parecían llevar miles de años sin cambiar nada, me dije, ustedes inventaron la Historia, la Historia puede ser terrible, contesté, yo creo que lo que Dylan quiso fue superar la Historia y traer el mito, librarnos de la Historia, sí, me contesté, pero la Historia también es vida, es relámpago, en otros continentes durante miles de años no pasaba nada, la Historia demostraba que ustedes los europeos taban vivos.     Durante horas en mitad del murmullo me repetí los poemas de Dylan Thomas y parecía vivirlos intensamente, me había sugerido a mí mismo muchas veces ir a Gales a visitar los lugares de Dylan, hay una casa en un barco en la bahía de Laugharne donde vivió los últimos años, pero nunca me decidía, sin embargo me gustaba repetir sus poemas en mitad del jaleo, y estaba tan emocionado que estaba a punto de dormirme, y ya se sabe que en esos momentos nos abrimos más a nuestro inconsciente y cobramos lucidez, y recité el poema ‘Visión y oración’ y sentí como si Europa entera estuviera trastornada, con todas las ciudades llenas de visiones, con los monumentos más relucientes, con la gente más inspirada diciéndose cosas en los bares, con las parejas amándose más profundamente en las habitaciones, y todo aquello también pasaba en Nueva York por la gracia de Dylan Thomas.   Y luego me levanté y me dirigí al Chelsea Hotel, y entré como un mendigo a mirar furtivamente las fotos, como un escritor menesteroso y bohemio que apenas puede  pagar el Carlton Arms, y me dije que allí había muerto el poeta,  y yo me morí también un poco, de melancolía, de nostalgia, de exaltación, de deseo de haberme emborrachado con él, de caminar como dos cachorros por las afueras de Swansea, y ahora que Dylan cumple cien años me acuerdo de aquellos días, y me digo: que joven estás, Dylan, un día de éstos tenemos que ir a tomar unos whiskies por Huertas.





PRESENTADO EL LIBRO "HAMBRES" DE LA POETA CHILENA MARÍA JESÚS CAMUS



POEMA "MALAS LENGUAS" DEL AUTOR CHILENO JORGE RAGAL




 

Cuentan que se hizo adicto al aguardiente.
Que sufre de constantes alucinaciones.
Que se imagina que vive en Babilonia.
Que habla en una lengua ya extinguida.
Que es cómplice de un crimen pasional.
Que ni siquiera reconoce a sus propios hijos.
Que tiene el tatuaje de una serpiente en el cuello.
Que colecciona amuletos de magia negra.
Que hace mucho tiempo abandonó la poesía.
Que una jovencita le escribe sus últimos versos.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

EL POETA Y ESCRITOR CHILENO CARLOS ALMONTE EDITA EN DESCONTEXTO EDITORES SU LIBRO "GRADO CERO"



“LOS OJOS DE ÁFRICA” POR ANTONIO COSTA GÓMEZ (EXTRAÍDO DE LA REVISTA “MITO”)




Miradas de escritores africanos


Sabemos como ven África los ojos occidentales. Como la ven los escritores, los fotógrafos, los directores de cine. Alguna vez de manera original y auténtica, muy a menudo con un montón de tópicos y lugares comunes. África es nuestro jardín salvaje, que nos asusta y nos fascina, en el que queremos emociones controladas, chillidos de ama de casa burguesa, a ser posible desde el ordenador o desde el cristal del autobús de la agencia de viajes. Y si no, un poco de exotismo de postal y un olor fuerte desde el sofá del salón.
Pero no sabemos como la ven los africanos ni como nos ven a nosotros. Los africanos también tienen ojos. Si leemos a algunos autores africanos podemos ver qué ojos tienen. En Uganda Otok Bitek escribió “La canción de Lawino” situada en la región de Acholi, en el límite con Sudán. En esta novela en verso (que imita las historias tradicionales orales) Lawino se queja de que su marido Okol la deja de lado por una amante occidental. La desprecia y adopta la cultura de su amante: sus bailes, su manera de besar, su tecnología, su cristianismo. “La lengua de mi marido es amarga”, dice. Ataca la cultura tradicional, sus supersticiones, su desnudez, sus danzas, sus historias. Sin embargo Lawino reivindica sus danzas, sus maneras de adornar las chozas, sus bailes entusiastas. Y observa que los blancos son puritanos, esclavizan a los negros, condenan a los que no creen en su religión, creen en cosas tan raras como las que creen los negros.



Moses Isegawa en “Crónicas abisinias” hace un fresco de la historia de Uganda moderna equivalente a “Guerra y Paz”. Abisinia es el abismo, el infierno, la verdadera Abisinia según él es Uganda, y la novela sería como un viaje sin anestesia por los infiernos. En un estilo árido, sin miramientos, desenfadado, cínico a veces, muestra como el protagonista sobrevive a los cristianos fanáticos, las brutalidades de Idi Amin, las contradicciones de los que se enfrentaron a él, la miseria, las guerras continuas , y últimamente el paternalismo de los europeos en Ámsterdam. Le fastidia que los europeos trafiquen con imágenes de negros sufriendo, con las miserias de los africanos, como si África fuera el campo de cultivo de sus buenos sentimientos, el mismo que son los pobres para los ricos en los bulevares de Europa. Está harto de ser un indígena de postal, quiere mirarnos con la misma intensidad con que le miramos nosotros, es una personalidad tan intensa como nosotros, puede dialogar con cualquiera de nuestros escritores en un café de Ámsterdam.
Susan Kiguli escribió “Saga Africana” y leyó sus poemas por toda África y Europa. En el poema “Tus ojos” su madre le dice que mire las cosas en lugar de ella, le dice que los ojos se hacen más grandes en los viajes, pero Susan le pregunta cómo puede hacerlo si ella nunca supo alimentar a catorce ojos hambrientos con dos peces y cinco panes como su madre, si nunca tuvo una enciclopedia de miradas como ella, si nunca se rió ante la mirada simplona de los extranjeros, si no pone un discurso profundo ante cada experiencia, como ella, si no sabe como ella que la viudez es tan intensa como el teatro en Europa.



Ngugi wa Thiongo en Kenia escribió una obra sobre la lucha de los Mau Mau, “Un grano de trigo”. Y ya no son solo las barbaridades que cuentan los blancos, los asaltos a las granjas, las brutalidades feroces de salvajes. En esa obra vemos el desprecio invencible de los blancos que los tratan como ganado, las palizas salvajes a los africanos, la negación de sus necesidades más básicas, las torturas, las humillaciones y negaciones. Y si los ojos blancos ven una masa indiferenciada de salvajes, los ojos de Thiongo ven a una serie de personas diferentes, el indolente, el apasionado, el contradictorio, el enamorado, el traidor, el falso héroe, el falso traidor, la mujer de leyenda que los enamora, el que no sabe lo que es, y momentos poéticos, y pasiones en los bosques, y sueños extraños, y el tren pasando cerca de las aldeas como el film mítico con el que se encantan miles de negros. Y como tampoco se trata de una historia de buenos y malos, también él vio la corrupción y la tiranía de los gobernantes postcoloniales y por eso estuvo exiliado y cuando volvió unos desconocidos asaltaron su casa y violaron a su mujer y le robaron casi todo.



Binyavanga Wainaina publicó en la revista Granta un texto titulado “Cómo escribir sobre África” donde se burlaba de los estereotipos de los occidentales sobre África: hay que tratar África entera como si fuera un solo país, no decir cosas demasiado complejas, hablar de gente con costillas prominentes y nunca de personas de clase media, decir que los africanos llevan el ritmo dentro, recordar las cosas más raras que comen, no hablar de la vida cotidiana, ni del amor entre africanos a no ser que esté relacionado con muerte, no mencionar escritores africanos, no hablar de niños que van al colegio y no sufren ningún virus ni mutilación genital. Y luego publicó la novela autobiográfica “Algún día escribiré sobre África”, y habla de un niño que va a una buena escuela, de una madre que tiene un pequeño negocio, de un padre profesional en una compañía, de la ciudad de Nakuru, de sus lecturas, del presidente Keniata, del apego a la tierra, de una vida sin tragedia, de un estudiante perezoso en la universidad, de una Ciudad del Cabo que es como el París de África, del regreso a Kenia, de la vida de escritor, de los viajes por África, de las distintas etnias, de las muchas lenguas. Wainaina empieza: “Es por la tarde. Jugamos al fútbol cerca del tendedero, detrás de la casa. Jimmy, mi hermano, tiene once años, y Ciru, mi hermana, cinco y medio. Yo soy el portero”. Habla de un niño que es un niño, no una postal ni un cartel de una ONG. Y como muchos niños descubre el lenguaje: “Estoy en mi dormitorio, solo. Tengo un vaso de agua. Intento bebérmelo de un tirón, como Jimmy. Esa palabra, sed, sediento, es una palabra llena de determinación: empuja a la gente a actuar con rapidez. Las palabras, pienso, deben ser cosas concretas. No sugerencias, imágenes vagas y sensaciones cambiantes y al azar ¿verdad?”.
Abdulrazak Gurnah nació en Zanzíbar y frecuentaba los cafés literarios de Stone Town. En su “Paraíso” también aprendemos como mira un africano de cultura musulmana. Habla de un muchacho que vive en una realidad muy dura que le envuelven en sueños. Está con un mercader, viaja con él hasta el mítico Gran Lago que los europeos llaman Victoria, visita en las noches a la mujer solitaria de su jefe, se entiende con otro muchacho, escucha las historias de un camionero cuando está borracho, y no sabe que su padre lo ha vendido, que su jefe es su amo, que él es el pago de una deuda, que puede soñar muchas cosas pero vivir muy pocas, que el Paraíso está en las palabras y en las leyendas. Y mira a los blancos desde lejos, desde lo que le cuentan los ojos africanos: los blancos son feroces, lo exterminan todo, utilizan a todos, entran en las ciudades sin piedad, atacan todas las religiones, se creen que solo ellos tienen la verdad, desprecian los sueños de sus abuelos, pretenden arrasarlo todo.
Euphrase Kezilahabi es el más importante autor contemporáneo en swahili. Nació en Tanzania junto al lago Victoria, estudió en universidades norteamericanas y enseñó literatura africana en la universidad de Botswana. Sus poemas rompen con las convenciones de la poesía swahili tradicional pero siguen llenos de elementos tradicionales, rasgos de oralidad, recursos fónicos, las historias que le contaba su madre. En el poema “Inundaciones” del libro “Fiesta” habla de la fragilidad de las vidas de sus compatriotas desde los elefantes hasta los cuartos de baño, desde las rayas de las cebras hasta las camisetas, como todo un mundo es amenazado, como la épica terrible puede amenazar la lírica de las intimidades: “Las inundaciones de este año son una gran amenaza/ tenemos que contárselo a nuestros nietos”.



Shaaban Robert es el Cervantes de Tanzania, el más respetado de los escritores swahili. En su novela “Kusadikika” (La Increíble) imagina un país ilocalizable en el cual todos los viajeros que han ido a los países vecinos son encarcelados al volver para que no perturben a la gente con sus historias y no les hagan imaginar cambios posibles en el país. Pero Karama, que cuenta todos esos viajes y es acusado por ello de traición, se defiende a sí mismo y cautiva a todos con sus historias. Los ojos de un africano pueden negar las utopías terribles y soñar con los cambios y las contradicciones de la vida. En otras novelas suyas la gente siempre está cambiando de sitio y tiene que adaptarse a sus cambios. Las sociedades africanas actuales son realidades complejas resultado de muchas etapas y muchas mezclas culturales y no valen los estereotipos sobre ellas.




El ojo que ves no es ojo porque lo miras, dice Antonio Machado, es ojo porque te ve. De modo que no son solo ojos brillantes o asombrosos para salir en la portada de National Geographic. Son ojos que reflejan a seres vivos, a almas contradictorias, a subjetividades que palpitan y no pueden atraparse. Están tan vivos como nosotros, pueden hablar con nosotros. Puede que no los comprendamos, pero al menos podemos intentarlo, mirar cómo nos miran.


INMINENTE APARICIÓN DEL LIBRO DEL GRAN POETA COLOMBIANO HAROLD ALVARADO TENORIO "LA CULTURA EN LA REPÚBLICA DEL NARCO" (EDITORIAL PODENCO)



"MAR CON BOLIVIA, CONSTRUYENDO UN ACERCAMIENTO CHILENO-BOLIVIANO" , ESTE NOVIEMBRE DE 2014




Entre el 18 y 27 de noviembre se llevará a cabo el encuentro Mar con Bolivia, en Valparaíso y Santiago de Chile, con la participación de escritores, artistas y académicos de ambos países, cuyo propósito es comenzar a construir un acercamiento/entrecruce chileno-boliviano a las alturas de los desafíos vecinales por venir.
El evento incluye lecturas de poesía donde participa como organizador Descentralización Poética el sábado 22 de noviembre en San Bernardo con la lectura de los poetas de Bolivia Claudia Pardo, Marcelo Villena y Eduardo Álvarez, junto a los poetas de San Bernardo Ana Montrosis, Yuri Pérez, Mónica Montero, Marcelo Arce y Úrsula Starke, además la música de Ramírez Neira destacado músico nacional nacido en San Bernardo, que por años hizo su carrera artística en el país altiplánico, Centro cultural Titanium con una muestra de danza Rapa Nui y las performance del también artista de esta comuna Samuel Ibarra.
El encuentro es organizado por instituciones académicas y culturales de la sociedad civil chilena, entre las que cabe mencionarlas revistas Mar con Soroche, Aneconómica Escrituras americanas, el Departamento de Filosofía de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación de Santiago, el Núcleo Derecho y Ciudadanía de la Universidad de Valparaíso, el Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Alberto Hurtado, el Programa de Filosofía de la Universidad ARCIS, Galería de arte Metropolitana, el Módulo de experimentación de Arte AK-35, la Federación de Estudiantes del Pedagógico,  CHIBO Alegroremas y por supuesto Descentralización Poética, para que asistan.
René Silva Catalán
Escritor y Publicista