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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."

José Saramago

domingo, 25 de enero de 2015

"RUTA DOS", LIBRO DE POEMAS DE DANIEL CALABRESE (ARGENTINA) POR ALFONSO MALLO



Retomar el pueblo y devolverlo transfigurado: ya no por lo que representa sino por lo que construye. Olvidar, por un instante, el referente real (la tarea sencilla, pues implica el recuento y la descripción) y desplazarlo hacia la zona donde se vuelve inapresable: el fruto del recuerdo, la evocación, y también la construcción imaginada sobre la realidad de una historia, un pasado que los hechos insinúan pero que no alcanzan a develar sino a través de lo que inventa la lengua de la poesía.  Así, el espacio se convierte en una excusa sobre la que sobrevuela la escritura que anota, desde el costado, lo que podría pensarse como una cultura del pueblo (pueblerina) y que se impone desde las circunstancias que rodea y no evita: en los pueblos siempre hay muerte, cementerios, molinos, carteles, habitantes extraños, familia, cines, mecánicos, padres, aislamiento y extensión. Este, además, está en la mitad de una ruta que une cosas que no deberían estar unidas, que quizás no une nada.
Con este libro, Ruta dos, Daniel Calabrese (Dolores, Argentina, 1962, y residente en Chile desde 1991) obtuvo el «Premio Revista de Libros 2012», que organiza hace más de veinte años el diario El Mercurio, de Santiago, con un jurado integrado por los poetas Raúl Zurita y Óscar Hahn, y el académico César Cuadra. Es su quinto libro de poesía; lo anteceden La faz errante (1989), Futura ceniza (1994), Escritura en un ladrillo (1996) y Oxidario (2001), publicados en Argentina, Barcelona, Japón, Chile.
Los poemas de Ruta Dos se inscriben en el espacio vacío que deja el cruce entre la experiencia y su trascendencia, entre el devenir y su epifanía: «Hace un año murió el perro de la casa/ recién ayer me di cuenta» («Vidas privadas», 51). Con la ficción del recorrido que impone la imagen de la ruta (que funciona como un río unidireccional que, siempre, se lleva las cosas y rara vez las trae), la idea del lugar medio adquiere una dimensión poética inusual, sorprendente. Porque no se trata de buscar las cosas que tienden a la unión sino de instalarse en ese exacto punto y, desde allí, mirar lo que pasa: la mitad entre todo lo que nos rodea, el punto de vista que no logra juntar (porque no quiere) lo que ocurre del lado de la realidad (el lugar verosímil, quizás el pueblo como una colección de fantasmas) con lo que apenas ocurre del otro lado, el que esa realidad suscita y que no existe sino de un modo que no podría llamar de otra manera más que religioso. Allí hay, claro, una elección y una figuración incómoda, porque no existe mayor indeterminación que la impertinencia de optar por un punto de vista un poco imposible (y, por lo tanto, arriesgado). «Ahora bien,/ si la memoria no me falla/ dando la vuelta en esa esquina/ vamos a encontrar un viejo cine,/ la casa de mis padres con su biblioteca de madera/ y una puerta solitaria en medio de una larga pared/ que sirve para llegar/ adonde ya no queda ninguna pregunta.// No hay una biblioteca de madera,/ dijo, entre mis sueños/ y la llave que conservo atada al fuego/ no tiene acceso a los depósitos del tiempo.// De acuerdo, entonces sigamos vagando: no es hora de abrir/ esta pobre historia que llevo en la maleta» («La memoria compartida», 46-47).
Ni contra una corriente que fija lo poético en el objeto ni a favor de otras que lo niegan, la lengua de Calabrese desoye cualquier llamado de la especie que esté ocurriendo en un sentido de contemporaneidad y define un lugar propio: «Y, como aquellos que se van de la casa más amada, / nos alejamos de la poesía amarga» («Tubos de gas», 33). Según Raúl Zurita, los poemas «van trazando un recorrido que es a la vez geográfico y mental, biográfico y metafísico, histórico y al mismo tiempo atravesado por una extraña religiosidad, por una suerte de nostalgia del lugar inexistente, pero que por eso mismo está en el origen común de la utopía, del sueño y de la desgracia». La lengua que los arma no apuesta por la construcción de sentido en el escaparate, a esta altura banal, de la superficie y su artificio. Puesta en el lugar del medio, es capaz de recoger  las voces de algunos personajes que rara vez hablan pero se presentan construidos por un decir (la madre, el tonto del pueblo, la vida del padre en paralelo con la de Kerouac), como de hacer restallar hasta la incomodidad la conmoción que causan las palabras en el lugar de la cifra y el sortilegio (ese lugar un poco místico que adquiere significado cuando se atisba la posibilidad de la trascendencia: queda, en la lectura, la sensación de que en casi todos los poemas lo dicho es una excusa para la iniciación de un camino imposible de alcanzar de otra forma más que borrando algunas fronteras de la convención). «Va dejando así una marca de luz/ que permanece hasta que la borran/ los faros de un automóvil/ o simplemente se diluye en la humedad.// No falta el que bebe y después dice/ que leyó completo En busca del tiempo perdido,/ completo, las siete novelas,/ y que lloró al amanecer/ frente a un mapa de Londres.// Tengan cuidado,/ en la ruta de la entrada/ suele cruzarse a veces un caballo,/ algún rencor,/ algún árbol perdido.// Esto no es más que un pueblo chico,/ aburrido y violento» («Ceda el paso», 60).
Es común ver, en la pampa argentina, en esa planicie, una sucesión de molinos. Algunos de ellos tienen, al pie o un poco desplazado, un tanque australiano (un círculo de lata, de diámetro variable pero por lo general significativo, que sirve para acumular el agua que la fuerza del viento extrae de lo profundo). Un espejo en el medio de la tierra, un remedo del cielo: en el poema de Calabrese el tanque se transforma en el lugar del medio, una metáfora que, ahora sí, asume la ruta como pasaje entre este mundo y el otro, como aislación del entorno y, también, como el lugar de la conexión total, de la mística, de una fe que atraviesa el libro completo, el pueblo, las cosas: «Si me dan un tiempo/ quizás pueda hablar de algún misterio:/ de las sencillas luces de la Ruta Dos, por ejemplo,/ o de lo que se siente al nadar/ en el fondo de un tanque australiano» («Sabiduría», 63). Si no fuera porque existe, porque es la pampa y ese pueblo, el tanque podría pensarse como la anulación del tiempo y de la forma, esa que la lengua asedia sin alcanzarla, porque no es de este mundo.  «No sé cuántos días transcurrieron/ mientras me hundía en el silencio. / Recordé que en el ‘Paraíso’ del Dante/ no se describen sonidos, / pero eso qué podía importar.// Era un mundo sin horizonte: / por más que buscaba alrededor/ el horizonte no aparecía.// Desaparecieron, finalmente, / la luz y el tiempo.» («El tanque australiano», p. 30).

          (PUBLICADO ORIGINALMENTE EN LA “REVISTA CHILENA DE LITERATURA”,  FACULTAD DE FILOSOFÍA Y HUMANIDADES DE LA UNIVERSIDAD DE CHILE)



DANIEL CALABRESE

Poeta argentino-chileno residente en Santiago desde 1991. Nació en Dolores, Provincia de Buenos Aires, en 1962. Ha Publicado los siguientes libros: La faz errante (Buenos Aires, 1989), Futura Ceniza (Barcelona, 1994), Escritura en un ladrillo (bilingüe español-japonés, Kyoto, 1996), Oxidario (Buenos Aires, 2001, Premios del Fondo Nacional de las Artes) y Ruta Dos (Premio "Revista de Libros", Diario "El Mercurio" – Aguilar, 2013) y las plaquettes: Day Runs and other poems (inglés-español, Fairfield University, 1997) y De Oxidario (Barcelona, 1998), entre otras. Obtuvo la Estatuilla Alfonsina Storni por su obra poética. Invitado a numerosos festivales internacionales y traducido parcialmente al inglés y japonés. Es fundador y director de la prestigiosa revista de poesía "Ærea, Anuario hispanoamericano de poesía y traducción" y Director de publicaciones de RIL Editores en Santiago de Chile.

HOMENAJE EN VALENCIA, ESPAÑA, AL POETA CHILENO PEDRO MONTEALEGRE (POR ALDO ALCOTA)




Fallece el poeta chileno Pedro Montealegre
por Aldo Alcota

Texto extraído de
“TENDENCIAS LITERARIAS”

Trajo a España la ardorosa pulsación de la poesía latinoamericana y chilena


El pasado 10 de enero de 2015 fallecía en Santiago de Chile el poeta Pedro Montealegre. Nacido en esa misma ciudad en 1975 y autor de poemarios como “La Palabra Rabia” (Premio César Simón, 2005) o “Animal Escaso”, Montealegre vivió durante más de una década en Valencia, ciudad en la que formó parte de la Unión de Escritores del País Valenciano y a la que trajo la ardorosa pulsación de la poesía latinoamericana y chilena.


Tú crees soñar el libro. Tú eres soñado por él.
Edmond Jabés.

 
El pasado 10 de enero, fallecía en Santiago de Chile el poeta Pedro Montealegre. Nacido en esa misma ciudad en 1975, Montealegre vivió durante más de una década en Valencia.

Su paso por esta ciudad fue potente y crucial. Allí es parte de la Unión de Escritores del País Valenciano. Se hace conocido y colabora en varias actividades animadas por el desaparecido Café El Dorado y la Librería Primado. Pedro trae a España la ardorosa pulsación de la poesía latinoamericana y chilena. En cada recital donde participa, en cada libro que publica, se revela ese latido.   

En Chile pertenece a la llamada generación de los noventa junto a Javier Bello, Alejandra del Río, Damsi Figueroa, Marcelo Pellegrini, Andrés Anwandter, Gustavo Barrera o Alejandro Zambra. Bello define a este grupo de poetas como “‘peregrinos’, ‘caminantes’, ‘navegantes’, ‘argonautas’ y, por sobre todo, ‘náufragos’”, quienes aparecen con la llegada de la democracia.      

Escribir, dejar paso al empuje de la palabra, su furor, su consternación, preguntas, respuestas, voces que despiertan la realidad dentro de la realidad, imágenes y la contorsión de sus detalles, territorio en movimiento. Un manto hecho yacimiento. Hecho discurso. Obsesión de la palabra y su temblor junto a la lluvia. Caen versos como dagas en el espacio blanco. Heridas. Desborde sonoro del misterio. Agitación del margen.


Trayectoria en España

El análisis de Antonio Méndez Rubio sobre la poética de Pedro Montealegre resuena como una gran certeza: “Más que el poema-río se trata del poema-remolino, que es algo bien distinto (¿no?): se traga a quien se descuida, y está como rogando ese descuido en la lectura; su voracidad, como la del lobo de las fábulas infantiles, no tiene límites, por eso es verdadera”.
  
En 2005 gana el Premio César Simón de Valencia con su libro La palabra rabia (Editorial Denes). Al año siguiente, publica El hijo de todos en las Ediciones del 4 de agosto de Logroño, donde también han publicado Antonio Fernández Molina, Enrique Falcón, Luis Antonio de Villena y Eduardo Milán. Después viene Transversal en 2007; aquél es editado por Rocío Cerón en México.

En 2010 participa en una velada poética realizada en Madrid y lee junto a otros chilenos que viven en la península como Juan Soros, Marcela Parra, Julio Espinosa… Aparece Animal escaso de Ediciones Idea, colección Atlántica dirigida por Ernesto Suárez. La pobre prosa humana es la última obra de Pedro divulgada en España (2012), bajo el sello de Amargord, Colección Once, animada por Víktor Gómez y Javier Gil. A propósito de este libro, Guillermo Cano Rojas enfatiza: “que su poesía sea hiperbólica es posible por el registro teatral en el que los asuntos dramáticos de la existencia ordinaria conviven junto con otros asuntos banales”.  

Su nombre aparece en varias antologías y es importante destacar Doce en Punto, Poesía chilena reciente (1971-1982), recopilación realizada por Daniel Saldaña París y publicada en 2012 por la Dirección de Literatura, UNAM, México.


Vuelta a Chile

Después de su regreso a Santiago de Chile mantiene siempre el contacto con sus amistades valencianas, y en noviembre de 2014 presenta con Javier Bello el libro Poemas a la intemperie de Begoña Pozo (Libros La Calabaza del Diablo), en el Estudio Panal.

De sus conversaciones literarias resplandecen los nombres de Paul Celan, René Char, Blanca Andreu, Edmond Jabés, Giannina Braschi, Pier Paolo Pasolini, Pablo de Rokha... Dibuja y pinta al igual que el leonés Juan Carlos Mestre (Premio Nacional de Poesía 2009, al que le une una gran amistad) y Lucebert (poeta y artista holandés del grupo CoBrA, muy admirado por el chileno).


Pedro convierte sus lápices de colores en danzarines resplandecientes, derviches en trance. Los peces mastican los rayos del sol.


viernes, 23 de enero de 2015

"SOBRE LO ESCRITO" POR LUIS GARCÍA MONTERO (TEXTO LEÍDO EN LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO "ESCRITO" DE ANDRÉS MORALES EN "CASA DE AMÉRICA", MADRID, SEPTIEMBRE DE 2014)





Conocí a Andrés Morales como un poeta ya hecho y reconocido. Ana María Cúneo celebró la salida del primer libro de Andrés, Por ínsulas extrañas (1982), anunciando que era “una esperanza de futuros logros para la poesía chilena”. Pues bien, yo fui lector de Andrés cuando ya había cumplido todas las expectativas y publicaba una Antología personal, en el año 2001, como poeta consagrado.

En la lectura sucesiva de sus primeros libros, Por ínsulas extrañas, Las visiones de Tiresias, Soliloquio del fuego, Lázaro siempre llora, Ejercicio Del decir, Verbo, Vicio de belleza, Escenas del derrumbe de Occidente, y cito sólo algunos de sus títulos, constataba yo una voz personal cimentada en algunas inquietudes claves.

Al leer el libro que presentamos hoy, Escrito, compruebo que los poemas coronan y responden a estas inquietudes de mundo propio, siguiendo el camino afianzado en sus últimos libros, poemarios como Los Cantos de la Sibila o Ejercicio de escribir.

Desde el primer momento, la poesía de Andrés tuvo un deseo lúcido de indagar en la escritura, en las posibilidades y las limitaciones de la escritura para dar cuenta del mundo.  

La verdad está en las calles,
pero también en las tormentas…

Afirma en unos versos de “País de ojos y sueños”. Se trata, pues, de una escritura atenta a la calle, pero consciente de que no basta para el conocimiento con una visión plana de la calle. Se trata de una escritura que necesita adentrarse en la tormenta, en aquello que nos desborda.

Otra de las claves de Andrés Morales, de su mundo poético, es la conciencia de la historia, de la tradición humana y cultural. Esta clave puede llevar sus poemas a la palabra clásica o también a “El fantasma del soldado francés (1917)”, un magnífico poema de Memoria muerta, que evoca la atmósfera de la Gran Guerra.

Todo tiene un rumbo. La calle, la tormenta, la cultura, la historia…, todo apunta a la indagación en la propia conciencia individual. El primer poema de Escenas del derrumbe de Occidente, se titula “Bajo el cielo de la noche partían esos barcos hacia donde nunca iremos; reconciliando al Mar con los viajeros, con los Gritos del Marino que en nada han cambiado desde que Ulises abandonara Ítaca”.

Un verano del presente, un mar de hoy, lleva a Ulises y a Ítaca, pero con la necesidad de desembocar a lo largo del libro y su poesía en las playas de la infancia, en un territorio fundamental dentro del sentimiento elegíaco de Andrés Morales:

                   ¿Por qué los niños dulces y traviesos?
                   ¿Por qué mi corazón que grita y vuela?

La indagación intelectual es inseparable de la meditación sentimental. Hablamos verdaderamente de la indagación en el deseo. Es lo lógico en el mundo de un autor, poeta y ensayista, creador y académico, lírico y racional. Un diálogo entre las razones infernales y los fuegos de la cátedra.

Hace unos años, Mateo Goycolea preparó unos Asedios (a) Morales, un conjunto de estudios y notas sobre la poesía de Andrés. En ese libro, otro poeta y profesor, Miguel Ángel Zapata, afirmó: “Su poesía es una reunión de las tradiciones chilenas revisadas (Huidobro, Mistral, Neruda, Rojas, Hahn, Zurita) con la poesía mística española y variados ingredientes de Rilke, Baudelaire y Rimbaud”.

Es el diálogo de la tradición, de las tradiciones, como corresponde a la experiencia chilena de un descendiente de español y croata, pero también de San Juan, Huidobro y Baudelaire.

En Escrito, el libro que ahora publica Lord Byron Ediciones, desemboca este diálogo, desembocan las claves de Andrés Morales: conciencia de la escritura y conciencia de la historia.

Lo que se fija, lo que sucede y pasa, lo que deja huellas. Asume la poesía una creación e investigación de las distintas escrituras que han existido a lo largo de la historia.

Surge la meditación sobre la escritura, que es una doble meditación sobre el tiempo: el tiempo dedicado a escribir y la tarea de conservar, fijar, encarnar en palabras habitadas, aquello condenado a desaparecer en manos del tiempo fugitivo. Un verso, la única manera de no decirte adiós.

La escritura y el tiempo se alían en la difícil búsqueda de la verdad, en la búsqueda de ese “niño que comprende en el silencio el gesto curvo del maestro”.

La escritura y el tiempo se alían en una meditación sobre la identidad. Porque el viaje por la escritura, las lenguas, las tradiciones, las épocas históricas, habita el libro, le da sentido, lo baña en buena parte de heterónimos. La identidad de las palabras es diversa y única cuando aparece en nombre de don Juan Manuel Zalapa, o de David Betech Levy, o de Lucio Celio Galba, o de un cronista Náhuatl o de un astrónomo andalusí. Heterogeneidad de la identidad como forma de búsqueda de un yo fundamental.

Cada yo es un mundo de geografías diversas en el tiempo y en el espacio.
Esa es la huella de lo Escrito, la huella de la poesía en las claves de Andrés Morales.


Madrid, 19 de septiembre de 2014


                   



EN LA PARTIDA DEL ESCRITOR MEXICANO MANUEL AMENEIROS, SU TEXTO "NOCHE"



                               Otro escritor se ha marchado en estos días, el mexicano (casi desconocido para muchos) Manuel Ameneiros, asiduo colaborador de la revista internacional de Rumanía HORIZONTE LITERARIO CONTEMPORÁNEO (dirigida por el gran escritor y gran amigo Daniel Dragomirescu). 
                                      Una buena parte de su trabajo literario  puede verse, leerse y recordarse en su casi cotidiano Blog Personal "Espacios y despacios": http://espaciosydespacios.blogspot.com/.
                                    Para despedirle, damos a conocer uno de sus últimos textos donde, qué duda cabe, hay una presencia premonitoria de la muerte.

NOCHE

La noche nunca fue mi amiga.
Con su oscuridad como escudo, se divierte perversamente poniendo frente a mis ojos imágenes,  ideas y pensamientos que me quitan el sueño. 
Dama de oscura mirada que goza de una manera insana, sádica, susurrando en mi oído mensajes pavorosos como pesadillas con demonios carnívoros, tristes mensajes en forma de famélicos niños con hambre de varias  semanas, desesperanzados mensajes de muertos en vida. Que son los más temibles, pues los muertos en muerte, aunque descarnados y esqueléticos, bien muertos están y ya no molestan ni atemorizan a nadie. Sólo a los que tienen la conciencia sucia. Viéndome sudar de frío pavor, la bella Dama de pálido rostro y negro vestido, dulcemente me sonríe.
La noche, esa Dama oscura y lánguida que me abraza cada vez que se apaga el día, aprieta tanto sus brazos alrededor de mi cuerpo, que me quita el aliento. Cada vez que llega a hacerme compañía, pretende exprimir mi alma, como asfixiante mortaja. Me recuerda cruelmente, susurrando quedamente en el silencio de mi cuarto, que todo es efímero, que todo se acaba, que no hay más allá, final absoluto. Camino de una sola dirección, sin retorno posible, la vida fluye hacia la nada, oscuridad total y silenciosa.
La única forma de no caer en ese oscuro abismo que pone a mis pies, cada noche, sin pausa, cada 24 horas, de forma irremediable, esperando que alguna vez me deje ir, me deslice lentamente en el vacío eterno para por fin y definitivamente abandonar todo pensamiento, vaciar mi mente de la última esperanza, es paradójicamente, aferrarme a ella, fría Dama vestida de negro de pies a cabeza, húmeda y resbalosa. Sentir mis manos que se crispan al asir su delgado cuello, abrazarla con todas mis fuerzas para no caer al vacío, trenzar mis piernas como un luchador que no quiere ser derrotado por su rival, descomunalmente más poderoso, rogando a todos los dioses que antes de perder la fuerza, llegue la claridad una vez más para llevarse a esta terrible Dama. Conseguir un nuevo día de tregua, aunque sea una desesperante espera, sabiendo que la oscura y lánguida Dama de la noche volverá en cuestión de horas, inexorablemente. Irremediablemente.
Vendrá la negra Dama una noche más a aterrorizarme con sus tenebrosos sueños, pero ya no estaré cuando ella llegue. Faltaré a su cita.

     México, Diciembre de 2014


ADIÓS, PEDRO LEMEBEL




AYER POR LA NOCHE PARTIÓ PEDRO LEMEBEL.

HAY UNA GRAN PENA EN CHILE Y ESTÁ JUSTIFICADA. 

INSOLENTE, A VECES INSOPORTABLE, PERO SIEMPRE LÚCIDO Y DIRECTO, CON GRAN TALENTO, PEDRO LEMEBEL MARCÓ UN ANTES Y UN DESPUÉS EN EL DESARROLLO DE LA CRÓNICA EN CHILE.

NO LO OLVIDARÁN SUS AMIGOS Y LECTORES. NO LO OLVIDARÁ LA HISTORIA DE LA LITERATURA CHILENA.

ADIÓS PEDRO, ¡BUEN VIAJE!


Así reseña su muerte el diario "LA TERCERA":


"Apareció en silla de ruedas, con el puño en alto y queriendo ponerse en pie. Mudo. El cáncer le había arrebatado la sonrisa, la lengua insolente con que disparó contra todo quien alguna vez se le cruzó viéndolo de reojo. Llevaba semanas internado en la Fundación Arturo López Pérez, rodeado apenas de sus amigos más cercanos, pero el pasado 7 de enero, Pedro Lemebel hizo su última aparición pública en el GAM. Aquella tarde, la Noche Macuca, como él mismo la tituló, sería la anticipada despedida de su fanaticada. Esta madrugada, al borde de las 2, Aldo Perán, su amigo y vocero, anunció su deceso por Twitter: "Me duele esta noche tu partida, amigo". Pedro Lemebel, profesor, artista visual, cronista, yegua del Apocalipsis, y una de las plumas más provocadoras de las letras locales, había muerto.
Se llamaba Pedro Segundo Mardones Lemebel. Nació el 21 de noviembre de 1952, en Santiago. Su nombre lo había heredado de su padre, un panadero a quien le dedicó su última colección de crónicas, Háblame de amores, publicada en 2012: “Para Pedro Mardones Paredes, mi padre, por la áspera ternura de su caricia rural”. Su madre, en tanto, Violeta Elena Lemebel, y quien falleció en 2001, tres días después del lanzamiento de su única novela hasta la fecha, Tengo miedo torero, lo crió a orillas del Zanjón de la Aguada, en La Legua. Estudió en el Liceo Industrial de Hombres del barrio, rodeado de soldadores y muebleristas, de compañeros ingenuos y crueles que se burlaban de su sedosa coquetería. Su último año de enseñanza media lo acabó en el Liceo Manuel Barros Borgoño. 
En 1970 ingresó a la Universidad de Chile, donde se tituló de profesor de Artes Plásticas. Ese mismo año, se mudaría junto a su madre a unos blocks sociales en Avenida Departamental, el sucio escenario de sus primeras andanzas y donde conoció de cerca la marginalidad, ingrediente esencial de lo que sería su trabajo como escritor años más tarde. Sólo nueve años después comenzó a ejercer como docente en dos liceos periféricos de Santiago, pero en 1983 fue despedido y nunca más retornaría a las salas de clases. Sus contorneos y seductores y errantes pasos lo llevarían hacia otros destinos.
El primer acercamiento con la literatura lo vivió a los 26 años, cuando ganó el primer lugar en una competencia poética en la Caja de Compensación Javiera Carrera con el cuento Porque el tiempo está cerca. Retirado de la docencia formal, y mientras dictaba talleres literarios, se sumergió en el abismante mundo literario, donde compartió con escritoras feministas como Diamela Eltit, Pía Barros, Raquel Olea, Nelly Richard y otras. Llegó a militar en el Partido Comunista, pero su simpatía con la izquierda política se empañaría pronto por el prejuicio de su homosexualidad desbordante.
A esas alturas, Lemebel ya salía a las calles a pronunciarse fuerte contra la dictadura de Augusto Pinochet, pero su figura hizo eco recién en 1986, cuando apareció en un encuentro de partidos de izquierda en la Estación Mapocho. Encumbrado sobre dos tacones altos y con una hoz maquillada sobre el rostro, leyó Hablo por la diferencia, el manifiesto que lo catapultó como uno de los personajes de la escena artística local más excéntricos e irreverentes de los que alguna vez se tuviera memoria.  
El texto partía así: “No soy Pasolini pidiendo explicaciones. No soy Ginsberg expulsado de Cuba. No soy un marica disfrazado de poeta. No necesito disfraz. Aquí está mi cara. Hablo por mi diferencia. Defiendo lo que soy. Y no soy tan raro. Me apesta la injusticia. Y sospecho de esta cueca democrática. Pero no me hable del proletariado. Porque ser pobre y maricón es peor. Hay que ser ácido para soportarlo. Es darle un rodeo a los machitos de la esquina. Es un padre que te odia. Porque al hijo se le dobla la patita. Es tener una madre de manos tajeadas por el cloro. Envejecidas de limpieza. Acunándote de enfermo. Por malas costumbres. Por mala suerte”.
A fines de los 80 conoció al poeta Francisco Casas, futuro compañero de andanzas callejeras, y junto a quien formó el colectivo Las Yeguas del Apocalipsis. Con sus provocadoras intervenciones en actos públicos y varias exposiciones de arte, la dupla se convirtió en ícono de la contracultura nacional. El registro de algunas de sus obras permanecen hasta hoy en el Museo Reina Sofía, en España. Fue entonces cuando decidió hacer un lado su apellido paterno, pues como él mismo revelara en una entrevista en 1997, "el Lemebel es un gesto de alianza con lo femenino, inscribir un apellido materno, reconocer a mi madre huacha desde la ilegalidad homosexual y travesti".
Luego, en 1996, y luego del lanzamiento de su primera colección de crónicas el año anterior, La esquina es mi corazón –y que reunía textos publicados en Página abierta, Punto final y La Nación–, su voz se esparciría por el dial a través de Cancionero, el segmento que creó para Radio Tierra, y donde leía crónicas ambientadas en escenarios marginales. A fines de la misma década, y ya reconocido a nivel internacional, dictó conferencias en las universidades de Stanford y Harvard. Al borde del año 2000, en la Casa de las Américas de La Habana, Lemebel tendría una semana completa de homenajes en torno a su obra.
En 1999, su amigo, el escritor Roberto Bolaño, quien había emigrado a España desde México en 1977, lo señalaría como uno de los grandes poetas de su generación. Así, Lemebel se abriría paso en el mercado europeo con la publicación de Crónicas de sidario, publicado por editorial Anagrama, su primer libro editado y lanzado en el extranjero. Solo así, su obra despertaría el interés de los lectores de todo el mundo. Llegaría a publicar ocho colecciones de crónicas y una sola novela. Con su muerte, quedarían en deuda una segunda, anunciada por él mismo bajo el título de El éxtasis de delinquir, y una biografía de su amiga Gladys Marín, la ex diputada del Partido Comunista fallecida en marzo de 2005.
Eterno candidato al Premio Nacional de Literatura, incluso en su última entrega en 2014, y que quedara en manos de Antonio Skármeta, declaró en entrevista con La Tercera a fines de agosto del año pasado: “Comenzó como un juego (la candidatura), como una propuesta de mi amigo Sergio Parra (su amigo, y dueño de la librería Metales Pesados) y acepté. Nunca imaginé que tomaría tanta fuerza popular. Una adhesión cariñosa de mi pueblo lector que el jurado no tomó en cuenta. Nunca creímos que podría ganar. Sabíamos que ese premio estaba más arreglado que cara de travesti”, dijo.
La madrugada del 11 de febrero de 2014, ya estabilizado por el cáncer de laringe que le fue detectado en 2011 y que le quitó la voz, Lemebel volvió a salir a las calles en el barrio donde pasaría sus últimos días en solitario en su departamento frente al Parque Forestal. Desnudo, y acompañado por sólo cinco personas, bajó las escalinatas del Museo de Arte Contemporáneo, donde trazó líneas de neoprén en el suelo que luego fueron prendidas con fuego. Luego, se envolvió en un saco de lino húmedo y rodó por el suelo ardiendo en llamas. Salió ileso. Era su retorno a la performance y al mundo público, pero le quedarían pocos meses con vida.
Esta mañana, y a través de un comunicado entregado por sus cercanos, se detalló que “estuvo aquejado largo tiempo por un cáncer a la laringe y dio una gran lucha contra esta terrible enfermedad, que pretendió dejarlo sin voz, pero ¿quién podría dejar sin voz a Lemebel? Su voz existe y persiste". Entre sollozos, y desde la misma habitación donde pasaría sus últimas horas, la editora Carmen Soria, amiga suya, declararía que "él luchó durante tres años contra un cáncer y se fue acompañado de sus amigos".
Sus últimos años, tras las constantes intervenciones, laringectomías y radioterapias, Lemebel los pasó casi en silencio. Se había vuelto vegetariano y dejado los excesos de toda una vida de andanzas nocturnas. “Ahora hasta me acuesto temprano. Esto me sirvió para cuidarme, estar más sano”, declaró en la única entrevista que concedió a La Tercera acerca de su enfermedad, en 2013. “Siempre fue una enfermedad más, y de la que conocía algunos antecedentes. No era para morirse tampoco, y no lo asumo como un estigma macabro. Quizás llegue a escribir sobre esto, algún día”.

Merecedor del Premio Iberoamericano de Letras José Donoso en 2013, Pedro Lemebel tuvo una vasta trayectoria literaria, lo que le generó seis nominaciones a los Premios Altazor, aunque nunca lo recibió.  Pese a esto, el artista nacional -que falleció a los 62 años durante esta madrugada producto de un cáncer a la laringe- hizo varias publicaciones, donde incluso algunas de ellas fueron adaptadas al teatro.

La obra del cronista y novelista: 
Si bien su primera publicación fue en la antología "Intocables", de Pía Barrios, donde aparecieron siete de sus relatos, fue en 1995 cuando lanzó su primera colección de crónicas, bajo el nombre de "La esquina de mi corazón"
Posteriormente editó sus obras "Loco afan: crónicas de sidario", en 1996, de"De perlas y cicatrices", en 1998, y en 2001 su primera novela "Tengo miedo torero", por la cual recibió su primera nominación a los Altazor. 
"Zanjón de la aguada" salió a la venta en 2003, en 2004 "Adiós mariquita linda"
Cuatro años más tarde, en 2008, publicó "Serenata Cariola", en 2012"Háblame de amores" y en 2013 "Poco hombre". 
Además en 2001 publicó las antologías "A corazón abierto: geografía literaria de la homosexualidad en Chile", en 2012 "Mejor que ficción" y "Antología de crónica latinoamericana actual".  

jueves, 22 de enero de 2015

VEINTE POETAS DE TRECE PAÍSES (ENTRE ELLOS DOS CHILENOS) FINALISTAS EN EL PREMIO FERNÁNDEZ LABRADOR


PILAR FERNÁNDEZ LABRADOR

Resulta abrumador, resaltan desde la organización de este premio, el inmenso interés que ha generado en España e Iberoamérica, especialmente, la convocatoria de este premio que concedemos en Salamanca. Lo cierto es que no se esperaba que en tan solo dos ediciones, el Premio que lleva el nombre de Pilar Fernández Labrador alcanzara tal cuota de participación de tantos países y de tan elevada calidad. El prestigio del jurado, el renombre cultural de Salamanca allí donde se hable nuestro idioma, la invaluable tarea de difusión de las bases que han realizado desde la Sociedad de Estudios Literarios y Humanísticos de Salamanca, así como la absoluta transparencia que estamos ofreciendo en todas las etapas del certamen, han hecho posible esta consolidación.
No es de extrañar, de este modo, la satisfacción de la Asociación Mujeres en Igualdad de Salamanca, entidad organizadora del premio, y quienes están ultimando todos los detalles para la reunión del jurado, que se celebrará el próximo 30 de febrero en la sede de la Fundación Salamanca Ciudad de Cultura.
Precisamente, indican desde la organización, que por enfermedad de la poeta catalana Clara Janés, la presidencia del jurado se ha ofrecido al destacado poeta portugués António Salvado (Castelo Branco, 1936), quien tiene las más alta distinción cultural otorgada por el Ministerio de Cultura luso, además de haber sido homenajeado por las dos universidad salmantinas y de ser, desde 2010, Huésped Distinguido de la ciudad de Salamanca. Gustosamente él se encargará de traducir a su idioma el libro ganador, una de la varias ofertas que contienen las bases del premio.
Cabe recordar que los otros miembros del jurado son Carmen Ruiz Barrionuevo (Catedrática de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Salamanca); Jesús Fonseca (Poeta y delegado de La Razón en Castilla y León); Alfredo Pérez Alencart (Poeta, profesor de la Universidad de Salamanca y presidente de la SELIH); Carlos Aganzo (Poeta y director de El Norte de Castilla); José Mª. Muñoz Quirós (Poeta, profesor de Lengua y Literatura y presidente de la Academia de Juglares de Fontiveros); Inmaculada Guadalupe Salas (Presidenta de la Asociación convocante) y Manuel Tostado González (Delegado del Área de Cultura de la Diputación Provincial de Salamanca). Como secretaria actúa Victoria Pérez Castrillo.
Han sido 371 los trabajos presentados al concurso, todos ellos sin seudónimo, lo que demuestra la confianza y credibilidad que tiene. Hay trabajos llegados de España, Portugal y de todos los países de América Latina. También desde Túnez, Italia, Francia, Alemania, Estonia, Canadá, Estados Unidos o Rumanía.

Los finalistas
Un comité de selección tuvo la ardua tarea de elegir los veinte trabajos finalistas. Desde la organización destacan que otros veinte poemarios, por su calidad, bien habrían podido estar en la competición final, pero había hacer esta dolorosa poda. Los libros, poetas y países de procedencia son los siguientes:

1 ‘Fragmentos de un cuaderno con vista al mar’ (Juan Cameron, Chile)
2 ‘Juego de Damas’ (Enrique Gracia Trinidad, España)
3 ‘Safari Club II’ (Laura Cracco, Venezuela)
4 ‘Siempre es demasiado tarde para no cantar’ (Angélica Morales, España)
5 ‘Casa de Viento’ (Marta Ortiz, Argentina)
6 ‘Descosernos los hábitos’ (María García, España)
7 ‘Calvario es’ (Miguel Aguilar Carrillo, México)
8 ‘La casa liquida’ (Marcelo Gatica, Chile)
9 ‘Zona de influencia’ (Luis Manuel Pérez Boitel, Cuba)
10 ‘La única puerta era la tuya’ (Marisa Martínez Pérsico, Argentina)
11 ‘Minúscula constelación de huesos’ (Luis Reynaldo Pérez, República Dominicana)
12 ‘Piedra de Tarsis’ (Isabel González Gil, España)
13 ‘Alicia es un trastorno’ (Magdiel Midence, Honduras)
14 ‘Destejer’ (Ángel de la Torre Sánchez, España)
15 ‘Los molinos del tiempo’ (María do Sameiro Barroso, Portugal)
16 ‘Pariente de Piedra’ (Leoncio Luque, Perú)
17 ‘El alba escrita’ (Raúl Henao, Colombia)
18 ‘Las bodas de la araña’ (José Pulido, España)
19 ‘Soledad y otras soledades’ (Gaetano Longo, Italia)
20 ‘Ancoras’ (Ana Cecilia Blum, Ecuador)

BECA HAN NEFKENS DE CREACIÓN LITERARIA PARA JÓVENES ESCRITORES DE HABLA HISPANA EN BARCELONA, ESPAÑA



La Fundación Han Nefkens ha convocado la tercera edición de su beca de creación literaria, vinculada al Máster de Creación Literaria del Instituto de Educación Continua de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y a la editorial Candaya, que atiende especialmente a la literatura latinoamericana. En anteriores ediciones han resultado ganadores de la misma el joven escritor mexicano Eduardo Ruiz Sosa, cuya novela Anatomía de la memoria (Candaya, 2014) ha obtenido el aplauso de la crítica, y el madrileño Matías Candeira, que publicará su primera novela -también en Candaya- durante el año 2015.

La beca de creación literaria de la Fundación Han Nefkens consiste en la matrícula del Máster de Creación Literaria de la UPF, una suma para la manutención y alojamiento del escritor -que deberá residir en Barcelona para asistir a las clases- y una ayuda a la editorial Candaya en concepto de compra de ejemplares del libro que se publique, y que la fundación destinará a la difusión de la obra y a su donación a bibliotecas.


La convocatoria está abierta a escritores de cualquier nacionalidad, aunque con algunos requisitos: deben haber nacido después del 1 de septiembre de 1979; deben dominar la lengua española, y escribir en este idioma su proyecto -original, inédito y no premiado-; y deben ser licenciados universitarios, para poder cursar el máster.


El plazo de entrega de solicitudes para la beca de creación literaria de la Fundación Han Nefkens termina el 28 de febrero de 2015, y el jurado que decidirá el ganador o ganadora estará compuesto por los escritores Elvira Navarro, Eloy Fernández Porta y Miguel Serrano Larraz. Si hasta ahora no te habías decidido a tomarte el tiempo necesario para escribir tu primer libro de narrativa, puedes consultar las bases de esta beca en nuestra sección de premios literarios o en la web de la fundación.


Fundación Han Nefkens
C/ Carme 42, entlo 208001 BarcelonaT/F: +34 93 3171984
coordinador
Gerardo Peral

miércoles, 21 de enero de 2015

APARECE NUEVO NÚMERO DE LA REVISTA "CUADERNOS DE LITERATURA" DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA DE BOGOTÁ, COLOMBIA






Vol 19, No 37 (2015)

Tabla de contenidos

Presentación

Presentación "Veinte años de Cuadernos de Literatura"PDF
 

Debates


Teoría del EstadoPDF
Horacio González
El Estado y la teoría literaria: hacia una agenda de investigaciónPDF
Gregory J. Lobo
Revolución Bolivariana: políticas culturales en la Venezuela Socialista de Hugo Chávez (1999-2013)PDF
Gisela Kozak Rovero
Desembalando las bibliotecas de la Cuba postsoviéticaPDF
Vicky Unruh
Julio Cortázar viajero en el trópico: promesa vanguardista y cultura transnacional frente al proyecto político sandinistaPDF
Leonel Delgado Aburto
Un llamado de atención sobre ideas recibidasPDF
Claudia Gilman

Dossier "El último gramático: ensayos críticos sobre Fernando Vallejo", Juanita Aristizábal y Brantley Nicholson, eds.


PresentaciónPDF
Brantley Nicholson, Juanita C. Aristizábal
El discurso anticlerical en Fernando Vallejo, o cómo narrar sin religiónPDF
Aníbal González
Un idealismo en contra de sí mismo: los enigmas de Fernando VallejoPDF
Brantley Nicholson
“La imagen en ruinas”: muerte, memoria y representación en El Desbarrancadero de Fernando Vallejo.PDF
Camilo Hernández Castellanos
El malditismo de Fernando Vallejo como espectáculo melodramáticoPDF
Héctor Hoyos
El arte de vituperarPDF
Jean Franco
Vallejo, Vargas Vila. Oposición, redundanciaPDF
Juan Carlos González Espítia
Fiel a su corriente: Las repeticiones de Vallejo en Casablanca la bellaPDF
Juanita C. Aristizábal
El arte de la biografía de Fernando VallejoPDF
María Fernanda Lander
El contrapunto de la percepción: Vallejo en clave local/globalPDF
María Helena Rueda
Los embelecos de la gramática: Lengua, literatura, y herejías gramaticales en la obra de Fernando VallejoPDF
María Ospina

Estudios


Civilización y Barbarie o las construcciones del imaginario nacional: de Rosas a UrquizaPDF
Nancy Fernández
La Literatura Argentina del siglo XIX, objeto de la crítica y materia de la ficciónPDF
María Rosa Lojo
El trabajador del caucho y la representación narrativaPDF
Ana Pizarro
La cuestión del espacio / en el límite de la literaturaPDF
Mónica Bernabé
La tentación del diario: escritura de la intimidad y experiencia ética en "La tentación del fracaso" de Julio Ramón RibeyroPDF
Alberto Giordano
Teatro Latino en los Estados Unidos: la estética teatral de Migdalia CruzPDF
Analola Santana

Crítica de libros


A Propósito de "Ciudad Quiltra" de Magda Sepúlveda y las voces de una ciudad fantasma
PDF
Naín Nómez
"La diosa mortal" de Enrique Serrano: la narración de una mujer inmortal
PDF
Catalina Hernández Obregón
"Cosmopolitan Desires" de Mariano Siskind: una radical y rigurosa aproximación al tema del cosmopolitismo en la literatura latinoamericanaPDF
Martín Bergel

http://revistas.javeriana.edu.co/index.php/cualit/issue/view/848/showToc