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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."

José Saramago

jueves, 9 de abril de 2015

POEMA INÉDITO DE JORGE RAGAL: "SELFIE"





Me saco una foto en medio de una caverna
y distingo a un viejo fantasma,
en el desierto a un feroz chacal,
en un bosque a un pequeño duende.
Me saco una foto en medio de un túnel
y distingo a un anciano enfermo.
en la montaña a un héroe perdido,
en un oasis a un monje sabio.
Me saco una foto en medio de un puente
y distingo a un audaz equilibrista,
en el mar a una bella sirena,
en un pantano al mismo diablo.

CELEBRACIÓN DEL SEGUNDO ANIVERSARIO DEL MUSEO VICENTE HUIDOBRO EN CARTAGENA



     
           El día lunes 6 de abril el Museo cumplió su Segundo Aniversario



Fundación Vicente Huidobro
Merced 860. Museo Casa Colorada, Santiago Centro. Santiago. CHILE.
Teléfono 226326382 || fundacionvicentehuidobro@hotmail.com


Museo Vicente Huidobro
Calle Vicente Huidobro, Cartagena. CHILE.
Teléfono 352440091 || contacto@museovicentehuidobro.cl

martes, 7 de abril de 2015

BREVÍSIMA ANTOLOGÍA DE GABRIELA MISTRAL EN SU NATALICIO 2015




“Los Sonetos de la Muerte

I
Del nicho helado en que los hombres te pusieron,
te bajaré a la tierra humilde y soleada.
Que he de dormirme en ella los hombres no supieron,
y que hemos de soñar sobre la misma almohada.
Te acostaré en la tierra soleada con una
dulcedumbre de madre para el hijo dormido,
y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna
al recibir tu cuerpo de niño dolorido,
Luego iré espolvoreando tierra y polvo de rosas,
y en la azulada y leve polvareda de luna,
los despojos livianos irán quedando presos.
Me alejaré cantando mis venganzas hermosas,
¡porque a ese hondor recóndito la mano de ninguna
bajará a disputarme tu puñado de huesos!

II
Este largo cansancio se hará mayor un día,
y el alma dirá al cuerpo que no quiere seguir
arrastrando su masa por la rosada vía,
por donde van los hombres, contentos de vivir...
Sentirás que a tu lado cavan briosamente,
que otra dormida llega a la quieta ciudad.
Esperaré que me hayan cubierto totalmente...
¡y después hablaremos por una eternidad!
Sólo entonces sabrás el por qué no madura
para las hondas huesas tu carne todavía,
tuviste que bajar, sin fatiga, a dormir.
Se hará luz en la zona de los sinos, oscura:
sabrás que en nuestra alianza signo de astros había
y, roto el pacto enorme, tenías que morir...

III
Malas manos tomaron tu vida desde el día
en que, a una señal de astros, dejara su plantel
nevado de azucenas. En gozo florecía.
Malas manos entraron trágicamente en él...
Y yo dije al Señor: - "Por las sendas mortales
le llevan ¡Sombra amada que no saben guiar!
¡Arráncalo, Señor, a esas manos fatales
o le hundes en el largo sueño que sabes dar!
¡No le puedo gritar, no le puedo seguir!
Su barca empuja un negro viento de tempestad.
Retórnalo a mis brazos o le siegas en flor".
Se detuvo la barca rosa de su vivir...
¿Que no sé del amor, que no tuve piedad?
¡Tú, que vas a juzgarme, lo comprendes, Señor!



                                                                          (Del libro Desolación, 1922)


NOCTURNO DE LA CONSUMACIÓN
A Waldo Frank.

Te olvidaste del rostro que hiciste
en un valle a una oscura mujer;
olvidaste entre todas tus formas
mi alzadura de lento ciprés;
cabras vivas, vicuñas doradas
te cubrieron la triste y la fiel.
Te han tapado mi cara rendida
las criaturas que te hacen tropel;
te han borrado mis hombros las dunas
y mi frente algarrobo y maitén.
Cuantas cosas gloriosas hiciste
te han cubierto a la pobre mujer.
Como Tú me pusiste en la boca
la canción por la sola merced:
como Tú me enseñaste este modo
de estirarte mi esponja con hiel,
yo me pongo a cantar tus olvidos,
por hincarte mi grito otra vez.
Yo te digo que me has olvidado
-pan de tierra de la insipidez-
leño triste que sobra en tus haces,
pez sombrío que afrenta la red.
Yo te digo con otro (1) que "hay tiempo
de sembrar como de recoger".
No te cobro la inmensa promesa
de tu cielo en niveles de mies;
no te digo apetito de Arcángeles
ni Potencias que me hagan arder;
no te busco los prados de música
donde a tristes llevaste a pacer.
Hace tanto que masco tinieblas,
que la dicha no sé reaprender;
tanto tiempo que piso las lavas
que olvidaron vellones los pies;
tantos años que muerdo el desierto
que mi patria se llama la Sed.
La oración de colinas divinas*
se ha raído en la gran aridez,
y ahora tengo en la mano una nueva,
la más seca, ofrecida a mi Rey.
Dame Tú el acabar de la encina
en fogón que no deje la hez;
dame Tú el acabar del celaje
que su sol hizo y quiso perder;
dame el fin de la pobre medusa
que en la arena consuma su bien.
He aprendido un amor que es terrible
y que corta mi gozo a cercén:
he ganado el amor de la nada,
apetito del nunca volver,
voluntad de quedar con la tierra
mano a mano y mudez con mudez,
despojada de mi propio Padre,
rebanada de Jerusalem.

Notas
(1) Salomón.
* "NOCTURNO DE LA CONSUMACIÓN"
Cuantos trabajan con la expresión rimada, más aún con la cabalmente rimada, saben que la rima, que escasea al poco andar se viene sobre nosotros en una lluvia cerrada, entrometiéndose dentro del verso mismo, de tal manera que, en los poemas largos, ella se vuelve lo natural y no lo perseguido... En este momento, rechazar una rima interna llega a parecer... rebeldía artificiosa. Ahí he dejado varias de esas rimas internas y espontáneas. Rabie con ellas el de oído retórico, que el niño o Juan Pueblo, criaturas poéticas cabales, aceptan con gusto la infracción.





PAN


A Teresa y Enrique Díez-Canedo.

Dejaron un pan en la mesa,
mitad quemado, mitad blanco,
pellizcado encima y abierto
en unos migajones de ampo.

Me parece nuevo o como no visto,
y otra cosa que él no me ha alimentado,
pero volteando su miga, sonámbula,
tacto y olor se me olvidaron.

Huele a mi madre cuando dio su leche,
huele a tres valles por donde he pasado:
a Aconcagua, a Pátzcuaro, a Elqui,
y a mis entrañas cuando yo canto.

Otros olores no hay en la estancia
y por eso él así me ha llamado;
y no hay nadie tampoco en la casa
sino este pan abierto en un plato,
que con su cuerpo me reconoce
y con el mío yo reconozco.

Se ha comido en todos los climas
el mismo pan en cien hermanos:
pan de Coquimbo, pan de Oaxaca,
pan de Santa Ana y de Santiago.

En mis infancias yo le sabía
forma de sol, de pez o de halo,
y sabía mi mano su miga
y el calor de pichón emplumado...

Después le olvidé, hasta este día
en que los dos nos encontramos,
yo con mi cuerpo de Sara vieja
y él con el suyo de cinco años.

Amigos muertos con que comíalo
en otros valles sientan el vaho
de un pan en septiembre molido
y en agosto en Castilla segado.

Es otro y es el que comimos
en tierras donde se acostaron.
Abro la miga y les doy su calor;
lo volteo y les pongo su hálito.

La mano tengo de él rebosada
y la mirada puesta en mi mano;
entrego un llanto arrepentido
por el olvido de tantos años,
y la cara se me envejece
o me renace en este hallazgo.

Como se halla vacía la casa,
estemos juntos los reencontrados,
sobre esta mesa sin carne y fruta,
los dos en este silencio humano,
hasta que seamos otra vez uno
y nuestro día haya acabado...



I

SOL DEL TRÓPICO

Sol de los Incas, sol de los Mayas,
maduro sol americano,
sol en que mayas y quichés
reconocieron y adoraron,
y en el que viejos aimaraes
como el ámbar fueron quemados.
Faisán rojo cuando levantas
y cuando medias, faisán blanco,
sol pintador y tatuador
de casta de hombre y de leopardo.

Sol de montañas y de valles,
de los abismos y los llanos,
Rafael de las marchas nuestras,
lebrel de oro de nuestros pasos,
por toda tierra y todo mar
santo y seña de mis hermanos.
Si nos perdemos, que nos busquen
en unos limos abrasados,
donde existe el árbol del pan
y padece el árbol del bálsamo (1).

Sol del Cuzco, blanco en la puna,
Sol de México, canto dorado,
canto rodado sobre el Mayab (2)
,
maíz de fuego no comulgado,
por el que gimen las gargantas
levantadas a tu viático;
corriendo vas por los azules
estrictos o jesucristianos,
ciervo blanco o enrojecido,
siempre herido, nunca cazado...

Sol de los Andes, cifra nuestra,
veedor de hombres americanos,
pastor ardiendo de grey ardiendo
y tierra ardiendo en su milagro,
que ni se funde ni nos funde,
que no devora ni es devorado;
quetzal de fuego emblanquecido
que cría y nutre pueblos mágicos;
llama pasmado en rutas blancas
guiando llamas alucinados...

Raíz del cielo, curador
de los indios alanceados;
brazo santo cuando los salvas,
cuando los matas, amor santo.
Quetzalcóatl, padre de oficios
de la casta de ojo almendrado,
el moledor de los añiles,
el tejedor de algodón cándido.
Los telares indios enhebras
con colibríes alocados
y das las grecas pintureadas
al mujerío de Tacámbaro.
¡Pájaro Roc (3), plumón que empolla
dos orientes desenfrenados!

Llegas piadoso y absoluto
según los dioses no llegaron,
tórtolas blancas en bandada,
maná que baja sin doblarnos.
No sabemos qué es lo que hicimos
para vivir transfigurados.
En especies solares nuestros
Viracochas se confesaron,
y sus cuerpos los recogimos
en sacramento calcinado.
A tu llama fié a los míos,
en parva de ascuas acostados.
Sobre tendal de salamandras
duermen y sueñan sus cuerpos santos.
O caminan contra el crepúsculo,
encendidos como retamos,
azafranes sobre el poniente,
medio Adanes, medio topacios...
Desnuda mírame y reconóceme,
si no me viste en cuarenta años,
con Pirámide de tu nombre (4),
con pitahayas y con mangos,
con los flamencos de la aurora
y los lagartos tornasolados.
¡Como el maguey, como la yuca,
como el cántaro del peruano,
como la jícara de Uruápan,
como la quena de mil años,
a ti me vuelvo, a ti me entrego,
en ti me abro, en ti me baño!
Tómame como los tomaste,
el poro al poro, el gajo al gajo,
y ponme entre ellos a vivir,
pasmada dentro de tu pasmo.
Pisé los cuarzos extranjeros,
comí sus frutos mercenarios;
en mesa dura y vaso sordo
bebí hidromieles que eran lánguidos;
recé oraciones mortecinas
y me canté los himnos bárbaros (5),
y dormí donde son dragones
rotos y muertos los Zodíacos.
Te devuelvo por mis mayores
formas y bulto en que me alzaron.
Riégame así con rojo riego;
dame el hervir vuelta tu caldo.
Emblanquéceme u oscuréceme
en tus lejías y tus cáusticos.
¡Quémame tú los torpes miedos,
sécame lodos, avienta engaños;
tuéstame habla, árdeme ojos,
sollama boca, resuello y canto,
límpiame oídos, lávame vistas,
purifica manos y tactos!
Hazme las sangres y las leches,
y los tuétanos, y los llantos.
Mis sudores y mis heridas
sécame en lomos y en costados.
Y otra vez íntegra incorpórame
a los coros que te danzaron,
los coros mágicos, mecidos
sobre Palenque y Tihuanaco.
Gentes quechuas y gentes mayas
te juramos lo que jurábamos.
De ti rodamos hacia el Tiempo
y subiremos a tu regazo;
de ti caímos en grumos de oro,
en vellón de oro desgajado,
y a ti entraremos rectamente
según dijeron Incas Magos.
¡Como racimos al lagar
volveremos los que bajamos,
como el cardumen de oro sube
a flor de mar arrebatado
y van las grandes anacondas
subiendo al silbo del llamado!




Notas
(1) El llamado “bálsamo del Perú”.
(2) Nombre indígena de Yucatán.
(3) Castellanizo la palabra ajena Rock.
(4) La Pirámide del Sol en México.
(5) Bárbaros, en su recto sentido de ajenos, de extraños.





II


CORDILLERA

¡Cordillera de los Andes,
Madre yacente y Madre que anda,
que de niños nos enloquece
y hace morir cuando nos falta;
que en los metales y el amianto
nos aupaste las entrañas;
hallazgo de los primogénitos,
de Mama Ocllo y Manco Cápac,
tremendo amor y alzado cuerno
del hidromiel de la esperanza!

Jadeadora del Zodíaco,
sobre la esfera galopada;
corredora de meridianos,
piedra Mazzepa que no se cansa,
Atalanta que en la carrera
es el camino y es la marcha,
y nos lleva, pecho con pecho,
a lo madre y lo marejada,
a maná blanco y peán rojo
de nuestra bienaventuranza.
Caminas, madre, sin rodillas,
dura de ímpetu y confianza;
con tus siete pueblos caminas
en tus faldas acigüeñadas;
caminas la noche y el día,
desde mi Estrecho a Santa Marta,
y subes de las aguas últimas
la cornamenta del Aconcagua.
Pasas el valle de mis leches,
amoratando la higuerada;
cruzas el cíngulo de fuego
y los ríos Dioscuros lanzas(l);
pruebas Sargassos de salmuera
y desciendes alucinada...

Viboreas de las señales
del camino del Inca Huayna,
veteada de ingenierías
y tropeles de alpaca y llama,
de la hebra del indio atónito
y del ¡ay! de la quena mágica.
Donde son valles, son dulzuras;
donde repechas, das el ansia;
donde azurea el altiplano
es la anchura de la alabanza.

Extendida como una amante
y en los soles reverberada,
punzas al indio y al venado
con el jengibre y con la salvia;
en las carnes vivas te oyes
lento hormiguero, sorda vizcacha;
oyes al puma ayuntamiento
y a la nevera, despeñada,
y te escuchas el propio amor
en tumbo y tumbo de tu lava.
Bajan de ti, bajan cantando,
como de nupcias consumadas,
tumbadores de las caobas
y rompedor de araucarias.

Aleluya por el tenerte
para cosecha de las fábulas,
alto ciervo que vio San Jorge
de cornamenta aureolada
y el fantasma del Viracocha,
vaho de niebla y vaho de habla.
¡Por las noches nos acordamos
de bestia negra y plateada,
leona que era nuestra madre
y de pie nos amamantaba!

En los umbrales de mis casas,
tengo tu sombra amoratada.
Hago, sonámbulo, mis rutas,
en seguimiento de tu espalda,
o devanándome en tu niebla,
o tanteando un flanco de arca;
y la tarde me cae al pecho
en una madre desollada.
¡Ancha pasión, por la pasión
de hombros de hijos jadeada!

¡Carne de piedra de la América,
halalí de piedras rodadas,
sueño de piedra que soñamos,
piedras del mundo pastoreadas;
enderezarse de las piedras
para juntarse con sus almas!
¡En el cerco del valle de Elqui
bajo la luna de fantasma,
no sabemos si somos hombres
o somos peñas aprobadas.

Vuelven los tiempos en sordo río
y se les oye la arribada
a la meseta de los Cuzcos
que es la peana de la gracia.
Silbaste el silbo subterráneo
a la gente color del ámbar;
no desatamos el mensaje
enrollado de salamandra;
y de tus tajos recogemos
nuestro destino en bocanada.

¡Anduvimos como los hijos
que perdieron signo y palabra,
como beduino o ismaelita,
como las peñas hondeadas,
vagabundos envilecidos,
gajos pisados de vid santa,
vagabundos envilecidos,
como amantes que se encontraran!

Otra vez somos los que fuimos,
cinta de hombres, anillo que anda,
viejo tropel, larga costumbre
en derechura a la peana,
donde quedó la madre augur
que desde cuatro siglos llama,
en toda noche de los Andes
y con el grito que es lanzada.

Otra vez suben nuestros coros
y el roto anillo de la danza,
por caminos que eran de chasquis(2)
y en pespunte de llamaradas.
Son otra vez adoratorios
jaloneando la montaña
y la espiral en que columpian
mirra-copal, mirra-copaiba,
¡para tu gozo y nuestro gozo
balsámica y embalsamada!

El fueguino sube al Caribe
por tus punas espejeadas;
a criaturas de salares
y de pinar lleva a las palmas.
Nos devuelves al Quetzalcóatl
acarreándonos al maya,
y en las mesetas cansa-cielos,
donde es la luz transfigurada,
braceadora, ata tus pueblos
como juncales de sabana.

¡Suelde el caldo de tus metales
los pueblos rotos de tus abras;
cose tus ríos vagabundos,
tus vertientes acainadas.
Puño de hielo, palma de fuego,
a hielo y fuego purifícanos!
Te llamemos en aleluya
y en letanía arrebatada.
¡Especie eterna y suspendida,
Alta-ciudad -Torres-doradas,
Pascual Arribo de tu gente,
Arca tendida de tu Alianza!

Notas
(1) El Cauca y el Magdalena.
(2) "Chasquis", correos quechuas.





PAÍS DE LA AUSENCIA

A Ribeiro Couto

País de la ausencia
extraño país,
más ligero que ángel
y seña sutil,
color de alga muerta,
color de neblí,
con edad de siempre,
sin edad feliz.

No echa granada,
no cría jazmín,
y no tiene cielos
ni mares de añil.
Nombre suyo, nombre,
nunca se lo oí,
y en país sin nombre
me voy a morir.

Ni puente ni barca
me trajo hasta aquí,
no me lo contaron
por isla o país.
Yo no lo buscaba
ni lo descubrí.

Parece una fábula
que yo me aprendí,
sueño de tomar
y de desasir.
Y es mi patria donde
vivir y morir.

Me nació de cosas
que no son país;
de patrias y patrias
que tuve y perdí;
de las criaturas
que yo vi morir;
de lo que era mío
y se fue de mí.

Perdí cordilleras
en donde dormí;
perdí huertos de oro
dulces de vivir;
perdí yo las islas
de caña y añil,
y las sombras de ellos
me las vi ceñir
y juntas y amantes
hacerse país.

Guedejas de nieblas
sin dorso y cerviz,
alientos dormidos
me los vi seguir,
y en años errantes
volverse país,
y en país sin nombre
me voy a morir.



LA EXTRANJERA

A Francis de Miomandre.

-“Habla con dejo de sus mares bárbaros,
con no sé qué algas y no sé qué arenas;
reza oración a dios sin bulto y peso,
envejecida como si muriera.
Ese huerto nuestro que nos hizo extraño,
ha puesto cactus y zarpadas hierbas.
Alienta del resuello del desierto
y ha amado con pasión de que blanquea,
que nunca cuenta y que si nos contase
sería como el mapa de otra estrella.
Vivirá entre nosotros ochenta años,
pero siempre será como si llega,
hablando lengua que jadea y gime
y que le entienden sólo bestezuelas.
Y va a morirse en medio de nosotros,
en una noche en la que más padezca,
con sólo su destino por almohada,
de una muerte callada y extranjera.


TODAS ÍBAMOS A SER REINAS*

Todas íbamos a ser reinas,
de cuatro reinos sobre el mar:
Rosalía con Efigenia
y Lucila con Soledad.
En el valle de Elqui, ceñido
de cien montañas o de más,
que como ofrendas o tributos
arden en rojo y azafrán.
Lo decíamos embriagadas,
y lo tuvimos por verdad,
que seríamos todas reinas
y llegaríamos al mar.
Con las trenzas de los siete años,
y batas claras de percal,
persiguiendo tordos huidos
en la sombra del higueral.
De los cuatro reinos, decíamos,
indudables como el Korán,
que por grandes y por cabales
alcanzarían hasta el mar.
Cuatro esposos desposarían,
por el tiempo de desposar,
y eran reyes y cantadores
como David, rey de Judá.
Y de ser grandes nuestros reinos,
ellos tendrían, sin faltar,
mares verdes, mares de algas,
y el ave loca del faisán.
Y de tener todos los frutos,
árbol de leche, árbol del pan,
el guayacán no cortaríamos
ni morderíamos metal.
Todas íbamos a ser reinas,
y de verídico reinar;
pero ninguna ha sido reina
ni en Arauco ni en Copán...
Rosalía besó marino
ya desposado con el mar,
y al besador, en las Guaitecas,
se lo comió la tempestad.
Soledad crió siete hermanos
y su sangre dejó en su pan,
y sus ojos quedaron negros
de no haber visto nunca el mar.
En las viñas de Montegrande,
con su puro seno candeal,
mece los hijos de otras reinas
y los suyos nunca-jamás.
Efigenia cruzó extranjero
en las rutas, y sin hablar,
le siguió, sin saberle nombre,
porque el hombre parece el mar.
Y Lucila, que hablaba a río,
a montaña y cañaveral,
en las lunas de la locura
recibió reino de verdad.
En las nubes contó diez hijos
y en los salares su reinar,
en los ríos ha visto esposos
y su manto en la tempestad.
Pero en el valle de Elqui, donde
son cien montañas o son más,
cantan las otras que vinieron
y las que vienen cantarán:
-"En la tierra seremos reinas,
y de verídico reinar,
y siendo grandes nuestros reinos,
llegaremos todas al mar."
Nota
* "TODAS ÍBAMOS A SER REINAS"
Esta imaginería tropical vivida en un valle caliente, aunque sea cordillerano, tenía su razón de ser. El hacendado don Adolfo Iribarren -Dios le dé bellas visiones en el cielo-, por una fantasía rara de hallar en hombre de sangre vasca, se había creado, en su casa de Montegrande, casi un parque medio botánico y zoológico. Allí me había yo de conocer el ciervo y la gacela, el pavo real, el faisán y muchos árboles exóticos, entre ellos el flamboyán de Puerto Rico, que él llamaba por su nombre verdadero de "árbol del fuego" y que de veras ardía en el florecer, no menos que la hoguera. No bautizan con Ifigenia sino con Efigenia, en mis cerros de Elqui. A esto lo llaman disimilación los filólogos, y es operación que hace el pueblo, la mejor criatura verbal que Dios crió, quien avienta el vocablo de pronunciación forzada y pedante, por holgura de la lengua y agrado del oído.




COSAS

A Max Daireaux

1
Amo las cosas que nunca tuve
con las otras que ya no tengo:

Yo toco un agua silenciosa,
parada en pastos friolentos,
que sin un viento tiritaba
en el huerto que era mi huerto.

La miro como la miraba;
me da un extraño pensamiento,
y juego, lenta, con esa agua
como con pez o con misterio.


2
Pienso en umbral donde dejé
pasos alegres que ya no llevo,
y en el umbral veo una llaga
llena de musgo y de silencio.


3
Me busco un verso que he perdido
que a los siete años me dijeron.
Fue una mujer haciendo el pan
y yo su santa boca veo.


4
Viene un aroma roto en ráfagas;
soy muy dichosa si lo siento;
de tal delgado no es aroma,
siendo el olor de los almendros.

Me vuelve niños los sentidos:
le busco un nombre y no lo acierto,
y huelo el aire y los lugares
buscando almendros que no encuentro.


5
Un río suena siempre cerca.
Ha cuarenta años que lo siento.
Es canturía de mi sangre
o bien un ritmo que me dieron.

O el río Elqui de mi infancia
que me repecho y me vadeo.
Nunca lo pierdo; pecho a pecho,
como dos niños nos tenemos.


6
Cuando sueño la Cordillera,
camino por desfiladeros,
y voy oyéndoles, sin tregua,
un silbo casi juramento.


7
Veo al remate del Pacífico
amoratado mi archipiélago,
y de una isla me ha quedado
y de una isla me ha quedado
un olor acre de alción muerto...


8
Un dorso, un dorso grave y dulce,
remata el sueño que yo sueño.
Es al final de mi camino
y me descanso cuando llego.

Es tronco muerto o es mi padre,
el vago dorso ceniciento.
Yo no pregunto, no lo turbo.
Me tiendo junto, callo y duermo.


9
Amo una piedra de Oaxaca
o Guatemala, a que me acerco,
roja y fija como mi cara
y cuya grieta da un aliento.

Al dormirme queda desnuda;
no sé por qué yo la volteo.
Y tal vez nunca la he tenido
y es mi sepulcro lo que veo...


POEMAS INÉDITOS DEL LIBRO "TRÁNSFUGO" DEL POETA CHILENO ANDRÉS MORALES



"SIULACRUM DEI" DEL PINTOR ITALIANO GIORGIO DANTE




IGUALA

(Estado de Guerrero, México, 2014)


Ocho mil novecientos cuarenta y cuatro huesos,
ingenuos, inseguros, nuevos, esquivos, insomnes,
ahumados y mudos en una larga sombra,
ocho mil novecientos cuarenta y cuatro huesos
que no están en la faz de la tierra,
sin ley de gravedad, ya sin deseo;
sin sueños, ciegos de romperse solos
en el pantano de los verdugos sin madre
sin cielo, sin un poco de mar entre las cejas.

Y cuento los fragmentos y recuento las heridas:
ocho mil por tres, por cinco, por cuarenta y tres,
por un desierto gélido, por mil millones de noches
que caerán, seguro, encima de todos nosotros.



SALA DE TORTURAS

(Habitación N. 1)

Aquí yace Andrés el bienquerido.
Andrés el malquerido.

Aquí yacen muchos sueños, la nostalgia,
la hermosa vida que no se presentó.

En esta sala de torturas mis muñones,
mi pleura, mis ojos encendidos.

Todo en pocos metros cúbicos, cuadrados.

Todo en ese orden que no entiendo

O no me entiende.



NEW YORK, 2015


¿Recuerdas al niño al borde de ese rio?
¿Recuerdas los kilómetros, los pasos, esas calles?
¿Recuerdas esas torres, rascacielos,
esos puentes y los teatros?

¿La esfinge en el museo, el frío que calaba?

Parece que olvidaste la risa y la alegría,
el embeleso. Las columnas y mis abrazos torpes.



MENSAJERO


Has matado al mensajero de la muerte.
Has matado al mensajero del amor.

¿Por qué los heraldos nos quedamos
con esa última palabra pronunciada
que nunca quisimos ni leer?



DOS POEMAS + 1 DEL ENCIERRO EN LA CLÍNICA PSIQUIÁTRICA


I

Otra vez entre estas rejas
sin ser aún un delincuente,
luchando con mi propio enemigo
bastardo, luchando con el yo,
el mí, ese nosotros.
Indefensos y lobos,
Con ese yo que se mira en el espejo
y no se reconoce un solo día.



II

No fumarás.
No beberás.
No fornicarás.
No podrás leer
(porque no puedes por las píldoras).

No serás feliz.
No serás feliz.
No serás feliz.



III.

EL PUENTE DE LOS LOCOS

He cruzado el puente en ambas direcciones.
He salido. He entrado de mí mismo.
Quise arrepentirme, volar en algún cielo.

Caminar sobre las aguas, desenterrar los muertos.

He subido a lo alto de este puente
maldito y aún estoy más ciego.

Regreso y recomienzo el viaje.

Busco en sus barandas un apoyo vago:
Lentamente avanzo sin destino.

LANZAMIENTO DEL LIBRO "CIUDAD LABERINTO" DE JUAN MANUEL RIVAS EN LA SOCIEDAD DE ESCRITORES DE CHILE (SECH), MAÑANA 8 DE ABRIL DE 2015



SE INICIA "RADIO RELATOS. PRIMER CICLO DE GRABACIONES EN VIVO", EN ABRIL DE 2015, EN EL CENTRO CULTURAL DE VILLARRICA "LIQUEN"






LA DESGRACIA QUE ANTICIPÓ LA NOVELA DE EDGAR ALLAN POE POR ALEJANDRO GAMERO




Edgar Allan Poe ha pasado a la historia de la literatura como escritor de una única novela. Y ni falta que haría más, no solo porque el autor estadounidense consiguiera influir con sus excelentes relatos en los géneros de terror, de ciencia ficción y policíaco, sino porque su única novela, La narración de Arthur Gordon Pym, fascinó e inspiró a partes iguales a pesos pesados de la literatura como Herman Melville, Julio Verne, H. P. Lovecraft o H. G. Wells.
Extraña y singular donde las haya, la narración de Poe decía basarse en hechos reales, dentro de la larga tradición de novelas que gustan de presentar la ficción como realidad y que incluye historias como Los viajes de Gulliver o Robinson Crusoe. Sin embargo, lo cierto es que más que basarse en un acontecimiento pasado hay que decir que la novela de Poe adelanta algo que todavía estaba por ocurrir, algo que es más frecuente en la literatura de lo que pudiera pensarse, sobre todo dentro del género de ciencia ficción.
Entre peripecia y peripecia uno de los pasajes de La narración de Arthur Gordon Pym es el naufragio de un barco ballenero llamado Grampus, seguramente basado en la tragedia del ballenero Essex. En él Poe relata cómo, tras varios días a la deriva, cuatro supervivientes, desesperados por no tener comida, deciden asesinar y devorar a uno de ellos para asegurar la supervivencia del resto. Después de echarlo a suertes la desafortunada elección recae en el más joven de todos, un grumete llamado Richard Parker, que es apuñalado y comido por partes durante cuatro días.
Cuarenta y seis años después, el 5 de julio de 1884, ocurrió el naufragio real de un velero mercante inglés llamado Mignonette que navegaba por el Cabo de Buena Esperanza. Una vez más, ahora en la realidad, cuatro marineros lograron sobrevivir al desastre: el capitán Tom Dudley, Edwin Stephens, Edmund Brooks y ‒aquí empiezan las coincidencias más espeluznantes‒ el grumete Richard Parker de 17 años, que por cierto había mentido sobre su edad para poder enrolarse en el barco y que probablemente no había oído hablar en su vida de Edgar Allan Poe ni mucho menos conocía su novela. Después de varios días a la deriva, los supervivientes se quedaron sin comida ni agua y tomaron la desesperada decisión de echar a suertes quién serviría de alimento a los demás. Le tocó, como no podía ser de otra manera, al joven Richard Parker, que corrió una suerte muy parecida a la de su homónimo ficticio. Otra versión dice que el grumete se deshidrató después de beber agua de mar y entró en coma, por lo que los supervivientes decidieron matar al que estaba inconsciente, amparados de cierta manera por las leyes del mar. Pasara lo que pasase, solo así consiguieron aguantar varios días más, hasta que fueron rescatados por un barco alemán. A su llegada a Cornwall, los tres supervivientes fueron arrestados bajo la acusación de homicidio, aunque finalmente se les puso en libertad.
La historia fue descubierta varias décadas después por Nigel Parker, un primo lejano del Richard Parker que fue devorado. Todo sea dicho, la coincidencia no es tan extraña teniendo en cuenta que el nombre de Richard Parker era muy común y que la situación que se plantea, un naufragio con antropofagia por supervivencia, tampoco era completamente infrecuente en la época.
Por cierto, todavía quedaría por añadir un último Richard Parker a la historia: el tigre de bengala que naufraga en La vida de Pi del canadiense Yann Martel, una historia que también se presenta como real dentro de la novela en un guiño a la anticipación de Poe.