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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."



José Saramago

domingo, 8 de diciembre de 2019

CHILI A LA FRANCE!



Communiqué de presse


Les organisations ci-dessous appellent à un grand rassemblement de Solidarité le 10 Décembre 2019, Journée Internationale des Droits de l’Homme, à 19 heures, face à l’Ambassade du Chili à Paris, pour le respect des droits humains et environnementaux, l’arrêt de la répression, et l’accès à la justice. 
Depuis plus d’un mois les chilien.nes sont mobilisé.es pour revendiquer une société plus juste dont le modèle de développement ne permet  plus de protéger les droits sociaux et environnementaux de la population comme le soulignent les déclarations de la directrice de la CEPAL et du Recteur de l’Université du Chili ainsi que le rapport rédigé par le Centre d’Analyse de Politiques Publiques de l’Université du Chili.
Dans un premier temps le gouvernement de Sebastián Piñera, au lieu d’écouter leurs revendications et de répondre à leurs demandes légitimes, a assimilé les manifestations à un “état d’urgence” et celles et ceux qui y participent à des ennemis de l’État, les stigmatisant ainsi de façon généralisée.  Dans la suite de la déclaration de l’Etat d’urgence, les forces de l’ordre et notamment l’armée ont fait un usage excessif et non nécessaire de la force, allant même jusqu’à se livrer à des actes de torture et de violence sexuelle contre des manifestants pour affaiblir le mouvement de protestation. L’Etat d’urgence et le couvre feu ont été suspendu mais les forces de sécurité continuent de réprimer violemment les manifestations. Les dirigeants sociaux sont surveillés, stigmatisés, harcelés. Le gouvernement et certains médias continuent à stigmatiser les personnes qui manifestent.
Des organismes internationaux tels que la Commission Interaméricaine des Droits de l’Homme, Amnesty International et Human Rights Watch ont dénoncé une violence généralisée de la part des forces de l’ordre et de l’armée. En réponse à ces rapports atterrants, le 2 décembre, le gouvernement n’ayant pas réussi à faire adopter un projet de loi qui visait à autoriser le recours aux forces armées sans la nécessité d’invoquer l’état d’urgence, a annoncé qu’il étudiait une réforme constitutionnelle pour faciliter le recours aux forces armées. 
A ce jour, selon l’Institut National des Droits de l’Homme (INDH), organisme officiel rattaché à l’état, plus de 240 personnes ont perdu partiellement la vue, 90 ont porté plainte pour violences sexuelles, 460 pour tortures et traitements cruels. À ce lourd bilan s’ajoutent plus de 2800 personnes blessées dénombrées dans les hôpitaux. Selon des organismes indépendants ces chiffres pourraient être bien supérieurs.
Dans ce contexte, le gouvernement a annulé la COP25 qui devait se tenir à Santiago pour la transférer à Madrid sous sa présidence. Cette annulation ne doit pas servir à détourner les yeux des violations des droits humains et servir d’excuse pour mettre de côté les mesures urgentes nécessaires au Chili en matière d’environnement, qui représentent une part essentielle des revendications citoyennes qui ont déclenché les récentes manifestations. Le gouvernement doit notamment signer l’Accord d’Escazú et fournir des garanties en matière de sécurité pour le travail des personnes défendant les droits humains et l’environnement, qui luttent pour la défense de leurs ressources naturelles et de leurs terres. 
Pour toutes ces raisons, les organisations solidaires avec le Chili, invitent la société française à se joindre à un rassemblement pour le respect des droits humains, la fin de la répression et du recours aux forces armées, la mise en place d’enquêtes impartiales afin de déterminer les responsables de ces violations graves et l’accès à la justice pour toutes les victimes de la violence d’état ainsi que pour leurs familles, et enjoignent le gouvernement à mettre au centre de ses priorités le respect des droits humains, la justice sociale et environnementale. 
 
Organisent:
Assemblée Solidarité Chili
Amnesty International France-Amériques
 
Signent:
Amnesty International France-Amériques
Assemblée Solidarité Chili
Frente Cacerola
Collectif Estallido
Nouvelle Ambassade
CineChilex
Blog de Chile en Francia france-chili.com 

 


miércoles, 4 de diciembre de 2019

LANZAMIENTO DEL LIBRO "CIUDADANO DE UN SUEÑO SIN RETORNO" DEL ESCRITOR ALEJANDRO IRIARTE WALTON (SANTIAGO, 14 DE DICIEMBRE DE 2019)



ENTRE EL 13 Y EL 15 DE DICIEMBRE DE 2019 SE DESARROLLARÁ LA "III FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE VALPARAÍSO", CHILE







ACTIVIDADES DE DICIEMBRE DEL 2019 EN "LA SEBASTIANA" (FUNDACIÓN NERUDA) EN VALPARAÍSO, CHILE




ACTIVIDADES DICIEMBRE 2019



Exposición Oscilación de un exilio, de Fernando Prats

Exhibición de la muestra “Oscilación de un exilio”, basada en la gesta del Winnipeg ideada por Pablo Neruda. La obra se proyecta en dos ciudades. Por un lado Barcelona, en la plaza Pablo Neruda y, en la otra orilla, Valparaíso, en La Sebastiana, justamente afuera de la ventana que da hacia el océano desde el escritorio del poeta. Ambas se unen en el mapa ideado por Prats titulado Chile Circular, que consiste en una cartografía donde Chile y Cataluña se encuentran en un abrazo continuo.

  
Viernes 06 de diciembre / 19:00 horas
Taller Abierto de La Sebastiana
Lectura Poetas de Valparaíso: Gladys González y Nancy Gewolb

Gladys González (Santiago de Chile, 1981) Doctora (c) y Magister en filología hispánica por la Universidad de Valladolid, Doctoranda en Literatura en PUCV, Diplomada en fomento de la literatura infantil y juvenil( Universidad Católica de Chile) y Licenciada en educación con mención en castellano y pedagogía en castellano (Universidad  metropolitana de ciencias de la educación). Como gestora cultural ha desarrollado la Feria del libro independiente de Valparaíso, Feria Internacional del libro de Valparaíso, Red feminista del libro, entre otras actividades. Como poeta es considerada como una de las más importantes de su generación en Chile y Latinoamérica. Ha publicado: Navaja; Bitácora; Pequeñas cosas; Calamina; Última noche; Vidrio Molido; Hospicio; Ninguna palabra; Aire Quemado; Gran Avenida y Papelitos.
Nancy Gewölb Mayanz (Santiago, 1939). Grabadora y artista visual. Realizó sus estudios entre 1973 y 1979 en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile. Fue alumna de Balmes y Ortúzar. Realizó cursos de Diseño con especialidad Textil en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Desde 1990 ejerce la docencia como profesora  del Taller de Expresión Gráfica en la Facultad de Artes de la Universidad de Playa Ancha de Valparaíso. Ha publicado los libros Oyes el tono del sol y Las Muchachas de Biarritz.
  

Viernes 13 de diciembre / 19:00 horas
Lectura final Taller de poesía de La Sebastiana 2019

El Taller de Poesía de La Sebastiana ha funcionado ininterrumpidamente desde 1994. Es dirigido por los poetas Sergio Muñoz e Ismael Gavilán, y sesiona los viernes de abril a diciembre. Segunda lectura pública del Taller de Poesía de La Sebastiana 2019. Leen los poetas: Benjamín Carrasco, Gonzalo de la Jara Johnson, Bastián Desidel, Gastón García, Florencia González, Silvana González, José Leyton, Nicolás Gorriateguy, Pablo Jara Vásquez, Camila Leal Gómez, Fernanda Molina, Gabriela Montecinos y Laura Valdivia Soldán.

  

Sábado 14 de diciembre / 19:00 horas
Taller Abierto de La Sebastiana
Adaptación para Radioteatro  "El hombre de la rosa" de Manuel Rojas

Ccs Vaguada (Centro Cultural & Social Vaguada), les invita cordialmente a escuchar EL HOMBRE DE LA ROSA, adaptación para Radioteatro del cuento homónimo del escritor chileno Manuel Rojas (1896-1973), publicado por primera vez en el libro de cuentos "Travesía" publicado en el año 1934 por Editorial Nascimiento (Santiago de Chile) Este trabajo contó con las voces de Hugo Muñoz Jaramillo como el Padre Espinoza, Fran Bufon como el Hombre de la Rosa, además del trabajo vocal de Pedro Cosmopiolita Antonio, Monserrat Rocío, Víctor Mora, Bob Dale, Dafne Latrille, Rayen Lagos, Andrea Barril, Gabriela Nuñez, Dante González, Michelle Grande y la participación especial de Bob Dyller en la Narración.



Viernes 19 de diciembre / 19:00 horas
Presentación del libro “Los poetas de Neruda” de Alain Sicard

La originalidad de la presente antología es doble. No sólo reúne por primera vez los poemas que, al azar de sus lecturas y de sus amistades, Pablo Neruda escribió sobre poetas de todas las épocas y todos los países, sino que los acompaña con una muestra de su poesía y un texto de presentación. Alain Sicard fue Director del Centro de Investigaciones Latinoamericanas, Profesor Emérito y Decano de la Facultad de Letras de la Universidad de Poitiers, Francia.

  
 Biblioteca de Poesía Chilena Pablo Neruda
¿Quieres ser socio/a?

La Biblioteca de Poesía Chilena Pablo Neruda, está especializada en poesía contemporánea chilena. Contiene preferentemente textos publicados desde 1986 en adelante. La colección es de aproximadamente 4.200 volúmenes y cuenta además con un archivo sonoro con 770 archivos en mp3.
La Biblioteca es de libre acceso. Cuenta con obras de referencia y préstamo. Además, con colecciones de revistas literarias, tales como: Trilce, Nerudiana, Aérea, Revista Chilena de Literatura y Cuadernos de la Fundación Pablo Neruda, entre otras. También hay ensayos y estudios críticos sobre poesía chilena.
Te invitamos a hacerte socio. Para ello,  debes presentar fotocopia del rut y comprobante de domicilio. Y podrás llevar a tu casa gran parte del material disponible.




Todas las actividades
ENTRADA GRATUITA

Si quiere recibir información de las actividades del Centro Cultural La Sebastiana por correo electrónico, envíe un correo a:

Centro Cultural La Sebastiana
Ferrari 692 (Av. Alemania alt. del 6900)
Valparaíso
Chile



lunes, 2 de diciembre de 2019

ASISTENCIA AL "V ENCUENTRO DE LA DIÁSPORA CROATA". BUENOS AIRES, 28-30 DE NOVIEMBRE DE 2019













"EL REY SE MUERE" DE EUGENIO IONESCO POR EL TEATRO "FACULTAD", SANTIAGO DE CHILE, DICIEMBRE DE 2019



ENCUENTRO CON LOS POETAS ARGENTINOS ANGELA GENTILE Y GUILLERMO EDUARDO PILÍA Y CON LA ACTRIZ CRISTINA DEMO






CRÍTICA DE CINE DE ANÍBAL RICCI: "EL IRLANDÉS" DE MARTIN SCORSESE




EL IRLANDÉS (2019)
Dirigida por Martin Scorsese

«Jamás digas lo que piensas a alguien que no sea de la familia», espetó Vito Corleone a su hijo Sonny por actuar impulsivamente ante un miembro de otra familia. Corresponde a una línea de El Padrino (Francis Ford Coppola) y reflejaba el oscuro mundo de secretos que debían ocultar los mafiosos para sobrevivir en un ambiente peligroso donde la muerte aguardaba a la vuelta de la esquina. Será útil comparar esta obra mayor del séptimo arte con El Irlandés, no sólo por tratarse de dos películas del hampa organizada, sino por abordar de diferente modo el comportamiento de los criminales, que echaban mano a la extorsión, intimidación y soborno para lograr influencia dentro de la sociedad. Los acontecimientos violentos no daban tregua en la cinta de Coppola, intercalando escenas familiares, muy luminosas, con otras oscuras y nocturnas, donde la violencia hablaba por los personajes (el guion se centraba en lo externo), en cambio, Martin Scorsese le ha dado una vuelta de tuerca al género al hacernos partícipes del mundo interior de otro grupo de criminales que ejercían su influencia a través de los sindicatos, particularmente aquel presidido por Jimmy Hoffa entre 1957 y 1971 (interpretado por un histriónico Al Pacino) que logró agrupar a más de dos millones de camioneros en su período de mayor apogeo.

En El Padrino cada puerta que se cierra implica que alguien ha quedado fuera del círculo íntimo de la familia, más bien de su círculo de poder, limitando al ámbito hogareño el accionar de las mujeres y niños. Algo parecido ocurre en El Irlandés, donde los personajes femeninos son apenas un esbozo y las puertas que se cierran han sido reemplazadas por conversaciones en torno a la mesa de un bar donde los intercambios de palabras al oído implicarán frecuentemente que el que no participa de esos conciliábulos podría ser la próxima víctima.

Quizás El Irlandés no sea de esas películas de gánsteres, de ritmo frenético y montaje agresivo, que nos acostumbró Scorsese en Buenos Muchachos y Casino, y que también reunían entre su elenco a Robert De Niro y Joe Pesci. El director ahora nos cuenta la historia de Frank Sheeran, un estafador que se inició como conductor de camiones, hablándonos en primera persona desde la soledad de un geriátrico y a través de una voz en off que relata los acontecimientos contenidos en largos raccontos. Hay un casamiento importante que sucedió hace no tantos años, el cual será el preludio de la muerte del famoso sindicalista. Dentro de ese relato, el director desarrolla un complicado juego de lealtades, primero con Russell Bufalino (Joe Pesci) a quien conoció por azar durante una travesía por carretera. Los viajes entre ciudades que se repiten representan las decisiones que van tomando los gánsteres en su vida, todas muy a prisa, pero que al final no conducen a ninguna parte. La carretera es un símbolo tan importante como lo que ocurría tras las puertas en el mundo de Coppola. En otro racconto muy ingenioso (tras una llamada telefónica) Sheeran conocerá a Jimmy Hoffa y se transformará en su brazo derecho, no sólo su hombre de confianza, sino un verdadero amigo que compartirá momentos entrañables con su esposa e hijas. Peggy será la preferida y el punto de vista de censura del violento accionar de Frank.

La película transcurre en tres actos articulados por un montaje meticuloso que recurre a impecables elipsis y planos secuencia que realmente nos involucran en este mundo de poder llevado al límite. En el primero detalla la lealtad de Frank Sheeran con Bufalino, en el segundo su relación con Jimmy Hoffa, y en el tercero (novedoso punto de vista) aborda los últimos años en la cárcel de este grupo de delincuentes que apenas se acuerdan de sus fechorías y asesinatos. Claro que tienen remordimientos (mundo interior) pero la vida no les dará nuevas oportunidades. El otrora poderoso Russell Bufalino, ahora se conduce apenas sobre una silla de ruedas.

El personaje de Pesci tiene menos minutos en pantalla, pero es el más complejo. Maneja los hilos (como El Padrino de Marlon Brando) sin jamás levantar la voz, simplemente escucha y decide quien sobrevive y quien muere. Es un viejo respetable al que sólo el peso de los años logrará arrebatar su vitalidad.

En el personaje de De Niro se estructura el relato y en todo momento nos damos cuenta de lo doloroso que fue para él darle muerte a su amigo Jimmy Hoffa. La lealtad hacia Bufalino era imposible de contrarrestar para seguir con vida, pero se podría decir que los dos tiros en la nuca del sindicalista en realidad significaron un final piadoso, rápido y sin dolor. Frank apenas lograba ocultar la culpa ante la mujer de Hoffa y ante Peggy simplemente no podía ocultar su miseria. En sus últimos años intentó acercarse a sus hijas, pero ellas no se compadecieron de las circunstancias de Frank. Se relacionó con la iglesia, no tanto por la religión, sino para hablar con alguien, pero jamás confesó que había dado muerte al sindicalista. Se llevaría el secreto a la tumba, junto con el sufrimiento de la familia de Hoffa.

Al contrario de El Padrino, estos gánsteres tendrán que pagar en la cárcel por la violencia desatada. Tampoco habrán legado algo importante, la familia los abandona y se puede dar muerte incluso a las personas más cercanas. Salvaguardan sus intereses políticos y económicos mediante la traición. Es una película de gánsteres crepuscular. Ya no hay legado y las familias desaparecerán de sus órbitas. La vejez los alcanzará y terminarán sus días en el más solitario abandono. En la saga de El Padrino siempre aparecería otro hombre fuerte al interior de la familia, en cambio, en El Irlandés se cortarán todos los hilos y los círculos de poder dejarán de existir para siempre.

sábado, 23 de noviembre de 2019

"RECUERDEN A RUMANÍA" POR DANIEL DRAGOMIRESCU (TRADUCCIÓN AL CASTELLANO)




El día 15 de noviembre del 1987 ha marcado la caída de la careta humanista del régimen comunista de Rumanía. Auto legitimado como un régimen político de “democracia popular” pero instaurado con los tanques del Ejército Rojo el 6 de marzo del 1945 y mantenido por medio de una combinación de populismo, elecciones fraudulentas, despotismo y terrorismo de estado, el comunismo de Rumanía había llegado a finales del reinado de Nicolae Ceausescu no representando más que al dictador y a la nomenclatura de partido, beneficiaria de privilegios ilimitados. Como consecuencia de la crisis económica y social generalizada, determinada por una larga serie de decisiones políticas catastróficas, a finales de los años 80, como en tiempos de guerra, en Rumanía el pueblo padecía frío y hambre. Las tarjetas alimentarias habían sido reintroducidas como en el periodo cuando Bucarest estaba siendo bombardeado por los Aliados, y la penuria de productos básicos, desde la pasta de dientes, el papel higiénico o el algodón medicinal hasta los alimentos indispensables y de primera necesidad (azúcar, aceite, pan) se había apoderado del país. 


Se esperaban noches enteras frente a las tiendas por los alimentos más comunes, y la aplicación del prometido principio de repartición comunista del bienestar social, “de cada quien según las posibilidades, a cada quien según las necesidades”, estaba siendo aplazado sine die. Por las estaciones, veíamos como la gente asaltaba los trenes internacionales para comprar de los turistas polacos o alemanes del este medicamentos (biseptol), cigarillos (el BT búlgaro o el Gent albanés de baja calidad) o ropa. Al caer la noche en las temporadas frías (otoño e invierno) miles de pueblos se quedaban a oscuras, a causa de las drásticas economías impuestas por los burócratas de Ceausescu, y por las estaciones pasaban de prisa los trenes mercantiles con vagones de cereales, totalmente destinados a la exportación. La situación no era mucho mejor ni siquiera en las ciudades e incluso la capital del país empezaba a sufrir las consecuencias de la crisis que año tras año se agravaba inexorablemente. La presión del gas bajaba durante la noche, el calor de los radiadores del sistema centralizado no duraba más que unas horas por la mañana y por la noche, el agua caliente corría un par de horas en los fines de la semana (pero no en todas las ciudades), y las economías con la corriente eléctrica dejaban a oscuras barrios enteros. Después del invierno de los años 1984-1985, he escuchado personalmente a algunos bucarestinos mayores quejándose del terrible frío que habían tenido que padecer durante el invierno en sus apartamentos, transformados en neveras. 


Una mañana helada de invierno, en una fila por la leche, he visto a un hombre desplomándose en la acera, por culpa de un ataque al corazón causado por las condiciones inhumanas, puesto que la gente tenía que esperar mucho tiempo en frío, desde las seis de la mañana hasta que abrían la tienda, para poder coger una o dos botellas de leche o un tarro de yogur. Después de que se agotaba, rápidamente, el surtido de leche, el resto del día la tienda se volvía algo parecido a un museo. Como alimentos básicos, en la mayoría de las tiendas había pescado oceánico congelado y camarones vietnamitas, y en lugar de café verdadero sólo se podía tomar “nechezol”, una mezcla indefinida de sucedáneos dudosos de aspecto marrón (acerca de la que se rumoraba que había provocado muchos casos de cáncer de páncreas). En cambio, el régimen pretendía que es muy humano con los ciudadanos de la patria y sobre todo con la clase obrera, sobre la que decía que la representaba como ningún otro régimen político de la historia. El culto de Ceausescu y de su analfabeta esposa, Elena, superaba los límites del grotesco, y los rumanos se veían obligados a aplaudir y a rendirles homenaje a los dos “queridos hijos del pueblos”. Un bromista había lanzado la anécdota de que los rumanos habían llegado a parecerse a los pingüinos del polo norte – batiendo las alas y alimentándose con pescado. Hasta el socialista Fr. Mitterrand, por entonces presidente de Francia, había tenido que deslindarse del régimen de Ceausescu y limitar severamente los contactos con él, para no comprometerse.


Este era el cuadro de la vida cotidiana en la República Socialista Rumanía cuando, el 15 de noviembre del 1987, estalló la gran revuelta de los obreros de la Fábrica de Autocamiones “La Bandera Roja” de Brasov, una ciudad antigua y hermosa ubicada en el centro del país. Nadie esperaba algo así en la Rumanía de Ceausescu, donde la policía política (La Seguridad) omnipresente (como el NKVD de Stalin) trabajaba con un gran número de informantes y vigilaba cuidadosamente cualquier manifestación hostil o disidencia referente al Partido Comunista y al régimen “socialista” y “demócrata popular” de Bucarest. La gran revuelta de los obreros de Brasov fue reprimida con una brutalidad increíble para un estado de Europa en el siglo XX, y Europa no pudo impedir de ninguna manera la represión, pero esta revuelta obrera tuvo la fuerza de desenmascarar el régimen dictatorial del país. Este régimen político declarado “demócrata” y “obrero” en realidad no era ni demócrata, ni obrero, funcionando para el beneficio de la nomenclatura comunista, cuyo estilo de vida deslumbraba con sus lujos, privilegios y arrogancia tribal de un país tercermundista. El régimen totalitario comunista de Rumanía en la época de Ceausescu no era más que una terrible tiranía, donde una minoría imponía su voluntad frente a la mayoría popular, que tenía que consumir a más no poder pescado oceánico congelado, tomar agua fría (cuando el agua corría del grifo) y aplaudir al infinito los interminables discursos demagógicos de Ceausescu, aguantando en silencio todas las privaciones posibles.

Bucarest, 2019



lunes, 18 de noviembre de 2019

"SEFERIS" , POEMA INÉDITO DE ANDRÉS MORALES (2019)






Una palabra
sola
abrirá el espacio
del mar
o de los cielos:

Hipnos,
sueño,
hipnos.

Como un rayo que sorprende
y un solemne trueno
rompiendo los infiernos.

Como la voz secreta
del poema oscuro
solo,
mendicante.

Como la superficie fría
de muertos hoy presentes
en la memoria huida,
en el pasado inquieto.

De las palabras
una
y
un poeta
cierto:

Hipnos,
sueño,
hipnos.

Después ya se adivina
el llanto de las olas.



                                                   (A Víctor Lobos)



RECUERDEN RUMANÍA!!!!!!!!!!!!!! REMEMBER RUMANIA! EN SU DOLOR!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!






Remember November 1987

by Daniel Dragomirescu

The 15th of November 1987 marked the fall of the humane mask that the Romanian communist regime had been wearing. Self-legitimated as a political regime of 'popular democracy', yet installed with the help of the Red Army tanks on the 6th of March 1945 and maintained through a combination of populism, rigged elections, state despotism and terrorism, towards the end ofCeaușescu's presidency, Romanian communism was only representative of the dictator and the party nomenclature who enjoyed unlimited privileges. Following the generalized socio-economic crisis, determined by a series ofcatastrophic political decisions, towards the end of the 80s Romania suffered from cold and hunger, just like during the war. Food ratios were re-introduced like at the time Bucharest was being bombed by the Allies, while the shortage of consumer goods, starting with tooth paste, toilet paper or absorbent cotton and ending with the basic necessities (sugar, oil, bread) was widespread in the country. 

One waited for whole nights in fronts of the stores for the most trivial things, while the application of the long-promised principle of communist allocation of social welfare, "from each according to his means, to each according to his needs", was being postponed sine die. In railway stations I could see how people rushed towards international trains in order to buy medicine (sulfamethoxazole), cigarettes (Bulgarian BT or the not so good Albanian Gent) or clothes from Polish or East-German tourists. When night fell in the cold seasons (autumn and winter) thousands of villages were left in the dark, on account of the drastic economizing that Ceaușescu's bureaucrats had imposed, whereas goods trains carrying whole grain cars meant for export hurried through railway stations. The situation was not much better in cities and the capital of the country was starting to feel the crisis that got deeper and deeper from one year to the next. The gas pressure was low in the evening, the heat from the radiators and the central heating lasted for a couple of hours in the morning and evening, hot water ran for a few hours at the end of the week (not in every city, though), and saving power meant leaving whole neighbourhoods in the dark. After the winter of 1984-1985, I heard Bucharesters complaining of the freezing cold they had to put up with in their flats, converted into fridges, throughout the winter. 

One freezing morning, while queueing for milk, I saw a man collapsing on the pavement, dead. He had had a heart attack – people had had to wait for a long time in the cold, starting with 6 am, until the shop opened, so that they could get a bottle or two of milk or a jar of yoghurt. After the milk was quickly gone, for the rest of the day the shop turned into a kind of museum. The basic food in most shops was frozen ocean fish and Vietnamese shrimps, and instead of real coffee, people could only drink "nechezol", an indistinct mix od dubious substitutes with a brown colour (which was said to have caused countless cases of pancreatic cancer). Nevertheless, the regime claimed to be extremely benevolent towards its citizens and especially towards the workers, whom they claimed to represent like no other regime in history. The cult of Ceaușescu and his illiterate wife, Elena, had become grotesque, and Romanians were forced to applaud and honour the two "beloved children of the people". Some joker launched the joke that Romanians came to resemble the penguins from the North Pole – flapping their wings and feeding on fish. Even the socialist Mitterand, back then the president of France, had to disalign from Ceausescu's regime and limits further contacts with it, in order not to compromise himself.

This was the picture of everyday life in the Socialist Republic of Romania, when, on the 15th of November 1987, the great revolt of the workers from the Red Flag truck factory broke out in Brașov, a historical and beautiful city in the heart of the country. Nobody had expected something of this kind in Ceaușescu'sRomania, where the omnipresent political police (the Securitate), like Stalin's NKVD, had a large number of informants and was rigorously monitoring any hostile attitude or disidence from the line of the communist party and the 'socialist' and 'popular democratic' regime in Bucharest. The great revolt of the workers in Brașov was repressed with an incredible brutality for a state in 20thcentury Europe, and Europe was unable to do anything to prevent it. However, this revolt of the workers managed to unmask the dictatorship in the country. The political regime that had declared itself 'democratic' and 'of the workers' was neither in reality. It worked only for the benefit of the communist nomenclature, whose lifestyle, through its luxury, privileges and arrogance mimicked the lifestyle of some tribal aristocracy from a third world country. The communist totalitarian regime from Ceaușescu's Romania was nothing but a horrible tyranny, through which a minority was imposing its will on the popular majority, who was forced to eat frozen ocean fish, drink cold water (when there was tap water) and repeatedly applaud Ceausescu's endless demagogic speeches, bearing in silence all imaginable deprivations.

English version by Roxana Doncu 


Remember noiembrie 1987

Ziua de 15 noiembrie 1987 a marcat căderea măştii umaniste a regimului comunist din România. Autolegitimat drept un regim politic de “democraţie populară”, dar instaurat cu tancurile Armatei Roşii la 6 martie 1945 şi menţinut printr-o combinaţie de populism, alegeri trucate, despotism şi terorism de stat, comunismul din România ajunsese spre finele domniei lui Nicolae Ceauşescu să nu îi mai reprezinte decât pe dictator şi nomenclatura de partid înzestrată cu privilegii nelimitate. Ca urmare a crizei economico-sociale generalizate, determinate de un şir de decizii politice catastrofale, spre finele anilor ’80, ca în timp de război, în România se suferea de frig şi de foame. Cartelele alimentare au fost reintroduse ca în anii când Bucureştiul era bombardat de Aliaţi, iar penuria de produse de larg consum, de la pasta de dinţi, hârtia igienică ori vata medicinală la alimentele de bază şi de primă necesitate (zahăr, ulei, pâine) a cuprins întreaga ţară. 

Pentru cele mai banale alimente, se aştepta nopţi întregi în faţa magazinelor, iar aplicarea promisului principiu de repartiţie comunistă a bunăstării sociale,  “de la fiecare după posibilităţi, fiecăruia după nevoi”, era amânat sine die. Prin gări, vedeam cum oamenii luau cu asalt trenurile internaţionale, ca să cumpere de la turiştii polonezi sau est-germani medicamente (biseptol), ţigări (BT-ul bulgar sau mai prostul Gent albanez) sau îmbrăcăminte. La lăsarea întunericului în anotimpurile reci (toamna şi iarna) mii de sate rămâneau în beznă, din cauza economiilor drastice impuse de birocraţii lui Ceauşescu, iar prin gări treceau grăbite trenurile de marfă cu vagoane de cereale, în întregime destinate exportului. Situaţia nu era cu mult mai bună nici la oraşe şi chiar şi capitala ţării începea să se resimtă tot mai mult de pe urma crizei care se adâncea inexorabil de la un an la altul. Presiunea gazului scădea în timpul serii, căldura la calorifere din sistemul centralizat nu dura decât câteva ore dimineaţa şi seara, apa caldă curgea câteva ore la sfârşit de săptămână (dar nu în toate oraşele), iar economiile la curentul electric lăsau în beznă cartiere întregi. După iarna anilor 1984-1985, am auzit cu urechile mele bucureşteni în vârstă plângându-se de frigul cumplit pe care fuseseră siliţi să-l îndure peste iarnă în apartamentele lor, transformate în frigidere. 

Într-o dimineaţă geroasă de iarnă, la o coadă pentru lapte, am văzut un bărbat prăbuşindu-se pe trotuar fără suflare, din cauza unui atac de cord produs de condiţiile inumane, fiindcă oamenii trebuiau să aştepte mult timp în ger, de pe la ora şase dimineaţa, până la deschiderea magazinului, ca să poată apuca o sticlă-două de lapte ori un borcan-două de iaurt. După ce se epuiza, rapid, stocul de lapte, în restul zilei magazinul devenea un fel de muzeu. Drept alimente de bază, prin cele mai multe magazine se mai găseau peştele oceanic congelat şi creveţii vietnamezi, iar în loc de cafea adevărată se mai putea bea doar “nechezol”, un amestec indefinit de surogate dubioase cu aspect maroniu (despre care se zicea că provocaseră nenumărate cazuri de cancer de pancreas). În schimb, regimul pretindea că este extrem de uman cu cetăţenii patriei şi mai ales cu clasa muncitoare, pe care zicea că o reprezintă ca nici un alt regim politic din istorie. Cultul lui Ceauşescu şi al soţiei sale analfabete, Elena, friza culmile grotescului, iar românii erau obligaţi să aplaude şi să îi omagieze pe cei doi “iubiţi fii ai poporului”. Un glumeţ a lansat anecdota că românii ajunseseră să semene cu pinguinii de la polul nord – să bată din aripi şi să se hrănească cu peşte. Până şi socialistul Fr. Mitterand, pe atunci preşedinte al Franţei, a trebuit să se delimiteze de regimul lui Ceauşescu şi să limiteze sever contactele cu el, ca să nu se compromită.

Acesta era tabloul vieţii cotidiene din Republica Socialistă România când, la 15 noiembrie 1987, a izbucnit marea revoltă a muncitorilor de la Uzinele de Autocamioane “Steagul Roşu” din Braşov, un vechi şi frumos oraş situat în centrul ţării. Nimeni nu se aştepta la aşa ceva în România lui Ceauşescu, unde poliţia politică (Securitatea) omniprezentă (precum NKVD-ul lui Stalin) lucra cu un mare număr de informatori şi supraveghea cu străşnicie orice manifestare ostilă sau dizidenţă la adresa Partidului Comunist şi a regimului “socialist” şi “democrat popular” de la Bucureşti. Marea revoltă a muncitorilor de la Braşov a fost reprimată cu o brutalitate incredibilă pentru un stat din Europa secolului XX, iar Europa nu a putut cu nimic să o împiedice, dar această revoltă muncitorească a avut în schimb forţa de a demasca regimul de dictatură din ţară. Acest regim politic declarat “democrat” şi “muncitoresc” nu era în realitate nici democrat şi nici muncitoresc, el funcţionând spre beneficiul nomenclaturii comuniste, al cărei stil de viaţă friza prin lux, privilegii şi aroganţă stilul de viaţă al unei aristocraţii tribale dintr-o ţară a lumii a treia. Regimul totalitar comunist din România în epoca lui Ceauşescu nu era decât o teribilă tiranie, prin care o minoritate îşi impunea voinţa în faţa majorităţii populare, care trebuia să consume cât mai mult peşte oceanic congelat, să bea apă rece (când apa curgea la robinet) şi să aplaude la nesfârşit nesfârşitele discursuri demagogice ale lui Ceauşescu, suportând în tăcere toate lipsurile posibile.



Remember Novembre 1987

Le 15 novembre 1987 a marqué la chute du masque humaniste du régime communiste de Roumanie. Auto-légitimé comme un régime politique de “démocratie populaire”, mais imposé par les tanks de l’Armée Rouge le 6 mars 1945 et maintenu par une combinaison de populisme, d'élections truquées, de despotisme et terrorisme d’État, le communisme de Roumanie a abouti vers la fin du règne de Nicolae Ceauşescu en une situation de ne plus représenter que le dictateur et la nomenklatura du Parti, douée de privilèges sans limites. Suite a la crise socio-économique généralisée, à cause d’une série de décisions politiques catastrophiques, vers la fin des années 80, comme en pleine guerre, la Roumanie souffrait du froid et de faim. Les tickets concernant les aliments rationnés avaient été réintroduits comme à l’époque où Bucarest était bombardée tristement par les Alliés, et la pénurie de produits de consommation courante, comme la pâte dentifrice, le papier hygiénique ou la ouate médicinale ou bien les aliments de première nécessité (le sucre, l’huile, le pain) avait plongé en un marasme terrible le pays tout entier.  

Concernant les aliments les plus banals, on attendait des nuits entières devant les magasins, quant a l’application du principe communiste de répartition du bien-être social – “A chacun selon ses nécessités, à chacun selon ses besoins” – et tout se trouvait ajourné ad vitam aeternam. Dans les gares, je voyais comment les gens prenaient d’assaut les trains internationaux, pour acheter à des touristes polonais ou est-allemands des médicaments (comme du biseptol pour le rhume, très répandu à cause du froid des maisons, pendant l’hiver), des cigarettes (le fameux BT bulgare ou le moins bon “Gent” albanais) ou des vêtements. À la tombée de la nuit, pendant les saisons froides (l’automne, l’hiver) des milliers de villages demeuraient dans les ténèbres, à cause des sévères économies d’électricité imposées par les bureaucrates de Ceauşescu, tandis que, par les gares, s'enfuyaient de longs trains de marchandises traînant des wagons de céréales, entièrement destinés à l’exportation. La situation ne s'avérait pas vraiment meilleure dans les villes, ni même à Bucarest, connue jadis glorieusement comme “Le Petit Paris”, et où commençait à se ressentir toujours plus la crise qui s’approfondissait inexorablement d’une année à l’autre. La pression du gaz baissait pendant le soir, les bouteilles de gaz demeuraient presque introuvables, la chaleur des calorifères distribuée par le système centralisé d’État ne durait que quelques heures, les matins et les soirs, l’eau chaude coulait seulement quelques instants en fin de semaine (mais pas dans toutes les villes), et leséconomies de courant électrique laissaient dans l'obscurité des quartiers entiers. Après l’hiver des années 1984-1985, j’ai entendu de mes propres oreilles des Bucarestois âgés se plaindre  du froid terrible qu’ils étaient obligés de  supporter dans leur appartement transformé en véritable frigidaire. En apprenant  cette situation, on dit que Elena Ceauşescu aurait répliqué: “Ils n’ont qu’à rajouter une couche à leurs vêtements !”  

Un matin très froid d’hiver, tout en faisant la queue pour obtenir du lait, je vis un homme s’effondrer sur le trottoir, atteint de crise cardiaque, provoquée probablement par des conditions inhumaines d'existence (et même de velléité de survie), parce que les gens devaient attendre des heures, pétrifiés de froid en une température glaciale, depuis six heures du matin jusqu'à l’ouverture du magasin, pour pouvoir prétendre obtenir une ou deux bouteilles de lait ou encore un ou deux verres de yaourt. Après que la marchandise se fut épuisée (très vite), le magasin devenait une sorte de musée. Comme aliments de base, dans la plupart des magasins, on trouvait encore du poisson océanique congelé et des crevettes vietnamiennes et, en remplacement du vrai café, on pouvait seulement boire  du “nechezol”, un mélange indéfini de particules douteuses à l’aspect marron (au sujet desquelles on affirmait qu'elles avaient provoqué de nombreux cas de cancer du pancréas). En échange, le régime se prétendait très humain envers ses citoyens et en particulier envers la classe ouvrière, qu’il prétendait  représenter comme aucun autre régime politique précédent. Le culte de Ceauşescu et de sa femme illettrée, Elena, frisait les sommets du grotesque, et les Roumains se trouvaient obligés d’applaudir et de rendre d'infinis hommages à ces deux-là, “les fils du peuple les plus aimés”. Un type, amateur de plaisanteries ironiques, avait lancé une anecdote (“banc”), en affirmant, ou se rendant hélas compte, que les Roumains commençaient de ressembler à des pingouins du Pôle Nord – s'ébattant de leurs bras comme des ailes, pour se réchauffer, et en se nourrissant péniblement et succinctement, avec du poisson. Même le socialiste François. Mitterrand, à l’époque Président de la France, dut se délimiter du Régime de Ceauşescu et de ses contacts avec lui, pour ne pas se compromettre.

Ainsi s'avérait le tableau de la vie quotidienne dans la République Socialiste de Roumanie quand, le 15 novembre 1987, éclata la grande révolte des ouvriers des Usines d’Autos et de Camions “Steagul Roşu” de Braşov, une ancienne et belle ville du sud de la Transylvanie, située juste au centre du pays. Personne ne s’attendait à une pareille émeute dans la Roumanie de Ceauşescu, où la police politique (la Securitatea) omniprésente (tel le NKVD de Staline) déployait ses activités à l’aide d’un grand nombre d’informateurs ( raison pour laquelle elle était, de manière euphémique, surnommée “La Coopérative de l’Oeil et du Tympan”) et surveillait avec grande attention toute manifestation hostile ou formation de dissidence contre le Parti Communiste et le Régime “socialiste” revêtu de “Démocratie Populaire”. La grande révolte des ouvriers de Braşov fut réprimée avec une férocité incroyable pour un État de l’Europe de la fin du XXème siècle, tandis que cette Europe ne faisait rien pour empêcher cette répression, cependant cette révolte ouvrière eut pourtant la force d’arracher le masque du visage du régime totalitaire communiste de ce pays. Ce Régime auto-déclaré, avec suffisance, “démocratique” et “ouvrier” n’était  en réalité ni démocratique  ni ouvrier, car fonctionnant uniquement au bénéfice de la nomenclature communiste, dont les styles de vie frisaient par leur luxe, leurs privilèges et leur arrogance, bien plutôt le style de vie d’une aristocratie tribale,  abusant et soutirant toute richesse, d’un pays du tiers monde.

Le régime totalitaire communiste de la Roumanie de l’époque de Ceauşescu ne fut que terrible tyrannie, par laquelle une minorité imposait sa volonté face à la majorité populaire, qui devait consommer du poisson océanique congelé le plus que possible, boire de l’eau froide (quand l’eau coulait, par chance, des robinets) et applaudir a l’infini les interminables discours démagogiques de Ceauşescu, en supportant en silence toutes les privations possibles.


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Version française par Noëlle Arnoult (France)