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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."



José Saramago

viernes, 20 de noviembre de 2020

RECITAL DE POESÍA "CHILE Y GUATEMALA" ORGANIZADO POR EL PEN CLUB DE CHILE Y EL PEN CLUB DE GUATEMALA (20 DE NOVIEMBRE DE 2020 VÍA ZOOM)



 

RESEÑA AL LIBRO "CAPILAR" DE LILIAN ELPHICK POR ANÍBAL RICCI




 

CAPILAR (2018)

De Lilian Elphick

 

Juan y Laura, la historia de un Chile fracturado. Esos amantes de amores incompletos que buscaban refugiarse tras la puerta, pero en este país no había puertas. El derecho a la intimidad era custodiado por los agentes, los verdaderos dueños de las llaves. Los amantes eran meras siluetas, una ilusión, la idealización de una pareja. «Escríbeme, dame forma», para que seas testigo de mis sueños, mientras huimos de los gases y los guanacos, escríbeme antes de que me arrojen al mar. El tiempo no era propiedad de los amantes.

 

¿Los enterrarían juntos, después de eludir a la muerte por las calles de la dictadura? «Amé a ese perdido», recuerda Laura, la palabra amar valía sangre. La palabra no dicha recordaba los silencios de las salas de tortura. Esa historia fue olvidada en los salones de los idiotas, los caballos del carrusel no se liberaron de sus rieles, los cuerpos seguían amarrados con alambre y antes de llegar al fondo, un hombre pesca a orillas del lago. Su sueño victimario oculta el olvido y lava la sangre que revive la historia de Juan y Laura.

 

«Yo no esperaba a nadie y te vi», cantaba Fito Páez… apareciste y yo escribí, recordaba Laura sus impresiones sobre servilletas de una fuente de soda. «Basta la palabra amor para llorar a la salida del cine porno», el amor no está en ninguna parte, fue desaparecido mientras las palabras lloraban su ausencia.

 

Lilian Elphick nos regala musicalidad en sus textos, la primera lectura es una delicia, cada frase queda resonando en el dormitorio en que los amantes, la poetisa y el lector, pueden dormir juntos sobre almohadas que aún no han sido robadas (todavía queda tiempo antes de que el ladrón comience a soñar). Estoy leyendo un libro donde los espacios entre palabras son infinitos, donde se recrean las historias de Julio César, uno moderno derribado por una bala loca. El Ulises sindicalista también será arrojado al mar, mientras los torturadores (alemanes) buscan refugio en Colonia Dignidad o en Tierra del Fuego. Las aristas del tiempo serán repetidas hasta el cansancio durante los años de Pinochet.

 

El mundo de «Capilar» está compuesto por palabras que avanzan por el continente de nuestro sistema nervioso. Cada palabra es una gota de sangre, pero los espacios entre los glóbulos rojos están llenos de silencio, de tortura y ausencia de plaquetas que nos protejan de esa violencia desatada. Cada gota de sangre bombeada al corazón, se vuelve sensual a pesar del poco tiempo que les queda a los personajes. Yacen exhaustos, escapando de sus verdugos. «Me gusta» es una opción, pero prefiero «Me seduce», no soy un lector que elija por miedo. Toda la primera parte del libro será abrochada por los últimos tres relatos. El olvido es un acto caníbal. «No es lícito callar», nos refresca Primo Levi en el epígrafe de un superviviente del Holocausto.

 

Lilian Elphick recuerda, cada historia es un acto de memoria construido a través de palabras y silencios. El amante muere bajo el reflejo del espejo de un motel, va a comprar cigarrillos, está cansado de esa mujer, ella quiere darle hijos y él huye durante la noche, para luego girar la llave de la habitación y llorar en silencio. «Obstinado por esa manía de cerrar puertas…», de leer libros que no tienen cerradura.

 

La segunda lectura, más aleatoria, surca por los capilares que enhebró la autora. Descubro la razón de ser de cada pequeño relato y me siento un «pequeño inútil» ante los espacios en blanco de las páginas. Me reconozco como lector y evoco todos los instantes que sobreviví leyendo libros. Estoy orgulloso de entender este libro de pasajes crípticos, pero Lilian me recuerda que soy otro personaje, un simple lector egocéntrico buscando encontrarme entre líneas.

 

«El vecino no regresó nunca más», el amante que la autora recuerda, no pudo quedarse a su lado. A su memoria regresan las protestas, cuando iban disfrazados de enamorados besándose bajo la lluvia de los carros policiales.

 

La tercera lectura es para recordar los personajes, las anécdotas, sobre todo las imágenes. Hay pesadumbre ante los horrores vividos durante la dictadura, pero también subsiste la esperanza de los amantes. No importa si alguno desapareció o si la clandestinidad los separó. Quizás ambos murieron atados a las vías de la muerte, separados al momento de los apremios ilegítimos. Ese amor clandestino los unió en la eternidad, ese amor explica que todo valió la pena.

 

«Nos jugamos la muerte», afuera llovía y el ruido de los extractores los enmudecía de miedo. «Yo escribía», mientras el amante observa expectante por la ventana. Las palabras fueron desapareciendo y esas dos siluetas se transformaron en fantasmas. 

PRESENTACIÓN DEL LIBRO "TRAMA" DE LA POETA Y ENSAYISTA EUGENIA BRITO (VÍA ZOOM, 25 DE NOVIEMBRE DE 2020)


 

"HECHOS Y DESHECHOS", CRÓNICA DEL POETA CHILENO ANTONIO ARÉVALO

 



Incautos poetas, curadores indefensos


14 NOVIEMBRE 2020



5 de enero: almorzamos en Viterbo con amigos, un grupo fogueado en la cena de Nochevieja en casa de Tommaso, en Bomarzo.

5 de febrero, un mes más tarde.

9 de la noche: Estación Tiburtina, Roma. Vengo de un acto en apoyo de una nueva Constitución chilena que rompa definitivamente el vínculo con la dictadura de Pinochet.


Desde que vivo en la Tuscia viterbense me siento un poco como Cenicienta. Llamar un taxi y salir pitando a la estación es ya una costumbre: no puedo perder el último tren. El vagón va medio vacío y siento cansancio. Me quedo dormido y luego despierto con un repentino ataque de tos. Es una tos seca, anómala, con picor de garganta. Ya en casa, otro ataque de tos. Duermo poco y lo poco que duermo es más bien en duermevela.


6 de febrero: al día siguiente me quedo en cama, creo que tengo gripe, alguien me recomienda Tachipirina, que contiene paracetamol e ibuprofeno. Guardo cama durante siete días (que yo recuerde no me había pasado nunca).

En el grupo se comenta que a todos nos pilló esta gripe de febrero. Algunos me dicen que no me preocupe, que solo es una gripe. Otro de nosotros, Stefano, está en cama con fiebre. Me aconsejan reposo, sopita caliente, quizás una Tachipirina. Y hacer solo lo que sea forzosamente necesario.


Cama y tos seca que, de vez en cuando, se convierte en agudos ataques de tos, los cuales casi no me dejan respirar. Mientras tanto, mi gato se calienta al sol.

Ya en la sexta noche, estoy mirando la televisión cuando instintivamente me paso la mano por la frente. ¡Mierda, pero si tengo fiebre! Paolo me lo confirma. Él va a Viterbo cada día a dar clases, una vez a la semana lo hace en la Academia y el resto de los días en un instituto, pero la semana pasada sintió un dolor en el pecho, como si se lo estrujasen, y le costaba respirar. Terminó en urgencias. Tras tenerlo en observación durante horas, lo mandaron a casa.

Octavo día: a través del servicio de la Pro-Loco de Sipicciano consigo el número de teléfono del médico de guardia. Llamo, viene y me toma la temperatura. Me pide que tosa y hace algunas preguntas más. Antes de irse, me prescribe algunos antibióticos.


Sigo en cama. Con la dieta de antibióticos empiezo a sentirme mejor.

Tiempo antes habíamos sido invitados a Viterbo, a la casa de una amiga, que organizaba una especie de vernisagge, a la que acudieron numerosas personas. La atmósfera era agradable, copa de prosecco mediante. Los invitados se entretenían contemplando y charlando acerca de las obras expuestas y fueron muchas las que se vendieron. Al acabar, de vuelta para casa.

Unos días después, nuestra amiga se va recuperando de una fuerte gripe. Por casualidad, tras un chequeo y una radiografía, descubren que tiene una bronquitis a punto de degenerar en neumonía, detectada justo a tiempo. Mientras tanto, Chiara se marcha a Mauricio y Rosella debe viajar a las Maldivas. Por entonces, en Italia se contabilizan 39 infectados y dos fallecidos. Hay gente que anda por la calle con mascarilla y gel para desinfectarse las manos. Se suspende mi viaje a Chile, programado para el 20 de marzo, hasta nuevo aviso.


24 de febrero: Chiara no vuelve de Mauricio. Lo dice el telediario. O hacen cuarentena o regresan. No quieren a los italianos y si proceden de Lombardía, todavía peor. A Gianni, que la espera en el aeropuerto, lo entrevistan en las noticias. Rosella anula su viaje a las Maldivas.

El cuarto reverbera con la luz, y el resplandor que provocan las potentes lámparas se irradia a través de la puerta y las ventanas.

¡El problema existe, pero no se ve! ¿El ofuscamiento de la comunicación nos distrae y nos deja inconscientes? ¿O vemos tan solo lo que nos conviene ver?

El 11 de marzo de 2020 se anuncia la epidemia de coronavirus que, en breve, puede ser declarada pandemia.

Una atmósfera plana impide que la búsqueda expresiva se traslade a esta fuente de materiales de exploración, la cual comprende millones de personas protagonistas.

En conclusión, no es el contagio de la enfermedad lo que nos preocupa, sino la difusión del pensamiento de ese germen que nos corrompe/corroe y de la acción obsesiva, el odio y el amor, en la que seguir el propio talento nos ofrece una señal, expresando ansiedades y ataques.

Algunos amigos tienen dudas sobre el virus, publican entrevistas con presuntos científicos que nadie conoce, hablan de conspiraciones.

De un lado, permanece intacta la confluencia de caminos; por el otro, la conciencia de que no podemos ceder nuestro espacio a la gestión de quien produce barbarie o incluso a quienes la difunden.

Cada momento, no solo cada día, debemos vivirlo como si fuese la última cosa que nos fue concedida. El mañana no existe, así que liberémonos de él, limitándonos a vivir cada segundo. Esto me lo dijo una vez un poeta.


Era enero de 1988. Soledad Bianchi me llevó junto a Juan Luis Martínez, en Viña del Mar, ciudad próxima a Valparaíso.

Era considerado uno de los poetas más lúcidos de su generación, ya fuese por sus creaciones literarias, o bien por su erudición y talento como artista visual. Convaleciente de su enfermedad, padeció durante muchos años los efectos de la diabetes, la cual poco a poco fue socavando su vitalidad hasta causarle necrosis tubular aguda en los riñones.

Vivía con su familia en una casa modesta y, antes de llegar, habíamos tomado pollo asado y alguna bebida local cuyo nombre ya ni recuerdo.

Ese día, Juan Luis me regaló La nueva novela, obra que se encuadra en la poesía metafísica y la metapoesía, articulando uno de los discursos más disruptivos y elaborados de la literatura chilena. Se convirtió, además, en virtud de las múltiples dimensiones, lecturas e interpretaciones que permite, en fuente inagotable de controversia y estudio; ecos de una erudición expresada en un lenguaje difícil y que se inscribe en la tradición poética chilena que interroga los límites entre trabajo visual y escritura.

Me entregó el libro no sin antes componer y escribir a mano algunas páginas allí mismo.

Al abrir la obra, se asiste a un complejo compendio de citas, reales y ficticias, que construyen el juego de espejos en que acaba por convertirse el texto, fundado, asimismo, en una esmerada planificación que integra el elemento gráfico y objetivo como un aspecto más del discurso lingüístico-literario del autor.


Con el cariño por tu poesía y el abrazo fraternal de Juan Luis Martínez, Viña del Mar, enero 88.


Esa fue la primera y última vez que lo vi. Murió en 1993, con apenas 49 años, de un infarto fulminante.


Ese último día, antes que él mismo se extraviara

entre el desayuno y la hora del té,

advirtió para sus adentros:

«Ahora que el tiempo se ha muerto

y el espacio agoniza en la cama de mi mujer,

desearía decir a los próximos que vienen,

que en esta casa miserable

nunca hubo ruta ni señal alguna

y de esta vida al fin, he perdido toda esperanza».

(«La desaparición de una familia», de Juan Luis Martínez)


El hombre puede ser, o al menos intentar ser, aquello que quiere. He ahí por qué el hombre es libre. Es libre porque su ser no es algo fijo y determinado, por tanto, no tiene más remedio que ir a buscarlo y esto (que tendrá lugar en cualquier futuro inmediato o remoto) lo debe elegir y decidir solo.

(José Ortega y Gasset)


Incursión, ataque, sirenas del cielo, pillaje de piratas. Deseando tener en cuenta los tiempos de conflicto, los actuales, que parecen diseñar de forma espectacular y cruel un nuevo escenario para los próximos años, he pensado que el arte, no pudiendo sustraerse a todo esto, amalgama, asalta, hace pillaje de todo, creando así nuevos signos, visiones evocadoras, hallando en el reflejo de unos y otras su propia espectacularidad y, en las mutaciones, visibilidad y provocación imperantes, sus potencialidades.

Recuerdo como si fuese ayer uno de tantos viajes a París. Mi primer viaje fue en autostop, acompañado de dos amigos muy ingenuos, saco de dormir a cuestas, en definitiva, tres personas bastante engorrosas.

El relato muestra el testimonio resultante, yuxtapuesto a un texto articulado (en primera persona) de un narrador que hace preguntas acerca de los peligros de historizar el presente, el significado de un monumento en un lugar de grandes proyecciones económicas, el anacronismo de un turismo de espectáculo y sobre las ideas del nacionalismo respecto de una identidad extranjera, basada en la experiencia personal de inmigrante. En este contexto, eres un inmigrante. ¡Punto!

Finalmente nos subimos a un tren fingiendo que nos habían robado.

La segunda vez llegué en tren y no se trataba de un viaje turístico, sino de conocimiento. Dos veces perdí el tren, teniendo que esperar al día siguiente para recomenzar el viaje. Es ahí donde las intersecciones perdidas de cualquier periferia, con las intervenciones de Ernest Pignon, devienen un rincón de poesía, un rubí, una hermosa gema que nos transporta a otra época, hecha de memoria, de historia. Conocí a Pignon, con José Balmes y Gracia Barrios, el pintor Guillermo Núñez y Soledad Bianchi, en su atelier, donde se percibía el perfume antiguo de la bohemia parisina de finales de los años setenta y del inicio de nuestro exilio.

Después, los viajes se hacen más frecuentes, hasta el punto de adoptar para siempre a mi amado Palatino, el tren que conecta Roma con París y me deja en la Gare de Lyon.

Aquel día que ahora deseo recordar, había llegado muy de mañana y justo después del obligatorio cruasán, oh croissant, auténtico símbolo de la pastelería transalpina. Pues, ¿qué desayuno sería merecedor de tal nombre sin cruasán en forma de media luna?

Ducha rápida en casa de mi amigo Felipe Tupper, zapatillas, jeans, calcetines y suéter, todo escrupulosamente rojo, y enseguida tren a Chantilly, donde me hospedaré en el hermoso castillo.

Ningún castillo que haya pertenecido al rey de Francia puede igualar el encanto, el charme, de Chantilly. La prestigiosa mansión presume de una arquitectura de ensueño y de un jardín proyectado por el mismo arquitecto que concibió Versalles. Sus fastuosas salas albergan un museo y una galería de arte.

Al mismo tiempo que me dan las llaves, me ofrecen la programación de los actos y encuentros que tendrán lugar a lo largo de dos días. La llevo conmigo a la habitación. Abro las ventanas y tras el primer impacto de unas vistas impresionantes, estoy en torno a la chimenea, copas de vino rojo, acompañado por el intelectual francés Régis Debray, quien partió a Bolivia con el Che Guevara y que, al parecer, no encuentra nada mejor que hacer que enseñarnos cómo se lleva a cabo la revolución. Somos cinco o seis personas.

Vuestra revolución no puede ser la realizada en otro lugar, con un partido a la cabeza. La guerrilla de todo el pueblo, ¡esa es la verdadera revolución!

¡Que así sea!


Cada vez que voy a París intento encontrarme con mis amigos poetas Felipe Tupper, Mauricio Electorat y Waldo Rojas, pero, sobre todo, frecuento a Irene Domínguez.

Nacida en Santiago de Chile en 1933, Irene Domínguez, pintora, se traslada a Europa, donde estudia arte en España y Francia.

Establecida en París en 1964, conoce a Wilfredo Lam, quien la introduce en el círculo de artistas de la ciudad. Para mí, Irene es París. Falleció recientemente. Estará siempre en mi corazón.


Entro en contacto con los jóvenes escritores latinoamericanos. Para nosotros, París forma parte del imaginario literario: escribir y no haber vivido en París, aunque no sea más que por un breve período, no es posible. Todavía se respira la presencia de Cortázar, de Alejandra Pizarnik. Sobre todo, no es posible no haber vivido en una chambre de bonne. Esta forma de alojamiento para la mayor parte de los extranjeros que deciden establecerse en París son minúsculas estancias que, originalmente, eran utilizadas como dormitorio por el servicio de las familias ricas que ocupaban las viviendas adyacentes. De confort mínimo, el baño a menudo estaba situado en el rellano exterior y era compartido con el resto de los usuarios de la misma planta.

Participó en los «Talleres Literarios», donde leemos nuestros textos, los confrontamos, los criticamos, muchos de los participantes vienen de México, hay alguno de Chile, huyendo de la dictadura, no hay ni un solo argentino, también algún hijo de un magnate del petróleo de Venezuela.

«Un esquema métrico preciso desarrolla una tendencia circular cuya veta alquímica, unida al carácter científico de la estructura, marca el proceso», me dice este último, despidiéndose porque ya llega su chófer.

«No se omite, por otro lado, el cortocircuito entre realidad y dimensión imaginaria. La ironía, el juego, el exceso de emociones provocadas en el espectador representan los componentes que generan en él tal condición», afirma uno de los mexicanos después de haber leído su texto.

Está el visitante, la proyección de un niño filmado en el momento de esnifar pegamento. Al recuperar esta secuencia de la historia del cine y proyectarla hacia una realidad de fuerte contemporaneidad, se propone la visión participativa de un estrecho contrapunto dialéctico. El señor que acaba de hablar se dedica a la escritura cinematográfica.

Un cuerpo solo que no es un cuerpo cualquiera, sino que, al contemplarlo, se convierte en nuestro propio cuerpo. Aquel que solo es él. La apropiación del propio yo que ya no está contenido en un solo cuerpo, sino que deviene la imagen del espejo que refleja la realidad: nosotros y, reflejándonos, el cuerpo colectivo. Digo. A mi alrededor se hace el silencio.


No hay impresión de una campaña aérea o una visión estratégica. Solo estamos golpeando los objetivos.

(Anónimo)


Al llegar la noche en que el alma

iba a serle reclamada

he aquí que al no aguantarse

la entregó una hora antes.

(Samuel Beckett)


Podría pensarse que contemplar un espectáculo de Beckett en París es lo máximo. Luego, el regreso a la normalidad, estoy en Roma y todavía sigo partiendo, en marcha hacia algún sitio.


Ni un billete ni una reserva pudieron convencer a la caterva humana que nos impidió, a mí y a otros centenares de viajeros, llegar a asumir compromisos contraídos tiempo atrás, como el de este agradable encuentro con Polignano a Mare, Rosalba, Michi, Claudio y el Palazzo Pino Pascali, que todavía no conozco.

Por eso, ahora intento compensarlo con esta presentación escrita, la cual os envío mediante esta santa paloma mensajera que responde al nombre de correo electrónico:


«Coexistencia» es un trabajo en video que se diferencia bastante del resto de la producción de Donna Conlon. Filmada en el bosque que rodea la ciudad de Panamá, es quizás la obra más próxima a una visión global de las conflictivas relaciones entre el género humano y el ambiente que lo rodea, y representa también, de alguna manera, una luz de esperanza, una reacción de la artista en el contexto de la invasión de Irak. Los bosques tropicales están llenos de hormigas «zompopas», hormigas podadoras, las cuales transportan trozos de hojas que emplearán como composta para sus colonias. Observando una de estas «procesiones», en el curso de una visita a Palenque, México, en 2003, la artista se puso a meditar sobre cómo hacerlas portadoras de un mensaje para transmitir en sus marchas diarias. Y así acabó diseñando en papel pequeñas señales de paz y pintó las banderas de los 191 países de las Naciones Unidas. Las hormigas recogieron tanto las hojas que cortaban como los pedacitos de papel dibujados por la artista, y la cámara documentó una hora entera de procesión. Conlon publicó a continuación un video resumen de unos pocos minutos, pero durante su elaboración, intentando seleccionar las banderas de aquellos países que habían sufrido desgarros y conflictos recientemente, se dio cuenta de que esa situación afectaba a casi todas las naciones.

En palabras de la curadora Virginia Perez-Ratton, se presenta como una reflexión seria, desde un punto de vista lúdico, esperanzador, sobre el valor de la conciencia y el poder de la colectividad.  


Muchas gracias por la atención y la próxima vez será, cuando el día de las votaciones y las ganas de cambio no nos fuercen a abalanzarnos sobre los trenes, a ocupar las carreteras, dejando tirados a incautos poetas y curadores indefensos.



Link: https://wsimag.com/es/trama/64052-hechos-y-deshechos


lunes, 16 de noviembre de 2020

CICLO DE CONFERENCIAS: "ARTE CONTEMPORÁNEO: DESDE 1945 A LA ACTUALIDAD" DICTADO POR DR. GERMÁN MUÑOZ-PILICHI



 

Text-im

Cursos,conferencias,tutorías,asesorías y talleres en el ámbito del texto literario y la imagen artística (en formato telemático Zoom)


Profesor: Dr.Germán Muñoz-Pilichi  [i]


Arte Contemporáneo:

Visualidades y teatralidades 

en el arte actual 

                  (ciclo de conferencias)                  

 

DESCRIPCIÓN:

Dos ciclos de conferencias cuya materia es la discusión de los asuntos estéticos y culturales centrales por los cuales transita hoy la producción de arte.

Si tomamos el final del último conflicto mundial moderno (1945) como un umbral de época; desde allí los Estados Unidos articularán una exitosa gestión cultural tendiente a configurar un nuevo espacio para la pintura moderna haciendo transitar el liderazgo artístico europeo de París a Nueva York. Estrategia cultural norteamericana que apoyará los programas estéticos de las últimas vanguardias modernas durante las primeras décadas de la posguerra y buena parte de la Guerra fría. Hoy, más que nunca, resulta banal apelar a localismos artísticos y por cierto a liderazgos centralistas en la producción artística, postura representada en la globalización de los saberes que junto a la deslegitimación posmoderna de las grandes narrativas modernas abre espacios a la propuesta de nuevas perspectivas estéticas en correspondencia con las expectativas del nuevo milenio. 

El objeto en estudio de estas conferencias apela a una participativa discusión de obra, cubriendo desde el expresionismo abstracto, la respuesta crítica del Pop Art a la subjetividad proyectiva precedente y la discusión de los nuevos protocolos artísticos abiertos por el Minimal Art y el arte conceptual. Seguidamente, una oportuna discusión de la reciente exposición pública de la producción artística femenina y finalmente una lectura estético-poética del arte de la instalación y la performance desde su afortunada presencia en la cultura contemporánea. Discusión general que, focalizada en las artes visuales y las teatralidades artísticas, se abre asimismo a la confrontación interactiva con la literatura y la música actuales.

Este ciclo de conferencias opta por una perspectiva no historicista privilegiando, como hemos señalado anteriormente, una participativa discusión de obra que pueda entregar a los participantes un manejo general de los programas y códigos estéticos, así como los procesos y medios de producción artística actual, procurando la configuración de un/a interlocutor/a crítico/a capaz de articular un diálogo gozoso con el objeto artístico contemporáneo desde una actualizada percepción estética y cultural.

 

Ciclo de conferencias I: El legado de las últimas vanguardias artísticas.

(Diciembre 2020 - enero 2021).

Primera parte: Del expresionismo abstracto al Pop Art y el minimalismo.

Segunda parte: El arte conceptual en las artes visuales y la fotografía.

          (Extensión: 8 sesiones/2 meses).

 

Ciclo de conferencias II: De la posmodernidad a las nuevas perspectivas estéticas en el arte reciente.

(Diciembre 2020 - enero 2021).

Primera parte: Fotografía femenina posmoderna y contemporánea.

Segunda parte: La instalación y la performance, dos géneros centrales en el medio artístico contemporáneo.

(Extensión: 8 sesiones/2 meses).

 

Frecuencia: Una sesión semanal.

Extensión de cada sesión: Dos horas pedagógicas (1 hora 30 minutos).

Horario: Los martes de18:15 a 19:45 o los jueves de 18:15 a 19:45.

Requisitos personales: interés por informarse y discutir la oferta estética que el arte contemporáneo ofrece a sus interlocutores a partir de una gozosa curiosidad acerca de qué y cómo vemos hoy.

Requisitos tecnológicos: disponer de un ordenador (PC) y conectividad a Internet.

Contacto, información, consultas e inscripción: laletra.laimagen@gmail.com (por habilitar).

Teléfono (cell): (5 69) 4448 7127. Al inscribirse solicite el Syllabus de cada ciclo.



[i]Germán Muñoz-Pilichi. Escritor chileno, experto en literatura y estética. Doctor en Literatura (c/m en Literatura Chilena e Hispanoamericana) por la Universidad de Chile (UCH), 2011; con pasantía en Georgetown University (GU), 2008 y post-doctorado (Visiting Researcher en el Department of Spanish and Portuguese de Georgetown University de Washington D. C., agosto 2012 - agosto 2014). Magíster en Literatura (c/m Teoría Literaria (UCH), 2004  y Licenciado en Estética (luego de egresar del pregrado en arquitectura. PUC) por la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), 1997. Últimamente ha sido profesor del programa “Magíster en Dirección Teatral” en el Departamento de Teatro  de la Facultad de Artes (UCH) 2004-2010, profesor invitado en el Department of Romance, German, and Slavic Languages and Literatures de George Washington University (GWU), 2013 en Washington D. C. y conferencista en la universidad de Maryland (UMD), 2014. Actualmente es profesor en Chile en el Instituto Profesional ARCOS. Junto a colaboraciones en revistas especializadas en el campo literario ha publicado cuatro libros de poemas: Muerte colmada (RIL Editores, Santiago de Chile, 2001), Espejo de semejanza (Washington D. C., 2008), A la vejez industriosa. Homenaje a Jorge Luis Borges y Nicanor Parra (Washington D. C., 2013) y Memorial washingtoniano (Mago Editores. Santiago de Chile y Buenos Aires, 2017). Su primer libro, Muerte colmada, fue objeto de la crítica especializada en Chile en textos de Eugenia Brito (Revista de Crítica Cultural N° 23. Diciembre, 2001) y Jessica Atal (Revista de libros. El Mercurio N° 568, Diciembre, 2001) entre otros. Asimismo, la Antología de la poesía de la generación de los ochenta  de Andrés Morales (Santiago de Chile: Mago Editores, 2010) incluye comentarios críticos y una selección de su obra poética. El autor es asimismo compositor musical con audiciones públicas en Chile y en los EE. UU. y fotógrafo-autor con exposiciones grupales en Chile.

 

viernes, 13 de noviembre de 2020

CONFERENCIA DE LA ESCRITORA Y ARTÍSTA VERÓNICA GERBER BICECCI EN LA CÁTEDRA "ROBERTO BOLAÑO" DE LA UDP: "ESCRITURAS DEL COMPOSTAJE" (JUEVES 26 DE NOVIEMBRE DE 2020, VÍA YOUTUBE LIVE)


 

"LA PERTENENCIA A LA TIERRA EN JAIME HUENÚN, HUILICHE CHILENO" POR BERNARDO REYES



La poesía de Jaime Huenún, huiliche chileno, recrea la noción de pertenencia a la tierra austral, y con ello una historia y un presente de violencia y usurpación, así como la conciencia de mestizaje. El también poeta Bernardo Reyes recorre estos rasgos en la reseña de “Reducciones”, obra que Huenún publicó en 2012.

    El texto es uno de los que componen un libro en preparación, “Días indocumentados”, en el que Bernardo Reyes reunirá reseñas, perfiles biográficos y crónicas históricas.

   Jaime Huenún nació en Valdivia, en 1967. “Reducciones” está compuesto por crónicas en prosa y verso sobre sus orígenes en el sur chileno, epicentro de ataques reiterados contra los pueblos originarios, para apropiarse de sus tierras. El libro había sido precedido por “Puerto Trakl” y “Ceremonias”.

   Huenún, quien dice que vive en búsqueda de su identidad y descifrando su pasado, obtuvo varios reconocimientos por su obra, entre ellos el premio del concurso El Joven Neruda, en 1999; el Pablo Neruda, en 2003; y la Beca Guggenheim, en 2005.

   Bernardo Reyes* comparte con La Poesía Alcanza el texto que escribió a propósito de “Reducciones”:

   

   Susurros


   Estas son mis reducciones, nos señaló el poeta, y abrió su caja, una especie de costurero plegable, que contenía, en sus diversos compartimentos, palabras aparentemente azumagadas que alguien o algo puso en su boca: osamentas de tormentas, sal roja brotando de la piel azotada, probablemente –imaginé-, guardadas en los siniestros sótanos de la desmemoria, y que me remitieron a tiempos ya lejanos en que aún yo no sabía que debajo del comedor abundante y del vino que compartíamos, se conservaban las cadenas, ya derrotadas por las telarañas y el lento óxido sin lamentos: eran grises días de Boroa, caían palomas despanzurradas por nuestras escopetas, y las tórtolas huían de esa pólvora incendiada.

   El dueño de casa -gran señor y rajadiablos-, contaba con orgullo cómo a los indios se les encerraba y engrillaba en esos sótanos húmedos por semanas si no cumplían sus órdenes.

   Debí haberle dicho ni a los perros se les trata así, don Braulio, pero era demasiado niño aprendiendo a ser hombre soportando aquellos culatazos en el hombro como patadas de yegua.

   Eran días de bonanza económica, y los hermanos aún no se agarraban a balazos por los potreros disputándose los últimos retazos de la tierra usurpada, y juntos regalaban un pabellón de cirugía al hospital local. Días en que huyendo del frío del invierno chileno, atravesaban el Atlántico, para sumirse en el sopor de Montmartre, para putear y beber.

   En silencio el poeta nos muestra ajadas fotos de estudio tomadas por científicos europeos de la época: una niña indígena desnuda en 1907; un joven yámana; un cráneo mapuche.

   El fotógrafo, y su explicación, parecen retratarnos a bestias acobardadas frente al lente, especies de chimpancés que lloran, que defecan, que menstrúan, y que, sorprendentemente, hablan.

   Naturalmente los fotografiados no alcanzaron a conocer la palabra fotografía, o si la descubrieron, ya fue demasiado tarde: les habían robado el alma, sin mencionar la vida.

   El poeta nos hace evocar rancheras que brotan del tocadiscos del bar que atendía siendo muy joven, mientras fluyen en sus sueños y su memoria inundaciones que muchos olvidaron, ríos desmadrados que ahora se llaman de otra forma, un litoral que ya no es el mismo. Y nos habla de cementerios solos que quizás no existen, donde están sepultados quienes vivían en las tierras de los Huenún, y sus anteriores, antes que se inventara la palabra Huenún.

   Y es esa voz la que me susurra algo que debo mirar en los sueños. El rebozo de las palabras de mi abuela, el Marinao escueto y lejano, que se retrata junto al sefardí que habita en el perfil de mi memoria.

   Hojeo pues las palabras del poeta llamadas a convocar tanto como a conmover desde su historia, pero que me permiten mirar la mía, la de otros mestizos como yo. Por ejemplo mi tío, al lado del río Toltén, defendiendo a punta de balazos su campo, y mi tía abuela, escondida, escuchando en sordina los truenos de los disparos: un cuerpo cayendo en cámara lenta, como saco, y luego meses o años de cárcel. Por mucho tiempo siguieron brotando balazos desde la anónima distancia alcoholizada, que débiles, caían chicoteando el techo, como granizos.

   O bien, me permiten evocar los hualles centenarios de mi abuela que talaron allá en la Quinta Faja. O el apellido Marinao mutado en Mariné por una morenísima tía que optó por disfrazar con francesa determinación sus orígenes: las abuelas de mis tías abuelas prestaron servicios de lavanderas al ejército triunfante, a veces atravesando a nado los poderosos ríos nuestros.

   Resignación menos o resignación más, existe en la poesía de Jaime Huenún, algo que fluye, nos habita y nos emplaza sin esfuerzo. Una sensación apátrida que unifica y fortalece la certidumbre de que la condición humana, como el océano, se alimenta de todas las vertientes. Que tenemos una pertenencia a cierta tierra austral, sin la cual nuestro destino indefectiblemente sería solo impostación.

    

* Bernardo Reyes nació en Temuco, en 1951. Publicó las obras de poesía “Pájaros de Contrasueño”, 1991; “Karmazul, Para Duendes y Sirenas”, 1996; “Carta Para un Hijo Imaginario y Otras Desmemorias”, 1999; y “Grito del Solo”, 2005. Es autor de los ensayos “Retraro de Familia, Neruda (1904-1920)”, 1996; “Viaje a la poesía de Neruda”, 2004; y “El enigma de Malva Marina, la hija de Pablo Neruda”, 2007. Recibió varios reconocimientos y fue coordinador general de numerosas ediciones del “Tren de la Poesía”, series de homenajes a Neruda. Sus textos y archivos fueron tomados en cuenta para numerosos documentales sobre el poeta.


(PUBLICADO ORIGINALMENTE EN LA REVISTA "LA POESÍA ALCANZA")