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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."



José Saramago

jueves, 13 de enero de 2022

"BELFAST" CRÍTICA DE CINE DEL ESCRITOR CHILENO ANÍBAL RICCI



 

BELFAST (2021)

Dirigida por Kenneth Branagh

https://cuevana.pro/pelicula/belfast


El director ha recreado momentos de su infancia en este guion realizado con mucho cariño por los personajes.

 

Introduce de inmediato al espectador en el Belfast ambientado en 1969, año en que se inicia el conflicto entre los protestantes y la minoría católica, conflicto que se prolongará por otras tres décadas y el que Branagh traslada a la mirada de Buddy, un chico de nueve años interpretado por un magnífico Jude Hill. El aterrizaje en ese mundo de palos y bombas molotov es violento, pero el director lo observa con ojos de niño, por lo que el carácter terrorista que adquirirá el conflicto no será el foco de atención principal.

 

El chico se las arreglará para jugar a la pelota, a los cazadores de dragones y perseguir a una compañera de curso. Buddy no entiende el porqué del odio a los católicos, a los que distingue sólo por su capacidad para confesarse en la iglesia. La niña de la que está enamorado de hecho es católica y el muchacho lucha por sus notas con tal de sentarse a su lado. La mirada tierna y lúdica también se materializa en los diálogos que sostiene con sus abuelos, unos increíbles Ciarán Hinds y Judi Dench.

 

La madre (Caitriona Balfe) ha criado a los chicos casi sola, debido a que el marido acude al trabajo en Londres. Ella conforma el corazón de la familia y es la que toma las decisiones. La actriz está perfecta en el papel de una madre abnegada y que el chico idealiza y ve siempre hermosa e incluso cuando se enoja parece ser una persona muy dulce.

 

Hay espacio para hacer volar la imaginación en otros ámbitos, el cine por ejemplo, que indudablemente marcó la infancia de Kenneth Branagh. Las películas le mostraron las diferencias entre el bien y el mal; los personajes de los westerns El hombre que mató a Liberty Valance y A la hora señalada son citas perfectas.

 

La fotografía en blanco y negro es luminosa, la de un maravilloso recuerdo infantil, que de vez en cuando recurre a unos contrapicados de la familia enfrentados contra un cielo luminoso, a pesar de la violencia que se respira en las calles llenas de barricadas y vecinos con antorchas.

 

El conflicto no adquiere una densidad real, el niño se ve envuelto en un asalto a una tienda y en su inocencia roba una caja de detergente. En ese pequeño evento, la madre le hace ver lo inapropiado de su comportamiento y al padre de Buddy le encara, por enésima vez, uno de los fanáticos protestantes.

 

En esa escena hay un arma involucrada y la madre recién comprende que el conflicto puede alcanzar a la seguridad de sus hijos.

 

El guion triunfó en los Globos de Oro, es una historia simple muy bien hilvanada y el casting acertadísimo nos sitúa en esa infancia que convive a diario con la muerte y que la religión aborda de manera tan tosca.

LECTURA DEL POETA ANTONIO MAYOR SÁNCHEZ EN EL CICLO "POETAS EN EL ATENEO XL" (VALENCIA, ESPAÑA, 24 DE ENERO DE 2022)



 

PRESENTACIÓN DEL LIBRO DEL POETA THEODORO ELSSACA "HUÉSPED DEL AIRE" (22 DE ENERO DE 2022)


 

domingo, 9 de enero de 2022

TRES POEMAS DEL ESCRITOR CHILENO THEODORO ELSSACA



 

Damero

 

Bajo un reloj detenido por siglos

el pianista ciego eleva la música

pulsando con certeza las blancas de marfil

y matemáticas las negras de ébano.

 

Sus manos se reflejan áureas

en la lustrosa madera,

secreto sarcófago de mi nostalgia

sobre el marmóreo damero.

 

La clavija de bronce bien templada.

En el cielo, lámparas de fulgor y cristal

luz absorbida en el granate del terciopelo

como el sonido y las voces que me abandonaron.

 

Hace reverberar imágenes insepultas

que emergen de la negrura del instrumento

igual a un halcón herido

arrastrado por la tormenta.



Geometría de las Palabras

 

Hago malabares con el lenguaje,

lanzo al aire lo genuino matérico

de la escritura, busco sus facetas,

los prismas que cortan cada rasgo.

 

Para mí las palabras son tridimensionales.

Unas más cúbicas, pentagonales,

poliédricas o redondas,

que en su movimiento se tornan

esféricas, y danzan entre pirámides

construidas con letras o sonidos

de palabras iridiscentes. Veo en el aire

sus palmarios movimientos áureos.

Se armonizan y forman conjuntos

o colisionan semejantes a meteoritos.

 

En su vulnerabilidad o riqueza

pulsan con fuerza sus códigos.

Conjuro de la palabra poética.

Crean diagonales y tangentes,

construyen la geometría semántica

de nuestros delirios y pensamientos.

Se elevan como torres de marfil.

Desde sus miradores auscultan

cada idea nuestra, enarbolada

con sus significantes enmascarados.

 

Subrepticias nos demuestran que somos

lo que pensamos:

                      palabras.



Selva de mi Sur

 

Asumo el paisaje

en íntima actitud poética.

He visto bosques dialogando

al viento, o petrificados

bajo la densa niebla.

Permanecen erguidos bajo la lluvia

y en la noche giran con los astros.

 

He conocido árboles

mejores que personas.

 

Un olivo me saludó al paso

y besó mis heridas abiertas.

Heroicos elevan su fruto místico

emblema triunfal de la historia,

testigos de la magnética Palestina.

 

He visto asesinar bosques,

caer como dignos gigantes.

 

Respira la arboleda el mismo aire

que respiró el tyranosaurius rex,

respiro.

Bebo la misma agua

que Heráclito viera pasar

por aquel río legendario,

la misma agua que el bosque y el rex.

 

Habitado por ninfas y leyendas,

el boscaje es la selva de mi sur,

donde relampaguean ojos de huemul.

 

La floresta es la vestidura de la tierra,

en el misterio de su éter reside el aura.

 

He visto asesinar bosques sin pensar

que son más necesarios que personas.

 

Aquí hubo un bosque

hoy, rodeados de muerte,

solo quedan cenizas en el aire.

 

Quise salvar al bosque, al mundo.

Solo quedan cenizas en el aire.

 

Tal vez, tal vez la humanidad

no merezca seguir viviendo.



Theodoro Elssaca es poeta, narrador, ensayista, artista visual, fotógrafo antropologista y expedicionario. Viajero impenitente y autor de numerosos libros, desde: Aprender a morir (1983), pasando por Viento sin Memoria (1984), Rapa Nui (1988), El espejo humeante-Amazonas (2005), Travesía del Relámpago (antología, Madrid 2013), Fuego contra hielo (Madrid 2014), Celebración del instante 365+1 Haiku (Ediciones UC, 2018), hasta su reciente obra Huésped del aire-visiones desde la pandemia (HB Editores, 2021).

Ha recibido reconocimientos como el Premio Mihai Eminescu, por su prosa, Rumanía (2013). Premio Poetas de Otros Mundos, España (2014). Premio Rubén Darío, otorgado por el Instituto Literario y Cultural Hispánico de California-Westminster (2018). 

CRÍTICA DE CINE DEL ESCRITOR ANÍBAL RICCI: "DRIVE MY CAR"

 


DRIVE MY CAR (2021)

Dirigida por Ryûsuke Hamaguchi

 

Un auto rojo es la metáfora que tan bien utiliza este director nipón. Representa un corazón que bombea sangre por las arterias de la ciudad, al principio se trata de Tokio con sus calles, túneles y autopistas, luego el protagonista, en la segunda parte, se trasladará a Hiroshima a hacerse cargo de la dirección de una obra de teatro escrita por su esposa.

 

La primera hora es sensual, Yusuke Kafuku hace el amor con su esposa mientras ella relata una historia inconclusa. Hacia el final nos enteramos que Oto necesitaba el impulso sexual para generar sus historias, en forma inconsciente ella las olvida, pero Yusuke se las recuerda en la mañana y Oto las transcribe. Luego de la muerte de su pequeño hijo, Oto entró en un estado letárgico y al cabo de un tiempo, de sus labios brotaron relatos que la convirtieron en una reconocida dramaturga.

 

Yusuke ama a su esposa, tienen una conexión profunda, pero ha quedado apesadumbrado al descubrir que Oto tiene sexo con otros hombres. De improviso, ella sufre un ataque cerebral y no alcanza a confesar su infidelidad.

 

En la segunda parte, Yusuke viaja a Hiroshima y le asignan una chofer para que conduzca su automóvil. El título de la película alude a que esa chica se pondrá en el lugar del director de la obra Tío Vania, de Chéjov.

 

Misaki conduce y coloca el casete para que Yusuke ensaye los parlamentos. Según el director, ella maneja tan suave que atenúa la fuerza de gravedad. Son las primeras palabras amables, en realidad los actores personifican a gente muy respetuosa, hay un aire de fraternidad en muchas escenas y de verdad que la cinta, a pesar de sus tres horas, se disfruta, tiene un ritmo sensitivo, los personajes van abriendo sus corazones conforme el automóvil cruza las calles de la ciudad.

 

En gran parte de la cinta hay una intertextualidad con los diálogos de Tío Vania. Los personajes de Chéjov son miserables, apenas navegan sus mediocridades. Esas líneas son reinterpretadas por Yusuke y lo hieren, se confunden con el dolor ante la muerte de su amada.

 

Misaki conduce ese corazón mecánico mientras el director habla con uno de sus actores. Este lo insta a sentirme orgulloso de haber compartido veinte años con una mujer maravillosa. Le completa la historia inconclusa y Misaki está segura de que el joven habló con verdad. Las líneas de Tío Vania también han permeado en ella y comienza a comprender el dolor de Yusuke, al tiempo que se confiesan sus temores más ocultos. Ellos son sobrevivientes y debieran recordar a los muertos con agradecimiento.

 

En el viaje hacia las ruinas de la casa de Misaki, ellos aceptan el amor que les brindaron los que partieron, se perdonan mutuamente y todo termina en un abrazo dulce, como el final de la obra de teatro.

 

Los actores de la obra declaman cada uno en su propio idioma, incluso una de ellos utiliza el lenguaje de señas. Las palabras que han repetido una y otra vez en los ensayos, al final son internalizadas y en el abrazo final entre el Tío Vania y su sobrina ya no son necesarias esas palabras, éstas anidan en el corazón de los actores e incluso dentro de los espectadores.

 

El final es un salto hacia el futuro, definitivamente uno más amable y comprensivo.

 

El guion obtuvo su merecido reconocimiento en el festival de Cannes, es sensual, un viaje doloroso a ratos, pero que conforme pasan los minutos, va destapando las arterias de esa ciudad. Ese auto viejo es testigo de cómo Yusuke y Misaki recobran el sentido de la vida. Misaki cumple la misma edad que tendría la hija de Yusuke, la conexión entre esos personajes desborda la pantalla y algunas escenas conmueven, saltan a nuestros corazones para anidar una melancolía amable que al final nos hará más plenos.


miércoles, 5 de enero de 2022

TEXTOS DEL JOVEN POETA CHILENO VÍCTOR ORTEGA

 



...

Ese tiempo

al horror de la ausencia

la angustiada tierra

reclama tu afán de vida.

                                                      (A mi amigo Cristian Olivares)

 

 ...

Un solo Amor

Un solo Dios

Una cicatriz

Una gota de sangre

Una pasión

En un solo latido.

 

...

Toda esperanza se desvanece en el sueño

sombras contemplan sombras

y el miedo seduce al tiempo.

 

Me voy a tatuar al olvido.

  

Cual corazón entumecido

Sopla y respira,

 

 

A pasos livianos,

La oscuridad es otro fantasma

Oculta

Olvidada.

  

Esa intranquilidad que me invade:

Quiere descansar en otra vida

Dejar el mundo fuera,

Dar el amor que no me explico.

 

Esa intranquilidad que me invade:

Quiere arrancarme la piel.

  

Ávido de sueños

Condeno mi epitafio

Inmóvil

Un latido

Se desprende

En la extremidad de la tierra.

 

Maldigo al tiempo y al silencio

En conversaciones gastadas

 

 

Me aferro a esta copa

Abrazo al silencio

Al tiempo

A la edad

 

Destierro ese arraigo insomne.

Muerdo la amargura.

Y el alma se desarma

Como si fuese fusilado en una calle vacía

Olvidado.

Desarraigado.

  

Abrazo al frío

Sumergido en fragmentos.

 

Unas horas,

Una tarde,

Un día.

Sombras

Paisajes

Amores

Latidos

Raíces

Definen la tierra.

 

 

                              “Sucede que me caso de ser

                hombre.                                    

De mis pies y mis uñas

Y mi pelo y mi sobra”

(Pablo Neruda)

Sucede que me canso de esperar

Esa piel

Ese brillo constante

Esa ausencia

 

Sucede que me canso de proteger

Al dolor

A la enfermedad

 

Sucede que me canso de advertencias de muerte

Palpitaciones

Bocas

Circunloquios que cambian palabras

Gestos

Amores

Y tiempo.

 

Sucede que me canso.

  

Tu mirada estremece

Como un golpe

Capaz de destruir al hombre

Cual tempestad estética

Maravillosa

Se hace propia de un silencio profundo

Y exquisito.

 

Respira en el inmenso mundo.

(a mi hijo Vicente)

 

“A veces tengo miedo de mi corazón,  de su hambre constante, de lo que sea que quiere.

La forma en que se detiene y comienza otra vez.

(Edgar Allan Poe)

 

El cielo se despedaza en pequeños fragmentos.

El tiempo ha desnudado mis ojos.

 

Mi sangre se ha paralizado.

Voces despiertan

Al destino

Como quien sostiene

Un fragmento de una fábula.



Víctor Ortega Cabezas, 44 años. Psicólogo de profesión, actualmente se desempeña en el ámbito de la psicoprevención. Ha publicado en la antología poética Antares del Taller de Poesía de Andrés Morales.

"HASTA EL PRÓXIMO RESPIRO" POR EL POETA Y CRÍTICO CHILENO ANTONIO ARÉVALO


En esta tarde húmeda es como si sintiera ese olor, como si me imaginara ese sabor


El paisaje está nublado y el cielo está como si estuviera cerrado, Llueve. Se esperan pocos minutos y llega el tren. La puerta tiene cierta dificultad en abrirse, pero se abre. Buscas un lugar vacío donde poder sentarte y te sientas. Escuchas voces, ves gente, algunos son originarios de tu pueblo, aquí della Tuscia Viterbese, donde vives, casi todos intentando entrar en su propio móvil.

Querrías terminar de escribir esto y ya estás llegando a la primera estación, luego hay otra y luego ya has llegado a tu destino. Los vidrios están llenos de gotas, están cubiertos de lluvia y a pesar de que afuera llueve, no hace frío. El paisaje está nublado y el cielo está como si estuviera cerrado. Se ve que la gente teme el invierno, viajan más cubiertos de abrigo de lo que deberían. Breve pausa telefónica, cuestión de pagos no pagados. ¿Hoy es 9? No, trece. Miro los árboles y sus hojas amarillas y ese verde claro casi pálido que sale de ese bosque, pues allí hay un bosque. Hace mucho que no voy a un bosque.

El tren te crea una extraña sensación de reposo, de hecho, es difícil no terminar durmiendo con la boca abierta, como el señor que tienes enfrente y que se despierta inquieto y de repente toma su maletín y baja. Yo que también he llegado a mi destino, bajo con él y dos personas han bajado del tren casi al unísono.

La mañana se presenta espléndida ante nuestros ojos, la vereda mojada parece un espejo que refleja el paisaje que tiene encima, que le pesa, que lo dilata.

El fango que produce la lluvia sobre la tierra deshace los ejes, los péndulos, los garabatos que no harán nada para que nadie cambie de opinión y alguien, no tú, le baja el volumen al altavoz de su teléfono, piensas, que nadie le enseña a nadie la nada que aparece en medio de este solecismo, este error gramatical que consiste en alterar el orden sintáctico correcto de los elementos de una frase, que significa que quien lee y escribe todo lo que el tintero amablemente hasta ese momento le ha escondido, al que nadie (menos tú), podrá socavar ni una idea de eso y que cuando ya cansado de querer saber más de eso o de aquello, la hoja inexorablemente se cansará de contener tus frases; se cerrará delante de ti e inútilmente querrás seguir escribiendo palabras e hilando ideas, terminarás por desechar esa ilusión.

Ingrata esta misión se dice y el tren retoma su andar, su andén y tú te vas con esa noción; hasta donde esta te dirige.

Llegado el mediodía en medio de trenes que van, de trenes que vienen, que atraviesan largos y oscuros túneles, socavones negros, hoyos por donde se pasa sin ver, se va pensando sin pensar.

Los días así van pasando como si fueran fugaces las tardes que entran y salen de los ojos, que se cierran y se abren como un relámpago, que en la noche se nos llenan de estrellas. Queda lo que vamos mirando de reojo, lo que apenas alcanzamos a capturar, que tocamos con la vista, queda esa sensación como de quien tira frases a la brisa, al aire, llenándolo de facciones que esfumaras como si estuvieras dibujando un arco iris que se proyecta en la noche entre una lluvia y su viento.

Tengo la misma sensación que tuve un día en el Sur de Chile, en Chiloé, donde termina el Continente y comienzan las islas menores.

La isla de Chiloé es la más grande de Sudamérica después de Tierra del Fuego. Es lluviosa, aislada y casi siempre está cubierta de niebla.

Se realiza allí una cosa que siempre cuento. Se trata de una actividad a través de la cual sus habitantes se ayudan entre ellos, entre todos, y que consiste en trasladar una casa de un lugar a otro. Los vecinos llevan sus propios bueyes para alcanzar este objetivo. Para lograrlo, se retiran los cimientos del edificio y allí debajo se colocan troncos. Se quitan las puertas y ventanas y se refuerza el interior con puntales para que no se deformen durante el trayecto. La casa está atada a una yunta de bueyes, toros o tractores. La que tengo en mi memoria es la familia subida al techo y la casa trasladada a través del mar.

El vecino beneficiado agradeció con un curanto.

El curanto es un plato que se remonta a más de once mil años y se cocinaba sólo dos veces al año, en verano e invierno, cuando el mar retrocedía.

Vi señoras y niños encaramados a una pared del mar recogiendo moluscos, el mar yacía retirado, cuando hice ese viaje junto a Georgia, Paulina, Pancho y Jorge.

Con el tiempo este plato se ha convertido en una auténtica reunión social: todo cocido en un hoyo en el suelo, relleno de piedras hirvientes y cubierto con hojas y algas, pescado, restos de carne, chorizos, almejas, choritos, patatas y verduras.

En esta tarde húmeda es como si sintiera ese olor, como si me imaginara ese sabor. Pero aquí nadie se solidariza con nadie, es por eso que cuando observamos al otro que se sienta frente a ti, piensas sentir o imaginar algunos de los aromas clásicos de la infancia que de nuevo te lleva a menudo a esa época, quién sabe si le sucede lo mismo a ella, señora de mediana edad, de seguro africana, que se sienta a debida distancia, o a distancia social, como se dice ahora. Lo cierto es que los estudios demuestran que la memoria de aromas y olores es mucho más intensa y duradera que las imágenes o los sonidos.

Los olores están directamente relacionados con las personas. O con lugares.

Concluyes que aquí y ahora han ido sucediendo varias cosas conjuntamente, una y otra vez desde ese entonces, una después de la otra que se había impuesto. Antes estabas solo y reflexionabas, luego llegaron ella y otros y reflexionabas pensando en que ellos también lo estaban haciendo. Mucha gente reflexionando al unísono. El inicio o el final de un viaje, la imaginación o en recuerdo de un olor. Todas cosas que suceden de la misma forma, contemporáneamente.

Las luces de la ciudad se oscurecieron y decir entonces que decir es tarde, es una cuestión de puntos de vista, como querer desear que el día se prolongara al máximo, por mucho tiempo. Demasiado para quien está agotado como yo que viajo desde esta madrugada.

Al amanecer dije, tienes que levantarte y viajar a la ciudad. Lo estuviste pensando un minuto, dos y al tercero ya estabas con los zapatos puestos.

En la ciudad reinaba el desorden. Había un paro general contra el Green Pass. El rostro de la gente se mostraba como si anduvieran a la deriva, sin una meta, sin una centralidad que guiará sus destinos. Sin una brújula que te pudiera indicar esto o lo otro. Nada.

Igual llegué puntual y en la ciudad llovía nuevamente, aunque tampoco esta vez hacía frío. Paré el primer taxi que encontré libre y comencé mi quehacer, mirarlos uno a uno, verlos a todos, la tarea que me había impuesto. Pienso en esto cuando veo las luces de una ciudad de la que me alejo, que dejo atrás, una ciudad de la que me voy, para que dentro de una decena de minutos llegar inexorablemente a otra.

Entro nuevamente en la casa a la que llegué después de haber salido y alimento el fuego de la chimenea, su llama se alza a tientas y teme dejar de existir si no alimento esto con ramas secas. Pongo otras y algún tronco aun mojado, se levanta humo. Imagino el olor que tiene el Curanto. El gato se lame el rabo cerca de mí. No hay ruidos externos que disturban esta sintonía. Solo alguna mosca en busca de calor que rebota y me hace sentir su aleteo muy cerca de la oreja. Inexorablemente hasta el próximo respiro.