La página de Andrés Morales (1962), poeta, ensayista y académico chileno, es un Blog de apuntes y escritos abierto a todos aquellos interesados en la literatura y, en especial, en la poesía. Contiene poemas, artículos, notas, comentarios, críticas, reseñas, fotografías y en general, todos los tópicos imaginables e inimaginables en torno a la poesía, el cine, la prosa y la literatura chilena, hispanoamericana, española y europea de todas las épocas y estilos.
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José Saramago
miércoles, 6 de enero de 2021
sábado, 26 de diciembre de 2020
CRÍTICA DE CINE DEL ESCRITOR CHILENO ANÍBAL RICCI: "PÁJAROS DE VERANO" DE CIRO GUERRA Y CRISTINA GALLEGO
PÁJAROS DE VERANO (2018)
Dirigida por Ciro Guerra y Cristina Gallego
La película está estructurada como un
poema épico dividido en cinco cantos. En «Limbo» (último canto) volvemos al
narrador del primer canto, un pastor sobreviviente de la guerra entre los wayús,
un ciego que se emparenta con Homero, que también era ciego, sin duda se trata
de una tragedia al estilo griego donde prima la inevitabilidad del destino.
El viejo le canta al desierto. «Canto
para que los wayús (indígenas que habitan La Guajira) y alijunas (colombianos)
no olviden lo que el viento de verano borra… Para que lo canten los pájaros y
habite en el lugar de los sueños y la memoria». El cantor es quien rescata las
costumbres de los clanes wayús en su tradición oral.
La historia que narra es la de un
héroe comerciante, sus inicios, sus años de esplendor y la llegada de la
muerte. Algunos de los clanes experimentaron la bonanza marimbera (tráfico de
marihuana hacia los Estados Unidos), pero en la actualidad son nómades que
crían animales en medio del desierto.
Los wayús son clanes que viven bajo
un código de honor, donde la familia es lo más importante y donde las mujeres
son las encargadas de transmitir las tradiciones. Se centra en el clan
Pushaina, donde Úrsula oficia de matriarca, encargada de velar por sus muertos
y custodiar el talismán que protege a la familia.
Debido a la tradición oral con que
transmiten su cultura, la figura del «palabrero» es central dentro de su universo
lleno de rituales. El honor de una familia está unido a su palabra y los
mensajeros de la palabra serán los mediadores ante diferencias con otros
clanes.
Rapayet ha forjado un futuro
comerciando con los alijunas (su amigo Moncho habla español y es ajeno a las
tradiciones wayús). Pretende a Zaira y en una ceremonia que marca su paso de
niña a mujer, el futuro esposo conviene con Úrsula la dote. La consigue al
venderle marihuana a unos estadounidenses y en ese momento comienza una empresa
que lo hará progresar económicamente.
Ante un malentendido, Moncho asesina
a unos gringos y derrama sangre sobre territorio wayú. Úrsula le explica a
Rapayet que un pájaro viene a cobrar la ofensa. A la larga, le disparará tres
tiros al colombiano.
Aníbal es primo de Úrsula y ante la
muerte de sus hombres (a mano de Moncho) no quiere seguir comerciando con
Rapayet. El palabrero del clan, Peregrino, logra un acuerdo entre las partes a
cambio de aumentar el precio de la marihuana.
La bonanza marimbera permite que la
familia de Rapayet construya una enorme casa en medio del desierto. Zaira sueña
con el hermano muerto de Aníbal y Úrsula intuye que vendrá la desgracia. Leonidas,
miembro del clan Pushaina, en dos oportunidades deshonra a la hija de Aníbal y
desata la guerra entre los clanes.
Peregrino acude a la finca para
negociar la paz, pero Aníbal no está dispuesto a perdonar y da muerte al
palabrero.
«La violencia sobre la palabra es un
hecho sin precedentes», dice otra matriarca en una reunión de clanes, donde
acuerdan acabar con Aníbal. Asesinan a sus hombres y le queman los cultivos.
Los directores realizan un trabajo
etnográfico sobre las costumbres de los wayús y paulatinamente van mostrando
como el tráfico de drogas y el dinero va socavando sus creencias. Úrsula pierde
la capacidad de conversar con los sueños, el alma de la familia se ha
extinguido y Rapayet intuye que están todos muertos.
La fotografía del desierto y el ritmo
pausado convierten el relato en una tragedia que avanza a fuego lento. El
montaje es prolijo, se oscurece el cielo ante la irrupción de una bandada de
aves.
Un pájaro se posa sobre la alfombra y
presagia el fin. Aníbal compromete los bienes que le quedan para emprender su
venganza y gente venida de Medellín ataca con lanzacohetes la casa de los
Pushaina. Tras la muerte de Rapayet, no quedarán vestigios del narcotráfico.
La película está basada en hechos
reales ocurridos en la región de La Guajira entre los años 1968 y 1980. La
tradición de esta familia mafiosa podría establecer puentes con «El Padrino» de
Francis Ford Coppola, también hay traiciones y asesinatos, pero el honor tiene
otro significado para los wayús, relacionado con el poder cohesionador de la
palabra.
Es a través de la palabra que se
logra la paz y no las armas. La irrupción de estas últimas, trastocan la forma
de vida que cultivaron los antepasados. El rompimiento de las tradiciones es lo
que trae la muerte de la familia.
lunes, 21 de diciembre de 2020
CURSOS DE VERANO EN LA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE VALPARAÍSO
La Facultad de Filosofía y Educación de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso invita a participar en los siguientes Cursos de Verano que se dictarán este 2021:
Taller de caligrafía cancilleresca: historia y práctica
Poetas en Lengua Inglesa del siglo XIX
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Área de Extensión Facultad de Filosofía y Educación
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
CRÓNICA DEL POETA Y CRÍTICO CHILENO ANTONIO ARÉVALO EN HOMENAJE A BIGAS LUNA
El director de cine, Bigas Luna
Ves esta imagen, puede ser un ojo o un coño, puede estar referida a la primera fisura [que nos trae] al mundo o a la última mirada [con la que despedimos] al mundo.
(Bigas Luna)
Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes; a nadie le era necesario, para alcanzar su ordinario sustento, tomar otro trabajo que alzar la mano y alcanzarle de las robustas encinas, que liberalmente les estaban convidando con su dulce y sazonado fruto…
(Capítulo XI, Primera Parte: De lo que le sucedió a don Quijote con unos cabreros, «Don Quijote de la Mancha», Miguel de Cervantes)
De pequeño estaba convencido de que los pechos de las mujeres estaban llenos de leche. Cuando mi madre me cogía en sus brazos y me apretaba entre sus grandes pechos, siempre tenía miedo de que empezaran a desprender leche y me mojasen la cabeza. Para protegerme escondía la cabeza debajo de sus axilas. Fue más tarde cuando descubrí que en realidad no estaban llenos de leche. Descubrimiento que convirtió una experiencia agradable y sensual en la primera decepción de mi vida…
En mis dibujos siempre aparecen mujeres ofreciendo el pecho. A veces la ofrecen al Mediterráneo. En otras ocasiones la tiran al cielo o bien se la dan a gente necesitada. Las llamo «allattatrice», personajes de mi mitología personal que enriquecen mi vida y que últimamente se transforman en personajes reales. Mujeres bellas, misteriosas y divinas, con el poder de la maternidad y la fuerza infinita del sexo hecho alimento, mujeres con vida. Representación calcárea, paleolítica de la gran mujer, de la gran Madre, hembras de leche perenne.
(Bigas Luna)
Palazzo delle Esposizioni, Roma, tarde-noche del 4 de mayo de 1996. Una fiesta grande, popular, para homenajear al célebre director de cine español, Bigas Luna, quien ha decidido convertir una ventana sobre Via Giulia en el escaparate exclusivo de su última obra, Le Allattatrici, expuesta desde el 5 de mayo y a lo largo de una semana en Transiti, una finestra su Roma («Tránsitos, una ventana sobre Roma»).
Eso era lo que anunciaba la agencia ADKronos.
Aquella mañana, Roma se despertó con este pensamiento de Bigas Luna multiplicado en cientos de carteles distribuidos por toda la ciudad.
Bigas Luna. Nacido en Barcelona en 1946, artista conceptual, diseñador, pintor y director de cine. En su filmografía se hallan títulos como «Bilbao», «Caniche», «Lola», «Angustia» —películas que lo acercan a maestros como Luis Buñuel y Marco Ferreri—, «Las edades de Lulú», «Jamón, jamón» y «Huevos de oro». En 1996, Luna dirige a Valeria Marini en su filme más controvertido, «Bámbola».
Transiti fue una idea que ambicionamos e ideamos Emma Politi y yo mismo. Escogimos la ventana de la Galleria Giulia valorando la oportunidad de exhibir y reflexionar en torno a la multiplicidad de los lenguajes, las transiciones breves, pero de gran impacto, también como respuesta al intento de hallar un léxico común a los interrogantes que caracterizaban las postrimerías del siglo XX.
Jugar con los intervalos, recorriendo diariamente el mismo itinerario orgánico, atreverse a contemplar con los ojos de los otros, «tal como cierta publicidad nos enseña ya inteligentemente», me dice Bigas, mientras una horda de paparazzi nos asedia en las escaleras mismas del Palazzo delle Esposizioni de Roma.
La noche anterior, Bigas había elegido a una joven actriz, Fulvia Lorenzetti, como su musa para el evento romano. Aquella noche, además de declarar públicamente que le hubiera gustado adquirir una obra de Matteo Basilé, Bigas se quedó maravillado al comprobar mi eficacia a la hora de mantener a raya a los fotógrafos y pelmazos varios que nos acosaban a cada minuto. Como recompensa me regaló su abanico, abanico de caballero, el cual usé durante mucho tiempo.
«Hacer añicos estas no presencias y, en este caso, el rol que se asume, este nuevo ojo», me dice al tiempo que sonríe delante de las cámaras.
El escaparate de la Galleria Giulia era una amplia ventana que daba a una de las más antiguas calles de la capital: la primacía de Via Giulia radica hoy, igual que ayer, en haber sido la primera y más larga calle de Roma. De hecho, se desarrolla en paralelo al curso del Tíber. Fue aquí donde Bigas concibió su performance lactante. Un pequeño teatro donde una joven actriz mostraba un pecho, lo apretaba y dejaba fluir el néctar blanco con si fuese un manantial.
Desnuda, sin el hielo del límite, del coto, del marco que encierra, huye vagabunda, retoza sobre el filo de un cuchillo y cuando se precipita fuera se aleja y luego lo empuja dentro nuevamente. Las imágenes fundadas, en su equilibrio formal, se inscriben en un espacio donde se abre y se cierra un telón. Desde el purismo, el drama deviene teatro de la representación.
Me vienen a la mente sus pinturas, donde cada pincelada ocupa la arena que sirve las olas. ¿Se enciende la memoria? Recuerdo perfectamente sus dibujos en los que el ojo es el centro. Cómplice de lo impuro, pero convocando la armonía.
Organicé una cena en su honor en el Caffè della Pace, del incombustible Bartolo Cuomo, que no era solo un bar, sino más bien un lugar mágico cuya mera existencia le permitía a la cultura poseer una especie de cuartel general. Allí estaban todas las musas italianas de sus películas, Amanda Sandrelli en primer lugar, Francesca Neri y la bellísima Anna Galiena. Llegando no sé de dónde y colándose no sé cómo, vimos aparecer también a Francesca Dellera. Más pálida que nunca, no dije ni mu, temiendo que se rompiese, tan frágil se veía. Añadí una silla a la mesa. Fue una noche inolvidable.
En este mítico bar nació también la Transvanguardia: saltamos ahora hasta los inicios de los años ochenta, cuando se producen los encuentros entre el crítico Bonito Oliva y los pintores Cucchi, Clemente y Paladino. Más adelante, llegaría Gino De Domenicis. En época más reciente, algunos conocidos personajes de la farándula romana e italiana tampoco pudieron resistirse al encanto del viejo café.
Se historizan las huellas de un paisaje que roza las esquinas de una metrópoli que se presta a todo: un gesto, una línea, el eco urbano de un nuevo día. La repercusión en el presente se produce en el punto de encuentro entre pulsión y lenguaje. Hoy aquel «bar de la paz» está definitivamente cerrado y Bartolo, el gran Bartolo, murió a causa de un infarto hace ya algunos años.
«Me interesa la ‘vida’ de la imagen», confiesa Bigas en la entrevista que le realiza Marco Nereo Rotelli en Tarragona, «la energía que alimenta los contrarios y las situaciones paradójicas. Creo en una cierta alquimia capaz de colocarla en una vertiente comunicativa, la abre al mundo, creando un juego de intercambiabilidad, de interdependencia entre dimensiones consideradas opuestas». Y remacha: «Ves esta imagen, puede ser un ojo o un coño, puede estar referido a la primera fisura [que nos trae] al mundo o a la última mirada [con la que despedimos] al mundo».
Sabías que no éramos una rama, ni siquiera un ave. Cambiaste entonces de cine, de pensamiento, cambiaste de boutique, de medio de transporte, de ciudad, cambiaste de ropa, de tejidos, te pusiste un rostro nuevo.
El cineasta español, enfermo desde hacía tiempo, falleció en su casa de Tarragona, en la costa meridional catalana, asistido por su mujer e hijas. Bigas Luna tenía 67 años; una llave húmeda que, con la rabia de un rey, arroja en los tejados de un verano sin hierbas, pero con retazos de signos, hilos de girasoles, relámpagos fosforescentes.
Me adentré en su mundo y, más allá de los peligros, le hablé al anillo sin mano, la sed del jueves, los senos múltiples de la mujer hierbabuena (así la llamaré).
Nos deja sus películas, su pintura. Bigas recorre una senda en la cual la urgencia expresiva mastica velozmente todo. A partir de ahí, formula una imagen, como si lo esencial consistiese en girar hacia el colapso.
Nos dijo:
Dos personajes que aparecen siempre en mis dibujos: Espíritu y Razón…. El Espíritu es lo que está a la izquierda y siempre es algo más grande que la razón. Al principio eran dos hombres reconocibles, con las piernas abiertas. A lo largo del tiempo se fueron simplificando, todo mi trabajo aspira tal vez a una continua simplificación, una búsqueda de lo elemental. Así desaparecieron las piernas y el cuerpo se estiró, alargándose. Todos decían: son serpientes. En Comacchio, mucho después, descubro que podrían ser anguilas… sus fantasmas lo aconsejan: al borde del precipicio, se transforman en los cónsules que velan a sus posibles víctimas y así avanza la obra en su tumba, abierta a eventuales contaminaciones.
Referencias lingüísticas de todos los nómadas que no aportan ninguna solución, que intentan forzar esa lengua a convertirse en una lengua; esto lo acerca a aquella surrealista que troqueló el sarcasmo en una brújula que insertaba los hechos de su tiempo en la historia del mundo y en cuyo crepúsculo el día devenía ortiga, cráneo que reía detrás de sus dientes la risa de una pesadilla.
He paseado entre rosas y señales en Forte (entre los folios escritos, es decir, extendidos, o sea, tirados por el suelo): (y las rosas se pegaban, echadas a perder de forma precoz): (se te corrompían, así envueltas, saciándose con desenvoltura, con ojos vendados, deshaciéndose, los pétalos y las hojas): todo se da simétricamente, allí, en el espejo: también el espíritu y también la razón (si es que los entiendo bien, así parcialmente sexual, en parte no): y observé un rizo, una espiral superviviente, negra (que era una lengua, era un «lingam», supongo): Escuché una historia que Bigas contaba, de Comacchio: (donde aparecían anguilas, por supuesto, cortadas en marinada, atrozmente troceadas, segmentadas: pluricastradas en serie, a golpes).
(Edoardo Sanguinetti, agosto, 1996)
Las imágenes avanzan con la certeza de ser una alegoría que responde a una precisa funcionalidad expresiva: la apología amoral sobre la vanidad de la búsqueda del placer terrenal y, esa diferencia (donde Eva no se entiende como origen del pecado y la humanidad como el primero de sus vicios, porque el infierno como penitencia y castigo se muestra como un epígrafe de cómplices delicias) identifica la angustia, el jugo que deja a su paso la masticación, una luna que tiende a ser seductora e infiel para hacer arder el amor.
De este modo, resalta el empuje que personajes tan groseros y maleducados como yo intentan transformar, buscando allí la trama, la fórmula mágica, el encantamiento, el mito.
A este lirismo fogoso lo denominamos hoy grotesco, pero lo grotesco que, como dice Baudelaire de Goya, al final acaba convirtiéndose en lo sublime.
Glosario de términos técnicos. Cada técnica exige instrumentos y materiales propios y una terminología específica. Existen, sin embargo, algunos términos recurrentes que es necesario conocer y memorizar.
Esbozo (o croquis). Forma inicial de una obra ya en grado de sugerir el aspecto definitivo.
Gráfica de una función. Representación gráfica que permite representar líneas (rectas, rotas, curvas) en intervalos diferentes.
Campiture. Superficie homogénea de color o textura.
Claroscuro. Modelado de formas mediante dibujo o color para resaltar.
Bigas Luna fue víctima de una leucemia que mantendría en secreto hasta sus últimos días. Tan en secreto, de hecho, que muy poco antes de su fallecimiento seguía volcado en los preparativos de su nuevo trabajo, Mecanoscrito del segundo origen, una adaptación cinematográfica del libro del escritor Manuel de Pedrolo.
- Cuántas veces se encuentra desgarradoramente solo en el escenario de su jornada y he aquí que finalmente llegan todos, tú y tú, a veces los pueblos de la tierra y entonces el color toma el escenario.
- Mientras tanto, el ojo de un asustado ratoncillo brilla en la hierba como una gota de rocío, suplica su oportunidad, quédate, aunque no seas hermoso.
- El niño se duerme entonces, exhausto, finalmente a salvo de todo amor.
Dejadnos al menos, y menos mal, el legado de intercambiarnos distintos saludos.
CRÍTICA DE CARLOS PAVEZ MONTT SOBRE EL LIBRO "VOCES EN MI CABEZA" DEL ESCRITOR CHILENO ANÍBAL RICCI
VOCES EN MI CABEZA, de Aníbal Ricci
Una modernidad fragmentaria.
Efecto estético–psicótico.
Comentario
de Carlos Pavez Montt
La literatura, por ser uno de los
racimos del arte, contiene en su expresión una característica inevitable a la
hora de relacionarla con su contexto histórico. Las estructuras van
determinando a la subjetividad poco a poco. Como si los dientes que mascan al
choclo se convirtieran en cadenas que enlazan a la mente en torno a la validez
del orden establecido. La ideología dominante, y hoy en día, otras formas de
ver la realidad también, encasillan e invaden de manera permanente la
identidad, la constitución misma que significa el día a día de una persona en
el mundo. En este sentido, podemos decir que la afección y la consciencia de
ella dejan, de manera inefable, una huella en la experiencia. Por ende, una
mancha imborrable y a veces imperceptible de materialidad concreta en lo
histórico.
Esta característica inevitable,
huella permanente que subyace bajo las capas estéticas de la obra artística,
por ejemplo, nos abre una cantidad abundante de posibilidades para interpretar
o para aprender de su contenido. El líquido que se escapa de la novela de Aníbal
Ricci es, a primera vista, como el agua que se cae por los dedos. No se puede
atrapar a la primera, y da la sensación de que no se podrá agarrar nunca sin
una herramienta externa que nos permita analizar su vuelo. Porque
efectivamente, la experiencia que se tiene al leer e intentar comprender la
totalidad de las voces, escapa a las ambiciones siempre honestas del primer
intento. Esta afirmación de la incomprensibilidad total de la realidad es la
que genera un efecto psicótico–estético. Sensación provocada, a su vez, por una
estructura narrativa fragmentada. Oscura, sádica; hipermoderna en algún
sentido.
Así, Voces en mi cabeza se va constituyendo poco a poco, como si nos
lanzaran en la cara las piezas del rompecabezas en vez de armarlo con paciencia
y tiempo. Poco a poco, desvelamiento tras desvelamiento, la trama aparece
fragmentada ante nuestros ojos. Pero además hay ecos, reverberaciones íntimas,
contingencias transparentes que aparecen como los destellos luminosos de una
linterna apuntando a una dimensión interior.
Esos pedazos son los que redirigen
el timón de la obra hacia un camino no sólo estético. Político, para decirlo de
otro modo. Al menos relaciona la expresión psicótica y la enunciación fragmentaria
con temas fundamentales respecto a Chile, pero también a la estructura que
subyace en el mundo, a su dinámica indubitable de devenir algo fáctico o
efectivo. Cada tanto hay una frase que contiene un ámbito individual y uno
universal.
“Podrán valer una fortuna, pero
ese trabajo no es real sino dinero ficticio que no servirá para espantar
horrores”.
¿Trabajo no real? ¿Dinero
ficticio? Es decir, lo que se realiza de manera artística, o más bien, la
práctica poética, no se encuentra inmersa en una relación de sincronía con la
intención capitalista. Está, de hecho, en una condición incongruente respecto
al interior de la subjetividad que la activa y la hace crecer, realizarse en el
mundo. El arte, como espectáculo, no es terapéutico, necesario ni reflexivo.
Por eso puede comprenderse la
explicitud de los términos y los acontecimientos. Porque el fenómeno plenamente
estético no puede contentarse con la entretención. Tiene que existir una
intencionalidad crítica o reflexiva por lo menos. Una denuncia que desenmascare
los pedazos de realidad que sufren por la negación mediática, por la
invisibilidad provocada a la que está expuesta toda lucha de justicia, toda
esperanza de afirmación.
“El lujo de la mansión tampoco
ocultó el abandono primigenio. Victoria estuvo recluida en un recinto sin
ventanas durante meses. Una jarra con agua saciaba su sed, pero el aire era
sofocante. Su vestido lleno de manchas. La conducían a un baño y la hacían
ducharse. La única claridad provenía de las rendijas, el ojo de buey no
proyectaba la luz. Al otro día volvían a desnudarla. Un hombre bloqueó la
cerradura durante la noche y el ojo de buey delineó su silueta. Gritó, sabiendo
que era inútil. Ni siquiera una ampolleta de testigo. Se duchaba y volvía a
ponerse el mismo vestido, cada vez más sucio. La tela fue perdiendo sedosidad.
Su ropa interior le fue arrancada el día del rapto”.
El montaje y la estética
cinematográfica se unen, entonces, en una obra con intenciones amenazadoras,
pero planeadas. Contingentes, pero al mismo tiempo propulsoras de un estilo
creativo nuevo. La individualidad descentrada intenta identificarse a través de
los fragmentos, de las invenciones propias o de las perspectivas posibles en la
percepción y la imaginación. La figura que recibe debe escuchar las páginas
yendo y viniendo...
Anibal Ricci construye una novela
en la que la esquizofrenia, las imágenes psicóticas y la subjetividad conviven
en un mundo constituido. Fácticamente establecido, al menos, en los tiempos que
el autor condena enérgicamente a través de la narración. Pero el propósito extraviado, la huida para no
repetir lo que la memoria carcome por dentro, es un gesto esperanzador. A pesar
de las voces en el metro Universidad Católica, sin importar las mayúsculas
innecesarias en algunos sustantivos, la reflexión siempre tiene la mirada
puesta en el presente; pero también en otros tiempos.
“El chip de la felicidad está
profundamente dañado por una paranoia creciente que sigue los designios de
raras voces altisonantes, con seres difusos que lo acosan, con recelos que lo
empujan al despeñadero, siempre capturado por la angustiosa necesidad de
salvación”.
En la exploración de la
subjetividad, una posibilidad; en las imágenes psicóticas, o en su vivencia, un
aprendizaje constructor. Los pasajes que se refieren al personaje principal
también podrían definir la experiencia vital de una cotidianeidad citadina y
común.
lunes, 14 de diciembre de 2020
PRESENTACIÓN DEL LIBRO "BALANDRA" DEL POETA CHILENO GIOVANNI ASTENGO (RECIENTEMENTE GALARDONADO CON EL PREMIO DÁMASO ALONSO 2020), LUNES 21 DE DICIEMBRE DE 2020 A LAS 20 HORAS VÍA ZOOM
Unirse a la reunión vía Zoom
https://us02web.zoom.us/j/7248926442?pwd=VEhSeWNHTnZ5bTRpTTVDS0l0YkhRQT09
ID de reunión: 724 892 6442
Código de acceso: g7wppP
jueves, 10 de diciembre de 2020
miércoles, 9 de diciembre de 2020
CRÍTICA DE CINE DEL ESCRITOR CHILENO ANÍBAL RICCI: "EL ABRAZO DE LA SERPIENTE" DE CIRO GUERRA
EL ABRAZO DE LA SERPIENTE (2015)
Dirigida por Ciro Guerra
Interesante cinta colombiana acerca
del choque cultural entre los llamados civilizados y aquellos pueblos
originarios de la selva amazónica.
Se basa en los diarios de un
etnógrafo alemán y de un botánico estadounidense. Ambos son introducidos al
mundo salvaje por el chamán Karamakate (el último de los cohiuanos), al etnógrafo
lo guía en 1909 y al botánico, cuarenta años más tarde.
Ambos científicos van tras la
búsqueda de una planta medicinal, la yakruna, siendo el norteamericano el que
sigue las anotaciones del alemán, que pereció en la selva, donde el director
plantea (en la voz de Kamarakate) que el chamán le está enseñando el origen del
universo, el secreto del río amazonas, la serpiente que va a abrazar al biólogo
con su sabiduría.
Hay que dejar en claro que no se trata
de un documental: la fotografía en blanco y negro cumple con aportar mayor
verosimilitud al relato, pero la ficción contiene exageraciones con el objeto
de potenciar el mensaje: los colonos trajeron la violencia al territorio y los
religiosos impusieron creencias ajenas (secuencia digna de Buñuel) que los
indígenas adoptaron al pie de la letra, mostrando a un supuesto mesías que
ofrece su propia carne, mezcla de canibalismo y catolicismo que alienó a los
aborígenes, apartándolos de su cultura ancestral, desarrollada en armonía con
la tierra y no mediante la explotación del caucho que significó esclavitud y
torturas a los nativos.
En la mitad del metraje, Karamakate le
dice al botánico norteamericano que «algo salió mal… que ahora (los indígenas)
están en el peor de ambos mundos», perdieron su cultura y adoptaron creencias
que no entienden.
La nitidez de los sonidos de la selva,
unido al crisol de lenguas (español, portugués, alemán y lenguas amazónicas),
ayudan a reflejar otra visión del origen del universo, estableciendo un
paralelo a las nociones teológicas provenientes del mundo cristiano.
Hay semejanza con el investigador de
la novela «Los pasos perdidos», de Alejo Carpentier, que buscaba instrumentos
primitivos (en vez de una planta medicinal), pero dicho viaje siempre estuvo
relacionado con la presencia de la mujer (esposa, amante e indígena), siendo la
figura femenina (la nativa Rosario) un nexo fundamental para establecer una
relación entre el hombre y la madre naturaleza.
La visión del director colombiano, en cambio, plantea un pasaje a la sabiduría en ausencia del mundo femenino.














