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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."



José Saramago

miércoles, 17 de febrero de 2021

GRAN ÉXITO DE LA EXPOSICIÓN VIRTUAL CHILENO-ITALIANA "PABLO NERUDA: 50 AÑOS DEL PREMIO NOBEL DE LITERATURA 1971" ORGANIZADA POR LA SOCIEDAD DE BIBLIÓFILOS CHILENOS Y LA SOCIETÁ BIBLIOGRAFICA TOSCANA DE ITALIA




 
















APARECE EXTRAORDINARIO LIBRO DEL GRAN POETA CHILENO CHRISTIÁN FORMOSO: "WWM, WALT WHITMAN MALL" (PROVINCIANOS EDITORES, 2020)



 

RESEÑA DE GONZALO GRAGERA EN EL "DIARIO DE SEVILLA" (14 DE FEBRERO DE 2021) EN TORNO AL GRAN LIBRO SOBRE T. S. ELIOT DE JAIME SILES

 


Un Eliot para españoles. Jaime Siles. Athenaica. Sevilla, 2021. 216 páginas. 16 euros

Jaime Siles (Valencia, 1951), poeta, filólogo, traductor, publica una nueva lectura sobre el poeta T. S. Eliot en Un Eliot para españoles. En la editorial Athenaica, cuya colección Breviarios promete títulos sugerentes, Siles nos aproxima y renueva la obra del Nobel. Una obra poética y crítica esencial para comprender la poesía del siglo XX, y que influyó, aquí en España, en nombres como Luis Cernuda, José María Valverde, José Ángel Valente o Claudio Rodríguez. Quizá haya sido Eliot el último gran clásico, a la altura de Homero, Dante o Shakespeare. El poeta que codificó el lenguaje de la modernidad, el lenguaje de una época, en la poesía.

Sobre poesía, crítica literaria, disquisiciones, apuntes más o menos divagatorios, Jaime Siles construye el pensamiento poético de Eliot, sus consideraciones sobre el poema, sobre la escritura del poema. La poesía de Eliot, tan nutrida de referentes culturales –religiosos, filosóficos–, no siempre resulta accesible para el lector. En este volumen, aunque desde un enfoque más cercano a lo académico que a la divulgación, se procuran aclarar las nociones, las posibles interpretaciones, de los, a veces, crípticos poemas del angloamericano. Portada del libro. Siles comienza su ensayo cuestionando las afirmaciones de la académica Viorica Patea, quien concluye que la obra de poetas como Pound o Eliot, con sus respectivas búsquedas e inspiraciones en la tradición, en el sentido de la armonía o en la idea de Europa, suponen una especie de defensa de las desigualdades sociales y del "eurocentrismo". El argumento de Viorica Patea es que son poetas elitistas cuyas ideas se habrían

traducido en un discurso contrario al igualitarismo. Para la académica, "la erudición de Eliot, su conservadurismo político y sus predilecciones religiosas, junto con su estética vanguardista culta han herido la sensibilidad posmoderna defensora de la cultura de masas". Es habitual trasladar las fobias y obsesiones personales o ideológicas al estudio de la teoría literaria. Una costumbre que Siles, con acierto y elegancia, califica de falacia. Desde este punto de partida, el investigador se propone leer y glosar de nuevo la obra de Eliot, y aprovechar el trabajo para reflexionar sobre "los problemas de la cultura de nuestro tiempo, en la que conceptos como tradición o educación clásica han perdido vigencia". Un Eliot para españoles no es sólo un ensayo con el que conoceremos mejor a un poeta ya clásico y canónico, también es un análisis sobre el estado de la cultura en la sociedad que hoy vivimos.

Es conocido que el poeta Jaime Gil de Biedma –quien en estos días está de actualidad, aunque por razones ajenas a su obra– trató a T. S. Eliot. Nos cuenta Siles que en la década de los años cincuenta se produjo un debate de interés sobre si la poesía debía ser conocimiento o comunicación –una conversación que por cierto se sigue dando–. Gil de Biedma nos da una serie de puntualizaciones, lúcidas, que esclarecen el sentido y el significado del poema, de qué es un poema. Para él, el poema, más que comunicación, sería transmisión, en consonancia con el criterio de Eliot, que nos indica que la poesía es recreada, nace, desde una realidad independiente de lo que el escritor quiere decir y de lo que el lector pretende leer.

Fue Eliot un autor complejo en su ideario. En sus ideas. Poéticas, políticas, religiosas. Un hombre al que es difícil asignar una etiqueta. Aunque formalmente cercano a las vanguardias, sin embargo, sus inquietudes personales, sobre todo en sus últimos años, manifestaron una evidente inclinación por ideas conservadoras. En su obra hay mística, simbolismo religioso, tonos

muy similares a las oraciones de los creyentes; pero también hay ruptura, transgresión respecto del romanticismo, otras orientaciones de lo que hasta entonces predominaba en la literatura europea. Jaime Siles.

Jaime Siles.

Jaime Siles, para sintetizar este complicado mapa de influencias y referentes, nos recuerda el ensayo Tradition and the Individual Talent. Donde Eliot define su teoría poética en seis puntos. Estos: 1) la historia es "un acontecimiento imaginativo y psicológico" y el pasado y el presente no pueden disociarse; 2) de ahí que todos los poetas clásicos de la historia sean actuales y pertenecientes de una misma generación; 3) porque el artista o el poeta es tal en función de su relación con los otros que le precedieron; 4) el pasado puede modificar el presente del modo en que el presente modifica el pasado; 5) el arte no tiene progreso; y por último, 6) para Eliot la poesía debe evitar la emoción subjetiva, pues el buen poema es aquel que consigue transmitir desde lo impersonal. Lo que conecta con su famosa propuesta del "correlato objetivo". Idea que consiste en evocar, sugerir, a través de una sucesión de imágenes, símbolos, que el lector hará suyos e interpretará según su juicio, generando así propias sensaciones subjetivas.

Resultan interesantes las valoraciones que Eliot sostuvo de la generación anterior, de los poetas románticos ingleses. A lo largo del texto, Siles da muestras del rechazo que le provocaba a Eliot la estética y el pensamiento romántico, con su individualismo, el yo en el poema, lo lírico, la expresión poética vertebrada por la emoción de la persona que escribe. Al respecto, nos cita Jaime Siles lo que Eliot consideraba de Carlyle, Ruskin, Tennyson y Browning: "su cultura no siempre era completa" y añade que "su

conocimiento del alma humana [era] a menudo fragmentario y superficial".

Erudito, abundante en datos, fechas, autores, paralelismos entre estos, citas, es este un ensayo que se sitúa en un equilibrio entre la academia y la divulgación –quizá más inclinado hacia lo primero–. Que nos retrata a un Eliot renovado, diseccionado desde una nueva óptica, y con la que los lectores, quizá sea preferible una mínima familiaridad con la obra del Nobel, descubrirán el asombroso legado poético y crítico que Eliot nos dejó.

jueves, 4 de febrero de 2021

"LA PRIMA ODILE" NUEVA OBRA DE LA GRAN ESCRITORA CHILENA MARÍA LUISA DAIGRE (RIL EDITORES, SANTIAGO DE CHILE, 2021)


 

LA PRIMA ODILE
 

María Luisa Daigre

La prima Odile es y no es, está y no está. El relato de la narradora y poeta María Luisa Daigre fluye ágil entre continentes y entre inmigrantes, hombres y mujeres venidos de Europa que, a fines del siglo XIX, llegan a estas tierras extrañas y promisorias. Las venturas y tragedias se suceden para Leopold, Aline y Clarisa, para Martine, Jacques y tantos otros, conformando una comunidad entrañable que se apodera del lector tanto en un castillo en Burdeos como en los campos ribereños del río Maule y en la bella y poderosa Patagonia chilena, donde asoman sus primeros asentamientos.

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Librería Clepsidra
Prólogo
Trayecto


NUEVA EDICIÓN DEL GRAN ESCRITOR CHILENO HERNÁN VALDÉS



Publicada originalmente en 1971, en México, esta novela de Hernán Valdés tuvo una escasa repercusión en Chile, donde es la obra más silenciada de su literatura por circunstancias históricas y políticas, no por su calidad. Por esta tendría que estar entre sus altas cumbres. Por aquellas se adelantó a su tiempo y vio en un viaje a la Checoslovaquia de los sesenta el fin del proyecto comunista.

Novela de formación en la que dos personajes –uno el maestro, en el que se percibe el perfil de Teófilo Cid; el otro el discípulo, en el que se adivina al autor joven– se toman el escenario en un juego de correspondencias. A ellos se suman como otros personajes la memoria, la musa y la ciudad, ofrecidos al lector con el cuidadoso empleo del lenguaje, en el que se reconoce la huella del poeta de Apariciones y desapariciones.

Enrique Lihn, uno de los pocos que hizo una lectura crítica en 1972, y quien con ella estimuló post mortem al autor a reescribirla, señala: “La lectura de Zoom incita a una polémica con respecto de la cual la novela se desentiende. Pues ella cumple con una función a la vez inquietante y receptiva, desplegándose en un plano rigurosamente literario”.

lunes, 1 de febrero de 2021

"MORRISON IN PARIS" POEMA INÉDITO DE ANDRÉS MORALES

 


                                                                                This is the end…

 

El barrio Le Marais fue el último escenario

de una ópera inconclusa y un film casi imposible.

 

El barrio Le Marais con todas sus mentiras

como el dulce baño, al fin, en la jornada blanca

o en el sudor que duele.

 

“Era la poesía”, dijiste aún macizo,

insoportable y borracho de la nada en la nada.

 

“Era la poesía” y fue París la excusa pobre

de aquel que no se sabe en su trágico estertor.


UN POEMA INÉDITO Y BREVE DE ANDRÉS MORALES



EL RESPLANDOR

 

Hay que repetir de noche

las palabras que presagian

las pisadas nunca quietas

del fantasma que nos llama.

 

Hay que saber, entonces,

que un ángel sincero y bueno,

que un ángel nos decapita.


PRÓXIMA APARICIÓN DE LA NOVELA "MIEDO" DEL NARRADOR CHILENO ANÍBAL RICCI



 

jueves, 28 de enero de 2021

"TODAS LAS SALIDAS PRESUPONEN UNA META" POR EL POETA Y CRÍTICO CHILENO ANTONIO ARÉVALO (ITALIA)

 


Los propósitos que me impuse a causa de la pandemia


Me despierto. Hay niebla afuera. Pero cuánta. Me impide contemplar el paisaje abarrancado de Giove, pueblo de Umbría, y las cumbres inmaculadas del Terminillo. Oculto está también el Tíber, que se esconde detrás de la autopista que lleva a Orte.

Lo primero que hago por la mañana, tan pronto como me levanto, es subir tres tramos de escalera para darle su comida a Luce, el gato de casa. A continuación, me preparo un vaso de agua tibia con limón.

Beber un vasito de agua no muy fría con un poco de limón es una costumbre muy saludable. Dando por supuesto que no se trata de una poción mágica, sino de un sencillo remedio que, tomado en ayunas, es muy bueno para el organismo y el cerebro. Hidrata el cuerpo, aporta potasio, es fuente de vitamina C y tiene óptimas propiedades alcalinas.

La virtud es una disposición adquirida de la voluntad, que consiste en una posición intermedia entre dos extremos negativos, el uno por exceso y el otro por defecto.

Lo dice Aristóteles y yo lo sigo a rajatabla cada mañana.

Ahora, por fin, estoy listo para hacer las camas. En enero, al inicio de la pandemia, decidí encargarme yo mismo y esto es un propósito de obligado cumplimiento, un objetivo, una meta. Ah, también tomé la decisión de poner el lavavajillas; como yo lo hago, no lo hace nadie. En primer lugar, los vasos, delante, procurando no romperlos. Siguen los cubiertos, las tazas, los recipientes, el cucharón, utensilios varios y otros objetos. Casi todos se pueden lavar en el lavaplatos y así no hay que dedicar demasiado tiempo a limpiar la cocina.

Limpiar la cocina, pero ¿quién lo hubiera creído? ¿Y poner la lavadora? No sabía ni siquiera cuáles eran los programas, ya no digamos poner una lavadora. Metía todo junto, calcetines, calzoncillos, toallas, ropa sucia, sin complicarme la vida, para mí todo era muda para lavar.

Gobernar la casa. Hoy hablaré de uno de los propósitos que me impuse a causa de la pandemia. La pandemia me llevó a asumir diversas responsabilidades y si antes otra persona pensaba en el día a día, ahora me encargo yo.

Pienso en mi madre, en las madres de mis amigos, pienso en las mujeres en general, que siempre tuvieron que desempeñar ese papel, que además de ocuparse de los quehaceres cotidianos se encargan, incluso, de organizar la jornada para los demás: aquí está la merienda, aquí los cuadernos, los libros, ¿te has lavado las orejas? Ahí tienes los pantalones, la camisa…, a propósito, ¿cuándo es el día de lavar las camisas?

¿Se lavan hoy los calcetines o es el día de las sábanas? ¿Qué se almuerza y qué se merienda? ¿Qué vamos a cenar esta noche?

Y las toallas, los manteles, las cortinas. Me da que hoy toca pasar la aspiradora y luego habrá que ponerse con las escaleras. ¿Y las ventanas para cuándo? ¿Cuándo hay que mudar las camas? Pero la cama conserva el calor. El calor que te envuelve se mantiene, así que hoy no la cambio. Mi gato parece estar de acuerdo y se acurruca en la esquina izquierda.

Por desgracia, teniendo ante nuestros ojos las sempiternas miserias de la política, la palabra «gobernar» se asocia recurrentemente con un significado restringido de administración y ejercicio de poder. Pero lo cierto es que, ensanchando la perspectiva, podemos encontrar un horizonte más vasto de significados.

Si removemos y profundizamos un poco en la bazofia, lo que descubrimos es una red de seguridad que ampara a políticos y empresarios intocables. Sobre esta inmundicia está construida nuestra democracia. Lo escribió Francisca en Twitter hace unos días.

Una escena de una película que tengo en mente es una especie de corrida, improvisada en una noche de luna llena, por parte de dos jóvenes completamente desnudos. Se puede oír con nitidez el ruido del capote, la tela que usan los toreros para atraer al toro. Solo de noche, aunque este paño es de color rojo, no se ve en el filme. Lo único que se ve es un toro a punto de embestir, el sonido de sus resuellos, el ruido del vidrio giratorio y la luna que lo contempla todo.

En el léxico rural, los animales son gobernados, es decir, se los cuida, se los alimenta, se gobiernan los establos y se gestiona la continua necesidad de manutención diaria. Décadas atrás, en las casas ricas existía la figura de ama de llaves, que no era ciertamente la tenedora del poder, sino una asistenta, una presencia atenta y cordial. En el Cántico de las criaturas de San Francisco de Asís, la Madre Tierra «sustenta y gobierna»; esto es, regula y provee, cuidándose de que a nadie falte nada. Tras la comida, se regobierna, lo que quiere decir que se lava el servicio usado en la pitanza, garantizando, con una amabilidad que por rutinaria no se percibe, higiene y dignidad.

Disipada la niebla por completo, hay un tímido intento del sol por dominar el cielo, pero me temo que hoy reinará la nubosidad.

Estar, ser al amanecer. Salir de casa cuando nadie se ha despertado todavía y, casi a tientas, ir alcanzando las pequeñas metas, los pequeños objetivos. Las paradas, las intersecciones. Los múltiples stop antes de llegar a una estación donde el tiempo siempre está y es el mismo tiempo y siempre está allí. Puntual. No debes, ni puedes llegar un minuto tarde, ni siquiera un segundo tarde. Tus esfuerzos por encontrar un objetivo; todas las salidas presuponen una meta. En mi caso, es después de iniciada la marcha que me pongo objetivos, propósitos, metas. Cuando voy a Viterbo, por ejemplo, y empiezo el regreso a casa, espero descubrir la rotonda siempre verde (meta no. 1). El letrero que indica las ruinas del teatro de Ferento (meta no. 2). El anuncio de que hay que girar a la izquierda, hacia Grotte (meta no. 3) y luego la llegada de un semáforo que parpadea e indica la velocidad (meta no. 4).

Un camino de tierra, luego coges a la izquierda, pasas al lado de aquella casa rural en la que alguna vez te detuviste a comer (meta no. 5). A continuación, está el Castillo de Montecalvello, llamado también el Castillo de Balthus (meta no. 6). A lo lejos despunta el Palacio Orsini de Bomarzo, tuerces a la izquierda, subes por el pequeño cementerio, sigues la rotonda y llegas (y fin de las metas, meta final).

Una de las formas más eficaces a la hora de incrementar las habilidades propias es concentrarse en los distintos pasos que son necesarios para realizar una actividad, uno a la vez. Hay que seleccionar una tarea singular y concentrarse en ella. Una vez que se haya dominado, se avanza a la siguiente. Cuando todas las tareas que componen la actividad se hayan completado, lo más recomendable es dividir cada una en partes menores (es decir, cada tarea dividida en varias subtareas, cada paso descompuesto en distintos minipasos) a fin de verificar que se mantiene el control de todo el proceso. ¿Pero dónde lo aprendieron las mujeres? ¿Quién les enseñó las claves para el correcto funcionamiento de la vida cotidiana?

¿Cómo limpiar a fondo el interior de la campana de una cocina muy sucia y llena de grasa? ¿Cómo eliminar cualquier tipo de mancha? Los secretos de la abuela. Cómo limpiar el sofá mugriento. Cómo conseguir que la ropa quede blanca y perfumada. Cómo alejar las palomas de nuestra colada. Cómo limpiar los cristales del cuarto de baño de forma rápida y eficiente. Cómo limpiar la cafetera sin usar jabón ni detergentes.

El agua oxigenada y sus usos en el hogar. Para las mamás, para las hijas, economía doméstica, ¿cómo se llega a fin de mes? Lo llaman cuidar de la familia, pero los trucos, las piruetas para cuadrar el presupuesto familiar, ¿quién os lo ha enseñado?

Según Jodorowsky, es posible resolver los problemas del inconsciente «hablándole» y «actuando» sobre él en la realidad mediante actos poéticos y gestos simbólicos, cuya finalidad es la de modificar la percepción que el sujeto tiene de sí mismo, del problema y de la propia realidad dándole una nueva perspectiva.

—Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes… —añadió el gato.

—…siempre que llegue a alguna parte —continuó Alicia como para explicarse mejor.

(Lewis Carroll)

Los propósitos, los objetivos, los hitos, las metas deben permitirnos llegar a alguna parte, al lugar al que previamente nos habíamos propuesto llegar, alcanzar todavía una meta ulterior en la que poder decir: ¡ahora sí, verdaderamente nos ponemos en camino!

Regreso a Viterbo en el tren de las 19:00 y leo la narración de Fabiana sobre la India. Permanezco pensativo. Creo que conozco a varios de los protagonistas. Tengo que volver corriendo, me parece que durante un buen tiempo no voy a querer oír o hablar de política. Esta mañana, antes de salir, tuve la idea de comprar el periódico, pero luego se me olvidó; era más empalagoso el libro de Lea Vergine. En Roma daba el sol y yo estaba bastante nublado. La ciudad... Ya me cansa. Creo que me he convertido en un provinciano ad hoc.

¿Tiene corazón este camino? Todos los caminos son lo mismo: no llevan a ninguna parte. Algunos van por el matorral y otros se adentran en él. Puedo decir que he recorrido caminos muy largos en mi vida, pero nunca he llegado a ninguna parte.

(Carlos Castañeda)

Las Escrituras son muy claras. El versículo 4 dice: «dirige bien tu casa», antes de ocuparte de la iglesia de Dios. No dice «gobernar la iglesia», sino «ocuparse de la iglesia». No habla de ocuparse de la casa, sino de gobernarla. En estas palabras se halla la revelación, ser capaz de unir casa y ministerio. En definitiva, la iglesia se ocupa de sí misma mientras la casa se gobierna.

Superar, vencer, imponerse en una competición muy reñida cuyo desenlace fue incierto hasta el final.

Como dice Goethe: «Las mejores cosas se obtienen con la máxima pasión». «Andamos, subimos por la denominada escalera del progreso, de la civilización y de la cultura. Pero, ¿adónde vamos?», añado con Chéjov.

Realmente no lo sé.

Solo se llega tan alto cuando no se sabe a dónde se va.

(Honoré de Balzac)

¡Sube y no pienses!

(Friedrich Wilhelm Nietzsche)



Antonio Arévalo
Sipicciano (VT) diciembre 2020


"FRAGMENTOS DE UN CRIMEN" DE MAX VALDÉS AVILÉS. COMENTARIO CRÍTICO DEL ESCRITOR ANÍBAL RICCI

 



 

En esta novela, el autor vuelve a incursionar en uno de sus temas predilectos: los horrores perpetrados al interior de las familias, pero su abordaje es tangencial. Las familias de los victimarios no son la fuente de la maldad anidada al interior de estos siniestros personajes. Son más bien las oscuras elecciones las que van provocando la construcción de los monstruos del relato.

 

Otro tema presente en la obra de Max Valdés es la muerte como acto definitivo, a menudo emparentada con horrores mayores ocurridos durante la dictadura de Pinochet.

 

Curiosamente, los hechos narrados transcurren antes del Golpe Militar, pero el autor da cuenta del enrarecido aire que circulaba en esos días previos. La oscuridad, la desconfianza, el confrontamiento sacan a relucir lo peor de los seres humanos. Son tiempos convulsos del mercado negro para transar todo aquello que escasea, donde los dealers se aprovechan de la situación, debido a que operan en la clandestinidad y nadie los persigue para ajustar cuentas.

 

Max Valdés no invoca los buenos tiempos, como tampoco idealiza el (des)gobierno de Salvador Allende. Simplemente se avoca a mostrarnos el tipo de alimañas que van surgiendo, aun antes de que la dictadura militar mostrara sus garras y evidenciara su impunidad sin límites.

 

En ese contexto se produce el (supuesto) descuartizamiento del oriundo de España Francisco Muñoz. El autor utiliza hábilmente la estructura de novela negra y bien adentrado el relato comenzamos a enterarnos de la vida del comisario Benavides, un ser solitario que persigue a un asesino inexistente. La demora en dar con los cuerpos, el tiempo transcurrido hace muy infructuosa la búsqueda. La pareja asesinada, uno es sólo un torso sin posibilidades de identificación, pero podría tratarse del marido de otra ciudadana española que aparece muerta en una bañera.

 

Han transcurrido cuarenta años y una futura abogada está interesada en desarrollar su tesis con los pormenores del caso. Clara es una mujer brillante, pareja de Roman, un profesor de castellano que indudablemente es el alter ego del autor de la novela.

 

Roman sigue de cerca las indagaciones de Clara y su relación amorosa se va tiñendo con la oscuridad que rodea a los hechos del pasado.

 

Sin lugar a dudas, descuartizar a una persona entraña una maldad y sangre fría fuera de los órdenes normales, da cuenta de los más bajos instintos del ser humano. Los eventos transcurren en el preámbulo de la dictadura y el comisario Benavides, sin quererlo, pasará de investigar el caso, a pertenecer a las fuerzas policiales que protagonizaron uno de los regímenes fascistas más cruentos de la Historia.

 

Pinochet encarnará los pensamientos de Mussolini, de Hitler, para ellos tiene sentido imponer sus ideas sobre otros seres humanos, tildándolos de ser un peligro para la sociedad, y creyendo tener el derecho a imponer la fuerza sobre estos seres humanos, no sólo mediante el asesinato, sino a través de formas mucho más siniestras como la tortura y la desaparición de los cuerpos.

 

Benavides ya es un anciano y desea dejar constancia escrita de los oscuros bemoles del caso, pero antes le confiesa a Clara y Roman de otros horrores que vinieron a enturbiar las investigaciones. Como miembro de las fuerzas policiales, Benavides fue obligado a ejercer la violencia sobre compatriotas pertenecientes a los movimientos de izquierda que respaldaron al gobierno de Allende.

 

De esa experiencia como testigo… quedó en su memoria una mujer de unos veinticinco años… la torturaron repetidas veces en la Escuela de Suboficiales de Carabineros, en el Estadio Nacional. Era una mujer humilde de La Pincoya, la DINA la torturó luego en calle Londres, en Tejas Verdes, intentaron que tuviera relaciones sexuales con su padre y hermano, materializándose con un perro y las ratas introducidas en su vagina la harían contraer toxo plasmosis, una infección parasitaria. La violaron repetidas veces, sin ningún afán de sacarle una confesión, sólo por el placer insano de reducirla como ser humano. Quedó embarazada tres veces, torturada durante años hasta perder la consciencia. Pasó por Tres Álamos y al final fue expulsada del país. En Cuba le reconstruyeron su cuerpo. El comisario Benavides nunca supo su nombre y la llamó Beatriz.

 

«Todos esos asesinos están libres y gozan de buena salud. Algunos en Punta Peuco, pero muchos siguen libres y reciben una pensión del Estado de Chile que financiamos todos los chilenos… El descuartizado de Quilicura pasó a ser un caso menor dentro de su gravedad», confesó Benavides, que escribió en su libreta azul todos los detalles.

 

Las descripciones de los asesinatos y hallazgos de los cuerpos no eluden las imágenes de horror, su impronta escandalizaría a cualquiera. Max Valdés indaga en los negocios sucios de la (supuesta) víctima y de su accionar (sus decisiones oscuras) se desprende el germen de la violencia que venía enquistándose en la sociedad.

 

El comisario Benavides nunca pudo resolver el enigma de este “crimen perfecto” y la dictadura borró definitivamente las huellas. Mutilar un cuerpo ya no será un evento excepcional, sino que la Junta Militar dio rienda suelta a un terrorismo de Estado donde asesinar, torturar y desaparecer fueron la moneda corriente.

 

Ahora era el turno de Roman (el escritor) de llevar al papel todos esos horrores, para dejar testimonio sobre los límites a los que puede llegar un ser humano.

 

Clara y Roman, su visión de los hechos, son rescatados por Max Valdés, que en definitiva escribe el mismo manuscrito de Roman, dando vida a estos personajes y a otros muchos secundarios a través de sus testimonios ante la policía, otras veces mediante escritos judiciales y también asoma el punto de vista periodístico.

 

Es una novela coral, compuesta por múltiples voces que van completando los hechos, muchas veces prescindiendo de un narrador que guíe el relato, aunque de todos modos Roman, en primera persona, representa el sentir del autor.

 

Al final se insinúa quién sería el asesino, pero es un hecho que el responsable sigue gozando de buena salud. Nunca se expuso la identidad del asesino ante los tribunales, hubo impunidad, tal como la habría con las infinitas causas de apremios ilegítimos de la dictadura.

 

El autor nos enfrenta a un país que renunció a tener memoria. Los asesinos de ayer, como los encubridores del fascismo, seguirán vivitos y coleando en medio de abusos económicos heredados desde tiempos pretéritos.

 

Han pasado cincuenta años y el país sigue en manos de estos seres oscuros que realizan negocios turbios.

 

La novela de Max Valdés podrá ser catalogada de barroca por la cantidad de recursos literarios a los que echa mano, pero hay un afán de recomponer la verdad en cada una de sus páginas, de devolver la memoria a un país que ni siquiera luego del estallido social se hace cargo de sus muertos.

 

La verdad es secundaria, sólo prevalece la ganancia monetaria en un mundo que nos acostumbró a dar legitimidad a los negocios ilícitos. Ya no se trata de un mercado negro, los abusos serán cometidos a plena luz.

 

En la obra de Max Valdés siempre asoman los secretos familiares como el origen del mal, pero en esta última novela hay un cambio importante en su enfoque. No es la familia la malvada, sino una sociedad permisiva que entroniza la mentira, que llama “abusos” o “excesos” tanto a las torturas, desapariciones, asesinatos, así como también al fascismo encubierto en las maquinaciones de algunos grupos económicos.

 

La novela es enfática y clara en su visión del mundo: el país sistemáticamente ha renunciado a su memoria y en definitiva, esta sociedad corrupta que avala la mentira, seguirá multiplicando estos horrendos crímenes.