La página de Andrés Morales (1962), poeta, ensayista y académico chileno, es un Blog de apuntes y escritos abierto a todos aquellos interesados en la literatura y, en especial, en la poesía. Contiene poemas, artículos, notas, comentarios, críticas, reseñas, fotografías y en general, todos los tópicos imaginables e inimaginables en torno a la poesía, el cine, la prosa y la literatura chilena, hispanoamericana, española y europea de todas las épocas y estilos.
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José Saramago
miércoles, 17 de febrero de 2021
RESEÑA DE GONZALO GRAGERA EN EL "DIARIO DE SEVILLA" (14 DE FEBRERO DE 2021) EN TORNO AL GRAN LIBRO SOBRE T. S. ELIOT DE JAIME SILES
jueves, 4 de febrero de 2021
"LA PRIMA ODILE" NUEVA OBRA DE LA GRAN ESCRITORA CHILENA MARÍA LUISA DAIGRE (RIL EDITORES, SANTIAGO DE CHILE, 2021)
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NUEVA EDICIÓN DEL GRAN ESCRITOR CHILENO HERNÁN VALDÉS
Novela de formación en la que dos personajes –uno el maestro, en el que se percibe el perfil de Teófilo Cid; el otro el discípulo, en el que se adivina al autor joven– se toman el escenario en un juego de correspondencias. A ellos se suman como otros personajes la memoria, la musa y la ciudad, ofrecidos al lector con el cuidadoso empleo del lenguaje, en el que se reconoce la huella del poeta de Apariciones y desapariciones.
Enrique Lihn, uno de los pocos que hizo una lectura crítica en 1972, y quien con ella estimuló post mortem al autor a reescribirla, señala: “La lectura de Zoom incita a una polémica con respecto de la cual la novela se desentiende. Pues ella cumple con una función a la vez inquietante y receptiva, desplegándose en un plano rigurosamente literario”.
lunes, 1 de febrero de 2021
"MORRISON IN PARIS" POEMA INÉDITO DE ANDRÉS MORALES
This is the end…
El barrio Le Marais fue
el último escenario
de una ópera inconclusa y
un film casi imposible.
El barrio Le Marais con
todas sus mentiras
como el dulce baño, al
fin, en la jornada blanca
o en el sudor que duele.
“Era la poesía”, dijiste
aún macizo,
insoportable y borracho
de la nada en la nada.
“Era la poesía” y fue París
la excusa pobre
de aquel que no se sabe
en su trágico estertor.
UN POEMA INÉDITO Y BREVE DE ANDRÉS MORALES
EL RESPLANDOR
Hay que repetir de noche
las palabras que
presagian
las pisadas nunca quietas
del fantasma que nos
llama.
Hay que saber, entonces,
que un ángel sincero y
bueno,
viernes, 29 de enero de 2021
jueves, 28 de enero de 2021
"TODAS LAS SALIDAS PRESUPONEN UNA META" POR EL POETA Y CRÍTICO CHILENO ANTONIO ARÉVALO (ITALIA)
Los propósitos que me impuse a causa de la pandemia
Me despierto. Hay niebla afuera. Pero cuánta. Me impide contemplar el paisaje abarrancado de Giove, pueblo de Umbría, y las cumbres inmaculadas del Terminillo. Oculto está también el Tíber, que se esconde detrás de la autopista que lleva a Orte.
Lo primero que hago por la mañana, tan pronto como me levanto, es subir tres tramos de escalera para darle su comida a Luce, el gato de casa. A continuación, me preparo un vaso de agua tibia con limón.
Beber un vasito de agua no muy fría con un poco de limón es una costumbre muy saludable. Dando por supuesto que no se trata de una poción mágica, sino de un sencillo remedio que, tomado en ayunas, es muy bueno para el organismo y el cerebro. Hidrata el cuerpo, aporta potasio, es fuente de vitamina C y tiene óptimas propiedades alcalinas.
La virtud es una disposición adquirida de la voluntad, que consiste en una posición intermedia entre dos extremos negativos, el uno por exceso y el otro por defecto.
Lo dice Aristóteles y yo lo sigo a rajatabla cada mañana.
Ahora, por fin, estoy listo para hacer las camas. En enero, al inicio de la pandemia, decidí encargarme yo mismo y esto es un propósito de obligado cumplimiento, un objetivo, una meta. Ah, también tomé la decisión de poner el lavavajillas; como yo lo hago, no lo hace nadie. En primer lugar, los vasos, delante, procurando no romperlos. Siguen los cubiertos, las tazas, los recipientes, el cucharón, utensilios varios y otros objetos. Casi todos se pueden lavar en el lavaplatos y así no hay que dedicar demasiado tiempo a limpiar la cocina.
Limpiar la cocina, pero ¿quién lo hubiera creído? ¿Y poner la lavadora? No sabía ni siquiera cuáles eran los programas, ya no digamos poner una lavadora. Metía todo junto, calcetines, calzoncillos, toallas, ropa sucia, sin complicarme la vida, para mí todo era muda para lavar.
Gobernar la casa. Hoy hablaré de uno de los propósitos que me impuse a causa de la pandemia. La pandemia me llevó a asumir diversas responsabilidades y si antes otra persona pensaba en el día a día, ahora me encargo yo.
Pienso en mi madre, en las madres de mis amigos, pienso en las mujeres en general, que siempre tuvieron que desempeñar ese papel, que además de ocuparse de los quehaceres cotidianos se encargan, incluso, de organizar la jornada para los demás: aquí está la merienda, aquí los cuadernos, los libros, ¿te has lavado las orejas? Ahí tienes los pantalones, la camisa…, a propósito, ¿cuándo es el día de lavar las camisas?
¿Se lavan hoy los calcetines o es el día de las sábanas? ¿Qué se almuerza y qué se merienda? ¿Qué vamos a cenar esta noche?
Y las toallas, los manteles, las cortinas. Me da que hoy toca pasar la aspiradora y luego habrá que ponerse con las escaleras. ¿Y las ventanas para cuándo? ¿Cuándo hay que mudar las camas? Pero la cama conserva el calor. El calor que te envuelve se mantiene, así que hoy no la cambio. Mi gato parece estar de acuerdo y se acurruca en la esquina izquierda.
Por desgracia, teniendo ante nuestros ojos las sempiternas miserias de la política, la palabra «gobernar» se asocia recurrentemente con un significado restringido de administración y ejercicio de poder. Pero lo cierto es que, ensanchando la perspectiva, podemos encontrar un horizonte más vasto de significados.
Si removemos y profundizamos un poco en la bazofia, lo que descubrimos es una red de seguridad que ampara a políticos y empresarios intocables. Sobre esta inmundicia está construida nuestra democracia. Lo escribió Francisca en Twitter hace unos días.
Una escena de una película que tengo en mente es una especie de corrida, improvisada en una noche de luna llena, por parte de dos jóvenes completamente desnudos. Se puede oír con nitidez el ruido del capote, la tela que usan los toreros para atraer al toro. Solo de noche, aunque este paño es de color rojo, no se ve en el filme. Lo único que se ve es un toro a punto de embestir, el sonido de sus resuellos, el ruido del vidrio giratorio y la luna que lo contempla todo.
En el léxico rural, los animales son gobernados, es decir, se los cuida, se los alimenta, se gobiernan los establos y se gestiona la continua necesidad de manutención diaria. Décadas atrás, en las casas ricas existía la figura de ama de llaves, que no era ciertamente la tenedora del poder, sino una asistenta, una presencia atenta y cordial. En el Cántico de las criaturas de San Francisco de Asís, la Madre Tierra «sustenta y gobierna»; esto es, regula y provee, cuidándose de que a nadie falte nada. Tras la comida, se regobierna, lo que quiere decir que se lava el servicio usado en la pitanza, garantizando, con una amabilidad que por rutinaria no se percibe, higiene y dignidad.
Disipada la niebla por completo, hay un tímido intento del sol por dominar el cielo, pero me temo que hoy reinará la nubosidad.
Estar, ser al amanecer. Salir de casa cuando nadie se ha despertado todavía y, casi a tientas, ir alcanzando las pequeñas metas, los pequeños objetivos. Las paradas, las intersecciones. Los múltiples stop antes de llegar a una estación donde el tiempo siempre está y es el mismo tiempo y siempre está allí. Puntual. No debes, ni puedes llegar un minuto tarde, ni siquiera un segundo tarde. Tus esfuerzos por encontrar un objetivo; todas las salidas presuponen una meta. En mi caso, es después de iniciada la marcha que me pongo objetivos, propósitos, metas. Cuando voy a Viterbo, por ejemplo, y empiezo el regreso a casa, espero descubrir la rotonda siempre verde (meta no. 1). El letrero que indica las ruinas del teatro de Ferento (meta no. 2). El anuncio de que hay que girar a la izquierda, hacia Grotte (meta no. 3) y luego la llegada de un semáforo que parpadea e indica la velocidad (meta no. 4).
Un camino de tierra, luego coges a la izquierda, pasas al lado de aquella casa rural en la que alguna vez te detuviste a comer (meta no. 5). A continuación, está el Castillo de Montecalvello, llamado también el Castillo de Balthus (meta no. 6). A lo lejos despunta el Palacio Orsini de Bomarzo, tuerces a la izquierda, subes por el pequeño cementerio, sigues la rotonda y llegas (y fin de las metas, meta final).
Una de las formas más eficaces a la hora de incrementar las habilidades propias es concentrarse en los distintos pasos que son necesarios para realizar una actividad, uno a la vez. Hay que seleccionar una tarea singular y concentrarse en ella. Una vez que se haya dominado, se avanza a la siguiente. Cuando todas las tareas que componen la actividad se hayan completado, lo más recomendable es dividir cada una en partes menores (es decir, cada tarea dividida en varias subtareas, cada paso descompuesto en distintos minipasos) a fin de verificar que se mantiene el control de todo el proceso. ¿Pero dónde lo aprendieron las mujeres? ¿Quién les enseñó las claves para el correcto funcionamiento de la vida cotidiana?
¿Cómo limpiar a fondo el interior de la campana de una cocina muy sucia y llena de grasa? ¿Cómo eliminar cualquier tipo de mancha? Los secretos de la abuela. Cómo limpiar el sofá mugriento. Cómo conseguir que la ropa quede blanca y perfumada. Cómo alejar las palomas de nuestra colada. Cómo limpiar los cristales del cuarto de baño de forma rápida y eficiente. Cómo limpiar la cafetera sin usar jabón ni detergentes.
El agua oxigenada y sus usos en el hogar. Para las mamás, para las hijas, economía doméstica, ¿cómo se llega a fin de mes? Lo llaman cuidar de la familia, pero los trucos, las piruetas para cuadrar el presupuesto familiar, ¿quién os lo ha enseñado?
Según Jodorowsky, es posible resolver los problemas del inconsciente «hablándole» y «actuando» sobre él en la realidad mediante actos poéticos y gestos simbólicos, cuya finalidad es la de modificar la percepción que el sujeto tiene de sí mismo, del problema y de la propia realidad dándole una nueva perspectiva.
—Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes… —añadió el gato.
—…siempre que llegue a alguna parte —continuó Alicia como para explicarse mejor.
(Lewis Carroll)
Los propósitos, los objetivos, los hitos, las metas deben permitirnos llegar a alguna parte, al lugar al que previamente nos habíamos propuesto llegar, alcanzar todavía una meta ulterior en la que poder decir: ¡ahora sí, verdaderamente nos ponemos en camino!
Regreso a Viterbo en el tren de las 19:00 y leo la narración de Fabiana sobre la India. Permanezco pensativo. Creo que conozco a varios de los protagonistas. Tengo que volver corriendo, me parece que durante un buen tiempo no voy a querer oír o hablar de política. Esta mañana, antes de salir, tuve la idea de comprar el periódico, pero luego se me olvidó; era más empalagoso el libro de Lea Vergine. En Roma daba el sol y yo estaba bastante nublado. La ciudad... Ya me cansa. Creo que me he convertido en un provinciano ad hoc.
¿Tiene corazón este camino? Todos los caminos son lo mismo: no llevan a ninguna parte. Algunos van por el matorral y otros se adentran en él. Puedo decir que he recorrido caminos muy largos en mi vida, pero nunca he llegado a ninguna parte.
(Carlos Castañeda)
Las Escrituras son muy claras. El versículo 4 dice: «dirige bien tu casa», antes de ocuparte de la iglesia de Dios. No dice «gobernar la iglesia», sino «ocuparse de la iglesia». No habla de ocuparse de la casa, sino de gobernarla. En estas palabras se halla la revelación, ser capaz de unir casa y ministerio. En definitiva, la iglesia se ocupa de sí misma mientras la casa se gobierna.
Superar, vencer, imponerse en una competición muy reñida cuyo desenlace fue incierto hasta el final.
Como dice Goethe: «Las mejores cosas se obtienen con la máxima pasión». «Andamos, subimos por la denominada escalera del progreso, de la civilización y de la cultura. Pero, ¿adónde vamos?», añado con Chéjov.
Realmente no lo sé.
Solo se llega tan alto cuando no se sabe a dónde se va.
(Honoré de Balzac)
¡Sube y no pienses!
(Friedrich Wilhelm Nietzsche)
"FRAGMENTOS DE UN CRIMEN" DE MAX VALDÉS AVILÉS. COMENTARIO CRÍTICO DEL ESCRITOR ANÍBAL RICCI
En esta novela, el autor vuelve a incursionar
en uno de sus temas predilectos: los horrores perpetrados al interior de las
familias, pero su abordaje es tangencial. Las familias de los victimarios no
son la fuente de la maldad anidada al interior de estos siniestros personajes.
Son más bien las oscuras elecciones las que van provocando la construcción de
los monstruos del relato.
Otro tema presente en la obra de Max Valdés es
la muerte como acto definitivo, a menudo emparentada con horrores mayores
ocurridos durante la dictadura de Pinochet.
Curiosamente, los hechos narrados transcurren
antes del Golpe Militar, pero el autor da cuenta del enrarecido aire que
circulaba en esos días previos. La oscuridad, la desconfianza, el
confrontamiento sacan a relucir lo peor de los seres humanos. Son tiempos
convulsos del mercado negro para transar todo aquello que escasea, donde los
dealers se aprovechan de la situación, debido a que operan en la clandestinidad
y nadie los persigue para ajustar cuentas.
Max Valdés no invoca los buenos tiempos, como
tampoco idealiza el (des)gobierno de Salvador Allende. Simplemente se avoca a
mostrarnos el tipo de alimañas que van surgiendo, aun antes de que la dictadura
militar mostrara sus garras y evidenciara su impunidad sin límites.
En ese contexto se produce el (supuesto) descuartizamiento
del oriundo de España Francisco Muñoz. El autor utiliza hábilmente la
estructura de novela negra y bien adentrado el relato comenzamos a enterarnos
de la vida del comisario Benavides, un ser solitario que persigue a un asesino
inexistente. La demora en dar con los cuerpos, el tiempo transcurrido hace muy
infructuosa la búsqueda. La pareja asesinada, uno es sólo un torso sin
posibilidades de identificación, pero podría tratarse del marido de otra
ciudadana española que aparece muerta en una bañera.
Han transcurrido cuarenta años y una futura
abogada está interesada en desarrollar su tesis con los pormenores del caso.
Clara es una mujer brillante, pareja de Roman, un profesor de castellano que
indudablemente es el alter ego del autor de la novela.
Roman sigue de cerca las indagaciones de Clara
y su relación amorosa se va tiñendo con la oscuridad que rodea a los hechos del
pasado.
Sin lugar a dudas, descuartizar a una persona entraña
una maldad y sangre fría fuera de los órdenes normales, da cuenta de los más
bajos instintos del ser humano. Los eventos transcurren en el preámbulo de la
dictadura y el comisario Benavides, sin quererlo, pasará de investigar el caso,
a pertenecer a las fuerzas policiales que protagonizaron uno de los regímenes
fascistas más cruentos de la Historia.
Pinochet encarnará los pensamientos de
Mussolini, de Hitler, para ellos tiene sentido imponer sus ideas sobre otros
seres humanos, tildándolos de ser un peligro para la sociedad, y creyendo tener
el derecho a imponer la fuerza sobre estos seres humanos, no sólo mediante el
asesinato, sino a través de formas mucho más siniestras como la tortura y la
desaparición de los cuerpos.
Benavides ya es un anciano y desea dejar
constancia escrita de los oscuros bemoles del caso, pero antes le confiesa a
Clara y Roman de otros horrores que vinieron a enturbiar las investigaciones.
Como miembro de las fuerzas policiales, Benavides fue obligado a ejercer la
violencia sobre compatriotas pertenecientes a los movimientos de izquierda que
respaldaron al gobierno de Allende.
De
esa experiencia como testigo… quedó en su memoria una mujer de unos veinticinco
años… la torturaron repetidas veces en la Escuela de Suboficiales de
Carabineros, en el Estadio Nacional. Era una mujer humilde de La Pincoya, la
DINA la torturó luego en calle Londres, en Tejas Verdes, intentaron que tuviera
relaciones sexuales con su padre y hermano, materializándose con un perro y las
ratas introducidas en su vagina la harían contraer toxo plasmosis, una
infección parasitaria. La violaron repetidas veces, sin ningún afán de sacarle
una confesión, sólo por el placer insano de reducirla como ser humano. Quedó
embarazada tres veces, torturada durante años hasta perder la consciencia. Pasó
por Tres Álamos y al final fue expulsada del país. En Cuba le reconstruyeron su
cuerpo. El comisario Benavides nunca supo su nombre y la llamó Beatriz.
«Todos
esos asesinos están libres y gozan de buena salud. Algunos en Punta Peuco, pero
muchos siguen libres y reciben una pensión del Estado de Chile que financiamos
todos los chilenos… El descuartizado de Quilicura pasó a ser un caso menor
dentro de su gravedad», confesó Benavides, que escribió en su libreta azul
todos los detalles.
Las
descripciones de los asesinatos y hallazgos de los cuerpos no eluden las
imágenes de horror, su impronta escandalizaría a cualquiera. Max Valdés indaga
en los negocios sucios de la (supuesta) víctima y de su accionar (sus
decisiones oscuras) se desprende el germen de la violencia que venía enquistándose
en la sociedad.
El
comisario Benavides nunca pudo resolver el enigma de este “crimen perfecto” y
la dictadura borró definitivamente las huellas. Mutilar un cuerpo ya no será un
evento excepcional, sino que la Junta Militar dio rienda suelta a un terrorismo
de Estado donde asesinar, torturar y desaparecer fueron la moneda corriente.
Ahora
era el turno de Roman (el escritor) de llevar al papel todos esos horrores,
para dejar testimonio sobre los límites a los que puede llegar un ser humano.
Clara
y Roman, su visión de los hechos, son rescatados por Max Valdés, que en
definitiva escribe el mismo manuscrito de Roman, dando vida a estos personajes
y a otros muchos secundarios a través de sus testimonios ante la policía, otras
veces mediante escritos judiciales y también asoma el punto de vista
periodístico.
Es
una novela coral, compuesta por múltiples voces que van completando los hechos,
muchas veces prescindiendo de un narrador que guíe el relato, aunque de todos
modos Roman, en primera persona, representa el sentir del autor.
Al final se insinúa quién sería el asesino,
pero es un hecho que el responsable sigue gozando de buena salud. Nunca se
expuso la identidad del asesino ante los tribunales, hubo impunidad, tal como
la habría con las infinitas causas de apremios ilegítimos de la dictadura.
El autor nos enfrenta a un país que renunció a
tener memoria. Los asesinos de ayer, como los encubridores del fascismo, seguirán
vivitos y coleando en medio de abusos económicos heredados desde tiempos
pretéritos.
Han pasado cincuenta años y el país sigue en
manos de estos seres oscuros que realizan negocios turbios.
La novela de Max Valdés podrá ser catalogada
de barroca por la cantidad de recursos literarios a los que echa mano, pero hay
un afán de recomponer la verdad en cada una de sus páginas, de devolver la
memoria a un país que ni siquiera luego del estallido social se hace cargo de
sus muertos.
La verdad es secundaria, sólo prevalece la
ganancia monetaria en un mundo que nos acostumbró a dar legitimidad a los
negocios ilícitos. Ya no se trata de un mercado negro, los abusos serán
cometidos a plena luz.
En la obra de Max Valdés siempre asoman los secretos
familiares como el origen del mal, pero en esta última novela hay un cambio
importante en su enfoque. No es la familia la malvada, sino una sociedad
permisiva que entroniza la mentira, que llama “abusos” o “excesos” tanto a las
torturas, desapariciones, asesinatos, así como también al fascismo encubierto
en las maquinaciones de algunos grupos económicos.
La novela es enfática y clara en su visión del
mundo: el país sistemáticamente ha renunciado a su memoria y en definitiva,
esta sociedad corrupta que avala la mentira, seguirá multiplicando estos
horrendos crímenes.



























