La página de Andrés Morales (1962), poeta, ensayista y académico chileno, es un Blog de apuntes y escritos abierto a todos aquellos interesados en la literatura y, en especial, en la poesía. Contiene poemas, artículos, notas, comentarios, críticas, reseñas, fotografías y en general, todos los tópicos imaginables e inimaginables en torno a la poesía, el cine, la prosa y la literatura chilena, hispanoamericana, española y europea de todas las épocas y estilos.
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José Saramago
lunes, 6 de febrero de 2023
"LAS ESTROFAS DEL SER" POR CARLOS AGANZO, COMENTARIO DEL LIBRO "DOBLE FONDO" DEL GRAN POETA ESPAÑOL JAIME SILES
'Doble fondo', la última entrega poética de Jaime Siles, es
de momento el colofón de todo lo pensado, sabido, intuido
y sentido en sus anteriores trabajos
CARLOS AGANZO
Sábado, 4 febrero 2023
El vigor y la inspiración de la obra poética de Jaime Siles (Valencia,
1951) solo es comparable a la solvencia de su incansable labor
humanística como filólogo, crítico, traductor… y férreo defensor de
los estudios clásicos. Una desazón, la de la poesía como segunda (o
como primera) vía de conocimiento, que le llevó a publicar muy
pronto, con 18 años, su primer libro, 'Génesis de la luz' (1969), al
que siguieron enseguida otros títulos, fundamentalmente 'Canon'
(1973), que le sirvieron para ingresar de inmediato en la nómina
de los Novísimos.
Pese a aquella filiación cierta con el que está considerado como
uno de los grandes movimientos renovadores de la poesía
española de la segunda mitad del siglo XX, lo cierto es que ya
desde el principio la poesía de Jaime Siles mostró un camino
propio. Un itinerario en el que se han ido fundiendo hasta la fecha,
como en un crisol, formas y estéticas diferentes, acaso para tratar
de expresar un solo fondo sustancial: la búsqueda de la identidad
del hombre en la pugna entre su cultura y su acontecimiento
personal. También entre la afirmación del testimonio vital y las
embestidas despiadadas del tiempo y la memoria. Así lo hemos
podido ir desvelando, golpe a golpe y verso a verso, en sus libros de
poemas aparecidos a lo largo de más de cincuenta años, con títulos
imprescindibles como 'Alegoría' (1977), 'Música de agua' (1983) o
'Semáforos, semáforos' (1989).
Un camino, el de Jaime Siles, que cobra un punto de aserción
existencial todavía más afilado y contundente en la última etapa
de su poesía, la que acaso se inaugura con 'Himnos tardíos' (1999).
'Pasos en la nieve' (2004), 'Actos del habla' (2009), 'Arquitectura
oblicua' (2019), su antología 'Un yo sin mí' (2018) y, en gran
manera, su extraordinaria y lúcida 'Galería de rara antigüedad'
(2018) forman parte también de esa vía profunda de introspección
que ahora desemboca en su último título, 'Doble fondo', publicado
bajo el sello de Visor. Un a modo de colofón (por el momento) de
todo lo pensado, sabido, sentido e intuido en sus anteriores
entregas, que no es poco.
«La poesía suena/ como el agua del mar:/ a veces es arena / y a
veces solo sal,/ sin que se sepa nunca/ dónde el poema está,/ si en
lo que se nos niega/ o en lo que se nos da». Así, con esta ars poetica
del no saber sabiendo, tan sanjuanista, inaugura su nuevo libro
Jaime Siles.
Siles conecta con el sonido de la vieja sabiduría de la
poesía española de todos los tiempos
Un gran retablo que se articula en cinco partes en las que, desde la
metáfora eterna del mar y el vaivén de las olas, hasta el mismo
epitafio de la tumba, bajo el signo de la clepsidra vacía, el escritor
pulsa todas las vías posibles de la poesía como indagación, como
vía de conocimiento (y a la vez de desconocimiento) de su propia
identidad de hombre sobre la tierra. Fragmentos, «racimos de
identidad» que se manifiestan desde la misma raíz de la
ambigüedad y de la duda, desde la propia contradicción ontológica
del ser humano. «Concentrada en el nunca/ de la Nada -dice el
poeta-, en el siempre/ del no Ser, en el nadie/ eres tú únicamente».
Un no ser, siendo, cuya única seña de identidad, por encima
incluso de la propia vivencia humana, es la identificación
profunda del escritor con la palabra, con la poesía. Palabras
engañosas, sí, que consuelan porque mienten. Pero palabras que,
en su adelgazamiento, en su voluntad incluso de disolución,
acaban en cierto modo alcanzando una cierta mística, «una altura
derramada» sobre la verdad de las cosas. Palabras, también, como
destino último del poeta: «Montaigne -dice Siles- padecía/ el mal
de piedra./ Tú, el del poema».
Así, frente a los «cuerpos sucesivos», como pieles de serpiente, del
hombre; frente a las incógnitas del mar y los acabamientos del
aire, frente al íngrimo confortamiento de los signos del pájaro
solitario, el que emerge como único y verdadero protagonista de
todo el poemario es el tiempo. El tiempo y su hermana mayor, la
muerte. Una muerte, por cierto, contada y cantada a partes iguales,
pues quizás la mayor novedad de 'Doble fondo', al menos desde el
punto de vista formal, es el regreso absoluto del poeta a la rima y a
la estrofa. Metros clásicos de arte menor, al modo de las coplas de
Manrique, las danzas de la muerte o incluso las cantigas, en su
vertiente más existencial, para cantar la presencia mayor de la
finitud del ser humano. Sabiduría ancestral que conecta la última
poesía de Siles con el sonido de la vieja sabiduría de la poesía
española de todos los tiempos. «Deseos: todos./ Ambiciones:
ninguna./ Dejo a los demás/ lo que llevo a la tumba».
El todo y la nada, el doble fondo de la existencia del hombre, se
materializan aquí en una vieja nueva música callada. «La rima es
el sonido/ que hace resurgir/ del fondo de su nada/algo que acaso
fui», dice el poeta. Y en la música de las palabras, en la respiración
del poeta desde su propio ritmo cardíaco, la poesía obra el milagro
de volver a interpretar el mundo desde un lugar en el que ninguna
otra ciencia, ni siquiera la filosofía, es capaz de hacerlo. El lugar
inefable de la libertad forzosa del canto acompasado. El fluido del
poema como último y verdadero fluido del tiempo. Y el mundo, sus
vaivenes y su devenir completo, como una pura
contramanifestación de la existencia individual: «Estrofa es el
mundo./ Estrofa es el sueño./ Estrofa es el ser/ en su serse siendo».
Una nueva vuelta de tuerca, al filo de las horas imposibles, de uno
de los grandes poetas de nuestros días.
viernes, 3 de febrero de 2023
EN SAGUNTO SE ESTRENA LA OBRA TEATRAL DE LOLA LÓPEZ "UN PAÍS QUE MATA A SUS POETAS" (4 DE FEBRERO DE 2023)
El próximo sábado, día 4 de febrero, a las 20:00 horas, en el Centro Cultural Mario Monreal, C/ Roma, 9, de Sagunto, se estrenará la obra teatral titulada UN PAÍS QUE MATA A SUS POETAS.La dramaturgia y dirección está a cargo de Lola López. Imágenes: Delia Díaz. Acordeón: Isabel Latorre. Violín: Luisa Moya.
"LOS CAMINOS SE BIFURCAN" POR EL ESCRITOR CHILENO ANÍBAL RICCI
Tengo ojos descalibrados. Uno observa en
blanco y negro, mientras el otro ve en colores reventados. El pasado impreso en
sepia tan típico de las películas, a veces desconfío de la imaginación, ¿serán
verdaderos mis recuerdos?
El pasado remoto tiene un montaje
aleatorio, eventos distantes que no respetan cronología. El cerebro interpreta
estos saltos y la corriente de la consciencia logra dar racionalidad a efectos
que no parecen tener una causa.
Recuerdo la recesión de los ochenta en
medio del primer episodio mental. El desastre de mantener fijo el tipo de
cambio introdujo importaciones de productos desconocidos. La ilusión de
mantener fortalecido el peso frente al dólar. No producíamos más, pero teníamos
mayor acceso a bienes. Hay que reconocer el boom en la construcción, pero de un
día para otro el tipo de cambio subió a más del doble y los créditos se
hicieron impagables. Quebraron muchas empresas constructoras, aunque mi mente
se había quebrado antes del crash.
Por el otro ojo veo en colores. La realidad
es brillante, en las fiestas se oía música estridente. También había lentos y
compañeras preciosas. Había pasado de largo la época en que mis compañeros
bebían piscolas y en el carrete presente el vodka era lo habitual. Bebía
bastante, pero sólo el pisco me dejaba mareado. Conversar con chicas y beber en
exceso eran cosas diferentes. Deambulaba entre las paredes y bailar ya no tenía
demasiado sentido. Siempre había otros en peores condiciones, por lo que
pasábamos desapercibidos. Los padres nos dejaban tranquilos en sus livings,
debíamos divertirnos mientras ellos lidiaban con la política. Nuestra
generación no tenía problemas, pero bebíamos por nosotros y nuestros padres.
Tono gris. Primera vez que no entendía
las materias, estuve enfermo la mayor parte del semestre e intercalaba
amigdalitis con cuadros depresivos. Gris más oscuro. Mis padres perdieron el
trabajo y empezaron a vivir de la indemnización por años de servicio. Al tiempo
quebraron los bancos, desaparecieron los ahorros y esas platas solventaron las
primeras pensiones de las AFP. Al principio convaleciente en mi pieza, pero de
pronto tuvimos que dejar la casa y mudarnos al piso de atrás. Todo más pequeño
y precario. A esa edad todo parece tener más importancia, el nuevo cuarto y la
televisión se transformaron en el paisaje habitual. Mundo de programas
infantiles alternado con noticias bombardeadas por los milicos, mientras en las
noches los estelares mostraban un mundo de Bilz y Pap. Series gringas y dibujos
animados, antes de que se llevaran el televisor. Cuando no tenía fiebre copiaba
cuadernos y trataba de entender como en años anteriores. La memoria no era la
misma y ya no comprendía las materias. Dos días sin fiebre y me hacían volver a
clases, me sentía un robot, escuchaba a los profesores decir cosas sin sentido.
Volvía la fiebre y el mundo iba angostando su perspectiva.
Color no tan colorido. De nuevo
comprendía los libros, muchos de mis compañeros provenían de otras comunas con
familias de mejor pasar. Al Manuel de Salas ingresaron varios hijos de milicos.
Muchos padres seguían sin trabajo y mi padre ingresó al Programa de Obras para
Jefes de Hogar. Algo de dinero era bienvenido y pese a haber repetido de curso
me dieron beca completa en el colegio. Los partidos de fútbol en las calles
quedaron en el pasado y la bicicleta se convirtió en el vehículo para visitar
nuevos amigos. Salíamos a fiestas y escuchábamos Soda Stereo, un compañero
grabó unos discos de Charly García y la vida se llenó de color. Alberto Pizarro
copiaba casetes en el equipo de su padre, mientras en su pieza escuchábamos
Iron Maiden.
Negro, muy negro. Por las noches me
escabullía en la casa de adelante donde ahora hacían clases de yoga. Echaba a
correr el agua helada y me sumergía para escapar del presente. Permanecía al
menos una hora bajo el agua y no percibía el frío. Sensación extraña mientras
las ideas se congelaban y surgían las primeras obsesiones. Quería acudir a los
cumpleaños del pasado y conversar con los amigos, en realidad con cualquier
persona. Durante meses mi cabeza giró a escasas revoluciones, estática frente a
un futuro incierto, hasta que perdí el año por inasistencia.
Gris claro. Robé dinero a mis padres
para comprarme unas zapatillas Puma. Luego de meses de pequeños hurtos logré el
cometido y fue el primer artículo de marca al que tuve acceso. Mi madre
encontró trabajo en el Instituto Profesional de Santiago y me regaló unos
cotelé Wrangler igual al de mis amigos. Acudí al festival del colegio donde
tocaron por primera vez Los Prisioneros. Mi padre se hizo vegetariano y yo
juntaba los pesos para comer quesos calientes en El rincón tirolés. Ya no
existía toque de queda y con mis amigos pasábamos a la fuente de soda a altas
horas. A mi padre lo recontrataron en el Ministerio de Vivienda luego de revisar
el sumario trucho que lo alejó de la institución. Delación de la que mi padre
nunca nos habló. Pudimos salir a fiestas en el auto de un amigo mayor y en la
casa de Félix Rubio se hizo habitual ver las primeras películas porno.
En el futuro el hombre recibirá una
golpiza. El ojo bueno se hizo cargo de la historia, mientras en colores
registró emociones desbordadas. Miedos atávicos cada vez que se drogaba y
arrojaba al piso observando la rendija de la puerta. Siempre sospechó que
alguien lo observaba. La prostituta se marchó y los pensamientos se tornaron
oscuros. Esperando la tortura de otras veces, no en el cuarto de hotel sino en
las calles clandestinas. El ojo hinchado apenas percibía colores difusos, como
una cámara pateada por el oficial de turno. Vibraba hasta quedar estática,
mientras las drogas lograban ahuyentar el miedo y el dolor.
Mentes no trastornadas perdieron la
cordura durante esos años.
jueves, 2 de febrero de 2023
APARECE EN FRANCIA EL LIBRO DEL POETA RAFAEL SOLER "DEMASIADO CRISTAL PARA ESTA PIEDRA" TRADUCIDA AL FRANCÉS (EDITIONS UNICITÉ, 2023)
Se acaba de publicar en Francia una antología poética de Rafael Soler, titulada DEMASIADO CRISTAL PARA ESTA PIEDRA (Éditions Unicité). La selección de poemas ha sido de Lucía Comba y los poemas han sido traducidos al francés por Jean-Claude Rolland y Daría Rolland-Pérez.
lunes, 30 de enero de 2023
viernes, 27 de enero de 2023
COMUNICADO DE PRENSA: MUSEO VICENTE HUIDOBRO NO CERRARÁ SUS PUERTAS
COMUNICADO DE PRENSA
MUSEO VICENTE HUIDOBRO NO CERRARÁ SUS PUERTAS
Agradecemos
de corazón a todos aquellos que nos manifestaron su valioso y solidario apoyo
ante el posible cierre del Museo Vicente Huidobro de Cartagena. En especial, al
Presidente de la República, señor Gabriel Boric Fonc, quien prontamente nos
manifestó su aprecio y su deseo de que el museo siguiera funcionando
normalmente, e instruyó al Ministerio de las Culturas, las Artes y el
Patrimonio para que buscara las respectivas soluciones.
A todos
los artistas, escritores, traductores, editores, académicos, representantes de
estamentos universitarios, instituciones culturales y lectores de Huidobro, que
desde distintas partes del mundo se sumaron espontáneamente a esta noble causa,
les expresamos nuestro profundo afecto y agradecimiento.
Estamos
muy felices de las innumerables muestras de apoyo recibidas durante estos días,
lo que ratifica que el espíritu huidobriano está más vivo que nunca y que su
expresión nos ha fortalecido en nuestra misión de continuar divulgando la vida
y obra de nuestro poeta, la poesía y la literatura universal y la promoción de
nuevos talentos en Chile y el mundo.
FUNDACIÓN VICENTE HUIDOBRO
Santiago de Chile,
27 de enero, 2023
martes, 24 de enero de 2023
NUEVO LIBRO DEL POETA Y ESCRITOR CHILENO ALEJANDRO LAVQUÉN: "EL AZAR DE LAS FRONTERAS"
La presente edición reúne poemas publicados entre 1983 y 2013. Los textos pertenecientes a Bitácora extraviada (2011), corresponden a la selección –de una selección– de poemas que fueron publicados en libros y cuadernillos cuyas ediciones, en tirajes limitados, se realizaron entre los años 1983 y 1999. Los textos han sido revisados por el autor y constituyen versiones definitivas. El resto de los poemas antologados pertenecen a los libros Sacros iconoclastas (2004), A buen paso atraviesa la noche (2009) y Fantasmas atrapados en su propio duelo (2013). También se incluyen algunos textos inéditos (2014-2015) y el poema Satángel.
Alejandro Lavquén
Entre
sus publicaciones se cuentan: Mitología
nórdica-escandinava (Ediciones
Estrofas del Sur, 2021), Epopeyas
y leyendas de la mitología griega (Tajamar
Editores, 2019), Fantasmas
atrapados en su propio duelo (Ediciones
Tinta Roja, 2013), Había una
vez en el Olimpo. Mitos y dioses griegos (Editorial Zig-Zag, 2013), A buen paso atraviesa la noche (Editorial Mosquito, 2009), Sacros iconoclastas (Editorial Mosquito, 2004), libro que
también fue publicado, en 2012, en una edición bilingüe griego-español por
Editorial Ekath en Atenas, Grecia.
Fue
parte del equipo de redactores de revista Punto Final (1998-2018). En radio Nuevo Mundo
condujo el programa literario “De puño y letra” (2000-2005). En la actualidad,
junto a la periodista Sue Carrié de la Puente, conducen el podcast “Leer es la
Palabra”.
"LA ESPERANZA QUE RODEA A LOS MORTALES" POR EL ESCRITOR CHILENO ANÍBAL RICCI
Presentaciones contra el tiempo en cada
ciudad. Aeropuerto, rentacar, oficina del sostenedor. Software de última
generación destinado a colegios. Servidores con cortafuegos y respaldos físicos
independientes. La misma cantinela de siempre. En cada viaje el asistente no
paraba de hablar. No le alcanzaba para llegar a fin de mes, problema de todos
los chilenos que en ningún caso le daba derecho a refregármelo a cada rato. Le
habíamos conseguido un importante aumento de salario. Conducía mientras me iba
envenenando la sangre. Subo a propósito el volumen de la radio, pero sigue
inmune a las indirectas y continúa con su perorata.
Mientras saca fotocopias espía a través
de las paredes. La máquina queda junto a mi oficina. Descarga rumores entre los
que deambulan por el pasillo al tiempo que se disfraza de funcionaria sociable.
Cristina reserva la sala de reuniones, la primera persona que saludo todos los
días, un saludo que sin embargo deja traslucir una mirada indefinida entre
envidia y algo indescifrable. Lo peor, esa sensación de estar escuchando sus
pensamientos. Un virus dentro de mi cabeza que me hacía dudar en cada momento.
Cristina mostraba desplante frente a la concurrencia. Una vez la sorprendí con
la oreja en la puerta y se hizo la desentendida esbozando una sonrisa. Repetía
la tontería de que le habían prometido doblar el sueldo, algo complicado dado
su currículo técnico. Suponía una subida de honorarios a todos los ingenieros y
por el momento las finanzas de la empresa no podían solventarlo.
Una competente analista de sistemas, su
renta estaba muy por encima del promedio de mercado. Había enviado un correo
electrónico al director de la compañía, pasándome a llevar en cierto modo. Sus
argumentos no tenían relación con un mejor desempeño. Reforzaba la idea de que
no le alcanzaba para cubrir los gastos, que sus hijos no tendrían una buena
educación y toda clase de argumentos de corte emocional. Cuando los
pensamientos de Cristina se mezclaron con los del resto de los empleados
consulté al siquiatra. Mi cabeza descifraba a su antojo las conversaciones al
interior de la empresa. Oía voces a tres oficinas de distancia, en el pasillo e
incluso en la sala de reuniones, todo a la vez, mezclado en una centrífuga.
Los directores de los colegios y sus
profesores criticaban el software con vehemencia, suponían que reemplazaría sus
trabajos, no lo sé, pero defender un software parecía de lo más extraño.
Cristina ayudaba en las presentaciones, nacida en Caracas, su voz denotaba
cercanía. Transmitía humor a la audiencia, imposible sospechar de las
insufribles conversaciones entre ciudades. Sus hijos eran los más enfermos de
todo Chile, se agarraban todas las enfermedades que pudieran existir, las más
extrañas debo decir y los precios de los medicamentos siempre los más costosos.
Teníamos un espía dentro de la empresa, pero no creo que Cristina calzara con
ese perfil, aunque hablar todo el tiempo quizás era su fachada. Nos estaba
yendo excelente con los nuevos clientes, juraba que las empresas de la
competencia intentaban copiar nuestro modelo de negocio.
Quizás habían hecho correr un rumor
entre las secretarias. No lo sé, pero mi vida estaba convertida en un desastre.
Con mi señora apenas hacíamos el amor, compartíamos la misma cama, pero me
quedaba dormido apenas ponía la cabeza en la almohada. No tenía momentos de paz
entre tanto viaje y tanta reunión. El siquiatra recetó Fluanxol, el cuello y la
espalda agudizaron la tensión. Imposible permanecer sentado frente al
computador, salía disparado de la oficina esgrimiendo cualquier excusa. El
medicamento evitaba que se mezclaran voces en mi cabeza, pero la angustia ante
la persecución perduraba.
Me retiro temprano para refugiarme en el
departamento. Cristina se colocaba en la situación de víctima, pero a su vez se
inmiscuía en todos los asuntos de la empresa. Se enteraba de cuánto ganaba cada
empleado, por lo que siempre cuidé de no comentar asuntos estratégicos delante
de su presencia. Necesité de su experticia en las presentaciones, aunque
sospecho que efectuaba asesorías externas a los mismos clientes de la empresa.
La calidad de mi trabajo disminuyó notoriamente, aunque el cierre de los
negocios permanecía inalterable. Se multiplicaban los clientes interesados en
nuestros servicios. El director percibía que trabajaba con mayor ímpetu, cuando
en verdad, poco a poco iba disminuyendo mi compromiso.
Ahora también desconfío de los clientes.
Cualquier ruido, tos o movimiento de silla interrumpe las planificadas
presentaciones. La gota que rebasó el vaso fueron las persecuciones en las
calles. Memorizaba las marcas de autos que se repetían en distintos lugares.
Fui más lejos y empecé a anotar las patentes. Mi cabeza estaba saturada de
datos difíciles de procesar. Alquilo una habitación al día siguiente de la
sesión con el nuevo psiquiatra. No me interesa su consejo, sólo busco fármacos
para dormir. Le conté una historia horrorosa y la creyó. El botín sería una
caja de píldoras que disolvería en un vaso de whisky.
Llevaba meses deprimido junto a la mujer
de mis sueños. Encantadora como pocas, guardaba los mejores recuerdos. Ser
esquizofrénico transforma todo en un martirio, me habían ascendido y nuestro
departamento daba a un hermoso jardín de Plaza Ñuñoa. Cuando todo iba bien
nadaba por las tardes en la piscina. Sin aviso previo surgió la depresión. Todo
el contenido lo vierto en el primer whisky. Me había duchado por una cuestión
de higiene y alcancé a degustar un segundo whisky. Me cubro con las sábanas sin
saber si amanecería con vida. El sexo es importante, no querer hacerlo
significaba un nuevo brote de la enfermedad. Quizás era más fácil arrojarse
desde el balcón, pero la sangre en el pavimento podría ser traumática para otro
ser humano.
Despierto tirado en el suelo junto al
velador. Tengo la cabeza rota y la sangre salpicó al piso. Me arrastro hasta el
baño y apenas puedo sostenerme en el lavatorio. Miro el espejo y el pelo está
engominado. Echo agua para limpiar la herida. Estoy aturdido, pero al parecer
vivo. No quiero volver a casa derrotado. He hecho infeliz a la mujer que amo
por más de un año, tratando de explicar por qué me volví loco si éramos tan
felices.
Voy manejando por la carretera. Antes de
llegar a Copiapó estrellaré el auto contra un camión en esta vía de dos pistas.
Anoche dormí en la comisaría de Los Vilos, en una curva choqué contra la
barrera de contención. Los pacos me detuvieron pensando que iba borracho, pero
les expliqué que tenía problemas con mi mujer. Recordé que había estado en el
mall Plaza Norte. En el cine daban la última de Superman, pero estaba tan
drogado que no supe cómo empezó ni cuándo terminó.
Conducía y las líneas del camino se
hacían interminables. No sé en qué minuto ingresé a Vallenar. Me detuve en la
parroquia y de mis ojos surgieron lágrimas tras un año que no terminaba nunca.
Pasaron otros cuatro años, pero esta vez
la angustia alcanzó nuevos límites. Ni siquiera me sentía vivo ante una
prostituta. Me emborrachaba buscando placer, pero el remedo de amor fue
insuficiente. Para sentir que el paso del tiempo sirve de algo habré de gastar
dinero. No me importa lo que digan de los billetes, es obvio que seduce su
poder imaginario. Recuerdo que Cristina me invitó unos tragos en Calama. Lucía
más alta en su vestido entallado. Descubrí que sus ojos eran verdes y entendí
por qué el auditorio le prestaba tanta atención. Durante esa noche dejé atrás
las conversaciones de años previos. Sólo retengo la angustia reflejada en los
ojos de mi mujer.
Pacientemente reuní las cajas para
volver a destrozar mi cerebro. Miro al espejo y estoy a mucha distancia de
esbozar una sonrisa. Han pasado años y me encuentro tirado en el piso de la
cocina. No veo sangre, pero los calambres invaden mis piernas. No puedo
siquiera arrastrarme. Pasan horas y sigo congelado dentro de mi cuerpo. El
citófono me recuerda que sigo consciente. Tengo los ojos llenos de una
sustancia pegajosa que dificulta la visión. La cronología del tiempo se hace
añicos cada vez que me colocan electrodos en la sien.
Dejo atrás Copiapó y observo las líneas
de la carretera. Hay cabinas telefónicas apostadas a ambos lados, aunque no
tengo intención de detenerme. Acelero a fondo y veo animitas en la berma. Tengo
fragmentado el cerebro, no sé qué significan esas cruces. Son todas blancas e
imagino que he muerto muchas veces. Miro el espejo retrovisor y supongo que le
echaron limón a mis neuronas. El lóbulo frontal ya no responde y las manos se
aferran con dificultad al volante. La enfermedad ha empeorado con los años y
ahora nada funciona de acuerdo a mis deseos. Añoro accidentes vasculares para
seguir oliendo esa esperanza que rodea a los mortales.















