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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."



José Saramago

lunes, 6 de febrero de 2023

PRESENTACIÓN DE LOS LIBROS "EL BUDA DORADO DE MI PADRE" DE GUILLERMO GARCÍA Y "CARTOGRAFÍA ÍNTIMA" DE NADIA RÍOS ACEVEDO EN LA LIBRERÍA "LATA PEINADA" DE MADRID (17 DE FEBRERO DE 2023)



 

"LAS ESTROFAS DEL SER" POR CARLOS AGANZO, COMENTARIO DEL LIBRO "DOBLE FONDO" DEL GRAN POETA ESPAÑOL JAIME SILES

 



'Doble fondo', la última entrega poética de Jaime Siles, es

de momento el colofón de todo lo pensado, sabido, intuido

y sentido en sus anteriores trabajos


CARLOS AGANZO 

Sábado, 4 febrero 2023


El vigor y la inspiración de la obra poética de Jaime Siles (Valencia,

1951) solo es comparable a la solvencia de su incansable labor

humanística como filólogo, crítico, traductor… y férreo defensor de

los estudios clásicos. Una desazón, la de la poesía como segunda (o

como primera) vía de conocimiento, que le llevó a publicar muy

pronto, con 18 años, su primer libro, 'Génesis de la luz' (1969), al

que siguieron enseguida otros títulos, fundamentalmente 'Canon'

(1973), que le sirvieron para ingresar de inmediato en la nómina

de los Novísimos.

Pese a aquella filiación cierta con el que está considerado como

uno de los grandes movimientos renovadores de la poesía

española de la segunda mitad del siglo XX, lo cierto es que ya

desde el principio la poesía de Jaime Siles mostró un camino

propio. Un itinerario en el que se han ido fundiendo hasta la fecha,

como en un crisol, formas y estéticas diferentes, acaso para tratar

de expresar un solo fondo sustancial: la búsqueda de la identidad

del hombre en la pugna entre su cultura y su acontecimiento

personal. También entre la afirmación del testimonio vital y las

embestidas despiadadas del tiempo y la memoria. Así lo hemos

podido ir desvelando, golpe a golpe y verso a verso, en sus libros de

poemas aparecidos a lo largo de más de cincuenta años, con títulos

imprescindibles como 'Alegoría' (1977), 'Música de agua' (1983) o

'Semáforos, semáforos' (1989).

Un camino, el de Jaime Siles, que cobra un punto de aserción

existencial todavía más afilado y contundente en la última etapa

de su poesía, la que acaso se inaugura con 'Himnos tardíos' (1999).

'Pasos en la nieve' (2004), 'Actos del habla' (2009), 'Arquitectura

oblicua' (2019), su antología 'Un yo sin mí' (2018) y, en gran

manera, su extraordinaria y lúcida 'Galería de rara antigüedad'

(2018) forman parte también de esa vía profunda de introspección

que ahora desemboca en su último título, 'Doble fondo', publicado

bajo el sello de Visor. Un a modo de colofón (por el momento) de

todo lo pensado, sabido, sentido e intuido en sus anteriores

entregas, que no es poco.

«La poesía suena/ como el agua del mar:/ a veces es arena / y a

veces solo sal,/ sin que se sepa nunca/ dónde el poema está,/ si en

lo que se nos niega/ o en lo que se nos da». Así, con esta ars poetica

del no saber sabiendo, tan sanjuanista, inaugura su nuevo libro

Jaime Siles.


Siles conecta con el sonido de la vieja sabiduría de la

poesía española de todos los tiempos


Un gran retablo que se articula en cinco partes en las que, desde la

metáfora eterna del mar y el vaivén de las olas, hasta el mismo

epitafio de la tumba, bajo el signo de la clepsidra vacía, el escritor

pulsa todas las vías posibles de la poesía como indagación, como

vía de conocimiento (y a la vez de desconocimiento) de su propia

identidad de hombre sobre la tierra. Fragmentos, «racimos de

identidad» que se manifiestan desde la misma raíz de la

ambigüedad y de la duda, desde la propia contradicción ontológica

del ser humano. «Concentrada en el nunca/ de la Nada -dice el

poeta-, en el siempre/ del no Ser, en el nadie/ eres tú únicamente».

Un no ser, siendo, cuya única seña de identidad, por encima

incluso de la propia vivencia humana, es la identificación

profunda del escritor con la palabra, con la poesía. Palabras

engañosas, sí, que consuelan porque mienten. Pero palabras que,

en su adelgazamiento, en su voluntad incluso de disolución,

acaban en cierto modo alcanzando una cierta mística, «una altura

derramada» sobre la verdad de las cosas. Palabras, también, como

destino último del poeta: «Montaigne -dice Siles- padecía/ el mal

de piedra./ Tú, el del poema».

Así, frente a los «cuerpos sucesivos», como pieles de serpiente, del

hombre; frente a las incógnitas del mar y los acabamientos del

aire, frente al íngrimo confortamiento de los signos del pájaro

solitario, el que emerge como único y verdadero protagonista de

todo el poemario es el tiempo. El tiempo y su hermana mayor, la

muerte. Una muerte, por cierto, contada y cantada a partes iguales,

pues quizás la mayor novedad de 'Doble fondo', al menos desde el

punto de vista formal, es el regreso absoluto del poeta a la rima y a

la estrofa. Metros clásicos de arte menor, al modo de las coplas de

Manrique, las danzas de la muerte o incluso las cantigas, en su

vertiente más existencial, para cantar la presencia mayor de la

finitud del ser humano. Sabiduría ancestral que conecta la última

poesía de Siles con el sonido de la vieja sabiduría de la poesía

española de todos los tiempos. «Deseos: todos./ Ambiciones:

ninguna./ Dejo a los demás/ lo que llevo a la tumba».

El todo y la nada, el doble fondo de la existencia del hombre, se

materializan aquí en una vieja nueva música callada. «La rima es

el sonido/ que hace resurgir/ del fondo de su nada/algo que acaso

fui», dice el poeta. Y en la música de las palabras, en la respiración

del poeta desde su propio ritmo cardíaco, la poesía obra el milagro

de volver a interpretar el mundo desde un lugar en el que ninguna

otra ciencia, ni siquiera la filosofía, es capaz de hacerlo. El lugar

inefable de la libertad forzosa del canto acompasado. El fluido del

poema como último y verdadero fluido del tiempo. Y el mundo, sus

vaivenes y su devenir completo, como una pura

contramanifestación de la existencia individual: «Estrofa es el

mundo./ Estrofa es el sueño./ Estrofa es el ser/ en su serse siendo».

Una nueva vuelta de tuerca, al filo de las horas imposibles, de uno

de los grandes poetas de nuestros días.

viernes, 3 de febrero de 2023

EN SAGUNTO SE ESTRENA LA OBRA TEATRAL DE LOLA LÓPEZ "UN PAÍS QUE MATA A SUS POETAS" (4 DE FEBRERO DE 2023)



El próximo sábado, día 4 de febrero, a las 20:00 horas, en el Centro Cultural Mario Monreal, C/ Roma, 9, de Sagunto, se estrenará la obra teatral titulada UN PAÍS QUE MATA A SUS POETAS.La dramaturgia y dirección está a cargo de Lola LópezImágenes: Delia DíazAcordeón: Isabel LatorreViolín: Luisa Moya.

"FOLCLOR E HISTORIA: LA DIALÉCTICA DE OYARZÚN, PLATH, PEREIRA SALAS, DONOSO Y SALAZAR" POR EL POETA CHILENO YVAÍN ELTIT


 

JOSÉ MANUEL GIRONÉS EN EL ATENEO DE VALENCIA (6 DE FEBRERO DE 2023)



 

"LOS CAMINOS SE BIFURCAN" POR EL ESCRITOR CHILENO ANÍBAL RICCI

 



Tengo ojos descalibrados. Uno observa en blanco y negro, mientras el otro ve en colores reventados. El pasado impreso en sepia tan típico de las películas, a veces desconfío de la imaginación, ¿serán verdaderos mis recuerdos?

 

El pasado remoto tiene un montaje aleatorio, eventos distantes que no respetan cronología. El cerebro interpreta estos saltos y la corriente de la consciencia logra dar racionalidad a efectos que no parecen tener una causa.

 

Recuerdo la recesión de los ochenta en medio del primer episodio mental. El desastre de mantener fijo el tipo de cambio introdujo importaciones de productos desconocidos. La ilusión de mantener fortalecido el peso frente al dólar. No producíamos más, pero teníamos mayor acceso a bienes. Hay que reconocer el boom en la construcción, pero de un día para otro el tipo de cambio subió a más del doble y los créditos se hicieron impagables. Quebraron muchas empresas constructoras, aunque mi mente se había quebrado antes del crash.

 

Por el otro ojo veo en colores. La realidad es brillante, en las fiestas se oía música estridente. También había lentos y compañeras preciosas. Había pasado de largo la época en que mis compañeros bebían piscolas y en el carrete presente el vodka era lo habitual. Bebía bastante, pero sólo el pisco me dejaba mareado. Conversar con chicas y beber en exceso eran cosas diferentes. Deambulaba entre las paredes y bailar ya no tenía demasiado sentido. Siempre había otros en peores condiciones, por lo que pasábamos desapercibidos. Los padres nos dejaban tranquilos en sus livings, debíamos divertirnos mientras ellos lidiaban con la política. Nuestra generación no tenía problemas, pero bebíamos por nosotros y nuestros padres.

 

Tono gris. Primera vez que no entendía las materias, estuve enfermo la mayor parte del semestre e intercalaba amigdalitis con cuadros depresivos. Gris más oscuro. Mis padres perdieron el trabajo y empezaron a vivir de la indemnización por años de servicio. Al tiempo quebraron los bancos, desaparecieron los ahorros y esas platas solventaron las primeras pensiones de las AFP. Al principio convaleciente en mi pieza, pero de pronto tuvimos que dejar la casa y mudarnos al piso de atrás. Todo más pequeño y precario. A esa edad todo parece tener más importancia, el nuevo cuarto y la televisión se transformaron en el paisaje habitual. Mundo de programas infantiles alternado con noticias bombardeadas por los milicos, mientras en las noches los estelares mostraban un mundo de Bilz y Pap. Series gringas y dibujos animados, antes de que se llevaran el televisor. Cuando no tenía fiebre copiaba cuadernos y trataba de entender como en años anteriores. La memoria no era la misma y ya no comprendía las materias. Dos días sin fiebre y me hacían volver a clases, me sentía un robot, escuchaba a los profesores decir cosas sin sentido. Volvía la fiebre y el mundo iba angostando su perspectiva.

 

Color no tan colorido. De nuevo comprendía los libros, muchos de mis compañeros provenían de otras comunas con familias de mejor pasar. Al Manuel de Salas ingresaron varios hijos de milicos. Muchos padres seguían sin trabajo y mi padre ingresó al Programa de Obras para Jefes de Hogar. Algo de dinero era bienvenido y pese a haber repetido de curso me dieron beca completa en el colegio. Los partidos de fútbol en las calles quedaron en el pasado y la bicicleta se convirtió en el vehículo para visitar nuevos amigos. Salíamos a fiestas y escuchábamos Soda Stereo, un compañero grabó unos discos de Charly García y la vida se llenó de color. Alberto Pizarro copiaba casetes en el equipo de su padre, mientras en su pieza escuchábamos Iron Maiden.

 

Negro, muy negro. Por las noches me escabullía en la casa de adelante donde ahora hacían clases de yoga. Echaba a correr el agua helada y me sumergía para escapar del presente. Permanecía al menos una hora bajo el agua y no percibía el frío. Sensación extraña mientras las ideas se congelaban y surgían las primeras obsesiones. Quería acudir a los cumpleaños del pasado y conversar con los amigos, en realidad con cualquier persona. Durante meses mi cabeza giró a escasas revoluciones, estática frente a un futuro incierto, hasta que perdí el año por inasistencia.

 

Gris claro. Robé dinero a mis padres para comprarme unas zapatillas Puma. Luego de meses de pequeños hurtos logré el cometido y fue el primer artículo de marca al que tuve acceso. Mi madre encontró trabajo en el Instituto Profesional de Santiago y me regaló unos cotelé Wrangler igual al de mis amigos. Acudí al festival del colegio donde tocaron por primera vez Los Prisioneros. Mi padre se hizo vegetariano y yo juntaba los pesos para comer quesos calientes en El rincón tirolés. Ya no existía toque de queda y con mis amigos pasábamos a la fuente de soda a altas horas. A mi padre lo recontrataron en el Ministerio de Vivienda luego de revisar el sumario trucho que lo alejó de la institución. Delación de la que mi padre nunca nos habló. Pudimos salir a fiestas en el auto de un amigo mayor y en la casa de Félix Rubio se hizo habitual ver las primeras películas porno.

 

En el futuro el hombre recibirá una golpiza. El ojo bueno se hizo cargo de la historia, mientras en colores registró emociones desbordadas. Miedos atávicos cada vez que se drogaba y arrojaba al piso observando la rendija de la puerta. Siempre sospechó que alguien lo observaba. La prostituta se marchó y los pensamientos se tornaron oscuros. Esperando la tortura de otras veces, no en el cuarto de hotel sino en las calles clandestinas. El ojo hinchado apenas percibía colores difusos, como una cámara pateada por el oficial de turno. Vibraba hasta quedar estática, mientras las drogas lograban ahuyentar el miedo y el dolor.

 

Mentes no trastornadas perdieron la cordura durante esos años. 



viernes, 27 de enero de 2023

PRESENTACIÓN DE LA REVISTA "BARCAROLA" N. 101 EN ALBACETE (27 DE ENERO DE 2023)




 

TERTULIA POÉTICA EN VALENCIA: "EL ACTO CREATIVO" (31 DE ENERO DE 2023)



 

COMUNICADO DE PRENSA: MUSEO VICENTE HUIDOBRO NO CERRARÁ SUS PUERTAS

 


COMUNICADO DE PRENSA 

MUSEO VICENTE HUIDOBRO NO CERRARÁ SUS PUERTAS 

 

Agradecemos de corazón a todos aquellos que nos manifestaron su valioso y solidario apoyo ante el posible cierre del Museo Vicente Huidobro de Cartagena. En especial, al Presidente de la República, señor Gabriel Boric Fonc, quien prontamente nos manifestó su aprecio y su deseo de que el museo siguiera funcionando normalmente, e instruyó al Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio para que buscara las respectivas soluciones.  

A todos los artistas, escritores, traductores, editores, académicos, representantes de estamentos universitarios, instituciones culturales y lectores de Huidobro, que desde distintas partes del mundo se sumaron espontáneamente a esta noble causa, les expresamos nuestro profundo afecto y agradecimiento.  

Estamos muy felices de las innumerables muestras de apoyo recibidas durante estos días, lo que ratifica que el espíritu huidobriano está más vivo que nunca y que su expresión nos ha fortalecido en nuestra misión de continuar divulgando la vida y obra de nuestro poeta, la poesía y la literatura universal y la promoción de nuevos talentos en Chile y el mundo. 

 

FUNDACIÓN VICENTE HUIDOBRO 

Santiago de Chile, 

27 de enero, 2023 

martes, 24 de enero de 2023

NUEVO LIBRO DEL POETA Y ESCRITOR CHILENO ALEJANDRO LAVQUÉN: "EL AZAR DE LAS FRONTERAS"


 

La presente edición reúne poemas publicados entre 1983 y 2013. Los textos pertenecientes a Bitácora extraviada (2011), corresponden a la selección –de una selección– de poemas que fueron publicados en libros y cuadernillos cuyas ediciones, en tirajes limitados, se realizaron entre los años 1983 y 1999. Los textos han sido revisados por el autor y constituyen versiones definitivas. El resto de los poemas antologados pertenecen a los libros Sacros iconoclastas (2004), A buen paso atraviesa la noche (2009) y Fantasmas atrapados en su propio duelo (2013). También se incluyen algunos textos inéditos (2014-2015) y el poema Satángel.

 

Alejandro Lavquén

 

Entre sus publicaciones se cuentan: Mitología nórdica-escandinava (Ediciones Estrofas del Sur, 2021), Epopeyas y leyendas de la mitología griega (Tajamar Editores, 2019), Fantasmas atrapados en su propio duelo (Ediciones Tinta Roja, 2013), Había una vez en el Olimpo. Mitos y dioses griegos (Editorial Zig-Zag, 2013), A buen paso atraviesa la noche (Editorial Mosquito, 2009), Sacros iconoclastas (Editorial Mosquito, 2004), libro que también fue publicado, en 2012, en una edición bilingüe griego-español por Editorial Ekath en Atenas, Grecia.

 

Fue parte del equipo de redactores de revista Punto Final (1998-2018). En radio Nuevo Mundo condujo el programa literario “De puño y letra” (2000-2005). En la actualidad, junto a la periodista Sue Carrié de la Puente, conducen el podcast “Leer es la Palabra”.


"LA ESPERANZA QUE RODEA A LOS MORTALES" POR EL ESCRITOR CHILENO ANÍBAL RICCI



 

Presentaciones contra el tiempo en cada ciudad. Aeropuerto, rentacar, oficina del sostenedor. Software de última generación destinado a colegios. Servidores con cortafuegos y respaldos físicos independientes. La misma cantinela de siempre. En cada viaje el asistente no paraba de hablar. No le alcanzaba para llegar a fin de mes, problema de todos los chilenos que en ningún caso le daba derecho a refregármelo a cada rato. Le habíamos conseguido un importante aumento de salario. Conducía mientras me iba envenenando la sangre. Subo a propósito el volumen de la radio, pero sigue inmune a las indirectas y continúa con su perorata.

 

Mientras saca fotocopias espía a través de las paredes. La máquina queda junto a mi oficina. Descarga rumores entre los que deambulan por el pasillo al tiempo que se disfraza de funcionaria sociable. Cristina reserva la sala de reuniones, la primera persona que saludo todos los días, un saludo que sin embargo deja traslucir una mirada indefinida entre envidia y algo indescifrable. Lo peor, esa sensación de estar escuchando sus pensamientos. Un virus dentro de mi cabeza que me hacía dudar en cada momento. Cristina mostraba desplante frente a la concurrencia. Una vez la sorprendí con la oreja en la puerta y se hizo la desentendida esbozando una sonrisa. Repetía la tontería de que le habían prometido doblar el sueldo, algo complicado dado su currículo técnico. Suponía una subida de honorarios a todos los ingenieros y por el momento las finanzas de la empresa no podían solventarlo.

 

Una competente analista de sistemas, su renta estaba muy por encima del promedio de mercado. Había enviado un correo electrónico al director de la compañía, pasándome a llevar en cierto modo. Sus argumentos no tenían relación con un mejor desempeño. Reforzaba la idea de que no le alcanzaba para cubrir los gastos, que sus hijos no tendrían una buena educación y toda clase de argumentos de corte emocional. Cuando los pensamientos de Cristina se mezclaron con los del resto de los empleados consulté al siquiatra. Mi cabeza descifraba a su antojo las conversaciones al interior de la empresa. Oía voces a tres oficinas de distancia, en el pasillo e incluso en la sala de reuniones, todo a la vez, mezclado en una centrífuga.

 

Los directores de los colegios y sus profesores criticaban el software con vehemencia, suponían que reemplazaría sus trabajos, no lo sé, pero defender un software parecía de lo más extraño. Cristina ayudaba en las presentaciones, nacida en Caracas, su voz denotaba cercanía. Transmitía humor a la audiencia, imposible sospechar de las insufribles conversaciones entre ciudades. Sus hijos eran los más enfermos de todo Chile, se agarraban todas las enfermedades que pudieran existir, las más extrañas debo decir y los precios de los medicamentos siempre los más costosos. Teníamos un espía dentro de la empresa, pero no creo que Cristina calzara con ese perfil, aunque hablar todo el tiempo quizás era su fachada. Nos estaba yendo excelente con los nuevos clientes, juraba que las empresas de la competencia intentaban copiar nuestro modelo de negocio.

 

Quizás habían hecho correr un rumor entre las secretarias. No lo sé, pero mi vida estaba convertida en un desastre. Con mi señora apenas hacíamos el amor, compartíamos la misma cama, pero me quedaba dormido apenas ponía la cabeza en la almohada. No tenía momentos de paz entre tanto viaje y tanta reunión. El siquiatra recetó Fluanxol, el cuello y la espalda agudizaron la tensión. Imposible permanecer sentado frente al computador, salía disparado de la oficina esgrimiendo cualquier excusa. El medicamento evitaba que se mezclaran voces en mi cabeza, pero la angustia ante la persecución perduraba.

 

Me retiro temprano para refugiarme en el departamento. Cristina se colocaba en la situación de víctima, pero a su vez se inmiscuía en todos los asuntos de la empresa. Se enteraba de cuánto ganaba cada empleado, por lo que siempre cuidé de no comentar asuntos estratégicos delante de su presencia. Necesité de su experticia en las presentaciones, aunque sospecho que efectuaba asesorías externas a los mismos clientes de la empresa. La calidad de mi trabajo disminuyó notoriamente, aunque el cierre de los negocios permanecía inalterable. Se multiplicaban los clientes interesados en nuestros servicios. El director percibía que trabajaba con mayor ímpetu, cuando en verdad, poco a poco iba disminuyendo mi compromiso.

 

Ahora también desconfío de los clientes. Cualquier ruido, tos o movimiento de silla interrumpe las planificadas presentaciones. La gota que rebasó el vaso fueron las persecuciones en las calles. Memorizaba las marcas de autos que se repetían en distintos lugares. Fui más lejos y empecé a anotar las patentes. Mi cabeza estaba saturada de datos difíciles de procesar. Alquilo una habitación al día siguiente de la sesión con el nuevo psiquiatra. No me interesa su consejo, sólo busco fármacos para dormir. Le conté una historia horrorosa y la creyó. El botín sería una caja de píldoras que disolvería en un vaso de whisky.

 

Llevaba meses deprimido junto a la mujer de mis sueños. Encantadora como pocas, guardaba los mejores recuerdos. Ser esquizofrénico transforma todo en un martirio, me habían ascendido y nuestro departamento daba a un hermoso jardín de Plaza Ñuñoa. Cuando todo iba bien nadaba por las tardes en la piscina. Sin aviso previo surgió la depresión. Todo el contenido lo vierto en el primer whisky. Me había duchado por una cuestión de higiene y alcancé a degustar un segundo whisky. Me cubro con las sábanas sin saber si amanecería con vida. El sexo es importante, no querer hacerlo significaba un nuevo brote de la enfermedad. Quizás era más fácil arrojarse desde el balcón, pero la sangre en el pavimento podría ser traumática para otro ser humano.

 

Despierto tirado en el suelo junto al velador. Tengo la cabeza rota y la sangre salpicó al piso. Me arrastro hasta el baño y apenas puedo sostenerme en el lavatorio. Miro el espejo y el pelo está engominado. Echo agua para limpiar la herida. Estoy aturdido, pero al parecer vivo. No quiero volver a casa derrotado. He hecho infeliz a la mujer que amo por más de un año, tratando de explicar por qué me volví loco si éramos tan felices.

 

Voy manejando por la carretera. Antes de llegar a Copiapó estrellaré el auto contra un camión en esta vía de dos pistas. Anoche dormí en la comisaría de Los Vilos, en una curva choqué contra la barrera de contención. Los pacos me detuvieron pensando que iba borracho, pero les expliqué que tenía problemas con mi mujer. Recordé que había estado en el mall Plaza Norte. En el cine daban la última de Superman, pero estaba tan drogado que no supe cómo empezó ni cuándo terminó.

 

Conducía y las líneas del camino se hacían interminables. No sé en qué minuto ingresé a Vallenar. Me detuve en la parroquia y de mis ojos surgieron lágrimas tras un año que no terminaba nunca.

 

Pasaron otros cuatro años, pero esta vez la angustia alcanzó nuevos límites. Ni siquiera me sentía vivo ante una prostituta. Me emborrachaba buscando placer, pero el remedo de amor fue insuficiente. Para sentir que el paso del tiempo sirve de algo habré de gastar dinero. No me importa lo que digan de los billetes, es obvio que seduce su poder imaginario. Recuerdo que Cristina me invitó unos tragos en Calama. Lucía más alta en su vestido entallado. Descubrí que sus ojos eran verdes y entendí por qué el auditorio le prestaba tanta atención. Durante esa noche dejé atrás las conversaciones de años previos. Sólo retengo la angustia reflejada en los ojos de mi mujer.

 

Pacientemente reuní las cajas para volver a destrozar mi cerebro. Miro al espejo y estoy a mucha distancia de esbozar una sonrisa. Han pasado años y me encuentro tirado en el piso de la cocina. No veo sangre, pero los calambres invaden mis piernas. No puedo siquiera arrastrarme. Pasan horas y sigo congelado dentro de mi cuerpo. El citófono me recuerda que sigo consciente. Tengo los ojos llenos de una sustancia pegajosa que dificulta la visión. La cronología del tiempo se hace añicos cada vez que me colocan electrodos en la sien.

 

Dejo atrás Copiapó y observo las líneas de la carretera. Hay cabinas telefónicas apostadas a ambos lados, aunque no tengo intención de detenerme. Acelero a fondo y veo animitas en la berma. Tengo fragmentado el cerebro, no sé qué significan esas cruces. Son todas blancas e imagino que he muerto muchas veces. Miro el espejo retrovisor y supongo que le echaron limón a mis neuronas. El lóbulo frontal ya no responde y las manos se aferran con dificultad al volante. La enfermedad ha empeorado con los años y ahora nada funciona de acuerdo a mis deseos. Añoro accidentes vasculares para seguir oliendo esa esperanza que rodea a los mortales.