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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."



José Saramago

jueves, 23 de octubre de 2008

INGRESO A LA ACADEMIA CHILENA DE LA LENGUA, SANTIAGO DE CHILE, LUNES 20 DE OCTUBRE DE 2008


Invitación.



Público asistente a la ceremonia,entre ellos: mi madre, Visnja Milohnic Roje, Sonia Huerta, Héctor Henríquez, Bernardo Reyes y Sra., Gastón Sánchez, Paz Molina, Gustavo Barrera Calderón, Fernando Van de Wyngard, Osvaldo Contador, Elena Signorini, Antonio Ostornol, Mario Rodríguez.

Discurso de Recepción del poeta y académico Juan Antonio Massone.


Mesa directiva de la Academia Chilena de la Lengua: Alfredo Matus Olivier, director; Giberto Sánchez, Subdirector; Juan Antonio Massone, Censor. En el podio, el Secretario de la Academia, José Luis Samaniego.



Recepción por parte del Director de la Academia, Prof. Dr. Alfredo Matus Olivier de la medalla y el Diploma de Académico.


Junto al Director de la Academia y a mi tío, el dramaturgo y académico, José Ricardo Morales.


Leyendo el Discurso de Ingreso a la Academia.


Lectura del discurso: escucha Juan Antonio Massone.


Ya incorporado a la Academia, en la Mesa de la Directiva.


Otra panorámica del público presente: los académicos Tulio Mendoza, Humberto Giannini, Miguel Castillo Didier, mi madre, el Dr. Juan Idiáquez, Walter Jensen, el Dr. Xavier Feliú, entre otros.


Junto a Hernán Vallejos e Ingrid de Vallejos, Soledad y Maricruz de Reyes.


Junto a mis colegas y profesores, Alfredo Matus, Paula Mranda y José Luis Samaniego.


Con la Prof. Dra. María Olga Samamé, el Prof. Dr. Gilberto Sánchez, Subdirector de la Academia Chilena de la Lengua y la Profesora de la Universidad de Chile, Raquel Villalobos.


Con el poeta y guionista cubano Roberto Díaz Muñoz.


Con el Prof. Dr. Eduardo Godoy, académico correspondiente por Valparaíso y la pintora Ana Luisa Kohon y su marido.


Junto a la Secretaria de la Academia, Eva Peralta y acompañante.


Junto a mis primas de la Familia Roje, Patricia, Thamar y Vesna.


Junto a estudiantes de Literatura de la Facultad deFilosofía y Humanidades de la Universidad de Chile.


Con el poeta y Censor de la Academia Chilena de la Lengua, Juan Antonio Massone.



Con el poeta y gran amigo, Fernando Van de Wyngard.


Con Karen Müller, escritora e hija de escritores tan destacados como Pepita Turina y Oreste Plath.


Con la Señora Sonia Huerta de Henríquez y el Prof. Héctor Henríquez.


Junto al gran amigo, el Dr. Patricio Henríquez Huerta.


Mi madre, Visnja Milohnic Roje, junto a los diversos miembros de la rama chilena de la familia Roje.


Con mi tío Benigno Roje.


Con los queridos amigos Magda García y Félix Riquelme.

martes, 14 de octubre de 2008

TEXTO DE JUAN CÁMERON SOBRE JESÚS ORTEGA


Jesús Ortega, hace años residente en Suecia, ha sido sistemáticamente olvidado por los críticos, académicos y antólogos... Un error imperdonable que es casi una costumbre en Chile. Perteneciente a la Generación del '60 (o estríctamente hablando, de 1972) comparte este lugar junto a notables cultores del género como Juan Luis Martínez, Oscar Hahn, Manuel Silva Acevedo, Juan Cameron, Gonzalo Millán, Alejandra Basualto, Carmen Berenguer, Jaime Quezada, Omar Lara y Floridor Pérez, entre otros. Su primer libro, Las pizarras del mundo, fue elogiado y destacado como uno de los mejores libros publicados en el año 1968, pero luego, con el horror del golpe de estado y con el exilio de Ortega, su figura se fue desvaneciendo inexplicablemente en Chile (no así en Europa, donde ha sido publicado y traducido). en esta página he tratado de divulgar algo de su producción. Hoy me parece importante reproducir un artículo aparecido en la Revista "Liberación" de Malmö, Suecia, y que firma, haciendo justicia al poeta, el querido y gran poeta Juan Cameron.



De este mundo y del otro, de Jesús Ortega
Una necesaria antología


por
Juan Cameron

La reciente recopilación de la obra del chileno Jesús Ortega, quien reside en Malmö, da cuenta del oficio mantenido por este poeta a través de sus cuatro libros anteriores. Reconocido, por su cercanía expresiva, a la Promoción del 65, la poesía de Ortega nos resulta absolutamente sesentaiochista.
Es necesario repetir -para confirmar las versiones del autor- que en tiempos de la Unidad Popular, con Juan Luis Martínez y Raúl Zurita leíamos, en el Café Cinema, Las pizarras del mundo, editada en Santiago, en 1968, por un artista conocido más bien como mimo, una suerte de Chaplin en la incipiente televisión chilena. Esta anécdota se la conté a Jesús Ortega al conocerlo en un bar de Malmö, el Två Krögare, a fines del verano de 1987. Y lo leíamos, justo es decirlo ahora, con el mismo interés que a los beatniks, los surrealistas y todos nuestros héroes contemporáneos.
Algún buen amigo limpió aquel ejemplar de mis estanterías. Textos como El indolente, Leonídas en Sudamérica o El ángel derribado puedo rescatarlos ahora desde su esperada antología, De este mundo y el otro, editada recientemente en Suecia -en castellano dicho sea de paso- por Brutus Östlings Bokförlag Symposion.
Pocos meses después de aquel encuentro, Ortega entregó su segundo libro, Serpentímetra. Habían transcurrido casi veinte años y sus lectores se encargaban de reclamar por tal ausencia. El volumen, bilingüe, con traducciones de Lasse Söderberg, fue editado por Aura Latina, dirigida entonces por Pancho Pérez Santiago y su heroico camarada de armas, Rubén Aguilera. La presentación tuvo lugar el sábado 26 de septiembre en el Fredman, y contó con la presencia de Manolo de Utrera y su grupo en una tarde que ofrecía, además, flamenco y tango. Y si bien muchos de los textos acompañados ya los habíamos leído en su primer libro, piezas como Para hablar con las musas y Recuerdo a Carmona -esta última una verdadera joyita para la lírica nacional- se destacaron de inmediato.
Carmona es un poeta que ya se fue; pero sigue bicicleteando en el texto de Ortega: Es él y su Volvo idolatrado/ Es él llegando a mi casa/ Por la tarde/ Es él y yo y la Chabe tomando vino caliente con naranja/ En el jardín de mi casa/ En el jardín lleno de rosas de mi casa/ Es mi casa/ a 13.000 kilómetros de su calle/ La que pasa. Ritmo, cadencia y repetición construyen este nostálgico texto. Aunque en la versión original le agregaba un largo Chile de distancia.
El escritor se toma su tiempo. Luego de ocho años, en 1995, entrega, en versiones distintas, La vidriera irrespetuosa. La gente empieza a comentar que Ortega escribe poco, que está en deuda con la poesía. El poeta se defiende: no escribo poco,/ emborrono centenares de cuartillas,/ pero quemo mucho./ (El fuego inmola)/ y debiera echar a la fogata/ la mitad de aquello que no quemo, alega años después en un poema no incluido en ninguna parte.
Su visión apocalíptica (a la entrada de la isla/ De Manhattan/ Circe levanta su antorcha encendida), esos cuerpos prestados al amor y las verdaderas causas de los monstruos que allí nos explica, muestran el desarrollo logrado en la reiteración de sus temas. Aunque su verdadero conflicto -entre la desesperación por el decir y la concentración de la técnica- se expresa en estas páginas como una oposición bastante absoluta.
Jesús Ortega es poeta del descubrimiento, la inteligencia iluminada y el juego permanente. No estamos ante un simple continuador de Nicanor Parra -bien podría serlo también de Gonzalo Rojas- ni frente a un antipoeta declarado. Ortega maneja un estilo propio y reconocible, aunque muy vinculado a la Generación Universitaria del 65 y a sus primeros autores (Omar Lara, Oscar Hahn, Hernán Miranda Casanova, Jaime Quezada y Floridor Pérez aproximadamente) más que a la del 50, a la que por razones cronológicas podría vincularse. Y en tanto sujeto histórico ha permanecido siempre en la memoria y el registro literario nacional, aunque su ausencia a ratos sea causa de un desconocimiento marcado y ocasionalmente odioso.
La actitud lúdica de Ortega consigue, en Modestísima proposición (2005), momentos de intensidad y placer estético. El poema Iluminaciones, escrito ciertamente por alguien que conoce y gusta de la poesía, más allá del hecho de citar a poetas de diversas épocas, en sí un objeto valioso. La contracción semántica del verso 9 -Y Ungaretti d’inmenso- es un recado para golosos, un reflexión inversa, tal vez la única posible frente al espectacular verso del vate italiano. Es decir, una iluminación.
Otro punto de altísima inflexión consigue el poeta en el texto Se acabó la fiesta. Como en la mayor parte de sus trabajos, la cuestión política, la denuncia y el necesario apuntar con el dedo, están presentes con su lenguaje directo, indirecto, transversal o cotidiano. Cuanto hace aquí, Ortega, es ensamblar una serie de lugares comunes, imágenes recurridas, pastiches de nuestra cultura occidental, para mostrarlas al desnudo en una nueva armatoste, lírica, rítmica y absoluta. Como diría un argentino, «se pudrió todo»: Hemos roto la guitarra contra el piso/ Hemos incendiado el piano. / Estrangulado el arpa (...) The end./ Cierren y vámonos a casa./ Desde la poltrona veremos/ Pelícanos fritos en aceite.
De este mundo y el otro se cierra con un cuadernillo reciente bautizado como De par en par. El mérito de esta antología reside en poner de manifiesto su poética válida e interesante, como una expresión más de la poesía chilena, esta vez generada en el extranjero. Una poesía que, por lo demás, responde a la línea formulada por su autor desde sus inicios y que se adscribe al modernismo humanista de fines del Siglo XX. En ella se manifiesta una clara búsqueda de lo inteligente, lo sagaz y lo acertivo -así como de la perfección formal encaminada a la denuncia y a la liberación frente al dominio opresivo del mal. Pero esta búsqueda, en todo caso romántica, muchas veces deberá sacrificar la obtención de ese instante perfecto en beneficio de la realidad. De allí que el título elegido por Jesús Ortega Heller -poeta chileno nacido en Caracas en 1932- sea del todo preciso.


jueves, 9 de octubre de 2008

DOS POEMAS INÉDITOS DE JESÚS ORTEGA HELLER





















NO CAMERON, NO ESCRIBO POCO

No Cameron, no escribo poco,
Emborrono centenares de cuartillas
Pero entrego a la llama el verso tosco,
El fuego inmola y en sus lenguas brilla.

Mas no debiera dejar un solo verso
Sin sufrir el flamígero castigo,
Que después de todo pienso
Cameron, querido amigo,

Que igual lo que arde y lo que absuelvo
La traidora errata
Y lo florido,

Se ha de comer el polvo
o el diente crecido de la rata
dos maneras semejantes del olvido.



SI, GONZALO ROJAS, ADVERTIDO

“..de lo que uno se muere es de maniquí”
G. R.

Si, Gonzalo Rojas, advertido,
de maniquí termina uno,
sobre todo si arriba al importuno
momento sin haber vivido.

Que cruzado el lùgubre dintel
hay quien llega con el alma seca,
y pasa, hueco èl,
ella muñeca.

Y como todos por igual en la resaca,
baja uno a la fosa horizontal
a un yantar no prevenido,
donde no se es comensal
sino el comido.

Porque al fin,
maquillado y bien vestido
se llega al gran festín
con todo el aderezo,
pero eso que devoran en la fosa,
aunque baje tieso,
Gonzalo Rojas te juro, no es de loza,
ni mayólica, ni acrílico, ni yeso.

domingo, 5 de octubre de 2008

SELECCIÓN DE POEMAS DE LEÓN GUILLERMO GUTIÉRREZ


El alma dormita

El alma dormita y sueña
que al alba no estará sola,
sueña que sueña
lejos de sí misma,
atraviesa la noche en contemplación estática.
En silencio se enreda
en su propio silencio
y gira,
suave,
lenta,
alrededor de la flor de pétalos presentidos.
En el viento,
ingrávida se desliza,
se abraza a su propia levedad
mecida en el vientre de una noche
que se ignora a sí misma.

Afanosa asciende, se eleva
a un horizonte sin márgenes,
el camino es la invención del sueño
que en su andar tropieza con sueños
de otros sueños que se sueñan a sí mismos.

El alma despierta al alba,
escucha su silencio,
se envuelve en su liviandad
y gozosa
Sabe que está sola.



Noctámbulo pernicioso


¿Dónde comenzar,
en el periplo de tu cuerpo
o en los andenes de tu alma?

Noctámbulo pernicioso
transito sin acordes
en la partitura de tu cuerpo,
mi piel se convierte en violines,
tambores africanos gritan
chillan, se sacuden como palmeras
en ventisca de otoño.
Un remolino centrífugo concentra
lo que dicen es universo en este instante
en que fieras, alacranes, pájaros,
océanos, cielos y el paisaje todo
se trasmutan en la carne que contiene
la consagración de los misterios.

¿O hablo de tu alma?
precipicio que invita al suicidio.
Detengo aquí la pluma
porque no se puede fabular el amor rotundo
desde la inventiva del verso.

No obstante, me declaro
noctámbulo pernicioso
aún en la palabra.




Los solitarios



Los solitarios no hacemos ruido
pisamos levemente
con miedo a ser descubiertos,
presentidos.
Sonámbulos
caminamos
por ríos sin agua, sin peces.
Nuestro silencio escondido
es más potente que el estruendo
de la montaña.
Con los ojos abiertos
nos incendiamos de oscuridad
sólo la tinta delata
la llama que nos incendia.



Día baldío


Murió mi padre, mi cid campeador
siempre vencido en la victoria
siempre glorioso en la derrota,
la estrategia de tu vida
fue ser torre y caballo a la vez
resguardando un rey decapitado que no veías.

La noche amaneció muerta
derrumbada entre las patas de los grillos,
cigarras y ciempiés
con tambores y flautas anunciaron el duelo
mientras el sol hería las pupilas del silencio.

Como estruendo que cimbra
pisos, techos y paredes,
en el calendario se hiende
una fecha funesta.
Sin misericordia la empuñadura
de la daga choca con la cerviz del día ciego.
Y uno queda dando tumbos
sin puertas ni ventanas,
el sol perdida la razón
incendia pastizales, levanta el agua de los mares,
va de este a oeste, se pierde en su propia luz.

Porque sin ti, padre
el día quedó baldío
y decapitado mi corazón.



Ahíto es el tiempo


El tiempo es mío
las nubes hipócritas
me lo habían robado.


El tiempo se transluce
bajo la tela que perfecta
dibuja la silueta del deseo.
Entonces el tiempo es deseo
y viceversa.
No más.


Ahíto es el tiempo
Y el deseo también


Poeta de dos abstracciones
desgarro la tela,
tu piel y tu sexo
me convierten en el primer
y el último hombre.


Deseo y tiempo desaparecen
en los pliegues íntimos
y las nubes son sombras
que parpadean
de mi pupila a tu sexo.


Vertical, el tiempo y el deseo
se persiguen en una fina línea
antes que el tiempo fuera deseo
y el deseo tiempo.



León Guillermo Gutiérrez nació en San Julián, Jalisco. Realizó estudios de maestría y doctorado en literatura hispanoamericana en la Universidad de Texas en Austin. Poeta, narrador y ensayista cuyos textos han sido publicados en revistas y suplementos culturales de Chile, Bolivia, España, Estados Unidos, Inglaterra y México. Ha publicado Donde la ausencia (1990); Salmos del peregrino (1991); Voices of Land and Sea (1995); Los dardos de Dios (1996); Los colores de la noche (1997); El nacionalismo en la novela mexicana del siglo XIX (1998); Evangelios de la tierra (1999); No mueras esta noche. Amor en tres actos (2000); Poesía de Jalisco del siglo XX (2001); Prisma. Antología poética de la vanguardia hispanoamericana (2003); Bajo la piel de la escritura. Evolución y permanencia de la literatura iberoamericana (2004) y Fervor desde el trópico. Poesía religiosa de Carlos Pellicer (2007). Fue coordinador editorial y del Catálogo Patrimonial del FCE. Es Doctor en letras por la Universidad Autónoma de México. Es colaborador habitual del suplemento “La Jornada Semanal” y Profesor universitario.

RESEÑA AL LIBRO "EVANGELIOS DE LA TIERRA" DE LEÓN GUILLERMO GUTIÉRREZ por MARIELA INSÚA


Evangelios de la tierra de León Guillermo Gutiérrez. México D.F.: Instituto Veracruzano de Cultura. Colección Los cincuenta, 1999.



Mariela Insúa Cereceda
Universidad de Navarra



En Evangelios de la tierra del poeta mexicano León Guillermo Gutiérrez, se plasma un recorrido por las intrincadas rutas de la existencia del hombre que debe lidiar con lo sagrado y lo profano. Esta obra se compone de cuatro partes imbricadas, cada una liderada por un elemento. Aire, fuego, agua y tierra se suceden en esta vía de huida, encuentro, pérdida y remembranza. Asimismo, todas estas partes son evangelios y con ello procuran dar a conocer un estado particular. En este caso, el intento comunicante se vincula a una carencia que es propia del hablante pero que es factible extenderla a la instancia vital de todo ser que busca saciarse en el recuerdo.
La primera de estas partes, «Evangelios del aire», nos sitúa ante un hablante adolescente que huye y divaga. Incluso la religiosidad se ve coloreada por esta actitud rotante: «rezo, blasfemo, enciendo y apago cirios» («Paisaje en rotación»- p.14). El murmullo de otros que sufrieron de este mal de «carne adolorida» se hace eco en las murallas de la habitación donde «dibuja» sus versos. Es este un espacio de tributo a Vallejo, Whitman y San Juan de la Cruz. Destaca, en este trasfondo de incertidumbre, «El nombre del poema» (pp.18-19). Con su «voz en la tormenta» el sujeto nos acerca a la confesión de una pérdida adánica. El nombrar ya no posee la potencia que tenía en los orígenes y de aquí deriva el anhelo de retorno a esa tierra «de donde fui sacado» que será una constante en las siguientes partes. No obstante, no sólo se añora la palabra perfecta sino también a un otro con el que se compartió una noche de diálogo plagado «de signos y presagios/ de luces y de ángelus» «(Nocturno del alba» - p.22).
A continuación, «Evangelios del fuego», precedido por un epígrafe de Luis Cardoza y Aragón, se circunscribe al paso del hablante por el deseo del otro que ya se prefiguraba en el último poema de la sección anterior. El extravío halla su sanación en el sacrificio. La mirada es el vínculo que estrecha al yo y al tú. En los versos proliferan ojos en busca de esa luz que colma, deleita y derrite. Es ante estos ojos que el sujeto consigue recuperar parte del botín pasado: «y en esta eucaristía, recupero mi nombre primigenio» («Piedra de sacrificio» - p. 31). De este modo, se consuma la rendición del yo frente al tú que sana la herida de la pérdida. Este acto de entrega voluntaria al fuego de la carne lo ha purificado y le ha permitido acceder a un estado armónico ya olvidado. El espacio del Puerto de Galveston, presente en los poemas, «Sábado de Gloria» y «Dibujos de Galveston» constituye el ámbito de asidero de esta dicha pasajera.
En «Evangelios del agua», estamos ante el sujeto solo junto al mar, lo que ya está sugerido en el epígrafe de Lezama Lima. Un océano separa y une a los amantes. Tras el consuelo primaveral que se observa en el segundo poema de esta parte («Primavera en Madrid»- p. 50), el hablante retorna al extravío que, tras conocer el estadio de plenitud, se torna aún más agónico que en un principio. Dicho desgarro vuelve a vincularse a la pérdida del «hilo primigenio» («Luz de agua»- p. 53). En «Desde la ventana», uno de los poemas más notables del conjunto, se hace patente que la carencia se proyecta hacia el pasado. Su historia familiar lo observa desde la repisa y nuevamente la mirada ocupa un lugar preponderante. Sus padres enmarcados en los retratos de adolescencia son testigos mudos. Asimismo, otro lo vigila desde el reflejo del vidrio de la ventana. Y la secuencia se cierra con un verso que plantea un camino de lectura del libro: «Detrás de la ventana alguien me ve / que escribiendo me veo» (p.55). Así, el sujeto que escruta su presente y su pasado a través de la confesada actividad escritural, está frente a alguien que tras el vidrio lo observa en su afán. Si ampliamos el alcance de estos versos al poemario, podríamos afirmar que estos evangelios entregan la noticia de un sujeto que se quiere dar a conocer en el más allá de la ventana.
La obra se cierra con «Evangelios de la tierra», meta del transitar por los elementos previos. Tierra, origen, madre, infancia se aúnan en el entramado de los versos como añoranza irrecuperable. La armonía de la edad primera, en que el hablante se tuteaba con el mundo circundante y era dios en sus juegos, ha sido desplazada por el insuficiente rememorar de aquella cosmogonía. El hablante retrata el trágico colapso con la temporalidad, fue entonces cuando el horizonte del paisaje infantil se transmutó en «línea fina» y en «filo de navaja» («Puerto de Amsterdam» - p. 65). Cabe acotar que al romper lazos con el origen, el sujeto pierde el hilo de su destino y siempre «está por llegar» («El camino» - p. 66). El hablante se despide en «Buenas noches», con lo cual se acentúa la idea de comunicación con el polo receptor. Esta despedida consiste en inventariar sus pertenencias en la lejanía de un café de Austin. Ellas son el compendio de esa lucha permanente por recuperar el don una vez poseído. De este modo, confluyen en las palabras finales vestigios de su pasado y del de otros que como él sintieron el flagelo del anhelo de lo inaprehensible. El poemario se cierra con un poema breve titulado «Autobiografía instantánea» que ilustra la vuelta al extravío cadente y solitario del viajero.
León Guillermo Gutiérrez materializa la travesía del sujeto poético en versos libres y de métrica variada. El lenguaje se torna diáfano y las resonancias se integran al sistema sin ostentación. El experimentalismo gratuito cede frente a una intención de comunicación poética con mayúsculas. Las imágenes se pueblan de referencias religiosas y se confabulan elementos católicos con el proceder del sacrificio azteca. El aporte del autor radica en que la exquisitez de la combinación no oscurece la humanidad que late en sus versos.
En Evangelios de la tierra cada poema es parte del compendio vital que procura retratar el periplo del ser. Un sujeto hecho de palabras es centro del evangelio que se funda en la escritura y el lector, frente a esta honestidad existencial, se siente tentado a dejarse evangelizar.

viernes, 3 de octubre de 2008

I SEMINARIO DE ESTUDIOS CATALANES


Mercé Rodoreda

El lectorado del Institut Ramon Llull, el Departamento de Lingüística, el Departamento de Literatura y la Dirección de Extensión de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile organizan el I Seminario de Estudios Catalanes en Chile, con ocasión de la conmemoración del centenario de la escritora catalana Mercé Rodoreda, en el marco del "Año de Rodoreda".

En este Seminario se ofrecerá una visión panorámica de la lengua y la cultura catalanas, junto con una aproximación al contexto social, histórico y literario del siglo XX en el que escribió Rodoreda.

El evento contará con la participación de los profesores y académicos Haydée Ahumada, Pablo Duarte, Manuel Jofré, Alfredo Matus, Andrés Morales, Carla Peñaloza y Soledad Vargas.
El seminario se realizará el Miércoles 29 de octubre entre las 9:00 y las 13:00 horas, en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile (Ignacio Carrera Pinto 1025, Ñuñoa, Campus Gómez Millas).

El acto será gratuito y está abierto a todo el público, pero requiere de inscripción previa.
Para más información pueden dirigirse a los correos
pduarte@lectorats.net o pabduarte@uchile.cl o llamar a los teléfonos 978 70 27 o 978 70 11.



PROGRAMA



SEMINARIO DE ESTUDIOS CATALANES
Con motivo de la conmemoración del centenario
del nacimiento de Mercè Rodoreda
Facultad de Filosofía y Humanidades,

Universidad de Chile, Santiago

Miércoles 29 de octubre de 2008, de 9 a 13 horas

9:00
Inauguración Oficial

9:15 Historia y sociedad

Carla Peñaloza“Cataluña entre la posguerra y el posfranquismo”

Soledad Vargas“Sociedad catalana de la transición”

10:00Descanso

10:30 Lengua

Alfredo Matus“Importancia del catalán en la romanística”

Pablo Duarte“Lengua y literatura catalana: de Franco a Frankfurt”

11:15Descanso

11:45 Literatura
Andrés Morales“Panorama de la poesía catalana contemporánea”

Manuel Jofré“En torno a El jardín de los siete crepúsculos, de Miquel de Palol”

Haydée Ahumada“Otra mirada de la Guerra Civil española desde la Plaza delDiamante de Mercè Rodoreda”

13:00 Cierre

sábado, 27 de septiembre de 2008

PRESENTACIÓN DE LA "CUARTA ANTOLOGÍA DEL TALLER NUEVE" EN EL "INSTITUTO CULTURAL DE LAS CONDES"



Publicada por Editorial "La Trastienda" que dirige la conocida poeta y narradora Alejandra Basualto, fue presentada en el Instituto Cultural de las Condes la CUARTA ANTOLOGÍA DEL TALLER NUEVE: HOMENAJE A MIGUEL ARTECHE.

En el acto del lanzamiento presentaron la obra los escritores y académicos Hernán Poblete Varas y Alfonso Calderón (Premio Nacional de Literatura), quienes se refirieron al poeta homenajeado y a su trascendencia como persona y escritor. A continuación (y luego de la interpretación de algunos tangos que ofrecieran músicos especialmente convocados para la ocasión), el poeta y académico e integrante fundador del Taller Nueve, Andrés Morales, se refirió a la importancia de la obra de Miguel Arteche en las letras nacionales e hispanoamericanas. Anteriormente, la poeta y también integrante fundadora, Alejandra Basualto, relató su experiencia al participar en la ya famosa tertulia literaria de Arteche y en lo que significó este taller para ella y para todos sus integrantes que, sin excepciones, se encontraban presentes, junto a la familia del poeta, y un nutrido público, en la “Sala de Actos” donde se llevó a cabo la presentación.

En este libro antológico se incluyen textos de los poetas y narradores: LUISA EGUILUZ - VIOLETA CAMERATI - MARIO RODRÍGUEZ - ELIANA VÁSQUEZ - ANDRÉS MORALES - IVONNE GRIMAL - DIXIANA RIVERA - GÉMINA AHUMADA - ALEJANDRA BASUALTO - GLORIA AGUIRRE - HERNÁN BAEZA - ROSANNA BYRNE - INGE CORSSEN - ENRIQUE GRAY - VILMA ORREGO - ALICIA PUIG - ASTRID FUGELLIE - ANA MARÍA VIEIRA - CRISTINA LARCO - MARÍA DE LA LUZ TORRES - LORETO ARRIGORRIAGA - PATRICIA MELA - MARÍA LUISA DAIGRE - LILIANA PAULUAN - ALEXIA KARAMANOS - ANA LUISA SERRANO - REGINA VOGT y CARMEN VILLAVICENCIO

La antología, que ha sido concebida como un homenaje al maestro Miguel Arteche, Premio Nacional de Literatura 1996 y director del ya mítico "Taller Nueve de Poesía", se publica a treinta años del Taller "Altazor" que dió origen al "Taller Nueve", el que, a su vez, cumple 29 años desde su fundación.




Presentación de la obra a cargo de los poetas y académicos Andrés Morales, Hernán Poblete Varas, Alfonso Calderón y Alejandra Basaulto.



El poeta Andrés Morales expone en torno a la obra del poeta Miguel Arteche.


El escritor, crítico y miembro de la Academia Chilena de la Lengua, Hernán Poblete Varas describe la personalidad del poeta y Premio Nacioal de Literatura, Miguel Arteche.


Alejandra Basualto solicita un aplauso de gratitud para el Maestro Arteche.


Martín Huerta del diario "La Nación", el poeta homenajeado, Miguel Arteche y parte de los fundadores y poetas del "Taller Nueve": Ivonne Grimal, Violeta Camurati, Eliana Vásquez, Mario Rodríguez y Gémina Ahumada.


La poeta e integrante del "Taller Nueve" Ana María Vieira, el poeta Andrés Morales y el fotógrafo Luis Ladrón de Guevara.



Los presentadores de la obra: de izquierda a derecha, Andrés Morales, Hernán Poblete Varas, Alfonso Calderón y Alejandra Basualto.



Parte de la extraordinaria concurrencia, entre ellos el filósofo y Premio Nacional Humberto Gianini.



Foto con el Maestro Arteche y algunos de los integrantes y fundadores del "Taller 9 de Poesía":

de izquierda a derecha, Loreto Arriogorriaga, María Luisa Daigre, Ximena Garcés de Arteche, Ana Luisa Serrano y Andrés Morales, entre otros.



Otro aspecto de los integrantes y fundadores del taller junto a Miguel Arteche.



















El poeta Andrés Morales y el gran fotógrafo chileno Luis Ladrón de Guevara Larsen.











La esposa del poeta, Ximena Garcés y la poeta, narradora y fundadora del "Taller Nueve", Alejandra Basualto.



















La poeta y fundadora Ivonne Grimal.











































Los poetas y fundadores Andrés Morales y Mario Rodríguez y las escritoras e integrantes del "Taller Nueve", Loreto Arigorriaga y María Luisa Daigre.









Las poetas y fundadoras Gémina Ahumada y Violeta Camurati.

lunes, 22 de septiembre de 2008

X COLOQUIO DE HUMANIDADES EN LA UNIVERSIDAD DEL BÍO-BÍO, SEDE CHILLÁN

Los poetas Andrés Morales, Juan Gabriel Araya y Patricio Espinoza en la concurrida Lectura Poética de la tarde.

Autoridades y público asistente.


El Prof. Dr. Iván Carrasco dicta la Clase Magistral "El Cánon Literario".


Con una clase magistral del Dr. Iván Carrasco, académico de la Universidad Austral de Chile, y lecturas poéticas de los poetas Juan Gabriel Araya, Patricio Espinoza y Andrés Morales se efectuó el "Décimo Coloquio de Humanidades" el pasado miércoles 10 de septiembre en la Universidad del Bío Bío en su sede de Chillán.

A la primera parte de la reunión (en el Auditorio “Miguel Jiménez Cortés” de la Facultad de Educación y Humanidades, en el campus La Castilla de la sede Chillán) asistieron el Rector, Héctor Gaete Feres; la Prorrectora, Gloria Gómez Vera; el Decano de Educación, Marco Aurelio Reyes Coca; la Directora del Departamento de Artes y Letras, Marianela Navarrete Hetz; la Directora de la Escuela de Pedagogía en Castellano y Comunicación, Berta López Morales; profesores y un gran número de estudiantes.

Antes de la conferencia del profesor Iván Carrasco, dedicada al tema: “El canon literario”, intervino el profesor Juan Gabriel Araya Grandón, jefe del proyecto “Coloquio de Humanidades”, quien hizo una reseña de lo que ha sido esta actividad desde sus inicios el año 1996, constituyéndose a lo largo del tiempo en una instancia de reflexión y debate en torno a temas de interés que trascienden el ámbito exclusivamente literario.


En la tarde, a las 19 horas, en el salón “Andrés Bello” del Centro de Extensión de la Universidad, se realizaron las lecturas del poeta y académico Andrés Morales, profesor de la Universidad de Chile, quien leyó parte de sus poemarios inéditos DESOLACIÓN DE LAS CIUDADES (Beca para Escritores Profesionales 2008 del Consejo Nacional del Libro y la Lectura) y LOS CANTOS DE LA SIBILA (a editarse este año en Editorial Universitaria); del poeta y académico Patricio Espinoza, periodista y profesor de semiótica de la Universidad del Bío-Bío, quien realizó una lectura multimedal de su obra y, del poeta y académico Juan Gabriel Araya quien presentó su libro recientemente editado, CERROJOS (2008). El profesor Iván Carrasco de la Universidad Austral y varios de los asistentes del público realizaron comentarios y dialogaron con los autores.

domingo, 14 de septiembre de 2008

FRAGMENTOS DEL POEMA "NOCTURNO DE SANTIAGO" DEL LIBRO INÉDITO "DESOLACIÓN DE LAS CIUDADES" de ANDRÉS MORALES


III

Esta ciudad se alegra en su desgracia cierta,
esta ciudad se viste en medio del desierto,
esta ciudad se cubre los ojos y enmudece
cuando los pájaros emprenden su vuelo a la deriva.

Recrea carnavales, despierta a los difuntos,
describe dos mil saltos sobre las cordilleras.

Esta ciudad agónica de ritmos que no baila
y de frases aprendidas en una lengua muerta.

¿Tendrá un final feliz, habrá de recordar
el tacto de los árboles, el fresco olor a noche?

Parece que se ha muerto esta ciudad alegre.

Parece que no existe esta ciudad ajena.

Parece que recuerda sus años más secretos
y cierra ya sus muros en una mueca insomne.



IV

El campanario anuncia una mañana en ascuas
y una tarde lenta de lluvias de otro tiempo.

Monótonos en días, en horas, en minutos
los segundos muerden su pasado inquieto.

Aquí no pasa nada, ni el tiempo nos consume.

Aquí no existe Dios, ni el cielo lo presiente.

Aquí se hunde el sueño en una despedida
de voces y palabras que nunca dicen nada.

La Nueva Extremadura no es dura ni es extrema:

Santiago no recuerda su nombre ni sus pasos.

La atroz provincia duerme en una pesadilla
de torres que se tuercen y calles sin sentido.

La vil memoria escribe en la montaña sola:

Santiago ya no existe, Santiago no ha existido.

Esto que vivimos es otro sueño ajeno.


V

Y nada de invocar ese dolor de muertos,
de pálidos semblantes en esas fotos viejas.
Nada de rasgar las vestiduras propias
en señal de lutos ajenos que no acaban.

Santiago no ha llorado ni llora por su suerte,
esta ciudad se rinde al arquitecto infame
que habrá de derrumbar hasta sus cimientos.

Esta ciudad se rinde ante la voz de mando
que aún la desentraña, la humilla, la deshonra.

Nada de llorar o de entonar un canto
fúnebre y sereno,
como si todo fuese nada.

En medio de la plaza recuerdo a los que entonces
callaron ante el amo de todas las desgracias.

El cielo cae a trozos, es un decir, y cae:

El mismo cielo verde o gris, el mismo cielo
y la ciudad se esconde, escapa, se desangra
y la ciudad apaga sus luces y enmudece.