La página de Andrés Morales (1962), poeta, ensayista y académico chileno, es un Blog de apuntes y escritos abierto a todos aquellos interesados en la literatura y, en especial, en la poesía. Contiene poemas, artículos, notas, comentarios, críticas, reseñas, fotografías y en general, todos los tópicos imaginables e inimaginables en torno a la poesía, el cine, la prosa y la literatura chilena, hispanoamericana, española y europea de todas las épocas y estilos.
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José Saramago
miércoles, 17 de mayo de 2023
martes, 9 de mayo de 2023
domingo, 7 de mayo de 2023
viernes, 5 de mayo de 2023
"LA BARBERÍA" POR EL ESCRITOR CHILENO ANÍBAL RICCI
Lonely world inunda el aire.
Winston acaba de terminar el corte de pelo y debo reconocer su destreza con la
tijera. Ni tan corto ni tan largo y la pelada pasa piola. Me dice que la música
proviene de un mix de blues para relajarse. La voz de Freischlader es atmosférica
y los acordes de guitarra sublimes. No está mal para una barbería de Ñuñoa.
Cuatro sillones hacen innecesario pedir hora, la chica de la recepción da
cuenta de los valores. Es bastante costoso, pero mi mente ha sido sacudida por
pensamientos alocados. Llevo una semana con flashes de prostitutas y
transexuales. Representan el aquí y ahora para escapar de la angustia ante el
futuro. Mi cerebro contiene su propia película porno y entre medio converso con
Winston acerca de que he plasmado ideas muy complejas en mi último libro. Unos
cuentos existenciales que permitirán que otros vean el caos al interior de mis
neuronas. Despilfarrar unas lucas para rasurar la barba es mejor que gastar ese
dinero en droga. Ya es tarde, creo que he sorteado un nuevo día sin inhalar
ningún gramo.
Winston es venezolano y me habla de
algunos de sus compatriotas que viven en su edificio del centro. Todas las
noches suben la música a todo volumen y arrojan la basura a la calle desde el
quinto piso. Gana bien en este local y el dueño le arrienda el sillón por hora
más un porcentaje por cada cliente. Le respondo que me parece una mierda que
todo sea dinero y comisiones, pero que le alcanza para el arriendo y mandar
unos dólares a Caracas. Allá lo espera una mujer y su hijo, aunque planea
traerlos a Chile dentro de unos meses. María Gabriela atiende un salón de
belleza y quizás en este país podrían independizarse. El vecino del quinto
apenas lo deja dormir y hay otros chilenos que lo quieren echar, pero al
parecer tiene contactos en el bajo mundo. Le da rabia cómo los chilenos del
edificio lo miran en las escaleras, está seguro que lo confunden, pero las
explicaciones de extranjero darían lo mismo.
La máquina corta el exceso de barba. Me
ofrece una cerveza y medio confundido se la acepto. Blues in my bottle,
con Willisohn al piano, cantante alemán menos atmosférico, pero igualmente
relajante. La música de Freischlader parecía sacada de una película de David
Lynch, mientras lo de Willisohn mezcla saxo y piano y se parece un poco al Us
and them de Pink Floyd. Recuerdo al chico trastornado de The Wall, esa idea
de que el individuo debe confundirse en la masa al son de consignas fascistas o
comunistas, para el caso, da lo mismo. Mis ideas son afiebradas, veo a las
mujeres paseando por la calle y les tengo miedo, miedo de esas madres que
inculcan ideas extrañas, que ahora son feministas, pero que en el pasado te
protegían hicieras la barbaridad que hicieras, mientras le pegaban a tu hermana
por no entender la lección del colegio. La nana, la madre, las profesoras
contra una niña cursando sus primeros años. No se adapta al colegio, decían,
mientras mis compañeros de media eran realmente unos salvajes. Mostrándole el
pene a una compañera poco agraciada, pero eran hombres y podían hacer lo que
quisieran, o desnudar a sus compañeras en el patio del colegio. La culpa sería
de las chicas, que heavy esta enseñanza donde sólo sobrevive el más apto, el
más duro, o aquel que entiende todo en clase y hace la vista gorda. Maldita
educación chilensis donde sólo sabes de memoria algunas cosas y tienes que
arreglártelas con tus emociones. Estoy pasando por una psicosis de mierda y
todo tiene connotación sexual. El porno eterno de mi cabeza que sólo puedo
acallar un par de días con una fuerte dosis de droga.
Winston tiene una familia, algo que está
vedado para un loco. Uno puede jugar a la cordura y elaborar algo similar al
amor, pero a la vuelta de la esquina me encuentra la esquizofrenia y ya no
puedo lidiar con la oficina. Esas secretarias de mierda que hablan a tus
espaldas y me dan una licencia y los psiquiatras experimentan con nuevas dosis.
Sertralina para hacer ver el mundo mejor, Quetiapina y Trazodona para dormir,
debido a que el insomnio es el infierno en la tierra y cuando crees que tus
ideas son cáusticas, espera a no dormir tres días y no quedará una gota de
emoción en tus venas. Las emociones son útiles, si no son como esperas, al
menos en las películas te enseñan su graduación. De un día para otro no quieres
trabajar porque desconfías de tus compañeros de trabajo y empiezas a trabajar
desde tu ordenador desde un café o de la casa, y luego ese idílico departamento
que habitas con la mujer de tus sueños se convierte en una jaula. Son tantas
las noches en que quedé atrapado en mi propio cuerpo, un ser con un rostro
demoniaco sale desde el techo y no puedo moverme, solo girar la cabeza y ver a
mi mujer durmiendo que no se entera de que convivo con los dementores de Harry
Potter. Estos extraen las emociones que dan vida a un ser humano, pero ya venía
cuesta abajo y este espectro no tiene nada que extraer de mi cerebro, sólo me
infunde miedo, no tan diferente del miedo a la oficina, a mi jefe y de todas
estas mujeres que pasan a mi lado. Mi señora era tan comprensiva, nos
llevábamos bien en la cama y en las conversaciones de restoranes, aunque el
problema siempre fueron los tiempos muertos. Subo el volumen de la radio,
acelero y la música rock acelera el jazz urbano y me traslada a este blues
nostálgico que transcurre a dos kilómetros por hora. Acelero y visualizo mi
corazón a punto de detenerse. Estaciono en el sótano del edificio y subo al
octavo piso. Toco el timbre y converso como si todo estuviera normal, pero
escucho a los estacionadores de autos de Plaza Ñuñoa que me dedican insultos
irracionales. Más tarde iremos a caminar con Magdalena y todas estas cosas
demenciales, unos meses más tarde las acallaré con drogas huyendo por la
Panamericana Sur.
Winston tiene esposa e hijo, no vive en
un lugar muy groso y los dueños le cobran por minuto. Pero tiene una mujer que
confía en él, no es el maldito lunático que ahora le conversa y que por estos
días vive entre droga, porno, putas y travestis, en distinto orden o mezclado,
pero definitivamente en un mundo donde el dinero le permite por lo menos vivir
un presente, extraño, con emociones al límite, pero emociones a fin y al cabo.
If a had money, es la
siguiente pieza de los Blues Delight. Vuelve la guitarra acompasada, estos
blues son muy ambient, sólo un remedo del gran Muddy Waters. Pero estos blues
relajan mientras Winston coloca espuma en mi rostro y comienza a rasurarme con
navaja. El banco se llevó mi departamento y si tuviera dinero viviría en una
casa, al interior de la cual pudiera sentirme a gusto con mis delirios. Dos
veces la meditación oriental me ha salvado de la locura extrema, pero cada
nuevo episodio es peor y voy por la vida coleccionando personalidades. Viví
como monje algún tiempo, ya en la anterior crisis una mujer histérica me lanzó
al vacío. Después de eso me enamoré de un transexual. Iba a su casa cerca de
laguna Sausalito y lo pasaba genial. Yo con cocaína y ella con pasta base, cada
uno con sus vicios. Pero era divertida y no siempre tenía que salir a ofrecer
sexo en las calles. De nuevo me encuentro en caída libre y no puedo aquietar la
mente, meditar o encontrar algo de paz. Me gustaría tener a alguien a mi lado,
pero soportarme diez años fue un calvario para mi mujer. Si mi vida fuera
escribir, conversar con ella, hacerle el amor y caminar tranquilo por las
calles, eso bastaría, pero soy un paciente que necesita de contención en todo
minuto. Estos tiempos muertos me están matando. Soy una carga demasiado pesada
para una mujer y como dije, la hipoteca se llevó mi departamento. Quizá debí
venderlo a tiempo, pero mi cabeza era un desastre y mis familiares le
encontraron razón al banco. Uno necesita raciocinio las veinticuatro horas, no
sirve que durante dos horas tu cabeza esté en Marte. Fui quedando solo y por
miedo a un nuevo brote no consumí alcohol durante años, pero tampoco salí a ninguna
parte y me dediqué a escribir en una pieza arrendada. Escribí de películas, de
política, cuentos, una novela, pero de repente no pude seguir meditando y la
mente se tornó agotadora. Mantener la compostura cuando vas cuesta abajo
requiere pensar todo lo que haces para que la gente no se dé cuenta y te
aparten como a un leproso. Pero ese esfuerzo es a nivel intelectual, mientras
desaparecen las emociones humanas más básicas. Al final, unas tazas de café son
lo único que te mantiene al otro lado de la cerca, hasta que un buen día ya no
quieres más café.
Winston coloca unos paños calientes
sobre mi rostro y el blues ha obrado como esas meditaciones que echo tanto de
menos. Son los últimos retoques con la navaja, me enjuagan el pelo y salgo a la
calle con una incontrolable pulsión por ir a la población Santa Julia. La droga
me espera y no puedo escapar, ha suplido a la meditación y me permiten un aquí
y ahora que deja atrás las atrocidades cometidas en cada nuevo brote de
esquizofrenia.
Ahora son las cinco de la mañana y los
pájaros horadan mi cabeza con esos cantos que impiden dormir. A veces pasa, hay
días en que la mezcla de Trazodona y Quetiapina no me salva del insomnio. Las
voces interiores volverán a aparecer y estos malditos pájaros me denostarán hasta
transformarme en un animal en esta caverna de sombras.
lunes, 1 de mayo de 2023
"EL POETA", TEXTO INÉDITO DEL LIBRO "EL POEMA" DE ANDRÉS MORALES
EL POETA
Con la mirada torva de un emperador de Roma,
sin triunfos ni avenidas y cruel en el desprecio,
su tacto frío, inútil, carente de alegría,
su voz entrecortada, segura y en delirio
de inmensa catacumba y abismo sin desgracia.
Su corazón, que dicen, alado y en desdicha,
su corazón terrible, en el espejo siempre,
firmando algún poema que no tendrá destino,
temblando ante el desierto de incierta eternidad.
"THE LAST OF US" POR EL ESCRITOR CHILENO ANÍBAL RICCI
La neurobióloga Joan Wright lleva a cabo
su ponencia científica en el congreso bajo el rótulo de Los nuevos zombis. Las drogas
atacan al cerebro y ralentizan los pensamientos, sobre todo inhiben el
desarrollo de emociones dentro del espectro normal. Esta última palabra resulta
bastante imprecisa en psicología, apunta a cierta conformidad con la regla, al
comportamiento que no se aparta del promedio.
El sujeto de prueba ha sido sometido a
numerosas dosis de alcohol. Acabado el pitcher, solicitará un nuevo schop a la
mesera. Llama a sus contactos del celular, presiente que si no opera dentro de
las convenciones su conducta no será la adecuada. Responden algunos, pero no
concerta una cita. Cancela la cuenta y aborda un taxi en busca de tres gramos
de droga, todavía hay límites dentro de lo irracional.
La doctora recurre a su primera
digresión. La cinematografía aportará un buen punto de partida al mundo de los
zombis, seres cometiendo actos involuntarios que supondrán riesgos importantes
contra la preservación de la civilización. Especímenes que surgen en escenarios
apocalípticos, quizás en respuesta a la sobrepoblación mundial.
El sujeto ha recibido el resultado de
los exámenes serológicos que han salido todos negativos. Dos tazas de café
cargado y el centro de placer requiere retribución. Habrá que celebrar, su
próximo destino será el bar.
Zombis existen en todas las clases
sociales, sujetos en los que el bombardeo de estímulos desencadena conductas
aberrantes reinterpretándolas como actos racionales. Internet será una fuente
de imágenes que actúan de manera silenciosa al interior de los cerebros.
Subsisten la pornografía y la publicidad, lenguajes que enaltecen formas de
vestir o expresarse fuera de la llamada normalidad.
El sujeto no recuerda el camino que lo
condujo al dealer. Luego de la transacción se encamina a abordar un Uber, pero
con sólo probar la droga pierde de inmediato la consciencia, efecto no buscado
y que se hubiera evitado si alguno de sus amigos de Internet le hubieran
respondido.
Las redes sociales validarán esas
conductas perniciosas miles de veces por segundo y van conformando el
pensamiento zombi, forma de estructurar ideas a partir de algoritmos
matemáticos que operan dentro de los motores de búsqueda. Una forma
estandarizada de pasos para llegar a soluciones que maximizan el placer de los
usuarios.
El sujeto deambula sin consciencia por
las calles hasta que reactiva su cerebro. Se encuentra apoyado en una pared y
bebe de un sorbo lo que queda de la petaca de whisky. Queda atrapado en su
cuerpo, la perfecta definición de un zombi.
Lo estándar es contrario al pensamiento
creativo que se produce cuando la mente itera soluciones a conflictos variados.
En el mundo de Internet estas soluciones provienen de un número limitado de
opciones a las cuales el usuario recurrió frecuentemente en el pasado y que
resulta en la paradoja de que todas las vertientes del futuro son determinadas
por el comportamiento de períodos anteriores.
Las primeras veces en que el sujeto
consumió droga simplemente sintió euforia, un exacerbamiento de las capacidades
físicas. Ahora simplemente cae al suelo al tiempo que masca otra dosis de
cocaína. Lo físico ha dado paso a lo mental. El placer experimentado por el
cuerpo obtiene imágenes extraídas de la red. Pornografía, escenas de películas,
con la mente atrapada en el cuerpo, sin opción alguna a generar una idea
original.
La modelación hace que el futuro lejano
sea determinado cada vez por un menor número de variables del futuro cercano.
Las conductas resultantes repetirán los mecanismos del pasado y no
experimentarán el ensayo y error, sino más bien un error continuo.
Al sujeto lo aborda el pánico. Antes
había aplacado el miedo y no le interesaba el entorno. Pero ahora calibra la
situación desde el suelo esperando el momento propicio para levantarse.
El ensayo y error ha sido fundamental en
la evolución del conocimiento humano y denominaremos pensamiento zombi a aquel
que se queda estancado en el pasado e impide el desarrollo de la ciencia.
Deambula nuevamente por calles
desiertas, a la espera de una avenida concurrida. Palpa sus bolsillos y extrae
el celular. Pide un Uber a la ubicación y su cerebro le recuerda opciones del
pasado. Todavía queda dinero y volver a casa resulta demasiado irracional.
El zombi se encuentra atrapado en
recuerdos de antiguas amistades, en la idealización de una expareja, todo
aquello que niega la posibilidad de un futuro.
Carol lo espera en la esquina de
siempre, Caroline es su nombre verdadero. Después de la droga ha recurrido a un
par de viagras. Ejecuta el acto ancestral, pero algo tan mecánico lo paraliza.
Ha vuelto a la carga dos veces y de pronto apoya su cabeza en el vientre de la
mujer.
Por eso las drogas permiten al usuario
acceder al presente, al aquí y ahora disfuncional que le brinda un escape del
pasado, donde persiste el anómalo comportamiento de no imaginar un futuro, ni
siquiera impreciso, simplemente no existen soluciones al cerebro bombardeado
por redes sociales. Un mundo de amigos que no son amigos, de deseos que no son
los propios, de necesidades inalcanzables que deshumanizan continuamente al
sujeto.
Carol siempre insiste en lavarse las
manos. Los preservativos son sagrados, incluso para el sexo oral. Pero todavía
no se ha convertido en prostituta, aunque cobre por sus servicios. Acaricia el
cabello del sujeto de pruebas y bastará ese pequeño instante de cariño para
validar toda la espiral de vicios. Emoción antigua anterior a la era de
Internet, si bien la ha experimentado otras veces, de pronto le permiten
sentirse humano. Cariño se encuentra dentro del espectro normal, contrario a la
euforia o depresión que le generan las redes sociales.
Hoy en día las respuestas se obtienen de
Internet y los datos se dejan de procesar debido a que la información viene
digerida. La droga va apagando las emociones y sólo quedan estos remedos de
satisfacción digital.
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