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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."



José Saramago

domingo, 14 de febrero de 2016

X FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA "PALABRA EN EL MUNDO" (1-31 DE MAYO DE 2016)



EXCELENTE RESEÑA EN FRANCIA (2015) DEL POETA CHILENO RODRIGO VERDUGO POR SU LIBRO "VENTANAS QUEBRADAS" (2014)


CONCURSO INTERNACIONAL DE LITERATURA "ÁNGEL GANIVET" 2016




La Academia Hispanoamericana de Buenas Letras es una de las entidades que se ha sumado este año 2016 a la convocatoria del prestigioso concurso “Ángel Ganivet” que se realiza en Finlandia. Este certamen internacional contempla modalidades de cuento y poesía proponiendo estos géneros en años alternos. En su décima edición, la convocatoria corresponde a la modalidad de cuento.  Pueden participar todas las personas mayores de edad que lo deseen, cualquiera que sea su nacionalidad, siempre que presenten textos en lengua española, originales e inéditos, no publicados en ningún tipo de formato ni total ni parcialmente, no premiados o pendientes de fallo en otros concursos, o a la espera de respuesta en un proceso editorialEl premio consiste en 500 euros y diploma. Así mismo, el ganador tendrá el honor de ser retratado por el pintor valenciano Alejandro Cabeza, inmerso en los últimos años en un monumental proyecto que le ha llevado a inmortalizar a más de cuarenta escritores consagrados, entre los que se cuenta Ana María Matute, cuyo retrato forma parte de los fondos de la Real Academia de Española. El retrato del ganador del certamen, valorado en seis mil euros, se realiza en óleo sobre lienzo. Además de la Academia Hispanoamericana de Buenas Letras colaboran en la convocatoria de 2016 el Ministerio de Educación y Cultura de Finlandia, la Universidad de Helsinki (Finlandia), la Cátedra Libre de Cultura Andaluza de la Universidad de La Plata (Argentina), la Universidad de Oviedo (España), la Universidad de Guadalajara (México), la Universidad Simón I Patiño (Bolivia), la Academia las Buenas Letras de Granada, la Delegación de la Unión Europea en Finlandia, la Secretaría General de Inmigración y Emigración del Ministerio de Empleo y Seguridad Social de España a través de su Consejería en Dinamarca, y las Embajadas de Argentina, Chile, Colombia, Cuba, México, Venezuela y Uruguay. Las bases del concurso pueden leerse en:https://sites.google.com/site/concursoliterariointernacional/bases.

TRES NUEVOS COMENTARIOS DE CINE DE ANÍBAL RICCI




SPOTLIGHT (2015)
Dirigida por Thomas McCarthy


El guión y la dirección de este film privilegia lo coral por sobre lo individual. Los protagonistas son un grupo selecto de periodistas del The Boston Globe, que funcionan en la planta baja del diario y se encargan de artículos de largo aliento abordados bajo estricta confidencialidad. El antagonista es la Iglesia Católica y su funcionamiento como institución que intenta encubrir eventos de pedofilia ocurridos en la Arquidiócesis de Boston. El tema que hace concurrir a estas dos fuerzas es de tal calibre, que los problemas individuales de los periodistas no son trascendentes, como tampoco el comportamiento delictual de cada uno de los sacerdotes que, dicho sea de paso, rara vez son individualizados porque son las sucesivas averiguaciones las que van dando cuenta de la gravedad de los hechos. Lo importante es desenmascarar el ocultamiento institucional, por parte de la entidad religiosa, de los abusos cometidos por sacerdotes en contra de menores de edad. El guión tiene un ritmo sostenido, paulatino y sin prisas, que desarrolla la historia conforme se van dilucidando los testimonios e investigación periodística. La dirección de McCarthy es férrea, tanto como la contención del experimentado editor (Michael Keaton) y la visión del nuevo director del periódico (Liev Schreider). Este último debe enfrentarse al Cardenal de la Iglesia y mostrarse independiente de ese poder eclesiástico de profundas raíces entre la población de Massachusetts. Ellos comandan el barco de manera profesional, pero las emociones ante la gravedad de los hechos, corren por cuenta de los reporteros (Mark Ruffalo y Rachel McAdams). La cinta se centra en el compromiso del grupo "Spotlight" (lugar de luz) por el periodismo investigativo. El director de la película está impecable y le reserva, a cada uno de los periodistas, su papel en el puzle. Aquí no hay amenazas ni muertes intimidatorias, simplemente un periodismo serio que condujo a la seguidilla de reportajes que terminaron ganando el premio Pulitzer en el año 2003.



MIDNIGHT COWBOY (1969)
Dirigida por John Schlesinger

Este director británico plasmó en esta cinta la frialdad y rudeza con que el primer mundo estadounidense (neoyorkino) recibe al inmigrante rural (tejano en este caso). Un joven Joe Buck (Jon Voight) cree que su estampa y estatura va a conquistar a las señoras de edad de la capital. Pronto entiende que sus sueños no tienen cabida dentro de la vida urbana y rápidamente desciende a los lugares marginales de la ciudad. Conoce a Rico "Ratso" Rizzo (Dustin Hoffman), un estafador de poca monta, gravemente enfermo, pero que se convertirá en el único amigo dentro de la urbe. Pese a que al comienzo Ratso intentó timarlo, Joe apenas tendrá para comer y necesita de un amigo (lo más parecido a uno) para compartir las frías noches. Ocupan una habitación de un edificio abandonado y comparten miserias, sobre todo sueños, único soporte que los insta a seguir viviendo. Esta cinta ganó el Oscar a mejor director, mejor película y guión, además de poseer una banda sonora y un montaje sobresalientes. Los planos son opresivos, salvo en la llegada de Buck a la ciudad, creyendo que va a conquistar el mundo con su vestimenta de vaquero pasada de moda. La amistad de Joe es sincera (hasta cierto punto) y la de Ratso fingida, supone que Buck le permitirá sobrevivir la enfermedad de mejor manera. La soledad en que están inmersos estos vagabundos es lo que moldea todo su actuar. Simplemente no calzan en esa vorágine de habitantes que los ven como bichos raros y sujetos de desconfianza. Un acertado uso del blanco y negro para pesadillas de infancia y, una luz extrema en ciertos sueños que tiene Buck con su amigo (bastante surrealistas) en las playas de Florida, proveniente de la mente del propio Rico que, a medida que avanza su tuberculosis, le pedirá a Joe que lo lleve a Miami en vez de llevarlo con un médico. La visión de miseria urbana contrasta con la luz del estado de Florida, a bordo de un bus que no los llevará a ninguna parte.






CREED (2015)
Dirigida por Ryan Coogler

Sylvester Stallone vuelve a interpretar a Rocky Balboa, brindándonos un personaje más reposado que el Rocky de 1976. Esta vez aparece como secundario, pero curiosamente con más hebras de personalidad, que lo vuelven más querible al distanciarse del Rocky monosilábico de la primera entrega. Tanto la primera como esta séptima película están varios pasos adelante de las restantes. El guión de esta última, en particular, tiene más giros dramáticos que la primera, no siendo tan evidente que Adonis Creed (hijo de Apollo) deba ser humillado primero, para luego renacer como el ave fénix. Algo de eso hay, pero unas buenas secuencias nos harán sentir que este aprendiz de Rocky de verdad merece existir, salvo que esta vez será al ritmo del rap. La cinta vuelve a darle protagonismo a la ciudad de Filadelfia, aunque este joven director y guionista dotó a la historia de gran humanidad, rindiendo en cierto modo, tributo al personaje de Stallone, cada vez más viejo, dispuesto a afrontar nuevos desafíos y a enfrentar otras luchas propias de la edad.

APARECE LIBRO TITULADO "LA POÉTICA DE LA POESÍA DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA" DE PILAR MOLINA TARACENA




Molina Taracena, Pilar
La poética de la poesía de la Guerra Civil española
 
Diversidad en la unidad
Oxford 2016. VII, 241 p.
Hispanic Studies: Culture and Ideas, 73 
General Editor: Claudio Canaparo
en rústica ISBN 978-3-0343-1933-1
CHF 60.00 / €* 53.50 / €** 55.00 / € 50.00 / £ 40.00 / US-$ 64.95 
Available here

RUBÉN DARÍO POR HAROLD ALVARADO TENORIO (COLOMBIA) EN EL CENTENARIO DE SU MUERTE



Hace cien años [6 de febrero de 1916] murió el más grande poeta de América.


Yo nunca aprendí a hacer versos —dice Rubén Darío (Metapa, 1867-1916) en su Autobiografía —. Ello fue en mí orgánico,  natural, nacido.Niño precoz, compuso en una ciudad, León, donde se versificaba por cualquier acontecimiento: una himeneo, un tránsito, un aniversario, una laurel o un desengaño político, la consagración de un obispo o la toma de empleo. Sus versos de entonces imitaron a Zorrilla, Campoamor o Nuñez de Arce, pero también a Víctor Hugo, el primer poeta francés que se advierte como influencia en su poesía. Son poemas unas veces piadosos otras profanos, nacidos de las contradicciones ideológicas que vivía un niño en una comunidad de fanáticos religiosos y una minoría de liberales y positivistas, artesanos e intelectuales lectores de Rousseau, Montesquieu y Juan Montalvo. Sus temas, los del civilismo latinoamericano: la fe en el progreso, en la democracia, el odio al clero y la iglesia, y los eternos de la poesía: el amor, el paisaje, las explicaciones de los mundos desconocidos, los otros mundos del alma.
Durante su estancia en Chile, Darío publicó Azul. . . Ni los cuentos ni los poemas escritos allí se parecen a los que había publicado en Nicaragua. La lectura de los parnasianos, con Leconte de Lisle a la cabeza,  deslumbraron a Darío revelándole la forma escultórica de la estrofa, el colorido de la adjetivación y el brillo de las imágenes precisas. Sus poemas son breves y aun cuando en ellos impere todavía el formalismo clásico, en sus versos y estrofas se siente ya un nuevo espíritu. Ese es el caso de Anagke, la tragedia de una paloma contada en silvas, o de Estival, cuyo asunto es la crueldad del poderoso. Poemas donde Darío se va distanciando del dato concreto para ofrecernos parábolas que interpreten una sociedad o un país, mediante el desvelamiento de sus contradicciones. Sus otros poemas de esta época, los llamados artísticos, magnifican y distorsionan los asuntos, a fin de que sus significados se resuelvan sólo en la conciencia del lector. 

En invernales horas, mirad a Carolina.
Medio apelotonada, descansa en el sillón,
envuelta con su abrigo de marta cibelina
y no lejos del fuego que brilla en el salón.

El fino angora blanco junto a ella se reclina,
rozando con su hocico la falda de Alenzón,
no lejos de las jarras de porcelana china
que medio oculta un biombo de seda del Japón.

Con sus sutiles filtros la invade un dulce sueño:
entro, sin hacer ruido; dejo mi abrigo gris;
voy a besar su rostro, rosado y halagüeño

como una rosa roja que fuera flor de lis.
Abre los ojos, mírame con su mirar risueño,
y en tanto cae la nieve del cielo de París.

(De invierno)

Juan Valera acertó en sus juicios sobre Azul. . ., al señalar que uno de los rasgos maravillosos de la personalidad del autor era no ser ni clásico ni romántico, ni simbolista, ni decadente sino que lo había revuelto todo sacando de ello la quintaesencia que definía su estilo. Pero lo más importante de sus juicios fue decir que la originalidad aparecía en los cuentos y no en los poemas. El cuento parisién, a lo Catulle Mendés, le había proporcionado un modelo ajustado a las visiones artísticas de su tiempo. El fardo, El rey burgués, o La muerte de la emperatriz de la China recuerdan ese estilo de conversación con la cual se trasmite un chisme; una escritura que reconoce la existencia de un mundo nuevo que requiere una nueva forma; un artificio que satisfaga la subjetividad de los nuevos lectores. En El fardo los personajes viven en hacinamientos humanos, entre paredes destartaladas, sobre callejuelas inmundas de mujeres perdidas que deambulan en noches sin luz. El rey burgués es símbolo de la inmensa riqueza, del gusto refinado; un mercader del arte que ignora al poeta y lo abandona a la muerte, en una noche de invierno, mientras él piensa en el Ideal y el día que viene. Un mundo pesimista y una necesidad de acercarse a los abismos de lo desconocido, para crear nuevas mitologías, son el retrato que hace de su tiempo quien creía que el dinero debe ser exclusivamente usado por los artistas.
Un cambio vertiginoso en el crecimiento de las ciudades se produjo en el último cuarto de siglo del XIX. Según Richard Morse [The Urban Development of Latin America 1750-1920, Stanford, 1971], la población en Santiago pasó de los ciento treinta a los doscientos cincuenta mil habitantes, mientras la de Buenos Aires alcanzó los ochocientos cincuenta mil. En esta populosa ciudad  desembarcó Darío el 13 de agosto de 1893. Un nuevo tipo de hombre de la calle y de negocios, de hogar y de burdel, habitaba la primera Cosmópolis hispanoamericana. Aventureros que buscaban, como afirma José Luis Romero en Latinoamérica, las ciudades y las ideas, “el ascenso social y económico con apremio, casi con desesperación, generalmente de clase media y sin mucho dinero, pero con una singular capacidad para descubrir dónde estaba escondida, cada día, la gran oportunidad.” «Buenos Aires modernísimo —escribiría Darío en 1896— cosmopolita y enorme, en grandeza creciente, lleno de fuerzas, vicios y virtudes, culto y polígloto, mitad trabajador, mitad muelle y sibarita, más europeo que americano, por no decir todo europeo».
La Argentina de Darío, con su capital donde no había cien personas que comprasen un libro, pero que editaba el periódico más importante del continente, era el resultado de una revolución en los medios de producción. Entre 1860 y 1913 se invirtieron allí 10.000  millones de dólares, el 33% de las inversiones extranjeras en el área. En ese mismo lapso ingresaron al país 3.300.000 personas que se enrolaron en la economía agropecuaria; en 1887 sus vías férreas alcanzaban los 6.200 kilómetros y en 1900 totalizaba los 16.600, mientras las exportaciones pasaron de los 260 millones de dólares en 1875 a los 460 millones en 1900.
1896 es el año de la apoteosis de Darío: se publican Los raros y Prosas profanas y otros poemas. Los artículos recopilados en el primer libro habían sido publicados en La Nación, que desde 1888 contaba a Darío como uno de sus corresponsales. Están dedicados a figuras literarias que llamaban la atención de los modernistas o eran sus predilectos. Camile Mauclair, Edgar Allan Poe, Leconte de Lisle, Paul Verlaine, el conde Matías Augusto de Villiers de L´Isle Adam, León Bloy, Jean Ripechin, Jean Moreas, Rachilde, George D´Esparbés, Augusto de Armas, Laurent Tailhade, Fray Domenico Cavalca, Eduardo Dubus, Théodore Hannon, el conde Lautréamont, Paul Adam, Max Nordeau, Ibsen, José Martí y Eugenio de Castro forman esta galería y vademécum de la nueva literatura. Cada reseña de la vida y las obras de los autores es un canto de admiración, con juicios ciertos y valoraciones exactas sobre tan variado conjunto. Es una obra que resume la lucha de Darío por ventilar, con los aires de la nueva generación, el enrarecido ambiente romanticoide de América. Las frases escritas sobre Verlaine parecen un retrato de si mismo:

Verlaine fue un hijo desdichado de Adán, en el que la herencia paterna apareció con mayor fuerza que en los demás. De los tres Enemigos, quien menos mal le hizo fue el Mundo. El Demonio le atacaba; se defendía de él, como podía, con el escudo de la plegaria. La Carne sí, fue invencible e implacable. Raras veces ha mordido cerebro humano con más furia y ponzoña la serpiente del Sexo. Su cuerpo era la lira del pecado. Era un eterno prisionero del deseo. Al andar, hubiera podido buscarse en su huella, lo hendido del pie. Se extraña uno no ver sobre su frente los dos cuernecillos, puesto que en sus ojos podían verse aún pasar las visiones de las blancas ninfas, y en sus labios, antiguos conocidos de la flauta, solía aparecer el rictus del egipán. Como el sátiro de Hugo, hubiera dicho a la desnuda Venus, en el resplandor del monte sagrado: Viens nous en!...  Y ese carnal pagano aumentaba su lujuria primitiva y natural a medida que acrecía su concepción católica de la culpa.

Prosas profanas, está precedido por un exordio donde Darío proclama, entre otras preferencias, su amor por la novedad a condición de que sea inactual; exalta el yo desdeñando las mayorías; declara la supremacía del sueño sobre la vigilia y la del arte sobre la realidad, pregonando su horror por el progreso, la técnica, el presente y la democracia: ... veréis en mis versos princesas, reyes, cosas imperiales, visiones de países lejanos o imposibles; ¡qué queréis!, yo detesto la vida y el tiempo en que me tocó nacer; y a un presidente de la República no podré saludarle en el idioma en que te cantara a ti, ¡oh Halagabal!, de cuya corte — oro, seda, mármol — me acuerdo en sueños.... (Si hay poesía en nuestra  América, ella está en las cosas viejas: en Palenke y Utlatán, en el indio legendario, y en el inca sensual y fino, y en el gran Moctezuma de la silla de oro. Lo demás es tuyo, demócrata Walt Whitman.)
Darío acumula en este volumen los motivos que más le dieron prestigio: la nostalgia de los parques del setecientos, los abates galantes, las marquesas crueles, las elegancias a lo Watteau, la princesa que aguarda al feliz caballero que la adora sin verla y viene a encenderle los labios con un beso de amor; los efebos criminales parecidos a los satanes verlenianos, los cisnes simbólicos y elegantes. La búsqueda de la expresión se hace en base a una musicalidad, que imprime a las palabras, más allá de su sentido lógico, grandes sugerencias. El helenismo, a lo parnasiano, está expresado en idilios de espléndido y artificioso virtuosismo donde lo pintoresco se funde con relieves escultóricos y las evocaciones, clasicistas, están unidas a imágenes españolas de gran colorido, precioso y refinado. Pero es también, sustancialmente, un prodigioso repertorio de ritmos, formas, colores y sensaciones. Sus innovaciones métricas y verbales son deslumbrantes. Pedro Henríquez Ureña enumera, entre otras, las siguientes: resurrección del endecasílabo anapéstico y el provenzal; ruptura de la división rígida de los hemistiquios de alejandrino; auge del eneasílabo y el dodecasílabo; cambios de acentuación; invención de versos largos; mezcla de distintas medidas con una misma base silábica, ternaria o cuaternaria; versos amétricos y retorno a las formas tradicionales del verso hispánico.
El placer, sostiene Octavio Paz, es el tema central de Prosas profanas:

La mujer lo fascina. Es colina, tigre, yedra, mar, paloma; está vestida de agua y de fuego y su desnudez misma es vestidura. Es un surtidor de imágenes: en el lecho se "vuelve gata que se encorva" y al desatar sus trenzas asoman, bajo la camisa, "dos cisnes de negros cuellos". Es la encarnación de la "otra" religión: "Sonámbula con alma de Eloísa, en ella hay la sagrada frecuencia del altar". Es la presencia sensible de esa totalidad única y plural en la que se funden la historia y la naturaleza:

...fatal, cosmopolita,
universal, inmensa, única, sola
y todas; misteriosa y erudita; ámame mar y nube, espuma y ola.

En abril de l900 y por encargo de La Nación Darío llegó a París para cubrir los eventos de la Exposición Universal. Allí viviría por algunos años. La Ciudad Luz  arde en esplendor. Sus crónicas sobre el acontecimiento  son juicios valorativos sobre los diferentes sectores y en especial del artístico, como los que emite sobre la muestra de Rodin, quien, para Darío, no es un solo creador sino dos: el inventor de la belleza, clásico y comprensible y el otro, surgido de las mismas fuentes de la naturaleza, el que ha esculpido el Pensador. Pero su entusiasmo por el mundo europeo va decayendo poco a poco, a medida que confirma la ruina de unas sociedades que realizarían las mas horrendas guerras del mundo moderno. El uno de enero de 1901, en Reflexiones sobre el Año Nuevo parisiense, aseguró:

No hay mayor contraste que el de esta riqueza y placer insolentes, y este frío en que tanto pobre muere y tanto crimen se comete, de manera que las bombas que de cuando en cuando suenan en el trágico y aislado  sport de algunos pobres locos, vienen a resultar ridículas e inexplicables. Esto no se acabará sino con un enorme movimiento, con aquel movimiento que presentía Enrique Heine, "ante el cual la Revolución Francesa será un dulce idilio.

Son estos los años cuando Darío toma conciencia clara de ser latinoamericano. Junto a los hermanos Cuervo, Vargas Vila, Blanco Fombona, Díaz Rodriguez, Tamayo, Nervo o Ugarte y Estrada había descubierto que el París y la vida parisina que tanto amaron, les ignoraba. Salutación del optimista, escrito para un acto en el Ateneo madrileño, organizado por la Unión Iberoamericana, es una premonición del caos que estaba a las puertas de la historia:

Siéntense sordos ímpetus en las entrañas del mundo,
la inminencia de algo fatal hoy conmueve la tierra;
fuertes colosos caen, se desbandan bicéfalas águilas,
y algo se inicia como vasto social cataclismo
sobre la faz del orbe.

Cantos de vida y esperanza  es el más importante de sus libros. En el prólogo enfatiza en la continuidad de su tarea realizada e insiste en el carácter personal de sus hallazgos. Aparte de sus novedades formales, es un retorno a las preocupaciones  y actitudes anteriores a Azul...: la política, el amor por lo hispano y el recelo ante los Estados Unidos. Cyrano en España, Retratos, Trébol, Un soneto a Cervantes, A Goya, y Letanía a Nuestro Señor Don Quijote intentan una revalidación de la cultura española. Su visión del pasado y el presente abarca las civilizaciones abolidas, los conquistadores y los héroes de las gestas independentistas. Ve el peligro que representan los Estados Unidos como un conflicto  entre civilizaciones: la norteamericana  es joven, agresiva, nórdica, pragmática, protestante; la nuestra, heredera  de dos antiguas civilizaciones en descenso. En A Roosevelt, al optimismo yanqui, opone el alma de la América Hispana que sueña, vibra y ama. Son poemas que buscan las razones de una esperanza en nuestro futuro. Su otra preocupación es la religiosa. El nuevo Ideal está asociado a la fe, como en Los tres reyes magos o Canto de esperanza. Ante el poderío norteamericano y el apocalipsis inminente, fe y poesía son caminos para acercarse al misterio, a lo inefable del porvenir:

¡Torres de Dios! ¡Poetas!
¡Pararrayos celestes
que resistís las duras tempestades,
como crestas escuetas,
como picos agrestes,
rompeolas de las eternidades!
La mágica esperanza anuncia un día
en que sobre la roca de armonía
expirará la pérfida sirena.
¡Esperad, esperemos todavía!

(Cantos)

La obra y la vida de Darío, que se resume todo el proceso del Modernismo, es uno de los más vivos testimonios de las preocupaciones del alma hispánica en una época cuando nuevas generaciones de latinoamericanos no se encontraban a gusto bajo el tutelaje de las culturas dominantes en Europa y América. Desde el repudio a la realidad y su inicial refugio en mundos mitológicos y exóticos, hasta el reencuentro con las preocupaciones sociales y la formulación de las eternas preguntas sobre el arte, el placer, el amor, el tiempo, la vida, la muerte o la religión, hay en él, un poeta que comprendió, a cabalidad y con la imaginación, la hora y el espacio que le tocó vivir.

viernes, 29 de enero de 2016

NUEVO NÚMERO (78, 2015) DE LA REVISTA "MAPOCHO", DIBAM, SANTIAGO, 2015-2016



CRÍTICA DE CINE: ANIBAL RICCI SOBRE "TRUMAN"



TRUMAN (2015)
Dirigida por Cesc Gay

Todos los personajes de esta historia son extranjeros, se han radicado en tierras lejanas y, en cierta forma, parecerían estar más solos que cualquier ser humano. No es una elección casual sino un detalle que enmarcará el tema principal: la amistad. La película no se preocupa de los secundarios, en cambio se aboca a dar gran profundidad a los protagónicos. El guión es excelente. La distancia no puede romper el lazo de amistad que une a Julián (Ricardo Darín) y Tomás (Javier Cámara), el primero extrovertido y su amigo mucho más hermético, pero de una lealtad a toda prueba. No hay sensiblerías ni cursilerías, los diálogos son inteligentes y desbordan humor, a pesar de que Julián padece de cáncer. Lo afronta con entereza y su amigo lo admira aunque jamás derrama una lágrima en su presencia. Cinta totalmente ajena al ritmo de Hollywood que aborda el tema de la muerte en una particular visión de este cineasta catalán. La actuación de Darín es de lo mejor de su larga trayectoria (sabemos que un proyecto con este actor es sinónimo de buen cine), y Javier Cámara está a la altura con un papel tan humano como el de Darín. La química entre estos amigos desborda la pantalla y hacia el final nos emocionan con un final que, aunque esperado, te deja sentado en la butaca mientras recobras el aliento.

Excelente.