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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."



José Saramago

domingo, 19 de diciembre de 2021

"JUEGOS DE VILLANOS" NOVELA DE JULIA GUZMÁN WATINE, COMENTARIO DE ANÍBAL RICCI



 

Esta es la primera novela de la autora y sorprende. Hay un depurado uso del lenguaje y sobre todo una estructura narrativa que no evidencia dudas de guion. Se circunscribe dentro de lo que llamamos literatura negra o policial, a cuyo molde permanece fiel, sobre todo en las deducciones finales, aunque lo más destacable es la descripción de clases tanto dentro la sociedad chilena como también el provincianismo que exacerba las diferencias entre éstas.

 

Es un libro pulcro, aquí el trabajo de taller literario ha dado sus frutos y de qué forma. No hay ripios, la creación de atmósferas e imágenes de los lugares es muy vívida, el trabajo a nivel psicológico de los personajes refleja plenamente a esos seres de la fauna nacional que rondan los treinta años.

 

La primera persona introspectiva y dubitativa que caracteriza al aprendiz de detective Miguel Cancino navega por aguas inseguras. Es un estudiante de literatura, un alter ego del sexo contrario a la autora y que tiene una voz narrativa muy nítida. Un adulto joven enrollado, prejuicioso, que se ha codeado en el colegio con hijos de hacendados y tiene una opinión bastante negativa de estos «cuicos», hijitos de papá, que viven en una burbuja que mira hacia abajo al resto del perraje.

 

Hay un desaparecido, lo que recuerda épocas pretéritas de la dictadura. José Ignacio Latorre tiene el apellido adecuado, pero es un simple ejecutivo de inversiones en un banco, les presta dinero a los ricos, pero jamás amasará fortuna en ese trabajo, simplemente tiene el dinero suficiente para acudir a pubs en busca de diversión.

 

Esta precariedad económica también caracteriza a Miguel Cancino. Estudió literatura en Santiago, pero los fines de semana visitaba a su madre en Talca. Es una persona que no tiene raíces, está conversando con alguien, pero siempre tiene la mente puesta en otro lugar, un ser que deja las cosas inconclusas, su madre ha muerto y no mantiene ninguna relación estable. Ferviente seguidor del inspector Heredia de Díaz Eterovic. Le agradan los personajes difusos e irresolutos, de lo contrario compartiría rasgos de personalidad con la clase alta, seguros de sí mismos y pertenecientes a castas donde se reparten el poder económico. Prefiere ser un perdedor que observa desde lejos a Nicole, le atrae porque está fuera de su círculo, le habla puras leseras, pero su compañía llena algunos vacíos.

 

Ambos intentan ayudar a Magda para que encuentre pistas del paradero de José Ignacio. Desapareció luego de la boda y a Magda la abandonaron drogada en su auto. Hay un hilo de la trama que tiene que ver con narcotraficantes, son omnipresentes para los habitantes del sur y sospechan que el novio de Magda estuvo relacionado a negocios turbios.

 

Julia Guzmán describe acertadamente el mundillo de los ejecutivos bancarios, unos ciudadanos de medio pelo, que sin embargo prestan millones de pesos. Tienen un estatus de clase media, pero sus vidas son más higiénicas que el común de la población. Sus metas son meramente materiales, se contentan con poco. Los gerentes de los bancos y los fiscales, en cambio, representan otro estrato más elevado y administran el poder para favorecer a los más ricos. Ronda durante toda la novela, la idea de que el dinero y las tierras se las reparten entre gente turbia emparentada con la clase privilegiada.

 

Hay un inmovilismo social que viene de los tiempos de la dictadura. Los latifundistas son dueños de las ciudades del sur, que más bien parecen pueblos. En regiones todos se conocen y hasta los curas de la iglesia conocen del turbio actuar de estos hacendados, que durante la época de Pinochet permitieron torturas al interior de sus tierras. Estos ricos se acostumbraron a actuar con el beneplácito de los militares y cincuenta años después todavía creen que el país y las personas les pertenecen.

 

El trasfondo histórico que da cuenta del actuar pasado de estos hacendados le da espesor a la maldad de los villanos. No serán narcotraficantes, pero están dispuestos a todo con tal de mantener su poder. Su mundo de apariencias y relaciones públicas es de un vacío abismante, sólo les interesa saber con quién se casarán sus hijas y qué ventajas pueden obtener del sagrado vínculo. De ahí la importancia de que los sucesos desgraciados estén descritos a partir del eventual futuro de un novio y su pareja. Hay diferencia de clases entre ellos, pero la familia de la novia pretende sacar réditos económicos de ese enlace. No son como Romeo y Julieta, aquí persiste el desprecio de clase, pero la familia deja de lado su orgullo para acrecentar su fortuna.

 

El retrato de la clase alta es sin medias tintas, aunque la mirada a los ciudadanos de medio pelo tampoco es muy halagüeña. Son igual de prejuiciosos, pero navegan en aguas nebulosas, sin objetivos claros y dan cuenta de la pobreza intelectual de la sociedad chilena.

 

Los colegios y los pubs aparecen como lugares en donde se mezclan las clases y Julia Guzmán nos brinda una demoledora visión del mundo de provincias. En regiones el pasado sigue manteniéndose vigente y los habitantes no hacen nada por cambiar la subordinación a la clase alta.

 

Julia Guzmán desarrolla la historia con una pluma ágil, que evidencia una gran vocación por los diálogos. Son intercambios llenos de vida que desnudan el mundo interior de los personajes. A veces son extensos, pero siempre amenos, la interacción entre los diálogos y la primera persona es realmente asombrosa.

 

El libro se devora mientras el lector quiere avanzar en la historia. Los capítulos breves ayudan a imprimirle velocidad y la autora sabe cambiar de marchas. Cuando Cancino se ve atrapado en el siniestro mundo de cómplices activos de la dictadura y su vida corre peligro, la acción se vuelve violenta, los villanos se agrandan y la inexperiencia del aprendiz es el contrapunto perfecto. El detective es un miembro de los habitantes de medio pelo, pero hay algo de nobleza en su actuar. No tiene lazos sentimentales y en cierta forma navega libre en un mar donde lo único que puede perder es su vida.

 

La historia es totalmente verosímil y la solución de continuidad, luego de un clímax notable, es muy satisfactoria para el lector. Miguel Cancino nunca está seguro de nada y de hecho sus graves problemas no los resuelve por sus propios medios. Interviene en cierta forma la fortuna y sólo por un breve lapso goza de los privilegios de un héroe. Luego aflorarán sus dudas de clase, su inseguridad, aunque su nobleza consiste en que nunca ambicionó nada para él, resuelve temas del pasado y se hace cargo de la memoria del país, pero sigue siendo el eterno estudiante que no ha terminado de aprobar su tesis de grado.


ARCHIVO DE LÁMINAS Y ESTAMPAS DE LA BIBLIOTECA NACIONAL DE CHILE POR YVAÍN ELTIT



 

"INSURRECCIÓN DE HELIÓPOLIS", RECIENTE LIBRO DEL POETA CHILENO ALEJANDRO H. VILLAGRA






 

Poemario Insurrección de Heliópolis (2020)

Mi nuevo libro trata sobre experiencias de vida, la mayoría de ellas realmente maravillosas: el nacimiento de mis hijos Amaru y Luis, mi desarrollo como antropólogo, conocer la verdad sobre el caso de mi Padre después de 40 años de impunidad, la adopción de la Matria espiritual cusqueña… Pero todo el multiverso de una vida no cabe en un libro. La poesía es un espacio de creación que se expande como Big Bang trascendente. Por ello hay en las páginas que leerán mucho de historia americana. La poesía posee naturalmente una faceta social. En el Cusco yo me he sumado al esfuerzo de muchos estudiosos talentosos, hombres y mujeres, que continúan profundizando en la herencia patrimonial y cultural del mundo andino. He recorrido la tierra, los cielos y los astros. He escrutado el pasado considerando la sustancia humana en medio del tejido biológico marcado por la tutelar Cordillera de los Andes. He soñado, he alucinado, me he liberado. He cruzado la bruma y el eclipse, con toda su carga inquietante y reveladora. De esta experiencia me nació un amor que es para siempre: el Cusco, su historia, su pueblo, su ethos en el tiempo y en el espacio. También he sufrido los rigores de la vida. No todo ha sido ideal ni totalmente pacífico. Pero al experimentar el miedo o el dolor más me he enraizado en esta tierra inmortal. Me he vuelto un Qosqoruna más. Y ver crecer aquí a mis hijos ha sido mi total realización, el triunfo del Sol Invicto. Por ello canto al Inca Rey y a su pueblo, al campesino, a los antiguos caravaneros, cazadores, navegantes, mitimaes, al escritor de los siglos coloniales, como al Inca Garcilaso de la Vega, y a otros de nuestra época republicana como César Vallejo. Mi poemario hunde sus raíces en la fertilización del suelo materno. No he creado esto solitariamente, uno no está solo en el mundo: he sumado en este poemario el trabajo de Edwin Chávez Farfán, Royer Capcha Quejías y Rodolfo Sánchez Garrafa, y el Ayni conseguido ha originado una mejor producción simbólica. En cuanto a Santiago de Chile, lo mismo reivindico a mi familia sanguínea, comenzando por mi Madre y Hermano, modelos humanos que me esfuerzo en seguir. Me remito a mi crianza en barrios obreros, bajo el signo de las décadas de 1970, 1980 y 1990, las luchas por la vida, la libertad y la democracia, por los Derechos Humanos. Recurro a mi pertenencia cultural y política, a mis raíces indígenas, a mi amor por el sur del país natal, a mis influencias literarias y poéticas. En fin: a mi convencimiento de que el pueblo chileno ha logrado triunfar para construir un futuro mejor. De todo ello hablan estos poemas solares. Y más aún porque logré terminar mi último libro: Pensamiento, memoria e identidad (2020), un grueso trabajo sobre historia andina. Yo espero que este poemario sea benévolamente recibido y leído con curiosidad. Quizás nuevos lectores también gusten de este estilo de escritura que es esperanza del lenguaje y pensamiento humano. La vida es poesía. Y la poesía es vida. Alimento espiritual.


Bajo la Bóveda (ii)

ME RECUESTO en la hierba, mezclándome

con la tierra, con el aire,

sedándome con los sonidos que emanan de toda la vida musical

de las montañas de los Andes del sur.

Percibo claramente aquel misterio y observo su caleidoscópica luz

en el cielo púrpura del atardecer.

En mi interior se reúnen todos los animales mitológicos,

todas las fuerzas de la naturaleza,

para un magistral concierto de voluntades e instintos.

Por el bosque se abre un sendero que nunca he recorrido

pero que ahora quiero recorrer y comprender.

Las hojas crepitan bajo mis pies

dejando suavemente un rastro tenebroso de recuerdos.

Desde la fronda

me observan furtivos ojos de ofidio.

Bandadas de aves cantan.

Muevo las ramas y cruzo el pantano,

bajo la mirada anciana de la luna creciente.

Respiro profundo y exhalo la niebla que llevo en el pecho.

Ya es medianoche: el frío hiela la sangre.

Aparezco en un claro de este bosque.

Detengo la interminable caminata.

Me resguardo para pasar la noche.

Enciendo una fogata.

Se alzan las reverberaciones del fuego.

El elemento danza frente a mis ojos

produciéndome dicha y satisfacción.


Luz dentro de mi CABEZA

SE ACERCAN y, a la vez, cálidamente alejanse las imágenes impresas
en las retinas de un oscuro museo de colección de recuerdos
—daguerrotipos que discretamente captaron sinuosidades
y pliegues de la carne y la piel, y que, aún más, cautivaron los
hálitos de perfumes que emergieron de cavidades místicas del
más profundo centro de la tierra, manante de líquidos saludables
en los que se reflejaron ávidos halcones, en la contemplación de
luces fuertes que quedaron retratadas en pozas negras y en las
coronas congeladas de los viejos señores de roca, tierra y viento.
Así vienen y se van tus manos misteriosas de ramas de árbol brujo;
comienzan y terminan tus brazos de enteógenas lianas que me
rodean dejándome a solas con la Madre Selva. Esta ambivalencia
tan sabia como fecunda tampoco ignora el vacío: surgen culebras,
lagartos y peces que se estremecen en esta soledad, se fusionan
en un nuevo cuerpo que los convierte en seres impensados;
aparecen y desaparecen estas extrañas creaturas que desafían con
su luz estridente al ser interior, híbrido de tres cabezas que devora
sigilosamente estos pensamientos en la exacta magnitud de la noche.
La noche es un extenso reino en el que fluyen tres ríos por el que
navegan en piraguas extraños ancianos, iluminados únicamente
con sus metálicas lámparas de deseos. Diríase que cada uno de los
impulsos pueden ser aceptados magnánimamente si cada criatura
vuelve a procrear un nuevo planeta, una saga de vidas virtuosas o un
juguete de madera que algún niño en el futuro podrá atesorar. Pero
un reino sin que tú estés en él es apenas un remedo inseguro de un
enjambre de luciérnagas atrapadas en el ámbar del árbol sortilegio
86
Alejandro H. Villagra
—astrólogo tarotista del espacio estratagema, trampa del tiempo sin
tiempo, de océano primordial que no será nuevamente inventado.
Por todas estas imágenes, estos flexibles cuerpos que la constituyen,
cartografías que arden como meteoros, por las cosas animadas con
más vida, por los extraños fenómenos que se engendran —besos
eróticos, sin duda. Todo lo que pudimos hacer nacer se aparece y
desaparece, fuego de la nada, agua del todo, atardeceres tras las
montañas, y porque nace elusivamente yo creo percibir que este
día tú vienes a mí. Contradicción que da vida y la quita. Y yo puedo
percibir que me desaparezco tras los mitos, así como el SOL cuando
cae exhausto en tus pechos de nácar nautilido de alta marea,
concurrida de seres estrellados y elegías de sueños profundos.
Hay una piedra brillante que da luz dentro de mi cabeza.

lunes, 6 de diciembre de 2021

RESEÑA SOBRE "MIEDO" DE ANÍBAL RICCI POR EL ESCRITOR Y POETA CHILENO CRISTIÁN BRITO VILLALOBOS

 


«Miedo»: paranoia y locura

 

Un hombre es abandonado por su pareja, Gabriela. Mientras tanto, él se sumerge en la oscuridad de la noche santiaguina. Vende y consume drogas.

Frecuentemente busca sexo, y es en esas andanzas donde conoce a una compañera con la que comparten el vicio y sostienen sexo seguido, rudo y sin contemplaciones. Miedo, de Aníbal Ricci (1968), fue publicada originalmente en 2007 con el nombre de Fear, y es reeditada en esta oportunidad por la novísima editorial Zuramérica.

El miedo a lo incierto, el dolor y la sed de venganza, son aplacados a punta de drogas y música, con recurrentes citas a bandas, recitales y un lugar común: La Batuta, el mítico boliche de Ñuñoa. Se interna en la noche santiaguina y, sin desearlo, se ve involucrado con el bajo mundo, donde los traficantes y delincuentes abundan.

El miedo lo persigue, e intenta evadirlo. Las personas le parecen vacías, no presta un interés mayor en los demás. Las temáticas como el fútbol y otros lugares comunes lo aburren y condiciona a los demás como inferiores, ignorantes a los que no hay que prestar atención más que para lo necesario.

Para huir del temor y dolor de cerciorarse de que Gabriela había vuelto con Cristián, su ex, emprende un viaje a Buenos Aires. Sin embargo, los fantasmas lo persiguen y el miedo lo acorrala. Se suceden imágenes. Una tras otra. La huida y la paranoia se confunden entre la droga, mujeres, y miedo.

 

La música es la única compañía


Ya no hay geografía estable: Buenos Aires, Tacna, Uruguay, Brasil, México. Uno tras otro cambia el escenario. A veces lo embarga el pánico, otras se llena de valentía debido al consumo. La música es su única compañía. Una aventura llena de adrenalina y miedo, pero también de un goce extraño y hasta ese momento desconocido.

“Desesperado y con el corazón a mil. Sin mirar atrás perseguía un murmullo a lo lejos. La oscuridad no lo disipaba”, piensa el protagonista, reflejando esa paranoia.

En Miedo, Ricci tiene la virtud de reflejar y reflexionar sobre lo interno del ser humano. De cómo el miedo empieza por uno mismo al tiempo que lo alimenta, y, cómo no, todo estalla, desencadenando un desenlace inesperado.

Se trata de un volumen escrito pulcramente, con una historia seductora y angustiante. Un gran libro que, afortunadamente, ha sido reeditado.

"PEQUEÑA MISIVA", POEMA INÉDITO DEL GRAN POETA CHILENO GIOVANNI ASTENGO

 



Pequeña misiva

A Andrés Morales

Vives en tu Petit Palais
como llamas a tu casa en Madrid
Aquí no ha pasado nada
-nunca pasará nada-
excepto que caen más astros de lo habitual
y una patria de sueños se levanta sin mí
Daini y Simón te envían saludos
mientras escucho a
Chico Buarque de Holanda
y leo con obsesa compulsión a Borges
Pero aquí no ha pasado nada
Nunca pasará algo.

YVAIN ELTIT SOBRE LA DINASTIA DE ROBERTO MATTA


 

DOS RESEÑAS DEL ESCRITOR ANÍBAL RICCI SOBRE LOS LIBROS: "MÁS ALLÁ DEL MAL" DE ANDRÉS IBÁÑEZ ULLOA Y "EL HOMBRE QUE AMABA A LOS PERROS" DE LEONARDO PADURA




MÁS ALLÁ DEL MAL

De: Andrés Ibáñez Ulloa

 

 

¿Cómo un accidente puede truncar una vida apacible? ¿Puede alterar su existencia material o también puede cambiar su psiquis? La respuesta que da el autor es tajante y dicotómica, derechamente maniqueísta. Andrés Ibáñez guía al lector, de manera ágil introduce la acción mediante capítulos breves, lo encauza por un río que no admite explicaciones alternativas.

 

¿Qué rol juega la religión en toda esta historia?

 

Dylan Flores es el jefe de operaciones del aeropuerto de Atacama, un buen puesto de trabajo que le permite relacionarse con gente y disfrutar del tiempo libre con su familia. Ama a su mujer y a su único hijo, la vida hasta ese momento lo trata bien.

 

El presidente de la república viene de gira a la zona norte y los preparativos son dirigidos por los compañeros de trabajo de Dylan. Él tendrá el día libre y en el viaje con su familia la comitiva presidencial embiste su vehículo. Sólo Dylan sobrevivirá, ese accidente cambiará el destino de mucha gente.

 

¿Puede el rencor y el odio transformar por completo a un individuo?

 

Dylan hasta ese entonces era sociable y no sospechaba que entre sus amistades se escondía un ser perverso guiado por el fanatismo religioso.

 

Las religiones suelen ser dogmáticas, entregan una explicación para los fenómenos de la naturaleza y del alma humana. Generalmente van acompañadas de la fe, la creencia de que un ser superior guía nuestras acciones y nuestros destinos.

 

En el universo de esta novela la existencia del amor y la bondad hacia el prójimo están mediatizadas por la religión. El autor muestra una posición crítica del islamismo: esa adaptación del mundo político a los mandatos religiosos del islam.

 

La versión fundamentalista del islam impone la existencia de una guerra santa (Yihad) contra los infieles, una visión dicotómica, existe el camino de Alá y en la vereda opuesta los que no creen en ese dios. Según ese razonamiento una persona creyente puede ser bondadosa, aunque realice actos violentos contra otros seres humanos, por tratarse de acciones contra individuos o autoridades pertenecientes al mundo de los que no profesan el islam.

 

En este libro es evidente la concepción de la religión vista como una manipulación de la consciencia del hombre. En aras de la religión puedes cometer los actos más deleznables, pues la propia religión, interpretada de manera absoluta, sólo acepta la existencia de una sola creencia por sobre las otras.

 

La creencia representada por el autor representa al islamismo, no tanto al islam, quizás se echa de menos algún matiz respecto a los seguidores del Corán. El mundo claramente no es blanco y negro, pero Andrés Ibáñez nos muestra ese fanatismo despiadado, donde su particular visión se le aparece al lector tan maniqueísta como dicha corriente religiosa. Esa falta de matices, de motivaciones por parte de los dos personajes principales, hace que sea complejo entender que el protagonista sea tan fácil de sugestionar (no parece bastar que haya perdido a su familia), llevado a un extremo dramático que atenta contra la verosimilitud: el personaje cambia irrevocablemente y el autor no deja espacio para dudas, lamentos o arrepentimientos.

 

El odio es el detonante de una religión en su variante más rígida, el amor al prójimo depende de las ideas que profese ese otro. Si no comparte tu creencia simplemente es tu enemigo.

 

José Alcérreca es miembro de una célula oculta del Estado Islámico que realiza atentados entre la población que no respeta los designios de Alá. Se confunde lo político con lo religioso. Si una autoridad declara que atacará intereses de alguna nación islámica, toda la población del país que representa merecerá ser castigada.

 

Alcérreca suponía ser amigo de Dylan, pero el fanatismo religioso opera por sobre cualquier relación afectiva. Utilizará el odio que siente Dylan hacia la figura responsable de haber acabado con sus seres queridos. Este tipo de fundamentalismo no razona, utiliza el odio, lo manipula y encauza el rencor personal de Dylan para aniquilar a aquella autoridad representante del mundo de los infieles.

 

La novela se lee con interés y crea imágenes nítidas en el lector, del mundo del desierto, del universo aeroportuario y de la jerga de los agentes de seguridad, pero también hay que hacer notar que no deja demasiado espacio para la reflexión, el lector se queda pensando en cómo fue que el personaje fue llevado a esos extremos y echa de menos cierta profundidad psicológica.

 

En el mundo de Andrés Ibáñez las víctimas de esta corriente político-religiosa pueden ser a su vez victimarios. Se podría decir que víctima y victimario conviven en una misma psiquis, es la religión la que coloca al ser humano a uno u otro lado de la cerca. La bondad y la maldad podrá tener una explicación religiosa que muchas veces atentará contra los derechos humanos de las personas, esos derechos humanos que en la legislación internacional no están sujetos a interpretaciones de las partes en conflicto.





EL HOMBRE QUE AMABA A LOS PERROS

De: Leonardo Padura

 

 

¿Se puede tener compasión por un asesino?, tesis que asoma en las últimas páginas de la novela y que el autor instala en nuestros cerebros.

 

El libro gira en torno a dos personajes, víctima y victimario, o al revés, León Trotski y Ramón Mercader, el primero consciente de un ego desmesurado y el segundo despojado casi por completo de él.

 

Mercader era un luchador comunista catalán que bogaba por la República en contra del accionar de un Francisco Franco que amenazaba con instalar el fascismo en España. Por esa época lleno de ideales, luego instigado por su madre y reclutado por Kotov para ejecutar uno de los planes maquiavélicos orquestados por el dictador Stalin.

 

Asesinar al antiguo camarada de Lenin y héroe de la revolución bolchevique de 1917: Trotski sería exiliado a Siberia y luego a Turquía y Suecia, antes de ser asilado por el gobierno mexicano. Trotski intentó bregar contra el «sepulturero de la revolución», Stalin, que desdibujó los ideales proletarios llevando a los soviéticos a una dictadura de terror que se preocupó más por mantener el poder y destruir a los enemigos a través de una purga política y racial que asesinó a millones de personas (hay que notar que Padura no menciona expresamente las hambrunas, la de Ucrania por ejemplo, como parte de los azotes de Stalin, que condenó a la muerte a millones de sus compatriotas).

 

Durante su exilio Trotski escribió libros de la revolución y sobre Stalin como una forma de volver a encauzar la revolución rusa. Stalin aprovechó la figura del enemigo como eje de su gobierno, primero instaló a Trotski como traidor y luego lo ligó a Hitler como confabuladores para asesinarlo. Trotski fue por años el chivo expiatorio ideal, pero cuando la guerra contra los nazis fue decantando, decidió que el ex colaborador de Lenin era un peligro y decidió que debía desaparecer.

 

Ramón Mercader fue reclutado para asesinar a Trotski durante su estadía en Ciudad de México. Se mimetizó bajo varios nombres falsos con el objetivo de ganar su confianza y asestarle el golpe mortal. Kotov, luego de la retirada del apoyo ruso en España, le lavó el cerebro y le infundió a la misión el máximo grado de patriotismo.

 

Luego de la muerte de Trotski, Mercader pasaría años encarcelado y con su vida en riesgo, hasta que luego de veinte años fue repatriado a Rusia y finalmente pasó sus últimos días en Cuba.

 

Básicamente, amigos y enemigos, consideraban a Mercader un asesino, e Iván Cárdenas, su confesor, sería un veterinario que apenas sobrevivió los peores años de la resistencia cubana contra la pobreza y los apagones eléctricos («período especial»). Décadas antes, Iván había conocido a Jaime López (la chapa de Ramón Mercader) quién se dispuso a contarle la historia de cómo se gestó el asesinato de Trotski.

 

Trotski había sido extirpado de la Gran Historia oficial que circulaba en La Habana. Cuando Iván supo del destino del supuesto traidor de Rusia, no se atrevió a escribir la historia contada por el enigmático López, sino hasta muchos años después de muerto, justo antes de que el miedo reinante en la isla terminara con su propia vida y con la de tantos que lucharon por unos ideales pervertidos por Stalin (un verdadero fascista de izquierda).

 

El telón de fondo de toda la novela es un omnipresente Stalin, quién veía traidores a su causa personal en todos los rincones. Stalin era el conductor de los destinos de la Unión Soviética, pero Padura lo muestra como un ser nefasto que, más que instalar los ideales de la revolución proletaria, terminó instaurando un régimen de terror que marcó a generaciones.

 

A la población cubana se la encausó en el miedo a las autoridades y fueron víctimas de un régimen implantado por verdaderos asesinos desde la lejana Unión Soviética.

 

Por décadas los ciudadanos sacrificaron su libertad y fueron obedientes a un régimen comunista que los amenazaba con el ostracismo si se rebelaban contra la Historia Oficial. Leonardo Padura retrata, a través de Iván Cárdenas, a los habitantes de Cuba como víctimas de una ideología que intentó mantenerse a flote a punta de asesinatos y fusilamientos. También sitúa a Ramón Mercader como otra víctima de esa lucha despiadada. Iván Cárdenas, de alguna manera alter ego de Padura, llevó a la escritura las confesiones de Ramón Mercader y tal como el propio Mercader, tampoco quiso que su nombre se relacionara con esa historia maldita (novelada, recalca Padura).

 

Iván Cárdenas sentía compasión por ese asesino que fue instrumento de una ideología despiadada, no quería transmitir a través de sus líneas ni una pizca de esa compasión por quién consideraba un verdadero asesino.   

 

La novela de Padura está repleta de episodios históricos mezclados con la relación novelada entre víctimas y victimarios, que son muchos y que se filtran a través de los años en una visión caleidoscópica infernal. Hay un profundo desencanto en el derrotero de la ideología comunista que no sobrevivió a la Historia, en palabras de Padura, pero que se llevó la inocencia y las esperanzas de millones de personas que lucharon a ciegas por una causa que se tornó homicida y decayó de forma física, al punto de que Cuba acabó en una decadencia material que Padura lleva al extremo, arrancándole la vida al narrador por medio de los escombros de la revolución y depositando en un amigo sobreviviente la misión de enterrar la maldita historia de Ramón Mercader.