La página de Andrés Morales (1962), poeta, ensayista y académico chileno, es un Blog de apuntes y escritos abierto a todos aquellos interesados en la literatura y, en especial, en la poesía. Contiene poemas, artículos, notas, comentarios, críticas, reseñas, fotografías y en general, todos los tópicos imaginables e inimaginables en torno a la poesía, el cine, la prosa y la literatura chilena, hispanoamericana, española y europea de todas las épocas y estilos.
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José Saramago
viernes, 18 de agosto de 2023
"PERSONA EN LAS VÍAS" POR EL ESCRITOR CHILENO ANÍBAL RICCI
No se ha sentido bien y la semana anterior
andaba extraño. Cumplió ochenta años y supongo que los vecinos le comentan al
oído. Somos los peores hijos y sus nietos no tienen criterio. Treinta años
atrás mi hermana y yo éramos los descriteriados.
He viajado dos veces a Viña del Mar en los
últimos días. Antes de tomar el Metro me aprovisiono de cervezas. Voy preparado
para asentir a todo lo que diga. Siempre dueño de la razón, aunque con los años
el discurso se ha agudizado. Odio ir a Viña, ese departamento maldito. Me
espera en el café Anayak y pido cuatro huevos a la copa. Me siento cansado,
detesto cuando asegura que vivirá ciento veinte años. El mismo que considera
personas sólo a los que egresaron de una carrera profesional, pero también el
que dice que el trabajo no sirve para nada. El que nada hace nada teme, repitió
durante años, ese lema de los empleados públicos. Heredó propiedades y eso le
permitió invertir en unos departamentos. Retiene por horas a mi hermana en el
teléfono para desplegar monólogos acerca de su buena salud y que los demás
ojalá mueran de cáncer. Está mejor que la semana anterior, menos resentido. De
algo que sirva ir a verlo, quiero que acabe con la violencia, por lo menos que
se salven mis sobrinos. Ejerce sobre ellos la violencia psicológica que le
permite estar pagando sus estudios. Viví en este departamento durante dos años
y tuve que huir a Horcón. Caminaba todos los días a Ventanas y ese aire
contaminado era preferible a compartir el techo de mi progenitor. No sólo eran
sus palabras, el ruido de las calderas no me dejaba dormir. Voces implacables
que impedían salir a la calle. Por las noches escuchaba a los vecinos hablando
en mi contra. Un día abrieron la ventana y me arrojaron agua. Despertaba con
arañas en la cara y de verdad no podía dormir. Descansaba durante el día y veía
películas por las noches. De los audífonos surgían otras voces y tuve que bajar
el volumen del computador. Ponerlo en silencio para que no se colaran esas
recriminaciones de la infancia. Cuando todos alrededor se ponen en tu contra el
mundo se vuelve un infierno. Por eso atendía en clases y luego salía a andar en
bicicleta hasta medianoche. No escuchar a los demás daba cierta paz.
Las cervezas cumplieron su cometido, hizo
que las palabras fueran más amables. Antes lo contradecía, los padres de mis
amigos eran ingenieros que no sabían vivir. Para qué estudiar si el trabajo es
una mierda. Ese sí es un discurso de pacotilla. Fueron muchas horas hablando
con mi padre y estoy tan cansado. A las nueve en punto ingiero los somníferos.
Tengo demasiado miedo en este cuarto, debí almorzar y volver de inmediato a
Santiago. Una llamada salvadora desde San Felipe. Unas palabras cariñosas antes
de dormir. Estoy tan cansado, necesito dormir quince horas y levantarme cuando
el departamento esté deshabitado. Tengo miedo a la gente de este condominio.
Dice que todos son buenas personas, que se preocupan por él. Mi madre agarró mi
celular mientras estaba en el baño. Lo tenía cargando y ahora tengo que
adivinar dónde lo escondió. En la tarde desapareció mi bolso. Encuentro el
celular sin volumen, le cambió el brillo a la pantalla. Vuelvo a la pieza a
enchufarlo al cargador, ahora no encuentro el pijama que dejé encima. Quiero
dormir, pero este lugar siempre fue una pesadilla.
Despierto a mediodía, mi mente restaurada
consulta la hora. Llamo a San Felipe y de nuevo converso con ella. Me encanta
escuchar su voz. Quiero almorzar y dejar lo antes posible la ciudad. Voy
caminando por calle Quillota, una zona muy parecida a Diez de Julio. Hay
comercio callejero, pero menos que en Santiago. Viña es sinónimo de sexo
callejero. Conozco sus calles nocturnas y en Libertad han cerrado el Homero.
Desaparecieron los lugares donde venden cervezas de litro. Van apareciendo
nuevos restoranes. Es extraño, pero mientras peor está la economía los lugares
para comer crecen como callampas. Supongo que el lavado de dinero se apoderó de
este balneario. Regreso a calle Quillota y ahora semeja al barrio San Diego.
Pero acá no hay libros ni arman computadores. Es un sector popular, pero no hay
la cantidad de inmigrantes del centro de Santiago.
Saco el pasaje de vuelta y esta vez compro
una coca–cola. Quiero llegar pronto a la capital y escribir unas
líneas para desahogarme. El bus va repleto, siento que huyen de la ciudad
jardín. Hora y media para llegar a estación Pajaritos. El chofer avisa que el
Metro no está funcionando. Tendré que bajarme en Universidad de Santiago.
Antes de bajar paso al baño del bus. Por
los parlantes del terminal avisan llegadas y salidas mientras camino raudo
hasta el ingreso de la estación. Están bloqueadas las escaleras mecánicas. Por
el celular me entero que el tren subterráneo está funcionando a partir de
Estación Central. Me traslado a pie por la vereda sur de Alameda. Está atestado
de gente, pero a diferencia de Viña aquí hay puros extranjeros. Observo que uno
de ellos hace un gesto tocándose el mentón. Recibo un encontronazo, pero voy
atento y lo aparto con fuerza. Comercio ambulante y fritangas en todas las
esquinas. Prefiero caminar por la calle junto a la reja que protege la acera.
Cruzo el mercado persa, está todo cerrado a las siete. Es invierno y los
puestos tienen luces. Llego a la entrada del Metro y los altavoces avisan que
hay estaciones fuera de funcionamiento. Desde hace horas que la línea uno está
con problemas. Sólo hay servicio entre Estación Central y Los Domínicos. Bajo
al andén y desde los parlantes repiten insistentemente que una persona invadió
las vías, eufemismo de mierda para ocultar que alguien se ha suicidado en esta
capital.
Dentro del vagón es otro mundo, más
higiénico y menos ruidoso. Atrás dejé el ascensor con olor orina de los
vendedores ambulantes. Extrañamente hay asientos vacíos y logro sentarme a
pesar de ser la hora de salida del trabajo. Me pongo a meditar y de inmediato
una mujer a lo lejos entona una canción a grito pelado. Canta muy desafinado,
con voz destemplada, mejor me cambio en estación Universidad de Chile. Diviso a
lo lejos a la improvisada cantante, nunca tan mala onda para echarle puteadas.
Me tengo que tragar las palabras. La señora lleva un bebé en brazos y el
micrófono en la otra mano. El país está empobrecido y desde el gobierno se teje
toda una red de estafas con recursos públicos destinados a la población más
vulnerable.
Combino con la línea tres y presiento que
estoy cerca de casa. Vivo en la misma comuna que la mayoría de las nuevas
autoridades. No tienen una hoja de ruta y reaccionan a lo que se teje en
twitter. Quizás mi padre tenía razón, el que nada hace nada teme. Estos
funcionarios públicos se mueven solamente si lo publicitan por redes sociales.
Instagram está lleno de cuentas de ministros y del Presidente. Lo único que les
queda del programa original son las doscientas cincuenta mil casas por
levantar. Mientras no se tocan las tomas de terreno, la velocidad de
construcción hará imposible lograr la meta, al tiempo que el ministerio
encargado de levantarlas está enredado en traspasos de platas sin garantías ni
licitación de por medio.
Desde el gobierno central vienen estos
recursos, pero las malversaciones son de organizaciones sin fines de lucro en
complicidad con los gobiernos regionales. Prefiero vivir en la capital, en este
mundo caótico que permite transitar anónimo. Odio Viña del Mar, cada vez que
camino por sus calles numeradas se vienen encima todas estas voces. Surgen los
miedos. Desconfío de sus habitantes, en cambio el ruido de Santiago protege de
esos murmullos. Prefiero los gritos de la gente echando maldiciones mientras
desde las redes sociales cada personero de gobierno habla de este país de las
maravillas.
domingo, 13 de agosto de 2023
martes, 8 de agosto de 2023
CINCO POEMAS DEL LIBRO INÉDITO DEL POETA GIOVANNI ASTENGO "CUADERNO LÁRICO" (2023)
La voz que emana de los bosques
Los caballeros
vuelven al oasis*
y en la premura de
los días
nunca he escuchado
aquella voz
que emana de los
bosques
Me siento horas
sobre la hojarasca
leyendo poemas de
Tu Fu
Esperando el vano
triunfo de la inmortalidad.
*Julio Molina.
Cruzo un puente de cimbra
Cruzo un puente de
cimbra
de un río del cual
no recuerdo el nombre
El silbido del
viento me pone perplejo
Pero yo he fijado
cada detalle
a la hora de los
matices en la tarde
Yo he juntado diez
años estos cuadernos
Estos inútiles signos escritos en la tierra.
Camino a la
aguada
La aguada nos espera
al lado de los juncos
El oportuno oasis
se rearma como en
recortes de sol
Es la hora del
ángelus
y en la cumbre
–sabemos-
se encenderán las
fogatas
como promesa de un nuevo cielo.
De lo imperdurable de estos paisajes
Todos estos cuerpos
todos estos rostros
envejecerán
Se irá marchitando el lingue y el alerce
Volarán las loicas desde las ramas
hasta paisajes
inimaginables
Alguien soñará con estos
cielos
y escuchará en la noche
más densa
un canto de ranas en los
estanques.
De una luz como
despojo
se va este
último verano
-Ya vendrán las
lluvias-
Es el tiempo de
la hojarasca
y un mundo
entero va a caer con el ocaso
yo me hundiré
con él
Ahí en el corazón de lo marchito.
"NO TE OLVIDES DE MAÑANA" POR EL ESCRITOR CHILENO ANÍBAL RICCI
Con mi llanto atraigo
a los gigantes que me cambian de pañales.
Voy conduciendo confortablemente. Los instrumentos de
navegación son precisos. A noventa kilómetros por hora atravieso la carretera
dentro de las normas permitidas. Con el paso de los años lo percibo cada vez
más iluminado. He recorrido tantas veces el camino entre Santiago y Viña del
Mar que me siento seguro en este túnel. No sobrepaso las tres mil revoluciones
y tres mil años es más que suficiente para cualquier religión. Pienso que
ningún esfuerzo por agradar debiera durar tantos años. Acelero con la esperanza
de alcanzar algún destino antes del final.
Las luces artificiales se transforman en líneas que van
convergiendo. La ruta se hace cada vez más angosta y a pesar de los destellos
me transporto a otro túnel menos alumbrado que llevará a Illapel. Es de una
sola vía con un semáforo de advertencia, a veces tiene sentido y otras un
contrasentido. Lo recorro seguro a pesar de que la oscuridad es extrema. Las
luces del auto dan un tinte azul a las rocas, un azul tenebroso que me hace
pensar en un cielo sin estrellas.
Me interno en un valle completamente distinto calentado
por un sol sin sombras, donde un hombre hace dedo con un casco en la mano. Dice
que es bombero y también policía, que en ese pueblo suceden pocas cosas.
Arrienda un pequeño local en el centro. Lo dejo en la entrada, pero es tan
minúsculo el lugar que también es el centro.
Se respira una velocidad distinta en el aire. Aquí no hay
delincuencia, nos conocemos todos, me dijo el policía. Los bandidos se
encierran a sí mismos en la cárcel (confieso que reí) y por lo mismo soy
bombero. Rara vez había incendios y por eso trae ropa usada desde Santiago.
Es un poblado de casas de adobe. Los presos almuerzan en
la picada de la esquina, me confesó. Todos lo saben, pero nadie dice nada. Por
su boca me entero que en la taberna les cobran lo justo y no se aprovechan de
su situación. El restorán da pena y el bombero saluda a los reclusos. La comida
es pésima y el vino peor.
–¿A qué se dedica?
–Soy gerente de una empresa.
–Yo hago lo que hay que hacer en cada momento.
–Verdad que vende ropa americana.
–Tengo muchos empleos.
–¿Y necesita trabajar tanto?
–Nunca he buscado empleo.
–¿Y cómo llegó a policía y bombero?
–Los trabajos siempre me encuentran.
–¿Quién es usted?
–Un prisionero de este pueblo donde nunca hay incendios.
Despierto llorando en una habitación gigantesca que jamás
he visto.
En este túnel estoy rodeado de gente que me quiere.
Muchos de ellos incluso me idolatran y no me permiten navegar tranquilo. Pierdo
mi brújula por satisfacer deseos ajenos que hacen sentir culpable. Confundo la
amistad de tantas personas y me escudo detrás de una mujer hermosa. Vislumbro
mi futuro a través de sus ojos y deseo hacerla feliz. Mis instintos se esfuman
y me vuelco por entero hasta asfixiarla. Dice que está deprimida y entristezco
por amarla demasiado. Me deja abandonado en una enorme caverna para la que aún
no estoy preparado.
Del túnel del amante paso a sentirme borracho ante los
problemas que me angustian. Ahora necesito borrar mi historia y partir de cero.
Estar solo no es fácil y prefiero cambiar el pasado para trazar un presente.
Espero no contraer nunca matrimonio. Prefiero las fiestas y las cenas
románticas en restoranes de moda, aunque el sexo pasajero me hace sentir un
peor amante. Busco la luz en el pasado y retrocedo a mi infancia.
Subimos el cerro San Cristóbal en
medio de una intensa niebla. Al llegar a la terraza donde llega el funicular,
montamos las bicicletas al hombro y escalamos hasta la virgen por un sendero de
tierra. Ascendemos por su pedestal de cemento entre una bruma tan densa que a
cada paso van desapareciendo los peldaños. Nos vemos suspendidos en el aire y
distinguimos apenas la estatua virginal. Con mi amigo somos los únicos
moradores de una isla de peldaños que se pierden entre las nubes.
Esta habitación tampoco la he visto antes. Necesito
escapar de estas borracheras interminables que me hacen sentir atrapado. Es una
forma de renegar el pasado sumiéndome en fiestas que transcurren a una
velocidad mayor. Quiero llegar pronto al final del túnel. Una sola partícula de
luz le dará sentido a toda una vida de oscuridad.
He tomado rumbos equivocados. Ser un alumno brillante
hizo que me aislara de la crueldad de la gente. Estudiar demasiado es el camino
fácil para no entender a los demás. Es querer que transcurra a una velocidad
diferente del resto, no sé si mayor, pero de todas maneras distinta.
Voy avanzando con los ojos vendados, aun cuando lo
razonable sería detenerse. Necesito incorporar el pasado al presente, mutarlo
en nuevas acciones que permitan atesorar mi existencia.
Cuando era niño estaba enfermo. La cama no sólo servía
para dormir, sino también para desayunar, almorzar y seguir estudiando. Apenas
me levantaba, subía a mi bicicleta y recorría los parajes que había perdido.
Algunos se cansaban de esperarme y supe que muchos amigos quedarían atrás
mientras estuviera recorriendo esos túneles solitarios y exagerados de mejor
deportista, estudiante destacado e incluso de mejor enfermo.
La verdad es que yendo hacia atrás también hay luz. Es peligroso
detenerse, pero aún peor avanzar a ciegas. Necesito aprender de la experiencia.
Darle sentido a este recorrido fascinante que voy escribiendo a cada paso.
Descubro que la historia es para liberarnos del pasado.
Casi sin darme cuenta estoy disfrutando de mis errores y apartando esa tristeza
que contamina otros túneles. Por fin he aprendido que el pasado nunca termina
de ocurrir y en el futuro me veo abriendo puertas.
Unchain the colors before my eyes,
yesterday’s sorrows, tomorrow’s white lies.
scan the horizon, the clouds take me higher.
Resurgiré del fuego.






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