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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."



José Saramago

viernes, 18 de agosto de 2023

TALLER "ESTRAVAGARIO" 2023 (HAIKÚS Y POEMAS BREVES) EN LA FUNDACIÓN NERUDA COORDINADO POR EL POETA ERNESTO GONZÁLEZ BARNET



 

"PERSONA EN LAS VÍAS" POR EL ESCRITOR CHILENO ANÍBAL RICCI

 

 

No se ha sentido bien y la semana anterior andaba extraño. Cumplió ochenta años y supongo que los vecinos le comentan al oído. Somos los peores hijos y sus nietos no tienen criterio. Treinta años atrás mi hermana y yo éramos los descriteriados.

 

He viajado dos veces a Viña del Mar en los últimos días. Antes de tomar el Metro me aprovisiono de cervezas. Voy preparado para asentir a todo lo que diga. Siempre dueño de la razón, aunque con los años el discurso se ha agudizado. Odio ir a Viña, ese departamento maldito. Me espera en el café Anayak y pido cuatro huevos a la copa. Me siento cansado, detesto cuando asegura que vivirá ciento veinte años. El mismo que considera personas sólo a los que egresaron de una carrera profesional, pero también el que dice que el trabajo no sirve para nada. El que nada hace nada teme, repitió durante años, ese lema de los empleados públicos. Heredó propiedades y eso le permitió invertir en unos departamentos. Retiene por horas a mi hermana en el teléfono para desplegar monólogos acerca de su buena salud y que los demás ojalá mueran de cáncer. Está mejor que la semana anterior, menos resentido. De algo que sirva ir a verlo, quiero que acabe con la violencia, por lo menos que se salven mis sobrinos. Ejerce sobre ellos la violencia psicológica que le permite estar pagando sus estudios. Viví en este departamento durante dos años y tuve que huir a Horcón. Caminaba todos los días a Ventanas y ese aire contaminado era preferible a compartir el techo de mi progenitor. No sólo eran sus palabras, el ruido de las calderas no me dejaba dormir. Voces implacables que impedían salir a la calle. Por las noches escuchaba a los vecinos hablando en mi contra. Un día abrieron la ventana y me arrojaron agua. Despertaba con arañas en la cara y de verdad no podía dormir. Descansaba durante el día y veía películas por las noches. De los audífonos surgían otras voces y tuve que bajar el volumen del computador. Ponerlo en silencio para que no se colaran esas recriminaciones de la infancia. Cuando todos alrededor se ponen en tu contra el mundo se vuelve un infierno. Por eso atendía en clases y luego salía a andar en bicicleta hasta medianoche. No escuchar a los demás daba cierta paz.

 

Las cervezas cumplieron su cometido, hizo que las palabras fueran más amables. Antes lo contradecía, los padres de mis amigos eran ingenieros que no sabían vivir. Para qué estudiar si el trabajo es una mierda. Ese sí es un discurso de pacotilla. Fueron muchas horas hablando con mi padre y estoy tan cansado. A las nueve en punto ingiero los somníferos. Tengo demasiado miedo en este cuarto, debí almorzar y volver de inmediato a Santiago. Una llamada salvadora desde San Felipe. Unas palabras cariñosas antes de dormir. Estoy tan cansado, necesito dormir quince horas y levantarme cuando el departamento esté deshabitado. Tengo miedo a la gente de este condominio. Dice que todos son buenas personas, que se preocupan por él. Mi madre agarró mi celular mientras estaba en el baño. Lo tenía cargando y ahora tengo que adivinar dónde lo escondió. En la tarde desapareció mi bolso. Encuentro el celular sin volumen, le cambió el brillo a la pantalla. Vuelvo a la pieza a enchufarlo al cargador, ahora no encuentro el pijama que dejé encima. Quiero dormir, pero este lugar siempre fue una pesadilla.

 

Despierto a mediodía, mi mente restaurada consulta la hora. Llamo a San Felipe y de nuevo converso con ella. Me encanta escuchar su voz. Quiero almorzar y dejar lo antes posible la ciudad. Voy caminando por calle Quillota, una zona muy parecida a Diez de Julio. Hay comercio callejero, pero menos que en Santiago. Viña es sinónimo de sexo callejero. Conozco sus calles nocturnas y en Libertad han cerrado el Homero. Desaparecieron los lugares donde venden cervezas de litro. Van apareciendo nuevos restoranes. Es extraño, pero mientras peor está la economía los lugares para comer crecen como callampas. Supongo que el lavado de dinero se apoderó de este balneario. Regreso a calle Quillota y ahora semeja al barrio San Diego. Pero acá no hay libros ni arman computadores. Es un sector popular, pero no hay la cantidad de inmigrantes del centro de Santiago.

 

Saco el pasaje de vuelta y esta vez compro una cocacola. Quiero llegar pronto a la capital y escribir unas líneas para desahogarme. El bus va repleto, siento que huyen de la ciudad jardín. Hora y media para llegar a estación Pajaritos. El chofer avisa que el Metro no está funcionando. Tendré que bajarme en Universidad de Santiago.

 

Antes de bajar paso al baño del bus. Por los parlantes del terminal avisan llegadas y salidas mientras camino raudo hasta el ingreso de la estación. Están bloqueadas las escaleras mecánicas. Por el celular me entero que el tren subterráneo está funcionando a partir de Estación Central. Me traslado a pie por la vereda sur de Alameda. Está atestado de gente, pero a diferencia de Viña aquí hay puros extranjeros. Observo que uno de ellos hace un gesto tocándose el mentón. Recibo un encontronazo, pero voy atento y lo aparto con fuerza. Comercio ambulante y fritangas en todas las esquinas. Prefiero caminar por la calle junto a la reja que protege la acera. Cruzo el mercado persa, está todo cerrado a las siete. Es invierno y los puestos tienen luces. Llego a la entrada del Metro y los altavoces avisan que hay estaciones fuera de funcionamiento. Desde hace horas que la línea uno está con problemas. Sólo hay servicio entre Estación Central y Los Domínicos. Bajo al andén y desde los parlantes repiten insistentemente que una persona invadió las vías, eufemismo de mierda para ocultar que alguien se ha suicidado en esta capital.

 

Dentro del vagón es otro mundo, más higiénico y menos ruidoso. Atrás dejé el ascensor con olor orina de los vendedores ambulantes. Extrañamente hay asientos vacíos y logro sentarme a pesar de ser la hora de salida del trabajo. Me pongo a meditar y de inmediato una mujer a lo lejos entona una canción a grito pelado. Canta muy desafinado, con voz destemplada, mejor me cambio en estación Universidad de Chile. Diviso a lo lejos a la improvisada cantante, nunca tan mala onda para echarle puteadas. Me tengo que tragar las palabras. La señora lleva un bebé en brazos y el micrófono en la otra mano. El país está empobrecido y desde el gobierno se teje toda una red de estafas con recursos públicos destinados a la población más vulnerable.

 

Combino con la línea tres y presiento que estoy cerca de casa. Vivo en la misma comuna que la mayoría de las nuevas autoridades. No tienen una hoja de ruta y reaccionan a lo que se teje en twitter. Quizás mi padre tenía razón, el que nada hace nada teme. Estos funcionarios públicos se mueven solamente si lo publicitan por redes sociales. Instagram está lleno de cuentas de ministros y del Presidente. Lo único que les queda del programa original son las doscientas cincuenta mil casas por levantar. Mientras no se tocan las tomas de terreno, la velocidad de construcción hará imposible lograr la meta, al tiempo que el ministerio encargado de levantarlas está enredado en traspasos de platas sin garantías ni licitación de por medio.

 

Desde el gobierno central vienen estos recursos, pero las malversaciones son de organizaciones sin fines de lucro en complicidad con los gobiernos regionales. Prefiero vivir en la capital, en este mundo caótico que permite transitar anónimo. Odio Viña del Mar, cada vez que camino por sus calles numeradas se vienen encima todas estas voces. Surgen los miedos. Desconfío de sus habitantes, en cambio el ruido de Santiago protege de esos murmullos. Prefiero los gritos de la gente echando maldiciones mientras desde las redes sociales cada personero de gobierno habla de este país de las maravillas.

LA POETA ESPAÑOLA MARÍA ÁNGELES PÉREZ LÓPEZ PRESENTA EN SANTIAGO DE CHILE SU LIBRO "MEDITERRÁNEO DE LOS MUERTOS" (21 DE AGOSTO DE 2023)


 

PRESENTACIÓN DEL LIBRO "RÍO SECO" DEL POETA CHILENO EUGENIO DÁVALOS POMAREDA (7 DE SEPTIEMBRE DE 2023)


 

martes, 8 de agosto de 2023

210 AÑOS DE LA GRAN BIBLIOTECA NACIONAL DE CHILE



 

EL "III CONGRESO DE FOLCLOR HISPANOAMERICANO NATALICIO DE ORESTE PLATH Y EL FOLCLOR SOCIAL" POR YVAÍN ELTIT



 

PRESENTADA EN SANTIAGO DE CHILE LA "ANTOLOGÍA DE POESÍA LATINOAMERICANA" (MAGO EDITORES, 2023) CON LA EDICIÓN, NOTAS Y PRESENTACIÓN DE MAX G. SÁEZ



 



DOS COLUMNAS DE OPINIÓN DEL POETA YVAÍN ELTIT



 

EL NARRADOR ROBERTO RIVERA PRESENTA SU NUEVO LIBRO "LA MANO" (F.C.E., 2023) EL 23 DE AGOSTO DE 2023


 

CINCO POEMAS DEL LIBRO INÉDITO DEL POETA GIOVANNI ASTENGO "CUADERNO LÁRICO" (2023)

 


La voz que emana de los bosques

 

                             Los caballeros vuelven al oasis*

                             y en la premura de los días

                             nunca he escuchado aquella voz

                             que emana de los bosques

                             Me siento horas sobre la hojarasca

                             leyendo poemas de Tu Fu

                             Esperando el vano triunfo de la inmortalidad.

                            

                             *Julio Molina. 

                

                             Cruzo un puente de cimbra

 

                             Cruzo un puente de cimbra

                             de un río del cual no recuerdo el nombre

                             El silbido del viento me pone perplejo

                             Pero yo he fijado cada detalle

                             a la hora de los matices en la tarde

                             Yo he juntado diez años estos cuadernos

                             Estos inútiles signos escritos en la tierra.


                              Camino a la aguada

 

                         La aguada nos espera al lado de los juncos

                         El oportuno oasis

                         se rearma como en recortes de sol

                         Es la hora del ángelus 

                         y en la cumbre –sabemos-

                         se encenderán las fogatas

                         como promesa de un nuevo cielo. 


                      De lo imperdurable de estos paisajes

 

                      Todos estos cuerpos 

                      todos estos rostros envejecerán

                      Se irá marchitando el lingue y el alerce

                      Volarán las loicas desde las ramas

                      hasta paisajes inimaginables

                      Alguien soñará con estos cielos

                      y escuchará en la noche más densa

                      un canto de ranas en los estanques.

 

                      Del corazón de lo marchito

                              

                                De una luz como despojo

                                se va este último verano

                                -Ya vendrán las lluvias-

                                Es el tiempo de la hojarasca

                                y un mundo entero va a caer con el ocaso

                                yo me hundiré con él

                                Ahí  en el corazón de lo marchito. 

 

"NO TE OLVIDES DE MAÑANA" POR EL ESCRITOR CHILENO ANÍBAL RICCI



Con mi llanto atraigo a los gigantes que me cambian de pañales.

 

Voy conduciendo confortablemente. Los instrumentos de navegación son precisos. A noventa kilómetros por hora atravieso la carretera dentro de las normas permitidas. Con el paso de los años lo percibo cada vez más iluminado. He recorrido tantas veces el camino entre Santiago y Viña del Mar que me siento seguro en este túnel. No sobrepaso las tres mil revoluciones y tres mil años es más que suficiente para cualquier religión. Pienso que ningún esfuerzo por agradar debiera durar tantos años. Acelero con la esperanza de alcanzar algún destino antes del final.

 

Las luces artificiales se transforman en líneas que van convergiendo. La ruta se hace cada vez más angosta y a pesar de los destellos me transporto a otro túnel menos alumbrado que llevará a Illapel. Es de una sola vía con un semáforo de advertencia, a veces tiene sentido y otras un contrasentido. Lo recorro seguro a pesar de que la oscuridad es extrema. Las luces del auto dan un tinte azul a las rocas, un azul tenebroso que me hace pensar en un cielo sin estrellas.

 

Me interno en un valle completamente distinto calentado por un sol sin sombras, donde un hombre hace dedo con un casco en la mano. Dice que es bombero y también policía, que en ese pueblo suceden pocas cosas. Arrienda un pequeño local en el centro. Lo dejo en la entrada, pero es tan minúsculo el lugar que también es el centro.

 

Se respira una velocidad distinta en el aire. Aquí no hay delincuencia, nos conocemos todos, me dijo el policía. Los bandidos se encierran a sí mismos en la cárcel (confieso que reí) y por lo mismo soy bombero. Rara vez había incendios y por eso trae ropa usada desde Santiago.

 

Es un poblado de casas de adobe. Los presos almuerzan en la picada de la esquina, me confesó. Todos lo saben, pero nadie dice nada. Por su boca me entero que en la taberna les cobran lo justo y no se aprovechan de su situación. El restorán da pena y el bombero saluda a los reclusos. La comida es pésima y el vino peor.

 

          ¿A qué se dedica?

          Soy gerente de una empresa.

          Yo hago lo que hay que hacer en cada momento.

          Verdad que vende ropa americana.

          Tengo muchos empleos.

          ¿Y necesita trabajar tanto?

          Nunca he buscado empleo.

          ¿Y cómo llegó a policía y bombero?

          Los trabajos siempre me encuentran.

          ¿Quién es usted?

          Un prisionero de este pueblo donde nunca hay incendios.

 

Despierto llorando en una habitación gigantesca que jamás he visto.

 

En este túnel estoy rodeado de gente que me quiere. Muchos de ellos incluso me idolatran y no me permiten navegar tranquilo. Pierdo mi brújula por satisfacer deseos ajenos que hacen sentir culpable. Confundo la amistad de tantas personas y me escudo detrás de una mujer hermosa. Vislumbro mi futuro a través de sus ojos y deseo hacerla feliz. Mis instintos se esfuman y me vuelco por entero hasta asfixiarla. Dice que está deprimida y entristezco por amarla demasiado. Me deja abandonado en una enorme caverna para la que aún no estoy preparado.

 

Del túnel del amante paso a sentirme borracho ante los problemas que me angustian. Ahora necesito borrar mi historia y partir de cero. Estar solo no es fácil y prefiero cambiar el pasado para trazar un presente. Espero no contraer nunca matrimonio. Prefiero las fiestas y las cenas románticas en restoranes de moda, aunque el sexo pasajero me hace sentir un peor amante. Busco la luz en el pasado y retrocedo a mi infancia.

 

Subimos el cerro San Cristóbal en medio de una intensa niebla. Al llegar a la terraza donde llega el funicular, montamos las bicicletas al hombro y escalamos hasta la virgen por un sendero de tierra. Ascendemos por su pedestal de cemento entre una bruma tan densa que a cada paso van desapareciendo los peldaños. Nos vemos suspendidos en el aire y distinguimos apenas la estatua virginal. Con mi amigo somos los únicos moradores de una isla de peldaños que se pierden entre las nubes.

 

Esta habitación tampoco la he visto antes. Necesito escapar de estas borracheras interminables que me hacen sentir atrapado. Es una forma de renegar el pasado sumiéndome en fiestas que transcurren a una velocidad mayor. Quiero llegar pronto al final del túnel. Una sola partícula de luz le dará sentido a toda una vida de oscuridad.

 

He tomado rumbos equivocados. Ser un alumno brillante hizo que me aislara de la crueldad de la gente. Estudiar demasiado es el camino fácil para no entender a los demás. Es querer que transcurra a una velocidad diferente del resto, no sé si mayor, pero de todas maneras distinta.

 

Voy avanzando con los ojos vendados, aun cuando lo razonable sería detenerse. Necesito incorporar el pasado al presente, mutarlo en nuevas acciones que permitan atesorar mi existencia.

 

Cuando era niño estaba enfermo. La cama no sólo servía para dormir, sino también para desayunar, almorzar y seguir estudiando. Apenas me levantaba, subía a mi bicicleta y recorría los parajes que había perdido. Algunos se cansaban de esperarme y supe que muchos amigos quedarían atrás mientras estuviera recorriendo esos túneles solitarios y exagerados de mejor deportista, estudiante destacado e incluso de mejor enfermo.

 

La verdad es que yendo hacia atrás también hay luz. Es peligroso detenerse, pero aún peor avanzar a ciegas. Necesito aprender de la experiencia. Darle sentido a este recorrido fascinante que voy escribiendo a cada paso.

 

Descubro que la historia es para liberarnos del pasado. Casi sin darme cuenta estoy disfrutando de mis errores y apartando esa tristeza que contamina otros túneles. Por fin he aprendido que el pasado nunca termina de ocurrir y en el futuro me veo abriendo puertas.

 

Unchain the colors before my eyes,

yesterday’s sorrows, tomorrow’s white lies.

scan the horizon, the clouds take me higher.

 

Resurgiré del fuego.