La página de Andrés Morales (1962), poeta, ensayista y académico chileno, es un Blog de apuntes y escritos abierto a todos aquellos interesados en la literatura y, en especial, en la poesía. Contiene poemas, artículos, notas, comentarios, críticas, reseñas, fotografías y en general, todos los tópicos imaginables e inimaginables en torno a la poesía, el cine, la prosa y la literatura chilena, hispanoamericana, española y europea de todas las épocas y estilos.
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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."
José Saramago
José Saramago
viernes, 20 de junio de 2014
jueves, 19 de junio de 2014
DESCUBIERTA UNA FOTO INÉDITA DE UN RIMBAUD ADULTO
Todo el mundo tiene muy clara al menos una imagen de Rimbaud, pero casi todas ellas pertenecen a la juventud del poeta. Pero ahora ha aparecido por casualidad una imagen de la etapa final de la vida de Arthur Rimbaud, cuando era mercader en Etiopía. Un estudio biométrico ya ha confirmado que la imagen es – realmente – el poeta.
La fotografía apareció por primera vez en los medios de comunicación franceses en 2010. Alban Caussé y Jacques Desse, dos libreros parisinos, se la encontraron en el fondo de una caja en la que se guardaban pertenencias de Jules Suel, un comerciante que fue quien financió las ventas de armas de Rimbaud. La datación de la fotografía es aproximada y cercana a 1880. La imagen fue entonces desdeñada por los especialistas en Rimbaud, que negaron que el primer hombre por la derecha (del lector) fuese Arthur Rimbaud.
Pero primero el contexto y luego la ciencia han confirmado que el hombre de la foto es Rimbaud. Primero, un estudio de las personas que aparecen en la fotografía con el hombre que el tiempo ha demostrado que era el poeta ayudó a afianzar la teoría de que estamos ante una nueva imagen de Arthur Rimbaud. Los dos libreros que la encontraron se dedicaron a buscar minuciosamente cualquier dato que pudiese apoyar la identidad de los retratados. “Dos años investigando sobre el exilio de Rimbaud en Yemen, en Etiopía, investigando también sobre el decorado, sobre el envejecimiento de la célebre fotografía de Rimbaud adolescente”, explicaban.“Hasta se analizó la raya del pelo”.
Después, un estudio biométrico realizado por un especialista de la Universidad Claude-Bernard de Lyon ha dado la confirmación definitiva.
La fotografía – como explican en el dossier que han publicado en la universidad sobre el tema - ha sido comparada con otras imágenes confirmadas y seguras de Rimbaud en diferentes períodos de su vida (como un par de fotografías de Etienne Carjat o el muy famoso cuadro de Fantin Latour Un rincón de mesa). La conclusión del estudio es que el hombre de la foto encontrada es, con un 98% de probabilidad, Arthur Rimbaud si se compara con las fotografías que ya conocemos y de entre un 85-92% con todas las representaciones de Rimbaud.
Fotos France 2, Wikipedia Commons
miércoles, 18 de junio de 2014
martes, 17 de junio de 2014
SELECCIÓN DE TEXTOS DEL POETA CHILENO LORENZO PEIRANO
DONDE
LOS DEMÁS TRABAJAN
Donde
los demás trabajan
hay
una inclinación de grietas.
Donde
yo trabajo
¿Qué
hay?
Donde
el azufre es más azufre
y
la hostilidad se contorsiona,
hay
hombres que trabajan
y
no piden, no piden
como
yo…
Aunque los demonios no lo
aprueben
apago un cigarrillo sobre una moneda.
apago un cigarrillo sobre una moneda.
YO SOY EL HIJO DE KAFKA
A Mauricio Ramírez Pino
Yo soy el hijo de Kafka
que sigue presente
en cada ciudad de hierro y azufre,
en cada estridencia de papeles terribles.
en cada ciudad de hierro y azufre,
en cada estridencia de papeles terribles.
Yo soy el niño judío,
similar a un tormento,
descrito y borrado,
borrado y descrito,
que apenas conversa,
que apenas recuerda.
similar a un tormento,
descrito y borrado,
borrado y descrito,
que apenas conversa,
que apenas recuerda.
Yo soy el hijo de Kafka
muerto a los siete años de edad.
muerto a los siete años de edad.
(Pude haber sido el
muchacho de Auschwitz.)
HE PEGADO EN LOS MUROS DE MI CRÁNEO
He pegado en los muros de mi cráneo
un rostro de mujer con antifaz,
y no he querido suicidarme
aunque mis manos se lamentan.
y no he querido suicidarme
aunque mis manos se lamentan.
Balbucear, impregnar los bares con
temblores
y decidir por todos los muertos del planeta,
no son tareas que yo acepte.
y decidir por todos los muertos del planeta,
no son tareas que yo acepte.
No finjo preguntas, mi Señor,
como tampoco visito las iglesias.
Blasfemo me dicen las gargantas,
eres un blasfemo irremediable,
y usted sonríe.
como tampoco visito las iglesias.
Blasfemo me dicen las gargantas,
eres un blasfemo irremediable,
y usted sonríe.
Hay tiempos y canallas que he borrado,
quemaré todos mis retratos,
todos mis aullidos de una vez.
quemaré todos mis retratos,
todos mis aullidos de una vez.
Como ve, Señor,
estoy en un mes opaco
sacudiendo el polvo de mis versos.
estoy en un mes opaco
sacudiendo el polvo de mis versos.
LOS QUE HAN SIDO PENA Y MOVIMIENTO
A Pilar
Pallaviccini
"…todo poema es un epitafio."
T.S. Eliot
Los que han sido pena y movimiento,
los que uno conoce, mueren de repente,
y es mejor detenerse en una calle
y no entrar a casas que pronto caerán.
los que uno conoce, mueren de repente,
y es mejor detenerse en una calle
y no entrar a casas que pronto caerán.
Por sobre tiempos desdichados,
por sobre tiempos enemigos de la sangre,
anduvo una mujer que ha muerto sin abrazo.
Hoy la conducen al epitafio y a los rezos,
hoy la mencionan, pero la tierra se acomoda.
por sobre tiempos enemigos de la sangre,
anduvo una mujer que ha muerto sin abrazo.
Hoy la conducen al epitafio y a los rezos,
hoy la mencionan, pero la tierra se acomoda.
Es mejor detenerse en
una calle
y no entrar a casas que pronto caerán.
Cada alimento es un engaño,
cada familia es un cortejo detenido algunas veces.
y no entrar a casas que pronto caerán.
Cada alimento es un engaño,
cada familia es un cortejo detenido algunas veces.
LA NOCHE DE SAN JORGE
No falta mucho para
que dejemos este pueblo
(el pueblo de nuestros padres, de nuestras madres), caserío y voces
juzgando apenas anochece; aunque es grato su pequeño cementerio:
aquel saludar interminable. Los veranos en la memoria, los veranos
que recién han transcurrido; brasas en la cara a las cuatro de la tarde
y cigarras que distraen, que invaden la lectura.
No falta mucho para que nosotros, los que no tuvimos un pueblo
(a pesar de nuestra sangre, nos sienten extranjeros), abandonemos
el valle, la tierra trabajada o la distancia. Sólo nos importan los detalles,
el vidrio empañado tras el cual se adivina una muchacha, la conversación,
un tintinear de espuelas, los fardos, la bodega,
el alacrán cerca del pie
descalzo de la infancia.
(el pueblo de nuestros padres, de nuestras madres), caserío y voces
juzgando apenas anochece; aunque es grato su pequeño cementerio:
aquel saludar interminable. Los veranos en la memoria, los veranos
que recién han transcurrido; brasas en la cara a las cuatro de la tarde
y cigarras que distraen, que invaden la lectura.
No falta mucho para que nosotros, los que no tuvimos un pueblo
(a pesar de nuestra sangre, nos sienten extranjeros), abandonemos
el valle, la tierra trabajada o la distancia. Sólo nos importan los detalles,
el vidrio empañado tras el cual se adivina una muchacha, la conversación,
un tintinear de espuelas, los fardos, la bodega,
el alacrán cerca del pie
descalzo de la infancia.
*
Nosotros, los que
no tuvimos un pueblo,
estamos sentados a la mesa, y alguien nos sonríe.
Es un hombre delgado, de estatura media.
Nos sonríe y nos pregunta por Rolando, por Álvaro, por Gabriel,
por su hermano Iván, por el silencio de Mauricio.
¿Qué decirle? El otoño pronuncia versos sueltos.
¿Qué decirle? Conocemos esos nombres.
Es un hombre delgado, de estatura media.
Nos sonríe y nos pregunta por Rolando, por Álvaro, por Gabriel,
por su hermano Iván, por el silencio de Mauricio.
¿Qué decirle? El otoño pronuncia versos sueltos.
¿Qué decirle? Conocemos esos nombres.
Yo escucho hablar a
mi amigo,
escucho su voz inocente en la paz
perdida de una casa.
No puedo decir nada, no puedo mover
mis manos y él no me ve, todavía
no me ve.
escucho su voz inocente en la paz
perdida de una casa.
No puedo decir nada, no puedo mover
mis manos y él no me ve, todavía
no me ve.
Yo escucho aquella
voz cercana
y hace diez años ausente de las cosas.
¿Qué día es hoy?
Un dragón cae vencido en las tinieblas;
una noche demasiado triste
se resigna.
y hace diez años ausente de las cosas.
¿Qué día es hoy?
Un dragón cae vencido en las tinieblas;
una noche demasiado triste
se resigna.
*
El don, obsequio de
un viento dividido,
rompe la bolsa del dinero y te hace hablar
sólo de ti mismo.
Recuerdas al amigo,
tienes presente la noche de su velatorio, la noche de San Jorge.
Pero marchas con otros seres; desde la muerte
partes a la vida (aunque debes regresar).
rompe la bolsa del dinero y te hace hablar
sólo de ti mismo.
Recuerdas al amigo,
tienes presente la noche de su velatorio, la noche de San Jorge.
Pero marchas con otros seres; desde la muerte
partes a la vida (aunque debes regresar).
El último paseo:
piedras verdes en el estero claro;
saltamontes bajo el sol, sobre las hojas caídas del venturoso otoño.
saltamontes bajo el sol, sobre las hojas caídas del venturoso otoño.
El último paseo:
álamos y tiempo; la complicidad de las personas buenas.
Concluyes: Verdaderamente,
querido amigo,
hoy día nos entenderíamos mejor.
hoy día nos entenderíamos mejor.
Y sigues:
Usted yacía lejos,
en aquel campo de canales secos,
en un recinto que no puedo imaginar.
Usted yacía lejos,
en aquel campo de canales secos,
en un recinto que no puedo imaginar.
La gran sombra de
los cerros en la noche de San
Jorge.
*
“La noche era un
trozo de carbón a punto de arder.”
Me rompe el alma una casa lejana allá en Santiago;
el vaso de vino y la queda conversación
sobre libros, tangos y la dura tarea de vivir.
A un poeta no se le puede hacer daño, usted me aseguraba.
Usted, acorralado por momentos insufribles,
indulgente y sabio. Notable desde la memoria y el paisaje.
el vaso de vino y la queda conversación
sobre libros, tangos y la dura tarea de vivir.
A un poeta no se le puede hacer daño, usted me aseguraba.
Usted, acorralado por momentos insufribles,
indulgente y sabio. Notable desde la memoria y el paisaje.
A veces, quienes le
conocimos, nos referimos a sus poemas,
a su vida; lo intentamos.
A veces hablamos demasiado. Usted sonreiría.
a su vida; lo intentamos.
A veces hablamos demasiado. Usted sonreiría.
Escribo en verso
después de recorrer un campo desde cuya tierra brota sangre,
sangre y luz en la atmósfera invadida por innombrables pájaros nocturnos
sangre y luz en la atmósfera invadida por innombrables pájaros nocturnos
Cuántas veces le
hablé de este lugar.
En las calles musgosas del invierno de Santiago, cuántas veces le hablé de este lugar;
En las calles musgosas del invierno de Santiago, cuántas veces le hablé de este lugar;
y usted partía a las tierras de La Ligua,
áridas y misteriosas voces, las muchachas
de sus sueños. Usted se despedía para pronto volver en aquellos días entrañables.
de sus sueños. Usted se despedía para pronto volver en aquellos días entrañables.
Hay algo que decir
cuando el campo, al atardecer,
hace un “recuerdo de la muerte.”
hace un “recuerdo de la muerte.”
2011
Sus
prominencias supra orbitales declaran una desolada forma.
Él
se ha hecho hermano de los santos,
porque
a pesar de las cifras y las palabras divididas
se
detiene ante cuerpos viejos,
ante
rostros de ojos purulentos.
Vislumbra
la cantidad de sangre que Cristo perdió en la tierra,
vislumbra
la abundante sangre que el Hijo del Señor entregó desesperado.
No
me atrevo
a
llamarte “Maestro”.
Sería,
de partida, una presunción
(como
si yo hubiese aprendido algo de ti).
Pero
me siento unido
a
tu luminoso rencor,
y
diviso tus palabras en el follaje amarillo de agosto,
y
sigo tu desgracia en mi propia desgracia.
No
me atrevo
a
pronunciar tu nombre extranjero.
He
visto como fotografían tus huesos,
como
estudian el pasado dolor de tus manos.
No
me atrevo
a
citar tus palabras…
LA MANDA
A Álvaro Ruiz
El largo de su
cabello gris,
la barba crecida. Este hombre
se arrastra a voluntad,
entre dolores, entre cuerpo
y alma. Se arrastra a voluntad.
la barba crecida. Este hombre
se arrastra a voluntad,
entre dolores, entre cuerpo
y alma. Se arrastra a voluntad.
Expulsó de su boca
el trozo de corazón asesinado.
Ya olvidó la noche dionisíaca,
el mal de ojo. Ausente se encuentra
el manto de la luna.
el trozo de corazón asesinado.
Ya olvidó la noche dionisíaca,
el mal de ojo. Ausente se encuentra
el manto de la luna.
Entre los arbustos
yacen otros días. Este hombre
se arrastra a voluntad. No sé
su nombre. Y nadie tiene
la respuesta
No puedo hablarle. Deja
un rastro allá en las hojas,
en las piedras de la tierra…
yacen otros días. Este hombre
se arrastra a voluntad. No sé
su nombre. Y nadie tiene
la respuesta
No puedo hablarle. Deja
un rastro allá en las hojas,
en las piedras de la tierra…
ESCRIBIRÉ
SOBRE A VIDA DE UN SANTO
A
Andrés Morales
Escribiré
sobre la vida de un santo.
Me
internaré en la penumbra rojiza,
en
las noches de pena,
en
todo aquello que se difumina o solloza.
Pronto
comenzaré a leer ciertos libros,
páginas
escondidas del hombre,
de
la crueldad recargada de falsos abrazos.
Escribiré
sobre una vida de llagas y encierros,
una
vida no comprendida: una gota de sangre.
VERANO
DE 2013
Y
vendrá, sin saber por qué,
un
ser lastimado
por
la historia de otros hombres.
El
vendaje enrojecido,
la
ropa descuidada,
el
afecto luminoso
de
los perros de la calle.
Sin
saber por qué
beberá
en el desmonte,
a
la sombra de un espino.
COLOCO MI FE
A Horacio
Valenzuela
Coloco mi Fe por
sobre los rostros a veces espantosos de la gente.
Y decaigo ante
ciertas frases, confundido, al salir de la penumbra.
Las telarañas que
brillan entre los álamos de abril, casi deshojados,
sus hilos
inasibles; cuántos pensamientos o imágenes en una mente que padece.
La fortaleza de
espinas no logra ocultar el campanario;
debo (debemos) partir hacia donde la sangre santa se licúa.
No hay más.
debo (debemos) partir hacia donde la sangre santa se licúa.
No hay más.
Suelo evocar un
eucalipto caído contra una pared;
aquella mañana en la parte de cemento, frente al sol:
un niño con el recuerdo de su madre: el único abrazo para él.
aquella mañana en la parte de cemento, frente al sol:
un niño con el recuerdo de su madre: el único abrazo para él.
Mi Fe por sobre los
rostros a veces espantosos, por sobre los objetos,
por sobre mi persona. El estero y el leve metal de su corriente
que aleja
los minutos de arrogancia.
por sobre mi persona. El estero y el leve metal de su corriente
que aleja
los minutos de arrogancia.
No se enfrían las
piedras del fogón,
no desaparecen los canastos, las sillas de mimbre, las vigas tiznadas,
el acento con que se mencionan las bestias y la carga.
no desaparecen los canastos, las sillas de mimbre, las vigas tiznadas,
el acento con que se mencionan las bestias y la carga.
Llevo en mí también
otras semanas de insomnios y muebles de nogal;
pétalos húmedos esparcidos en la mesa, manteles bordados y raídos.
Llevo también otras voces, otras formas, otras decepciones.
pétalos húmedos esparcidos en la mesa, manteles bordados y raídos.
Llevo también otras voces, otras formas, otras decepciones.
Mi Fe por sobre los
rostros a veces espantosos, por sobre los objetos,
por sobre mi persona. La pieza enorme, el ala oeste de una casa
iluminada intensamente a media noche. ¿Qué pasa afuera? ¿Quién
rompe la oscuridad extendida, las historias de los sueños?
Tiembla la puerta despintada, se entreabre.
por sobre mi persona. La pieza enorme, el ala oeste de una casa
iluminada intensamente a media noche. ¿Qué pasa afuera? ¿Quién
rompe la oscuridad extendida, las historias de los sueños?
Tiembla la puerta despintada, se entreabre.
DE LO AMARGO HA SURGIDO MI VIRTUD
De lo amargo ha
surgido mi virtud.
Al rojo vivo las
azadas, los instrumentos
de labranza. No puedo sino decir
cosas relativas a un secreto, a un tiempo
desdichado.
de labranza. No puedo sino decir
cosas relativas a un secreto, a un tiempo
desdichado.
Pido perdón ante el
viejo camino ensombrecido
de la tarde. Aún quedan restos del jardín.
de la tarde. Aún quedan restos del jardín.
Pido misericordia,
una oración.
"TRECE POEMAS" DEL AUTOR CHILENO AGUSTÍN BENELLI (CONCEPCIÓN)
IV
Observo tu jardín
y tu imagen diluirse
en la nada
y me pregunto
qué puede
ser más terrible
que perderse
en las propias llamas del corazón
descubrir al amanecer
una playa de negras arenas
con un sol oscurísimo
morando dentro de mi cabeza
Es que todo el universo yacía
en esa planicie
cada grano
era una estrella
de luz oscura
sorda
a cada una
de mis preguntas.
V
Eran como pequeñas catapultas
tus pupilas aquella tarde de abril
Invisibles piedrecitas de canto rodado
me arrojabas atrevidamente
ninguna de ellas ose esquivar
todas se hundieron en aquel río de sangre
que torrencial iba por mi arteria
Entonces suaves ondas de choque
se expandieron por todo mi cuerpo.
XII
Tus mensajes de texto
fueron las calidas avenidas de la tarde
en ellas tus ojos eran el paisaje
como en una pantalla en cinemascope
Qué hermoso fue modular
yendo mar adentro
todo el cuerpo como un sol
en las aguas
que eran tus aguas
de abril.
XV
Esta noche
en torrenciales imágenes
tú has estado junto a mí
cuando el otoño
en la ruleta del tiempo
jugaba al amarillo-ocre
cuando tú en lo retráctil de la noche
lograbas extender
tus luciérnagas
sobre mi pecho
traer hacía mí
tu aroma
a madreselva
y todo el cosmos
era una bocanada
de especias aromáticas.
XVII
En la hermosa provincia
un día el sol envuelto en delicadas llamas
se alejó de la ciudad con rumbo desconocido
una nebulosa oscura cubrió su gran corazón
entonces en las calles
muchas cabezas oscilaban
como mundos en extinción
desconectados unos de otros
aunque en el espacio cósmico
en las profundas aguas del universo
aún hay señales luminosas
que colman sus océanos.
XVIII
Una melodía
escuchaba
en los tiempos de las maderas
ese sereno y placido soñar de una guitarra
aleteando en la habitación
cuando tú pasabas invisible
bajo el reflejo de la luna
y tu blue jeans
apretadísimo
te solazaba
y todo
se movía
contigo
y de todos los aromas
la noche alimentaba
mi sombra en busca
de tu sombra.
XXIV
Fue en un sueño de otoño
cuando mis labios como semillas
desde la cima de tus pechos
rodaron hasta lo más frondoso de tu pubis
allí creció robusta y caliente la yerba
en remolinos ascendentes
de abrazos y gemidos
donde todo se alzaba
hasta la cumbre más alta
y como en un Big Bang
nos expandimos hasta encontrarnos
tú y yo en la cima de las pulsaciones
más intensas
de todo el universo.
XXVII
Tú dijiste lubricidad
o algo así como aceites del Kamasutra
y yo imagine lo rojo
del picotazo
la hendidura
que se perfila
que se descubre
dentro de su propio abismo
allí donde había una llave
abriendo el universo.
XXVIII
Dime ¡Uy!
que como bajo los cielos
de la antigüedad
encenderé tu cuerpo
en estas frías
noches de otoño
Frotaré tu cuerpo
como con una flecha
en la madera hendida
y en mi mano estará el arco de tu mirada
impulsando mi corazón
hasta que la chispa
salte de tu cuerpo
e ilumine todo el cuarto
hasta los cimientos.
XXIX
Imaginé esa mañana
tu cuarto como una barca
surcando las letras
de un maravilloso relato
Una barca con un fuego en su interior
que abrigaba nuestros corazones
como en las antiguas canoas yaganes
que alguna vez surcaron
otras esplendidas historias
Ahora en mi memoria táctil
tengo tus manos tus dedos
y ese oleaje que era nuestra sangre
que como carbones encendidos
buscaban entrelazar
nuestros cuerpos
en un sola resplandeciente
hoguera.
XXXI
Quizás
en nuestras bitácoras de viaje
sea ineludible hallar las aguas tempestuosas
dibujadas con líneas ásperas y retorcidas
Pero sobre todas las cosas yo veo
una línea curva como una luna y un sol
asombrosamente brillantes
que nos iluminan
cuando nos miramos
en la transparencia
de nuestras palabras
y entramos
en esas tibias
aguas cósmicas
de mareas perfectas
pujando por reunirnos
en un solo cauce.
XXXVII
Jugábamos
cuando la noche a la orilla de la laguna
ya había borrado nuestras sombras
y sólo estábamos tú y yo
Pero me pregunto
si acaso percibiste
que cuando te alce
entre mis brazos
yo te presentaba al cielo
como la más viva
y hermosa de las ofrendas
que cuando tú abriste tus piernas para aferrarte a mí
también me arrastrabas contigo hasta el infinito
Recuerdo que fuimos como una sola carne
intentando alcanzar el resplandor de las estrellas
pero tal vez el cielo gris de aquella noche nos jugó en contra
cuando quizás demasiada champaña
en nuestras cabezas
aligeró la realidad
de ese peso gravitacional
que nos sujeta férreamente
a este mundo.
XXXIX
Fuiste
una pequeña gran linterna
con forma de lápiz
que alumbró con su haz
la penumbra que había en mí
en esa cama como bajo las frazadas
– Eso dijiste –
al recordar
esa tempestad
transfigurada
en un monstruo marino
recorriendo la noche
que era un río de oscuras mareas
suspendidas en el viento
Un pozo de incertidumbres
el abismo por donde brotaban
aguas turbulentas y tristes
Pero aquella noche yo llegué a tu lado
en el instante preciso
e iluminé con mi linterna
el camino hacía nuestro mundo
el único refugio
donde tú y yo
podíamos
escapar.
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