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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."



José Saramago

martes, 17 de junio de 2014

SELECCIÓN DE TEXTOS DEL POETA CHILENO LORENZO PEIRANO




DONDE LOS DEMÁS TRABAJAN

  
Donde los demás trabajan
hay una inclinación de grietas.

Donde yo trabajo
¿Qué hay?

Donde el azufre es más azufre
y la hostilidad se contorsiona,
hay hombres que trabajan
y no piden, no piden
como yo…

Aunque los demonios no lo aprueben
apago un cigarrillo sobre una moneda.



YO SOY EL HIJO DE KAFKA
                                                                 
                                                          A Mauricio Ramírez Pino
Yo soy el hijo de Kafka
que sigue presente
en cada ciudad de hierro y azufre,
en cada estridencia de papeles terribles.
Yo soy el niño judío,
similar a un tormento,
descrito y borrado,
borrado y descrito,
que apenas conversa,
que apenas recuerda.
Yo soy el hijo de Kafka
muerto a los siete años de edad.
(Pude haber sido el muchacho de Auschwitz.)



HE PEGADO EN LOS MUROS DE MI CRÁNEO

He pegado en los muros de mi cráneo
un rostro de mujer con antifaz,
y no he querido suicidarme
aunque mis manos se lamentan.
Balbucear, impregnar los bares con temblores
y decidir por todos los muertos del planeta,
no son tareas que yo acepte.
No finjo preguntas, mi Señor,
como tampoco visito las iglesias.
Blasfemo me dicen las gargantas,
eres un blasfemo irremediable,
               y usted sonríe.
Hay tiempos y canallas que he borrado,
quemaré todos mis retratos,
todos mis aullidos de una vez.

Como ve, Señor,
estoy en un mes opaco
sacudiendo el polvo de mis versos.

LOS QUE HAN SIDO PENA Y MOVIMIENTO
                                                                                
                                                                                     A Pilar Pallaviccini

                                                                               "…todo poema es un epitafio."
                                                                                                                     T.S. Eliot
Los que han sido pena y movimiento,    
los que uno conoce, mueren de repente,
y es mejor detenerse en una calle
y no entrar a casas que pronto caerán.
Por sobre tiempos desdichados,
por sobre tiempos enemigos de la sangre,
anduvo una mujer que ha muerto sin abrazo.
Hoy la conducen al epitafio y a los rezos,
hoy la mencionan, pero la tierra se acomoda.
Es mejor detenerse en una calle
y no entrar a casas que pronto caerán.
Cada alimento es un engaño,
cada familia es un cortejo detenido algunas veces.

LA NOCHE DE SAN JORGE

  
No falta mucho para que dejemos este pueblo
(el pueblo de nuestros padres, de nuestras madres), caserío y voces
juzgando apenas anochece; aunque es grato su pequeño cementerio:
aquel saludar interminable. Los veranos en la memoria, los veranos
que recién han transcurrido; brasas en la cara a las cuatro de la tarde
y cigarras que distraen, que invaden la lectura.
No falta mucho para que nosotros, los que no tuvimos un pueblo
(a pesar de nuestra sangre, nos sienten extranjeros), abandonemos
 el valle, la tierra trabajada o la distancia. Sólo nos importan los detalles,
el vidrio empañado tras el cual se adivina una muchacha, la conversación,
 un tintinear de espuelas, los fardos, la bodega,
 el alacrán cerca del pie
                                      descalzo de la infancia.


       
                                                       *                                      

Nosotros, los que no tuvimos un pueblo, 
estamos sentados a la mesa, y alguien nos sonríe.
Es un hombre delgado, de estatura media.
Nos sonríe y nos pregunta por Rolando, por Álvaro, por Gabriel,
 por su hermano Iván,  por el silencio de Mauricio.
¿Qué decirle?  El otoño pronuncia versos sueltos.
¿Qué decirle? Conocemos esos nombres.

Yo escucho hablar a mi amigo,
escucho su voz inocente en la paz
perdida de una casa.
No puedo decir nada, no puedo mover
mis manos y él no me ve, todavía
           no me ve.

Yo escucho aquella voz cercana
 y hace diez años ausente de las cosas.
¿Qué día es hoy?
Un dragón cae vencido en las tinieblas;
 una noche demasiado triste
        se resigna.

                                               *                                      

El don, obsequio de un viento dividido,
rompe la bolsa del dinero y te hace hablar
                                                                   sólo de ti mismo.
Recuerdas al amigo,
tienes presente la noche de su velatorio, la noche de San Jorge.
Pero marchas con otros seres; desde la muerte
partes a la vida (aunque debes regresar).

El último paseo: piedras verdes en el estero claro;
saltamontes bajo el sol, sobre las hojas caídas del venturoso otoño.

El último paseo: álamos y tiempo; la complicidad de las personas buenas.

Concluyes: Verdaderamente, querido amigo,
                  hoy día nos entenderíamos mejor.

Y sigues:
Usted yacía lejos,
en aquel campo de canales secos,
en un recinto que no puedo imaginar.

La gran sombra de los cerros en la noche de San Jorge.                 
                                          
                                                   *

 “La noche era un trozo de carbón a punto de arder.”
Me rompe el alma una casa lejana allá en Santiago;
el vaso de vino y la queda conversación
sobre libros, tangos y la dura tarea de vivir.
A un poeta no se le puede hacer daño, usted me aseguraba.
Usted, acorralado por  momentos insufribles,
indulgente y sabio. Notable desde la memoria y el paisaje.

A veces, quienes le conocimos, nos referimos a sus poemas,
a su vida; lo intentamos.
A veces hablamos demasiado. Usted sonreiría.

Escribo en verso después de recorrer un campo desde cuya tierra brota sangre,
sangre y luz en la atmósfera invadida por innombrables pájaros nocturnos

Cuántas veces le hablé de este lugar.
En las calles musgosas del invierno de Santiago, cuántas veces le hablé de este lugar;
 y usted partía a las tierras de La Ligua, áridas y misteriosas voces, las muchachas
de sus sueños. Usted se despedía para pronto volver en aquellos días entrañables.

Hay algo que decir cuando el campo, al atardecer,
              hace un  “recuerdo de la muerte.”


  
2011

  
Sus prominencias supra orbitales declaran una desolada forma.

Él se ha hecho hermano de los santos,
porque a pesar de las cifras y las palabras divididas
se detiene ante cuerpos viejos,
ante rostros de ojos purulentos.

Vislumbra la cantidad de sangre que Cristo perdió en la tierra,
vislumbra la abundante sangre que el Hijo del Señor entregó desesperado.


 No me atrevo
a llamarte “Maestro”.
Sería, de partida, una presunción
(como si yo hubiese aprendido algo de ti).

Pero me siento unido
a tu luminoso rencor,
y diviso tus palabras en el follaje amarillo de agosto,
y sigo tu desgracia en mi propia desgracia.

No me atrevo
a pronunciar tu nombre extranjero.
He visto como fotografían tus huesos,
como estudian el pasado dolor de tus manos.

No me atrevo
a citar tus palabras…



 LA MANDA
                                                       
                                                                    A Álvaro Ruiz


El largo de su cabello gris,
la barba crecida. Este hombre
se arrastra a voluntad,
entre dolores, entre cuerpo
y alma. Se arrastra a voluntad.

Expulsó de su boca
el trozo de corazón asesinado.
Ya olvidó la noche dionisíaca,
el mal de ojo. Ausente se encuentra
el manto de la luna.

Entre los arbustos
yacen otros días. Este hombre
se arrastra a voluntad. No sé
su nombre. Y nadie tiene
la respuesta

No puedo hablarle. Deja
un rastro allá en las hojas,
en las piedras de la tierra…



ESCRIBIRÉ SOBRE A VIDA DE UN SANTO

                                                                                          
                                                                                                       A Andrés Morales
                                                                                                    

Escribiré sobre la vida de un santo.

Me internaré en la penumbra rojiza,
en las noches de pena,
en todo aquello que se difumina o solloza.

Pronto comenzaré a leer ciertos libros,
páginas escondidas del hombre,
de la crueldad recargada de falsos abrazos.

Escribiré sobre una vida de llagas y encierros,
una vida no comprendida: una gota de sangre.



VERANO DE 2013

  
Y vendrá, sin saber por qué,
un ser lastimado
por la historia de otros hombres.

El vendaje enrojecido,
la ropa descuidada,
el afecto luminoso
de los perros de la calle.

Sin saber por qué
beberá en el desmonte,
a la sombra de un espino.



COLOCO MI FE 
                                                                                   

                                                                            A Horacio Valenzuela

  
Coloco mi Fe por sobre los rostros a veces espantosos de la gente.
Y decaigo ante ciertas frases, confundido, al salir de la penumbra.

Las telarañas que brillan entre los álamos de abril, casi deshojados,
sus hilos inasibles; cuántos pensamientos o imágenes en una mente que padece.

La fortaleza de espinas no logra ocultar el campanario;
debo (debemos) partir hacia donde la sangre santa se licúa.
No hay más.

Suelo evocar un eucalipto caído contra una pared;
aquella mañana en la parte de cemento, frente al sol:
un niño con el recuerdo de su madre: el único abrazo para él.

Mi Fe por sobre los rostros a veces espantosos, por sobre los objetos,
por sobre mi persona. El estero y el leve metal de su corriente
que aleja
               los minutos de arrogancia.

No se enfrían las piedras del fogón,
no desaparecen los canastos, las sillas de mimbre, las vigas tiznadas,
el acento con que se mencionan las bestias y la carga.

Llevo en mí también otras semanas de insomnios y muebles de nogal;
pétalos húmedos esparcidos en la mesa, manteles bordados y raídos.
Llevo también otras voces, otras formas, otras decepciones.

Mi Fe por sobre los rostros a veces espantosos, por sobre los objetos,
por sobre mi persona. La pieza enorme, el ala oeste de una casa
iluminada intensamente a media noche. ¿Qué pasa afuera? ¿Quién
rompe la oscuridad extendida, las historias de los sueños?
             Tiembla la puerta despintada, se entreabre.



DE LO AMARGO HA SURGIDO MI VIRTUD


De lo amargo ha surgido mi virtud.

Al rojo vivo las azadas, los instrumentos
de labranza. No puedo sino decir
cosas relativas a un secreto, a un tiempo
desdichado.

Pido perdón ante el viejo camino ensombrecido
de la tarde. Aún quedan restos del jardín.
Pido misericordia, una oración.



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