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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."



José Saramago

martes, 14 de octubre de 2008

TEXTO DE JUAN CÁMERON SOBRE JESÚS ORTEGA


Jesús Ortega, hace años residente en Suecia, ha sido sistemáticamente olvidado por los críticos, académicos y antólogos... Un error imperdonable que es casi una costumbre en Chile. Perteneciente a la Generación del '60 (o estríctamente hablando, de 1972) comparte este lugar junto a notables cultores del género como Juan Luis Martínez, Oscar Hahn, Manuel Silva Acevedo, Juan Cameron, Gonzalo Millán, Alejandra Basualto, Carmen Berenguer, Jaime Quezada, Omar Lara y Floridor Pérez, entre otros. Su primer libro, Las pizarras del mundo, fue elogiado y destacado como uno de los mejores libros publicados en el año 1968, pero luego, con el horror del golpe de estado y con el exilio de Ortega, su figura se fue desvaneciendo inexplicablemente en Chile (no así en Europa, donde ha sido publicado y traducido). en esta página he tratado de divulgar algo de su producción. Hoy me parece importante reproducir un artículo aparecido en la Revista "Liberación" de Malmö, Suecia, y que firma, haciendo justicia al poeta, el querido y gran poeta Juan Cameron.



De este mundo y del otro, de Jesús Ortega
Una necesaria antología


por
Juan Cameron

La reciente recopilación de la obra del chileno Jesús Ortega, quien reside en Malmö, da cuenta del oficio mantenido por este poeta a través de sus cuatro libros anteriores. Reconocido, por su cercanía expresiva, a la Promoción del 65, la poesía de Ortega nos resulta absolutamente sesentaiochista.
Es necesario repetir -para confirmar las versiones del autor- que en tiempos de la Unidad Popular, con Juan Luis Martínez y Raúl Zurita leíamos, en el Café Cinema, Las pizarras del mundo, editada en Santiago, en 1968, por un artista conocido más bien como mimo, una suerte de Chaplin en la incipiente televisión chilena. Esta anécdota se la conté a Jesús Ortega al conocerlo en un bar de Malmö, el Två Krögare, a fines del verano de 1987. Y lo leíamos, justo es decirlo ahora, con el mismo interés que a los beatniks, los surrealistas y todos nuestros héroes contemporáneos.
Algún buen amigo limpió aquel ejemplar de mis estanterías. Textos como El indolente, Leonídas en Sudamérica o El ángel derribado puedo rescatarlos ahora desde su esperada antología, De este mundo y el otro, editada recientemente en Suecia -en castellano dicho sea de paso- por Brutus Östlings Bokförlag Symposion.
Pocos meses después de aquel encuentro, Ortega entregó su segundo libro, Serpentímetra. Habían transcurrido casi veinte años y sus lectores se encargaban de reclamar por tal ausencia. El volumen, bilingüe, con traducciones de Lasse Söderberg, fue editado por Aura Latina, dirigida entonces por Pancho Pérez Santiago y su heroico camarada de armas, Rubén Aguilera. La presentación tuvo lugar el sábado 26 de septiembre en el Fredman, y contó con la presencia de Manolo de Utrera y su grupo en una tarde que ofrecía, además, flamenco y tango. Y si bien muchos de los textos acompañados ya los habíamos leído en su primer libro, piezas como Para hablar con las musas y Recuerdo a Carmona -esta última una verdadera joyita para la lírica nacional- se destacaron de inmediato.
Carmona es un poeta que ya se fue; pero sigue bicicleteando en el texto de Ortega: Es él y su Volvo idolatrado/ Es él llegando a mi casa/ Por la tarde/ Es él y yo y la Chabe tomando vino caliente con naranja/ En el jardín de mi casa/ En el jardín lleno de rosas de mi casa/ Es mi casa/ a 13.000 kilómetros de su calle/ La que pasa. Ritmo, cadencia y repetición construyen este nostálgico texto. Aunque en la versión original le agregaba un largo Chile de distancia.
El escritor se toma su tiempo. Luego de ocho años, en 1995, entrega, en versiones distintas, La vidriera irrespetuosa. La gente empieza a comentar que Ortega escribe poco, que está en deuda con la poesía. El poeta se defiende: no escribo poco,/ emborrono centenares de cuartillas,/ pero quemo mucho./ (El fuego inmola)/ y debiera echar a la fogata/ la mitad de aquello que no quemo, alega años después en un poema no incluido en ninguna parte.
Su visión apocalíptica (a la entrada de la isla/ De Manhattan/ Circe levanta su antorcha encendida), esos cuerpos prestados al amor y las verdaderas causas de los monstruos que allí nos explica, muestran el desarrollo logrado en la reiteración de sus temas. Aunque su verdadero conflicto -entre la desesperación por el decir y la concentración de la técnica- se expresa en estas páginas como una oposición bastante absoluta.
Jesús Ortega es poeta del descubrimiento, la inteligencia iluminada y el juego permanente. No estamos ante un simple continuador de Nicanor Parra -bien podría serlo también de Gonzalo Rojas- ni frente a un antipoeta declarado. Ortega maneja un estilo propio y reconocible, aunque muy vinculado a la Generación Universitaria del 65 y a sus primeros autores (Omar Lara, Oscar Hahn, Hernán Miranda Casanova, Jaime Quezada y Floridor Pérez aproximadamente) más que a la del 50, a la que por razones cronológicas podría vincularse. Y en tanto sujeto histórico ha permanecido siempre en la memoria y el registro literario nacional, aunque su ausencia a ratos sea causa de un desconocimiento marcado y ocasionalmente odioso.
La actitud lúdica de Ortega consigue, en Modestísima proposición (2005), momentos de intensidad y placer estético. El poema Iluminaciones, escrito ciertamente por alguien que conoce y gusta de la poesía, más allá del hecho de citar a poetas de diversas épocas, en sí un objeto valioso. La contracción semántica del verso 9 -Y Ungaretti d’inmenso- es un recado para golosos, un reflexión inversa, tal vez la única posible frente al espectacular verso del vate italiano. Es decir, una iluminación.
Otro punto de altísima inflexión consigue el poeta en el texto Se acabó la fiesta. Como en la mayor parte de sus trabajos, la cuestión política, la denuncia y el necesario apuntar con el dedo, están presentes con su lenguaje directo, indirecto, transversal o cotidiano. Cuanto hace aquí, Ortega, es ensamblar una serie de lugares comunes, imágenes recurridas, pastiches de nuestra cultura occidental, para mostrarlas al desnudo en una nueva armatoste, lírica, rítmica y absoluta. Como diría un argentino, «se pudrió todo»: Hemos roto la guitarra contra el piso/ Hemos incendiado el piano. / Estrangulado el arpa (...) The end./ Cierren y vámonos a casa./ Desde la poltrona veremos/ Pelícanos fritos en aceite.
De este mundo y el otro se cierra con un cuadernillo reciente bautizado como De par en par. El mérito de esta antología reside en poner de manifiesto su poética válida e interesante, como una expresión más de la poesía chilena, esta vez generada en el extranjero. Una poesía que, por lo demás, responde a la línea formulada por su autor desde sus inicios y que se adscribe al modernismo humanista de fines del Siglo XX. En ella se manifiesta una clara búsqueda de lo inteligente, lo sagaz y lo acertivo -así como de la perfección formal encaminada a la denuncia y a la liberación frente al dominio opresivo del mal. Pero esta búsqueda, en todo caso romántica, muchas veces deberá sacrificar la obtención de ese instante perfecto en beneficio de la realidad. De allí que el título elegido por Jesús Ortega Heller -poeta chileno nacido en Caracas en 1932- sea del todo preciso.


jueves, 9 de octubre de 2008

DOS POEMAS INÉDITOS DE JESÚS ORTEGA HELLER





















NO CAMERON, NO ESCRIBO POCO

No Cameron, no escribo poco,
Emborrono centenares de cuartillas
Pero entrego a la llama el verso tosco,
El fuego inmola y en sus lenguas brilla.

Mas no debiera dejar un solo verso
Sin sufrir el flamígero castigo,
Que después de todo pienso
Cameron, querido amigo,

Que igual lo que arde y lo que absuelvo
La traidora errata
Y lo florido,

Se ha de comer el polvo
o el diente crecido de la rata
dos maneras semejantes del olvido.



SI, GONZALO ROJAS, ADVERTIDO

“..de lo que uno se muere es de maniquí”
G. R.

Si, Gonzalo Rojas, advertido,
de maniquí termina uno,
sobre todo si arriba al importuno
momento sin haber vivido.

Que cruzado el lùgubre dintel
hay quien llega con el alma seca,
y pasa, hueco èl,
ella muñeca.

Y como todos por igual en la resaca,
baja uno a la fosa horizontal
a un yantar no prevenido,
donde no se es comensal
sino el comido.

Porque al fin,
maquillado y bien vestido
se llega al gran festín
con todo el aderezo,
pero eso que devoran en la fosa,
aunque baje tieso,
Gonzalo Rojas te juro, no es de loza,
ni mayólica, ni acrílico, ni yeso.

domingo, 5 de octubre de 2008

SELECCIÓN DE POEMAS DE LEÓN GUILLERMO GUTIÉRREZ


El alma dormita

El alma dormita y sueña
que al alba no estará sola,
sueña que sueña
lejos de sí misma,
atraviesa la noche en contemplación estática.
En silencio se enreda
en su propio silencio
y gira,
suave,
lenta,
alrededor de la flor de pétalos presentidos.
En el viento,
ingrávida se desliza,
se abraza a su propia levedad
mecida en el vientre de una noche
que se ignora a sí misma.

Afanosa asciende, se eleva
a un horizonte sin márgenes,
el camino es la invención del sueño
que en su andar tropieza con sueños
de otros sueños que se sueñan a sí mismos.

El alma despierta al alba,
escucha su silencio,
se envuelve en su liviandad
y gozosa
Sabe que está sola.



Noctámbulo pernicioso


¿Dónde comenzar,
en el periplo de tu cuerpo
o en los andenes de tu alma?

Noctámbulo pernicioso
transito sin acordes
en la partitura de tu cuerpo,
mi piel se convierte en violines,
tambores africanos gritan
chillan, se sacuden como palmeras
en ventisca de otoño.
Un remolino centrífugo concentra
lo que dicen es universo en este instante
en que fieras, alacranes, pájaros,
océanos, cielos y el paisaje todo
se trasmutan en la carne que contiene
la consagración de los misterios.

¿O hablo de tu alma?
precipicio que invita al suicidio.
Detengo aquí la pluma
porque no se puede fabular el amor rotundo
desde la inventiva del verso.

No obstante, me declaro
noctámbulo pernicioso
aún en la palabra.




Los solitarios



Los solitarios no hacemos ruido
pisamos levemente
con miedo a ser descubiertos,
presentidos.
Sonámbulos
caminamos
por ríos sin agua, sin peces.
Nuestro silencio escondido
es más potente que el estruendo
de la montaña.
Con los ojos abiertos
nos incendiamos de oscuridad
sólo la tinta delata
la llama que nos incendia.



Día baldío


Murió mi padre, mi cid campeador
siempre vencido en la victoria
siempre glorioso en la derrota,
la estrategia de tu vida
fue ser torre y caballo a la vez
resguardando un rey decapitado que no veías.

La noche amaneció muerta
derrumbada entre las patas de los grillos,
cigarras y ciempiés
con tambores y flautas anunciaron el duelo
mientras el sol hería las pupilas del silencio.

Como estruendo que cimbra
pisos, techos y paredes,
en el calendario se hiende
una fecha funesta.
Sin misericordia la empuñadura
de la daga choca con la cerviz del día ciego.
Y uno queda dando tumbos
sin puertas ni ventanas,
el sol perdida la razón
incendia pastizales, levanta el agua de los mares,
va de este a oeste, se pierde en su propia luz.

Porque sin ti, padre
el día quedó baldío
y decapitado mi corazón.



Ahíto es el tiempo


El tiempo es mío
las nubes hipócritas
me lo habían robado.


El tiempo se transluce
bajo la tela que perfecta
dibuja la silueta del deseo.
Entonces el tiempo es deseo
y viceversa.
No más.


Ahíto es el tiempo
Y el deseo también


Poeta de dos abstracciones
desgarro la tela,
tu piel y tu sexo
me convierten en el primer
y el último hombre.


Deseo y tiempo desaparecen
en los pliegues íntimos
y las nubes son sombras
que parpadean
de mi pupila a tu sexo.


Vertical, el tiempo y el deseo
se persiguen en una fina línea
antes que el tiempo fuera deseo
y el deseo tiempo.



León Guillermo Gutiérrez nació en San Julián, Jalisco. Realizó estudios de maestría y doctorado en literatura hispanoamericana en la Universidad de Texas en Austin. Poeta, narrador y ensayista cuyos textos han sido publicados en revistas y suplementos culturales de Chile, Bolivia, España, Estados Unidos, Inglaterra y México. Ha publicado Donde la ausencia (1990); Salmos del peregrino (1991); Voices of Land and Sea (1995); Los dardos de Dios (1996); Los colores de la noche (1997); El nacionalismo en la novela mexicana del siglo XIX (1998); Evangelios de la tierra (1999); No mueras esta noche. Amor en tres actos (2000); Poesía de Jalisco del siglo XX (2001); Prisma. Antología poética de la vanguardia hispanoamericana (2003); Bajo la piel de la escritura. Evolución y permanencia de la literatura iberoamericana (2004) y Fervor desde el trópico. Poesía religiosa de Carlos Pellicer (2007). Fue coordinador editorial y del Catálogo Patrimonial del FCE. Es Doctor en letras por la Universidad Autónoma de México. Es colaborador habitual del suplemento “La Jornada Semanal” y Profesor universitario.

RESEÑA AL LIBRO "EVANGELIOS DE LA TIERRA" DE LEÓN GUILLERMO GUTIÉRREZ por MARIELA INSÚA


Evangelios de la tierra de León Guillermo Gutiérrez. México D.F.: Instituto Veracruzano de Cultura. Colección Los cincuenta, 1999.



Mariela Insúa Cereceda
Universidad de Navarra



En Evangelios de la tierra del poeta mexicano León Guillermo Gutiérrez, se plasma un recorrido por las intrincadas rutas de la existencia del hombre que debe lidiar con lo sagrado y lo profano. Esta obra se compone de cuatro partes imbricadas, cada una liderada por un elemento. Aire, fuego, agua y tierra se suceden en esta vía de huida, encuentro, pérdida y remembranza. Asimismo, todas estas partes son evangelios y con ello procuran dar a conocer un estado particular. En este caso, el intento comunicante se vincula a una carencia que es propia del hablante pero que es factible extenderla a la instancia vital de todo ser que busca saciarse en el recuerdo.
La primera de estas partes, «Evangelios del aire», nos sitúa ante un hablante adolescente que huye y divaga. Incluso la religiosidad se ve coloreada por esta actitud rotante: «rezo, blasfemo, enciendo y apago cirios» («Paisaje en rotación»- p.14). El murmullo de otros que sufrieron de este mal de «carne adolorida» se hace eco en las murallas de la habitación donde «dibuja» sus versos. Es este un espacio de tributo a Vallejo, Whitman y San Juan de la Cruz. Destaca, en este trasfondo de incertidumbre, «El nombre del poema» (pp.18-19). Con su «voz en la tormenta» el sujeto nos acerca a la confesión de una pérdida adánica. El nombrar ya no posee la potencia que tenía en los orígenes y de aquí deriva el anhelo de retorno a esa tierra «de donde fui sacado» que será una constante en las siguientes partes. No obstante, no sólo se añora la palabra perfecta sino también a un otro con el que se compartió una noche de diálogo plagado «de signos y presagios/ de luces y de ángelus» «(Nocturno del alba» - p.22).
A continuación, «Evangelios del fuego», precedido por un epígrafe de Luis Cardoza y Aragón, se circunscribe al paso del hablante por el deseo del otro que ya se prefiguraba en el último poema de la sección anterior. El extravío halla su sanación en el sacrificio. La mirada es el vínculo que estrecha al yo y al tú. En los versos proliferan ojos en busca de esa luz que colma, deleita y derrite. Es ante estos ojos que el sujeto consigue recuperar parte del botín pasado: «y en esta eucaristía, recupero mi nombre primigenio» («Piedra de sacrificio» - p. 31). De este modo, se consuma la rendición del yo frente al tú que sana la herida de la pérdida. Este acto de entrega voluntaria al fuego de la carne lo ha purificado y le ha permitido acceder a un estado armónico ya olvidado. El espacio del Puerto de Galveston, presente en los poemas, «Sábado de Gloria» y «Dibujos de Galveston» constituye el ámbito de asidero de esta dicha pasajera.
En «Evangelios del agua», estamos ante el sujeto solo junto al mar, lo que ya está sugerido en el epígrafe de Lezama Lima. Un océano separa y une a los amantes. Tras el consuelo primaveral que se observa en el segundo poema de esta parte («Primavera en Madrid»- p. 50), el hablante retorna al extravío que, tras conocer el estadio de plenitud, se torna aún más agónico que en un principio. Dicho desgarro vuelve a vincularse a la pérdida del «hilo primigenio» («Luz de agua»- p. 53). En «Desde la ventana», uno de los poemas más notables del conjunto, se hace patente que la carencia se proyecta hacia el pasado. Su historia familiar lo observa desde la repisa y nuevamente la mirada ocupa un lugar preponderante. Sus padres enmarcados en los retratos de adolescencia son testigos mudos. Asimismo, otro lo vigila desde el reflejo del vidrio de la ventana. Y la secuencia se cierra con un verso que plantea un camino de lectura del libro: «Detrás de la ventana alguien me ve / que escribiendo me veo» (p.55). Así, el sujeto que escruta su presente y su pasado a través de la confesada actividad escritural, está frente a alguien que tras el vidrio lo observa en su afán. Si ampliamos el alcance de estos versos al poemario, podríamos afirmar que estos evangelios entregan la noticia de un sujeto que se quiere dar a conocer en el más allá de la ventana.
La obra se cierra con «Evangelios de la tierra», meta del transitar por los elementos previos. Tierra, origen, madre, infancia se aúnan en el entramado de los versos como añoranza irrecuperable. La armonía de la edad primera, en que el hablante se tuteaba con el mundo circundante y era dios en sus juegos, ha sido desplazada por el insuficiente rememorar de aquella cosmogonía. El hablante retrata el trágico colapso con la temporalidad, fue entonces cuando el horizonte del paisaje infantil se transmutó en «línea fina» y en «filo de navaja» («Puerto de Amsterdam» - p. 65). Cabe acotar que al romper lazos con el origen, el sujeto pierde el hilo de su destino y siempre «está por llegar» («El camino» - p. 66). El hablante se despide en «Buenas noches», con lo cual se acentúa la idea de comunicación con el polo receptor. Esta despedida consiste en inventariar sus pertenencias en la lejanía de un café de Austin. Ellas son el compendio de esa lucha permanente por recuperar el don una vez poseído. De este modo, confluyen en las palabras finales vestigios de su pasado y del de otros que como él sintieron el flagelo del anhelo de lo inaprehensible. El poemario se cierra con un poema breve titulado «Autobiografía instantánea» que ilustra la vuelta al extravío cadente y solitario del viajero.
León Guillermo Gutiérrez materializa la travesía del sujeto poético en versos libres y de métrica variada. El lenguaje se torna diáfano y las resonancias se integran al sistema sin ostentación. El experimentalismo gratuito cede frente a una intención de comunicación poética con mayúsculas. Las imágenes se pueblan de referencias religiosas y se confabulan elementos católicos con el proceder del sacrificio azteca. El aporte del autor radica en que la exquisitez de la combinación no oscurece la humanidad que late en sus versos.
En Evangelios de la tierra cada poema es parte del compendio vital que procura retratar el periplo del ser. Un sujeto hecho de palabras es centro del evangelio que se funda en la escritura y el lector, frente a esta honestidad existencial, se siente tentado a dejarse evangelizar.

viernes, 3 de octubre de 2008

I SEMINARIO DE ESTUDIOS CATALANES


Mercé Rodoreda

El lectorado del Institut Ramon Llull, el Departamento de Lingüística, el Departamento de Literatura y la Dirección de Extensión de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile organizan el I Seminario de Estudios Catalanes en Chile, con ocasión de la conmemoración del centenario de la escritora catalana Mercé Rodoreda, en el marco del "Año de Rodoreda".

En este Seminario se ofrecerá una visión panorámica de la lengua y la cultura catalanas, junto con una aproximación al contexto social, histórico y literario del siglo XX en el que escribió Rodoreda.

El evento contará con la participación de los profesores y académicos Haydée Ahumada, Pablo Duarte, Manuel Jofré, Alfredo Matus, Andrés Morales, Carla Peñaloza y Soledad Vargas.
El seminario se realizará el Miércoles 29 de octubre entre las 9:00 y las 13:00 horas, en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile (Ignacio Carrera Pinto 1025, Ñuñoa, Campus Gómez Millas).

El acto será gratuito y está abierto a todo el público, pero requiere de inscripción previa.
Para más información pueden dirigirse a los correos
pduarte@lectorats.net o pabduarte@uchile.cl o llamar a los teléfonos 978 70 27 o 978 70 11.



PROGRAMA



SEMINARIO DE ESTUDIOS CATALANES
Con motivo de la conmemoración del centenario
del nacimiento de Mercè Rodoreda
Facultad de Filosofía y Humanidades,

Universidad de Chile, Santiago

Miércoles 29 de octubre de 2008, de 9 a 13 horas

9:00
Inauguración Oficial

9:15 Historia y sociedad

Carla Peñaloza“Cataluña entre la posguerra y el posfranquismo”

Soledad Vargas“Sociedad catalana de la transición”

10:00Descanso

10:30 Lengua

Alfredo Matus“Importancia del catalán en la romanística”

Pablo Duarte“Lengua y literatura catalana: de Franco a Frankfurt”

11:15Descanso

11:45 Literatura
Andrés Morales“Panorama de la poesía catalana contemporánea”

Manuel Jofré“En torno a El jardín de los siete crepúsculos, de Miquel de Palol”

Haydée Ahumada“Otra mirada de la Guerra Civil española desde la Plaza delDiamante de Mercè Rodoreda”

13:00 Cierre

sábado, 27 de septiembre de 2008

PRESENTACIÓN DE LA "CUARTA ANTOLOGÍA DEL TALLER NUEVE" EN EL "INSTITUTO CULTURAL DE LAS CONDES"



Publicada por Editorial "La Trastienda" que dirige la conocida poeta y narradora Alejandra Basualto, fue presentada en el Instituto Cultural de las Condes la CUARTA ANTOLOGÍA DEL TALLER NUEVE: HOMENAJE A MIGUEL ARTECHE.

En el acto del lanzamiento presentaron la obra los escritores y académicos Hernán Poblete Varas y Alfonso Calderón (Premio Nacional de Literatura), quienes se refirieron al poeta homenajeado y a su trascendencia como persona y escritor. A continuación (y luego de la interpretación de algunos tangos que ofrecieran músicos especialmente convocados para la ocasión), el poeta y académico e integrante fundador del Taller Nueve, Andrés Morales, se refirió a la importancia de la obra de Miguel Arteche en las letras nacionales e hispanoamericanas. Anteriormente, la poeta y también integrante fundadora, Alejandra Basualto, relató su experiencia al participar en la ya famosa tertulia literaria de Arteche y en lo que significó este taller para ella y para todos sus integrantes que, sin excepciones, se encontraban presentes, junto a la familia del poeta, y un nutrido público, en la “Sala de Actos” donde se llevó a cabo la presentación.

En este libro antológico se incluyen textos de los poetas y narradores: LUISA EGUILUZ - VIOLETA CAMERATI - MARIO RODRÍGUEZ - ELIANA VÁSQUEZ - ANDRÉS MORALES - IVONNE GRIMAL - DIXIANA RIVERA - GÉMINA AHUMADA - ALEJANDRA BASUALTO - GLORIA AGUIRRE - HERNÁN BAEZA - ROSANNA BYRNE - INGE CORSSEN - ENRIQUE GRAY - VILMA ORREGO - ALICIA PUIG - ASTRID FUGELLIE - ANA MARÍA VIEIRA - CRISTINA LARCO - MARÍA DE LA LUZ TORRES - LORETO ARRIGORRIAGA - PATRICIA MELA - MARÍA LUISA DAIGRE - LILIANA PAULUAN - ALEXIA KARAMANOS - ANA LUISA SERRANO - REGINA VOGT y CARMEN VILLAVICENCIO

La antología, que ha sido concebida como un homenaje al maestro Miguel Arteche, Premio Nacional de Literatura 1996 y director del ya mítico "Taller Nueve de Poesía", se publica a treinta años del Taller "Altazor" que dió origen al "Taller Nueve", el que, a su vez, cumple 29 años desde su fundación.




Presentación de la obra a cargo de los poetas y académicos Andrés Morales, Hernán Poblete Varas, Alfonso Calderón y Alejandra Basaulto.



El poeta Andrés Morales expone en torno a la obra del poeta Miguel Arteche.


El escritor, crítico y miembro de la Academia Chilena de la Lengua, Hernán Poblete Varas describe la personalidad del poeta y Premio Nacioal de Literatura, Miguel Arteche.


Alejandra Basualto solicita un aplauso de gratitud para el Maestro Arteche.


Martín Huerta del diario "La Nación", el poeta homenajeado, Miguel Arteche y parte de los fundadores y poetas del "Taller Nueve": Ivonne Grimal, Violeta Camurati, Eliana Vásquez, Mario Rodríguez y Gémina Ahumada.


La poeta e integrante del "Taller Nueve" Ana María Vieira, el poeta Andrés Morales y el fotógrafo Luis Ladrón de Guevara.



Los presentadores de la obra: de izquierda a derecha, Andrés Morales, Hernán Poblete Varas, Alfonso Calderón y Alejandra Basualto.



Parte de la extraordinaria concurrencia, entre ellos el filósofo y Premio Nacional Humberto Gianini.



Foto con el Maestro Arteche y algunos de los integrantes y fundadores del "Taller 9 de Poesía":

de izquierda a derecha, Loreto Arriogorriaga, María Luisa Daigre, Ximena Garcés de Arteche, Ana Luisa Serrano y Andrés Morales, entre otros.



Otro aspecto de los integrantes y fundadores del taller junto a Miguel Arteche.



















El poeta Andrés Morales y el gran fotógrafo chileno Luis Ladrón de Guevara Larsen.











La esposa del poeta, Ximena Garcés y la poeta, narradora y fundadora del "Taller Nueve", Alejandra Basualto.



















La poeta y fundadora Ivonne Grimal.











































Los poetas y fundadores Andrés Morales y Mario Rodríguez y las escritoras e integrantes del "Taller Nueve", Loreto Arigorriaga y María Luisa Daigre.









Las poetas y fundadoras Gémina Ahumada y Violeta Camurati.

lunes, 22 de septiembre de 2008

X COLOQUIO DE HUMANIDADES EN LA UNIVERSIDAD DEL BÍO-BÍO, SEDE CHILLÁN

Los poetas Andrés Morales, Juan Gabriel Araya y Patricio Espinoza en la concurrida Lectura Poética de la tarde.

Autoridades y público asistente.


El Prof. Dr. Iván Carrasco dicta la Clase Magistral "El Cánon Literario".


Con una clase magistral del Dr. Iván Carrasco, académico de la Universidad Austral de Chile, y lecturas poéticas de los poetas Juan Gabriel Araya, Patricio Espinoza y Andrés Morales se efectuó el "Décimo Coloquio de Humanidades" el pasado miércoles 10 de septiembre en la Universidad del Bío Bío en su sede de Chillán.

A la primera parte de la reunión (en el Auditorio “Miguel Jiménez Cortés” de la Facultad de Educación y Humanidades, en el campus La Castilla de la sede Chillán) asistieron el Rector, Héctor Gaete Feres; la Prorrectora, Gloria Gómez Vera; el Decano de Educación, Marco Aurelio Reyes Coca; la Directora del Departamento de Artes y Letras, Marianela Navarrete Hetz; la Directora de la Escuela de Pedagogía en Castellano y Comunicación, Berta López Morales; profesores y un gran número de estudiantes.

Antes de la conferencia del profesor Iván Carrasco, dedicada al tema: “El canon literario”, intervino el profesor Juan Gabriel Araya Grandón, jefe del proyecto “Coloquio de Humanidades”, quien hizo una reseña de lo que ha sido esta actividad desde sus inicios el año 1996, constituyéndose a lo largo del tiempo en una instancia de reflexión y debate en torno a temas de interés que trascienden el ámbito exclusivamente literario.


En la tarde, a las 19 horas, en el salón “Andrés Bello” del Centro de Extensión de la Universidad, se realizaron las lecturas del poeta y académico Andrés Morales, profesor de la Universidad de Chile, quien leyó parte de sus poemarios inéditos DESOLACIÓN DE LAS CIUDADES (Beca para Escritores Profesionales 2008 del Consejo Nacional del Libro y la Lectura) y LOS CANTOS DE LA SIBILA (a editarse este año en Editorial Universitaria); del poeta y académico Patricio Espinoza, periodista y profesor de semiótica de la Universidad del Bío-Bío, quien realizó una lectura multimedal de su obra y, del poeta y académico Juan Gabriel Araya quien presentó su libro recientemente editado, CERROJOS (2008). El profesor Iván Carrasco de la Universidad Austral y varios de los asistentes del público realizaron comentarios y dialogaron con los autores.

domingo, 14 de septiembre de 2008

FRAGMENTOS DEL POEMA "NOCTURNO DE SANTIAGO" DEL LIBRO INÉDITO "DESOLACIÓN DE LAS CIUDADES" de ANDRÉS MORALES


III

Esta ciudad se alegra en su desgracia cierta,
esta ciudad se viste en medio del desierto,
esta ciudad se cubre los ojos y enmudece
cuando los pájaros emprenden su vuelo a la deriva.

Recrea carnavales, despierta a los difuntos,
describe dos mil saltos sobre las cordilleras.

Esta ciudad agónica de ritmos que no baila
y de frases aprendidas en una lengua muerta.

¿Tendrá un final feliz, habrá de recordar
el tacto de los árboles, el fresco olor a noche?

Parece que se ha muerto esta ciudad alegre.

Parece que no existe esta ciudad ajena.

Parece que recuerda sus años más secretos
y cierra ya sus muros en una mueca insomne.



IV

El campanario anuncia una mañana en ascuas
y una tarde lenta de lluvias de otro tiempo.

Monótonos en días, en horas, en minutos
los segundos muerden su pasado inquieto.

Aquí no pasa nada, ni el tiempo nos consume.

Aquí no existe Dios, ni el cielo lo presiente.

Aquí se hunde el sueño en una despedida
de voces y palabras que nunca dicen nada.

La Nueva Extremadura no es dura ni es extrema:

Santiago no recuerda su nombre ni sus pasos.

La atroz provincia duerme en una pesadilla
de torres que se tuercen y calles sin sentido.

La vil memoria escribe en la montaña sola:

Santiago ya no existe, Santiago no ha existido.

Esto que vivimos es otro sueño ajeno.


V

Y nada de invocar ese dolor de muertos,
de pálidos semblantes en esas fotos viejas.
Nada de rasgar las vestiduras propias
en señal de lutos ajenos que no acaban.

Santiago no ha llorado ni llora por su suerte,
esta ciudad se rinde al arquitecto infame
que habrá de derrumbar hasta sus cimientos.

Esta ciudad se rinde ante la voz de mando
que aún la desentraña, la humilla, la deshonra.

Nada de llorar o de entonar un canto
fúnebre y sereno,
como si todo fuese nada.

En medio de la plaza recuerdo a los que entonces
callaron ante el amo de todas las desgracias.

El cielo cae a trozos, es un decir, y cae:

El mismo cielo verde o gris, el mismo cielo
y la ciudad se esconde, escapa, se desangra
y la ciudad apaga sus luces y enmudece.

domingo, 31 de agosto de 2008

A SESENTA AÑOS DE LA MUERTE DE VICENTE HUIDOBRO


A SETENTA AÑOS DE LA MUERTE DEL GRAN POETA CHILENO VICENTE HUIDOBRO PRÁCTICAMENTE NADIE RECUERDA EN CHILE (COMO ES USUAL) CONMEMORAR ESTA EFÉMERIDE DE UN AUTOR QUE FUE UNO DE LOS PRIMEROS EN "COLOCAR" EN EL MAPA LITERARIO MUNDIAL A NUESTRA AMNÉSICA REPÚBLICA.


Al cumplirse sesenta años de la muerte del gran poeta chileno Vicente Huidobro (Santiago, 1893-Cartagena, 1948) su figura ha ido creciendo en la conciencia de los poetas, críticos y lectores al punto de convertirse, hoy en día, en un referente indispensable para cualquier visión, panorama o estudio medianamente riguroso de la poesía escrita en lengua castellana. Años atrás, las extraordinarias sombras de Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Jorge Luis Borges o César Vallejo parecían oscurecer y hasta ocultar la voz de Huidobro. Desde la década del setenta, poco a poco, se ha comenzado a hacer justicia con su obra y, tal vez, no han sido los críticos o exégetas los que han señalado la necesidad de reconocer la obra y la teoría poética del chileno: Octavio Paz, Gonzalo Rojas, Juan Jacobo Bajarlía, Enrique Lihn u Oscar Hahn -poetas todos ellos a la par de ensayistas- han sido los primeros en recuperar la figura y el peso de Vicente Huidobro. Como digo, hasta bien entrados los años setenta la crítica casi no había dado nada de sí, o, si se había reconocido medianamente su obra, sólo se le mencionaba en artículos, en algunas críticas o en estudios panorámicos y misceláneos[1]. Había que "redescubrirlo" en estas épocas de tanto revival, postmodernismo y nostalgia. Y, es así, que algunos académicos y críticos (se ha de subrayar que sólo unos pocos, aunque de gran calidad, Ana Pizarro, Hugo Montes, Mireya Camurati, George Yúdice, Antonio de Undurraga o René de Costa) revisaron, "re-vieron" e introdujeron al poeta en las cátedras de las universidades y en las así llamadas revistas serias.
Por otra parte, los lectores también se encontraban inmersos en la ignorancia o en el desconcierto. Las escasas ediciones o reediciones, las tardías Obras Completas, a la par de absurdas leyendas negras[2], junto a no reconocidas influencias de más de un poeta "deudor" o, en muchas ocasiones, la simple y llana ignorancia e ingenua clasificación de “poeta francés” o de “poeta burgués afrancesado” (Huidobro, miembro antes que Neruda del Partido Comunista, aunque primero también en abandonarlo) y otras simplezas peores, contribuían a que el público no descubriera el valor de sus escritos, el carácter y la auténtica revolución que produjo este poeta en el mundo de las letras chilenas, hispanoamericanas, españolas y hasta francesas. No hace falta argumentar más, basta con revisar el archivo del autor cuidadosamente clasificado en la Fundación Vicente Huidobro de Santiago de Chile[3] para comprobar que muchas de las polémicas, del ciego partidismo literario y de, incluso la política se encargaron de ocultar la trascendencia de este autor. Pero el transcurso del tiempo ha alterado radicalmente el escenario, hasta que por fin hoy se han ido eliminando estos prejuicios y, de tal forma, que en el presente, desde México hasta la Patagonia -e incluso en Europa- todos o casi todos los poetas actuales (y los no tan actuales) se sienten comprometidos, tributarios y deudores de la poesía del chileno. Se puede decir que se ha configurado un verdadero "tópico Huidobro" donde casi todos los autores contemporáneos afirman su influjo, su trascendencia y sus contribuciones.
Valorar hoy a Huidobro, sin caer en la exageración de la apología o en el pecado del entusiasmo y de la parcialidad, significa revisar la historia de la poesía en castellano desde finales del siglo diecinueve hasta prácticamente ahora. De allí que sea indispensable anotar algunos puntos esenciales que hagan más fácil la comprensión de su figura, su gesto, su poética y su poesía.


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Para comprender su obra, en primer lugar, hay que señalar que Huidobro escribe sus textos iniciales bajo el influjo del romanticismo, del simbolismo y del modernismo, como la mayoría de los poetas de la lengua castellana de esa época. La presencia de los poetas franceses, de Rubén Darío (a quien nunca rechazó, como si lo hizo con aquellos que repetían su estilo y establecieron una verdadera retórica postrubendariana) y hasta del romántico tardío, Gustavo Adolfo Bécquer, empapaban toda la poesía del continente americano y de España. Nadie se salvó (ni aún Vallejo o Neruda) y tampoco Huidobro. No se trata aquí de descalificar semejantes influencias, pero sí de dejar en claro que muchas de las formas utilizadas, de las atmósferas de los textos y del “tono poético” se repetían, trasnochadamente, hasta la saciedad. Vicente Huidobro en Ecos del alma (1911), Canciones en la noche (1913) o en Las pagodas ocultas (1914) experimentó este mismo problema. Tal vez, la etapa de formación del poeta sea la época de su producción menos interesante, aunque destacan formalmente los caligramas de sus Canciones en la noche, un esfuerzo sólo comparable, en Hispanoamérica, al del mexicano José Juan Tablada.
Huidobro tampoco escapó a las teorías filosóficas del norteamericano Ralph Waldo Emerson o del uruguayo José Enrique Rodó: Adán (1916), un poema de largo aliento, fundacional, aunque formalmente aún en territorios ya probados, intenta ver al hombre en su condición primera y con su especial capacidad de nombrar, decir y recrear al universo entero.
Pero en ese mismo año de la aparición de Adán, ve la luz El espejo de agua, breve libro o plaquette que esboza totalmente el espíritu de gran parte de la obra creacionista de Vicente Huidobro. Es allí donde se incluye el famoso poema "Arte Poética", casi un manifiesto, una declaración de principios, un "juramento poético” que, a la par con sus primeras conferencias ("La poesía") y Manifiestos ("Non Serviam"), trazará las líneas de su nueva forma de poetizar. Desde aquí en adelante todo serán polémicas, algunas de ellas aclaradas o casi aclaradas (como la acusación de antedatación de El espejo de agua, desmentida en diversas ocasiones por el profesor norteamericano René de Costa y un número no menor de especialistas), otras que aún pesarán de forma injusta en la mente de algún poeta o crítico excesivamente incrédulo, quisquilloso o parcial en las que el "repertorio" de dudas y problemas varía desde si él es el "padre" del creacionismo o no, si fue influido o influyó (por) o en tal o cual autor, si es que realmente estuvo ligado y qué importancia tuvo en la gestación de la mediocre aunque necesaria vanguardia española del ultraísmo, etc. Asuntos que, con el correr de los años, en vez de desprestigiar al poeta sólo han conseguido demostrar la estrechez de horizontes de los "acusadores" o bien, de los "defensores a toda prueba". Pero no me detendré en estos tópicos. La obra auténticamente revolucionaria, refundadora, indómita y temeraria de Huidobro es suficientemente reveladora por sí misma.
Como dije antes, es con la “plaquette” El espejo de agua (supuestamente editada en Buenos Aires en 1916) y, fundamentalmente con poemas como "Alguien iba a nacer" o "Arte Poética" ("...inventa mundos nuevos y cuida tu palabra [...] Por qué cantáis la rosa ¡oh Poetas!/ Hacedla florecer en el poema...") donde se enuncia el camino a seguir y que será proyectado en otra lengua, el francés, con Horizòn Carré publicado en 1917, en París (con gran ayuda de su amigo el notable pintor cubista español Juan Gris en la traducción de buena parte de los poemas). Allí aparecerán casi todos los textos del breve poemario de 1916[4] con la excepción de "Arte Poética" -tal vez demasiado obvia en el París de las vanguardias- y se producirá la fusión entre los intentos de Pierre Reverdy, los aciertos deslumbrantes de Guillaume Apollinaire, entre otros, y los esfuerzos del chileno. Mucho se ha hablado de esta época, pero hay que recalcar que se trata de un momento de eclosión, de un boom (si cabe el término), de necesaria ruptura y oxigenante -en palabras Octavio Paz- que "contagia" a pintores, músicos, dramaturgos, novelistas, escultores, poetas y artistas en general -por programáticos o anárquicos que se autoproclamen- y que los hallazgos se comparten, se transmiten y sirven de precedente o influencia para los que llegan, o cambian o se inician en las letras y en las artes. Juan Gris tradujo, como se ha dicho, poemas de Huidobro al francés y hasta intentó escribir una poesía propia o variaciones sobre textos del poeta de Altazor. Edgar Varesse musicalizó algunos poemas de Tablada y Huidobro, Pablo Picasso retrató al chileno, Delaunay ilustró el libro-poema Tour Eiffel, Hans Arp escribió conjuntamente con Vicente Huidobro Tres novelas ejemplares (publicadas en Santiago de Chile en 1935), hasta Federico García Lorca, en España, dedicaría un hermoso poema de homenaje y reconocimiento para el chileno. En este punto, es imprescindible señalar los viajes de Huidobro a Madrid como puntos de flexión, conjunción y reflexión en torno a la poesía escrita en la península ibérica. La importancia de su encuentro con Rafael Cansinos-Assens, con Ramón Gómez de la Serna o con Guillermo de Torre (más tarde tenaz enemigo del chileno como queda explicitado en las múltiples injusticias cometidas en contra de la verdadera trascendencia que tuvo Huidobro en España en su libro Historia de las literaturas de Vanguardia) y más aún -por muy deficiente que sea su calidad poética como hoy podamos constatar- por el impulso definitivo que consiguió dar para el nacimiento del ultraísmo hispano y para producir un verdadero “remezón” en la conciencia y en los poemas de los autores españoles, tan importante como la lograda por Rubén Darío en sus viajes a la península. Gerardo Diego, el último y genuino exponente del creacionismo español y Juan Larrea (que luego derivaría hacia una línea distinta) son los “encuentros” más felices entre la poesía hispanoamericana y la poesía española. Incluso, al influenciar a Diego, a De Torre, a Pedro Garfias y a Cansinos, Huidobro hace de sus estadías en Madrid algo verdaderamente renovador -aunque sólo sea para un grupo pequeño de iniciados- que permitirá a los poetas de la llamada “Generación del ‘27” o “Grupo de 1927” conocer las vanguardias y asumirlas (junto a sus propias búsquedas personales, claro está) y cambiar esa suerte de “retórica” archiconocida e intentar otra clase de poesía: más actual, menos aislada del resto de Europa, más contemporánea. Incluso, a través del ultraísmo español (que influenciaría al, en ese entonces, joven Jorge Luis Borges), el poeta chileno consigue un fenómeno muy especial (probablemente involuntario y sin mayores pretensiones): devolver la vanguardia a Hispanoamérica en un viaje de ida y vuelta al plantear –Jorge Luis Borges mediante- las líneas del ultraísmo argentino. Curioso fenómeno: el creacionismo comienza a gestarse en América, se consolida, crece y se desarrolla en Europa y vuelve al nuevo continente con particularidades quizás distintas, pero con una intención semejante, esto es, replantear la poesía, olvidar los pasados influjos y construir una poética otra.
Y aquí surgen algunos problemas. Huidobro escribe, produce con gran velocidad. Publica libros en París, en Madrid, en Santiago de Chile; es antologado e incluido en revistas italianas, inglesas, norteamericanas, hasta checas y polacas… Su obra se fragua en el argumento del cambio, de la renovación, pero, en el afán por lo nuevo, tal vez, pierde altura, emoción, llegada (como todos los vanguardistas en sus momentos álgidos al cuestionar todo arte anterior e, incluso, hasta la misma recepción del lector), transformándose en una “poesía de tesis” donde se quiere ejercer el cambio y demostrarlo a todas luces, antes que esté y aparezca en el poema y no con el poema. Sin duda encontraremos textos bellísimos, reveladores, abiertos a cualquier lector sensible, pero serán los menos. Desde Horizón Carré hasta la aparición de Altazor o el viaje en paracaídas (1931) y Temblor de cielo (1931), Vicente Huidobro seguirá (con excepciones como Hallalí, poéme de guerre de 1918 o los notables poemas de Tout á coup y Poemas árticos- en su trazo demostrativo, hasta pedagógico, si se quiere, de lo que para él debe ser la nueva poesía.
Con Altazor su obra consolida el “salto mortal” de la vanguardia (Cantos “V” y “VII”) y la belleza transparente, del asombro, penetrante, hasta producir la conmoción del lector (“Prefacio”, Cantos “I”, “II” y “IV”, por ejemplo). Lo mismo en el ya nombrado Temblor de cielo. El análisis de Altazor o Temblor… me llevaría a extender latamente estas palabras. Ana Pizarro, René de Costa, George Yúdice, Jorge Schwartz o Mireya Camurati, han conseguido magníficas interpretaciones. Lo importante es subrayar, desde la aparición de estos dos libros recién mencionados, la auténtica plasmación de forma y contenido que se produce en su obra. Un verdadero “Arco voltaico”, como diría Huidobro, un arco del prodigio que ilumina el camino poético y que hasta podría oscurecer su trabajo anterior: Ver y palpar (1941), El ciudadano del olvido (1941) y fundamentalmente sus póstumos Últimos poemas (1948, recopilados por su hija Manuela Huidobro de Yrarrázaval) acrecientan la estatura del poeta y lo transforman de tal manera que su escritura se vuelve más espontánea: de la sangre, de alto vuelo y con una “emoción directa” fácil de recuperar.
El lenguaje, la expresión, el tono, el temple y la constitución o anatomía del poema hace del conjunto de estos libros últimos su aporte mayor a la poesía del siglo veinte. La locura, la fiebre del vanguardismo se alejan para que la voz del poeta entone el canto mayor con precisión, con rigor y buscando no el “truco” ni el “equilibrismo”, sino la interioridad con mayúsculas, sumergiéndose en las preguntas esenciales del hombre, del poeta. Adivinando la fugacidad, la caída, el fin: presintiendo la muerte y redescubriendo a la naturaleza, ya no la ficticia o la imaginada, sino la real (véase, por ejemplo “Monumento al Mar”), para no sólo incorporarla como un escenario, sino hacerla surgir entre el espacio negro de la letra de molde y el espacio blanco, del silencio, de la página impresa.
Huidobro es poesía y poesía de arte mayor, pero también es el misterio de la voz prodigiosa. Es el representante de una época, hoy revisitada sólo parcialmente, donde la pasión y la fuerza junto a una fresca e incomparable inteligencia lograban el hallazgo definitivo. Tal vez, a sesenta años de su muerte, sea el momento en el que logremos recuperar el milagro de sus utopías, el ahora palpitante que nos sobrecoja en el placer de su canto, de su palabra, de su voz.




Santiago de Chile, enero de1993- abril de1998- junio de 2008




[1] La notable excepción la constituye Cedomil Goic con su volumen fundador La poesía de Vicente Huidobro. Ediciones de los Anales de la Universidad de Chile. Santiago, 1956. Incluso las primeras Obras Completas tendrían que esperar largos años (hasta 1976) para ver las prensas bajo el cuidado de Hugo Montes en la Editorial Andrés Bello de Santiago de Chile. Nuevamente Goic, en el año 2003, bajo el sello de Archivos – ALLCA – Universidad Católica de Chile, publicará su definitiva Obra Poética Completa (incluyendo los famosos “Poemas Pintados” y los Manifiestos) en una edición crítica extremadamente rigurosa y cuidada acompañada por diversos estudios de los más notables estudiosos de Huidobro, junto a cronologías y una extensa bibliografía

[2] Y me refiero a las polémicas que Huidobro sostuvo con tantos poetas, escritores y críticos que, desde luego, no ayudaron en lo absoluto a divulgar su obra.
[3] En 1992 tuve el privilegio de trabajar en la constitución del Archivo del legado del escritor chileno con los funcionarios y bibliotecarios de la Fundación Vicente Huidobro, todos bajo la responsable e inteligentísima dirección de la Profesora Ana Pizarro, directora, en ese entonces, de la institución y del nieto del poeta y todavía presidente de la misma, Vicente García Huidobro, lo que me permite afirmar con propiedad lo anteriormente dicho. Allí se encuentran celosamente microfilmados y clasificados los manuscritos, las revistas, antologías, cartas y poemas que lo enlazan con lo mejor de las letras de esa época: Gerardo Diego, Raymond Radiguet, André Malraux, Francis Picabia, Guillaume Apollinaire, Pierre Reverdy, Jean Cocteau, Juan Larrea, Federico García Lorca y un larguísimo etcétera que bien podrían exhibirse en un “Museo de la vanguardia” donde especialistas y público de todo el mundo pudiesen admirar estos escritos. Con el paso de los años, esta institución no ha tenido los respaldos económicos necesarios para continuar con su importante labor y, hoy, casi escondida en el vetusto y hermoso edificio de la “Casa Colorada”, funciona heroicamente tratando de resistir múltiples “vientos contrarios” y continuar la difusión de la obra de la obra y figura del poeta ante una sociedad y un “establishment” político y cultural que en más de una ocasión le ha dado la espalda.

[4] De allí es que he preferido su versión auténticamente creacionista, reelaborada en ese libro parisino y traducida por José Zañartu, años después, al castellano. Igualmente, en esta selección, se ha utilizado el criterio de dar a conocer sólo las traducciones vertidas al castellano, más que nada por problemas de espacio. Las restantes versiones a la lengua materna del poeta pertenecen al mencionado José Zañartu, l poeta vanguardista chileno (miembro del grupo "Mandrágora") Teófilo Cid y al profesor y compilador de las Obras Completas de Huidobro, Hugo Montes.

lunes, 25 de agosto de 2008

FALLECE EN ESTOCOLMO EL POETA CARLOS GEYWYTZ

Carlos Geywytz

Carlos Geywytz junto a Nicanor Parra


Las malas noticias llegan siempre muy pronto… El poeta y amigo Sergio Badilla me escribe comunicándome el fallecimiento de nuestro querido amigo, el poeta Carlos Geywitz, quien desde hace más de tres décadas vivía en Estocolmo, Suecia, donde había sido integrante del Grupo “Taller de Estocolmo” y, además, un destacado traductor (véase la página en Internet: http://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Geywitz).


Me he quedado inmóvil, helado...

Su deceso se habría producido, al parecer, por causa de una trombosis y casi con seguridad este lunes. No se sabe bien cómo murió ya que vivía solo. Su amigo Tito Estrella lo encontró ayer ya fallecido. Según él ha relatado, Carlos tuvo una trombosis en una pierna hace unos días y estaba delicado por esa afección.

Tito Estrella disponía de unas llaves de la casa de nuestro amigo poeta y una vez que se cansó de llamarlo por teléfono fue a verlo, tocó el timbre de su departamento, y como éste no abrió, entró y lo halló ya muerto.





VIDA Y OBRA





Carlos Geywitz (Santiago de Chile,22 de agosto de 1948, †Estocolmo, Suecia, 19 de agosto de 2008) fue un destacado poeta chileno residente en Suecia desde 1977, miembro fundador del “Grupo Taller de Estocolmo”. Sus estudios iniciales los realiza en la ciudad de Santiago de Chile, luego, en años de su adolescencia se traslada junto a su familia a la ciudad de Arica, donde finalizará su enseñanza secundaria, posteriormente estudiará la carrera de Sociología en la Universidad de Concepción. Como consecuencia del golpe de estado de 1973, Geywitz es objeto de persecución política por lo que debe salir al exilio. Así llegó a Suecia, donde en conjunto con los poetas Sergio Infante y Adrián Santini, funda el Grupo Taller de Estocolmo al que se integrará más tarde el poeta Sergio Badilla Castillo. En 1991 viajó a Chile invitado por el Instituto Sueco y la Universidad de Chile junto a los poetas Adrián Santini, Sun Axelsson, Bengt Emil Johnson y Bruno K. Öijer, presentando su creación en distintas ciudades del país. Además, participó en la Revista Arte Magma de Suecia donde escribió artículos de interés como Mito y Símbolo en la Trinidad y En pos de una morsa desnuda. Carlos Geywitz, al referirse a su oficio de poeta y escritor, señaló que “escribir poesía para mí es organizar permanentemente el caos para luego hacerlo pedazos y empezar de nuevo". Entre sus obras destacan las siguientes: El Ojo Privado de la Ira (primera edición Editorial Nordan, 1982, Suecia); Distancias (Editorial LAR, 1990, Chile) y Años de Asedio (RIL Editores Santiago de Chile 2004). Fue incluido en las siguientes antologías: Poesía Chilena en Suecia (Ediciones del Archipiélago, 1987, Suecia); Bevingade Lejon compilada por Sun Axelsson, Editorial Bonniers, 1991, Suecia y Las palabras vuelan, cinco poetas de Suecia - Adrián Santini, Sun Axelsson, Carlos Geywitz, Bengt Emil Johnson, Bruno K. Öijer, Instituto Sueco, 1991, Suecia. Como traductor destacan su trabajos: Världen i Sverige (El mundo en Suecia) Ediciones En bok för alla, 1995, Suecia; Snödroppe (Gota de nieve) Samklang, 1997, Suecia y Det Nya Landet (La nueva tierra), Lindelöws Förlag, 1998, Suecia.



POEMAS



DE LA GRACIA DES



esta es una caída desde la gracia



deambular por esa canción silenciosa


donde tu voz yace entumecida


con la boca abierta de par en par



“es la nueva vida” te musita pálida de labios



entonces te aferras al susurro y perpetúas


en unas gotas la nostalgia de lo que nunca regresa


mientras la corona de espinas hurga en tu sollozo



y ya Rey Tinta sangras más de alguna huella en el papel



CARACOLA CRASH



recógeme


apégame a tu oído


no te hagas el sordo



ahora que puedes escucharme


te juego la paciencia


la obscenidad de estas monedas



te apuesto que esos labios


al que protector laceras


también te pueden besar a desamor



AMOR CIEGO COMO PIEDRA



rodando por aquí he visto demasiado


por eso sólo creo en la mitad del infinito



ocupado en robar aire he soñado un tanto poco


de ahí que desconfíe de la otra porción



mi vida llegó quizá agitando demasiadas ropas


y yo tenía escaso cuerpo que ofrecerle



más decidida se sacó la falda y me dijo


“lo sé todo pero aún tengo sorpresas



escoge de mi cuerpo lo que quieras


gáname para siempre



sostén firme mis caderas” farfulló


“mira que mañana el labio cambia de discurso”



en ese despuntar me apuré en nacer


para ganarle tiempo al tiempo



mas lo que hice, hago o dejo de hacer


muy pronto me enseñó que el tiempo nada cura



(dicho sea de paso,


tarjeta postal aparte,


en el armatoste del pecho


enloquece una reminiscencia minúscula:


a diestra-dicha otorgando,


a siniestra prometiendo,


la entusiasmada abulia del anciano de arriba


aterrizaba relojes en la solapa de mi mundo


y en el interior de cada hora finos alfileres


prestos al embate gracias a hombrecitos dedicados)



rápido pasé del impulso al primer llanto


del llanto a la chifladura de la leche


y de la leche a un cuchillo taciturno…



no joya y sin durezas intermedias


tuve que volverme canto suave



para rodar, protegerme y mantenerme


a prudente distancia del sudario…



mas, vida, en lo remoto de tus húmedas junturas


trato y trato de nacer y renacer



para apuntarle al día y sus designios


y mantenerme calmo en la fuga que me atrapa



porque olvidarme de tu olvido sería doble muerte



LOS CELOS DEL DESHEREDADO



“no te hagas el enigma


el único


el frágil”


dijiste arrimada al vaho de mi boca


“tan solo sucede…algún corto pasado se incendia”



y te duermes…



la superficie del sueño te ha domado


el vuelo ácido del vientre



vuelvo a ti el lado azuldolido del alma


vigilia ciega de la pupila


las noches de estos días


unos días sin presagios



un alcatraz ciego cruza el indeciso amanecer



la sonrisa resurge de la escarcha


vuelve a mostrarme sus fauces generosas



vuelve a domesticarme la angustia hasta ma
ñana…





SIR FRANCIS DRAKE ATISBA ARICA



Nos vemos hacia el Nos,


yo, el que dará la vuelta al mundo


y este pez varado y seco, olvidado de alarifes,


a la que real ciudad de San Marcos


con pompa los desvaríos califican.



¡Ah!, si pudiera toser sin asustarme de los buitres…


¿Debería, después de soportar la malaria,


el escorbuto, a la mismísima reina de Inglaterra,


reponerme con aceitunas de Azapa?



¡Despertadme!, malalepra tengo,


un Guaterí atravesado en la garganta tengo!



Angostad el cajón si queréis,


pues ya no me quedan carnes.


Venid a visitarme,


apostad y pedidme favores


como los estudiantes en apuros,


porque las pestes no me han bajado la barbilla…



¡Clara como una brújula sedienta!





LA EXCELENCIA DE ESTE DIA



Un funeral pasa a la siesta despoblado.



Alguien canturrea una satoma para sostener el sudor


o para agradecer el sagital desprecio de la muerte.



Nada pagaremos por esta ceremonia,


salvo gestos que aprendimos,


y tras el bostezo que deja éste áspero desfile


engañaremos a quien intente adivinarnos.



(Un dedo en alto, un vaticinio:


los ojos que no duermen dormirán.


Perdido el cuerpo


buscarán un balsero que les traslade el corazón


y, entonces, mordiendo el pestañear


con desesperación, bajarán a buscarte)



Ya más tarde-noche


Clarisa pare luciérnagas


al frotarse contra los postes de luz.



Me obliga al trasnoche



Desde que apareció su belleza canto,


pues debo fabularme, debo reponer algunas pérdidas,



debo mentir la melodía del alerta constante.



AÑOS ÁGILES



El hombre se arroja al río.


Nada, pide socorro hacia los puentes. Nada.



Se ahoga,


y se sacude la humedad como los perros.



Corre a los viaductos y se ve pasar


aleteando en las aguas que se alejan.



Ya más líquido,


baja y se espera en la desembocadura,



se toma de los pelos, se rescata.


Todo es un juego para recomenzar.



Tempranamente,


el invierno ha estacionado niños fríos.



Nubes pasan oficiando de aguadores.


Se cuelan lágrimas del trueno.



El verano


.............se va oyendo más


......................................y más lejano


........................................................más…





DEL GRITO Y SU HUMEDAD



me volví hacia el oído como un sordo


que de pronto recibió ropajes nuevos



el tejido brumoso de las pasarelas


se da cabezazos contra la mañana soñolienta



la penumbra se va calma y la corriente remolca


la queja afónica de una garganta lucífuga



palidez de un cuadro irreversible


¿cuál es el nombre de ese nombre?



el infecundo alarido rasga o acaricia esa boca


que ya no tiene misterios con su lengua



un algo semejante a lo que es asco legítimo


o a un grito mudo postrero o soberano





LO INATRAPABLE Y LO QUE MUERDE



el tiempo pasa fugaz entre mis labios y tus labios


y la múltiple rutina de sus ciegos incisivos


tatúa en mi pecho una escarcha que palpita



el tiempo pasa odiado mutante de piel


se acomoda en una silla sin respaldo


como perro que odia su rol de centinela



el tiempo pasa amado por ardientes reptiles


que acomodan galantes las sábanas carmesíes


que protegen ese beso tuyo que agobia mi nostalgia



la que siempre regresa con los flancos vacíos



ANCLAJE A LA DERIVA



I




Se hace necesario, a veces,


recoger su propio Lucifer de las aguas.


Uno puede anotar, entonces,


en la bitácora húmeda de la desesperación,


que es su presencia hirviente a bordo


lo que renueva la visión cristalizada


de esa lumbre que jadea allá en la playa.



II




Descifrando la tormenta la balsa se hunde al cielo


e incrusta sus remos en la mar sin dejar anillos.


Con el gusto de la piel escarbado por la lluvia,


los mortales agitan sus brazos como si saludaran.


Ese rito los hace, al parecer, más inocentes.



III




“Enciende de nuevo, mujer, esa luz que nunca vieron.


Somos sus abuelos, más se demoran en nacer.


Cada uno cuenta, una y otra vez, su naufragio y su rescate.”



“Volvamos a la cabaña, señor. El frío matinal


cuelga de mis dedos y estoy cansada de alinear


escritos ilegibles en la arena después de la resaca.”



IV




Demasiado grande para nosotros,


demasiado conocido, todo ha sido dicho:


“Quizá haya un relato nuestro entre sus velas.


La única nave que flota tras el diluvio


es el Enigma”, digo


y enciendo el aliento como estrella.



V




Anclada a su propia deriva


esta última frase es el cuerpo insepulto de un náufrago.



La mar golpea aquí, una vez más, e invade


la catacumba que empieza en la garganta,


baja atiborrando inútilmente esa oquedad



perforada por desilusiones de siglos


y exige el muelle exhausto de mi frente.



El escaso resuello es sólo un mascarón.



Sin querer, con el arrullo de su embestida,


el líquido elemento pone en alerta


el terror de murciélagos acuáticos


y desde esa gruta salpicada de ojos cerrados,


desde mí hacia el cielo, desde este cuerpo-agua


voy tosiendo gaviotas con plumas de papiro…



Y todas esas lenguas desesperadas que envío


se pierden en el fuego que alimentan mis abuelos



o en la sal de la champaña que levanto.