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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."



José Saramago

domingo, 24 de junio de 2012

HOMENAJE AL POETA ANTONIO SILVA (1970-2012)






EL SOL NEGRO DE MATRIA

Por 
Raúl Zurita 

Yo no elegí el operático decorado de la cordillera 

pero
pinté de sal y rosa los Andes
para contemplar en él, el blancor de una patria, 
Me vestí con los atavíos de mi madre (…)








Con este extraordinario comienzo; de tono mayor, épico, que se va con todo, se inicia Matria de Antonio Silva, y comienza un nuevo gran relato para aquello que persistimos en llamar la poesía latinoamericana. La obra de Antonio Silva, desde Andrógino y Analfabeta hasta este último libro, levanta un proyecto único que a través de las marcas del hibridaje, de la transculturización y de la pérdida, muestra una geografía donde los opuestos impuestos por el lenguaje del poder: homosexualidad y heterosexualidad, masculino y femenino, patria y matria, funden sus territorios y dejan de ser experimentados como contradictorios. Este trazado radical culmina en la última página del libro con la imagen suspendida de un pacto mediante el cual las líneas de filiación se reordenan borrando sus fronteras:

                        LA MADRE DE MI PADRE
                        SELLÓ DE SAL
                        LOS OJOS DE MI NATURAL
                        MENTE
                        MADRE

Desde su primera línea poema entonces hasta esa MENTE/ MADRE del final,  este libro es un alucinante dispositivo que dialoga y litiga, más que con una generación determinada, con esa idea del poema que encarnan los poetas fundacionales, vale decir, los poetas muertos. Como todas las poesías poderosas, la de Antonio Silva modifica el pasado y es difícil leer a sus antecesores sin teñirse de su mirada. Es lo que sucede con Huidobro (el de los cantos III y VII del Altazor donde primero se señala que los idiomas que hablamos son idiomas muertos, para luego demolerlos), con Neruda, (no tanto el de las Residencias como el del Canto General), con Lezama Lima, quienes encuentran en estos poemas un nuevo sentido, un doblez tan alucinante como inesperado.

Las relaciones de un texto de la envergadura de Matria son múltiples y seguirán multiplicándose en el futuro, pero la marca fundamental es con César Vallejo. En rigor, estos poemas representan una de las más hondas respuestas que este opaco comienzo de milenio le ha dado a la interrogación que Vallejo dejó abierta en el poema “España aparta de mí este cáliz” sobre el idioma impuesto y las víctimas de ese idioma. La pregunta fue por el dolor. Él vio que en estas tierras signadas por la conquista la felicidad jamás será posible porque el dolor es inseparable del idioma impuesto, literalmente, que cada una de sus letras “es el origen de la pena”. En su sentido más urgente y desesperadoMatria es una reescenificación de ese origen, de ese dolor incrustado en las entrañas mismas del castellano y ya en su primer poema se nos dice que su tarea ha sido inventarles una patria y una futura lengua a los despatriados:
He inventado una patria para los despatriados
mi pequeña Itaca, mi futura lengua (…)
Líneas más adelantes se nos dirá que esa “futura lengua”, será un idioma “Quechua Aymara Naguatl”, mostrándonos que antes que nada los despatriados son los expulsos de un idioma que carga en cada una de sus palabras, en cada signo y vocablo, la memoria de la infinita violencia que significó su implantación. Es el tema central, y exactamente es eso lo que nos muestran permanentemente los grandes poemas del mal llamado nuevo mundo. En otras palabras: cada vez que recorremos las letras de este A B E C E D A R I O como está nombrado en el poema “Zapatos de campesina” de Matria, nosotros los lectores volvemos a hacer presente el genocidio que significó la imposición de la lengua en que están escritos los poemas. Pero esa lengua somos nosotros. Al leer nosotros somos los victimarios, nosotros somos ese origen de la pena.

Los poemas de Silva son así territorios donde las palabras marginadas irrumpen en el decorado del idioma imperial, acosándolo, purgándolo, recordándonos que en la violencia original del idioma estaba ya prefigurada la violencia racial, social, económica, política, que atraviesa la historia de estas ex colonias. El castellano se levanta como el primer victimario y la impronta de su tragedia; sus cientos de miles de víctimas arrasadas, segregadas, muertas, por y en la lengua que nosotros hablamos, no podía sino reiterarse en todos los ámbitos de la vida:

            de sangre mi vestido
            jamás americana,

Los seres que pueblan Matria son así, antes que nada, efectos del lenguaje, pliegues de él. Marginados, violentados, violados primero por el lenguaje impuesto, esos personajes se nos presentan en la escritura de Silva como una pulsión de esa misma lengua, esto es: de las culpas, remordimientos y esperanzas que el hecho del habla implica. Las palabras en Matria están permanentemente a punto de transformarse en las palabras de las lenguas marginadas, en ese “quechua aymara naguatl” levantando el mapa de una ciudad que existe únicamente porque revela la profunda conflagración de un idioma que no ha alcanzado la paz con sus hablantes y que, por lo mismo, no puede sino transformarlo todo; un continente, un país, un barrio, en periferia, en margen.. Pero esto no es menor. Me atrevo a afirmar que si algo como la poesía latinoamericana existe con Vallejo, Huidobro, la Mistral, de Rokha, Neruda, es porque esa poesía es la constatación más profunda y demoledora de un idioma que no puede nombrar inocentemente la violencia porque él es la violencia. Es en ese límite donde se escribe este libro y la poesía de Silva reinventa a sus propios precursores. De partida comparte con los poetas fundacionales el esplendor de la escritura, salvo que ese esplendor tiene en Silva un signo opuesto: oscuro, desmembrador, inquietante. Matriava orillando el borde de sus propias palabras como si quien escribiera lo hiciese también bajo una doble impulso; por una parte el de reinstalar el principio del placer en el corazón de un idioma católico y castigador mediante el uso de los tonos mayores, de los incontables niveles fónicos y rítmicos, de los contrapuntos, produciendo el efecto de un gran decorado, de un escenario crepuscular y radiante a la vez, mucho más cercano al barroco, con el peso histórico que ello significa, que a los amaneramientos del neobarroco, dicho en breve, mucho más cerca de Góngora y del Neruda de las Alturas de Macchu Picchu que de Severo Sarduy, y por otra parte, el impuso de romper con las propias palabras, triturarlas, reducirlas a sus meros efectos sonoros para que ellas efectivamente permitan la instalación de un nuevo significado.

Me ha parecido que parte de lo magistral de Matria radica en mostrarnos esa lengua sitiada, quebrada entre la memoria de su propia violencia y el impulso del placer. Pero palabras como poesía, poemas, poetas, nos parecen, y a veces no sin razón, altamente sospechosas, y sin embargo es necesario revindicarlas porque nada de este libro ni de su autor es decible si sacamos esas palabras. Se trata entonces de una extraordinaria poesía y de un extraordinario poeta, y de un extraordinario poeta a secas, sin más, en el sentido más ortodoxo del término, con un alucinante manejo del sonido, de los quiebres sintácticos, de las aliteraciones, con cierres maestros como Periferia de tu canto, del poema “Una patria”, capaz de llevar el idioma a su máxima magnificencia  que no es otra que la magnificencia de las grandes exequias. Lo que se está mostrando es una ceremonia fúnebre; la de un idioma que sus propias palabras entierran:
Qué vas a hacer con esta lengua difunta
Con esta diadema sonora, con esta cabellera de amor que peina el deseo
Es otra vez el gran tono, el máximo resplandor, pero es un resplandor que no ilumina ninguna plenitud, sino al contrario, que hace más evidente su mancha, su indisimulable vacío, la herida que lo corroe. En otras palabras, el resplandor del lenguaje en Matria devela todas las fisuras, grietas y derrumbes, que están en la piel viva del lenguaje. Pero la piel viva del lenguaje es la piel viva de nuestros cuerpos. Limitamos con las palabras, limitamos con las palabras atroces de un idioma que al hablarlo nos convierte en los beneficiarios y cómplices de un gigantesco acto de fuerza pero que al mismo tiempo es el que nos da una pertenencia, un lugar. Esa contradicción irresoluble es lo que encarnan los personajes de este libro: sus permanentes quiebres de géneros, sus travestismos, sus nombres cruzados, sus santidades plurales e invertidas, son aquello que la sociedad, la sociedad chilena actual, quiere usufructuar pero jamás exhibir como esos ejemplares padres de familia que se suicidan porque descubren que tienen Sida. Lo que emerge entonces es la belleza estupefaciente de un sol negro que se levanta con todo lo reprimido y cuya capacidad subversiva radica en el hecho de que en la poesía de Silva no existe la más mínima sombra de auto conmiseración. Es una poesía brillante y dura, sin concesiones:

            Penetrar y ser penetrado
            esa es la ley del universo

Creo también que leer Matria desde perspectivas generacionales o de género es válido, pero reductor. Un libro como este vuelve a recordarnos que tanto en poesía como en la vida, lo crucial es lo sexual, no lo hetero, lo homo o lo bisexual, y me ha parecido también que estos poemas están más cerca de esa forma de eternidad que encarnan los poetas muertos, Huidobro, Neruda, Mistral, Vallejo, que de los poetas de esta o aquella generación. Al mismo tiempo entiendo perfectamente que un poeta de la potencia de Héctor Hernández lo sitúe como el mejor poeta de los 90 y que lo sienta como el gran referente. Cuando la reacción reaparece en todos los ámbitos, -y en poesía a través de cerros de poetas tan nuevísimos como viejísimos, que quieren revivir los discursos de las buenas abuelitas: el buen poema, el oficio, el pulido, y cosas tan nauseabundas como esas, (sí, el buen poema, pero con demencia, con desborde, con mirada, con riesgo, con enfermedad)- es necesario agrupar fuerzas y reconocer aquellas obras que apuestan por  lo otro. Por lo que no es esto, por aquello que no es lo que está y que debería estar.

Es la apuesta de Matria y de su universo maravilloso y maldito. Se trata entonces de uno de los remarcables libros de la poesía chilena y Chile entero está concernido en él aunque sólo lo sepan cuatro personas. Parodiando a Pound diré, lo siento tanto por ti, Chile, porque no conoces a esas cuatro personas.



ANOMALÍA Y BESTIARIO PARA EL OJO NEOLIBERAL

Presentación de Matria (Cuarto Propio, 2007) de Antonio Silva (1970)
Por Héctor Hernández Montecinos 

1.-
Digresión. La obra poética de Antonio Silva es un solo corpus orgánico y excéntrico desde su plutónico debut con Andrógino (1996), en el cual inaugura un imaginario indiscutiblemente exótico donde las huérfanas y las indias rezan a la animita por un amor perdido, la geisha Li-Tsu toma sol en medio de cañas de bambú, las chicas de San Diego y San Franklin bailan tristes o llorando, la barca de Seth cruza el Nilo o se oyen las voces de los evangélicos que cantan con el cerro Chena de fondo. Este libro pasó desapercibido por la crítica de la época que no vio en él más 
que un amaneramiento de los recursos que podían ligarse, más por contenido que por forma, a la obra poética de Francisco Casas, en específico, Sodoma mía (1991). Las distancias entre ambas son suficientes para no caer en el juego de la comparación esencialista o la homologacíon fácil solamente por el gesto minoritario de su discurso.
Luego, con Analfabeta (2000) la radicalidad de esas subjetividades se torna más proliferante, es decir, abre su abanico a una Latinoamérica que no duda en llamar “antinatural”. Teotihuacán, Nueva York, Cuzco y la madre patria son una sola heterotopía que cubre de un sol hegemónico la piel morena de la ñusta, la “precolombina del amor”, esa que no tiene lengua madre porque toda madre representa y permite una violación. En este umbral del siglo XXI, nuevos lectores, y nuevos poetas, nos encontrábamos con una obra indócil, ácida, con un lenguaje fracturado desde su mismo lugar de escritura, tanto por la pobreza que permite una página en blanco como por el posicionamiento decididamente político y confrontacional a un locus poético que seguía apelando a una obra límpida, no problemática y entronchadamente literatosa. No digo académica, porque suele malinterpretarse maliciosamente el término, pero quiero dejar en claro el hecho de que una obra sea leída en una universidad no la academiza, ni mucho menos la legitima. La academia chilena no tuvo, y no tiene, la fuerza para imponer un canon que no sea fuera del mercado, esto es porque las obras literarias decididamente radicales de los setenta y ochenta hasta nuevas obras que voltean géneros y plantillas son mucho más influyentes y vigorosas que el intento de clasificación y encasillamiento al cual son sometidas.
Por último, antes de comenzar a referirme a la obra que hoy presentamos, quisiera insistir en el silenciamiento que se ha hecho de la obra poética de Antonio Silva, tanto por sus compañeros de generación que ven en él al más problemático y feroz, como también por la crítica literaria periodística cada día más alejada de la incorrección y más celebratoria del miedo, del cual ella también es víctima y culpable.
2.-
Matria. Incontables veces le insistí al autor en llamar a su libro Anómalo, para continuar con la saga de ese Andrógino y Analfabeta, que no son más que la reiteración de las primeras letras de su nombre, pero Antonio no me hizo caso. De ahí, que tenga que escarbar en la semántica de esta matria, que pareciera remitirme a una materia incompleta, a un cuerpo intermitente, a un territorio virgen y profanado a la vez. Al conocer este libro hace años no tuve dudas en celebrarlo como lo mejor y más próximo que he leído de los poetas que comenzaron a escribir en los noventa. Sin duda, es el más arriesgado formalmente, el que reconduce su obra por los senderos más peligrosos de la escritura poética, porque si de algún modo la crítica a la generación en la que apareció Silva es su pavidez, su carácter insípido y su afán de devolver la poesía, que venía haciéndose desde la dictadura, a la página en blanco y al libro como soporte y conformidad. Releo varias de esas obras, de hace diez o quince años, y me parecen menos que ridículas e insignificantes.
En Matria los recovecos y pasillos del continente se siguen ensanchando hasta tensionar las metáforas de la post dictadura que no es otra cosa que un totalitarismo transversal, que ya no es sólo milico sino que de género, de raza, de edad, de clase, una serie de microdictaduras democráticas que se sustentan en la predación del mercado y en la indiferenciación de izquierdas y derechas, salvo por temas morales, en los cuales siempre gana el sector más conservador y fascista. “He inventado una patria para los despatriados” dice Silva en el poema homónimo al libro, donde convive la india que habla una futura lengua mapuñol, o un sincrético idioma "Quechua, Aimará Naguatl”. Esta fuerza de un lenguaje, hoy en día, “terrorista” es la que se sitúa como primera piedra en el rostro del lector. No es una representación, ni un enroque, sino que la apropiación de una voz que no existe aún, una proletaria lengua del futuro que será la única que nos podrá narrar como historia y acontecimiento. Esta campesina que “deviene A B E C E D A R I O” va mutando en todas las posibilidades que permite su hemenéutica del sujeto, es tanto Miss Universo en un programa de televisión como el padre Hurtado con sus ángeles indios o Shakira en su “trínico cross-over”. Nada es fijo, nada se mueve. Esta suerte de guión imposible, de bestiario para el ojo neoliberal avanza y retrocede en su lectura de la literatura como excusa de una mirada errática a los agujeros negros que el campo cultural recicla como lugar de la diferencia. Quizá en este sentido no habría tanto que preguntarse cuán distintos somos sino que cuanto nos parecemos, y que esa misma cercanía nos signifique un llamado y un reto.
De todas las ruinas culturales que hoy se celebran como monumentos, la poesía de Antonio Silva hace un caprichoso raspaje, tanto la teleserie mexicana vista en una mediagua donde alguien revisa su estuche “mis cosas” bajo la atenta mirada de Emmanuel o como la vidente Coatlicue frente a un centro comercial que “expone sus grasas y carbohidratos”. Todas las vírgenes tienen nombres de putas y al revés. Las santas o animitas a las que se le piden un deseo tienen el rostro de travestis fantasmas que han sido asesinadas por el desprecio y el dolor, de la misma manera que “el agujero en el corazón de un niño afgano”. Como decía antes, todas estos vestigios y escombros de una invertida memoria, se hacen presentes con retazos de películas viejas, de calles oscuras, de chicos hoscos pero bellos en su delito, en Juana Iris que es la Virgen del Carmen de esta Matria. Tutelar y protectora de la dictadura del deseo. Una mística metáfora que burla a la muchacha francesa quemada por intrigas políticas y religiosas, y la hace hermana de utopía y castigo, pues son Arco e Iris, ambas una sola, asesinada por la mano invisible y celeste del fascismo global.
Para ir concluyendo esta sucinta presentación, quisiera señalar un par de materialidades más del libro como el sentido de accidente que Silva le da a la cotidianeidad, y por tal un sentimiento épico al revés, es decir, es un clamor de muchas voces que en este collage se ven paradojalmente aunadas bajo el rótulo de todo lo que puede significar el exilio tanto de la patria, como más terriblemente puede ser el de una familia. De “un beso para papá” quiero citar el final de un poema:
Con temor abandonas este pueblo
Alguien dice “se va la loca”
Una tormenta de risas diluye un beso
y agudiza una tristeza
que nunca sabes de dónde viene
tu tren
No sólo es el cruce entre la religiosidad popular y cierto cuño de lecturas teóricas las que se mueven como líneas de perspectiva a lo largo de libro, sino que también una gramática deconstruccionista que suena algo así como:
Iao banclara per piafulo jactarino
Visa y vega fenecillo jopal
Fioleciente Nuger trompe
para luego agregar:
y no temas a las palabras
pues ellas sólo están de paso
sobre tu lengua
Matria viene a ser una en érgica relectura de los tópicos de su obra anterior, ampliados hasta horizontes que ni el mismo Silva imaginó. Este libro es la más concluyente prueba de que la poesía no estaba muerta en la generación anterior, sino que sólo necesitaba un contexto en que nuevos ojos, nuevas mentes y nuevas sensibilidades y honestidades pudieran apreciar su profundidad, su desgarro y su genialidad. No me cabe ninguna duda de que este libro cierra un capítulo en lo que a generaciones se refiere y se suma a una distinta manera de entender la poesía y la catástrofe. Matriade Antonio Silva es la obra cumbre de un agujero histórico, y es la utopía que todos soñamos en seguir escribiendo desde este otro lado de la rebeldía, de la ternura y del odio a una patria en donde, como señala el poeta, “el hombre bueno será juzgado como un criminal”. Los auténticos poetas siempre somos terroristas, ¿o no, Antonio?.
H. H.

Santiago, 31 de marzo, 2008


COMUNICADO


 .. .. .. .. .. . ..  


Estimados amigos; tengo la triste misión de informarles de la sensible muerte de nuestro amigo el poeta Antonio Silva.


Antonio falleció el día 21 de mayo a las 11 horas en el hospital Barros Luco, debido a una enfermedad respiratoria sumado a un muy débil estado físico. Antonio se encontraba recluido desde hace casi más de un año debido a problemas de salud. Se alejó de todos sus contactos y cortó todo vínculo con las personas. No se bien en verdad si fue decisión de él o de su familia, que hay que decirlo- mantuvo una actitud muy inhóspita con todos los que intentamos acercarnos a preguntar por su salud. No abrían la puerta. Es más, el domingo pasado volví a ir a su casa, tocar el timbre y desde una ventana de un segundo piso su hermano me dijo que Antonio ahora vivía en la comuna de El Monte, a la que supuestamente se había mudado por “mejor aire”.


Me pareció muy extraña aquella respuesta y comencé a inquirir entre vecinos sobre lo que estaba ocurriendo. Ya lo había hecho antes frente a las respuestas de su familia que me decían que Antonio no estaba en Santiago pero estaba bien de salud y ánimo. Mediante un familiar que trabaja en el registro civil me enteré de la noticia. Todo esto fue una cruel mentira para quienes buscábamos saber de él. Hace un año Antonio estaba recibiendo un tratamiento médico que lo mantenía fuera de toda posible actividad.


Con mucho pesar cuento estos datos, pues Antonio falleció hace casi un mes y su familia no informó del hecho a sus amigos. Tengo información que no recibió velatorio ni responso alguno. Desconozco si sus restos fueron cremados o sepultados en alguna parte. Con su familia no hay dialogo posible y comenzaré pues a averiguar por otros medios los datos para dar aviso a ustedes de donde se encuentran los restos de Antonio.


Quiero agradecer como amigo de Antonio a todos quienes me preguntaron por él e inquirían por su salud y estado. Lamento como muchos seguramente no haberlo acompañado ni apoyado en sus horas de dolor y angustia. Su familia tomó una opción que me parece equivocada y muy poco justificable.


Hago un llamado a sus amigos a no olvidarlo, a difundir su obra, a valorar la pasión que puso por la poesía.


Un abrazo,


Samuel Ibarra Covarrubias



1 comentario:

OMAR aguana dijo...

Saludos de paz!Mi nombre, OmarR.Aguana. Muy calido su sentir por el poeta Antonio Silva. No lo conocia, ni aun su obra, pero investigando un poco el concepto "Matria" pude toparme con su extraordinaria clase. Quiero decir que sin saberlo tuve ocasión de participar en el primer concurso Iberoamericano de Poesía auspiciado por la Fundación Mar Azul. Digo sin saberlo porque precisamente MATRIA fue mi obra titulada y presentada para esa ocasión. Gran sorpresa y con mucha pena por supuesto.
Quisiera poder compartir algunos contenidos en franca amistad. Gracias.
Atte. Omar Aguana/aguanaomar@gmail.com