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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."



José Saramago

viernes, 15 de septiembre de 2006

LECTURA POÉTICA Y MESA REDONDA EN LA SALA "SAZIÉ" DE LA CASA CENTRAL DE LA UNIVERSIDAD DE CHILE, 27 de Septiembre de 2006.

Invitación a la Lectura de Poesía y a la Mesa Redonda organizadas por el Departamento de Literatura de la Facultad de Filosofía y Humanidades y la Coorporación de Graduados de la Universidad de Chile, "Diálogo entre generaciones y nuevas propuestas en la poesía chilena: miradas desde la Universidad de Chile" en el marco preparatorio del "I Festival de Poesía Chilena" que se realizará en Santiago en noviembre de 2006.

Palabras de bienvenida de la Vicepresidenta de la Corporación de Graduados Sra. Jacqueline Boudon.

El poeta Rodrigo Olavarría lee algunos poemas de su último libro.

Presentación del Prof. Dr. Cristián Montes, acompañado en la testera por los poetas y académicos Federico Schopf, Javier Bello y Andrés Morales.

El poeta Cristián Basso Benelli leyendo algunos textos de su libro "El amor insecto".

El poeta David Villagrán lee algunos de sus poemas inéditos.

En la testera el profesor Dr. Cristián Montes, moderador de la lectura y la mesa redonda y los poetas y académicos Federico Schopf, Javier Bello y Andrés Morales.

Lectura de inéditos del poeta Víctor Quezada.

Lectura de textos inéditos del poeta Juan Santander.

Lectura de fragmentos de mi libro inédito "Los Cantos de la Sibila".






















Los poetas Juan Manuel Silva y Simón Villalobos leen sus textos inéditos.

El poeta y académico Germán Muñoz Pilichi lee poemas de su libro inédito "Espejo Semejanza".

Lectura de poemas inéditos del poeta Manuel Naranjo.

El poeta y académico Javier Bello leyendo de su último libro "Letrero de Albergue".

Lectura de textos inéditos del poeta y académico Federico Schopf.



Los poetas Víctor Quezada, David Villagrán, Juan Manuel Silva, Juan Santander, Manuel Naranjo, Rodrigo Olavarría y Simón Villalobos.

En la imagen los poetas David Villagrán, Juan Manuel Silva, Juan Santander, Manuel Naranjo, Rodrigo Olavarría, Simón Villalobos y Germán Muñoz Pilichi.

miércoles, 13 de septiembre de 2006

POEMAS INÉDITOS de Patricio Henríquez Lorca



Barrancón

Cuantas veces has lanzado al estanque una moneda con tus dedos fríos y sin huesos
observando dos rostros, dos órbitas, dos dentaduras arrancadas y simétricas


***

Una moneda que cae sin ruido sobre tu sueño,
Una liebre que corre sobre pastizales de tripas que se corroen en silencio,
Una liebre metamorfoseada en niebla
lanza una moneda que nunca alcanzaste rescatar de su presidio


Escuela y desaparición


Lavas tus utensilios cada mañana
Careces de huella en tus dedos
Careces de sombra en tu pared
Y das de comer a los barrotes con tu canción


Tus uñas anteanoche quebradas desentierran un caballo,
Un caballo amenazado antes de nuestro pavimento
Con su cabeza arrancada por sus propios pies



San José


Piedras y pavimento desmembrado:
Unos ancianos se quitan las encías,
siguen un sol dentro de sus cuencas,

Sombra de cal en el musgo:
unos perros de vidrios quebrados comen sus propios restos,
unos niños se burlan de una serpiente decapitada en su camino



El Acacio

Una vez te di un niño sentado en un tronco roto
un niño que no envejecía

Sentando al final de un bosque con sus manos en las rodillas

sin un mínimo movimiento

Un niño con rostro de cal



***


Inclinados al silencio de estas noches vivimos bajo piedras, encuadrados,
sin salir hasta la hierba, sin cambiarse del casco un centímetro de cabello abollado,
con movimientos precisos ordenamos los cubiertos clavados en nuestros brazos de hielo


Inclinados al silencio y sin un plazo, comemos trizaduras de piedras y escuchamos
un campo de lombrices descompuestas engullidas por santos de loza



***


Leña de mi vencido esqueleto soy , fe en tu manto de cálida grasa,
en tu rostro me arrancó los ojos y venero estrellas que orbitan en tus espaldas.
no quiero oir más ladridos sin cuerpo que vigilan cazadores y silencios,
no quiero más que tu palabra de hielo y sueño,
Pues esos vientres de vacas mutiladas y esos cauces abrigados de basura
no me dan la quietud de tu soplo:
Avispa que engendra barro en la música de unas acequias


***


Atraviesa calles cortas, se acuesta en la cancha
Junto a su ofrenda; cierra sus peladas orejas

Seis de la tarde en el arco de Los Bajos:
perro descansa, no hay moscas

Los bajos: caverna desdentada
Seis de la tarde: no es breve aquella luz

una sombra se mueve al viento
está recién ahorcada

sábado, 9 de septiembre de 2006

CRÍTICA a "Vicio de Belleza" de Jorge Rodríguez Padrón


VICIO DE BELLEZA
DE
ANDRÉS MORALES

Jorge Rodríguez Padrón


Empiezo por el título: no sólo acertado por sí mismo, sino porque compendia muy bien el sentido global del mismo. Hay en estos poemas una peculiar (y ajustada, por justa y por rigurosa) tensión entre lo placentero y lo inalcanzable; entre el rigor de lo bello y lo inestable del vicio. Y eso, por un lado, tiene un carácter de certeza trascendental; pero, por otro, no puede sustraerse (y es lo más notable a mi entender) a una particular agresión irónica, tanto en su materia (la existencia y su degradación física y temporal) como en lo que atañe al lenguaje (siempre en esa delgada, y delicada, línea entre lo dicho y lo no dicho). Ya digo: su mejor valor.
Pero es que tal posición de partida, que se mantiene como sustento nuclear del conjunto, nos lleva a lo que resulta ser el “meollo” de esta poesía: la necesidad de revelar lo invisible. Lo que esta escritura revela, alumbra, ilumina, descubre – y en esto apuesta por un radicalismo indiscutible- es aquello que no se ve y no se dice: el otro lado del discurso. La palabra, el verso, apenas es el teatro de tal proceso de búsqueda e inauguración: la escritura nos lleva hasta el borde y allí nos deja, ante lo blanco que es también la luz. Un ejercicio disciplinado –entendiendo por disciplina una exigencia mallarmeana- que contiene un impulso que, a este lado del vivir, existen. Y que suele ser el lugar donde el común de los mortales (y muchos de los presuntos poetas) solemos detenernos.
¿No es el poema “Nocturno de las voces”, por ejemplo, una suerte de archipiélago de palabras, o de constelación de palabras, en el mar, o cielo oscuro de la página? ¿No se iluminan o se descubren, unas y otras, en ese discurrir que es el poema; y no se apagan (se pierden para dar paso a la verdadera luz que es el blanco alumbrado) después de oírlas? Lo mismo me parece en un poema muy bello titulado “Retrato bajo la lluvia”.
Y, acaso, “Arte Poética” me dé la razón, confirme como corroboración final, a punto de ir a la Segunda Parte, cuanto vislumbro. El ejercicio de la poesía como una acción que supone un progresivo borrar la palabra, hacerla desaparecer en su integridad física, para que renazca (deletreada, balbuceada al azar) tras “despertar al sueño vivo y a la muerte”.
Un ejercicio, en fin, de precisión rítmica: abriendo siempre la atención con intención. Ajuste, como decía al principio, entre el verso que discurre y la pausa que se abre: una respiración muy interesante la de estos poemas. Respiración interesante, porque en ella se va la vida. No en vano, la segunda parte sucede a la “Última voluntad” que se hermana con el poema más histórico de todo el libro, “Los elegidos”. La segunda parte, donde se desarrolla, precisamente, esa otra cara del ejercicio poético de Andrés Morales: el ajuste de cuentas con el tiempo. Este presente de la palabra escrita donde los elementos son la memoria. Es decir, donde la experiencia habida, en vez de ponerse en marcha de nuevo, y discurrir (la anécdota) en el poema, está en el poema; mas es el poema. No es casualidad que sea una secuencia de visiones, una especie de apocalípsis al revés (Visiones de San Juan en Occidente, MCMXCII); o quizá, haya que decir el apocalípsis, culminación de la experiencia visionaria, al derecho. Nuevo Patmos.

Fragmento de SAKRA BOCCATA de José Antonio Mazzotti


A los amantes de la
lengua ...
casta-i-llana

La Luna, de puro nueva, se arroja sobre el Sol. Miren su cabellera
incendiando el firmamento. Su piel curtida y blanca como la noche.
Una espalda cubre una barba. Un chorro de alga se mezcla con la lengua.
Han descendido al fondo de los mares sobre un primer piso.

En la ciudad los guardianes pasean centinelas de su sueño. Un secreto de a dos
es un milagro
De los libres, esos astros que se cruzan en las autopistas y por un instante apenas
Se miran lo que duran los cometas.

Te soñé todas las noches por más de 300 años, contaba las sortijas del rosario
hasta quedar dormido
Y ensartaba su Círculo Perfecto con la aguja de tu órbita.

Aries se deja arrastrar por la fuerza del Sol
A los mayores arrecifes de la costa:

Y las olas martillean Tu Nombre, chorreando por la espuma el néctar duraznero
de tu Sakra Herida,
La alegría de las catacumbas, la resurrección de los muertos
Y la Vida Eterna.

viernes, 8 de septiembre de 2006

EXODUS, poema de Drago Stambuk


EXODUS


Aquí se encuentran los pulsos del mar y las manos del amor;
temblando el Adriático azul y el ondeante Jónico
se conectan en el nudo de la unión indestructible, bajo la corona
de su herencia desembocan en alta mar. En Otranto los labios
coinciden y el espíritu croata tiende sus velas. Nuestros cuerpos,
entrelazados se abrazan,
dos mares cansados en la abundancia de la sal.
Estrecho del mar de las hadas, paso de salvación,
peces alineados como griegos en Maratón. Labios que
pesan en el grumo del oro azul, sal de coronas que coagula los cercos
alrededor de los corazones de piedra. Nación inmortal, navega,
igual que el pueblo en un Domingo Santo. Amurallado
con islas fantasmas y verdaderas, barandal greco-croata,
concordia de los antiguos y nuevos Argonautas.
Se derrama el único ojo del Cíclope
en la cuna oscilante del mar envejecido. Corona de espinas,
Cetro del Reino. Domingo de Ramos del olivo.
Ciudades que amo, pueblo mío, han dejado entumecer tu sangre.
Le destinan la paz del abismo y la ceniza
azul de los incendios, en la calma robada
de la clara muerte croata.


Drago Stambuk es uno de los poetas más importantes de la actual poesía croata. Ha publicado múltiples libros de poemas siendo incluído en la antología Poesía Croata Contemporánea publicada en Chile por RIL Editores. De igual forma, y bajo el mismo sello editorial, se ha editado en nuestro país el libro El viento de las estrellas oscuras. Hoy se desempeña como embajador de la República de Croacia en Japón.

APROPIA PARA SÍ SU CORAZÓN, poema inédito de Soledad Fariña


apropia para sí su corazón



acostumbra a recorrerse
con los dientes
y a reír todos los días de su cara
ni un solo momento ha estado solo,
tampoco lo dejó la voz del agua
y puede llorar todas las noches
observando el entramado de su cuerpo
que nunca será igual a una luciérnaga
-pues nunca su dedo acarició su herida azul
su día gris su dios petrificado
sin lengua ni palabra-
en su silencio
cree escuchar la vibración
del sol (o este plumaje)

del sol
que sale azul
a medianoche





(Poema escrito sobre versos del libro Lázaro Siempre Llora de Andrés Morales del último libro inédito de la autora)

LA LITERATURA CREATIVA EN LAS UNIVERSIDADES CHILENAS

Andrés Morales


Desde tiempos inmemoriales muchos poetas y escritores se han preguntado si es posible aprender y enseñar a escribir en una universidad. Sin duda han defendido la formación autodidacta, la experiencia personal del hallazgo y el “camino difícil” de errar y acertar en la escritura y en los libros que serán la contraparte, el diálogo y el impulso para definir y decantar la propia voz.
Hoy por hoy, muy pocos se aventuran en semejante derrotero. Es, desde luego, mucho más fácil y más rentable (si es que puede hablarse de algo rentable en la república de las letras) recibir la experiencia de otros, continuar la senda que han abierto los demás o repetir ociosamente (o provechosamente) los términos, conceptos, la información, la historia, la teoría y la práctica que las doctorales barbas reverencian e imponen. Tal vez, no queda otro camino. El valor del self made man aparece hoy como una insensatez y hasta como una quijotada… Por otra parte los múltiples “negociados” de muchos talleres –con las escasísimas excepciones notables que los distinguen de la mayoría- han desprestigiado el espacio íntimo de la transmisión del oficio que, sin trucos ni mañas, sin estafas, ni apologías al maestro (recordando el famoso poema de Allen Ginsberg), se han entronizado con damas escritoras de dudosa calidad o novatos extraviados que apenas leen la prensa local.
Entonces, con pudor o sin pudor, con aciertos y muchos desaciertos, las universidades han tomado el relevo para construir carreras que conducen a la obtención de un grado académico que puede suplir la autoformación o el taller literario. Incluso los escritores “consagrados” y los no tanto, han visto que, sin poseer títulos ni grados, sino con sus éxitos literarios o su simple trayectoria, acceden a una “tabla de salvación” al dictar clases bajo el alero de una institución universitaria. Algunos con toda propiedad, otros con una desfachatez olímpica, aparecen como rostros visibles, emblemáticos y hasta vendedores de un “producto nuevo” que los salva del desamparo tradicional que han sufrido tantos literatos en esta nación.
La experiencia no es nueva en el mundo europeo y anglosajón. En Chile, la Universidad Diego Portales, con la convergencia de Carlos Cerda y el que aquí suscribe, fue pionera no sólo en el país, sino en toda Sudamérica al implementar una Carrera de Literatura Creativa que honró a esa casa de estudios y propuso un programa absolutamente innovador en el territorio académico. Cuatro líneas centrales (Teoría e Historia de la Literatura, Lengua y Gramática, Edición y Creación) marcaron el destino de un programa que otras universidades privadas imitarían hasta desvergonzadamente. El único precedente de una experiencia similar en Chile fue y sigue siendo el “Taller de Poesía Códices” de la Carrera de Licenciatura en Lengua y Literatura Hispánica de la Universidad de Chile. Bajo mi dirección y con mucho esfuerzo se ha transformado en un referente obligado para constatar las actuales voces de la poesía chilena. Nombres como los de algunos ex integrantes, Javier Bello, Alejandra del Río, Germán Carrasco, Rodrigo Olavarría, Víctor Quezada, Alejandro Zambra, David Villagrán, Kurt Fölch y Verónica Jiménez, por mencionar solo a algunos miembros del taller, en dieciocho años de ininterrumpida labor[1], constituyen una prueba que en el mundo académico puede darse con éxito un proyecto de escritura creativa.
El problema de la mayoría de las carreras de literatura (creativas o no, en instituciones privadas o no) sigue siendo la constitución de una malla curricular definida que no sufra constantes alteraciones en el transcurso de pocos años o al primer cambio de mando bajo la dirección de turno. La disyuntiva entre presentar un programa “más creativo” o “más académico” ha sido el punto central de la discusión. Como si un escritor no necesitase una sólida y más que sólida formación histórica y teórica de su disciplina… Suprimir asignaturas troncales por “cursos entretenidos” (al gusto de los profesores que piensan en sus capacidades particulares más que en las necesidades de los futuros escritores) es un riesgo que algunas universidades han corrido y que pasará la cuenta, tarde o temprano, primero a los alumnos y luego a las instituciones. Es absolutamente compatible entregar una malla equilibrada entre formación “dura” y formación “creativa”. Renunciar a alguno de estos dos sentidos es renunciar a entregar, honestamente, una mínima y medianamente clara orientación al futuro escritor.
Otro asunto que puede ser polémico es el de las salidas profesionales. Si a los programas actuales de la mayoría de las universidades se les agregan uno o dos años, es posible que los alumnos se decanten “naturalmente” a lo que su vocación les demanda. Implementar postítulos o postgrados es también una solución. Así, como no todos tienen un auténtico talento como escritore(as), dos años de pedagogía pueden conducirlos a un título profesional. Lo mismo, uno o dos años en la formación de editores responsables (fundamentales en este país), o en la capacitación como “directores de talleres literarios” (bastaría un postítulo), o en la proyección a medios electrónicos y/o audiovisuales (Internet, televisión, radio, cine, etc.) o, finalmente, en la continuidad y profundización de sus estudios literarios que los conduzcan a grados superiores y a un perfeccionamiento que puede desembocar en una concreta salida académica superior o en la investigación y crítica (universitaria o periodística).
En mi opinión estos asuntos no están resueltos. He oído de ciertas carreras trasladadas enteramente de una universidad a otra (con profesores y alumnos incluidos) o, de una facultad a otra, sin entender la necesaria autonomía y la mínima sedimentación en el tiempo que merece un proyecto literario de éstas características.
Aquí aparece el problema final y, a mi juicio, clave. ¿Cuál es la ética que manejan determinadas universidades para entregar semejante grado académico? ¿Cuál es el peso específico de sus profesores y de los escritores que imparten los conocimientos y las herramientas indispensables para transformar a un(a) estudiante en un académico joven, en un promisorio narrador, editor, guionista, o poeta?
La universidad (y que me perdonen los economistas y alguno que otro termocéfalo de alto vuelo que aplica peregrinas teorías de avant garde) no es un almacén o una farmacia donde se compran conocimientos o talentos. Esto es obvio. Hoy parece que “el producto” debe entregarse al “consumidor o cliente” con todo el merchandising posible instaurando la política del centro comercial en la cátedra o en el taller. Como diría el tango: Cuesta abajo en la rodada… Este mal que ha llegado a instalarse como endémico es el cáncer que arruinará no sólo a las carreras de literatura creativa, sino al necesario ambiente de rigor, crítica, disciplina y respeto que ha de tener una universidad decente.
Por último, pero no menos importante, la constante evaluación (por los pares, por los estudiantes, por los superiores, por las instituciones, etc.) debe instalarse ya en este tipo de carreras creativas como una práctica permanente. Nadie debe “eternizarse” en nada ni “dormirse en los laureles”. La calidad académica empieza en los profesores y en los estudiantes (donde es imprescindible subir la vara, exigir esfuerzo, no cejar en la demanda).
Todos estos pensamientos, después de mis casi veinticinco años de escritura y veinte años de academia, pueden tenerse en cuenta u olvidarse… Al final y definitivamente, superados los grados, las universidades, los talleres y las cátedras, con o sin formación universitaria, con o sin título, el verdadero escritor hará lo suyo en soledad siguiendo sus instintos, equivocándose y acertando en el gozo y el delirio de la palabra propia.

Santiago de Chile, septiembre de 2006

[1] Salvo unos pocos, la mayoría de estos autores parecen haber olvidado semejante experiencia, pues casi nunca mencionan este primer impulso recibido ni tampoco a la ya histórica revista “Licantropía” –con diez años de existencia- que logró constituirse como un espacio fundamental en una época donde semejantes publicaciones casi no existían. De la misma manera, se ha enterrado en el olvido la antología poética Códices (RIL Editores – Universidad de Chile, Santiago, 1993) como uno de los primeros libros que recogieron sus poemas bisoños.

domingo, 3 de septiembre de 2006

HOMENAJE A FEDERICO GARCÍA LORCA, Casa Central de la Universidad de Chile, 30 de agosto de 2006

Invitación al "Homenaje a Federico García Lorca, a setenta años de su muerte" organizado por el Área de Literatura Española de la Facultad de Filosofía y Humanidades y la Corporación de Graduados de la Universidad de Chile, donde participaron la Prof. Dr. Haydée Ahumada, la Prof. Jessica Castro, la Prof. Raquel Villalobos, el Prof. Dr. Cristián Montes (quien interpretó en la guitarra varias piezas musicales españolas) y otros académicos y estudiantes de postgrado de la facultad.


Mesa de ponencias: junto a Fernando Sánchez (Presidente de la Corporación de Graduados de la Universidad de Chile), Juan Manuel Silva, poeta y candidato a Magíster y al Prof. Dr. Eduardo Godoy



Leyendo mi ponencia "A setenta años de la muerte de Federico García Lorca".

sábado, 26 de agosto de 2006

POEMAS INÉDITOS de Eugenio Cónchez Silva

Veo tu espalda,
preparas nuestro café
mientras la casa se llena de pelusas de sol.
Y si me faltaras?
Y si no estuvieras aquí tan quieta en la noche?
Veo tu espalda
y se me cae una palabra
y mi silencio es ahora una forma de reír;
quiero que te llegue, tuyo, mi silencio
y que te cave y te perturbe y entonces sonría tuyo tímidamente,
te vuelva las carnes del revés, para la lluvia y la ceniza,
para fuego y sombra, para tu alma de tierra
todas las palabras que no digo,
las que se lleva tu espalda como el trigo innumerable,
las que se lleva tu espalda innumerable como el trigo y la lluvia.
Y si me faltaras
yo estaría ahí preparando el café
en la casa muda, en la mañana sola
y mi vida no tendría sentido
y el café se enfriaría
y mis almohadas aullarían como los senos, solitarias.
Pero veo tu espalda,
preparas nuestro café, estás ahí
y no digo nada.
Amanece.







La noche muestra ansiosa una grupa de hambre.
Mirame y pensá en sexo,
en ciertas maravillas que los cuerpos lucen
como roturas de flor.
Decí conmigo las consignas de la carne,
nuestra carne, pasión de dioses incrédulos,
y entonces dejame
conducir hasta mi cama tu corazón de tierra,
te llevaré despacio, seguro del oro y la tormenta,
seguro de un crimen que cometen mis ojos en los tuyos.
No, no me dejarás así
con la cintura temblando caminos de tristeza,
no dejarás que arrastre solo una noche más.
Mirame... cubrirás de arena
mis espaldas llenas de vino,
mi cuerpo tieso en pleamar.
Mirame y pensá en desnudos,
en manos de sombra que hurgan tus muslos
acalorados, iracundos.
Yo te amaré, te amaré hasta amarte
y te volveré a amar hacia atrás,
beso a beso como nos persiguen ciertos sueños.
Porque a los regalos de esta luna
prefiero tu útero flamante
si cuando te miras en mis ojos
sientes que se abre, que golpea tus entrañas frescas
como un volcán derramado en primavera.
No te doy la vida,
pero puedes tenerme muerto esta noche entre tus brazos
con humos de sangre acariciada.
Marca mi soledad con tus gestos suaves,
busca un lugar del mundo
donde tus caderas sean mías,
dulces como un higo, o un viaje.
Mirame y pensá en sexo,
en todo el agua que puede correr entre nosotros.
La noche alargará nuestros cuerpos
y mis palabras te llegarán
cargadas de fiesta y de dolor,
serán la luz de tu ombligo,
serán serpientes de rocío bajando por tus piernas,
altas, pálidas avenidas de la dicha!
Juega con mis sueños, hazte collares.
Te voy a poseer para que seas hermosa,
como el sol anclado en los trigales del mediodía,
como la lluvia abriendo surcos en las pampas.
Tus dos panales blancos y secretos entre mis manos!
He aquí que por ellos yo mordería otro otoño,
como caballos tristes mis ojos
soportarían otra vez la luna en la noche de niebla.
Por qué nos acostamos, por qué reímos,
por qué nos hundimos en la saliva, el sudor y la sombra?
Mirame y pensá en sexo
y más que sexo y más que ganas y más que eso
que piensas si te miro, si te hablo, si nos miramos.
Te dejo una huella de uvas. Te robo un largo pestañeo,
largo aliento de maderas que cruzamos en un amanecer ventoso.
El dolernos de la dicha, es eso.
Son las palabras hermosas que digo en honor del silencio.
Es el silencio en que te habito el templo oscurecido.
Mirame. Abrite. Seguime.



Eugenio Cónchez Silva es un poeta argentino de la más novísima generación. Ha publicado en diversas revistas literarias y ha participado, en el año 2005, en el "Festival de Poesía CHILLÁN POESÍA 2005".

ANTOLOGÍA POÉTICA PREMIO PABLO NERUDA 1987 - 2005


El martes 22 de agosto, en la casa-museo La Chascona, se realizó una lectura de poesía en el que la Fundación Pablo Neruda acaba de presentar el libro Antología Poética Premio Pablo Neruda 1987-2005, publicación que reúne trabajos de los poetas ganadores del Premio Pablo Neruda, hasta el año pasado, prologado por el poeta y ensayista Jaime Quezada. Este galardón, que se otorga anualmente a un poeta no mayor de cuarenta años, se concedió, por primera vez, en 1987, y desde entonces, lo han recibido dieciocho poetas, cuya obra es, según juicios críticos importantes, significativa para la literatura chilena contemporánea.
El libro incluye trabajos de Gonzalo Millán, Raúl Zurita, Diego Maquieira, Clemente Riedemann, Carlos Trujillo, Teresa Calderón, Erick Pohlhammer, Alicia Salinas, Tomás Harris, José María Memet, Isabel Gómez, Bernardo Chandía, Rosabetty Muñoz, Andrés Morales, Armando Roa, Jaime Huenún, Víctor Hugo Díaz y Germán Carrasco.
En la obra antológica, cada poeta seleccionó sus propios poemas, tratando de dar una visión panorámica de su escritura. La edición estuvo a cargo de Adán Méndez, asesorado por un comité de la "Fundación Pablo Neruda", presidido por el poeta Jorge del Río, miembro del Directorio de la institución.

POEMAS INÉDITOS de Cristián Gómez


ORACIÓN POR GUILLERMO TREJO


Todos los boxeadores retirados pelearon alguna vez
en el madison square garden. Alguna vez lo leímos
con diccionario y buenas intenciones. Después de eso

hemos sabido de algunos que han cruzado la frontera
y por temor de convertirse en arena no han vuelto la
vista atrás. Otros la cruzan mirando un espejo

retrovisor y así se han pasado los últimos treinta años.
De él aprendimos la palabra ponto, zahúrda, murientes.
Pero llegamos a una tierra que no tiene primavera
y el ponto o el mar está muy lejos. Vivimos
en una pocilga (zahúrda) mientras no estuvimos
casados. Aquí o allá en lo prado, aquí o
en sargento aldea. Los huéspedes:

tienen las cejas sangrando producto de los golpes recibidos
pero se reproducen como una plaga festiva y licenciosa
carente de civilización a la que atacar. Ya no están
reunidos en el ágora ni los sabios ni los mejores
nos permiten escuchar con precipitada melancolía
sus palabras. Con mansedumbre que no excluye

el horror por lo inevitable: ven como los bárbaros
se han casado de manera indefectible con sus hijas
mientras los senadores se retiran sin legislar
(los bárbaros nos dictarán sus leyes).

Pero alguien recién llegado de la frontera
-a propósito de los rostros que se retiran de noche compungidos-
dice que ya no existen los bárbaros y se pregunta qué
será de nosotros sin ellos. Qué será de nosotros

si nadie nos visita en esta pocilga (zahúrda), si
nadie nos devuelve a nuestro (ponto) mar.



CONSIDERACIONES INTEMPESTIVAS DEL ENANO MALDITO
(también me gustan los epigramas)


Una poesía de clase media que deteste a la clase media.
Una poesía católica hastiada de ser católica. Y
un hablante al mismo tiempo
lírico y arribista.

Nada más imprescindible que un reloj despertador
para tenerlo como un recuerdo inútil de lo que pasa
con esa gente que trabaja.

Renegar. Poner el grito en el cielo. Como de costumbre
quejarse en voz alta, aunque se esté hablando solo. Irritar.

Leer a Carlos Bolton.


PARA LOS FUTUROS CENSORES DEL CAMPO
DE CONCENTRACIÓN EN QUE NOS ENCIERREN


El bar está cerrado a los malos augurios.
Hoy no pasan por televisión Angustia de
un querer y se conversa al ritmo del auge
y la caída de nuestros ídolos. La tarde
sigue pasando y no se detiene

hasta llegar a nuestras puertas. Como el
fruto de una caza que ha sido generosa
caen a nuestros pies muchachas que ni
siquiera despiertos podríamos haber
soñado tan hermosas. Se parecen a esas

primas de las que nos enamoramos antes
de escribir un primer poema. Contertulios
del espejo que invariablemente fiel detrás
del mostrador nos acompaña, la próxima

ronda decidimos pedírsela fiado a los
que incautos se preguntan por nuestra
afición a seguir escribiendo poemas
sospechosamente láricos como si
fuera nuestra única elegancia.

Como si fuera nuestra última respuesta.



LECTORES DE CORTO MALTÉS


El hombre más delgado de chile y el enano maldito se reunían en un departamento al oeste de la ciudad. Lo más divertido era espetarnos mutuamente epítetos de tamaño
calibre –católico, escritor de clase media- que a cualquiera lo harían palidecer.
Más de alguna vez mutuamente se ofrecieron combos. Y no hay nada de malo en ello.
Compartieron la misma cama pero no se dieron cuenta. Por lo alto y por lo bajo les
deseo ochenta, pero es discutible que tanto el hígado como las neuronas aguanten.
Se han paseado de la mano de cierta clase de especímenes que ameritan zoologías tan
particulares como épicas. Conversan hasta bien entrada la noche. Se acuerdan.


SIMBIOSIS



Para cargar con este nombre perdónenme que lo diga.
Nacido de padre y madre como el resto de los moradores.
No se pronuncia de esa manera pero eso es lo de menos.
Ni tampoco es mi nombre el que hubiera querido. Pero
a estas alturas. He sabido de algunos poetas que han
muerto no mucho después que sus señoras, niños de
pecho y desamparados en algún departamento del
centro de santiago. Otros han hecho lo mismo
con mi nombre. Es sabido que un motivo y

sus variaciones pueden convertirse en
los únicos habitantes de estos cuartos.
Prefiero no hablar de dormitorios.

Otros se empeñan en cruzar una frontera
que está del otro lado. Dicho mi nombre
perdónenme que lo repita. La infancia

no me atañe como un recuerdo
sino como un hermano que aún vivía.
No era la felicidad pero sí el menor esfuerzo.

domingo, 6 de agosto de 2006

LAS PRISIONES, poemas de Pablo Tenekedjian


I

Nada debe asfixiarse entre sus labios,
Ni el óxido aguado de las lunas,
Ni un estallido de claroscuros
Cuando los medios cautivan.

Aprisa,
No se apuren.
Traigan agua de los estambres y amantes insatisfechas,
Una extraña lactancia que invada los gineceos,
Muerte que desdoble sus costillas.

Despacio,
Más aprisa.
Cambian los rostros y nada cambia.
Un capullo de capa negra
Rompe la magia en artera distancia;
Y eso es,
Sólo,
Pétalos como excusa y agonía desdentada.


II

Y un fragor precipitado guillotina las miradas,
Y la amargura profana a diente suelto
Como el súbito fracaso embiste
En medio de la felicidad más propia
O sobre la cercanía de un rostro que nos miente.

No hay más.
La esperanza dura
Lo que en los ojos
Tiembla.
No se abrazan fulgores
Ni se apuesta en crisálidas,
Sólo se trabaja para arrullar un labio que se mueve en el limo
Y que columpia en sus voces a brutales gusanos.

Carne y carne.
Carne y miedo zozobrando por sus cuatros cuchillas,
Carne y carne amasada en inciertos,
Y hambre
En lecho de entrepiernas
Y en perfil de suspenso.


III

Nada. Aquí ni nadie,
Nadie.
Y más aun,
Dentro fuera como si todo
Eso mismo y nada,
Aquello en barracas de yemas inseguras
De niñas que dejan caer
¡cómo!,
Un amor de alcantarillas y de hoces mendigas.

Recomenzar.
Regresar y ser. Voltear.
Lo mismo y nada.

Pablo Tenekedjian nació en Argentina en 1974. Es Licenciado en Literatura por la Universidad de Chile y candidato a Magíster por la misma universidad. Ha publicado sus poemas en varias revistas literarias así como ensayos y artículos. Profesor universitario, ha dictado la Cátedra del Monográfico de "El Quijote" en la Universidad Diego Portales.

OLVIDO, poema de Carlos Almonte




...sin fin hacia su herida.

Dylan Thomas


He sido confinado al más vulgar de los silencios;
muestras de hecatombe,
de brillo perdido,
de fulgor inalcanzado.

He sido desterrado a un pueblo de fantasmas ebrios,
con calles de adoquines negros
que conducen al humilde fin de toda vida.

He sido maniatado,
lacerado y perpetrado, bajo su recuerdo,
malherido, desplomado.

Me ha escrito una vulgar versión de despedida,
como siempre,
sumida en pensamientos de otro tiempo,
propios o distantes.

Me ha olvidado por completo,
aunque su voz lo niegue,
y sus palabras destrozadas,
y su boca entumecida;

aunque su canto se dirija a mí;
aunque sus manos aún me toquen,
cuatro continentes nos separan.
Mejor sería que me ahogara en plumas de animales,
como alguna vez lo prometió.

Veinte abrazos nos separan,
como cada día viernes que no llega,
como cada noche que me duermo en ella,
en su consuelo,
en su inacción.

Cuatro versos lastimados y la sensación constante,
eterna,
de estar hablando al aire ennegrecido
de una interminable noche
que nunca llegará.





Pintura: Jean Dubuffet

30 DE NOVIEMBRE, 2.50 AM. Poema de Carlos Almonte


En cuanto oí su voz lejana,
lenta y pura,
transformé mi ansia en vuelo para estar con ella;
no de lado, o de costado,
no tampoco por encima de su piel
o bajo el peso de sus muslos,
sino que al interior de esa mirada triste y enferma
que nunca deja de soñar.

Es un tramo de reparos indecentes que no engañan,
como un guión que no decae y que no besa el cuello blanco
de aquel de cisne troquelado
en negativo,
o transparente.

Ya no queda el gesto de un llamado,
de una sombra o grito.

Ya no existo en su recuerdo;
mientras, me sonríe.

Nervioso, sugerente,
como si folláramos bajo la alfombra,
bajo cientos de ciempiés,
bajo miles de milésimas,
bajo el tiempo descarado,
bajo el té,
bajo las hojas.

Odio al terso verso, se lo dije,
y el sonido de platillos.

Ya no vuelo, ya no canto, ya no río.
Ya no estimo, o considero.

Ya no pienso en ella, porque ya soy ella.





Fotografía: Joseph Beuys, “Tito Andrónico”

viernes, 4 de agosto de 2006

AUTORRETRATO, poema de José Kozer


AUTORRETRATO


Escuetos, cantan los cuatro elementos, se iluminan de inmenso.

Yo me alargo en una suerte de revolú proliferando arroz con mango, chicharrones con broscht, sushi con maduros, hijo
de dos labias imparables (Talmud
entreverado con recia jodedera) a la
zaga de un silencio búdico: su acepción
entiendo, su condición no alcanzo.

Un deambular atestado de onagros, tábanos mordiéndoles la grupa, cínifes posándose en mi mejilla: con una mano
voy a pulverizarlos, con otra los espanto
(no matarás). Una mano (búdica) mental
me propone no actuar, y el mosquito en
placidez zumba y sueña sus aguas
putrefactas, en mi mejilla: tremendo
berenjenal (mental) en que me metí.

Empiezan a conturbarme las noches. A veces me echo a dormir en el catre al pie de la ventana que mira a la laguna de las
noctilucas (eso fue en Puerto Rico hace
mil años) a veces en el catre que da al
muro de ladrillos embarrotillados
(grafiteados) del respiradero: el niño
despertó sudado a medianoche y teme
desvelar al padre.

Se acostumbra a rescribir en la cabeza esquirlas de pesadillas, luego las redondea desde una recién descubierta inventiva:
le dan las tres de la mañana mientras
contempla el uniforme escolar
almidonado en un chiforrobe
(¿por qué mano?) entornado.

Noviembre, por todas partes noviembre, a medianoche el miedo impera: oíd (de los cobardes no se ha escrito nada)
admonición del padre: y se le ve a
la legua cagarse por la pata abajo.

Llamo, y llamo con voz cada vez más baja (proliferando): reclamo al padre, y nada; por Buda clamo, y nada. Nada
y nada, ¿será que de eso se trata? ¿El
cero clamor de la Nada? Estoy despierto,
los prismas de la carne en el espejo
biselado del dormitorio: tres harapos,
y un guiñapo.

Abro al azar el libro de un poeta extranjero, extremaunción de lo escueto: letra hosca, lo sé, va a proliferar (se irá a
extraviar): una vez vi perseidas (toda
una seguidilla de perseidas) aquí, por
proliferación, me persuado, al

buen
tuntún,
da
igual,
corriente
abajo,
sílabas
reunir
(incrustar).

José Kozer nació en La Habana en 1940 y en 1960 emigró a Estados Unidos. Enseñó lengua y literatura en el “Queens College” de Nueva York.. Ha publicado alrededor de quince libros, entre ellos: Padres y otras profesiones (Ediciones Villamiseria, Nueva York, 1972), Este judío de números y letras (Tenerife, 1975), El carillón de los muertos (Último Reino, Buenos Aires, 1988), Trazas del lirondo (Casa del Tiempo, México, 1993) y Dípticos (Bartleby Editores, Madrid, 1998).