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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."



José Saramago

lunes, 16 de junio de 2014

"LA LECTURA, UN PLACER EN EXTINCIÓN O UN MUNDO EN EVOLUCIÓN" DEL ESCRITOR CHILENO ROBERTO RIVERA


                                                  


El primer enemigo de la lectura en nuestro país es, sin lugar a dudas, el precio del libro, grabado además con un 19% de IVA, es decir, cada niño que nace en nuestro Chile bicentenario, ya debe el 19% de lo que leerá, del caudal de sus lecturas futuras…Paquete literario de por medio, este es el marco de exclusión de partida, luego viene el resto de consideraciones.

En directa relación a la evolución de la escritura en piedras y cera, a los papiros y rollos se desarrolla el códice, esta escritura original o manuscrito que viene a tomar cuerpo recién en el S. IV d.C. Han transcurrido varios siglos entonces para que ello sea posible y luego otros tantos para encontrarnos con el desarrollo de la imprenta, que es cuando la lectura se puede masificar y transformar su morosa práctica en un placer individual y social, que dinamiza este proceso comunicacional que va de la creación y la edición, al lector y el crítico – y en una suerte de sentido común de época – establece un canon o lecturas modelos que, al decir de Harold Bloom, lo encabeza Shakespeare y el Pentateuco, sorprendiéndonos al aseverar que, este habría sido escrito por una de las esposas o favoritas de David, de origen Hitita, quien supo con su genialidad penetrar las capas más profundas del inconsciente y la espiritualidad.La lectura y la escritura, son actividades humanas relativamente recientes. En el 1400 a.C. encontramos recién el primer alfabeto llamado Ugarítico, el cananeo entre el 1300 y el 900, y el Griego hacia el año 700 a.C.; entre uno y otro la escritura ha pasado del período pictográfico al ideográfico y de este al simbolismo de los jeroglíficos. En estos períodos la imagen es parte del signo, se entrecruza y directamente interviene el significado; sin embargo, nadie podría considerarla como hoy, un peligro o amenaza para la supervivencia de la lectura y la letra.
Este placer que brinda la cultura y la modernidad – un placer no exento de sacrificios, en el cual su aprendizaje que exige desde destrezas neurológicas, físicas y corporales, a la adquisición de códigos y el ejercicio de la inteligencia y la memoria – fue durante siglos patrimonio de escogidos, en torno de los cuales se formaban grupos y hasta no hace mucho en nuestro Chile, la familia reunida en torno de quien leía las noticias como registro de cuando la lectura fue un hecho social.
El proceso que acompaña la lectura intensiva, pocos libros muchas veces, la biblia, almanaques, a la lectura extensiva, muchos libros una vez, corresponde al desarrollo vertiginoso, que nos trae del medioevo a la modernidad y a la post modernidad, donde ya emerge la cultura de masas y de la imagen, el cine, la televisión, la inmediatez de las comunicaciones, el computador e internet. De allí en más una merma constante de lectores parece ser la norma que acompaña paradojalmente una superproducción de libros de ficción.
Se encienden las alarmas, las instituciones y hasta el Estado, se ocupan del problema, con políticas que la realidad día a día se encarga de ignorar y desconocer.
¿Qué es lo que ocurre? Eso es lo que intentaremos desentrañar.
Estadísticas recientes indican que se publicaron 978 libros de ficción literaria equivalentes a un 31,04% de lo publicado en un año en el país, de ellos 236 correspondían a poesía chilena con un 35,65% de lo publicado en el área y ocupaba un 7,49 % de las publicaciones totales del país; de aquellos 978 libros de ficción, 214 títulos correspondían a narrativa, llámese cuentos, ensayos o novelas, con un 32,33 % de las publicaciones literarias y un 6,79% de las publicaciones totales del año.
Estas cifras que la cámara chilena del libro maneja como un gran éxito editorial, lamentablemente no se condicen con la lectura de estos mismos textos. Efectivamente en 1990, los lectores permanentes de literatura y de ficción llegaban a 10 mil, y hoy no superan los 2 mil, es decir, pese a las políticas y esfuerzos del Consejo del Libro y a las autoridades relacionadas con la lectura y la educación, la cantidad de lectores disminuye dramáticamente año a año.
Sin ánimo de desdeñar la lectura útil y práctica, queda excluido de este análisis, ese otro porcentaje de libros publicados que alcanza un 68,96% anual, correspondiente a textos legales, políticos, filosofía, de educación y autoayuda, de ciencias e ingeniería, agricultura, religiosos, esoterismo, etc. etc. que excluiremos por escapar, al menos en su intencionalidad, del carácter de ficción que es el tema que nos ocupa, y a los cuales, pese a su utilidad no nos referiremos. Igualmente queda fuera de este análisis el libro de ficción “informal” o “cunetero” que se vende y distribuye en las ferias de chucherías y de supervivencia, de los cuales no existen estadísticas ni de sus ventas, ni del heroico lector que corre el riesgo de ser detenido y multado por acceder a la lectura a un cuarto del precio del mercado formal de librerías.
El primer enemigo de la lectura en nuestro país es, sin lugar a dudas, el precio del libro, grabado además con un 19% de IVA, es decir, cada niño que nace en nuestro Chile bicentenario, ya debe el 19% de lo que leerá, del caudal de sus lecturas futuras…Paquete literario de por medio, este es el marco de exclusión de partida, luego viene el resto de consideraciones.
La lectura de ficción, frecuentemente a lo largo de toda su existencia, ha sido considerada como un peligro, amenaza que hoy no pareciera ser determinante en el fenómeno que estudiamos; sin embargo y pese a ello, José Miguel Ibáñez Langlois, figura del Opus Dei, señala “ es un cuidado general en el Opus Dei…en cuanto a qué leer, para no leer antes de tiempo cosas que le hacen mal a su alma y para las cuales no están preparados. Lo que hace el Opus Dei es orientar lecturas ¿Hay libros prohibidos? Le pregunta la periodista M.O. Mönckeberg. No – replica – pero la palabra prohibido es una palabra muy desagradable también. Hay libros que están desaconsejados para tal persona en tal momento de su vida…para el caso, Ibáñez Langlois teme al poder de seducción de Niezstche, uno de los filósofos más literarios, pero teme también a la literatura, así como temieron el cura y el barbero de los libros del ingenioso hidalgo que lo arrastraron a la locura, haciendo una purga memorable…”Pidió las llaves a la sobrina y ella se las dio de muy buena gana. Entraron dentro todos y la ama con ellos, y hallaron más de cien cuerpos de libros grandes, muy bien encuadernados, y otros pequeños; y, así como el ama los vio, volviose a salir del aposento con gran priesa, y tornó luego con una escudilla de agua bendita y un hisopo, y dijo…rocíe este aposento, no esté aquí algún encantador de los muchos que tienen estos libros”…de aquella purga, se salvan los cuatro tomos de Amadís de Gaula, por ser el primer caballero andante y el mejor, pero “Las sergas de Esplandián” hijo legítimo de Amadis no…”que no le ha de valer al hijo la bondad del padre – dice el cura – Tomad, señora ama, abrid esa ventana y echadle al corral, y dé principio al montón de la hoguera que ha de hacer” Así como este barbero y el cura, como Ibáñez Langlois, así también muchos generales defendieron a sus pueblos del poder encantador de la literatura, como muchos padres también protegieron a sus hijas, maridos y novios alertas, y madres que vieron amenazado el futuro de sus hijos, en resumen, todo el espectro social y familiar fue amenazado o se ha visto amenazado por la ficción literaria.
¿Cuál sería esta amenaza?
Pareciera que el carácter de verdad demostrada que portan los motivos literarios, la verosimilitud, esa verdad particular que se hace universal, tendría un poder de seducción irresistible, los caballeros andantes para el caso del ingenioso hidalgo, una vida atractiva e interesante para Emma Bovary, y así, cada obra valiosa (verosímil) portaría un mensaje, un motivo del cual sería difícil escapar por su fuerte carga portadora de verdad, y en realidad lo es, por ello los escritores, los verdaderos escritores no temen la lectura, antes al contrario y abrevan en todos los manantiales, desarrollan espíritus amplios y fuertes, por lo cual el peligro que acecha, que verdaderamente acecha, es el fundamentalismo, la ceguera del fanático, la visión sesgada, la mala fe, de quienes estrechan el ángulo de visión y la inteligencia, en una suerte de jibarización intelectual, que prohíbe y censura.
Sin embargo, y pese a ser portadora de un mensaje peligroso, no es fundamentalmente por este latente peligro que la literatura haya perdido lectores y adeptos.
La lectura de ficción, entre sus características principales, somete al desocupado lector a una suerte de reescritura de los textos con sus propias vivencias, de modo tal que también el lector se vuelve un creador, que genera para sí la propia seducción del texto que lee, circularidad que lo hace cómplice y a la vez lo lleva – junto con leer – a vivir la obra. Esta cercanía, entre narrador y lector, genera una identificación entre ambos que anula todo “peligro” incluso la conciencia de que este exista. De pasada, este lector adquiere un conocimiento de sí mismo que por ninguna otra vía podría alcanzar. Areas profundas de la personalidad quedan al descubierto y un tipo o forma de meditación se abre paso, una meditación que no viene de la razón, sino desde la delicadeza de los sentidos que, con Marcel Proust por ejemplo, alcanza profundidades del espíritu que desconocíamos: “El caso es que cuando yo me despertaba así, con el espíritu en conmoción, para averiguar, sin llegar a lograrlo, en donde estaba, todo giraba en torno a mí en la oscuridad: las cosas, los países, los años”. Pero Marcel Proust ya no existe, sin embargo, puedo dialogar con él y como decía Francisco de Quevedo puedo “escuchar a los muertos con los ojos” Los Incas compusieron una bella imagen también para el lector, al ver leer a los invasores, dijeron que estos “conversaban con papeles”.
La palabra escrita y su prestigio también está asociada a un carácter sagrado, en las religiones del libro por ejemplo, judaísmo, cristianismo y el Islam, en las cuales, el libro mismo es carne de lo dicho, porque son sagrados en el todo y en cada una de sus partes, en la estructura y composición, hasta la palabra que abriría todas las puertas, que por más símbolo que sea, lo materializa, lo hace ver a través de una unidad de lenguaje y voz.
Pese a este prestigio antes señalado y a que la lectura puede considerarse como un capital atesorado consistente en conocimiento y distinción, en libertad de pensamiento y elección, los lectores no cesan de disminuir. Los motivos son diversos y de distinta naturaleza y origen, en la base de todos ellos, encontramos un mundo que cambia vertiginoso, desde la irrupción de la televisión al computador y la Internet; con ello la cultura de la imagen se sitúa en el centro de la producción y superproducción para el mercado del tiempo libre y la entretención, un mundo en el cual el artista no es el demiurgo que conecta con lo celeste y el infinito, sino un fabulador que produce para el mercado de la entretención, es decir, la relación antes de identificación, narrador vs. lector, se ha profanizado en una suerte de promiscuidad creativa – receptiva, sin grandes aportes a la tradición productiva de ficción. Por otra parte, atenta también contra la lectura, el carácter del tiempo, en el cual la velocidad el dinero y la inmediatez tecnológica del correo electrónico y el celular, imponen una pauta de tiempo libre, y una calidad del mismo, diametralmente opuesto al de los procesos productivos de 30 años atrás y a la psiquis que lo acompañaba, ampliándose las jornadas laborales de manera incluso voluntaria a tiempos que impiden toda relación con la lectura y el libro de ficción, una suerte de relación en permanente carencia con la familia y con los propios afectos.
Otras son entonces las necesidades y las disposiciones que constituyen este nuevo sujeto producto del sistema internacional del capitalismo, un sujeto caracterizado por el síndrome de la fragmentación, volátil y flotante, poroso, descentrado, proclive a asumir identidades diferentes, y para el cual, la lectura de ficción le resulta como una supervivencia de costumbres inútiles y añejas, lentas horas perdidas en el limbo o la nada sin efecto práctico alguno, por tanto descartable.
Este sujeto esencialmente práctico, este target, que desdeña toda otra lectura también, incluso la práctica, se nutre de breves paper o resúmenes y ve enormes cantidades de cine por video y televisión, cine fluido y rápido, hablamos de un profesional moderno; en las antípodas, los marginales que carecen de todo y por supuesto de literatura también. En ambos casos, entre el stress de la producción para el mercado y la dramática picaresca del eterno cesante, la ficción narrativa queda como un lujo de iniciados, individualidades que se desprenden de la arrolladora máquina moledora cotidiana y se sumergen en el ritual de volcar la hoja, y componer con sus propias vivencias la sinfonía que las palabras hilvanan, los mundos imaginarios que sustentan el mundo real. Porque el mundo real es en grado sumo semejante y congruente con el imaginario social dominante, que si este es estrecho y miope, estrecha y miope será la realidad, en tanto no se abran las compuertas de la imaginación generosa y la solidaridad del que convida afectos, ideas y ganas, el creador encarnado en el cuerpos social, como lo fue “Rayuela” de Julio Cortázar, “El vaso de leche” de Manuel Rojas, o “Coronación” y “El obsceno pájaro de la noche” de José Donoso.
“Chile quiere leer – aseveraba no hace mucho quien fuera nuestra presidenta y más bien corregía – pero también debe leer (…) porque el libro es el principal instrumento de la cultura y debemos fomentar este hábito en nuestros hijos. Por eso como gobierno nos hemos comprometido a que para el 2010 exista una biblioteca de calidad en cada comuna del país y también a que trabajemos en el plan nacional de fomento a la lectura”.
En parte importante lo dicho se cumplió, pero los lectores disminuyen por igual. Luego de ello, no hay nuevos esfuerzos por generar un lector, o no hay ningún esfuerzo por generar un lector. Este fracaso que no es sólo nacional, se debe en parte a los cambios tecnológicos y civilizacionales que sufre el mundo, cuyos parámetros difieren con la morosidad que se articula la ficción, a la aparición de nuevos medios de diversión y entretención, la TV, el DVD, el MP3 y 4, la blackberry, los multicines y al carácter de evento y producción que toma o que se tiñe todo acto cultural, respondiendo más bien al resultado fácil y a la multitud, en una suerte de epidermismo que no compromete la fibras íntimas o se ampara en la histeria colectiva; arte en serie, artistas en serie, descartables, álbumes descartables, libros descartables, de temporada como la ropa, fenómenos pasajeros, inventados y producidos al efecto, generando un descrédito que el honorable intuye como pasajero y falso, pero es lo que hay, como se dice hoy, y detrás, sin duda una concepción que evita encontrarse frente al espejo, “la utopía realizada del liberalismo”, lo expresa la escritora y ensayista uruguaya Josefina Ludmer, ya no rige la lógica del campo literario ni el criterio de valor.
Tras todo este aparataje, también subyace una concepción ideológica sobre la lectura de ficción, que la evita a partir de su precio, de gravarla con impuestos, de volverla invisible, de ocultar y transparentar sus mensajes y sumirla en fanfarria y papilla chatarra, lejos, muy lejos de la sensibilidad y la inteligencia.

*ROBERTO RIVERA VICENCIO ( Santiago, Chile, 1950): Narrador y ensayista. Estudió Matemáticas y Literatura en la Universidad de Chile. Residió varios años en Buenos Aires a partir de 1974, donde además de hacer periodismo, participó en la creación de importantes eventos culturales y en la redacción de la revista “Suburbio” Fue miembro del primer Taller de Narradores de José Donoso al regreso de éste a Chile, y a su vez dirigió el Taller de Narradores de la Universidad Tecnológica Metropolitana, del Instituto Cultural de Banco del Estado, de la Corporación Cultural de la Estación Mapocho y de Banco Santander.
Importante motor de iniciativas literarias en los 80` como el “Encuento” y “Todavía Escribimos” funda y dirige la revista de cultura “Miradas”, hace crítica literaria y entrevistas en el diario “La Tercera” y “Radio U. de Chile” y desde crónica policial hasta deportes en el diario “Las Ultimas Noticias”. Sus cuentos han sido publicados en diversas revistas de México, Ecuador, Panamá, Suecia, Argentina, España, USA y Escocia, e incluido en antologías como “Narradores Chilenos de Hoy” de Editorial Bruguera, “Contando El Cuento” de Sin Fronteras, “Los Mejores Cuentos de mi País” de Nascimento, “Andar con Cuentos” de Mosquitos Editores, la antología “Cuentos Chilenos 2000” y la Antología “Narrativa Chilena Contemporánea” de Editorial “Ficticia” México.
En 1986 publica “La Pradera Ortopédica” un volumen de cuentos correspondiente a un proyecto que culmina en 1994 con “A Fuego Eterno Condenados” novela publicada cuando residía en La Paz, Bolivia, tal vez por este mismo motivo. Premiado en diversos concursos como el Bata, Vicente Huidobro, Revista Amancay de la U. de Chile, Joaquín Edwards Bello de la Universidad de Valparaíso, finalista en el Chile Francia, etc. obtuvo la Beca del Consejo Nacional del Libro año 1998 con la novela “Piedra Azul” publicada posteriormente por Bravo y Allende Editores.
Durante el verano de 2004 participa como escritor invitado en San Diego State University (USA) dictando charlas, conferencias y dando lecturas públicas.
Participa como escritor invitado en la Feria del Libro de La Paz, Bolivia el año 2007 y a la Feria del Libro de Buenos Aires el año 2008, en ambas oportunidades auspiciado por la Dirección de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile.
Bibliografía:

- “El canon occidental” Harold Bloom.
- “El imperio del Opus Dei” María Olivia Mönckeberg.
- “Por el camino de Swan” Marcel Proust
- “ Elogio de la Lectura” María Eugenia Góngora. Decano Facultad Filosofía y Humanidades. Universidad de Chile.


EXTRAÍDO DEL BLOG DE LA SOCIEDAD DE ESCRITORES DE CHILE (SECH)

miércoles, 11 de junio de 2014

NOTA DE PRENSA PARA LA PRESENTACIÓN DE “ESCRITO” DEL POETA CHILENO ANDRÉS MORALES EN MADRID, ESPAÑA (19 DE SEPTIEMBRE DE 2014)






Los invitamos a la presentación del libro “Escrito” del destacado poeta chileno Andrés Morales, evento que contará con la participación del autor. La presentación estará a cargo de los poetas: Jaime Siles, Leo Zelada y Luis Garcia Montero.

Fecha: 19 de septiembre, a las 19 horas.
 

Lugar: “CASA DE AMÉRICA”

Ingreso libre.


“NADIE ES DUEÑO DE MIGUEL FAJARDO KOREA (COSTA RICA): UN VIAJE POÉTICO IMPREGNADO DE DOLOR” POR CRISTINA PIZARRO (BUENOS AIRES, ARGENTINA)


  

Iré analizando este texto,  a fin de ir descubriendo lo interior que se revela detrás de  estos poemas, a veces, con una impronta misteriosa, cuya transparencia se oculta por medio de la aparición de un lenguaje sugerente. Contiene una bella portada de Margaret Collazo, destacada artista plástica argentina.

¿Qué sentido tiene el lenguaje en este texto? ¿Cuál es la conciencia poética que subyace?

¿Acaso hablar de un poema supone hacer visible su trama? ¿Qué se refleja en estos poemas?

Esta obra poética, que reúne una selección, ¿se constituye en un corpus representativo de una época, de una sociedad, de una cultura?

Consideramos que la obra tiene una validez imaginaria y desde esa mirada, no implica ni la realidad ni el mundo; es solo un modo de ver la realidad y el mundo y de estar en ellos. Podríamos agregar, que la obra es un modo de verse a sí misma.

En la poesía de América Latina, muchos  textos aluden a un “nuevo mundo”, de tal manera, surge una suerte de pasión adánica, que consiste en nombrar nuestros seres, las cosas, nuestra vasta geografía, nuestras tradiciones y mitos.

¿Cuál es el impulso genésico o cosmogónico que podemos observar en la obra del poeta costarricense Miguel Fajardo Korea?

¿En dónde reside  lo representativo de la originalidad americana?

¿De qué manera la experiencia del poeta es, sobre todo, verbal, hurgando en las palabras que tienen como función primordial expresar la experiencia del mundo?

¿Cómo se caracteriza la intensidad  de su lenguaje al nombrar el mundo, en el contexto latinoamericano y de originalidad telúrica?

¿Cómo abordar la estructura de estos poemas?

A continuación, ofrezco una lectura para dar cuenta de lo antedicho, siguiendo el orden de los 50 poemas seleccionados por el autor, en su versión definitiva, que comprenden el periodo de producción y edición de sus textos entre (1978-2014).

El poemario contiene una bella ilustración pictórica de la destacada artista argentina, Margaret Collazo, de quien se incluye un criterio en la contracubierta, a propósito de su imaginario para “Nadie es dueño”, de Miguel Fajardo Korea, académico y poeta centroamericano. Además, un epígrafe del poeta Rubén Vela, que pertenece a su libro “Poemas como piedras” (2012).

Urgente búsqueda (1981)

Una apertura desde el dolor de un yo lírico que sufre por las luchas sangrientas. La garganta angustiada marca el sonido gutural de la agonía, las garras y las guerras. Poema inaugural que señala el rumbo poético de la búsqueda urgente. Hay silencios sin respuestas. No se puede descifrar el enigma.

Estación del asedio (1981)

En “Cada día de la tierra”, la casa, las hojas, el otoño, el invierno, la tierra, la noche, los naranjos conforman el universo raigal en el origen del Padre.

“Nosotros, por ustedes”. Un poema que recala en el aprendizaje de la vida con un ritmo armonioso que señala los ojos, el crepúsculo, los cristales, con imágenes ligadas a la naturaleza y símbolos centrados en el uso de las palabras mar y barco, aludiendo a la inmensidad y el destino sin límites.

Extensión del agua (1981)

En “Olvidar el rostro”, observamos ritmos anafóricos que entretejen el sentido de la partida que despersonaliza hasta ‘olvidar el rostro’ en un tiempo que se desquebraja.

Bella semblanza de San José desde la visión de un peregrino en estas tierras.

Algo tan grave (1982)

El tema del exilio se patentiza en “Alcance de la sed”:

Dice el poeta: “Perdemos la vida/cuando invocamos/adioses que proponen destrucción.”

En “Cautivo mediodía”, se  nombra en una armoniosa amalgama: silencio-tiempo-agonía-invierno-fuego-sombra. Podemos leer:

“Llevamos en las hojas, el silencio/en las manos/la fundación del tiempo”.

El poeta, en su rapto fugaz, atrapa el silencio y el tiempo, tal vez sean los ejes temáticos de su viaje poético. Hay señales que lo ponen de manifiesto: ‘los bordes del fuego´ o ´la caducidad de las sombras’




Parte del fuego (1984)

El tema de la soledad y la injusticia. La geografía carcelaria es recinto de la injusticia: ‘soledad hereditaria’  o ´el desamparo de las rejas’.

En “Llaga presentida”, la personificación de la llaga exalta ese dolor que llega al martirio, se erigen en linternas que alumbran el rencor de ese misterio. Las llagas ‘esculpen la intemperie’, ´acrecientan la oscuridad’, es decir, socavan ese horror de la violencia.

Nosotros del mundo (1984)

El poeta, en “Itinerarios del misterio”, siente el ataque y la ofensa de otros. Busca su refugio en la rebeldía. En “Jadeo sagrado”, asistimos al peligro y soledad que constituyen la destrucción de un camino.

Solo la noche (1989)

“Certeza” anuncia el deseo de luz para la tierra americana.

“Nadie es dueño” es un extenso poema que da título al libro antológico.

El mito que nos ampara padece el sufrimiento del ultraje. La lucha por la paz que se esconde en los pantanos. En ese ámbito, el rumor de las lilas y las violetas claman por  la piedad.

“Estar vivo”. La tierra ardiente, el mundo vegetal, el mar, son constantes que señalan la presencia de la vida como único norte en la desesperanza bélica.

Esta tierra amarra los pies (1990)

“Depositarios”, un canto que grita e irradia, con delirio,  el anhelo de salir del vasallaje.

“Piedad de la sed”, el desamparo de los abandonados. La mención de los jades chorotegas (etnia de la región mesoamericana) y la comparación con el quijongo, instrumento musical de una sola cuerda, le otorgan un colorido local que acentúa la fuerza vital del poema.

Las puertas del sol (1992)

“Sedienta de luz”, una oración que atraviesa  ‘la mudez del grito’.

“Manuscrito de mañana”, con versos cortos, que denotan el tiempo escaso en esos momentos de Pasión, las palabras son un refugio de protección, comparable a la Madre.



Cinco estaciones para América (1993)

“América: II Estación”: un homenaje a los hombres  que se nutrieron del maíz, como emblema de nuestra tierra americana en tiempos  de devastación.

“América: V Estación”: la piedra y el honor en los hechos de quienes estuvieron hace cinco siglos.

Margen del sueño (2000)

“Poema XI”: los muertos por su patria en un recorrido histórico de varios continentes.

El poeta abreva en los incidentes de otras épocas para comprender su presente.

“Poema XXVII”: la poesía como espacio salvífico, se liga al encuentro de la naturaleza desmesurada  del paisaje afectivo y a la palabra que irrumpe en el ‘insomnio de lo indómito’.

“Errante soledad”: con un calificativo asociado al viaje, al periplo incierto y azaroso del destino de este yo lírico que peregrina, para vencer la adversidad de tanto dolor, generado en la injusticia y el poder.

“Embarcación de la memoria”: una magnífica metaforización de la naturaleza y el objeto de la nave que simbolizaría  es lo que se lee en el verso “la sed es salvación contra la muerte”.

Todos los días (2004)

“La otra memoria”, un repaso por la violencia testimoniada en el despojo y las maldiciones.

“La cicatriz del relámpago”, alude a la historia de héroes y mártires, mediante enumeraciones e imágenes centrales.

Ausencias  (2005)

“Límite de la palabra”, así como en palabras de Ludwig Wittgenstein, también el poeta se sumerge en la naturaleza de la montaña y del bosque  para dar cuenta, que el límite de su mundo  es el límite de sus palabras.

“Arrecifes del viento”, la naturaleza hiperbólica, plena de color y arrasadora, descubre esa máscara de dolor que se cobija en el alma del poeta.




Travesías (2008)

“La verdad de sus comienzos”, en esa búsqueda de la verdad, se pone el cuerpo, un cuerpo que vierte lágrimas y que ha visto las cenizas del tiempo en personajes históricos: Bolívar, Marti, Juan Rafael Mora Porras (1814-1860), presidente costarricense, declarado héroe y libertador nacional.

En estas travesías se alude al amor, a la patria, a la madre, al padre, los hermanos, a la mujer.

Es tiempo de consuelo en ese himno que abraza toda  la cintura de América.

Casa Guanacaste (2010)

“Conciencia confraternidad”,  es el perdón contra las injusticias del llano. Poema conmovedor.

“El cielo Quauhnacaztli”, bellísima semblanza del árbol de Guanacaste, una descripción  nacida desde las entrañas.

La demora más larga (2012)

Un libro que recoge, con maestría, las experiencias poéticas y las sitúa en la actualidad en donde convergen distintos paradigmas   de ideales, costumbres, estilos de vida insertadas en nuevas tecnologías e intereses mercantiles.

En el “Relámpago en el vacío”, podemos leer: ´las fronteras son límites de irracionalidad’.

“La angustia en los gritos”, el poeta nombra a mujeres que han padecido por diferentes causas: Ana Frank, Eunice Odio, Alfonsina Storni, Alejandra Pizarnik  y las coloca cerca de las pirámides de Teotihuacán, lugar geográfico  que sobrevivió al dolor.

Kafka y Frida Kahlo acompañan al poeta en la demora más larga. Y un homenaje a la maestra María Leal de Noguera.

“Huelenoche, moza de los campos”, después de padecer, hay una resurrección encarnada en la belleza sin par de una planta aromática que representa el Eros que emana de la tierra como mujer que recibe del cielo y dispersa el olor silvestre, como registro olfativo presente en la infancia, territorio edénico que nos otorga la salvación de nuestra condición humana.

El correo electrónico de Miguel Fajardo Korea es:
minalusa-dra56@hotmail.com y su twitter: @Mifajak.


COLOQUIO "NICANOR PARRA. DIÁLOGOS SOBRE LA (IN)ACTUALIDAD DE LA ANTIPOESÍA" EN LA UNIVERSIDAD DE CHILE, FACULTAD DE FILOSOFÍA Y HUMANIDADES ESTE JUEVES 12 DE JUNIO DE 2014 DESDE LAS 16 A LAS 20:00 HORAS






PRESENTACIÓN ESTE 12 DE JUNIO DE 2014 DE "POESÍA & ARTES VISUALES EN MIL PLAQUETTES" (COLECCIÓN VÉRTIGOS)



sábado, 31 de mayo de 2014

Héctor Hernández, el poeta anti-aborto



jose carlo2Desde que me acerqué al feminismo de la disidencia sexual, distanciándome de la poesía que en esos días dejaba de entusiasmarme, comencé a darme cuenta de lo realmente añeja que está nuestra sociedad. Comencé, incluso, a darme cuenta de lo poco atractiva que me resultaba la poesía chilena frente a mi nuevo interés feminista de la disidencia sexual. Que la discusión se centrara en “cómo discutir sin faltar el respeto” o “qué palabras usar para no herir sentimientos” me parecía hasta “pasado de moda”. Oír a jóvenes poetas hablar de sexualidad como si tuvieran que pedir permiso, leer a otros el llanterío misógino típico del heterosexual dañado por su mujer, me estaba llegando a sonar, incluso, como los versos de algún viejo poeta de los 60. Sólo unxs pocxs “poetas abyectxs” me parecían interesantes, pero son justamente los que no pueden publicar a diferencia del resto más debiluchos de discurso.
No creo que deba sentirme con el derecho a exigirle compromiso político a quien no quiera tenerlo, pero, sí, al menos, un compromiso cultural con quienes se atreven a trabajar con la “publicidad del alma” a través de la bella poesía. No me interesa pasar por alto discursos conservadores de quienes la poesía parece librarlos de todo mal, enamorados de ese placer burgués de escribir bellos versos para aliviar las penas. Entonces, no fue sino uno de estos poetas debiluchos de discurso el que me confirmó la urgencia de repensar la poesía chilena, quizás, desde un feminismo realmente emancipador, pues una vez más en Facebook me encontré con una sabrosa discusión que así lo daba a entender. Era el estado que Héctor Hernández Montecinos había posteado en su muro. Un estado con más de 60 Like y que superaba los 80 comentarios -comentarios contundentes e intensos- en torno a la postura anti-aborto que el poeta publicaba, al parecer, por primera vez ante sus más de 4 mil ciberamistades de su perfil de Facebook. Frases como “A mí me gusta la vida, desde esos átomos que se fusionan por primera vez” me daban la sensación de estar leyendo el posteo de algún jovencito UDI; pero era Héctor Hernández, un poeta quizás no muy conocido, pero bastante relacionado en el liviano mundo de la poesía chilena contemporánea. Un poeta que se supone preocupado de los males sociales, un poeta que ha estado, incluso, a favor del encapucharse y destrozar la propiedad privada -también expresándolo por Facebook-, defendiendo la violencia de las marchas estudiantiles. Sin embargo, las frases esperables de un cristiano de derechas no paraban de resonarme cada vez que leía su estado para asegurarme que no era efecto de mi astigmatismo ni miopía. “El (aborto) terapéutico debe ser una ley de Estado, pero el otro (aborto libre) es como decir: uy me embaracé qué soy gila, ah filo, aborto y shao pescao”. Luego de esta frase hedionda a Concertación dejé de sorprenderme y sólo me imaginé algo muy común entre los artistas de este país: Héctor Hernández recibiendo un premio nacional gracias a su postura oficialista. Y es que, quizás, como dice Pamela Jiles, la agencia de empleos Bachelet es muy tentadora hasta para un poeta del “margen”.
“Es insoportable el discurso de algunos homosexuales anti-aborto que argumentan conservadoramente sobre “sexualidad responsable” mientras ellos pueden follar con todo el mundo. Nos hace mucha falta el feminismo para evaluar críticamente los lugares diferenciales desde donde cada unx habla.” –Felipe Rivas, artista visual y activista CUDS.
Me dediqué a leer cada uno de los comentarios. Le puse atención a las respuestas que Héctor posteaba cada vez que alguna mujer pro-aborto intentaba contra-argumentarle su conservadora postura, pero era imposible rescatar del poeta algún destello de sensatez, más aun cuando me encontré con su insistencia en una “sexualidad responsable” para no necesitar el tan conflictivo aborto. Que Héctor Hernández, un poeta homosexual que ha defendido la manifestación violenta de lxs encapuchadxs, haya comenzado a hablar en nombre de la “sexualidad responsable” ya tan solo me parecía irrisorio. Su soberbia masculina estaba ardiendo en medio de las voces femeninas que intentaban responder ante su fascista postura. Tratándolas de tontas, Héctor Hernández, el poeta antiaborto, sólo evidenciaba aun más, comentario tras comentario, su misoginia muy mal camuflada. Dejaba en evidencia su curioso afán por representar un discurso bastante empático con el poder, ese poder que beca a sus escritores, que premia a sus poetas, que regala puestos político-culturales en otros lugares del mundo. Porque él no está en contra del aborto, sino que está a favor, igual que Michelle Bachelet, del aborto terapéutico. No está en contra del aborto, sino que a favor de una sexualidad razonable, cuidadosa y muy responsable.
aborto hdez
Me gusta mucho leer los estados de Facebook de las personas como Héctor. La poesía y su mundo suelen ser tan románticos que en algún momento muestran, lo que yo llamo, “la hilacha de la tontera”. Versos hermosos, compañerismo entre poetas del mismo corte, pelambres solapados sobre otros poetas de otros cortes, lanzamientos de carreras literarias gracias al apadrinamiento de los más influyentes sobre los novatos, la autocompasión estilizada, la queja poética desde un escritorio y el estado de Facebook que, a pesar de “no ser la realidad” según Hernández, reduce todo su mundo letrado a un discurso mediocre, cristiano y machista. ¿Qué fue lo que impulsó al poeta postear semejante conservadurismo? Dicen que fue el nacimiento de su nuevo sobrino. Luego de publicar una foto del bebé de su hermana, no supo más que disparar en contra del reprimido discurso abortista que nos convoca a los distintos feminismos y disidencia sexual de este añejo país, pasando por alto todo argumento situacional que se podría utilizar para justificar cualquier aborto, más aun en mujeres de clase baja.
“Héctor Hernández no sólo deja entrever su incapacidad para dialogar sino además los precarios conocimientos que maneja sobre el tema de aborto y cómo intenta disfrazar esa ignorancia y su moral burguesa con ironías de baja categoría y agresividad. Afirmó que los homosexuales no pueden tener hijos, que el aborto es un trauma insuperable para las mujeres, y peor aún, que la práctica del aborto encuentra su fundamento en las lógicas capitalistas. Todo esto, dando por hecho que la “vida” comienza desde la concepción; que la condición de cigoto, embrión o feto es la misma que de persona y lo más lamentable: la soberbia con que naturaliza como “irresponsabilidad” la desigualdad en el acceso a la información sobre sexualidad y reproducción. Olvida el poeta, la condición obligada del embarazo, la violencia política que se ejerce sobre las mujeres cuando se les obliga a ser madres. Probablemente no sabe cómo en Chile el aborto pone en riesgo a miles de mujeres que deben practicarlo en clandestinidad mientras hay quienes gozan de sus privilegios de clase, entrando y saliendo del quirófano con varias operaciones por apendicitis”. – Francisca Muñoz, feminista.
Sorprende tal postura de parte de alguien que creen en una sexualidad libre. O quizás cuando se es hombre es mucho más fácil y legítimo creerlo, ahorrándose tanto impedimento para poder hacer con su propio cuerpo lo que desee. Según el poeta “si yo fuera heterosexual y supiera que por cada cachimba podría nacer un niño no sería tan weona (…) Tampoco sería monja, pero no irresponsable”, refiriéndose a las mujeres que prefieren, al igual que él, vivir tranquilas una sexualidad libre, pero pasando por alto las distintas mujeres según la clase social, por ejemplo. Porque no hace falta tener un doctorado en filosofía para darse cuenta que no todas las mujeres viven la maternidad de igual modo y que no toda vida merece ser vivida.
“Si yo hubiera sabido que iba a ser violada y abusada durante 10 años de mi niñez por mi padre, siendo cómplice mi madre, habría exigido ser abortada. Lamentablemente se valora la vida sin tener en cuenta sus contextos“– Andy Co, estudiante feminista y miembra de laSESEGEN.
Me pregunto qué piensa Héctor Hernández del derecho a tener sexo sin condón. Me gustaría preguntarle al poeta anti-aborto (con un tono UDI) qué tan responsable ha sido con su sexualidad, con la sexualidad de los jóvenes que desea y si le parecería bien una condena social -al mismo estilo de la suya contra las abortistas- a todo joven homosexual que simplemente quiera follar sin condón a pesar de las listas de ETS que conocemos. ¿Pensará que también es una “irresponsabilidad” facilitar gratuitamente el tratamiento médico a lxs contagiadxs por VIH, ya que podría promover aún más contagios? Quise hacerle esta pregunta cuando me terminé por enterar de su bullada publicación en Facebook, pero el poeta había eliminado toda huella de tal discusión y sólo me encontré con la foto de su sobrino bebé y un meloso posteo asumiéndose conservador por “amar la vida”.
Josecarlo Henríquez
Prostituto, feminista y activista de CUDS

UNA GRAN RESEÑA A UN GRAN POETA: DANIEL CALABRESE





Calabrese, Daniel. Ruta Dos. Santiago de Chile: El Mercurio-Aguilar, 2013. 136 pp.


Retomar el pueblo y devolverlo transfigurado: ya no por lo que representa sino por lo que construye. Olvidar, por un instante, el referente real (la tarea sencilla, pues implica el recuento y la descripción) y desplazarlo hacia la zona donde se vuelve inapresable: el fruto del recuerdo, la evocación, y también la construcción imaginada sobre la realidad de una historia, un pasado que los hechos insinúan pero que no alcanzan a develar sino a través de lo que inventa la lengua de la poesía.  Así, el espacio se convierte en una excusa sobre la que sobrevuela la escritura que anota, desde el costado, lo que podría pensarse como una cultura del pueblo (pueblerina) y que se impone desde las circunstancias que rodea y no evita: en los pueblos siempre hay muerte, cementerios, molinos, carteles, habitantes extraños, familia, cines, mecánicos, padres, aislamiento y extensión. Este, además, está en la mitad de una ruta que une cosas que no deberían estar unidas, que quizás no une nada.
Con este libro, Ruta dos, Daniel Calabrese (Dolores, Argentina, 1962, y residente en Chile desde 1991) obtuvo el «Premio Revista de Libros 2012», que organiza hace más de veinte años el diario El Mercurio, de Santiago, con un jurado integrado por los poetas Raúl Zurita y Óscar Hahn, y el académico César Cuadra. Es su quinto libro de poesía; lo anteceden La faz errante (1989), Futura ceniza (1994), Escritura en un ladrillo (1996) y Oxidario (2001), publicados en Argentina, Barcelona, Japón, Chile.
Los poemas de Ruta Dos se inscriben en el espacio vacío que deja el cruce entre la experiencia y su trascendencia, entre el devenir y su epifanía: «Hace un año murió el perro de la casa/ recién ayer me di cuenta» («Vidas privadas», 51) . Con la ficción del recorrido que impone la imagen de la ruta (que funciona como un río unidireccional que, siempre, se lleva las cosas y rara vez las trae), la idea del lugar medio adquiere una dimensión poética inusual, sorprendente. Porque no se trata de buscar las cosas que tienden a la unión sino de instalarse en ese exacto punto y, desde allí, mirar lo que pasa: la mitad entre todo lo que nos rodea, el punto de vista que no logra juntar (porque no quiere) lo que ocurre del lado de la realidad (el lugar verosímil, quizás el pueblo como una colección de fantasmas) con lo que apenas ocurre del otro lado, el que esa realidad suscita y que no existe sino de un modo que no podría llamar de otra manera más que religioso. Allí hay, claro, una elección y una figuración incómoda, porque no existe mayor indeterminación que la impertinencia de optar por un punto de vista un poco imposible (y, por lo tanto, arriesgado). «Ahora bien,/ si la memoria no me falla/ dando la vuelta en esa esquina/ vamos a encontrar un viejo cine,/ la casa de mis padres con su biblioteca de madera/ y una puerta solitaria en medio de una larga pared/ que sirve para llegar/ adonde ya no queda ninguna pregunta.// No hay una biblioteca de madera,/ dijo, entre mis sueños/ y la llave que conservo atada al fuego/ no tiene acceso a los depósitos del tiempo.// De acuerdo, entonces sigamos vagando: no es hora de abrir/ esta pobre historia que llevo en la maleta» («La memoria compartida», 46-47).
Ni contra una corriente que fija lo poético en el objeto ni a favor de otras que lo niegan, la lengua de Calabrese desoye cualquier llamado de la especie que esté ocurriendo en un sentido de contemporaneidad y define un lugar propio: «Y, como aquellos que se van de la casa más amada,/ nos alejamos de la poesía amarga» («Tubos de gas», 33). Según Raúl Zurita, los poemas «van trazando un recorrido que es a la vez geográfico y mental, biográfico y metafísico, histórico y al mismo tiempo atravesado por una extraña religiosidad, por una suerte de nostalgia del lugar inexistente, pero que por eso mismo está en el origen común de la utopía, del sueño y de la desgracia». La lengua que los arma no apuesta por la construcción de sentido en el escaparate, a esta altura banal, de la superficie y su artificio. Puesta en el lugar del medio, es capaz de recoger  las voces de algunos personajes que rara vez hablan pero se presentan construidos por un decir (la madre, el tonto del pueblo, la vida del padre en paralelo con la de Kerouac), como de hacer restallar hasta la incomodidad la conmoción que causan las palabras en el lugar de la cifra y el sortilegio (ese lugar un poco místico que adquiere significado cuando se atisba la posibilidad de la trascendencia: queda, en la lectura, la sensación de que en casi todos los poemas lo dicho es una excusa para la iniciación de un camino imposible de alcanzar de otra forma más que borrando algunas fronteras de la convención). «Va dejando así una marca de luz/ que permanece hasta que la borran/ los faros de un automóvil/ o simplemente se diluye en la humedad.// No falta el que bebe y después dice/ que leyó completo En busca del tiempo perdido,/ completo, las siete novelas,/ y que lloró al amanecer/ frente a un mapa de Londres.// Tengan cuidado,/ en la ruta de la entrada/ suele cruzarse a veces un caballo,/ algún rencor,/ algún árbol perdido.// Esto no es más que un pueblo chico,/ aburrido y violento» («Ceda el paso», 60).
Es común ver, en la pampa argentina, en esa planicie, una sucesión de molinos. Algunos de ellos tienen, al pie o un poco desplazado, un tanque australiano (un círculo de lata, de diámetro variable pero por lo general significativo, que sirve para acumular el agua que la fuerza del viento extrae de lo profundo). Un espejo en el medio de la tierra, un remedo del cielo: en el poema de Calabrese el tanque se transforma en el lugar del medio, una metáfora que, ahora sí, asume la ruta como pasaje entre este mundo y el otro, como aislación del entorno y, también, como el lugar de la conexión total, de la mística, de una fe que atraviesa el libro completo, el pueblo, las cosas: «Si me dan un tiempo/ quizás pueda hablar de algún misterio:/ de las sencillas luces de la Ruta Dos, por ejemplo,/ o de lo que se siente al nadar/ en el fondo de un tanque australiano» («Sabiduría», 63). Si no fuera porque existe, porque es la pampa y ese pueblo, el tanque podría pensarse como la anulación del tiempo y de la forma, esa que la lengua asedia sin alcanzarla, porque no es de este mundo.  «No sé cuántos días transcurrieron/ mientras me hundía en el silencio./ Recordé que en el ‘Paraíso’ del Dante/ no se describen sonidos,/ pero eso qué podía importar.// Era un mundo sin horizonte:/ por más que buscaba alrededor/ el horizonte no aparecía.// Desaparecieron, finalmente,/ la luz y el tiempo.» ( «El tanque australiano», p. 30).

Alfonso Mallo
Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina

eldiainvisible@gmail.com


miércoles, 28 de mayo de 2014

PRESENTACIÓN DEL POETA CARLOS COCIÑA, EL 30 DE ABRIL DE 2014, DEL LIBRO “ESCENAS DEL DERRUMBE DE OCCIDENTE” DE ANDRÉS MORALES (Descontexto, 2014, Santiago de Chile)




Es impresionante cuando un libro, luego de quince años de su primera puesta en circulación (1998), reaparece innovando, y vale la contradicción, reinnovando un acercamiento al presente desde el lenguaje. Es más, ante el verso libre, que se ha constituido en canon, parte de la novedad es la férrea adicción a los metros clásicos de la escritura, de una época que claramente no se supera sino que se reemplaza.
Al abordar este libro, entrar en él, o mejor, dejarse invadir, o mejor, seducir por él, ya desde el título nos ubica en Occidente, espacio geográfico cuyo espesor determina parte importante de nuestra mirada, nuestro estar. Y ese Occidente, este Occidente, corresponde al espacio mediterráneo, en un tiempo de aproximadamente tres mil años,  incluyendo su traslado a esta América.
Las referencia filosóficas y mitológicas, muchas veces campo vedado, o más bien minado, no son tributarias de un quehacer arqueológico, sino un ejercicio del presente, sin estrépito, como lo consigna el epígrafe de Juan Ramón Jiménez, ensimismado en la palabra que designa, pero que se deja impregnar de lo designado. Ni lo uno ni lo otro se preceden, sino que su relación es el espacio y tiempo de esta mirada.
Aquí, el metro como condicionante, es lo que permite traspasar su propio límite, para dar cuenta, y ser cuenta del derrumbe constante de las condiciones del estar.
Es significativo que los títulos, o rótulos extensos, puedan alterar su condición con lo que designan, y así no hay encabezamiento y descripción o derivados, sino un propio desmoronarse que en sí es la construcción. Ni antes ni después, ni lo primero y lo que sigue, sino la palabra, el poema constituyéndose en una realidad, ¿qué es la realidad?, que se inscribe en la realidad.
Ahora voy a hacer algo que, creo, Andrés Morales no privilegia. Desde un ejercicio que tiene trazas del azar, que nace de una secuencia no azarosa.
En el Índice del libro se consignan las primeras palabras de los poemas o sus títulos, cortados no rigurosamente al final del verso, y con tres puntos seguidos. Lo que allí aparece es el notable registro poético de Morales, pues en la construcción de estas páginas del índice, donde inciden elementos del soporte, el libro, las palabras constituyen tiradas, que en sí, son poemas surgidos casi al azar del libro.*

Bajo el Cielo de la Noche...
Una Luz brillante inquieta a Todos...
Aventurándose en Tierras de otros Mares...
Todos recuerdan a sus Muertos...


Despertando una Mañana sin saber...
Descubren su Deseo por las Noches...
Arropados, enjutos, abiertos en sus Ojos...
Abarrotado el Tren de los insomnes...


Riguroso el Sol desciende en las Praderas...
El Silencio como único Alimento...
Una Grieta enciende el Cuarto a Medianoche...
Perdida la Ciudad y nuestros Pasos...
Oficio de Tinieblas cada Día...
Entonces se iluminan los Desiertos...


Leímos sin los Ojos las Palabras...
Romper la Curvatura...
El Teatro sin sus Luces ni Misterios...
Abrimos las Ventanas en la Tarde...
Hundimos nuestros Dientes en la Arena...


La Ciudad avanza en este Sueño...
Sin Odio, Indiferencia ni Pecado...
Desencajados, enhiestos o perdidos...
Una Calle abierta es otra Calle...


La Escena que regresa nos persigue...
Un Arco Iris negro en las Llanuras...
Los Labios y los Cuerpos bajo el Agua...
Ningún Sueño, ni Tormento o Pesadilla...


En la Niebla o en el Sol...
La Fiesta nos hacía impertinentes...
Entre el Ritmo y el Demonio del Reloj...
La Lucidez del Aire nos marchita...
Mientras tanto preguntamos al Vacío...
Y todas las Señales nos acusan...
Tantos en el Cielo desollados...
  
*Se sigue exactamente el índice, obviando la numeración, y marcado pausas, que no están en el libro (aquí señaladas con ____ )



PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE ENSAYOS DE LUISA EGUILUZ "SANTIAGO, FRAGMENTOS Y NAUFRAGIOS. POESÍA CHILENA DEL DESARRAIGO (1973-2010)






IMÁGENES DE LA PRESENTACIÓN DE "ESCENAS DEL DERRUMBE DE OCCIDENTE" EL 30 DE ABRIL DE 2014