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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."



José Saramago

viernes, 15 de noviembre de 2019

"PATRIA", POEMA INÉDITO DE ANDRÉS MORALES





Hasta que el perdón en su cruel desgracia
no sea desventura, ni siquiera pena.


Hasta que el perdón, abriendo el cielo roto
abrace un cuervo hambriento encima del desastre.


Así, con la belleza de un campo abandonado,
así con la sonrisa de un niño en la mañana,
confieso la verdad, la víbora que habita
mi vientre ciego y viejo, amarillento, muerto:


No puedo contenerme, no puedo deslumbrarme
con los amables gestos de triunfos y campañas,
con la tibieza oculta de un canto a medianoche,
con el desaire yerto que puebla las ciudades.


Así en los caminos vacíos y en cadalsos
y en las cabezas huecas de negras calaveras
crece la belleza de una rosa quieta.



martes, 5 de noviembre de 2019

PRÓXIMO A APARECER EN PISO DIEZ EDICIONES (MAGO EDITORES) EL VOLUMEN DE ENSAYOS DE ANDRÉS MORALES "POÉTICAS EN MOVIMIENTO" (SANTIAGO DE CHILE, 2019)







ÍNDICE


I Clásicos y contemporáneos de la poesía española


Lectura del soneto “de San Lorenzo del Real del Escurial” como poética de la obra de Don Luis de Góngora y Argote.

Miguel de Cervantes, poeta en “El Quijote”.

Luis Cernuda y Pedro Salinas: dos miradas actuales de “El Quijote”.

En el otro costado: una lectura del poema "Espacio" de Juan Ramón Jiménez.

Los cien años de Federico García Lorca.

“Sonetos del amor oscuro” de Federico García Lorca.

La poesía creacionista de Juan Larrea.

Panorama de la poesía catalana contemporánea.




II Poesía hispanoamericana de ayer y de hoy


Visión de Hernán Cortés como personaje histórico y protagonista de la "Hernandia" del novohispano Francisco Ruíz de León.

Rubén Darío en Chile.

A sesenta años de la muerte de Vicente Huidobro.

Presencia (y ausencia) de Pablo Neruda en la actual poesía chilena.

La esperanza oculta en Stella Díaz Varín.

Para una lectura interpretativa de "La poesía chilena" de Juan Luis Martínez.

La poesía chilena pre y post Golpe Militar (1970 – 1989): una valoración a treinta años plazo.

Breve visión de la poesía chilena actual.

La poesía chilena de origen croata.

La poesía de Alejandra Basualto.

La tradición del poema en prosa en la poesía de Miguel Ángel Zapata.

Los ojos de Víctor Lobos.

El “Yo Héctor” de Héctor Monsalve.



III Discursos


Discurso de recepción del premio de poesía “Pablo Neruda” 2001.

Discurso de incorporación a la Academia Chilena de la Lengua: “El lugar de la poesía en el poeta, el académico y el lector: un secreto a voces”.


FILBITA 2019: "IX FESTIVAL DE LITERATURA INFANTIL", SANTIAGO DE CHILE, NOVIEMBRE DE 2019







Mañana, miércoles 6 de noviembre a partir de las 12:00 h, es posible inscribirse en los talleres del #Filbita2019. 


Este año, los talleres serán dictados por la/os invitada/os internacionales: Marta Altés (Cataluña, España), Micaela Chirif (Perú), Horacio Cavallo y Matías Acosta (Uruguay), Renato Moriconi (Brasil) y por el proyecto de arte y educación itinerante conformado por Ana Luz Chieffo y Laura Romano.

Los talleres son gratuitos, requieren inscripción previa y tienen cupos limitados. Se dictarán en la Alianza Francesa (Microcentro), durante el 15 y el 16 de noviembre a las 10 h.


PRESENTACIÓN DEL LIBRO "DERECHOS DEL YO" DEL GRAN POETA CHILENO CRISTIÁN GÓMEZ OLIVARES (VIERNES 8 DE NOVIEMBRE DE 2019)



CUATRO POEMAS INÉDITOS DEL JOVEN AUTOR MEXICANO ANTONIO OJEDA





ORDEN DE SILENCIO


Una luz golpea,
            galopan las cuerdas,
                        me quedo sólo en el intento.

No puedo levantarme.

Me incorporo, trato de
cauterizar mi garganta.
El azufre huele lejano,
La sangre explora.

Los glifos enmudecen,
los gritos no pueden escapar
del fondo más hondo del pecho.

Nada de pena, así nada
de valía. No hay valentía
ni hay cerca algún cobarde.

No sé cuándo fue
que mi cuerpo le perdió
respeto a mi memoria,
ella siendo tan corta,
donde sólo su nombre se queda
– tan estridente – como el peso
de su aroma.

Un nervio soba en silencio
al músculo vencido de tanto cargar nada.
La voz de una canción
desahoga el sollozo de
un baladro, viviendo
su poca claustrofobia.

Desde su condición de
amante, a la orilla del
arrollo se esconde el
tiempo, llorando
sus recuerdos.


  

LUMBAR


Mi historia se marchó.
Me agolpé contra el eco
de una habitación desordenada.

La respuesta entre todos sus cuadros
o cada espejo nunca se presentó.

Tal vez, dolería nacer así.

Mis ojos se cansan, los
cristales reflejan mis pupilas,
me doy cuenta de
lo grises que los dejan sus
miradas tan vacías.

Salgo a corromper al aire
y una pequeña brisa
me lastima en las
clavículas.

El dolor llega hasta la escápula.

Quizá desperté,
¿qué ocurre?

Al final, tal vez fue su destino.

Fueron las alas, Belerofonte,
fueron ellas
y ahora sólo te arrastras
en la soledad
de tu propio exilio.

El caballero galés observa,
Miguel apunta.

Uno de los hijos amados Dios
lo teme sin saber si acaso
ambos se encuentran desterrados.

Fueron las alas
que el soldado arranca,
las que la caída fracturó,
las de la belleza,
las de la soberbia,
las de la promesa que no volvió.

Pero tú,
No naciste con ellas.

  

“POR ESTA NOCHE, TODOS SOMOS POETAS”


Al llegar al encuentro
de un amigo, quizá
en poco más que la
décima dimensión del cielo,

encontré el hogar de aquellos libros
que maduraron de poco en poco al mío;
amortiguando las ausencias
que siempre me acompañan,
guiando hacia la calle de la flor
y andando el asfalto de tu patria.

Son algunas de las noches del
mejor frío en los recuerdos.

No fue la casa del poeta,
ni tener en las manos
a un Nueva York de casi
ochenta años.

Sirva esto como una corrección
al aun buscar palabras.

O quizá mejor como un pretexto,
como un vago – hasta luego –
que quizá bien pude expresar en
el laberinto subterráneo santiaguino.



Al llegar al encuentro de un amigo, por volver.



DE LA CARTA DEL SUSTANTIVO


Cometí el error de maquillar
títulos antes de
escribir sus poemas.

Asimilada mi soberbia,
trazada entre palabras
y tipografías,

Sé que no son nada,
y aun así, son más
de lo que yo he sido.

Logran dibujarse seduciendo
a una imagen, nos miran  
y no nos pertenecen.

Así los lugares, las aventuras,
los amores, los recuerdos.

Siguen la curva que casi oculta
el iris de una página
navegando lágrimas rojas,
tatuando las heridas.

Alzo mi mano y, a veces,
el predicado muerde solo.
El grafito siempre
olvida al sustantivo.

El patio en silencio
de pronto se llena de letras;
y ellas viven a prisa,
amando de a poco,
y poco a poco,
muriéndose en la última línea.

Llegando a formar palabras
se acercan al olvido.

Se resisten, se moderan,
piensan en seguir, pero
erigen comas para aguantar
cada respiro…

…dejan puntos
suspensivos para ver si aún
les queda tiempo.

A veces, el punto final acuestas
es eterno.


"MENOS CONDOR Y MAS HUEMUL" POR GABRIELA MISTRAL



Los chilenos tenemos en el cóndor y el huemul de nuestro escudo un símbolo expresivo como pocos y que consulta dos aspectos del espíritu: la fuerza y la gracia. Por la misma duplicidad, la norma que nace de él es difícil. Equivale a lo que han sido el sol y la luna en algunas teogonías, o la tierra y el mar, a elementos opuestos, ambos dotados de excelencia y que forman una proposición difícil para el espíritu.
Mucho se ha insistido, lo mismo en las escuelas que en los discursos gritones, en el sentido del cóndor, y se ha dicho poco de su compañero heráldico, el pobre huemul, apenas ubicado geográficamente.
Yo confieso mi escaso amor del cóndor, que, al fin, es solamente un hermoso buitre. Sin embargo, yo le he visto el más limpio vuelo sobre la Cordillera. Me rompe la emoción el acordarme de que su gran parábola no tiene más causa que la carroña tendida en una quebrada. Las mujeres somos así, más realistas de lo que nos imaginan...
El maestro de escuela explica a sus niños: "El cóndor significa el dominio de una raza fuerte; enseña el orgullo justo del fuerte. Su vuelo es una de las cosas más felices de la tierra".
Tanto ha abusado la heráldica de las aves rapaces, hay tanta águila, tanto milano en divisas de guerra, que ya dice poco, a fuerza de repetición, el pico ganchudo y la garra metálica.
Me quedo con ese ciervo, que, para ser más original, ni siquiera tiene la arboladura córnea; con el huemul no explicado por los pedagogos, y del que yo diría a los niños, más o menos: "El huemul es una bestezuela sensible y menuda; tiene parentesco con la gacela, lo cual es estar emparentado con lo perfecto. Su fuerza está en su agilidad. Lo defiende la finura de sus sentidos: el oído delicado, el ojo de agua atenta, el olfato agudo. El, como los ciervos, se salva a menudo sin combate, con la inteligencia, que se le vuelve un poder inefable. Delgado y palpitante su hocico, la mirada verdosa de recoger el bosque circundante; el cuello del dibujo más puro, los costados movidos de aliento, la pezuña dura, como de plata. En él se olvida la bestia, porque llega a parecer un motivo floral. Vive en la luz verde de los matorrales y tiene algo de la luz en su rapidez de flecha".
El huemul quiere decir la sensibilidad de una raza: sentidos finos, inteligencia vigilante, gracia. Y todo eso es defensa, espolones invisibles, pero eficaces, del Espíritu.
El cóndor, para ser hermoso, tiene que planear en la altura, liberándose enteramente del valle; el huemul es perfecto con sólo el cuello inclinado sobre el agua o con el cuello en alto, espiando un ruido.
Entre la defensa directa del cóndor, el picotazo sobre el lomo del caballo, y la defensa indirecta del que se libra del enemigo porque lo ha olfateado a cien pasos, yo prefiero ésta. Mejor es el ojo emocionado que observa detrás de unas cañas, que el ojo sanguinoso que domina sólo desde arriba.
Tal vez el símbolo fuera demasiado femenino si quedara reducido al huemul, y no sirviera, por unilateral, para expresión de un pueblo. Pero, en este caso, que el huemul sea como el primer plano de nuestro espíritu, como nuestro pulso natural,.y que el otro sea el latido de la urgencia. Pacíficos de toda paz en los buenos días, suaves de semblante, de palabra y de pensamiento, y cóndores solamente para volar, sobre el despeñadero del gran peligro.
Por otra parte, es mejor que el símbolo de la fuerza no contenga exageración. Yo me acuerdo, haciendo esta alabanza del ciervo en la heráldica, del laurel griego, de hoja a la vez suave y firme. Así es la hoja que fue elegida como símbolo por aquéllos que eran maestros en simbología.
Mucho hemos lucido el cóndor en nuestros hechos, y yo estoy por que ahora luzcamos otras cosas que también tenemos, pero en las cuales no hemos hecho hincapié. Bueno es espigar en la historia de Chile los actos de hospitalidad, que son muchos; las acciones fraternas, que llenan páginas olvidadas. La predilección del cóndor sobre el huemul acaso nos haya hecho mucho daño. Costará sobreponer una cosa a la otra, pero eso se irá logrando poco a poco.
Algunos héroes nacionales pertenecen a lo que llamaríamos el orden del cóndor; el huemul tiene, paralelamente, los suyos, y el momento es bueno para destacar éstos.
Los profesores de Zoología dicen siempre, al final de su clase, sobre el huemul: una especie desaparecida del ciervo.
No importa la extinción de la fina bestia en tal zona geográfica; lo que importa es que el orden de la gacela haya existido y siga existiendo en la gente chilena.

El Mercurio, 11 de-julio de 1925

Santiago de Chile

En: Recados contando a Chile. Alfonso M. Escudero (comp.), Santiago de Chile, Ed. del Pacífico, 1957.



domingo, 3 de noviembre de 2019

"UN MUNDO DE PAPEL" POEMA INÉDITO DE LA AUTORA BRASILEÑA TERESINKA PEREIRA




No hay un buen tratado
de ecología,
porque
el filósofo verde
es tan invisible como
las lunas de Saturno
en esta Tierra.
Habrá un día
en que el papel
será un viejo recuerdo
y la arena del desierto
será el oro de la utopia.
Pero ahora, mientras
nosotros, los escritores
somos de carne y hueso,
vivimos en una montaña
de papel.

martes, 29 de octubre de 2019

CONFERENCIA DEL PERIODISTA Y ESCRITOR FRANCÉS FRÉDERIC MARTEL EN LA UDP, EL 5 DE NOVIEMBRE DE 2019



CHILE: DE LA PESADILLA AL SUEÑO, O UNA “NUEVA PATRIA” POR ANDRÉS MORALES






Chile está herido, lo sabemos: Chile ha sido, casi siempre y, probablemente siempre, la historia triste de una provincia larga, lejana, acongojada, inmensamente sola y dolorosa: desde su nacimiento, huérfano, sin rumbo, con pobreza, pleno de sombras inquietas. Su historia está llena de naufragios, pero, desde luego, llena de sueños y extrañas aventuras -a veces felices y a veces trágicas-, que han hecho de este país un espacio único y extraordinario para los ensayos más increíbles, más decorosamente impronunciables y, fantásticamente, dispares, de la política, de la sociología y de la cultura.
                                          Desde hace una semana han pasado muchas cosas en nuestro hermoso territorio. Alguno dirá que es una “revolución encubierta”, la mayoría describirá el miedo y hasta el pánico del desarraigo y la represión frente a un estado inútil. Otros, los visionarios, entenderán que hoy y ahora es el momento único y casi irrepetible donde podemos invertir y desandar las injusticias y reencauzar las aguas torrentosas de un país desangrado por la inequidad. Hemos vivido una semana de horror y de belleza, de miedos e intuiciones, de dolor y convicciones. ¿Qué le ha pasado a Chile, entonces…, es que Chile ha cambiado? No, su historia desdice cualquier proclama de un país enteramente nuevo, de algo profundamente distinto a lo ya vivido. Los chilenos hemos sido un pueblo que siempre ha reclamado con valor y con profundos deseos de justicia, la verdad y la necesidad del más postergado, los que han vencido las inclemencias de los vaivenes políticos, de aquellos eventos naturales y climáticos y de los experimentos fallidos, de esos, únicos esos, “iluminados” que creen interpretar el espíritu de una época. Entonces, “nada nuevo bajo el sol” diría aquel: los chilenos (un pueblo mestizo, bella y profundamente “quiltro”, indígena y europeo, clasista, chovinista, racista, sexista, patriarcal y permanentemente ansioso por ser lo que no es) han demostrado saber y conocer -casi como un milagro o una epifanía- cómo retomar un camino de verdadera paz y de aquella hoy tan mentada “empatía” con los desarrapados, los pobres y los leprosos al uso.
                                          ¿Pero, es suficiente una marcha de casi un millón y medio de santiaguinos y de centenas de miles de habitantes de las ciudades y de los pueblos de todo un país para demostrar el enojo, la impotencia, el horror del diario acontecer y la esperanza de existir, por fin, al fin, con el “derecho de vivir en paz”? Por un lado, sí: esperamos, si cabe, la voz del mísero poder, del maltrecho poder y del cándido poder que, en su insensibilidad, ha perdido la brújula, el tiempo y la oportunidad de mantener una estructura, que creemos, sólida. Al decir del poeta español Miguel Hernández, “nos queda la esperanza”, aunque, a veces, ésta sea ciega e infantil… Por otro lado, no, no y no: todo es poco para aquellos que no quieren, o aparentan, no escuchar… Hay que refundarlo todo, redistribuirlo todo, quemar hasta los cimientos la concepción de un estado (que se ve fallido desde hace años) impermeable a los cambios e inepto en su respuesta violenta y mal pensada frente a la demanda que se justifica en la clara e inaudita razón de treinta años de neoliberalismo salvaje que nunca ha tenido piedad por nada y por nadie.
                                          Y me vuelvo a preguntar (en este texto que, con todas las licencias que el lector aguante, debe inquirir más que afirmar): ¿qué haremos ahora?, ¿qué debemos hacer?
                                         Hemos vivido una pesadilla terrible (llena de monstruos devoradores de la libertad, del derecho y de la belleza intrínseca y necesaria para la vida). Para comenzar, para iniciar, para recomenzar y de una vez por todas, y gracias a los dioses (o a ese Dios o al destino imponderable) debemos parir y mantener siempre un sueño de posibilidades que han de construir un nuevo mundo, una nueva patria, un espacio humano. Debemos trabajar sin ninguna pausa. Este es el punto crucial: humano y el otro punto inconmensurable y necesario y crucial: sin pausa, para una nueva patria… Basta de sesudos economistas que no abandonan sus puestos de “grandes sacerdotes” y no quieren repartir el mísero patrimonio de la nación subdesarrollada. Basta con los tibios ejercicios de dádivas conocidas y, peor, repetidas. Basta de palabras que no dicen nada y que nos hacen valorar, muchas veces, el gran y necesario silencio.
                                          Decir que el sueño es posible no es creer que toda utopía es viable en un mundo que no nos quiere y que sólo nos considera cuando debemos pagar deudas o entregar nuestros recursos naturales o nuestra dudosa soberanía. La globalización nos ha derrotado. Somos muñecos fáciles e ingenuos ante titiriteros muy hábiles, lo sabemos bien. Esto no es globalización: es una cultura que se impone sobre otra. Y no una cultura buena, no, es una cultura idiota que busca el onanismo de la satisfacción estéril de un sistema envenenado en su individualismo: “y el dinero es Dios” decía Francisco de Quevedo y también el tango, y esa es la gran trampa de un planeta insensible con sus “trabajadores hormigas”, aquellos solitarios y desamparados en la agonía de una individualidad malsana o de una falsa y penosa “familia unida” (metáfora del Mundo feliz de Huxley) que rezuma a gran fracaso…
                                          Entonces, ¿qué hacemos?, ¿dónde queda nuestro querido Chile?
                                          No nos hagamos tantas ilusiones. Chile ha de progresar siempre con un lastre decimonónico y conservador, pero, siempre, ha, y, debe, progresar para un gran bien. Las multitudes, los millones de manifestantes, los jóvenes sin gloria, los anarquistas sin ilustración ni ventura, los viejos que veneran a una juventud sin ninguna palabra de entrañable rigor, si es que en algo sirven, los antiguos, como es natural, han de existir para enseñar a los propios y ajenos, a los chilenos y al mundo, que las cosas nacen, crecen y maduran a pesar de las barreras, los límites y la repugnante indiferencia. No somos solamente el fruto de una “historia biologista” y estéril científicamente: somos un cuerpo real, a veces, muchas veces, sin alma, que quiere caminar por un sendero nuevo que, esperamos, habrá de conducir a la emoción y al conocimiento, al respeto, a la filosofía, a la historia y a la postergada alegría. Y, así, la estética, la belleza fea y la belleza hermosa, la emoción y la conmoción, la reflexión austera, el pensamiento enhiesto y la libertad serena han de dotar al cuerpo y al alma de Chile, con prudencia y sabiduría, de esa necesidad y de ese saber hambriento de los que no conocen, o no saben, o se marchitan pronto.
                                  Así, en este derrotero, unas últimas palabras. Por estas líneas cortas de entendimiento fértil, creemos con soberbia, y, peor, tal vez en serio, que auguramos locos, sin más desfachatez y por siempre ingenuos: “parches ante heridas” y, a veces, frases profundamente fatuas… Calma, paciencia, serenidad.
                                    Pronunciamos, de una vez, sin más pudor, el anatema duro que nadie quiere oír:
                                  Chile ha perdido, desde hace mucho tiempo, su alma clara y bella: por ese monedero sucio y ese egoísmo impío, desgraciado siempre. Tras ese yo desierto, inquieto, estéril, muerto, Chile se ha perdido, pero no creamos, hoy, que está desesperado o irremediablemente seco y en la desgracia yerma o inevitablemente muerto, muerto y enterrado. Ese sueño que aparece, después de aquella inmensa, tortuosa, larga pesadilla infértil: antigua, barroca y tenebrosa, no es el letargo brujo de un encantamiento vacuo. No es la somnolencia fruto de una noche, de borrachera inmóvil en el cruel exceso… Es un “campo de flores” y de espigas que maduran, sin fuerza, quizás y con razón. Que busca amanecerse con niños y con globos, con un poema claro y una canción de guerra. Con la esperanza cierta después de la batalla.


                                  Santiago de Chile, 25-26 de octubre de 2019.- 



CHILE


La envidia se desata en este circo pobre:

El domador aúlla y ruge y estornuda,
la equilibrista sueña con tierra firme siempre
y un payaso ordena el mundo entre sus dedos.

La patria se disfraza, cortés, civilizada
en una bendición de dones ya maduros
que enseñan gravemente la luz opaca y fría
del sol sin su destello, sin su calor sereno.

El circo se disfraza, la patria se desnuda,
la envidia nos despierta, nos mueve, nos consume.

La única verdad es la que nos desmiente:

El circo no termina, la mascarada crece,
el bufo, la corista, el fanfarrón, el santo,

todos en la pista cruel y provinciana.



(A Roberto Díaz Muñoz)