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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."



José Saramago

sábado, 25 de septiembre de 2010

A TREINTA AÑOS DE ESCRITURA. ANTOLOGÍA PERSONAL. DEL LIBRO "VISIÓN DEL ORÁCULO"




(Visión del Oráculo. Red Internacional del Libro – Ediciones del Café Central.
Santiago de Chile – Barcelona, 1993)



 
Remember me, but ah! forget my fate
Nat. Tate & Henry Purcell
(Dido and Aeneas)



Oráculo

-No hay azar más claro que el iris de mi ojo,
pregunten a los hijos que van llorando tierra,
deténganse en el mar a respirar su vuelo
si el sol es transparente y gime y no aparece.

La adivina cierra sus ojos y crepitan
los dientes y su lengua, malhumorada, seca.

-La rueda vuelve siempre al centro de su cielo
y todo se detiene y habla y permanece.

-Desnuda en el desván irá tejiendo siempre,
tal vez nunca regrese su amante de la guerra
y bailarán los años y sin reconocer
los trozos de metal, la columnata, el mar.

-Después veo silencio y un grito despiadado.
La sangre descubrió su propio peso hueco.
Más allá un incendio y el caballo cónsul
y mártires que huelen a gloria antojadiza.
...Hay nubes en mis cejas y peces,
hay planetas...
Puedo ver la huella cómo se desfigura y cae.
La luna se avecina, el ángel se avecina.
Dos mil campanas hieren, se clavan en mi oído
y Jericó se rinde y el águila perece
mientras el toro huye detrás de los leones.

Penúltimas noticias, los heraldos corren:
Ha caído Roma, Tenochtitlán el Cuzco.


-Otra vez el llanto recorre mis anillos.

-La policía aguarda detrás de las murallas,
no hay escapatoria, me arrastran con azufre,
me fuerzan, me condenan, me besan en la cara.

-¡Alejen los espejos, aviven ese fuego!

-El hambre me conmueve y siento como vuelan
los cuervos en mi boca, enloquecidos míos.

-¡Por qué jamás anuncio lo que se escribe ayer!

...Hay nubes en mis manos,
recuerdo sólo el mar...

(A Gonzalo Rojas)


Praha

Obsesiva a Vladimir Holan
A Grínor Rojo

Yo sueño una ciudad y una ventana:
alguien cae sin cesar, en todas partes,
alguien cae desde siempre en la ventana.

Niebla de la luz o nieve en niebla
en todos sitios alguien cae
(está cayendo)
desde el fondo de la calle, en la ventana
yo sueño una ciudad y por su hueco
caigo, sin cesar, por todo el siglo
caigo, sin cesar y no despierto.


Los videntes

Todos íbamos a ser Rimbaud.
Todos íbamos a ser Artaud.
Todos íbamos a ser Edgar Allan Poe.

Lo que pasa es que ni Verlaine,
ni un poeta menor, ni aquellas líneas
del pequeño escribano de la corte.

Nada, ni en el aire, ni un poema:

Todos íbamos directo al matadero.


Primavera

Seguro que florecen este año:
Un poco más terribles, adivinando todo,
cada vez más grandes,
o tristes,
o perdidas.

En esta casa sólo las flores crecerán.


Poets’ Corner

Tantas veces regresaba para nunca
tocar el centro de la tierra.
Junto a todos,
(Henry James a tu derecha):
¿Quién pensó alguna vez en estas piedras?

Chaucer nos recuerda en la otra acera
(Por momentos Yeats o Keats o Byron).

El mármol nos recuerda la jugada:
A solas con el trueno, T. S. Eliot.

(A Javier Cantero)


Adriático

Este largo cementerio como un barco

(Se detuvo –in medias res- la muerte)

(A Ante Zemljar)


Lluvia

La lluvia es una cosa que, sin duda, sucede en el pasado
Jorge Luis Borges


El sueño reconoce las gotas de la calle:

NO HAY DOLOR NINGUNO MIENTRAS LA LLUVIA CAE.

Adentro un mar deshace entero su contorno:

NO HAY POSIBLE HUELLA DETRÁS DE LA BATALLA.


Equilibrio

Lo que hicimos ese día;
el agua que bebió el animal,
un cometa que pasaba sin ser visto;
el aire en los pulmones de algún niño.

Todo el baile universal con sus defectos,
aquí en la superficie, en las estrellas.

Todo no parece y se compensa
hábilmente, sin pasión, sin adjetivos.


El impaciente

El monumento somos de una vida
ajena y no vivida, apenas nuestra
Octavio Paz


Tal vez nos hizo esclavos, del ritmo,
de las piedras,
y nada fue mejor o más secreto y nuestro.
Perfectamente el agua,
perfectamente todos los nítidos contornos.

Tal vez no abandonamos aunque la rueda ha roto
el ruido de su marcha
el rápido sin fin.

Aquí miraba el puente aquél desventurado
pensando en esos arcos lavados y sencillos.
Nada lo inquietó, el río continuaba,
pero, esos, en la altura, jamás reconocibles,
fatales comenzaban su danza de la muerte.

Algo se detuvo: cruzó se congelaba,
no eran los caballos en estampida o llanto.
Algo se acercaba, ¿por qué nos detuvimos?

Los signos eran claros:

Aquél cerró los ojos y bostezó perdido
casi abandonando, también, el decorado.


(En la pequeña plaza de los fusilamientos
un niño se acercaba hacia la fuente, al centro).

Las llaves, las tijeras,
he visto en estas piedras
los golpes al caer el mármol que cerraban.
Todo en un momento, irrepetible y claro,
al mismo tiempo el paso del tren y las figuras,
al mismo tiempo el año de este mes, mañana.

Yo soy el impaciente,
el señalado, el cándido.

Y quiso abrir de nuevo la rueda su chirrido,
recuperar la fuerza la piedra y el cristal.

En estos ojos todo,
rencor y crueldad,
desvergonzados guiños,
alegre risa oscura.

Reconoció su nombre –su pálido desnudo-.

Caían desde el cielo palomas o gaviotas.

Y era la belleza, entiendes, la belleza.


(A Marcelo Del Campo)


Alcohol

Páginas oscuras de la mente,
páginas escritas por el otro,
aquel –distinto- el mismo.


El ángel

El día que no pienses, ese día
le cortarás las alas a tu ángel.


Naturaleza muerta

Deslumbra el pan y el aire en la botellas,
la luz que desde el fondo anuncia el mar.

Recorre el ojo pálido la estancia
muerto en el reflejo y en la flor.

(A Antoni Clapés)


Todo muerte

Que el odio ha de cesar,
que dulcemente,
el ámbar, la delicia, el son, la resta
del tórrido enemigo, el mal, la suerte;
todo ha final, sino el destino
que marca nos el predio, la aventura,
el ojo azul del miedo; todo muerte
o el mar que sobrecoge y no da tregua
hiriendo al sol, al fin por vez primera,
quedándose completamente ciego.

(A Silviana Riqueros)


Cabeza de Nefertiti

Por culpa de nadie habrá llorado esta piedra
Gonzalo Rojas

¿Cuántas veces habrá llorado ésta,
que rota su nariz –hoy en la piedra-
abraza con sus ojos el desierto?


Laberinto

La voluptuosa, común, serpiente, siempre;
recuerda la risa de los niños,
recuerda la vergüenza allá en lo oscuro,
o en la luz –a mediodía- la belleza
de perderse en una multitud.
(Imposible mirar, tocar o sumergirse.
Imposible, prohibido, aventurar);
recuerda como un río, simplemente un río,
era más hermoso (aún, ahora, en este)
extraño laberinto.


Peregrina

Terrible carnicera, rompeolas,
sirena en plena noche
en cada puerta,
bruta de mirarte,
peregrina,
agito tu silueta en mi cabeza:

Aquí dejaste tú el sol de mayo,
aquí me construiste en la madera
un nudo donde verte a cada instante:
humeante, sin color, como una muerta.

Aún estás dormida en la ventana
y todo el mundo atrás y sin tocarte:

¡Atrévete a cantar en esta noche,
atrévete a saltar sobre mis ojos!


Placer

¿Dónde estuvo el placer,
qué después del placer,
dónde estuvo
ella
dónde?


Poema del secreto

Déjame la voz, te doy el canto,
déjame lo oscuro de la noche,
que exista siempre aire entre nosotros,
siempre la alegría del quizá.

Déjame los ríos, el agua, el mar que rompe
ahora,
en medio de los dos
ese inmenso arrecife que recoge
aquel secreto nuestro desde ayer.

Déjame en tinieblas; el sol a ti, la luz.

Yo encierro tu destello en mi garganta.


Último adiós

El hueco de los vientos en las manos,
el humo del volcán por fin abierto;
el cálido naufragio de las voces,
un cielo sin desgracia, arrepentido.

Todo eso no bastara, ni los mares,
ni el sol entre los ojos, ni llorando
como un perro que no ladra por la noche,
como piedra arrebatada por el río.

Nada hasta el final, no quede nada,
nada después de tanto entonces,
luego, quizá, ayer, hoy mismo.

Nada porque nada ha de escucharse,
no rueda ya el susurro en la tibieza.
Nada tras el nunca y el mañana,
nada en el derrumbe de la pena.

2 comentarios:

maria dijo...

Caí en tu blog por " pura copucha" ... me gustó tmb además el voto por " chilebosque" ; soy amante de la poesía y de mis plantas

maría

elisa...lichazul dijo...

todos los poemas son maravillosos
pero hay uno que me gustó más...
me mató el del ángel!!
es intendo y tan certero como una bala


El ángel

El día que no pienses, ese día
le cortarás las alas a tu ángel.


buena semana:)