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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."



José Saramago

viernes, 22 de junio de 2007

Visión de Hernán Cortés: personaje histórico y protagonista literario de la Hernandiada, del novohispano Francisco Ruiz de León, por Andrés Morales




 
A Lucía Invernizzi, maestra inigualable.




Hablar de la relación entre la historia y la literatura es un tema que ya ha sido tocado en múltiples ocasiones. Tal vez, entre todos los géneros literarios, la poesía es la que menos se ha estudiado por aquellos pocos que demuestran interés en establecer lazos entre ambas disciplinas. Esto no es de extrañar en absoluto, pues la poesía suele asociarse con una visión siempre subjetiva del mundo, aunque se trate de la épica, que como es sabido, se acerca mucho más a lo que se entiende por narrativo que por lírico. Si bien la poesía no puede tomarse como una fuente histórica válida (como una crónica, un documento, una relación), al menos puede darnos muchísimas pistas de una época y, desde la actual y novedosa perspectiva de la “visión intimista o privada de la historia”, un sinfín de detalles que permiten adentrarse en forma minuciosa en aspectos que antes no se tomaban en cuenta o bien eran desechados por superfluos o insignificantes. Asunto también importante es considerar a la poesía como un testimonio del “espíritu de una época”, o bien, de las impresiones que, para bien o para mal, el poeta entrega frente a hechos que ha vivido personalmente o que le han sido referidos por testigos o, simple y llanamente, por la tradición de su pueblo (ya sea oralmente y/o en forma escrita) o por otros autores que, sobre todo, desde la perspectiva de la epopeya, intentan crear un concepto de nación con características propias y que definan claramente un sentido de unión, de pertenencia y de un pasado común que finalmente posibilite un acto de reconocimiento a sus tradiciones y particularidades.
Existen un sinfín de episodios históricos que han llenado miles de páginas en todas las tradiciones poéticas. Desde Homero hasta Alonso de Ercilla, desde Luís de Camoens hasta los grandes poemas escritos por franceses, alemanes, austriacos e incluso hispanoamericanos a raíz de la Primera Guerra Mundial. En un pasado reciente, la estremecedora poesía de la guerra civil española o, en Chile, como trágico ejemplo, la poesía llamada “de la resistencia y exilio” que dio cuenta de las terribles circunstancias a las que fueron sometidos muchos compatriotas en años más que negros[1]. La lista es interminable, los ejemplos abundan, pero todavía no es posible hablar de un indispensable diálogo interdisciplinario que sin duda alguna contribuiría a una lectura mucho más completa de la literatura y de la historia.
En Hispanoamérica la epopeya ha sido fundamental para ese sentido de nación que antes aludía. En Chile, por ejemplo, la sola idea de un país que se funda a través de un poema épico como La Araucana hace que el mito de “Chile, país de poetas” pueda sostenerse desde el mismísimo período de la conquista. Algo similar ocurre con Pedro de Oña, primer autor lírico chileno que con su Arauco Domado continúa la tradición al punto de construir un magnífico texto que abunda más en las características de la belleza del paisaje, en las particularidades del pueblo indígena y en una perspectiva religiosa que será una de las señales más decidoras del carácter de la nación chilena (y en este punto mucho más lejos de la posible y exhaustiva narración de una cruenta guerra entre aborígenes y españoles).
Hacia el norte del continente, y ya entrados en el barroco tardío, aparece la casi desconocida figura del novohispano (léase mexicano) Francisco Ruiz de León (nacido en 1683). A veces descrito despectivamente como un “poeta menor”[2] acomete una empresa descomunal al componer su Hernandia: Tributos de la Fe y Gloria de las Armas Españolas. Poema Heroyco. Proezas de Hernán Cortes, publicado en Madrid en 1755[3]. Escrito en endecasílabos, en doce Cantos y dedicado al Excelentísimo Señor Don Fernando de Beaumont, Duque de Alba, construye un texto épico donde la figura de Hernán Cortés alcanza ribetes de héroe griego o troyano. Posiblemente la escasa pero crítica argumentación en torno a su valor literario se debe a la defensa incondicional que hace de los españoles en desmedro de los aztecas. A cada momento la gloria de los guerreros hispanos queda en evidencia (en oposición a la postura poética de Alonso de Ercilla en La Araucana, donde los mapuches son descritos como un pueblo heroico que al defenderse con tanta gallardía “sobrepujan” al enemigo ibérico –en el sentido del tópico tradicional- al punto que, de esta forma, el conflicto se constituye en una guerra de pares y no en una instancia donde el enemigo aparece como inferior, traidor o “rastrero”). En la senda epopéyica del mencionado Ercilla, Ruiz de León intenta componer un texto donde la guerra es una excusa para legitimar el poder de la fe y la indiscutible autoridad del Emperador Carlos V a través de “la gloria de las armas españolas”. El encendido discurso de Fray Bartolomé de las Casas parece no haber mellado en absoluto la conciencia del poeta: es España y no el nuevo continente la protagonista de esta extraordinaria historia. Aún así, creo junto a Fredo Arias de la Canal[4], que el texto merece ser considerado como un friso interesantísimo de la conquista (a pesar de la distancia histórica entre las hazañas narradas y la fecha de escritura del poema). La figura de Hernán Cortés, como hombre y conquistador, es descrita con una vocación en el detalle que, a todas luces, es remarcable. Los episodios mencionados coinciden mayoritariamente con el discurso canónico de la historia y, más aún, aunque posiblemente adentrándose en fuentes distintas a las de la tradición, la descripción de Tenochtitlan, por ejemplo, consigue revivir con inusitada frescura las particularidades de una ciudad tan extraordinaria como recordada. Tal vez, como Pedro de Oña, Francisco Ruiz de León es capaz -en su condición de americano- de “traicionarse”, aunque sea sólo por momentos, para ilustrar con vehemencia de “nuevo hispano” las bellezas y prodigios de la capital azteca. Como ejemplo, léase el comienzo de su “Canto V” donde aparece Tenochtitlan con una grandeza admirable (e incluso la estirpe del Emperador Moctezuma), como también la crítica a las costumbres religiosas del pueblo del valle de México:


 
“La situación de México admirable,
Su Grandeza, Edificios, el sangriento
Templo del Dios Guerrero formidable,
Su antiguo origen, Fundación, y aumento:
De sus Reyes la serie respetable,
Hasta el Gran Moctezuma, lo opulento
(…)


 
¡Qué provincias, qué Reinos, qué Grandeza,
Producen ricas sus Fecundidades!
Nada le regateó Naturaleza;
Blanco la vio de sus prolijidades:
Higa del Orbe, Erario de riqueza
Ciudad sin semejante a otras ciudades
Necesitando para su fortuna
A México ellas, México ninguna.

(…)


 
No se jacte Venecia decantada,
Que a Neptuno su histriada Cuna debe
Que México Imperial, más celebrada
En mejor Golfo de cristal se mueve

(…)


Desmedidos sus grandes Edificios
Con Cornisas, y Estelas emplomados
Son gigantes del aire, en cuyos quicios
Suben hasta su esfera coronados:
Graves columnas son, por los indicios
De relieves, tarjones, y cortados,
Padrones de Alabastro, que autorizan
Cuanto la fama, y tiempo se eternizan.
(…)”


 
Descripción admirable que luego irá detallando las calles, los canales, las plazas y mercados de la gran capital:


(…)
“A varias Plazas da el cordón tirante
Capaz ensanche, si su línea quiebra;
Pero entre todas luce la abundante
Que el mundo en Tlatelolco más celebra:
Del Mercado mayor jacta arrogante,
No hay Pluma, Molde, Fruta, Pesca o hebra
Que es el Oro lo menos que se atiende
(…)”


 
Asunto interesante es la comparación con Venecia, algo que, tal vez, no apreciaron ni el propio Hernán Cortés[5] ni los cronistas de la época[6], pero que Ruiz de León subraya como una particularidad extraordinaria.

Pero, ¿cómo es visto el gran conquistador de la Nueva España? ¿Es la misión del poeta sólo alzarlo como un guerrero sin par o un nuevo monarca de estas tierras conquistadas? En el “Canto VIII” a raíz de la conjura del Príncipe de Tezcuco, llamado Cacumatzín, Cortés es descrito como benevolente y magnánimo:


 
(…)
¿Y quién, sino Cortés, unió avisado
Una, y otra virtud sobresaliente,
A aquel ápice sumo, y elevado,
En que residen eminentemente?
Ya entiende, quien entiende de qué grado
Habla la Pluma necesariamente;
Pero aún en éste, que es de aquel segundo,
¡Oh qué pocos se encuentran en el mundo!
Extremeño feliz, Blasón Hispano,
Haz tu Copia peregrino alarde,
Que el pincel torpe de mi ruda mano,
No la ilumina, bórrala cobarde:
Tú en el dibujo de mi tiento vano,
Anima el colorido, y aunque guarde
El retoque mayor a otros Pintores,
Dé yo las sombras, si ellos los Colores.
(…)”


La imagen del conquistador sobrepasa todas las virtudes posibles. Hasta el poeta se ve ensombrecido por la figura del extremeño, su pluma es incapaz de describir las innumerables virtudes del español… Una vez más, la figura del expedicionario alcanza un esplendor pocas veces visto, incluso, en la voz de los propios peninsulares. Véase por ejemplo esta descripción del protagonista en el “Canto XII” donde ya derrotados en batalla fluvial los ejércitos del rebelde Cahuactémoc, Hernán Cortés es elevado a la categoría del dios Marte:


(…)
Escipión heroico, Castellano Marte,
Venciste un Mundo con tu bizarría
Con tu esfuerzo, fatiga, empeño, y arte,
A costa de la sangre, y la osadía:
A tu mano confiesa en esta parte
Otro Laurel, la Hispana Monarquía;
Bien decir puedes, que de Polo a Polo,
A ningundo debió, sino a ti sólo.
(…)”

 

Y he aquí la idea que esbozaba al comienzo de este escrito: la necesidad de los americanos por buscar una identidad, una conciencia de pueblo, de nación que, en el personaje de Hernán Cortés (algo muy común tanto en la América prehispánica como en la colonial e independiente y, con posterioridad, en tantos discursos de casi todas las orientaciones políticas) es vista como una “figura paterna” indispensable para la fundación (o refundación) de un estado. Tal vez, si puede especularse con alguna propiedad: un sincretismo político y religioso que tanto daño ha hecho a países que, desde su formación, han visto en el caudillismo la solución de sus problemas más esenciales y donde las instituciones políticas, eclesiásticas y administrativas han sacado un provecho escandaloso en detrimento de un pueblo las más de las veces ignorante o, peor aún, ingenuo. Pero también aparece con fuerza (remitiéndome a los primeros cantos de este largo poema) la figura del rebelde, aquel que parte de la isla de Cuba sin permisos y que en su porfía y audacia logra conquistar un imperio. Imagen que será otro ejemplo para que Hispanoamérica instale su voz y sus necesidades en el transcurso de la historia. Paradoja quizás, pero este “padre español” conseguirá primero convertirse en la imagen del todopoderoso que rehace e instaura un nuevo estado (y una nueva fe) y luego, en el que engendra a un “hijo mestizo” (recuérdese su relación con Malinche) que, con la misma fuerza del conquistador, logrará su independencia para comprender, poco a poco, la imperiosa necesidad de entenderse como compacto y dividido: como padre e hijo de una tierra que le es propia pero a la que interpreta y entiende como un ser desdoblado en su necesidad de manifestarse como un “otro” que siempre será indígena y a la vez hispánico. Habrán de pasar muchos años (si es que realmente se ha superado este “nudo gordiano”) para que la mayoría de los hispanoamericanos puedan decir con propiedad que verdaderamente han logrado comprender este dilema.

A manera de conclusión me gustaría invitar al estudio de este texto que en Chile tuvo como su primer y único exegeta a don José Toribio Medina, quien en 1929 ya había mencionado la importancia de revalorar este poema y, además, había realizado una brillante labor de recopilación en torno al “corpus cortesiano”.

Aún con algunos defectos que probablemente puede encontrar el purista, la Hernandia es un testimonio extremadamente fidedigno de los acontecimientos históricos de la conquista de México (claro está desde la perspectiva de los peninsulares). Épica tardía pero esencial en la idea de esa figura nacional que funda un nuevo reino que aún en toda su trágica historia y a pesar de tantos odios que, imagino hoy han amainado, se desarrollará como una de las naciones hispanoamericanas más ricas en contrastes y con una tradición literaria en todos los géneros que continúa enriqueciendo el patrimonio de nuestra lengua.


 

Santiago de Chile, junio de 2007




[1] Véase mi antología poética en torno a la guerra civil española España Reunida (RIL Editores, Santiago de Chile, 1999) o el extraordinario trabajo recopilatorio de Juan Armando Epple y Omar Lara, Literatura chilena de la resistencia y el exilio (Ediciones LAR. Madrid, 1985).

[2] Es el caso de J. C. Mainer Baqué, quien señala “(…) El barroco perduró a lo largo de todo el siglo XVIII [en México] sin nombres importantes: así, Francisco Ruiz de León, Joaquín Velázquez de Cárdenas (1732-1786), etc.” (El barroco, literatura hispanoamericana. Ediciones Rialp. Madrid).

[3] Para este estudio utilizo la edición facsimilar de Fredo Arias de la Canal publicada por el Frente de Afirmación Hispanista, A. C., en Ciudad de México en 1989. Igualmente, debido a problemas evidentes para una correcta comprensión de la primera edición, acudo a la reedición electrónica publicada por la Biblioteca Nacional de Chile, anexada a la “Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes”.  (http://www.cervantesvirtual.com/).

[4] Véanse los estudios preliminares a su edición de la Hernandia (Op. Cit.) donde el conquistador español es analizado desde todas las formas posibles y, más aún, donde se prueba su fortaleza como un culposo cristiano que llega a arrepentirse y a mostrar ejemplo de sacrificio (en un acto de flagelación pública) a los pueblos indígenas.

[5] Véanse sus Cartas de la Conquista de México. Ediciones Sarpe. Madrid, 1985.

[6] Como es el caso de Bernal Díaz del Castillo en su famosa Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España.

MURAL, poema inédito de Santiago Bonhomme


Mural

Es amor lo que aflora en la muralla.


Una flor lisiada puso un poema en bandeja a mis pies.


Es amor lo que aflora en la muralla
mi hombre tiene musgo en el corazón.

(A Andrés Morales)

domingo, 17 de junio de 2007

DOS POEMAS NOCTURNOS de "Los Cantos de la Sibila"de Andrés Morales


ORÁCULO DE NOCHE


La noche es el desvelo de Dios en su silencio
en ese sueño extraño de piedras que se rompen
encima de su lecho, su mar, su cielo exacto.

La noche es un granizo de culpas y razones,
la noche amanecida en ese rayo inquieto
quebrando los espejos y bestias y algún fuego.

La noche desolada de lluvias y de nieves.

La noche que adivina el día que no vuelve.



EPIFANÍA DEL DESASTRE


Oigo tu silencio y el monte que requiebra
el ritmo de tu boca, tu sola voz callada.

Oigo el ritmo quieto de oráculos marchitos
de todos los fracasos que entonces me anunciaron
y que no alcanzarán ni tu resuello amargo.

Cae abruptamente el beso y el calvario,
cae el sol, la luna: el mar se hunde entero.

¿Escuchas esa brisa que acaba con mi sombra
despiertas en el grito de pájaros sin cielo?

lunes, 11 de junio de 2007

CARTA ABIERTA A LA SEÑORA MINISTRA DE CULTURA PAULINA URRUTIA


Sra. Paulina Urrutia
Ministra de Cultura
República de Chile
Presente.

Santiago, 6 de junio de 2007


Estimada Sra. Ministra:



Junto con saludarla muy atentamente, por la presente quiero manifestarle mi mayor indignación por los resultados de la presente edición del Fondo del Libro en su mención "Fomento de Creación Literaria".La razón de esta profunda molestia es que obtuve el 100 por ciento, es decir 100 puntos (máximo puntaje), en la evaluación de mi proyecto "Escritura del libro Los Cantos de la Sibila" (2CL13114-2007-48776), pero, de todas formas y a pesar de las encomiosas frases de los evaluadores ("Es una propuesta muy interesante, los textos presentados a este concurso dan cuenta de su gran calidad como poeta. Por su trayectoria pensamos que la materialización de esta obra provocaría fuerte impacto en el público lector"), por razones explicitadas que están absolutamente fuera de las bases del concurso ("Su proyecto fue preseleccionado por su calidad, al obtener un puntaje igual o superior a 80 puntos en el proceso de evaluación. Lamentablemente en consideración a los recursos disponibles, el CNLL ha determinado no seleccionar su proyecto realizando un estudio comparativo entre los proyectos preseleccionados basado en los siguientes criterios: 1. El cumplimiento de la obligación de la Ley del libro de asignar un mínimo de 60 % de los recursos a proyectos de regiones distintas a la metropolitana. 2. Privilegiar, de acuerdo a la línea específica del concurso explicitada en las bases, aquellos proyectos de titulares que no hayan contado con este apoyo en los concursos de los últimos años, y 3. La relevancia asignada por el Consejo a cada proyecto"), NO FUE SELECCIONADO EN EL ÁMBITO DE ESCRITORES PROFESIONALES.Hace más de tres años que no he obtenido esta ayuda, por lo que cumplo con el tiempo necesario (según las bases) para recibir esta beca nuevamente, el resto de las argumentaciones me parecen altamente sospechosas viniendo de una institución que nunca aclara bien sus criterios de selección con respecto a regiones y que, continuamente se ve envuelta en escándalos cuando evaluadores y beneficiados pertenecen a las mismas instituciones (Cámara del Libro o Pro Libro, por ejemplo) y financian actividades que de por sí están planificadas para ganar dinero (la Feria del Libro de Santiago, organizada por la Cámara del Libro, donde se cobra por el arriendo de stands, se cobra entrada al público, se venden libros y...¡negocio redondo! ¡se recibe subvención estatal!).
Señora Ministra, ¿nuestra cultura se reduce solamente a tomarse los parques con saltimbanquis, tragafuegos, batucadas y conciertos de rock? ¿Acaso su ministerio no valora que si Chile es conocido internacionalmente es por su literatura y en especial por su poesía? ¿Hasta cuándo debemos soportar iniciativas culturales que apuntan mayoritariamente en dirección al circo que a la verdadera cultura?
Como escritor reconocido en Chile y en el extranjero, me parece una vergüenza que estas cosas sucedan en nuestro país. Me haré cargo minuciosamente que se conozca esta terrible realidad del Fondo del Libro por todos los medios posibles y, sobre todo, exigiré, y le exijo Sra. Ministra, a Ud. y a los funcionarios pertinentes del Fondo y del Consejo Nacional del Libro, que se realice una nueva evaluación de los proyectos presentados, pues "una explicación más" no sirve en un país donde su gobierno constantemente acude a frases bonitas y tranquilizadoras que no solucionan verdaderamente los problemas graves que sufrimos los ciudadanos de la república. Espero, sinceramente que Ud., como la más alta autoridad de la cultura en este país, redistribuya los dineros pertinentes y se entreguen las becas como corresponde a los escritores beneficiados con el más alto puntaje (y en este punto quiero mencionar a Teresa Calderón, a Mauricio Electorat y a Roberto Brodsky, por ejemplo, quienes también han sido objeto de esta palmaria injusticia).
A la espera de su pronta respuesta y una positiva acogida a esta carta de reclamo y solicitud de reevaluación, reciba nuevamente mi más atento saludo.


Prof. Dr. Andrés Morales Milohnic
Poeta y Ensayista
Profesor Titular de la Universidad de Chile
Premio "Pablo Neruda" 2001


martes, 29 de mayo de 2007

"A pact", poema de Ezra Pound


I make a pact with you, Walt Whitman -

I have detested you long enough.

I come to you as a grown child

Who has had a pig-headed father;

I am old enough now to make friends.

It was you that broke the new wood,

Now is a time for carving.

We have one sap and one root -

Let there be commerce between us.

PRÓXIMO CONGRESO DE LITERATURA HISPANOAMERICANA Y ESPAÑOLA EN VALPARAÍSO


Congreso Internacional

«Rebeldes y aventureros: del Viejo al Nuevo Mundo»

Valparaíso (Chile), Universidad de Valparaíso,18-21 de junio de 2007


Organizan:
Universidad de Valparaíso
Universidad de Navarra (GRISO)

Colaboran:
Gobierno Regional de Valparaíso (V Región)
Ilustre Municipalidad de Valparaíso
El Mercurio de Valparaíso
Centro Cultural de España (Embajada de España en Santiago)
Consulado Honorario de España en Valparaíso
Fundación José Nuez Martín
Fundación Renzo Pecchenino-Lukas
Academia Chilena de la Lengua
DIBAM (Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos de Chile)
La Estrella de Valparaíso




P r o g r a m a



Lunes, 18 de junio

Aula Magna de la Escuela de Derecho

(Universidad de Valparaíso)

18,30 Acto de Apertura. Presentación del Congreso. Intervención del Rector de la Universidad de Valparaíso.
19 Intermedio musical a cargo del Grupo de Música de la Universidad de Valparaíso.
19,30 Conferencia inaugural: Ignacio Arellano (Universidad de Navarra, ESPAÑA), «Aventureros del Siglo de Oro».



Martes, 19 de junio
Aula Magna de la Escuela de Derecho

(Universidad de Valparaíso)

10-11,30 Ponencias. Modera: Lygia Rodrigues Vianna Peres
Andrés Cáceres Milnes (Universidad de Playa Ancha / Universidad de Valparaíso, CHILE), «La trilogía de Pizarro en Tirso de Molina: la formación del héroe indiano (nacimiento, hazañas y lealtades)».
Carlos Mata Induráin (Universidad de Navarra, ESPAÑA) «Rebeldes y aventureros en Los españoles en Chile, de Francisco González de Bustos».
Andrés Morales (Universidad de Chile, CHILE), «Visión de Hernán Cortés como personaje histórico y protagonista literario de la Hernandiada, del novohispano Francisco Ruiz de León».

11,30-12 Coloquio

12-12,15 Descanso

12,15-13,15 Ponencias. Modera: Gonzalo Santonja
Nicasio Salvador (Universidad Complutense, ESPAÑA), «Colón, genovés».
Rodolfo Urbina (Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, CHILE), «Desertores y cautivos en las fronteras: una mirada al mestizaje cultural inverso».

13,15-13,45 Coloquio

16,30 Traslado a la Casa-Mirador de Lukas (Fundación Renzo Pecchenino-Lukas)

17-18 Ponencias. Modera: José Promis
Gonzalo Santonja (Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua / Universidad Complutense, ESPAÑA), «Final y principio: Pablo de la Fuente en 1939, de Madrid a Chile».
Eduardo Thomas (Universidad de Chile, CHILE), «Un episodio en la vida del pintor viajero, de César Aira: el artista rebelde».

18-18,30 Coloquio

18,30-18,45 Descanso

18,45-19,45 Ponencias. Modera: Andrés Cáceres Milnes
Lygia Rodrigues Vianna Peres (Universidade Federal Fluminense, BRASIL), «Maluco: espacio y teatralidad de rebeldes y aventureros».
Haydée Ahumada (Universidad de Chile / Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, CHILE), «Lautaro, el sueño mestizo en Ay, mama Inés de Jorge Guzmán».

19,45-20,15 Coloquio

20,15 Visita a la Casa-Mirador de Lukas



Miércoles, 20 de junio
Intendencia Regional de Valparaíso


10-11,30 Ponencias. Modera: Hugo R. Cortés
Antonio Lorente Medina (UNED-Universidad Nacional de Educación a Distancia, ESPAÑA), «Luces y sombras de Alonso Ramírez».
José Promis (Universidad de Arizona, ESTADOS UNIDOS), «La formación de la figura de Caupolicán en los primeros cronistas del reino de Chile».
Miguel Donoso (Pontificia Universidad Católica de Chile, CHILE), «De locos, intrépidos y valientes en la crónica de Góngora Marmolejo».

11,30-12 Coloquio

12 Visita al periódico El Mercurio, Decano de la prensa chilena.

16 Excursión: «Ruta de los Poetas».



Jueves, 21 de junio
Aula Magna de la Escuela de Derecho
(Universidad de Valparaíso)


10-11 Ponencias. Modera: Antonio Lorente
Alfredo Matus (Universidad de Chile / Academia Chilena de la Lengua, CHILE). «“… qué desgrasias, qué de llantos, qué de muertes”: a propósito de un pasquín que circuló en Caracas en 1790».
Mariela Insúa (Universidad de Navarra, ESPAÑA), «Aventura y rebeldía en El Periquillo Sarniento de Fernández de Lizardi».

11-11,30 Coloquio

11,30-12 Descanso

12-13 Ponencias. Modera: Nicasio Salvador
Julián Díez Torres (Universidad de Navarra, ESPAÑA), «Elementos polifónicos en El Marañón de Diego de Aguilar y Córdoba».
Guillermo Gotschlich (Universidad de Chile, CHILE), «La visión de Lope de Aguirre desde la perspectiva de Miguel Otero Silva».

13-13,30 Coloquio

18,30 Conferencia final: Eduardo Godoy (Universidad de Chile / Academia Chilena de la Lengua, CHILE), «Violencia y ternura en La aventura equinoccial de Lope de Aguirre, de Ramón J. Sender».
19,15 Conclusiones. Acto de Clausura. Intervención del Intendente

sábado, 26 de mayo de 2007

POEMAS DE SIBILA ENAMORADA (inéditos del libro Los Cantos de la Sibila de Andrés Morales)


Sólo a ti



I


Sólo bastaría tu mano entre mis cejas,
la yema de tus dedos,
el aire de tu cuerpo.
Sólo alguna gota de sangre tuya,
enhiesta
y fértil como el sol,
aguda en una noche
para morir en paz
oyendo su coraje,
su vuelo, su ventura,
su pálpito extenuado.

Sólo un gesto ciego
o mudo de tus ojos.

Sólo ese silencio de cielo sin albor.




II


Una nube pasa
entre los dos
y pasa
en el lugar más triste
y lejano de la tierra.

Cae una tormenta de pájaros
o truenos
y no es aquí o allá
o en el espejo ciego.

Nada nos invade
en nuestro amor de plata.

Nada en este mundo
ni en otros verdaderos.

Una nube pasa
inquieta por su sombra
fugaz, anochecida,
lluviosa entre los dos.




III


El eco de tu voz.
El eco de tu voz.
La huella ya lejana
de tus palabras muertas.

El aire de los días
y el humo de las horas:

Nada es suficiente en esta inquieta paz.




IV


Muerdo tu mirada
y el sol que te destella,
muerdo el ágil beso
del viento y de este mar.

Bebo de tu sombra,
en tu silueta crezco
y entero me desierto,
me agrieto, me desangro
por una sola voz,
por una sola voz,
celosamente hundida,
por siempre prisionera
en este calabozo
ahogado en mí pesar.




V


Sueño y hasta canto
y hablo y no despierto.

Sueño en una noche
de viento adormecido.

Oigo aquellos pasos
entre las tres y el alba.

(Eres la presencia,
el don de la alegría).

Sueño en esa voz.

En ese mar cabalgo.

EL CIELO QUE ME ESCRIBE de Miguel Ángel Zapata. Crítica de Cristián Gómez


EL CIELO QUE ME ESCRIBE,

de Miguel Ángel Zapata

(Ediciones El Tucán de Virginia, México, D.F., 2002)


Diario de la vida leve: así se refiere el hablante de este libro a los poemas que constituyen este volumen. Dato importante puesto que nos da una imagen elocuente de los anhelos y perspectivas que aquí vamos a presencia y/o leer. La fauna de pájaros, iguanas, perros y otros animales humanos y no humanos que pueblan las páginas de este último libro de Miguel Ángel Zapata (Perú) es el soporte para mezclar ficción y realidad, historia y verdad conjugadas en estos personajes con los cuales el hablante de este libro (otro y el mismo durante todo el conjunto) se enmascara y se disfraza como una forma de dispersar ese punto de vista que de otra manera resultaría monótono, objetivo y de afanes realistas. La historia, que parece pesar como una inevitable condena sobre ciertos sectores de la poesía peruana, incapaces de integrarla como un dato más del poema para en su lugar transformarla en el eje sobre el cual gira todo su escribir, la historia –decíamos– casi no ocupa lugar alguno dentro de la obra de Zapata. Recuento personal, diario privado de un sujeto que sin embargo es capaz de avizorar las amenazas del presente, El cielo que me escribe también cuenta entre sus peculiaridades con un sistema expresivo que ha hecho del mal llamado poema en prosa su arma principal. Y mal llamado puesto que se subentiende de esa etiqueta que su contraparte sería el “poema en verso”. Pero no sólo el siglo XX se ha encargado de enterrar estas distinciones espúreas por sí mismas, también habría que señalar que la misma práctica de este tipo de escritura hace inoficiosa estas clasificaciones. De qué otra manera interpretar el salto desde una realidad aparentemente familiar y cotidiana como la que describen muchos de los poemas de este libro (“Mujer fragante, “Los muslos sobre la grama”, “La iguana de Casandra”), hacia otra donde fantasía y verdad ya no se presentan como polos opuestos, sino como dos factores que siendo diferentes no alteran finalmente el producto.
Este borrar de fronteras entre uno y otro territorio en apariencia opuesto, le permite a Zapata construir el poema como una larga disquisición que sólo en una primera lectura se presenta sin rumbo. A medida que se avanza, el aire de extrañeza se pierde para darle paso a una familiaridad donde la intervención de lo cotidiano resulta verosímil, e incluso, esperable: la inversión de los términos terminará por hacerle parecer a la voz de estos poemas (así como también al lector) que las tumbas que pueblan un cementerio –metonimia de la muerte, si es que esta no se alude explícitamente– no son tema de luto ni de llanto, sino que gracias a los muslos de una joven, avizorados por el hablante como un contrapunto del camposanto, pueden ser el lugar indicado para una reflexión que permite hacer un balance sosegado de toda(s) la(s) (posible(s)) experiencia(s). Hago aquí mención del que tal vez sea el poema más emblemático del conjunto, “Los muslos sobre la grama”, donde el ejercicio del contrapunto es llevado hasta su máxima expresión. La vitalidad de la joven trotando se contrasta con el panorama del cementerio, pero no resulta de ello una especie de amargura fatalista sobre el destino humano o su ineluctable finitud. Por el contrario, la reflexión a la que arriba el hablante es que la celebración de la vida es más válida que la sumisión luctuosa de ésta. Tanto así, que el motivo mismo de la escritura es la contemplación del trote de la muchacha, de igual manera que en otro poema lo fue la contemplación de una mujer saliendo de la ducha. Se entiende entonces la definición del libro como un diario de la vida leve, o si se quiere, jubilosa: el asombro y un reposado jolgorio son los que marcan el temple de este libro.
No sé si las anteriores sean razones suficientes para leer un libro, o para leer este libro. Sí lo son, en cualquier caso, para reflexionar brevemente sobre dos aspectos de la obra de Zapata que llaman poderosamente la atención. El primero es la tendencia de Zapata a publicar un mismo libro que es cada vez diferente. Aunque El cielo que me escribe comparte muchos de sus textos con otros libros anteriores de Zapata, Lumbre de la letra, sin ir más lejos, al leer nuevamente estos poemas no pierden su vigor ni su lozanía. Por el contrario, este ultimo libro de Miguel Ángel Zapata pareciera descubrir un sinfín de nuevas posibilidades para esta poesía. El dialogo de los nuevos poemas con los antiguos, y el nuevo ordenamiento en que estos se distribuyen en el libro, ofrecen una lectura que recuerda las anteriores, pero que no se agota en ellas. La pasividad de este hablante que es escrito por el cielo ¿pero qué clase de cielo?, su actitud contemplativa ante el mundo, su laissez faire sutilmente hinostroziano, son marcas de una poética que no pretende ni explicar ni cambiar el mundo, apenas si compartir la experiencia que de él, por un instante, se tiene.
No es un punto menor a considerar el que se insinúa en el párrafo anterior. Este “budismo” del hablante prescinde de cualquier tipo de responsabilidades o “deberes”. La sacralización de la realidad, (“manifestaciones no convencionales de lo sagrado”, las llama no sin lucidez Oscar Hahn en el texto de su presentación del libro) a la que asistimos en estos poemas, la logra el autor a través de la extática contemplación ya sea de un cuervo (anacoreta o que ejecute obras de Ravel), ya sea de la escultura de las piernas de las doncellas (y no es gratuito que la palabra no sea simplemente “mujeres”, sino el cortesano y tal vez arcaico “doncellas”), vistas al pasar en un centro comercial. Por otro lado, y tal como lo señalara el poeta mexicano Víctor Manuel Mendiola, Zapata “ha sabido saltar por encima de la retórica del lenguaje y del neobarroco y ha tomado distancia, aprovechándose de lo más nutritivo, del surrealismo sin ton y son que han practicado, con o sin conciencia, muchos poetas hispanoamericanos”. Ajeno, efectivamente, a los repliegues efectistas del lenguaje sobre el lenguaje –y la experiencia agotadora que ello a veces implica–, el tono de Zapata se deja sentir prístino aun cuando la desrealización de lo cotidiano sea llevada hasta sus límites.
Otro acierto de la lectura de Mendiola se produce en el polo opuesto. Zapata, de acuerdo al mexicano, “ha hecho a un lado los desplantes empiristas de la poesía de la experiencia (descascaramientos de la poesía beat, de la antipoesía o de cualquier otra clase de entrega del habla o del coloquio) y nos ha entregado una poesía sofisticada pero viva, rigurosa pero también verdadera”. Todo lo anterior nos hace pensar en el lugar que ocupa la obra de Zapata en el contexto de la literatura latinoamericana. No sólo por su adscripción a ese grupo de poetas que ha cultivado el poema en prosa desde hace ya largo tiempo –aquí los nombres de Ramos Sucre, Octavio Paz, Mutis, Pizarnik y, entre los más jóvenes de los nuestros, Marcelo Pellegrini–, sino también por la ausencia de lo que usualmente se entiende como discurso latinoamericanista. Entiéndase bien. Zapata es un poeta peruano afincado desde hace años en Norteamérica. La suya, sin embargo, no es una poesía que gire en torno a temas como el voluntario exilio o la manida identidad latinoamericana. No siente la necesidad de hacerlo. Sí se hace presente la nostalgia, sí hay poemas en torno al Perú natal del autor, pero no hay una sociología ni un afán historicista en esta acometida.
Lumbre de la letra (Lima, 1997) uno de los libros anteriores del autor, entre los que también se cuentan Partida y ausencia (Madrid, Playor, 1984), Imágenes los juegos (Lima, Instituto Nacional de Cultura, 1987) y Mi cuervo anacoreta (Santiago de Chile, Red Internacional del Libro, 1995), se abría entre otras con dos citas, de Martín Adán y Theodore Roethke respectivamente. El cielo que me escribe, con una de Rilke que reza sobre la necesidad de conocer el mundo, de poner en relación escritura y vida como parte vital del proyecto poético. Pero en las citas del libro anteriormente mencionado se puede encontrar el total de la empresa literaria de Zapata. El orgasmo visual de las piernas sobre la grama se condice con ese cuerpo que se mueve, aunque lentamente, hacia el deseo, en la hermosa cita de Roethke: “What does what is should do needs nothing more. The body moves, though slowly, toward desire. We come to something without knowing why". Tal vez esto explique, entonces, la poderosa sugerencia hacia el silencio que proviene de la cita de Martín Adán (“Yo no sé de poesía,/ Sino escribir callando, todo lo que me escribo/ Como si fuera real todo lo que querría"), esa tendencia al enmudecimiento de la que hablara Paul Celan, quien dicho sea de paso aparece mencionado en el último poema del libro, “La cama”, como una especie de corolario que no atenúa ni morigera la vitalidad del conjunto, pero que sí resulta como un llamado de alerta, una especie de permanente insomnio ante el entorno que rodea al poeta:
"él sabe silbar y no me habla por algún motivo que desconozco. Es prestidigitador del silencio, y sabe estar callado como la poesía"

jueves, 17 de mayo de 2007

LA TRADICIÓN DEL POEMA EN PROSA EN LA POESÍA DE MIGUEL ÁNGEL ZAPATA por Andrés Morales


Hablar del poema en prosa en lengua castellana es adentrarse en una vasta y profunda y tradición que si bien no es practicada por autores de todas las diversas literaturas de Hispanoamérica[1], posee un peso indiscutible en España, México y Perú. Al mismo tiempo, definir con exactitud lo que es o debe ser un poema en prosa complica aún más el panorama pues comúnmente se confunde con la llamada “prosa poética”. Atendiendo a la definición de la profesora española Ana María Platas Tasende, esta forma poética debe entenderse como “(un texto donde) se mezclan ritmos diversos, que han de estar muy cuidados, lo mismo que la entonación, y en general, el discurso entero, siempre en peligro de caer en el prosaísmo (…)”[2]. Es fundamental agregar entonces que, aunque escrito en prosa, este tipo de texto habrá de mantener y desarrollar la mayoría de las figuras y tópicos que cualquier poema escrito en verso habría de poseer. Aunque esto puede resultar evidente para un lector avezado, los poetas, la crítica y la academia aún no resuelven en propiedad este pequeño impasse que ha producido tantas páginas y ha despertado un gran número de polémicas.
Desde la perspectiva de un lector que practica también la escritura poética, me parece un tanto estéril continuar con este tipo de desencuentros en torno a una definición tan particular o concreta y a las indispensables propiedades que debe poseer un poema en prosa y que algunos quisieran acotar con una clara inspiración canónica o inquisitorial. Si bien el poema en prosa, como señalé antes, primero que nada ha de ser poesía (y con todo lo complejo que esto significa para cualquiera que quiera acometerla), allí radica esencialmente su definición: ser poesía, nada más y nada menos… Algo que posee la libertad, la audacia, la tradición y el deslumbramiento del propio género y que ningún erudito podrá acotar ni menos restringir. En el caso del poeta peruano Miguel Ángel Zapata las normas de la poesía se despliegan con absoluta e indiscutible claridad. El mismo autor hace referencia a su condición de “poeta en prosa” y así se define:

“El poema en prosa es un desierto lleno de dunas: el signo aparece bajo el cielo caliente y a veces te frota ligeramente el corazón. La planicie de la escritura se torna más amplia: tu pensamiento puede volar como las aves o como los cohetes, libre como dos hermosas piernas de mujer en la ciudad. No hay medida ni metro que te pare.
El mundo está lleno de señales, reglas y medidas. Estamos en contra de todas esas reglas inútiles, de todo encierro y control. El poema en prosa derriba muros enormes y abre todas las ventanas de la poesía. Nosotros nos hallamos más allá de los reinos y sus reyes, más allá de la opresión y el destierro: remamos alegremente contra la corriente.”[3]

De esta forma, sus poemas en prosa[4] son, antes que cualquier definición, poemas “que reman contra la corriente” de forma libre y sin mayores reglas y, más que eso, rescatando esta forma de poetizar que, insisto, para muchos resulta novedosa, pero que en estricto honor a la verdad ha sido desarrollada ampliamente por voces importantísimas de otras tradiciones literarias (inglesa, francesa, alemana, etc.) y, también en la tradición poética de la literatura española. En este sentido, siendo Zapata un escritor profundamente nuevo, con una voz propia, marcadamente hispanoamericano y, por supuesto, peruano, su voz se inscribe, pienso, como un sucesor de la gran poesía en prosa escrita en España (o más bien en el exilio español) por Juan Ramón Jiménez y Luis Cernuda. Más que con un especial “sabor peninsular” o con los recursos estilísticos propios que exhiben ambos autores, Zapata desarrolla desde su punto de vista (y desde un “exilio” sino político, al menos profesional, ya que vive y trabaja en los Estados Unidos) una escritura del poema en prosa que apunta a dos textos claves de este género. Me refiero a Espacio de Juan Ramón y a Ocnos de Cernuda.
En los poemas citados, ambos autores desarrollan ciertas particularidades que Zapata ha sabido incorporar y ampliar en su obra. Desde esta perspectiva, el poema en prosa, en general, se plantea como un espacio donde no existe una sobreabundancia de imágenes, pero donde si aparece la reflexión filosófica como un elemento esencial. Sobre todo en Espacio, Jiménez revisa con ojo crítico el paso del hombre sobre la tierra, no desde una perspectiva histórica, sino desde su relación con la naturaleza, su propio ser y sus acciones. Critica el desapego a sus orígenes, a la propia condición de ser natural, el olvido del afecto y del amor como instrumentos fundamentales para la convivencia y para la paz. Desde luego estas meditaciones son ejercidas por un hablante poderoso que, en el caso de Zapata, a veces puede revestirse de una calidad omnisciente y totalizadora, pero que en el caso del peruano se mediatiza por la experiencia personal, por la “propia historia” haciendo de esa mirada reflexiva no una exhibición de una teoría filosófica concreta, sino una consideración atenuada que permite la entrada del recuerdo como arma para el desarrollo de la idea. Véase, por ejemplo, este fragmento del poema “Un perro negro en Vallarta”:


“(…) No te diré cuánto he caminado ni cuánta arena tragué este verano. Tal vez tampoco tú me quieras decir nada del arte de la soledad o del bronceado desnivelado de tu cuerpo, pero te conozco bien, y sé a qué vienes a caminar por estas playas donde hay tanta gente que no puedo distinguir a nadie. Me he convertido en una estatua de sal pero he sentido momentos increíbles de verdadera felicidad (…)”.[5]


Es justamente en esta particularidad donde la escritura del autor peruano se une a la de Luis Cernuda. En Ocnos, el poeta español rememora su infancia, descubre su mundo actual desde la perspectiva de su propio pasado (recurso que Octavio Paz ha señalado como característica de uno de sus libros esenciales, La realidad y el deseo). En la obra de Zapata, no es precisamente el mundo de su infancia el que aparece como herramienta para la mirada meditativa, aunque sí la infancia de sus hijos, asunto que hace propio con naturalísima continuidad como en el hermoso poema “Un pino me habla de la lluvia”:

“La bicicleta de mi hijo rueda con el universo. Es sábado y paseamos por la calle llena de pinos y enebros delgados que se despliegan por toda la ciudad.
El sol cae en nuestros ojos por la cuesta mientras volamos con el aire seco del desierto y los piñones ruedan por las calles con el viento. El sol baja a las seis de la tarde en el invierno, y se va escondiendo por los cerros que se enrojecen con su sombra (…).”[6]

El recuerdo se presenta como un pasado no pretérito sino reciente, a veces mezclándose con el presente. La mirada no se remonta a los años lejanos, sino a experiencias medianamente recientes o, incluso, a situaciones del inmediato ayer (con la excepción de algunos pocos poemas como “Ventanas”, por ejemplo) en donde el tiempo es siempre, o casi siempre, un asunto primordial –en este sentido, vallejiano- y de una cercanía notable:

“La lluvia cae en el lago. Ha llovido toda la mañana. Mis hijas dan de comer a los patos que se reúnen en la orilla a la hora del almuerzo. Los cuervos vigilantes acampan al costado de la casa de Stevenson, el viejo vecino que fumaba e incendiaba cabañas, pero que dejó algunas maravillas bajo este vasto y estrellado cielo. Los cuervos esperan la hora del retiro, la oración que calme su casa consternada.”[7]

(“Saranac Lake”)


Otro asunto que lo “emparenta” con Jiménez y Cernuda y que, por cierto, es un rasgo propio de un autor moderno y contemporáneo es la constante alusión a textos, autores, obras y referencias literarias. Sin caer en la pedantería académica ni en la exhibición gratuita, Miguel Ángel Zapata se inscribe de una manera sutil pero a la vez muy clara en el entramado de la literatura de su patria, de Hispanoamérica y, también, de la lengua inglesa y de las literaturas europeas. Así, César Vallejo, Jorge Luis Borges, Juan Gelman, Fernando Pessoa, Francis Ponge, Theodore Roethke (autor traducido por Zapata) y otros se insertan cuidadosamente, sin estridencias, en las precisiones y percepciones que el poeta entrega a su lector estableciendo un nexo que hace cómplice a éste y lo une a las lecturas del autor. Si bien, ésta no es una característica novedosa en la poesía moderna, Zapata marca una diferencia muy clara con otras formas de escritura que exageran en su barroquismo la cita y el peso de la tradición o que, simple y llanamente, obvian cualquier ligazón con ella cayendo en la aparente originalidad y en ese excesivo y, a estas horas, absurdo coloquialismo que tanto bien le hizo y tanto daño le hace a la poesía hispanoamericana.
Precisando este tema, me parece que la obra de Zapata y preferentemente su poesía en prosa, aunque en general toda su producción, posee una virtud que varios críticos han reseñado ya[8] y a los cuales me uno: la simple claridad de su palabra, su fraseo musical y armónico[9], la transparencia de un verbo que no ambiciona la altisonancia, sino el ritmo secreto de una poesía honda, que cala verdaderamente y, en este sentido, que se entrega generosamente a su lector, sin que éste tenga que enfrentarse o debatirse en el desconcierto de enmarañadas entelequias o en las boberías más que evidentes que habitan, profitan y sobreabundan en la poesía hispanoamericana.


Santiago de Chile, abril de 2007




[1] Pienso, por ejemplo, en el caso de Chile, donde este tipo de poesía ha sido poco frecuentada, con notables excepciones, desde los comienzos del siglo veinte hasta las generaciones más actuales.
[2] Platas Tasende, Ana María. Diccionario de términos literarios. Editorial Espasa Calpe. Madrid, 2000, p. 641
[3] Zapata, Miguel Ángel, Poeta en prosa, texto enviado al autor de este texto.
[4] En este breve trabajo me referiré a los últimos textos del autor escritos entre el año 2001 y 2006 en la ciudad de Nueva York y que ha reunido y publicado este año en Lima bajo el título Un pino me habla de la lluvia.
[5] Zapata, Miguel Ángel. Un pino me habla de la lluvia. Ediciones El Nocedal S. A. C. Lima, 2007.
[6] Zapata, Miguel Ángel. Op. Cit., p. 15.
[7] Zapata, Miguel Ángel. Op. Cit., p. 22.
[8] Me refiero a Oscar Hahn, Miguel Gómes, Víctor Manuel Mendiola, Daniel Freidemberg, Cristián Gómez, etc.
[9] Siendo muy importantes también las alusiones a compositores o piezas musicales, en especial a Corelli, por ejemplo, que aparece en Un pino me habla de la lluvia o, incluso, desde los comienzos de su obra poética en títulos como Poemas para violín y orquesta (Premiá Editora, México, 1991).

lunes, 30 de abril de 2007

GRAN LECTURA DE POESÍA PERUANA EN LA SALA DOMEYKO DE LA CASA CENTRAL DE LA UNIVERSIDAD DE CHILE

Bienvenida y presentación de los poetas peruanos asistentes al IV CONGRESO INTERNACIONAL DE PERUANISTAS EXTRANJEROS, jueves 26 de abril de 2007.

Vista del público en el Salón Ignacio Domeyko en la Casa Central de la Universidad de Chile.
Los poetas y narradores Paolo de Lima, José Antonio Mazzotti, Paulina Wendt, Raúl Zurita, Raúl Bueno, José Luís Falconí y Cristián Gómez en el Salón Domeyko.
Paolo de Lima







José Antonio Mazzotti y José Luís Falconí















Raúl Bueno y Miguel Ángel Zapata




Roger Santiváñez










Marco Martos
El día jueves 26 de abril, y en el marco del IV Congreso Internacional de Peruanistas en el Extranjero, se realizó (con el patrocinio del Departamento de Literatura de la Facultad de Filosofía y Humanidades de nuestra universidad y la Corporación de Graduados de la Universidad de Chile) una importante Lectura de poesía peruana actual.

Los poetas Marco Martos, Raúl Bueno, Miguel Ángel Zapata, Roger Santiváñez, José Antonio Mazzotti (organizador del Congreso), Paolo de Lima y José Luís Falconí leyeron obras inéditas y una selección de sus poemas más importantes dedicando esta sesión a la memoria del poeta peruano José Watanabe (1943-2007) fallecido recientemente en el Perú.

martes, 10 de abril de 2007

POEMAS de Eugenio Dávalos Pomareda


EMILY DICKINSON


La turbia marea de los años

me llevó sobre los sargazos

adentro de una tormenta:

era la única entre los pliegues

erizando avenidas frutales:

La soledad me dio un aire irreal/

fumar relajado oler lo suntuoso

desgajar la sonoridad de las cosas


Puede que en estas piedras encuentren

mi cintura tatuada o mi ojo perverso


En esta silla que inundé de gemidos

nada simpático para las hienas

ni amores óptimos mendigos de fotonovelas


O estrellas chillonas de putas

en sus felpas orgullosamente manchadas

o sortijas anillando tesoros de Blake


O quien viera a Marlene Dietrich en su cinta

la pasmosa huecura de su vientre


Por los matorrales al fin aprecié mi rostro:

cada helecho era uno distinto

Agradaba ir descalza liviana ribereando el río:

La brisa galopando en esos arbustos

inacabables gotillas husmeando los pubis


De golpe arrojarse sobre la felicidad

y como Woyzeck asesinarla sucesivamente

luego oler el cuchillo lanzándolo a la

Diosa del Lago -Excálibur- guiñándome

seductora para siempre sus profundidades


Una niña de "dulce piel" abrió mis piernas

Como una burbuja unió su pelvis

a la mía vieja catedral de aguas antediluvianas:

el cosquilleo de sus guedejas inoculó

aquello que la palabra desintegra


En estas fotografías tiradas en la cama

los cabellos y las uñas crecen: esa

fue la manera encerrada en esta casona

que cogí lo que siempre hube negado:

Un sabor sobrecogedor que si transmitiera

hoy reirían de mí como lo hicieron, Rimbaud


RIMBAUD


Aunque lo dije todo

y todo lo hice

en el infierno del Dante

ardo en mi furia

inagotable

y ante Dios paso

como un mocoso precoz

capaz de arrebatarle

un día

su aseidad añeja


GEORG TRAKL


Sobre los alambrados de las trincheras

canta el pájaro azul más hermoso

que el rostro de su hermana Georg

Trakl atraviesa el campo borracho

e inyectado en medio de las tripas

hirvientes de sus amigos


(de NATURALEZA MUERTA, 1992.)



ESCRITO SIN DEFINICIÓN


“No hay mundo ni nada que lo conciba.
Toda definición es una reducción a la nada.
Esto es ya una definición, por tanto,
Un reducto de la nada.
Toda definición carece de lo real;
Por ello es que toda definición
Es una invención del universo”.

1

El universo permanece insensible a tu piel que arde como un sol abandonado.
Tu piel es un universo que insensiblemente tatuamos con las maravillas de occidente.


2


Abjurar
No te ayuda
Yo desde el mismo inicio sé la huella de tu
Rostro.


3

Tu rumbo se asemeja al de un bailarín ciego.
Te lo ha dicho infinitas oportunidades,
No obstante
Un triste juego insulso ha sido siempre para ti.
Cuando te interpelo resuelves la intromisión con una leve negación muda.
Sonríes, almuerzas y llevas a tu progenie a ver las invariables
Piruetas de los animales.
De una cosa estamos seguros:
Tú no eres El Angel.


4

El universo es un caracol y es una medusa.
No te extrañes cuando hayamos acabado contigo.
No imagines
Lo contrario de lo dicho: Tú no mueres.
Si tocas la piel que te cobija sientes palpitar la nada.
El universo se reduce al silencio.

5

El silencio es por definición el universo.
Si te hemos inventado es por asemejarte a la nada.
La nada se resuelve en una sílaba que tú profieras.
Se estremece el silencio cuando tú lanzas con descuido un
‘alarido articulado de asombro’.

(de LA COPA DE NEPTUNO, 1990)



POEMAS DEL VACIO DE LA NOCHE


He vaciado en cada rincón
Un trozo de cuerpo
Como si nada valiese más que
El trozo de cuerpo
Depositado en el vacío.

I

Un trozo de cuerpo botado en el vacío
Cada noche de cerveza y bar
Como crecer adentro de la piedra
Y parir rastros de magia.

II

Magia del alquitrán purificado
Bajo la luz de la tarde.

III

Magia de los sueños ardidos
En un manto de fuego
Y constelaciones del ojo destrozado.

IV

Noche en que atesora la magia
Su cardumen de vómitos
Dentro de la cerveza al lado del tarot.

V

Fuego de la quimera del cuerpo
Que tiene magia de gusanos proliferando
En la cena de navidad.

VI

Hartazgo más aún y esa ternura
Que viene a sacar el peso del horror
Como desvanecerse entre las botellas de vino.

VII

Incoado vacío que arde bajo la piel
Y tiene máscaras para seducir a la locura.

VII

Abismo del beso en el labio contraído
Que abisma su líquido en la gruta del orgasmo.


VIII

Magia del beso contraído volando suavemente
Como la puerta en la plenitud de la eternidad.

IX

Cada boca es un sueño del abismo
Que la busca y la engaña dulcemente
En la dulzura del abismo erecto
Más allá de la palabra que grita
Y desemboca en la rutina del vértigo.

X

Vacío de la carne en la medusa
Expandiendo sus poros estallando
En los muros de la sangre.

XII

Cada ternura se abre tan carnalmente
Que el cabello impregna los aromas
En la ventana con un pecho líquido
Gritando ojos y manos y boca.

XII

Salta el vacío magia que vertebra
Los cuerpos anudándose en la serpiente
De los huesos rompiendo sus ojos
Sobre el asfalto.

XIII

Mientras mientras hierve en la carne
Mientras mientras hierve en la carne
Mientras mientras hierve en la carne
Mientras mientras hierve en la carne
Mientras mientras hierve en la carne
Mientras mientras hierve en la carne

XIV

Todo el deseo se subyuga al abismo

XV
Carne abierta del abismo
Sangre sangre sangre
Sangre blanca que chorrea las piernas

XVI
Abismo abierto y erecto en la boca del vacío


(de EL HOMBRE SIN MISTERIO, 2004)

martes, 13 de marzo de 2007

CARLOS GERMÁN BELLI EN CHILE: Lectura en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile

El poeta y académico Carlos Germán Belli.

Carlos Germán Belli en su lectura en la Sala de Conferencias de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile el día martes 13 de marzo de 2007. Lo acompaña el poeta y académico Andrés Morales, quien presentó su obra y su trayectoria en la poesía hispanoamericana.


Nacido en el año 1927, Carlos Germán Belli es uno de los más importantes poetas peruanos contemporáneos. Entre su abundante producción poética destacan nítidamente los libros Poemas (Lima, 1958), ¡Oh hada cibernética! (Lima, 1961), El pie sobre el cuello (Lima, 1964), En alabanza del bolo alimenticio (México, 1979), Canciones y otros poemas (México, 1979), El buen mudar (Madrid, 1986), Más que señora humana (Lima, 1987), En el restante tiempo terrenal (Madrid, 1987) y Salve Spes (Lima, 1999). Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2005.
Poeta, Profesor universitario y periodista. Estudió Letras en la Universidad de San Marcos en 1946. Doctor en Literatura por la misma Universidad. Posteriormente se desempeñó como empleado de la administración pública (amanuense en el Parlamento) puesto que mantuvo por largos años y al que alude en su obra poética.
Premio Nacional de Poesía en 1962 y Premio de Fomento a la Cultura en 1986. Obtuvo dos veces la beca de la Fundación Guggenheim (en 1969 y en 1987).




AMANUENSE



Ya descuajeringándome, ya hipando

hasta las cachas de cansado ya,

inmensos montes todo el día alzando

de acá para acullá de bofes voy,

fuera cien mil palmos con mi lengua,

cayéndome a pedazos tal mis padres,

aunque en verdad yo por mi seso raso,

y aun por lonjas y levas y mandones,

que a la zaga me van dejando estable

ya a más hasta el gollete no poder,

al pie de mis hijuelas avergonzado,

cual un pobre amanuense del Perú.


(De El pie sobre el cuello)

Sobre la obra del poeta ha dicho el novelista peruano Mario Vargas Llosa:
“Su poesía es difícil, melodramática, de un narcisismo negro, impregnada de extraño humor, cáustica y cultísima. Está hecha de inconcebibles aleaciones: la métrica del Siglo de Oro y la jerga callejera de Lima, la sinrazón y el lujo del surrealismo y la sordidez de la vida de la clase media de una sociedad del tercer mundo, la nostalgia y el sueño de un existencia pletórica que se hace trizas al estrellarse diariamente con el desmentido de la experiencia y que, tercamente, se rehace por obra del deseo y de la imaginación para despedazarse otra vez, al primer choque con el fatídico principio de realidad.”