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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."



José Saramago

lunes, 4 de octubre de 2010

A TREINTA AÑOS DE ESCRITURA. ANTOLOGÍA PERSONAL. DE "MEMORIA MUERTA"



(Memoria Muerta. LOM Editores. Santiago de Chile, 2003)





Regreso




Caída por un rayo en la cabeza del valiente,
la poesía vuelve en las gotas de la lluvia:
como el fuego, crepitando, como el fuego vuelve,
como el mar, como olas rotas
la poesía entorna sus ojos galopando;
la ceniza quieta rompe los contornos.


Agua que vendrá, ríos que se enturbian.


La poesía grita con ávido rencor.




(A Eduardo Espina)

 

Adiós en el café




Las palabras rompen la calma o esas nubes
que están cruzando ahora ( y no anteayer)
la sala.
Las palabras fracturadas de juramento estéril
y dos serenos huéspedes sin crujir
(al paso)
de húmeros vallejos repiqueteando lluvia.


Paradoja de universo caligráfico de Dios:
dos miradas vanas en un punto del espacio
mudas las vocales, el silabario mudo,
otra vez la rabia o el amor tendido
en las falanges huecas de dolor maduro
que abren su desgracia al germen y a la muerte.


Las palabras hieren la proporción feliz,
el aire desgarrado ya de los adioses
en fin sin transparencia de árboles o espejos
los ojos que refugian su soledad perfecta.






Visión del evangelista




La pluma esclava escribe de la mano sola
que hiere la demencia del albor desnudo
o perdida acaso en la marea espera
el humo acaecido del fuego ceniciento.


La sencillez del trazo rememorando entonces
en mueca del silencio irónico y seguro
de toda acción secreta en la ambición perdida,
voces que no llaman ni luces en la noche.


Barco naufragando con su cruel gemido,
cielo sin estrellas soñado en una cárcel,
pan que no da miga, ni miel, ni credo en celo.


La pluma esclava escribe su ritmo en una nube,
en aguas pasajeras del río que no cesa:


el odio de los cielos por un infierno en paz.




(A Juvenal Acosta)






El fantasma del soldado francés (1917)




Del humo a la ventana las huellas del difunto
que no descansa nunca al mundo encadenado:
agita las cortinas, bate algunas puertas,
despierta en el teclado la música del vals
del cielo parisino al aire de esta cárcel,
quejoso de sus sueños aún y persiguiendo
esa gota espesa sin culpa del asombro,
esa paz de guerra que acaba en armisticio.






La Habana




Un niño se pregunta por las piedras,
los arcos, las fachadas, este musgo
que vibra con un ritmo de nocturno
y crece con el trueno de la risa.


Un niño negro y blanco en el ocaso
juega en las columnas sin palacios,
salta en el jardín del sueño inquieto.


El puerto, la ciudad, el mar, el muro
desnudan la quietud de noche entera,
resbalan el sopor y los sudores.


La Habana cruza el tiempo en un abrazo,
en el beso que quizás nunca nos dimos.


La Habana es una brújula sin norte:


Una voz en cuello que me grita,
feroz guiño de un ángel que ahora baila.




(Sólo a Natalia)








Ciclo




El agua rompe al agua en esa piedra quieta.


El río sigue al río en su secreto paso.


El mar descubre al mar y en ese amanecer


un niño sueña océanos de noches y de lluvias.




(A Eliana Rabié)






Belleza




No la pérdida, jamás, el desamparo,
el quieto y seco aliento de la dicha:
ritmos que resbalan por esta madrugada
y peces que desnudan los mares y los ojos
de piedras (o gusanos) de noches que no acaban
en fiebre, fuego, hogueras,
en un incendio entero
donde poder quemar la música que hiere,
las caras de los muertos,
(aquel espejo roto de alguna pitonisa),
la extraña complacencia de cuerpos que se odian
y cuerpos que se atraen en el desliz y el beso.


No al desierto que regresa con huesos y con mártires,
con el secreto aliento de sedas que se rompen
y números perfectos de dioses consumidos:


La imaginación destruye toda conjunción
de las repeticiones, de sabios y de santos.


El velo de los días, aquel insomne grito,
la antigua empuñadura de pálidos guerreros,
el más perfecto cuerpo desnudo en el metal
de músculos y grietas, de piel y días muertos;
eso que nos llama, aquel que ha abandonado:


Un nudo ciego clama por los desfiladeros,
por valles y planetas de un cielo que no enseña
ni cálculos ni esferas,
ni bestias ni alacranes:


Tal vez la tierra entorna sus ojos destellados.


Tal vez la atroz belleza nos pierde y nos humilla.

 (A Mateo Goycolea)






1999




Metales en los ojos y manos que recorren
la piel de los parásitos anclados en la voz.


Siglo que retumba en el vacío solo.
Puerta que se cierra y nadie nunca abrió.
Sangre acompasada por las heridas secas.
Carne que delata el cruel adiós, adiós.


Ojos que no miran, brazos mutilados;
lengua entumecida, miedo que regresa.


Ciega adivinanza en las mañanas muertas
es todo lo que queda sin saber por qué.




(A Juan Carlos Villavicencio)






El poeta escribe dictado por su mal




Desciende el río turbio de las palabras dichas
al mar que nos confunde en su belleza y ritmo:
trae los secretos de las vocales huecas,
trae despedidas en consonantes yertas,
la voz, el gesto, el grito, la desesperación aullada,
la súplica, el desdén, la orden, el lamento,
trae los versículos de la escritura a ciegas,
trae las montañas de letra muerta y seca.


Rompe sus contornos, desborda por su llanto,
inunda hasta las piedras sabias e inmutables,
el río que no acaba, la sangre ya vacía,
el agua limpia lágrimas de engaños y de tiempo.


Baja el río solo, sin cesar, sin ruido:


Cae lentamente el arco de las voces.


Cae lentamente un silencio muerto.




(A León Guillermo Gutiérrez)








Chile




La envidia se desata en este circo pobre:


El domador aúlla y ruge y estornuda,
la equilibrista sueña con tierra firme siempre
y un payaso ordena el mundo entre sus dedos.


La patria se disfraza, cortés, civilizada
en una bendición de dones ya maduros
que enseñan gravemente la luz opaca y fría
del sol sin su destello, sin su calor sereno.


El circo se disfraza, la patria se desnuda,
la envidia nos despierta, nos mueve, nos consume.


La única verdad es la que nos desmiente:


El circo no termina, la mascarada crece,
el bufo, la corista, el fanfarrón, el santo,


todos en la pista cruel y provinciana.



(A Roberto Díaz Muñoz)




Mares del Sur




I


El agua es un espejo que devuelve
al ojo destemplado, al ojo puro,
un ritmo de tambores y de piedras
que gritan en el medio de la noche.


El sol como un reloj que ya no vibra
en un tic-tac hermosamente quieto
y un calor que azota pero quiere
abrir el cielo entero a la deriva
de quien se maravilla y no da tregua
al rápido galope de algún fuego
que llama para siempre y para nunca
volver a los demonios, a la fuga
de quien nunca partió, del que se queda
completamente yerto en el espejo,
completamente muerto en el terror.
De aquel que no navega ni aventura,
de aquel que no volvió y no ha salido:


El mar es ese cielo que no espera.


El cielo es ese mar que nunca cesa.




II


El ojo de ese buitre por la rama
es casi como un sol que no brillara
o el sórdido lamento de la madre
que grita sin sonido por su suerte.


Un aire de candor, un aire, un aire,
algo que nos cubra entrelazados.


Pero el águila o el cuervo, aquella bestia,
que nunca nos dejó, que vive siempre,
habrá de reunirnos en el fuego,
en ese espacio negro, solos siempre.




III


Amor es la palabra de los necios,
amor es el desfile de la pena,
amor que ya no está,
que se recuerda
y nunca o siempre o nunca nos cobija,
en esta aún brillante nube antigua,
en este corazón que espera paz.




IV


Un volcán de lava entumecida
en esa despedida de los dioses,
en esa quebrazón entre lo verde
y cruel llovizna seca que no espera.


La piedra de los años, la palabra
habrá de redimirnos en la huida
del ávido pesar, del mar que rompe
y nunca nos delata, nos protege
de un ciclón que anuncia su llegada,
de una miel amarga pero hermosa.




V


Pan o bendición o pan desecho,
leche de la piedra encadenada;
agua sin más sol o sal amarga,
roca que da luz en su negrura.


La paz del archipiélago nos dice:
el mar será la cuna y en la tierra
habrá de florecer la hiel o el cardo
y así la mar turquesa de la palma
reunirá los reinos, el perfume
de una flor que crece en la montaña,
de un adiós perfecto sin palabras.




VI


Al monte recortado por la mano
de un dios que no da tregua ni locura.
al monte del adiós, al verde monte
y al mar que envuelve al sol y hasta la luna.


Al agua de la madre y del regazo,
al pan del árbol quieto y destellado,
a todo lo que es y ha sido siempre,
al dios que habita playas y cenizas,
a todo lo que somos, al destino:


Allí se encuentra el ojo de quien vive,
allí el mar recoge el sueño eterno.

 (A Walter Jensen)


 

La carta del suicida




I





El horror del vacío. La nada que sobreviene nada. Oscuridad total de alguien que fue digno y ya no puede serlo. Belleza imposible y falta del amor. Soledad que deviene en un completo yermo. Palabras sin sentido y huellas de palabras que un día fueron buenas. Reflejo opaco de alguien que nunca podrá ser. Atormentado siempre, sí: el confuso, terrible, desgarrado... ese sí, ese siempre, mordiendo la sombra y rompiendo los sueños, destruyendo la arquitectura frágil de una existencia caótica y dispersa. Ese otro que se viste con mi ropa, que responde a mi nombre. Ese constructor de los vacíos, ese seductor que nunca llora. Aquel que dicta el silencio más enfermo, más hondo, terrible, más absurdo.





II





Un fantasma se adueña del pasado. Existe una presencia, un hálito, una muerte acechando en los rincones de los gestos, de cada movimiento. Un fantasma de piedra, barro o mármol. Un fantasma que quiere hacer de mi otro fantasma.





III





Grietas en los ojos y en la piel. En memoria y en la acción, de quietud y movimiento. Grietas que derrumbarán mi templo, mi casa, mi nostalgia, que habrán de destruir mi libertad.





IV





Un cuerpo para de una vez saciarse. Un estallido en un cuerpo, un derrame, una lucha. Todo en una noche y en ninguna: en todas y en ninguna. Un cuerpo, un cuerpo, un cuerpo: un vacío más en la repetición de los espejos.





V





Poesía de la vida y vida en poesía. Otro engaño, otra ficción, desliz del intelecto que todo lo consume.





VI





¿Y dónde la alegría, la esperanza,
el prodigio de los días que sonríen?



¿Dónde está, dónde están, que se hicieron?



La serpiente zigzaguea en la sonrisa.





VII





Y no poder amar. No poder aunque un trueno me fulmine. No poder amar la sombra de tus pasos, la huella de tu cuerpo. Descarriarse en el dolor y en la desgracia; abrirse la cabeza y las entrañas; despoblarse de sí mismo en el intento.



Y no poder amar.





VIII





La triste vara que todo lo transforma. La vara con que mides el prodigio. La vara que se cruza y no es igual.

¿Cómo detener una tormenta?

¿Cómo destruir mi pensamiento?




IX





Un cuento, una fábula, una historia. Un relato de náufragos o muertos. Una larga relación de mil fracasos. Una carta, un mensaje, un par de líneas. Algo que me alivie o me enloquezca.





X





La copa que se llena de agonía. La sangre no coagula y no regresa. El río que se lleva los desiertos. El mar que arrastra soles, días, años. La copa que se rompe sin veneno.





XI





Un círculo, una línea, lo perfecto.

Nada de eso en mis palabras o en mi voz.





XII





El fantasma que regresa y quiere atarme; que me exige la presencia y me conmina. Infierno de amenazas y terrores, de ratas que devoran mi cabeza, de perros que me ladran y destrozan. La tortura de la piedra que se cae, del colgado que no muere ni agoniza, la tortura de mirar y no tocar, de clemencias que no llegan en la celda. Otra vez la pena más solemne. Otra vez la humillación y el abandono.





XIII





El mundo se despeña allá a lo lejos. Lo dicen adivinas y hechiceros. Oigo nuevas que son viejas y las mismas. Oigo el mundo en sus quejidos de columna, en sus máquinas de estiércol y tristeza, en sus muertos manotazos y en sus noches.

El mundo se derrumba a cada instante y se queda, permanece, no se hunde.


XIV

Mi voz está cansada, ya enmudece. Mi voz de insecto ronco en el verano. Mi voz pálida de vivo hacia la muerte.
¿Importan estos ruidos, las palabras? ¿Importa un cuerpo más en esta fosa?



XV



La desgracia de nacer es la más negra. La desgracia de vivir la más cruel.




XVI

La carta del difunto. La carta del suicida. Esas líneas que estremecen por sus letras, por el ritmo de una voz que no respira. Ese último poema del guerrero, esa extraña explicación que nada aclara.




XVII


La seca lengua que no besa ni es besada. Los labios que se cierran y los dientes. El ojo que no mira y no desea. Un espejo roto colgando de las manos, una copa muerta sin vino ni veneno.

CONFERENCIA Y CONVERSACIÓN DE Y CON ANDRÉS NEUMAN




Andrés Neuman nació en 1977 en Buenos Aires, ciudad donde pasó su infancia. Hijo de músicos emigrados, terminó de crecer en Granada, en cuya universidad fue profesor de literatura hispanoamericana. Actualmente es columnista en el suplemento cultural del diario Abc (España) y en la revista Ñ del diario Clarín (Argentina). Mediante una votación que convocó el Hay Festival, formó parte de la lista Bogotá-39 entre los más destacados nuevos autores nacidos en Latinoamérica. Más tarde fue seleccionado por la prestigiosa revista británica Granta entre Los mejores narradores jóvenes en español. A los 22 años publicó su primera novela, Bariloche (Anagrama, 1999, reeditada en bolsillo en 2008), que fue Finalista del Premio Herralde y elegida entre las 10 más destacadas del año por El Cultural de El Mundo. Sus siguientes novelas fueron La vida en las ventanas (Espasa, 2002) y la autoficción familiar Una vez Argentina (Anagrama, 2003, nuevamente Finalista del Premio Herralde). Su cuarta novela, El viajero del siglo (Alfaguara, 2009), obtuvo el Premio Alfaguara y se publicó en todos los países de habla hispana. Esta novela fue votada entre las 5 mejores del año en lengua española por los críticos de El País y El Mundo, y al año siguiente recibió el Premio de la Crítica que concede la Asociación Española de Críticos Literarios. Próximamente será publicada en Gran Bretaña, Francia, Italia, Brasil, Holanda, Polonia, Egipto, Portugal y Eslovenia. Es autor de los libros de cuentos El que espera (Anagrama, 2000), El último minuto (Espasa, 2001, reeditado por Páginas de Espuma, 2007) y Alumbramiento (Páginas de Espuma, 2006). Ha desarrollado una intensa labor de estudio y divulgación del relato breve. Sus libros de cuentos incluyen apéndices teóricos sobre el género, y fue el coordinador de Pequeñas Resistencias, antología en cuatro volúmenes del cuento actual escrito en español en todo el mundo (Páginas de Espuma, 2002-2005). También cabe destacar su prólogo a los Cuentos de amor de locura y de muerte, de Horacio Quiroga (Menoscuarto, 2004). Como poeta ha publicado los poemarios Métodos de la noche (Hiperión, 1998), El jugador de billar (Pre-Textos, 2000), El tobogán (Hiperión, 2002, Premio Hiperión), La canción del antílope (Pre-Textos, 2003) y Mística abajo (Acantilado, 2008), así como la colección de haikus Gotas negras (Plurabelle, 2003, reeditado por Berenice, 2007) y los Sonetos del extraño (Cuadernos del Vigía, 2007). Todos los poemarios anteriores, revisados y con dos libros inéditos, han sido reunidos en el volumen Década. Poesía 1997-2007 (Acantilado, 2008). Es también autor del libro de aforismos y microensayos El equilibrista (Acantilado, 2005), del libro de viajes por Latinoamérica Cómo viajar sin ver (Alfaguara, 2010) y de una traducción del Viaje de invierno, de Wilhelm Müller (Acantilado, 2003).

domingo, 3 de octubre de 2010

REENCUENTRO CON EL POETA JEAN-CLAUDE MARTIN EN PARÍS



La Lucarne des Ecrivains

(115 rue de l’Ourcq 75019 PARIS : lucarnedesecrivains.free.fr)

Samedi 9 octobre à 19h30


Rencontre avec Jean-Claude Martin
Autour de son livre « Tourner la page » (L’Escampette, 2009)



Auteur de nouvelles, pièces de théâtre et ouvrages de poésie, Jean-Claude Martin a trouvé son expression la plus aboutie dans le poème en prose. Depuis 1981, il a publié une quinzaine de livres, au Dé bleu principalement, mais aussi chez Solaire, Cheyne, Rougerie, Tarabuste... Ces petites pièces sur le temps qui passe et les minuscules éclats d'une vie d'homme, sont reconnaissables entre toutes par un ton qui mêle la gravité à l'humour. La femme est très présente tout au long de ces pages, sensuelle et souvent inaccessible...La femme des souvenirs lointains et celle d'aujourd'hui. »

Claude Rouquet (Directeur des éditions L’Escampette)



Jean-Claude Martin a obtenu les prix "Roger Kowalski-Ville de Lyon" 1986, le" Prix du livre en Poitou-Charentes" 1995 et le "Prix Louis Guillaume du poème en prose" 2001. Il est également président de la Maison de la Poésie de Poitiers. « Tourner la page » vient d’être traduit en arabe par Maram al-Masri.

FALLECE EL POETA SERGIO HERNÁNDEZ DE CHILLÁN



(Extraído de la publicación de “La Discusión de Chillán”; domingo, 3 de octubre de 2010)




Fue promovido por un grupo de chillanejos el año 2008 al Premio Nacional de Literatura. En sus poemas le escribió a la mosca, al canceroso, a Dios, e hizo una analogía con las plantas, “que nunca han sabido quienes son / y echan flores o espinas / o atrapan insectos / ellos están ahí simplemente / como yo en mi tierra”.
Es Sergio Enrique Hernández Romero, el famoso poeta, quien ayer falleció a las 20.15 horas en el hospital de Chillán, luego de haber permanecido en el recinto asistencial durante una semana, aquejado por una enfermedad que no pudo vencer, la diabetes, que a la postre le provocó una descompensación y su muerte. “Tuvo un compromiso respiratorio”, detallaron sus familiares más cercanos, lo que finalmente provocó el final, a los 79 años.
De acuerdo a datos entregados ayer al diario LA DISCUSIÓN de Chillán por familiares directos del literato, había tenido un repunte en su salud, sin embargo se descompensó ayer, y finalmente dejó Chillán, el barrio bohemio de la estación de trenes que conoció en su juventud y donde se inspiró para escribir sus obras, dejó las aulas de la UBB donde los alumnos conocieron su talento, dejó ese caminar lento y mirada profunda, dejó sus libros de Baudelaire, Rimbaud, Verlaine y Mallarmé, los poetas malditos, a los que tanto quiso emular cuando recién se iniciaba en el mundo de las letras. De hecho, tenía un cuadro con la imagen de Baudelaire en el living de su departamento en el "Edificio Claudio Arrau", cuando vivía en él.
Deja dos hermanos, Ángel y Marta, quienes junto a otros familiares ayer hicieron los trámites de rigor para llevarlo a la Parroquia San Vicente, donde sus restos serán velados hoy. La calle Arturo Prat se llenará de seguidores de Hernández, para despedir a un hombre sencillo, que siempre escondió su talento y que nunca se ufanó con lo mucho que había vivido y conocía.
Nació en 1931, estudió en la "Escuela México" y en el Liceo de Hombres, y se recibe de Profesor de Estado en Castellano en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. Luego realiza estudios de Postítulo en el Instituto de Cultura Hispánica y en la Universidad Central de Madrid. Además, fue Miembro correspondiente de la Academia Chilena de la Lengua, de la Sociedad Chilena de Estudios Literarios y socio activo de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH).
Su producción literaria se recoge entre otros muchos libros en Cantos de pan (1959), Registro (1965), Ultimas señales (1979) y Adivinanzas (1998). Además escribió una notable autobiografía en la serie publicada por Editorial Nascimento, ¿Quién es quién en las letras chilenas?.

sábado, 2 de octubre de 2010

MIGUEL HERNÁNDEZ: CIEN AÑOS Y UN RAYO QUE NO CESA



EN ESPAÑA

El día 30 de octubre de 2010 se cumple el primer centenario del nacimiento del poeta Miguel Hernández. Con tal motivo, la Junta Rectora del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert ha decidido organizar el III Congreso Internacional Miguel Hernández, previsto para los días del 26 al 30 de octubre de 2010, en las ciudades de Orihuela, Elche y Alicante. La Presidencia de Honor de este Congreso ha sido aceptada por el poeta y premio Miguel de Cervantes D. Antonio Gamoneda
En este nuevo encuentro internacional se pretende avanzar en el estudio sobre la actualización y vigencia de la obra hernandiana así como en su proyección internacional. Del mismo modo, se desea analizar la evolución de la crítica y la huella que ha dejado la producción de Miguel Hernández en la poesía española.
Para la preparación de este Congreso se ha constituido un Comité Ejecutivo presidido por el Director del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, D. Francisco Sánchez, del que forman parte representantes de los Ayuntamientos de Orihuela, Elche y Alicante, de las Universidades de Alicante y Miguel Hernández, así como representantes de la Fundación Cultural Miguel Hernández, la Asociación de Amigos del poeta y el Centro Hernandiano de Estudios e Investigación del Ayuntamiento de Elche.
Asimismo, se ha creado una Comisión Organizadora presidida por la profesora de la Universidad de Alicante y experta hernandiana Carmen Alemany, con la colaboración de varios miembros del Comité Ejecutivo.
Igualmente, se ha nombrado un Comité Científico integrado por diversos expertos hernandianos, tanto españoles como extranjeros, que tendrá como cometido garantizar la calidad académica y científica de las ponencias y comunicaciones presentadas.
El presente Congreso hernandiano va dirigido, especialmente, a todos los estudiosos de la vida y obra del poeta oriolano, así como a los interesados en profundizar en la vida y obra del autor de El rayo que no cesa, cuya vigencia sigue permanente a través del tiempo ya que, como el propio Miguel Hernández manifestó a Vicente Aleixandre, “El pueblo espera a los poetas con la oreja y el alma tendidas al pie de cada siglo”.
Este nuevo Congreso hernandiano cuenta con el precedente del I Congreso Internacional sobre Miguel Hernández que tuvo lugar en las ciudades de Alicante, Elche y Orihuela, bajo la Presidencia de Honor de D. Rafael Alberti, del 25 al 28 de marzo de 1992. Este I Congreso se celebró con motivo del L aniversario de la muerte de Miguel Hernández y las Actas fueron publicadas con el título Miguel Hernández, cincuenta años después por el Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, organizador de dicho Congreso. En el año 2003 se celebró, del 26 al 30 de octubre, organizado por la Fundación Cultural Miguel Hernández y la Asociación de Amigos del poeta, el II Congreso Internacional sobre Miguel Hernández en la Universidad Complutense de Madrid bajo la Presidencia del premio Nobel de Literatura D. José Saramago, publicándose, posteriormente, las Actas del mismo en el tomo Presente y futuro de Miguel Hernández, editado por la Fundación Cultural Miguel Hernández.



EN CHILE

En la Feria Internacional del Libro de Santiago de Chile, el sábado 13 de noviembre a las 12:30 horas, organizada por la Fundación Pablo Neruda, se realizará una Mesa Redonda sobre el poeta alicantino con la presencia de connotados especialistas y escritores españoles y chilenos entre los que destacan el profesor Jesucristo Riquelme y el poeta y académico Andrés Morales.



A Miguel Hernández, asesinado en los presidios franquistas

Pablo Neruda



Llegaste a mí directamente del Levante. Me traías,
pastor de cabras, tu inocencia arrugada,
la escolástica de viejas páginas, un olor
a Fray Luis, a azahares, al estiércol quemado,
sobre los montes, y en tu máscara
la aspereza cereal de la avena segada
y una miel que medía la tierra con tus ojos.
También el ruiseñor en tu boca traías.
Un ruiseñor manchado de naranjas, un hilo
de incorruptible canto, de fuerza deshojada.
Ay, muchacho, en la luz sobrevino la pólvora
y tú, con ruiseñor y con fusil, andando
bajo la luna y bajo el sol de la batalla.
Ya sabes, hijo mío, cuánto no pude hacer, ya sabes
que para mí, de toda la poesía, tú eras el fuego azul.
Hoy sobre la tierra pongo mi rostro y te escucho,
te escucho, sangre, música, panal agonizante.
No he visto deslumbradora raza como la tuya,
ni raíces tan duras, ni manos de soldado,
ni he visto nada vivo como tu corazón
quemándose en la púrpura de mi propia bandera.
Joven eterno, vives, comunero de antaño,
inundado por gérmenes de trigo y primavera,
arrugado y obscuro como el metal innato,
esperando el minuto que eleve tu armadura.
No estoy solo desde que has muerto. Estoy con los que te buscan.
Estoy con los que un día llegarán a vengarte.
Tú reconocerás mis pasos entre aquellos
que se despeñarán sobre el pecho de España
aplastando a Caín para que nos devuelva
los rostros enterrados.
Que sepan los que te mataron que pagarán con sangre.
Que sepan los que te dieron tormento que me verán.
Que sepan los malditos que hoy incluyen tu nombre
en sus libros, los Dámasos, los Gerardos, los hijos
de perra, silenciosos cómplices del verdugo,
que no será borrado tu martirio, y tu muerte
caerá sobre toda su luna de cobardes.
Y a los que te negaron en su laurel podrido,
en tierra americana el espacio que cubres
con tu fluvial corona de rayo desagrado,
déjame darles yo el desdeñoso olvido
porque a mí me quisieron mutilar con tu ausencia.
Miguel, lejos de la prisión de Osuna, lejos
de la crueldad, Mao Tse Tung dirige
tu poesía despedazada en el combate
hacia nuestra victoria.
Y Praga rumorosa
construyendo la dulce colmena que cantaste.
Hungría verde, limpia sus graneros
y baila junto al río que despertó del sueño.
Y de Varsovia sube la sirena desnuda
que edifica mostrando su cristalina espada.
Y más allá la tierra se agiganta,
la tierra
que visitó tu canto, y el acero
que defendió tu patria está seguro,
acrecentado sobre la firmeza
de Stalin y sus hijos.
Ya se acerca
la luz a tu morada.
Miguel de España, estrella
de tierras arrasadas, ¡no te olvido, hijo mío,
no te olvido, hijo mío!
Pero aprendí la vida
con tu muerte: mis ojos se velaron apenas,
y encontré en mí no el llanto
sino las armas
inexorables!
¡Espéralas! ¡Espérame!


México, diciembre 1949



viernes, 1 de octubre de 2010

A TREINTA AÑOS DE ESCRITURA. ANTOLOGÍA PERSONAL. "RÉQUIEM"



(Réquiem. Editorial Universitaria. Santiago de Chile, 2001)



I. INTROITUS - KIRIE




El descanso sea nuestro alguna vez:


Que sea el mar o el cielo la mortaja
y cubran los dolores, las miserias
los pasos del arcángel que destruye
la sombra del rencor, la mala suerte,
la angustia del no saber por qué
(y estar seguro)
de todas las desgracias reunidas
en esta travesía del desierto,
en estas piedras romas por el llanto.


Sea para todos la justicia,
la sabia luz del sol a mediodía,
la paz que nos promete la conciencia
aún después del odio desatado.


Las voces de los muertos lo reclaman,
las voces del corrupto,
del caído,
las voces del demente,
del hereje.


Sea para ellos y nosotros
alguna vez, un día, la esperanza.


Kyrie, eleison. Kyrie, eleison. Kyrie, eleison.






II. DIES IRAE




Al iris de la sombra de un ojo en la memoria,
al cóncavo y convexo espejo iluminado,
a la silueta exacta sorprendida en ascuas,
al número prohibido que guarda más secretos,
a los inmensos-graves-conflictos-pasajeros,
a las tormentas huecas de pasiones muertas,
al universo en grietas, abriéndose o cerrando
las puertas y cometas que ascienden al delirio,
a los perfectos pasos que aún resuenan sordos
y a los perdidos pasos de quien ya no regresa,
al agua, al fuego, al cielo terrible de Tus Iras,
a todas esas piedras que cubren a los muertos
y a los gusanos hartos de tan humana carne,
al sol que ya ni entibia las tardes recordadas,
al pérfido dolor de los insomnios diarios,
a la belleza turbia de lo que no es hermoso
y al río que devuelve sus peces en veneno,
a la saqueada aldea, a la ciudad en llamas,
a la justicia a solas, a la memoria inquieta,
a todo lo que cae del tórrido verano:



Un largo adiós sin música de orquestas en sordina.


Silencio entero, lleno de noches sin mañana.


(A Stella Díaz Varín)






III. TUBA MIRUM SPARGENS SONUM

 Tuba, mirum spargens sonum
per sepulcra regionum,
coget omnes ante thronum.


Mor stupebit et natura,
cum resurget creatura,
Judicanti responsura.




Como el barco que navega a un puerto imaginario
o una brisa de aguas que corre dando gritos
cuando las nubes piden sigilo y compostura
por los caminos vienen desnudas multitudes
quejándose sus huesos, tras el desierto, en luto
por dioses que se han ido y héroes que lloran
sin pudor ni gracia, sin dignidad ninguna.


Es el castigo entonces, la mano del destino,
una tragedia en medio de todas las tragedias:
borrasca de las guerras, del hambre, de la sangre,
mendrugos de algún pan quemado sin su dueño.


Que lloren y que salten, que hundan sus pisadas
en este estiércol blando de buenas intenciones:


Los náufragos se quedan anclados en la playa
como si el mundo fuera una fila inmensa
que espera su momento, su plazo, su agonía
y nada más importa, la lluvia o un cadalso,
el lápiz que desanda su línea y su elegancia
en el instante frío de una fiebre curva.


Como si el mundo fuera un cuerpo, una cabeza
y al mediodía justo cayera la guadaña.






IV. LIBER SCRIPTUS


Liber scriptus proferetur
in quo totum continetur
unde mundus judicetur




Ha quebrado el aire con su huella roma,
no desciende al valle ni le roza el viento,
pero el profeta habla del tiempo y el presente,
enseña paraísos, construye los infiernos
y una multitud repite sus palabras.


Lo escrito permanece oscuro en esta noche,
las claves se perdieron, los libros envejecen,
pero esa multitud ansiosa de lo fácil
marchita su conciencia tras una bofetada.


La ley de la esperanza engendra cementerios:
vendrán tiempos aciagos y guerras, despedidas.
Los animales gruñen inquietos por su presa.


Entonces una luz, el cielo, los arcángeles,
entonces los planetas, el coro de los astros,
entonces nuestra tierra, los muertos, el silencio…


Cualquier desastre ampara la reflexión del miedo.
Cualquier apocalípsis desata un mar de llanto.


El hosco recorrer de los milenios ríe:


Ningún profeta sabio, ningún anuncio claro.


Lo saben esas piedras que escriben el desierto.






V. QUID SUM MISER TUNC DICTURUS?




Mortaja de difunto, piedra rota,
pájaro desecho por las nubes,
resabio de las olas que no rompen,
verano sin calor y sin estrellas.


Ángel que ni fiero ni mortal,
ángel de clamor que ya no vela:


¿A qué le teme el cielo en las alturas?





VI. REX TREMENDAE




El Dios que nos inunda en la desgracia.
El Dios de espinas, llagas y sicilicios.
El Dios de la venganza en este ojo.
El Dios que permitió la muerte injusta.


El Dios inmenso, todo, omnipotente.
El Único, la Voz, el Trueno, el Odio.


El Dios que abrió la puerta del infierno:


El Dios que hizo al hombre y a este mundo.






VII. RECORDARE




El viento agita soles en los ojos
cubiertos por el polvo, en polvo quietos
y riega de inquietud, de ausencia o llanto
la interminable huella de la erosión primera
o ese vago ardor de las ideas,
o ese limpio océano de huesos que resbalan
en la conciencia sola, a oscuras de la luna.


Barre el viento calles del largo cementerio:
del buque a la deriva a la estación quemante,
de la revolución hasta el sometimiento,
de larvas y gusanos a líquenes e insectos.


Todo permanece: nada permanece,
un error del cielo o una copia espúrea:


Equilibrio magro de átomos y espacio,
ruin materia entonces pudriéndose en la cuna,
agua que no es agua: luz que nunca brilla,
engaño tras engaño de los recuerdos, tumba.



Que suene entre los muros la voz del gran vacío,
que agite al sol de nuevo el viento que no cesa.


La memoria olvida, la tierra no florece.






VIII. INGEMISCO




Las preguntas sin respuesta: las preguntas,
aquellas en que todo el mundo cesa,
se ahoga, se abandona, no se mueve
y en medio de la tarde o por la noche
gimen como un rayo en la cabeza.


El Dios que no responde a las preguntas,
el Dios que resucita y no contesta,
el Dios como un testigo inconmovible,
como si el sol se hundiera en las tinieblas,
como si el clavo abriera las muñecas
y nada o nadie fuera ni siquiera
capaz de estremecerse en la ternura.


Entonces las preguntas, las preguntas,
el hábito de asombro, nuestras dudas
jamás, quizá, jamás o tal vez pronto
habrán de contestarse ahora o nunca.






IX. CONFUTATIS




La dicha se detiene y en la tregua,
el sol enmudecido desoyendo
la música del hondo ritmo lento
de pájaros y auroras, de la sangre
no hiere más aún que el desamparo
de líquenes, de piedra, del perdido.
Inquieta este vaivén de agujas rotas
clavándose en la espalda de la tierra,
el tiempo y sus relojes, las mentiras
de un ronco, helado, sordo agraz sonido
que quiere parecer un grito hueco
y sólo es el reflejo, no del sol,
de edades no vividas en la sombra.
Ni el ciego frente al fuego lo imagina,
ni barcos, ni galeras lo navegan,
tampoco el niño ausente en el espejo
que quiere madurar en un instante.
El cerco de las voces lo proclaman
y en vano los augurios lo presagian.
No cabe en el futuro si es presente,
no rompe el hoy cabal, confuso, inerte.
El canto de los búhos, de sirenas
parece deshacerlo en una mezcla
de húmedos placeres y congojas,
pero el mármol permanece y el granito
nos hunde en la memoria sin razón.
Tampoco las escasas confesiones
consiguen espantar su cruel mirada:
la hiena no reposa ante la muerte
ni sacia más sus dientes en la gula.
La aguda campanada no es alerta:
el cielo no desanda sus pisadas
ni aquieta el mar de llanto estremecido.
No hay piedad ninguna ni descanso,
hileras de difuntos lo confirman.


(El árbol no da sombra ni estremece
el fruto la cabeza del curioso).


Un hálito de niebla entre los ojos,
la súbita caricia que desnuda,
algo en esa unánime oquedad
de arenas que despeñan más arenas.


Desorbitado engaño del reflejo
que acaba tras el ágil parpadeo
de sueños no cumplidos, de palabras
perfectamente muertas en la lengua.


Relámpagos de ciencia entre los dedos,
sonidos que ensordecen la estampida
de una multitud que ya no escucha
el desgarrado pálpito de Dios.


La dicha se detiene en un segundo.


Aquel instante lleno de un instante.


El ruido de los huesos fracturados
no cesa de tronar despavorido.


La niña que jugaba lo adivina:


No hay fin en el final, en la desgracia:


El mundo nunca estuvo, nunca estuvo.






X. LACRIMOSA



Lacrimosa dies illa,
qua resurget ex favilla
judicandus homo reus




El alba se descubre en el rumor del agua
que trae más tormentas y sinsabor de días
entumecidos, yertos, vacíos de palabras,
hondos en sus mares de un granizo estéril.


El niño no sonríe ni llora, ya no gime:


El diluvio anuncia el Paraíso muerto.






XI. DOMINE




Del Purgatorio en llamas que cubre sus pisadas
y de los huesos secos que forman sus recuerdos,
libéralos entonces porque la Luz existe
y el pacto del profeta se cumplirá en el tiempo.


Del miedo interminable de noches sin auroras,
perdidos en su llanto, en su miseria sola,
libéralos ahora cuando se muere el mar.


Porque si cae el cielo y nada los consuela,
porque si nadie baila al ritmo de Tu Gracia,
peor es la memoria que nunca nos perdona,
peor es el silencio de un infierno muerto.






XII. HOSTIAS




El paisaje negro de la ciudad humeante,
la descarga estéril del odio incalculable;
millones y millones que lloran a millones
de muertos que agonizan en un dolor sin fin.


Los mártires del trigo segado por el hambre,
los que la peste ama y en su belleza humilla;
los niños casi hombres sin patria, sin asombro
y el cáliz de una sangre sin santidad ni cielo.


Recibe Tú la ofrenda de un siglo deslumbrante,
entre sus altas torres, sus viajes, sus milagros,
sus campos de exterminio, su ciega indiferencia,
sus cánceres y sidas, su pensamiento inquieto
y un amor enfermo, terrible, vergonzante
por el espejo roto del egoísmo hermoso.


No desprecies nada, recibe Tú la ofrenda:


La cruz como un estigma, el llanto como un rezo.


El sacrificio sordo de una grey sin Dios.




XIII. SANCTUS




Santa es esa piedra que baja de los montes,
santo es el follaje de árboles mecidos
por el santo viento de la tarde inquieta.


Santos los relojes, las escaleras santas,
santo es el espejo y el iris que lo sueña.


Santo en las alturas, en las profundidades
el hombre que levanta su casa contra el rayo.


Santo el mundo entero en su esperanza ciega:


Santo Dios que aguarda paciente su Venida.






XIV. BENEDICTUS




La imaginación herida y el desarme,
la gran hipocresía de los bancos,
el tiempo que sin tregua, que sin más;
la voz que no resuena, las señales,
la imagen seductora, la vil muerte:




Hosanna in excelsis. Hosanna in excelsis.






XV. AGNUS DEI




Caín:
-Cordero de mi Dios que lavas esta mancha de la frente...




Luzbel:
-Cordero de mi Dios que salvas a tus siervos en desgracia...




Sodoma (Coro):
-Cordero de mi Dios que limpias estas llagas y cenizas:




Que el viento nos recorra en la alegría,
que el agua recupere su sabor,
que el cielo no se cierre a nuestro llanto,
que no sea la culpa el solo abrigo,
que el pan se multiplique en esta hambre.






Hitler:
-Que mi nombre siempre evoque la inmundicia...




Stalin:
-Que el castigo nunca ceje en mi desgracia...




Hiroshima (Coro):
-Que el vacío solo cuelgue en el vacío:




Amapolas y gaviotas, perros, algas, caracoles,
gusanos con encinas, rameras, alacranes,
vísceras calientes, gritos, desperdicios,
humo en las ciudades derrotadas,
fractura de los huesos, voz quemante:




La Tierra (coro):
-Cordero de mi Dios, cordero mío...




Jesús:
-Ten misericordia de tu pueblo.



XVI. LUX AETERNA




La gota de esperanza sobre una gota roja
que en un hilillo seco recorre cada año
los siglos que enriquecen los huesos y memorias
de una vida entera, de una ola rota.


La paz que nos inunda tras el amor desnudo
y el eco de otro eco en las profundidades,
todo se levanta desde su cruel descanso
para volver al paso, al ámbar, a la sola
sensación extraña del movimiento grácil
que alguna vez tuvieron los nervios y la carne.


Resurrección del átomo henchido de cenizas,
resurrección del hijo que los padres sepultaron,
resurrección de tardes y noches y mañanas
perdidas en el hueco del yerto cementerio.


La luz que se encarama detrás de las montañas,
el rayo electrizante de esa mirada quieta,
la sombra de una sombra que nos devuelve claro
el don de las palabras vacías y perfectas:


Todo se levanta y grita sus desdichas,
sus ansias, su destino, sus odios, sus pesares.
Todo se aquilata al fondo del océano
que inunda la alegría del elegido en vano.


Nadie nos precede y nadie nos espera:
nadie estuvo nunca ni nadie seguirá;
nadie en este sueño de dioses que imaginan
la tierra, los planetas, los mundos, las estrellas.


Sólo en esa gota de sangre, de esperanza,
en ese hilillo quieto que rueda en la memoria;
allí sin más acentos, ni lenguas, ni palabras,
en ese gesto de ángel, de tiempo, de palomas,
allí habita el hombre que espera por los dioses,
allí habitan dioses que creen en el hombre.






XVII. LIBERA ME




Del tiempo que nos cruza como un trueno congelado,
del plazo y de las deudas con vivos y con muertos,
de la blasfemia dicha por la injusticia siempre,
de todas las mentiras que nos envenenaron
y todas las mentiras aún no pronunciadas.


Del agua y la esperanza de sanación en vida,
de los profetas ciegos, de la verdad a medias,
del grito, de la sangre, de los terrores diarios
y del vacío pleno en soledad de cárcel.


Jamás de la hecatombe, del juicio indispensable
que habrá de ensombrecer el ceño de las madres;
jamás de los castigos por las cenizas mudas:
el precipicio amargo del despeñado en culpa.


Libérame del hierro que destrozó la risa,
libérame del pan de la falsía indigna,
libérame del miedo al rayo que somete.


Libérame, mi Dios, del propio corazón.

CUADRO DE TIZA EDICIONES LANZA DOS PLAQUETTES DE POESÍA: "LENTA" DE ALEXIA CARATAZOS Y "ABEJAS" DE SYLVIA PLATH

PRESENTACIÓN DE LOS LIBROS: "ROTACIÓN" DE ROBERTO ONELL, "EL AXION ESTÍ" DE ODISEO ELYTIS Y "VIAJES INCONCLUSOS" DE HERNÁN MIRANDA". EDICIONES TÁCITAS