La página de Andrés Morales (1962), poeta, ensayista y académico chileno, es un Blog de apuntes y escritos abierto a todos aquellos interesados en la literatura y, en especial, en la poesía. Contiene poemas, artículos, notas, comentarios, críticas, reseñas, fotografías y en general, todos los tópicos imaginables e inimaginables en torno a la poesía, el cine, la prosa y la literatura chilena, hispanoamericana, española y europea de todas las épocas y estilos.
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José Saramago
sábado, 26 de agosto de 2006
POEMAS INÉDITOS de Eugenio Cónchez Silva
preparas nuestro café
mientras la casa se llena de pelusas de sol.
Y si me faltaras?
Y si no estuvieras aquí tan quieta en la noche?
Veo tu espalda
y se me cae una palabra
y mi silencio es ahora una forma de reír;
quiero que te llegue, tuyo, mi silencio
y que te cave y te perturbe y entonces sonría tuyo tímidamente,
te vuelva las carnes del revés, para la lluvia y la ceniza,
para fuego y sombra, para tu alma de tierra
todas las palabras que no digo,
las que se lleva tu espalda como el trigo innumerable,
las que se lleva tu espalda innumerable como el trigo y la lluvia.
Y si me faltaras
yo estaría ahí preparando el café
en la casa muda, en la mañana sola
y mi vida no tendría sentido
y el café se enfriaría
y mis almohadas aullarían como los senos, solitarias.
Pero veo tu espalda,
preparas nuestro café, estás ahí
y no digo nada.
Amanece.
La noche muestra ansiosa una grupa de hambre.
Mirame y pensá en sexo,
en ciertas maravillas que los cuerpos lucen
como roturas de flor.
Decí conmigo las consignas de la carne,
nuestra carne, pasión de dioses incrédulos,
y entonces dejame
conducir hasta mi cama tu corazón de tierra,
te llevaré despacio, seguro del oro y la tormenta,
seguro de un crimen que cometen mis ojos en los tuyos.
No, no me dejarás así
con la cintura temblando caminos de tristeza,
no dejarás que arrastre solo una noche más.
Mirame... cubrirás de arena
mis espaldas llenas de vino,
mi cuerpo tieso en pleamar.
Mirame y pensá en desnudos,
en manos de sombra que hurgan tus muslos
acalorados, iracundos.
Yo te amaré, te amaré hasta amarte
y te volveré a amar hacia atrás,
beso a beso como nos persiguen ciertos sueños.
Porque a los regalos de esta luna
prefiero tu útero flamante
si cuando te miras en mis ojos
sientes que se abre, que golpea tus entrañas frescas
como un volcán derramado en primavera.
No te doy la vida,
pero puedes tenerme muerto esta noche entre tus brazos
con humos de sangre acariciada.
Marca mi soledad con tus gestos suaves,
busca un lugar del mundo
donde tus caderas sean mías,
dulces como un higo, o un viaje.
Mirame y pensá en sexo,
en todo el agua que puede correr entre nosotros.
La noche alargará nuestros cuerpos
y mis palabras te llegarán
cargadas de fiesta y de dolor,
serán la luz de tu ombligo,
serán serpientes de rocío bajando por tus piernas,
altas, pálidas avenidas de la dicha!
Juega con mis sueños, hazte collares.
Te voy a poseer para que seas hermosa,
como el sol anclado en los trigales del mediodía,
como la lluvia abriendo surcos en las pampas.
Tus dos panales blancos y secretos entre mis manos!
He aquí que por ellos yo mordería otro otoño,
como caballos tristes mis ojos
soportarían otra vez la luna en la noche de niebla.
Por qué nos acostamos, por qué reímos,
por qué nos hundimos en la saliva, el sudor y la sombra?
Mirame y pensá en sexo
y más que sexo y más que ganas y más que eso
que piensas si te miro, si te hablo, si nos miramos.
Te dejo una huella de uvas. Te robo un largo pestañeo,
largo aliento de maderas que cruzamos en un amanecer ventoso.
El dolernos de la dicha, es eso.
Son las palabras hermosas que digo en honor del silencio.
Es el silencio en que te habito el templo oscurecido.
Mirame. Abrite. Seguime.
Eugenio Cónchez Silva es un poeta argentino de la más novísima generación. Ha publicado en diversas revistas literarias y ha participado, en el año 2005, en el "Festival de Poesía CHILLÁN POESÍA 2005".
ANTOLOGÍA POÉTICA PREMIO PABLO NERUDA 1987 - 2005

El libro incluye trabajos de Gonzalo Millán, Raúl Zurita, Diego Maquieira, Clemente Riedemann, Carlos Trujillo, Teresa Calderón, Erick Pohlhammer, Alicia Salinas, Tomás Harris, José María Memet, Isabel Gómez, Bernardo Chandía, Rosabetty Muñoz, Andrés Morales, Armando Roa, Jaime Huenún, Víctor Hugo Díaz y Germán Carrasco.
En la obra antológica, cada poeta seleccionó sus propios poemas, tratando de dar una visión panorámica de su escritura. La edición estuvo a cargo de Adán Méndez, asesorado por un comité de la "Fundación Pablo Neruda", presidido por el poeta Jorge del Río, miembro del Directorio de la institución.
POEMAS INÉDITOS de Cristián Gómez

ORACIÓN POR GUILLERMO TREJO
Todos los boxeadores retirados pelearon alguna vez
en el madison square garden. Alguna vez lo leímos
con diccionario y buenas intenciones. Después de eso
hemos sabido de algunos que han cruzado la frontera
y por temor de convertirse en arena no han vuelto la
vista atrás. Otros la cruzan mirando un espejo
retrovisor y así se han pasado los últimos treinta años.
De él aprendimos la palabra ponto, zahúrda, murientes.
Pero llegamos a una tierra que no tiene primavera
y el ponto o el mar está muy lejos. Vivimos
en una pocilga (zahúrda) mientras no estuvimos
casados. Aquí o allá en lo prado, aquí o
en sargento aldea. Los huéspedes:
tienen las cejas sangrando producto de los golpes recibidos
pero se reproducen como una plaga festiva y licenciosa
carente de civilización a la que atacar. Ya no están
reunidos en el ágora ni los sabios ni los mejores
nos permiten escuchar con precipitada melancolía
sus palabras. Con mansedumbre que no excluye
el horror por lo inevitable: ven como los bárbaros
se han casado de manera indefectible con sus hijas
mientras los senadores se retiran sin legislar
(los bárbaros nos dictarán sus leyes).
Pero alguien recién llegado de la frontera
-a propósito de los rostros que se retiran de noche compungidos-
dice que ya no existen los bárbaros y se pregunta qué
será de nosotros sin ellos. Qué será de nosotros
si nadie nos visita en esta pocilga (zahúrda), si
nadie nos devuelve a nuestro (ponto) mar.
CONSIDERACIONES INTEMPESTIVAS DEL ENANO MALDITO
(también me gustan los epigramas)
Una poesía de clase media que deteste a la clase media.
Una poesía católica hastiada de ser católica. Y
un hablante al mismo tiempo
lírico y arribista.
Nada más imprescindible que un reloj despertador
para tenerlo como un recuerdo inútil de lo que pasa
con esa gente que trabaja.
Renegar. Poner el grito en el cielo. Como de costumbre
quejarse en voz alta, aunque se esté hablando solo. Irritar.
Leer a Carlos Bolton.
PARA LOS FUTUROS CENSORES DEL CAMPO
DE CONCENTRACIÓN EN QUE NOS ENCIERREN
El bar está cerrado a los malos augurios.
Hoy no pasan por televisión Angustia de
un querer y se conversa al ritmo del auge
y la caída de nuestros ídolos. La tarde
sigue pasando y no se detiene
hasta llegar a nuestras puertas. Como el
fruto de una caza que ha sido generosa
caen a nuestros pies muchachas que ni
siquiera despiertos podríamos haber
soñado tan hermosas. Se parecen a esas
primas de las que nos enamoramos antes
de escribir un primer poema. Contertulios
del espejo que invariablemente fiel detrás
del mostrador nos acompaña, la próxima
ronda decidimos pedírsela fiado a los
que incautos se preguntan por nuestra
afición a seguir escribiendo poemas
sospechosamente láricos como si
fuera nuestra única elegancia.
Como si fuera nuestra última respuesta.
LECTORES DE CORTO MALTÉS
El hombre más delgado de chile y el enano maldito se reunían en un departamento al oeste de la ciudad. Lo más divertido era espetarnos mutuamente epítetos de tamaño
calibre –católico, escritor de clase media- que a cualquiera lo harían palidecer.
Más de alguna vez mutuamente se ofrecieron combos. Y no hay nada de malo en ello.
Compartieron la misma cama pero no se dieron cuenta. Por lo alto y por lo bajo les
deseo ochenta, pero es discutible que tanto el hígado como las neuronas aguanten.
Se han paseado de la mano de cierta clase de especímenes que ameritan zoologías tan
particulares como épicas. Conversan hasta bien entrada la noche. Se acuerdan.
SIMBIOSIS
Para cargar con este nombre perdónenme que lo diga.
Nacido de padre y madre como el resto de los moradores.
No se pronuncia de esa manera pero eso es lo de menos.
Ni tampoco es mi nombre el que hubiera querido. Pero
a estas alturas. He sabido de algunos poetas que han
muerto no mucho después que sus señoras, niños de
pecho y desamparados en algún departamento del
centro de santiago. Otros han hecho lo mismo
con mi nombre. Es sabido que un motivo y
sus variaciones pueden convertirse en
los únicos habitantes de estos cuartos.
Prefiero no hablar de dormitorios.
Otros se empeñan en cruzar una frontera
que está del otro lado. Dicho mi nombre
perdónenme que lo repita. La infancia
no me atañe como un recuerdo
sino como un hermano que aún vivía.
No era la felicidad pero sí el menor esfuerzo.
domingo, 6 de agosto de 2006
LAS PRISIONES, poemas de Pablo Tenekedjian

I
Nada debe asfixiarse entre sus labios,
Ni el óxido aguado de las lunas,
Ni un estallido de claroscuros
Cuando los medios cautivan.
Aprisa,
No se apuren.
Traigan agua de los estambres y amantes insatisfechas,
Una extraña lactancia que invada los gineceos,
Muerte que desdoble sus costillas.
Despacio,
Más aprisa.
Cambian los rostros y nada cambia.
Un capullo de capa negra
Rompe la magia en artera distancia;
Y eso es,
Sólo,
Pétalos como excusa y agonía desdentada.
II
Y un fragor precipitado guillotina las miradas,
Y la amargura profana a diente suelto
Como el súbito fracaso embiste
En medio de la felicidad más propia
O sobre la cercanía de un rostro que nos miente.
No hay más.
La esperanza dura
Lo que en los ojos
Tiembla.
No se abrazan fulgores
Ni se apuesta en crisálidas,
Sólo se trabaja para arrullar un labio que se mueve en el limo
Y que columpia en sus voces a brutales gusanos.
Carne y carne.
Carne y miedo zozobrando por sus cuatros cuchillas,
Carne y carne amasada en inciertos,
Y hambre
En lecho de entrepiernas
Y en perfil de suspenso.
III
Nada. Aquí ni nadie,
Nadie.
Y más aun,
Dentro fuera como si todo
Eso mismo y nada,
Aquello en barracas de yemas inseguras
De niñas que dejan caer
¡cómo!,
Un amor de alcantarillas y de hoces mendigas.
Recomenzar.
Regresar y ser. Voltear.
Lo mismo y nada.
Pablo Tenekedjian nació en Argentina en 1974. Es Licenciado en Literatura por la Universidad de Chile y candidato a Magíster por la misma universidad. Ha publicado sus poemas en varias revistas literarias así como ensayos y artículos. Profesor universitario, ha dictado la Cátedra del Monográfico de "El Quijote" en la Universidad Diego Portales.
OLVIDO, poema de Carlos Almonte

...sin fin hacia su herida.
Dylan Thomas
He sido confinado al más vulgar de los silencios;
muestras de hecatombe,
de brillo perdido,
de fulgor inalcanzado.
He sido desterrado a un pueblo de fantasmas ebrios,
con calles de adoquines negros
que conducen al humilde fin de toda vida.
He sido maniatado,
lacerado y perpetrado, bajo su recuerdo,
malherido, desplomado.
Me ha escrito una vulgar versión de despedida,
como siempre,
sumida en pensamientos de otro tiempo,
propios o distantes.
Me ha olvidado por completo,
aunque su voz lo niegue,
y sus palabras destrozadas,
y su boca entumecida;
aunque su canto se dirija a mí;
aunque sus manos aún me toquen,
cuatro continentes nos separan.
Mejor sería que me ahogara en plumas de animales,
como alguna vez lo prometió.
Veinte abrazos nos separan,
como cada día viernes que no llega,
como cada noche que me duermo en ella,
en su consuelo,
en su inacción.
Cuatro versos lastimados y la sensación constante,
eterna,
de estar hablando al aire ennegrecido
de una interminable noche
que nunca llegará.
Pintura: Jean Dubuffet
30 DE NOVIEMBRE, 2.50 AM. Poema de Carlos Almonte

En cuanto oí su voz lejana,
lenta y pura,
transformé mi ansia en vuelo para estar con ella;
no de lado, o de costado,
no tampoco por encima de su piel
o bajo el peso de sus muslos,
sino que al interior de esa mirada triste y enferma
que nunca deja de soñar.
Es un tramo de reparos indecentes que no engañan,
como un guión que no decae y que no besa el cuello blanco
de aquel de cisne troquelado
en negativo,
o transparente.
Ya no queda el gesto de un llamado,
de una sombra o grito.
Ya no existo en su recuerdo;
mientras, me sonríe.
Nervioso, sugerente,
como si folláramos bajo la alfombra,
bajo cientos de ciempiés,
bajo miles de milésimas,
bajo el tiempo descarado,
bajo el té,
bajo las hojas.
Odio al terso verso, se lo dije,
y el sonido de platillos.
Ya no vuelo, ya no canto, ya no río.
Ya no estimo, o considero.
Ya no pienso en ella, porque ya soy ella.
Fotografía: Joseph Beuys, “Tito Andrónico”
viernes, 4 de agosto de 2006
AUTORRETRATO, poema de José Kozer

AUTORRETRATO
Yo me alargo en una suerte de revolú proliferando arroz con mango, chicharrones con broscht, sushi con maduros, hijo
de dos labias imparables (Talmud
entreverado con recia jodedera) a la
zaga de un silencio búdico: su acepción
entiendo, su condición no alcanzo.
Un deambular atestado de onagros, tábanos mordiéndoles la grupa, cínifes posándose en mi mejilla: con una mano
voy a pulverizarlos, con otra los espanto
(no matarás). Una mano (búdica) mental
me propone no actuar, y el mosquito en
placidez zumba y sueña sus aguas
putrefactas, en mi mejilla: tremendo
berenjenal (mental) en que me metí.
Empiezan a conturbarme las noches. A veces me echo a dormir en el catre al pie de la ventana que mira a la laguna de las
noctilucas (eso fue en Puerto Rico hace
mil años) a veces en el catre que da al
muro de ladrillos embarrotillados
(grafiteados) del respiradero: el niño
despertó sudado a medianoche y teme
desvelar al padre.
Se acostumbra a rescribir en la cabeza esquirlas de pesadillas, luego las redondea desde una recién descubierta inventiva:
le dan las tres de la mañana mientras
contempla el uniforme escolar
almidonado en un chiforrobe
(¿por qué mano?) entornado.
Noviembre, por todas partes noviembre, a medianoche el miedo impera: oíd (de los cobardes no se ha escrito nada)
admonición del padre: y se le ve a
la legua cagarse por la pata abajo.
Llamo, y llamo con voz cada vez más baja (proliferando): reclamo al padre, y nada; por Buda clamo, y nada. Nada
y nada, ¿será que de eso se trata? ¿El
cero clamor de la Nada? Estoy despierto,
los prismas de la carne en el espejo
biselado del dormitorio: tres harapos,
y un guiñapo.
Abro al azar el libro de un poeta extranjero, extremaunción de lo escueto: letra hosca, lo sé, va a proliferar (se irá a
extraviar): una vez vi perseidas (toda
una seguidilla de perseidas) aquí, por
proliferación, me persuado, al
buen
tuntún,
da
igual,
corriente
abajo,
sílabas
reunir
(incrustar).
José Kozer nació en La Habana en 1940 y en 1960 emigró a Estados Unidos. Enseñó lengua y literatura en el “Queens College” de Nueva York.. Ha publicado alrededor de quince libros, entre ellos: Padres y otras profesiones (Ediciones Villamiseria, Nueva York, 1972), Este judío de números y letras (Tenerife, 1975), El carillón de los muertos (Último Reino, Buenos Aires, 1988), Trazas del lirondo (Casa del Tiempo, México, 1993) y Dípticos (Bartleby Editores, Madrid, 1998).
lunes, 31 de julio de 2006
DOS POEMAS de Alexander Sequén-Mónchez

Los ojos de una máscara
La luna de ayer sigue intacta sobre el mundo
Cinco menos cuarto
Sobre el mueble....... un reloj
Se comienza a notar
No hay respuestas.... sino muros
Después de cerrar la mano
Monólogo del bastardo
No era necesario que anduvieras por el mundo
Ya vendrán las hormigas a limpiarte los ojos
domingo, 23 de julio de 2006
IV FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA "CHILLÁN POESÍA 2006"
La foto clásica del Festival, con el busto en homenaje a Claudio Arrau: Patricio Morales, Stella Díaz Varín, Carlos René Ibacache, Andrés Morales, Nicolás Barria y Juan Cameron junto a otros jóvenes poetas del sur.Al piano en la Cena de Bienvenida.

En una de las cenas del Festival, los poetas y escritores: Carlos Almonte, Santiago Bonhomme, Cristián Basso (de pie) y Jorge Muñoz, Juan Cameron y Sergio Badilla (sentados).
En la sala del Teatro Municipal, público asistente y los poetas Patricio Morales, Sergio Bonhomme, Sergio Badilla, Carlos Almonte y el Presidente del "Grupo Literario Ñuble", Carlos René Ibacache.
La noche de Chillán: en el Bar "Kharma", Cristián Basso y Carlos Almonte junto a otros escritores de Chillán.
Teatro Municipal de Chillán, sede oficial del Festival: los poetas Arnaldo Enrique Donoso, Santiago Bonhomme, Andrés Morales y Jorge Muñoz "Palomo".
Lectura de Clausura del Festival: Floridor Pérez, Mauricio Barrientos y Andrés Morales.













Algunos de los poetas invitados al Festival: Arnaldo Enrique Donoso, Carlos Almonte, Jorge Muñoz "Palomo", Mauricio Barrientos, Nicolás Barria, Juan Carlos Villavicencio, Stella Díaz Varín, Sergio Badilla, Héctor Hernández Montecinos, Floridor Pérez, Rosabetty Muñoz, Santiago Bonhomme y Cristián Basso.
sábado, 22 de julio de 2006
Un poema inédito de Jesús Ortega

Jesús Ortega es chileno y está radicado en Malmö, Suecia desde 1975. Ha trabajado en varias áreas del quehacer artístico, tales como la pantomima, la plástica y el teatro. Ha publicado los poemarios Las pizarras del mundo, Santiago de Chile 1968; Måttbandsormen (Sepentímetra), Malmö, 1987 y La vidriera irrespetuosa. Ediciones Saltomortal, Estocolmo, 1995.
CRÍTICA a "Demonio de la Nada" de Santiago Bonhomme

Por Santiago Bonhomme
El último trabajo poético de Andrés Morales titulado Demonio de la nada (Santiago, RIL editores 2005), es un exorcismo terrestre, digo terrestre por el carácter humanizante del demonio, como uno más de nosotros, presente en todos nuestros actos, tanto desbordados como calmos, también memoriales. En el libro el poeta dialoga con sus demonios, en una necesidad profunda de comprender y situarse en un universo siempre adverso, donde la muerte late en todos los actos abrigando al poeta de cierta tristeza, pero el poeta, sin titubeos la denuncia, asumiéndola como parte fundamental de su lucidez. En este libro Andrés Morales navega en aguas dolorosas, mar constante en su obra.
Las aguas de la memoria hacen dudar. Se sabe que el ser humano es un ser fallido, corrompible, el país de la perfección dicen algunos es la infancia. Morales recorre su memoria con una mirada castigadora:
Entonces la memoria, el gusto, la mirada,
Las imágenes en el libro son tragedia en fragmentos que unidos conservan un temple decidor, en él también surgen islas, descansos de esperanza:
Tu boca una bandada de gaviotasque trae a mí el mar con su sonidoy nubes que aparecen y cielos que se abreno una fiel tormenta de rayos en mi boca.
La última parte de Demonio de la nada llamada por el autor cinco "Cuerpos del pecado", lujuria, soberbia, gula, codicia, ira. Un término para mí insomne, donde el poeta mantiene los ojos bien abiertos, para hacerse cargo de estos cinco pecados capitales que acaban el libro y acaban con el poeta, el sudario de éste queda ahora en el aire de un infierno también y muy bien acabado para proseguir a la puerta del juicio.
El poeta Chileno Miguel Arteche, se refirió de esta manera sobre la poesía de Andrés Morales, en un pasaje del prologo para el libro Escenas del derrumbe de occidente (Santiago, RIL editores, 1998). "Las regiones infernales que explora el hablante son las fiestas del demonio, pero también sus orgías gélidas. Son los sueños como pesadilla, el demonio del reloj, el duelo de las noches, los hermanos muertos en la puerta, la fila de difuntos puestos uno sobre otro, el quedarse en el puerto esperando algún navío que no vuelve, el vals de despedida al más allá. Es decir, la exploración del infierno de hoy."
Demonio de la nada, pareciera ser un libro póstumo, libro último para terminar un transitar por la poesía, de la manera más honesta, la de comparecer en el propio tribunal, el más castigador si se juzga desvelado. Atractivo desafío y despliegue poético, donde las imágenes abundan, desenfundando realidades terribles no muy lejanas a los ojos de todos, humanos o no, esa sentencia dejémosela a nuestros demonios.
El cáliz derramado, la sangre del cordero,
el odio y el silencio alientan estos días
de truenos y de rayos caídos en la frente
en medio de mi centro, del puro amor reseco.
Los huesos ya desechos del padre en su mortaja
cavilan en los ojos, se oyen por la tarde
y vuelve a la garganta el grito amancillado
por mares de fiereza, de olvido, de la ausencia.
Desenterrar los dedos desde la despedida,
reconocer el cielo que aún espera inquieto;
oír lo que se ahoga detrás de las palabras
y ver en la ceguera. Y ver en la ceguera.
Aún así retumba la herida en mi cabeza,
del párpado sin sueño, del sexo anochecido
en extravío entonces el hálito sereno
y nada ya consuela desde el recuerdo ajado.
Se cierran esas puertas de una casa a solas
y el hombre, el padre, el niño anuncian su fracaso.
Cae algún telón en ese teatro absurdo
y la memoria muerde como una bestia atada.
(A Felipe Cortés)
POEMAS INÉDITOS de Juan Manuel Silva
Libro Cuarto:
MENSAJE DE SANGRE.
Canto Primero:
LA BESTIA DEL ATRÁS
I
No están entre los vivos, a la luz
de lo que veo, ni en la tierra oscura
de las tumbas están entre los muertos.
Ibn Arabi.
¡Dios llora un sol de sangre, como un abuelo ciego...!
César Vallejo.
No es la escritura un tránsito de almas. No es el signo estafeta del aliento. Pues hay un rumor que no explica. Pues hay una cadencia que no ilumina. Pues el sentido sombrío se ha perdido con el color de la tierra y la sangre. Y es aquél nombre, aquella sentencia desde el silencio, sólo el ángel que ha sido confiado a la presencia, sólo el traductor de la muerte. Pues frente a la voz, el soplo ha traicionado al cuerpo.
II
La vida nos estaba embargando de júbilo
ma luego enfilamos rumbo al desierto
a tomarnos el reino de Dios por la fuerza
para el salto a la luz
para el deseclipse del firmamento.
Diego Maquieira.
Suspendido en deseclipses pendulares, en la precisa sucesión de la ausencia, el cuerpo tumefacto rememora lo que ha de ser, el soneto del ángel tácito sobre el edificio del mundo, la musa extinta en un abrir de loto y la composición detenida de su estancia: la contracción y explosión simultánea. Pues el huevo Ankh es la máxima densidad pútrida. La presencia introscendida del amor. Fermento. Lo que amas debe pasar, pues sólo lo que amas te será arrebatado. Así, del extranjero a la existencia, la carne, el vértigo de las fibras urdiéndose escondrijos truncos, abrazos cercenados. Bailes escritos sordos a los cantos del agua. Todo es danza. Mas la danza es el instante del abrigo, donde ni arriba ni abajo son materia. Donde el tiempo se transforma en abismo.
Sostenido en los gritos de los antepasados, de los humillados, por los árboles túmulos que descansan en la cornisa de la plétora oquedad, el nombre vaciado en piedra oscila entre el día y la noche. Bajo la frente habita el mar. Y en la espesura de la historia, la cifra que cuida de los rostros ha caído arena en un golpe de cielos aún sagrados, cuando la voz había sido, donde la pronunciación del fruto era trémolo. Y las tullidas esfinges guardaron la música del céfiro. Y los guerreros pasaron la experiencia del límite. Y los cuatro ríos durmiéronse en la afonía de los cuclillos. Y entonces las estatuas juraron la sangre en ceniza. Y entonces sus ojos no quisieron responder a los astros. Y del frágil esplendor pleno de tiempo eterno, la tibieza del aliento se cerró en el gran silencio, en el sello del agónico ahorcado. Así los gigantes sepultaron los colores. Así grabaron la orfandad de los mares siendo uno con la tierra. Así el pacto de la luz fue templado en el signo del destierro. Así ya nunca hubo escucha. Así la voz soterrada.
Sólo los mutilados resisten velando. Sólo la muerte es ignífuga.
III
Con todos los ojos ve la criatura
lo Abierto. Sólo nuestros ojos están
como vueltos al revés y puestos en torno a ella.
Rainer María Rilke.
Las constelaciones separan al niño de lo abierto. El arte celeste prevalece a las madres en el convulso retorcerse de la bestia. Y bajo las flores del pasado la noche vaga ahíta, al detener el curso interno ( Y el dolor no cesará. Y el imperio no tiene fin.), suspendiendo su pasar de las centellas. Los nacimientos del sol son seña del nombre, pues en las profundidades el hollín de los siglos limpia la órbita del bosque. Sana el rostro del afligido. Alecciona al aleccionador. Dispensa aliento a la boca. Pues sólo conoce el reflejo quien se ha traducido en luz. Pues sólo refleja, quien la voz ha destruido. Nimbados dentro de la bestia, seres diáfanos con apariencia de dioses, transforman la piedra en agua, en sangrienta teurgia fluvial, en vida verdadera, en arcano diseño bifaz. En él, el desierto desnuda la escena del exterminio y la visión del decurso, el enmudecimiento de la materia divina y, repetido en los oscuros nódulos, el umbral del hogar. En el hijo, la forma estelar ausenta la roca del criptograma. El hijo, dintel.
Y creeréis en los dones. Y temeréis los abismos, pues las galerías de la detención son más profundas que la ruina. Y el alma no puede entrar al tiempo. Y el tiempo eclipsa la reunión. Y no entrará a la familia pues el amado es el espejo en la pesadilla de la aurora. Y no hubo futuro en el origen.
Los adivinos construirán vida en el templo. Los hierofantes no soportarán la oscuridad del hogar.
IV
Secretamente andamos,
De hondura en hondura con nuestra agonía,
Desnudos frente a las ruinas,
Secretamente, atados a lo maligno.
Gustavo Ossorio.
El oráculo de los necios llama tormenta al rumor del rayo. Y aquella cadena de la concordia entonada en llamas para los hombres, ha sido perdida en la apócrifa estela traducta, donde el cenit impide acceder al crepúsculo, al llanto del astro fragmentado, pálido espejismo del éxtasis. Del huevo guardan las estaciones secretas la aparición de la sombra. La madre avispa ha hospedado de astros los cuerpos, y los derviches son el reverberar de dioses y planetas procreando la lubricidad del desconcierto. Una letra, una runa, ha sido callada en el curso de las siembras. El cuerpo hecho canto pende de los árboles ungidos en llanto por el perpetuo fracturador. Él resopla espirales descendentes que dibujan el pánico de los divinos trashumantes. Para él, el oxido de la sangre se ha consumido en tejido, y el ropaje de los hombres despierta en cada ángulo naciente. Pues el tapiz inunda el fatuo vacío, pues quien no sabe leer esconde cicatrices. Así, la música de los santos es el pan que se arroba entre las brasas Y a quien viste plata en el ojo, negado está su paso por la tiniebla. A quien desnuda el sonido de su cuerpo, sosteniendo las resonancias sin eco, lo abierto plénalo como en el tiempo del verbo, como en el tiempo de la escucha. Por eso la lengua secreta sólo besa al abismo, pues en la profundidad, ni lejía que debe el perdón al hijo, ni el hueso calado por el cántico ogaño, pueden permanecer. Sólo el nombre articulado en su prehistórica estructura, cristaliza en todos los nombres la presencia de la madre. Así el supremo desgarro duerme al hijo en el hilo de ceniza. Así la destrucción de la familia es cada epifanía, cada iluminación, cada luciérnaga, cada imperio. La fortaleza del tapiz es la cruz, el pacto, el pez donde vela el insomne amado. La larva de la avispa es el umbral de las de las cifras espirituales. Dentro de la hoguera el niño aguarda en la noche, que los ángeles corten sus alas, que la fibra se anude rasgando, que el cabello taña la calvicie, que cada oración encuentre el eclipse, que cada recuerdo sea el crisma del idiota. Pues al que habéis honrado con óleos y esencias no es más que la glosa del fruto aún no probado.
¡Los heliotropos no siguen al padre!
Mientras los vencidos buscan el oscuro zafiro, la negra barba del gran silencio anuda la horca. El arca plena de lágrimas scegadoras. Así, los pétalos de la creación dirigen la mirada a la roca, y las edades se desperezan al alba de la escritura, cuando aún los fatuos fanales no han mostrado la bimetría del desastre.
Hay un precipicio que ciega las alcobas. Hay un afuera abierto más allá del asfixiante númen. Hay un murmullo tras el horror que invita a arrojarse.
V
Pero no tengo voz, ni pañuelo, ni amante;
no sé por qué me vuelvo amigo de los perros
cuando soy transeúnte de la tarde
sin saber por qué vivo y por qué muero.
Armando Rubio.
Me acostumbro al sosiego de las lenguas, me adhiero a su ley, a su hato. Y es sólo el yo el que me duerme en la sucesión de bosques y desiertos. He aceptado el vicio del ciego, guardando a padre y madre bajo el lecho. Y es la espera de la aurora su mismo delinearse sobre el rostro, como un refulgente torbellino entre los ojos, como la efigie infantil que se halla en el óbolo, en el canto circular, en el río que deja de ascender para cobijarse en la leche, para morir en el pezón. Y es que no hay escapatorias en el arte de la luz, no hay raíces en el espejo pintado por la memoria en las espaldas. No hay advenimiento, sino avenencia. Y estoy calmo, hecho de sustancias que han comprendido lo ausente. Y el cuerpo no significa, ni puede decir, así como los signos. Y es esta mudez que ensordece, este sopor con la fusiforme mueca del crimen, la sentencia de las materias rebveladas. El límpido resplandecer de la noche sin enigmas. Pero es también hospedar el abismo, la numerosa profundidad, la invitación al tráfago oscuro de demonios que enquistan de plenitud el alma. Y es el horror el cadalso que conduce al misterio. Y es la muerte cansina que se halla en el lenguaje de ceniza, el diapasón de los aullidos, la extremidad de los nublados farellones, el resguardo policórico de las atalayas, el gesto del silencio y su figura, la joya extrañada en la diadema, crisma en la llaga que ha dejado la saeta.
Desconozco los ritmos del alma, y una sola visión perturba a los elementos que en mí convergen. De los que soy hado y clave. Aquellos que perseveran como una imagen detenida en los custodios perros del reconocimiento. Pues mi forma de sombra no es más que el aprendizaje en la comunicación con las presencias. Pues el contemplar la muerte sin saberla es no poder ser dicho por Dios como su nombre.
VI
El Maestro, por un ojo profundo, ha calmado
a su paso del edén la inquieta maravilla
cuyo estremecimiento final, en una sola voz, despierta
para la Rosa y el Lirio el misterio de un nombre.
Stephane Mallarmé.
Todo logro conseguido por el pequeño pozo puede cumplirse de inmediato por las grandes corrientes de agua. En forma similar, todos los propósitos de los Vedas pueden ser cumplidos por aquel que conoce el objetivo que hay detrás de ellos.
Bhagavad Gita.
¿Acaso el sol no esconde un fantasma? ¿Acaso el viento no es un sueño sin vigilia? ¿Acaso el agua no es la sangre diferida? ¿Acaso el tiempo del cometa no es distinto al de la carne? No hay certezas en el entusiasmo y no hay más que reflejos del aura. No hay plenitud. Y somos responsables de la muerte mas no de la vida, pues cada materia engastada en el diseño inmediato, es parte de un atrás ineluctable, vasta distancia. Y es su aparecer a la mirada sin memoria, un umbral, un pórtico que hemos de velar. No hay propiedad sobre las mutaciones, sino un disipado afán. El espíritu es la semilla intacta en la pirámide, que aún guarda su saber a la familia. Y su ley es siempre un advenir. No hay Rosa ni Lirio, sino una sujeción por la cual interceder, un mutilar a las entidades definidas. Pues la sustancia es el médium del gran silencio. Así la cobardía del futuro vuelve decible a cada ser aplomado a la existencia. No, no hay curso para el permanecer. Ya cada nacimiento significa asesinato, cada aparición su abismo numeroso. Pues el lenguaje es el tiempo del concilio. ¿O acaso la historia no ha enmudecido su fermento en hiel? ¿O acaso los sapos, los lemures, las marsopas, los hurones, las mariposas, las águilas, las ballenas, los tritones, los alerces y los hombres han entrado a la renuncia del crepúsculo? ¿No es el resistir más que un egoísmo frente a la aurora? ¿Cómo comprender al coral desde la espuria progenie? ¿No es él acaso una construcción que detiene la codicia de las genealogías?¿ No es entonces el rostro de los padres un instante invertido en el hijo? ¿No es la pirámide el secreto de los intérpretes? Y es la falacia del fin un sacramento que ha nutrido la tecnología espiritual. Pues sólo aquello muerto puede significar. Los perros y las polillas lo saben, pero pertenecen a la nimbada constelación, siendo señales de los nuncios, cuerdas en el arpa que cerró el oscuro sendero hacia el vergel. El mundo es el discurso del universo detenido. No hay traza ni duración, sólo un revés bestial que astilla nuestro tronco hasta verlo genuflecto. Y es que los elementos son una lengua entre los sordos (Ya los antiguos maestros son signos en ella). Y las ciudades, los palacios y los hogares no ciegan los besos del desierto, los montes y las riberas. Pues somos un eco del nombre que los ángeles reproducen a quienes aceptaron la cera. Y no es el decir, sino el exterminarse en cada letra como un farellón, para que la lágrima sea uno con el océano.
VII
Solo él ha pasado por el sitio donde existieron, ha huido con su monumento de hojas pero ambas manos en todos los hombres calzan uno el rostro. La mirada que desea permanecer con voluntad de sal únicamente (...)La vida no es más que la educación de la sed...
David Villagrán Ruz.
14. Nadie es la sal de la tierra, nadie, en algún momento de su vida, no lo es.
Jorge Luis Borges.
Cerrad el destino de la sal. Pues es fisura entre el mar y el desierto. Cerrad el salado beso. Pues en la nutricia floración de materias desechas, en la intención del bosque, en la grama, en el soto del fresno blanco, aquel sumidero del rayo, los seres-araña tejen el una tibia trampa sobre la verdad. Ya la raíz-mariposa en el vientre, está en posición de crisálida. Ya la luz en la hierba es superficie. Y no hay contacto con los niveles traducidos: éter, minerales, flora y bestias. Y no hay regreso para el morador. Y no hay aparecer para el nacido, sólo el agua bajo el nombre, y su espejismo. Enterrad un hueso en el fingido bosque y será un niño en posición de loto. Y será digno de la repetición. La mostaza es el salto de la existencia hacia el fruto que no cae. La apertura al árbol negro. Pues el ritmo del acontecer es la celosía que impide al durmiente amado encender el hogar. Cerrad el centro salino. Pues es el único ombligo, comunicando al húmedo universo con las presencias justas, con el revés de las interrupciones, con la incontestable potestad de colosos y esfinges. La pirámide es el códice de las montañas. Y son las sales la incierta ruta hacia el fin de las mutaciones. Así, lunáticos y rebeldes, los cuerpos siguen las sibilantes procesiones de las aguas, olvidando la ley de la piedra, el lóbrego designio del astro primero, suma eclipsada de los fatuos intercambios en su compacto exterminio. Aquello llamado antiguamente huevo, no es más que la melancolía de una entidad purificándose. Así el hígado no dispensa más que aplazamiento. Así Dios no es riñón. Pues en la copa del amado el vino ya es inmunda borra. Y la embriaguez, contagio. Así el huevo, hipóstasis del organismo, limpia de sangre las vías plenas de horchata, aquella que continúa el errar de la especie. Y es que la existencia es un negativo de la luz, y no es sombra. Y es la inversión de la verdad, sin ser mentira. Cerrad el círculo de sal. Pues la humedad atrae a demonios y moscas. No, el agua no es armonía, es el cenit del sentido sombrío, donde la aurora que despertará al amado no ha sido más que un murmullo en el delirio del beodo, en la risa acuchillada del árido sereno. Cerrad el terreno de la sal. Pues incluso el residuo maldito, la sal del precio, es hermana del cometa y la eternidad constelar. Es su tiempo. Es la columna de la voz, de la invocación, el abrazo entre el reino y la corona, la iridiscencia de los cuerpos abandonados en la desnuda llanura. Y la soledad no es más que una oscura compañía. Y la sombra no es sin la tea. Y así el rigor y la misericordia. Pues sólo la sal es parte del movimiento celeste. Los minerales son la huella del pasar. Cerrad la esfera de sal y paraos dentro de ella. Pues no hay más que desaparición en el crecimiento. Y no hay más que arena para la voz. Y no hay interior, sino un vasto desierto, afuera. Abrid con la sal el sello y no con metales, que la piedra es el corazón doliente de Dios. Y no hay división del nombre. Pues la sal es la memoria que nos transforma en un puente con el remoto confín. Es el túmulo que corresponde a la figura de la bestia con la del converso. Pues aceptar la ley es desterrarse del destierro. Escribid con sal el templo e Hiram descorrerá los velos del Tabernáculo.
VIII
Y ahora, hijo del hombre, ¿qué haces aquí? Levántate, huye al desierto,
llévate allí la copa de las tribulaciones,
desgarra allí tu alma en muchos pedazos,
y entrega tu corazón como presa de una ira impotente;
vierte tus abundantes lágrimas sobre los rizos de las peñas,
y suelta tu amargo clamor para que se pierda entre la tempestad.
Hayyim Nahmán Bialik
Toda presencia en movimiento tiende a la caída. No lo señalan los orígenes, ni las artes materiales, sino los fármacos que se confunden con la grama. Así la madera rota no ha de llorar, ni hospedar a Dios siquiera. Pues recuperará la vista en la savia no dispersa. Hay un movimiento que corresponde a los pueblos, que fue escritura de todo aquello pendiente. Y la deuda, y el falso oscilar, es la pregunta de aquella vida a la que nuestro lenguaje avanza. Y el caminar del pasado fue procreación, formar en la cruz, no en la certeza del amado. Así como los signos son detenidos, las diez casas aguardan el uno, no el once, sino el regreso al atrás de la bestia. La inversión de la cifra es un camino nebuloso. Y las altas montañas son su nimbado deseclipse. El lugar donde la carne se hizo lengua, y el poema final se guardó en la memoria del libertador. Y la poesía, cadena. El desierto tiene muchos rostros, y su nombre no alude. Pues aunque sea la senda de las multitudes, sólo algunos sobreviven al sobrevivir. Pues aunque crezca la grama, el tallo y el árbol, sólo algunos tienen el rostro quemado. Y aunque se abra sin límites hacia las salidas, sólo uno conoce la entrada. Y no hay justos para el acontecer de la primavera. Y ya su condición es necrófaga. Y no es más que retardo. Pues sólo el niño junto al perro pueden ver al felino en la jungla, y cada rostro sujeto con llanto a la floración. Las rayas del tigre son el alfabeto del velo. Pues tanto adentro como afuera el soplar de lo alto regará de ceniza la sucia siembra. Pues no hay abogados ni acompañantes al final de la cosecha. Pues la tierra y su bifronte constelación ha ahuyentado a lombrices y cuclillos. Sólo un ruiseñor. Ni comunicación ni mostaza, más que el vestido de la abundancia. Y todo movimiento es ya caída, pues la profundidad es el espejo. Todo lenguaje sin sentido es destierro. Exterminio.
IX
Good words, strong words, words that could've moved mountains. Words that no one ever said. We were all waiting to hear those words and no one ever said them. And the tactics never hatched. And the plans were never mapped. And we all learned not to believe. (...) Brothers and Sisters, hope still waits in the wings like a bitter spinster; impatient, lonely and shivering, waiting to build her glorious fires. it's because of our plans man; our beautiful ridiculous plans. Let's launch them like careening jetplanes. Let's crash all our planes in the river. Let's build strange and radiant machines at this Jericho waiting to fall.
Silver Mount Zion.
Dispersados serán por el mundo las mujeres que cantan y los hombres que cantan y todos los que cantan. Canta el niño, canta el viejo, canta la vieja, canta el hombre joven, canta la mujer joven.
Libro de los libros de Chilam Balam.
La sabiduría del hombre está en el balbuciente avanzar contra su verdad. Desde la primera morada, el humor atrapado entre la profundidad de los océanos y el cielo, la señal, la letra escondida en la pronunciación, ha proyectado una advertencia. Y las almas estériles no han perdonado al fuego. No han aceptado el hambre. Han olvidado la sed. Pues la voz que de la voz es treno, la enunciación del rayo y su partitura, sólo es recogida por las semillas que rechazan el agua. Y es que la música fue un cántaro. Y así la escritura, entonces poesía, es el exilio de lo armónico, el ineluctable caminar sobre los restos de una canción exterminada. Así la huella del alfarero yace en los fragmentos. Y no fue el amor sino la obtusa creencia, la que pospuso los cuerpos del jardín. Y no es la tradición la que duerme en las letanías y oraciones. El bosque imita al desierto. La vida actúa de muerte. Y el orden, diseño de los seres al mediodía , es la frustración de no poder tañer los viejos instrumentos. Y ya la urna es nuez. Pues no hay compositor ni unidad en las revoluciones, en la forzada simpatía de siembras y cosechas. El sistema desplaza la partícula en su profuso devenir. Y el Libro no ha sido creado, ni menos existe en la lectura. No hay canto sin intérprete. No hay templo sin la piedra. No hay hogar en el agua detenida. Y no podremos nacer sin memoria. Y no habrá júbilo sin un séptimo estadio.
La sabiduría del hombre está en recibir. El errar hasta la negación de la propia naturaleza. Y la única rememoración es la del pueblo perdido. Aquellos padres muertos y todos los hijos huérfanos. Pues la celebración de la santa jornada es ya lamento, y un intenso padecer por la aurora del día que no llega.
Pensad en los niños abandonados al crecimiento.
Pensad en los frutos dentro de sus bocas sin bocas, dientes ni lengua.
Pensad en la danza.
Pensad en que no conocen el canto.
X
Defensa del Ídolo.
Tú en los ídolos eres el secreto.
Ibn Arabi.
Coraza de tormentos, de escombros victoriosos, invasión de altura comprobándose en mármoles de espanto, pierna intraterrena, en medio de ese alud pasado, rodeado de fantasmas de fantasmas para poder pensar, de presencias que me agarran desesperadamente, que se agotan, husmeando su loza viva, el pedestal de su absoluto y soberano ídolo, pero en quien todo fuego, toda aptitud terrena se ha perdido; destinado a lo indecible.
Omar Cáceres.
A
León-Bruma.
Y fue el destierro del agua y los niños, el brumo. Así el proceso es justicia para el caminante. Y fue el rojo león, profeta en el desierto. Y tuvo dos rostros. Pues no hay presencia en la voz. Y fue el violentar la lluvia su ley. Y la flor y el fruto no permanecieron, tampoco el maná ni la advertencia: es su agónica cabellera. Es el crisma y la estrella, el horizonte eclipsado por el agua entre sus ojos. Y entonces fue bruma. Y el león bautizó la arena en la clepsidra de la promesa. Y guardó al carro en su venida al reino. Y ahuyentó al timorato de la altura del monte. Llámase misericordia y ha protegido el perdón.
B
Tigre-Humo.
Y las alturas cayeron con el soplo a la caldera. Las madres en el diáfano valle nombraron ídolo al metal. Así la piedra se hizo tiempo y los niños, almendra. Pues la imagen, el ídolo grabado, son las lágrimas de humo, la cabellera escrita en llaga sobre el sacrificio de limpiar la ceguera. El tigre esconde al desierto en el bosque. Y cada árbol es un hijo sin padres. Pues no hubo alma., sino sangre en las puertas, madera, para curar la herida de un pueblo infante, anterior al lenguaje. Así la morada es la cicatriz. Así el agua y la piedra callaron como el niño en el horno. Así los treinta y seis tigres secretos. Y el tigre fue el ángel silente, y fue el bosque su lagar. Ahí el hijo es tigre, esperando con fuego la sequedad del florido espejismo. Pues el tigre es rigor. Y en él, nuestros padres limpios de lejía aprendieron el horror, la esclavitud de la ceniza. Y es ceniza el velo del hijo. Y es tigre el rostro del Mesías. Y es Mesías quien nos volverá a la hoguera.
Gato- Brumo.
Dedicado a Elmo,
salvó la vida y el alma de mi familia.
¡También se muere el mar!
Federico García Lorca.
Y fue sólo un pequeño gato, un psicopompo vestido de ceniza, el que estremeció la mudez del cielo, en la celebración de la madre. Y fue sólo un pequeño cuerpo, el que nos mostró la inexistencia del tiempo. Y fue él, Asclepio, quien saltó el lamento de los patriarcas, para cubrir con sus pisadas, la yerma extensión del exilio. Y sus uñitas florecieron como agua latente en el canto. Y las almohaditas de sus pies fueron el pan que no podría durar más de una jornada. Y las familias supimos que en su boca, estaba la invitación al santo lugar. No olvidéis sus ojos. No los olvidéis. Pues el imperio no ha tenido fin. Y el pequeño gato es la imagen arruinada de su linaje. Y sólo él pudo ser el vórtice de las sibilas. Pues el gato nublado es la enunciación de la madre. Recordad al león y al tigre, pues el gato no es ni será simio, su forma es única, ya su profundidad es superficie.
Los grandes peligros se han roto como las cuerdas de la palabra. Los grandes felinos han ahogado su belleza en la arcana fuente con voz de pozo. Y la gran enfermedad de la luz artificial ha hecho del desierto una ribera infinita, de entidades que se resisten a la siega.
Recordad al pequeño ser que moraba en el jardín. Recordad su aliento a pez. Recordad al pez. ¡Recordáis acaso el dios de vuestros padres! Ha nacido para morir el pequeño gato bajo el signo de la piedra. Ha nacido de los profetas y los justos escondidos. Ha sido el agua, la ceniza, el fuego y la nube, pero ahora es canto y debe esperar al santo errabundo. Debe volver al desierto. Pues sus ojos son la medicina para los sucios fanales. Pues la muerte engendra muerte. ¡Oh hermano noctívago! ¿Con qué melodía reparaste el cántaro en el vientre de mi madre, para que todos los hijos resuciten en ella? ¿Cómo has devuelto la noche , la arena y el momento del exterminio?
Contigo desaparecen los espíritus protectores, el antiguo ejército de 600000 antepasados, los cánticos y holocaustos. La última muralla se ha ido para ceder al llanto. Para ceder al luto y a la infancia de animales, plantas y astros.
Ahora la educación de la sal.
Ahora la educación del silencio.
Así, la cruel batalla con sedientos demonios.
Así, la lluvia.
D
Perro- Lluvia.
Entonces morderán a sus amos los Pek, Perros, pues no está lejano el día en que sobre ellos se vuelvan, sobre el que desprecia a su madre, sobre el que desprecia a su padre.
Libro de los libros de Chilam Balam.
Oh, aleja de allí al Perro, que es amigo de los hombres,
Que si no, ¡lo desenterrará de nuevo con sus uñas!
T.S.Elliot.
E incluso cuando estaba entre las piernas del marinero, su rostro señalaba la patria. Incluso en la cicatriz, su lengua encontró los huesos. ¡Y no temáis por los cuerpos en barbecho! ¡No temáis por la historia de sangre hecha tierra! Pues el perro no ha venido a despertar las genealogías. Ni adultos ni viejos, sólo los niños sin padres, aquellos cargados en la huida, de pueblo en pueblo. Y es el idiota perro, con la insensatez de padre y madre, el que enseña el baile del rabo, el defecar lo santo y fornicar el lecho del amo. Es la estrella ajena al cielo, la cruz de los planetas, cuando el agua se evanece dejando la playa desierta. Y los navíos no vuelven, y la isla no está ya más sola. Y el perro es mendigo, basurero e idiota. Y es un ciego golpe el perro. Y el perro no ataca a la familia que ha perdido el templo. Sabed la idiotez, pues sólo ella puede levantar al niño encerrado. Y sólo ella puede devolver los pies a la senda. Pues el niño destruirá la sorpresa para ver dentro de lo existente. Y no tendrá miedo a la sombra. Pues el niño es un tipo de rocío ubicado a la diestra. Y cuando lleguéis al precipicio de los soles, olvidad al pueblo errante y su padecimiento. Olvidad la voz y el cayado. Olvidad los océanos, los mares y la piedra donde el perro dispensará recuerdo. Pues toda lluvia debe haber sido en el comienzo.
E
Polilla
Y luego de la noche no hay morada. Si la enfermedad encendida muestra los soles que matan la lombriz, el fruto y el nido, ni el animal del crepúsculo, ni el espíritu de dulce carne, sino el insecto, la mariposa que vuelve a la pupa y crece negra, es el carnero. Y es la bovina macho cabrío, enemigo espiritual, que liba segundos, horas, siglos, en la muda batalla del tiempo. Y es la polilla y su nombre, quien pierde las alas donde no hay realidad de cielo y de tiniebla. Pues la polilla es el amado a quien la esposa escondida deja ver el rostro. Pues hay una luz verdadera en la noche, sin padre ni velo. Y es justo cortar las riendas y anteojeras, para que el carro logre atravesarte y así también el fuego.
XI
Sin embargo, esto prueba en el perro un natural feliz y verdaderamente filosófico.
Platón.
¿Hay otro rumor más allá de la caída, en el ladrido que acompaña el abrirse de las sortes?
XII
Despierta a la bestia en la escritura
Con tu cuerpo en verso mutilado
Pues del rayo se oculta una guerra
En la que es sólo el alma un negro heraldo
Despierta a la bestia en la escritura
Haciéndote de armas espirituales
Que se encuentran ateridas dentro
Del lenguaje anterior a la madre
Despierta a la bestia en la escritura
Ahogándote en la tinta, Noche Oscura.
Es el decasílabo de la renuncia, el que atraviesa el umbrío vado, donde sólo temeréis a Dios y los demonios. Y es que más allá de montes y riberas, las cumbres son simas y fermento. Y es que el peligro de la repetición infinita, sólo es conocido por quien ha conservado la memoria del poema en la tormenta. Pues poesía es sagrada escritura en el exilio, sin reposo, la décima decasílaba al oído, invierte al converso.
CRÍTICA a "Visión del Oráculo" de Aristóteles España

Del latín Oraculum, que significa "respuesta que da Dios o por sí o por sus ministros", "lugar, estatua o simulacro que representaba la deidad cuyas respuestas se pedían", este libro titulado "Visión del Oráculo" (Red Internacional del Libro, Santiago, 2005), de Andrés Morales (1962) es un juego del imaginario personal hacia otro colectivo donde el poeta aporta una visión desintegradora de un universo que se recoge y salta en el infinito como un niño.
"Todo se detiene y habla y permanece", dice, mientras se escuchan gritos despiadados desde el fondo de la tierra y todo el poemario se estremece, saltan las vocales, los adverbios están arriba de los árboles y la historia se desplaza entre Roma, Tenochtitlán, El Cuzco. Extrañas fantasmagorías recorren las ciudades y las ventanas de un lugar que puede ser Santiago, Lima, Pekín, México, y la niebla dibuja el rostro de Vladimir Holan en medio de la noche mientras se abren los muros y leemos en su texto "Los Videntes":
Todos íbamos a ser Rimbaud
Poesía para volarse los sesos en medio de una noche de lluvia mientras las palabras cotidianas vuelan, raudas, hacia otros lugares y sólo existe una salida: la de buscar entre los escombros los espacios del porvenir como decía René Char.
Andrés Morales nos propone una lectura de los regresos, del mundo que se invierte y no hay nada que temer solo los pálidos reflejos del "quizá".
Sus textos son estremecedores, por sus grietas aparece un país desolado, el viento chileno que choca con los truenos de T. S. Eliot, el aeropuerto de Zürich donde hay ángeles llenos de miedo y el mar Adriático es un largo cementerio donde aparecen los ojos de Borges, cuando dice que la lluvia es una cosa que, sin duda, sucede en el pasado, e imágenes de autores españoles, ingleses, franceses, que Andrés Morales ha incorporado a su acervo cultural para desplazarse a toda velocidad por distintas culturas del planeta en un viaje vertiginoso jugando con el oráculo como los niños juegan con los volantines en primavera.Libro memorable que está destinado a sobrevivir en la jungla de este idioma en un remoto país como el nuestro. Gonzalo Rojas nos dice que "Andrés Morales no sólo es poeta. Está condenado a ser poeta. Errando, errando, errando, hará lo suyo prefiriendo a los éxtasis el sacrificio. No yacerá en un libro como tantos. Crecerá, volará".El libro está dividido en dos partes: "Poemas del vidente" y "Poemas a Dido". En la parte final el autor juega con las luces de una ciudad inexistente, el vacío, y el hueco que producen los vientos en las manos. Poesía que rescata el amor y las edades del mundo, para siempre.
Dos poemas inéditos del libro DESEMBARCOS de Lucía Cánobra Pompei

A lo lejos creo oír canciones, sacras melodías,
brillos de madera negra
y la mirada en muslo y ademán.
Ordeno en rito mi púbico vello,
aliciente, lacerado.
No sonrío.
Mi ebriedad, apenas, se esconde tras la borra del café,
y mis piernas leves, separadas,
dejan ver la oscura brecha,
renovada tras el sexo de mañana.
Busco entre mis nalgas la señal,
el exacto fin de nuestras llagas.
Sin embargo viene y va,
la fiel cadencia que emociona,
mi lamento,
mi final,
mi estigma único.
Asfixia
Flotó mi cuerpo entre la espuma;
me cubrió mi propio llanto
sin poder siquiera entregarme en la plegaria.
Mis brazos se movieron sin asirse de los hombros;
mis piernas restringieron el saludo
y una tibia despedida.
Fabriqué lazos, cintas, cuerdas,
y otros tres demonios
a los que exalté en un rezó
que inventé en aquel instante:
Donde quiera que haya ido,
el perverso hielo me seduce todavía.
Donde quiera que me encuentre,
no deseo regresar.
Ya la nieve he derretido,
o el espanto de la arena incoherente.
Me veo envuelta en llamas,
en fuego, en saliva.
Me revuelco sobre mí,
provocándome un pálido estertor,
y me entrego al sueño, a vuestro espíritu;
me entrego al aire,
que otra vez me desertó.
Breve biografía
Lucía Cánobra Pompei nació hace veintisiete años en Algeciras, España. Tras un breve paso por Argentina y Uruguay, actualmente vive en La Serena, Chile. Es Intérprete superior en Piano, y en sus clases, de universidad y privadas, mezcla su afición a Brahms y Schubert, con porciones de música concreta y electrónica académica. Su primer texto: “Desembarcos”, será editado próximamente por el sello "Prometeo".
ADIOS A STELLA DÍAZ VARÍN por Aristóteles España

Partió al País de Nunca Jamás, la Reina de los Sirlos como la llamó Virginia Vidal, la musa de la Mandrágora, la Princesa del célebre grupo literario “El Zócalo de las Brujas”. Se fue como parte una gaviota hacia el horizonte o como una estrella que vuelve a una lejana constelación donde alguna vez vivió.
Una de las grandes escritoras de Chile y Latinoamérica, construyó una escritura en los límites del lenguaje y la vida, nos propuso una estética de la cotidianidad con la fuerza de las grandes artistas, sus palabras estaban llenas de orillas e imágenes de pájaros que inundaban el mundo con sus graznidos de ausencia. Así era ella, transformaba la realidad para hacerla más digna de ser gozada.
Alone la comparó con Vicente Huidobro; Enrique Lihn decía que era una de las pocas artistas con voz propia en nuestro país; Pablo de Rohka consideraba que era la Estrella (como su nombre) de la literatura chilena después de la mitad del siglo XX. Compartió la bohemia de los años 50 en Il Bosco, y otros espacios de la época, en recitales memorables en el Parque Forestal junto a Pablo Neruda, Francisco Coloane, Carlos Droguet, el mítico Chico Molina, Luis Oyarzún, Jorge Millas, Martín Cerda, Luis Sánchez Latorre.
Por nuestra parte, la conocimos a fines de los años 70 en casa de la poeta y fotógrafa Leonora Vicuña. Celebramos el cumpleaños de alguien. Estaba Jorge Teillier, Germán Arestizábal, José María Memet, Ramón Díaz Eterovic, Alvaro Ruiz, Verónica Poblete, Bárbara Martinoiya, Rolando Cárdenas, y otros fantasmas amigos de la época. Allí nos contó de su vida en Santiago, de cómo a los 16 años le escribió un poema al Traidor González Videla, al igual que Neruda. “A los 16 años uno se equivoca, me dijo”, mientras bailábamos una polka y brindamos por una amistad que se prolongó hasta el día de su muerte. Habíamos leído “Razón de mi ser”( 1949); “Sinfonía del hombre fósil”(1953); "Tiempo, medida imaginaria" (1959), libros fundamentales pero absolutamente desconocidos.
Le gustaba recitar “Los motivos del lobo”, de Rubén Darío, ciertos versos de “Las Flores del Mal” de Baudelaire y solía inventar poemas de autores inexistentes con los cuales se burlaba de sus auditorios. Dura Stella, le decíamos y ella se reía como una niña grande que hace maldades.
Nos propuso una estética de la fuerza contra la adversidad. Nadie como ella la vivió en carne propia. Ignorada por su partido, por academias y círculos literarios fue, sin duda, la más grande de todas. Admirada, arrogante, estuvo ajena al poder y la gloria. Pudo haber sido Agregada Cultural de nuestro país en cualquier rincón de la tierra, pero su actitud crítica, mordaz, llena de entusiasmo y sabiduría le impidieron muchos honores de parte de las instituciones del Estado de su propio país. Sin embargo, fue reconocida por sus pares, y este jueves 15 de junio fue homenajeada por los artistas chilenos. Nunca habíamos visto a tanto poeta junto nos dijo una escritora amiga. Discursos de la Sociedad de Escritores de Chile, lecturas de amigas y amigos, actores, músicos, titiriteros, niños poetas, cineastas, escritores de la más diversa animalidad y especie se dieron cita para darle la despedida final. Su legado será eterno. Habrá que solicitarle a las autoridades construír una plaza con su nombre o tal vez un parque donde puedan llegar los jóvenes –quienes más la lloraron- a leer sus versos, a enamorarse en primavera con sus textos de “Los dones previsibles” donde habla de la nostalgia como ríos azules que se dibujan en los ojos del cielo. Los autores cubanos la incluyeron en su Colección de Clásicos de nuestra lengua; publicada en Argentina, EEUU, Perú, Colombia, aquí en nuestra Patria Feliz del Edén, recibió, como todos los grandes artistas, como Gabriela Mistral, el Pago de Chile. Su obra se encuentra en el portal de “www. google.com”.
SANTIAGO, junio 15 de 2006

