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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."



José Saramago

domingo, 19 de febrero de 2017

"SILENCIO" POR ANÍBAL RICCI (CHILE)




–¿No va a sufrir?

–La inyección es instantánea.

            Julieta se mudó el sábado al edificio. Sus hijas tenían cuatro y dos años, por lo que las dejaba al cuidado de Milagros, hace poco llegada de Lima y dispuesta a no cuestionar los horarios de su patrona. Julieta se despedía sagradamente de Fabiola y Fernanda, todos los días a las nueve en punto abandonaba el tercer piso enfundada en un abrigo largo. Milagros se fijaba en sus tacones que hacían juego con la cartera y los labios.

           Milagros preparaba el desayuno para las niñitas y a las nueve aparecía la madre envuelta en una bata blanca. Fabiola iba por las tardes al jardín, era parlanchina y divertía a Fernanda con sus muecas. Una vez terminado el café Julieta se instaló en el sillón del living y sintonizó el matinal para escuchar los consejos matutinos. El domingo Fabiola y Fernanda bajaron a los juegos y después de tomar onces cayeron desplomadas y no se levantaron hasta el lunes. Era el primer desayuno que compartían en el departamento, las niñitas se veían felices, nunca habían visto a padre y al parecer no lo echaban de menos. Julieta trabajaba todas las noches salvo el domingo, único día en que Milagros se dedicaba a sus cosas.

–¿Dónde está Cleopatra, mamá?

–La llevé unos días a casa del abuelo.

–¿Por qué no fuiste con nosotras?

–El viernes tenía muchas cosas que hacer.

           Milagros regresó del colegio con Fabiola. En el camino le fue contando que habían trabajado con papel lustre. Fernanda estaba encantada con los barquitos que le regaló su hermana. Julieta permanecía en silencio y no prestó atención a las figuritas. Su rostro apenas dejaba traslucir sentimientos. Alguna vez le había dicho a Fabiola que el papá les enviaba dinero desde el extranjero, que había vivido con ellas el primer tiempo, pero debió salir del país en busca de oportunidades. Repitió esa mentira cada vez que fue interrogada por su hija, hasta que un día dejó de preguntar. Julieta no era su verdadero nombre, lo había tomado prestado de una película de Almodóvar. Fabiola tenía dos años por ese entonces y no pareció advertir el cambio. Adoptó ese nombre al arrendar una pieza, cansada de inventar chapas ante los clientes, hasta que se decidió por mantener ese nombre melodramático. Se consideraba una actriz, pero la droga y el paso del tiempo la convirtieron en una mujer a la que le daba lo mismo que la descubrieran. Ni siquiera su padre se extrañó de esta Julieta que jamás le presentó a Romeo alguno. Pedro había enviudado diez años atrás y no volvió a rehacer su vida. La vieja casa de Quinta Normal parecía la morada de un fantasma, corredores interminables comunicaban las habitaciones con dos patios interiores. Fabiola y Fernanda pasaban horas jugando debajo del parrón. Con el tiempo la pintura de las paredes se fue deteriorando y los viejos cuadros completaron la fachada de mausoleo. Cuando Julieta salió del colegio, trabajó de vendedora en una tienda. No conocía las discotecas y le agradó que le invitaran tragos. Regresaba de madrugada, dejándose encantar por el mundo de las apariencias. Nunca había salido con hombres que condujeran sus propios autos. La llevaban al cine y a pubs ambientados con luces tenues. Quedó embarazada de Fabiola y el sujeto desapareció por arte de magia. Conversó con una enigmática chica en sus idas a bailar y se dejó encandilar por su vestimenta elegante. Le confidenció que era prostituta y sus honorarios hicieron que Julieta evaluara seriamente cambiar de rubro.

–¿Cuándo vamos a ir donde el abuelo?

–Se fue por unos días al sur.

–¿Para pasear a Cleopatra?

–La perrita cumplió dos años y no conocía el campo.

           Las escenas devastadoras de Almodóvar obraban sobre la protagonista para dar origen a esta tragedia. Las palabras omitidas, las conversaciones que no tuvieron lugar, todo ese vacío fue absorbido por Julieta. Pedro no fue capaz de trasmitirle el afecto que sintió por su madre. Toda su niñez y adolescencia la vio deambular por los corredores, leyendo titulares de los diarios. Una y otra vez los repetía –al desayuno, al almuerzo y a la cena– en una ceremonia que fue perdiendo gracia con el paso de los años. Jacinta no distinguía a su hija, la confundía con su hermana, una amiga, siempre con un nombre diferente. Pedro no derramó ninguna lágrima durante el funeral. Julieta solía pensar que su madre los había abandonado mucho tiempo atrás. El único recuerdo lúcido provenía de un retrato que su padre mantenía colgado en el dormitorio. Julieta lo culpaba por la enfermedad. Quizás qué daño le provocó en sus primeros años de matrimonio. El silencio lo condenaba y ese mismo silencio lo heredaría Fabiola. Esas palabras no dichas eran un mensaje premonitorio, alguien sería arrollado por un tranvía proveniente de un pasado sin recuerdos. Madres sufrientes, hijas perdidas, vidas transferidas por viejos fantasmas.

–Cleopatra se quedó en el sur.

–¿No se la trajo el abuelo?


–El departamento es muy pequeño de todos modos.

sábado, 18 de febrero de 2017

NUEVO NÚMERO DE LA EXTRAORDINARIA REVISTA RUMANA "ORIZON LITERAR CONTEMPORAN" EN SU DÉCIMO ANIVERSARIO



"HABLE CON ELLA", CRÍTICA DE CINE DEL ESCRITOR CHILENO ANÍBAL RICCI




(2002)

Dirigida por Pedro Almodóvar


«Te dejo la casa que preparé para Alicia y para mí», le dice Benigno a Marco Zuluaga en su carta de despedida, «cuéntamelo todo (en el lugar donde me lleven), no seas tan hermético», agrega. Son las sentidas palabras de Benigno Martín (extraordinario Javier Cámara) a su amigo que lo fue a visitar a la cárcel. «He abrazado a muy pocas personas en mi vida», le confiesa Benigno a través del intercomunicador y del vidrio que los separa. Benigno es enfermero y ha vivido oculto toda su vida. Supuestamente homosexual como el niño de Las Horas (Michael Cunningham), la novela que Marco tiene en su velador, pero eso qué importa si Benigno estaba realmente enamorado de Alicia, su paciente en coma. El guion de Almodóvar es sutil, alejado de sus clásicos melodramas, pero esa sutileza lo vuelve inconteniblemente dramático, trágico a la manera griega, hábilmente dispuesto entre dos piezas de baile teatral. A la vez es una ecuación matemática, transitiva: Si (1) Marco estuvo enamorado de Lydia (una torera) y (2) Benigno de Alicia (bailarina), añadimos que Benigno y Marco son amigos, entonces perfectamente (3) Marco y Alicia pueden enamorarse. Las partes (1) y (2) son narradas (dentro de la película) como algo azaroso, la tercera es cosa del destino. El azar juntó a estos amigos o quizás fue el destino, da lo mismo, el amor hace que los milagros ocurran y que la muerte (o el coma) se transforme en vida. Benigno ha cometido un delito, pero Benigno es inocente (como sugiere su casera), una especie de ángel para el cual no incumben las reglas de la sociedad. Existen otros polos opuestos: Lydia es torera y Benigno enfermero, actividades más habituales para el sexo opuesto. Esos polos son relativos: Benigno ha cuidado tiernamente de Alicia (como antes de su madre), pero es capaz de cometer un acto de salvajismo, aunque dicho acto involucre ternura: «Alicia está viva, tú la despertaste». Este guion conmueve en lo más profundo, Almodóvar nos muestra una violación como un acto de amor. El tercer acto no está escrito, aunque el asiento vacío en el teatro alude a una especie de cupido suicida que ha posibilitado que las vidas de Marco y Alicia puedan encontrarse. Hable con ella es una historia difícil de contar sin horrorizar a esa futura conquista, «hable con ella» le diría Benigno, no seas tan hermético. Los flashbacks e incluso la inserción de un corto de cine mudo fluyen como la seda, todo tiene significación, las variaciones de violín o la lluvia es presagio del accidente y vuelta a la vida. La narración transcurre a lo largo de un año, pero el tiempo es relativo, los flashbacks de Marco y Benigno se cruzan, otorgando continuidad entre el pasado y el presente, con una sobriedad que sorprende al tratarse de Almodóvar, donde la soledad y el afecto son cruciales a la hora de profundizar en temas como la amistad, el amor y el poder de la palabra.

viernes, 17 de febrero de 2017

PEQUEÑO HOMENAJE AL POETA CHILENO MAURICIO BARRIENTOS (POR ANDRÉS MORALES)



Los elegidos



Fuimos una estirpe generosa
el don que nos fue dado en privilegio
lo hicimos madurar perfectamente.
Sólo que algo nos faltó, no fue el silencio
ni el ansia de morir en la batalla.
Sólo que algo estaba allí detrás del sol
y las noches donde el mar se estremecía.

Vimos los caballos y los peces,
el rápido aletear del tiempo ajeno;
vimos el diluvio, la ruina, el esperpento
y el húmedo contacto de la tierra.

Nada es como ayer ni puede darse
el fruto en el invierno despiadado;
la historia no quisiera recortada
al tiempo reescribirlo en la derrota.

Cada cosa en su lugar,
también la muerte.

Fuimos una estirpe generosa.

                                                       (A Mauricio Barrientos)

                                               

               

CURSO “PROYECTO DE OBRA” EN LA CASA DEL ESCRITOR (SECH) A CARGO DE YURI PÉREZ

   

CURSO “PROYECTO DE OBRA”
en la CASA DEL ESCRITOR
Con el patrocinio de la Sociedad de Escritores de Chile


CURSO DE ESCRITURA CREATIVA:   “PROYECTO DE OBRA”

INICIO DE CLASES: VIERNES  3 DE MARZO, 2017

MATRÍCULAS E INFORMACIONES:  yuriperez77@hotmail.com


Roberto Rivera Vicencio, Secretario General de la Sociedad de Escritores de Chile, saluda cordialmente y tiene el agrado de comunicar el inicio del curso Escritura Creativa para jóvenes y adultos a cargo del escritor Yuri Pérez. El proyecto propuesto por el escritor Yuri Pérez, dirigido a autores mayores de 16 años sin límite de edad, contempla este año, la realización del curso “ PROYECTO DE OBRA” Las Clases serán los días  Viernes de 18:00 a 21:00 horas


Roberto Rivera Vicencio
Secretario General
Sociedad de Escritores de Chile

Referencia escritor que imparte el curso:




YURI PÉREZ (San Bernardo, 1966):  


Poeta, Narrador. Diplomado en Arte Universidad Mayor; Diplomado en Poesía Fundación Pablo Neruda; Gestor Cultural Municipalidad de San Bernardo y Encargado de Área Literatura Departamento de Cultura de la Municipalidad de San Bernardo, Chile.

El año 1994 recibe la Beca Fundación Pablo Neruda. El año 1996 el Premio Municipal de Literatura de San Bernardo (Género Poesía). Luego, en 1997, recibe la Beca Fondart del Ministerio de Educación de Chile. El año 2001 obtiene el Premio Municipal de Literatura de San Bernardo, (Género Novela). El 2003, el Premio Municipal de Literatura de San Bernardo, (Género Cuento).

Ha publicado; “Cara et Fuego”( Poesía), 1994, “Cartas del Interno”(Poesía), 1995, “Gringa;  El Canto de los Llanos de Lepe,( Poesía) 1996, “Mala Yerba”, (Poesía) 1998,” Antología Registrada”(Poesía), 2001, “Cumbia”( Prosa y Poesía), 2003, “Ceremonia del Cristo Blanco”( Poesía), 2004, “Ghetto”(Prosa y Poesía), 2006, “Suite” ( Novela corta), 2008. También es autor de las Antologías Poéticas; Chena; Poetas Contemporáneos del Maipo, volúmenes I Y II, 2007 y 2009 respectivamente. Y es autor de la obra “Mi Libro”, Material para la Educación Literaria Educación Básica Segundo Ciclo, obra patrocinada por el Ministerio de Educación.  Dirige los talleres de Literatura de la Casa de la Cultura de San Bernardo y ha ejecutado talleres de Creación Literaria en Colegios de Santiago y San Bernardo. Es responsable del Proyecto “Curso para la Formación de Monitores de Creación Literaria para la Educación Básica, 2009. Además, trabajó como Guionista para el Festival Nacional de Folclore de San Bernardo, 2009. Su obra ha sido Antologada en: “Altiro”, Poesía Chilena Contemporánea, Buenos Aires (Selección de Germàn Carrasco y Cristián Gómez), “Tábanos”, 13 Poetas Chilenos, Chile, México y España, (Selección de Mario Meléndez), “El tren en la Poesía Chilena”, (Selección de Jorge Montealegre), “Poéticas de Chile”, (Selección de Gonzalo Contreras, Edición Bilingüe, Español, Inglés), y en “Revista Baquiana, Estados Unidos”. Además, ha sido traducido al inglés, al catalán y al holandés.  Es asesor Literario de Editorial Puerto Alegre de Valparaíso y Profesor Guía de Nuevos Escritores Chilenos. Su producción literaria circula en distintos sitios virtuales especialistas en Literatura y ha sido invitado a múltiples Encuentros de Escritores en todo el país. Actualmente es Coordinador de Cultura de la Ilustre Municipalidad de San Bernardo, Área Literatura. Realiza Talleres Literarios en Colegios e Instituciones Sociales y es Coordinador del Proyecto Monitores de Literatura para la Educación Básica en la misma ciudad. Su obra Poética y Narrativa ha sido comentada en revistas y diarios de circulación nacional e internacional. El año 2010, Yuri Pérez publica la novela “Niño Feo”, comentada favorablemente por la crítica Nacional. 

El año 2011 obtiene el “Premio de la Crítica Chilena a Mejor Libro Editado el 2010 por su Novela “Niño Feo” (narrativa Punto Aparte-Ediciones.) Este Premio a nivel nacional, lo otorgan los más destacados críticos de arte de Chile junto a la Universidad Diego Portales. Beca Consejo del Libro Escritores Profesionales 2012, por la novela “Mentirosa”, Ediciones Narrativa Punto Aparte. El año 2013 Obtiene la Beca del Consejo del Libro y La Lectura Escritores Profesionales. Actualmente prepara un nuevo libro de Poesía para editar este año 2015, se trata de un libro inédito. 


DOS POEMAS DE "ESCRITO" DE ANDRÉS MORALES TRADUCIDOS AL INGLÉS POR EL POETA CHILENO VÍCTOR LOBOS





ESCRITO EN ACADIO

Written in Akkadian


Es sólo la grafía,
el recto, agudo, zurdo y diestro peso
del pincel o de la pluma o de la mano.

It is just the written symbol,
The straight, sharp, left-handed and right-handed weight
Of the paint brush, the pen or the hand.

Es la mancha original y es el deseo
de una gran palabra que lo diga,
que lo cubra todo, que lo explique
o nunca  explique nada, que lo entone
y suaves consonantes y ágiles vocales
habrán de pronunciar su claro acento.

It is the original stain and the wish
For a great word that says,
That covers everything, that explains
Or never explains anything, that intones it
And soft consonants and nimble vowels
Shall pronounce its clear accent.

Es la línea horizontal, el solo trazo
que dejó en Babel el escribano.
La alquimia del secreto, del poema
que abre al fin sus puertas al herido,
al niño que comprende en el silencio
el gesto curvo del maestro,
el aire que ya fue y permanece.

It’s the horizontal line, the single stroke
Left in Babel by the scribe.
The alchemy of the secret, of the poem
That opens its doors to the injured at last,
To the child who in silence understands
The curved gesture of the master,
The air that was and stays.

  
(A Tomás Harris)
(To Tomás Harris)

  

JEROGLÍFICO IMPOSIBLE

Impossible Hieroglyph



Hay tanto que decir y poco tiempo.

There is so much to say and so little time.

(El escriba derramando en su tablilla
una sola lágrima de sangre).

(The scribe shedding on his tablet
A single tear of blood).

Hay tantas horas luego y tal silencio
que los frutos ya maduran en el huerto.

There are so many hours then and such a silence
That the fruits already ripen in the orchard.


(El tiempo atrapa el ritmo de las olas
que son esas palabras nunca escritas).

(Time captures the rhythm of the waves
Which are those never written words).


  
(A Antoni Clapés y Dolors Udina)

(To Antoni Clapés and Dolors Udina)


"INFIERNO" DEL ESCRITOR CHILENO ANÍBAL RICCI






Llevo tres días bebiendo cerveza y los pensamientos ya no conectan con San Valentín. Acostumbro vivir de noche, despierto a las nueve cuando siento que la oscuridad me protege. Acudo al cine y los susurros parecen reconfortantes. El año pasado los sentimientos quedaron sepultados en alguna porción de mi cerebro. Solía enamorarme de la primera mujer que me prestara atención. Supongo que era una estupidez hablar de amor. La chica sentada en el café me sonreía y yo quería caminar por la arena y contarle lo mucho que me gustaba. Eran tiempos en que los veraneantes deambulaban por la costanera, mirando las olas imaginaba aguas cálidas en las que flotaban pretéritos sueños. Surgieron los créditos y me dirigí a la playa. No distinguía el mar, pero la brisa marina calaba mis huesos. Los rostros eran una incógnita en una noche sin luna. Manchester me arrastró al fondo del océano. «No puedo superarlo», decía Lee Chandler, diez minutos caminando y no podía dejar de llorar. Las imágenes llenaban los vacíos y me permitían mantener la cordura. Dos años separado de mi mujer, soy otra persona, no logro conversar sin alcohol en las venas. Mis ingresos disminuyen cada vez que publico un libro, suelo ver películas apenas mis padres se van a dormir. Me dieron educación, aunque en el colegio estuve becado por mis notas. Pagaron la universidad, pero cuando te vuelves loco interesa bien poco. Supongo que el trastorno esquizoafectivo tiene que ver con los maltratos. Empleadas que nos golpearon durante años, mi madre no creía lo que le decíamos y a mi padre poco le importaba. Eran unos extraterrestres, yo me dediqué a andar en bicicleta mientras le pegaban a mi hermana. Creí ser capaz de olvidar el living sin sillones, la ausencia de teléfono porque incomunica a la gente, los amigos a los que no les sirvieron once, las tareas sin máquina de escribir, la casa sin calefacción, el constante murmullo aniquilador: «Eres un descriteriado» hasta los ocho años, «se enferma porque es un merengue… si le va bien en el colegio le va a ir mal en la vida» durante la adolescencia, «los premios al mejor alumno le van a hacer mal» saliendo del colegio y como guinda de la torta «seguiste ingeniería y todos son unos locos descriteriados». Supongo que, de tanto repetirlos, sus augurios se hicieron realidad. Me enamoré mil veces de compañeras de curso, pero siempre intuyeron que me fallaba un tornillo. Una chica me trató bien en la universidad, pero más adelante confesó que me había engañado con otro. Salí odiando la universidad en medio de otro episodio mental. Cuando niño mi padre canalizaba sus conocimientos naturistas al no inyectarme penicilina. La fiebre muchas veces sobrepasó los límites y recién me extirparon las amígdalas a los veintiún años. Las enfermedades eran la mejor forma de sanar al cuerpo según mi padre, razón por la que postergó durante quince años la operación. Amigos y años de estudio perdidos, tuve que aprender de los cuadernos en vez de los profesores. Partir de cero nunca me pareció el mejor camino. Volver siempre al origen sin aprender. Después de una relación quedé vacío y perdí el trabajo. Otra chica me acogió y me pareció un ángel. Alojaba en mi propio hogar, pero cuando no pude cubrir los dividendos algo en mi mente dejó de funcionar. Cancelé las cuotas durante diez años, me faltaron otros diez. El departamento no era lo importante, pero luego del remate mi esposa comenzó a alejarse. Lee Chandler no pudo superar la muerte de sus hijos, intuí que si perdía a mi mujer no habría arreglo. Sería absorbido por esa caridad mal intencionada de mis padres. El departamento era un símbolo, el logro de algo que me costó ganar, el hogar en torno al cual intentaría ser feliz. Una felicidad de loco, algo muy distinto a la verdadera, un esbozo de sentimientos que a ratos se transformaron en amor genuino. Manejar por las carreteras, de paseo junto a mi señora, comprar aceitunas en la cuesta de La Dormida, un paseo por el santuario de Los Molles, junto a su hijo, recorriendo los glaciares del cajón del Maipo, conduciendo ese jeep que no me correspondía, según mi padre, que estuvo feliz cuando lo vendimos. Me encanta conducir, como a todos, la vida se vuelve despiadada si no eres capaz de forjar, aunque sea planes menores. Hoy no tengo siquiera licencia de conducir, pero más grave, las cosas que me satisfacían ya no me producen placer. Apenas tengo sentimientos atrofiados que debo suplir con guiones de películas. No estaba preparado para Manchester, la historia me caló hondo. Me acabo de arrancar otra uña de raíz, la gente me mira con temor cuando empuño una cerveza, no soy persona, soy un ente al cual pueden robar si se desploma en una plaza. Perdí el norte y sólo escribir me mantuvo en movimiento. Si dejaba de pulsar teclas, me sentía inseguro y comenzaba a extraviarme. Salía a emborracharme porque no sería capaz de volver a generar los mismos ingresos. Mi esposa se daba cuenta de que mi padre la odiaba; nunca entenderé por qué mi madre se dejó convencer. El sistema me jubiló y la pensión fue muy inferior a mi antiguo salario. Mi padre podría haberme socorrido, pero no se interesó. Le prestó a un conocido de mi madre, muchísimo más dinero del que yo necesitaba. Hubiera comprado mi departamento como inversión, prefirió comprar otros cinco. Algo se rompió en mi cabeza cuando perdí la propiedad, comencé a beber y a experimentar más seguido los episodios psicóticos que cada cierto tiempo gatillaba mi enfermedad. Ya no puedo conquistar a una chica, siento que no la merezco, apenas puedo mirarlas a los ojos. Siento que interpreto a Lee Chandler, podría incluso ganar un Oscar sin esfuerzo. Hasta lo sexual se va enredando por caminos cada vez más intrincados. Solicité un crédito a la compañía de seguro, por lo que mi pensión ha ido disminuyendo. Ya no entiendo el valor del dinero. Quiero publicar otro libro, aunque mi padre no lea lo que escribo ni le interese. Les insinué que podrían otorgarme un préstamo por seis meses, pero el conocido de mi madre nunca les pagó una cuota y siempre repiten que están cortos de dinero. Tienen siete departamentos, no se les pasa por la mente apartarme uno. A mi hermana le cedieron el departamento de Ñuñoa; yo soy el hijo esquizofrénico, por lo que me han dejado uno en el testamento. Para mi hermana y sus tres hijos las propiedades, es tan buena hija que una vez destrozó el portón y entró a robar mis muebles y los de mis padres. Yo tengo que vivir con estos viejos que me tienen de allegado. Los metros cuadrados les pertenecen durante el día, mientras en la noche, a partir de las doce, puedo ver películas sin escuchar sus comentarios hirientes. Lo principal será recalcarles que mi pensión ha sido reducida a la mitad, eso hará que vean con buenos ojos prestarme dinero. De los cinco de la familia, fui el único que ingresó a la universidad. Mi error fue convertirme en un loco y descriteriado ingeniero.

jueves, 16 de febrero de 2017

TRES POEMAS DE THOMAS MERTON TRADUCIDOS AL CASTELLANO POR CARLOS ALBERTO TRUJILLO




Himno sin mucho elogio para New York City


Cuando las ventanas del West Side golpean como címbalos en la puesta de sol,
Y cuando el viento gime entre las antenas del East Side,
Y cuando al norte y al sur de la calle treinta y cuatro,
En todos los mareados edificios,
Los ascensores golpean sus dientes y hacen chirriar las barras de sus jaulas,
Entonces, los hijos de la ciudad,
Saliendo de las guaridas de monos
            de sus edificios de oficinas y departamentos,
Con gran dificultad abren sus bocas y cantan:
"Reina entre las ciudades de la Tierra: ¡Nueva York!
Rica como un pastel, común como un donut,
Cara como una piel y loca como la cocaína,
Nos encanta oír que sacudes
Tu gran cara como un banco resplandeciente
Haciendo saber al mundo de locos que estás llena de monedas de diez centavos!

"Esta es tu noche para hacer maracas de todo ese dinero metálico
París está en la cárcel, y Londres muere de cáncer.”
Este es el momento para que gires,
Reina de nuestra paz pasada exacerbada,
Y dejes que la emoción de tus congas algo tullidas
Reemplacen los valses de más resplandecientes
Capitales que han sido bombardeadas.

"Mientras tanto, nosotros tus hijos,
Llorando en nuestro zoo de ventanas mareadas mientras bailas,
Tragaremos aspirinas,
Y trataremos de evitar que nuestra jaula se derrumbe.
Mientras tanto, nuestra mente se llenará de estas peticiones,
Floreciendo calladamente entre los gongs de nuestros latidos.
Ellos tendrán que servir como oraciones:

-- ¡Oh, enciérranos en las seguras cárceles de tus películas!
Confínanos en las salas semiprivadas y en los blancos asilos
De inaguantables cocktail parties. ¡Oh Nueva York!
Senténcianos de por vida a las penitenciarías de tus bares y discotecas,
Y déjanos para siempre estupefactos por las luces azules e imparciales
Que llenan las pálidas enfermerías de tus restaurantes,
Y las clínicas de tus escuelas y oficinas,
Y los quirófanos de tus salones de baile.

“Pero no nos des nunca ninguna explicación, aunque la pidamos,
De por qué nuestra comida sabe a yodoformo
E incluso las flores más frescas huelen a funerales.
No, que nunca veamos tanto como para preguntarnos
Cuáles hombres ricos, tiritando en la oficina sobrecalentada   
Y cuáles de los pobres, durmiendo boca abajo en el Daily Mirror,
Todavía están vivos y cuáles están muertos".

                                               (1940-1942)

  
IMÁGENES PARA UN APOCALIPSIS 
 
VI
 
En las ruinas de Nueva York
 
 
La luna está más pálida que una actriz
Nosotros hemos observado su duelo en la hiedra marrón 
De los puentes déndricos,
En la hiedra seca, marrón   
Que sólo anhela un poco de aire.
 
¡La luna está más pálida que una actriz, y llora por ti, Nueva York,
Tratando de verte a través de los puentes hechos jirones,
Inclinándose para agarrar el falso latón
De tu voz sofisticada,
Cuyas canciones ya no se escuchan!
 
Oh, cuán silencioso es después de la noche negra
Cuando llamas salidas de las nubes arrasaron tus dientes cariados,
Y cuando esos relámpagos,
Alanceando los negros furúnculos de Harlem y el Bronx,
Desparramaron los prisioneros que quedaban,
(Los diez o veinte de los vivos)
En de los bosques de Jersey,
En las verdes granjas, para hallar su libertad.
 
¿Por qué están abajo, cómo se han caído
Esas grandes y fuertes torres de hielo y acero?
¿Qué terror y qué milagro las derritieron?
¿Qué fuegos y luces derribaron
Con la blanca ira de su repentina acusación,
Esas torres de plata y acero?
 
¿Tú, cuyas calles crecieron en los enrejados
Con raíces en Bowling Green y raíces en la Upper Bay:
Cómo has quedado sólo en tu esqueleto:
Qué ha sido de tu mentira y de tu carne muerta:
Dónde está el brillo de tus hojas obscenas?
Oh, dónde están tus hijos en la noche de tu último domingo
Baleados unos tras otros en las sombras del Paramount,
Las cenizas de las torres niveladas aún se enroscan con penachos de humo
Velando tus obsequios en su niebla incinerante
Elos escriben, con brasas, éste, tu epitafio:
 
"Esta fue una ciudad
Que se vestía en papel moneda.
Vivió cuatrocientos años
Con el níquel corriendo por sus venas.
Amó las aguas de los siete mares púrpura,
Y ardió en su propio puerto verde
Más alta y más blanca que cualquier Tiro.
Era tan desalmada como un taxi;
Sus ojos de altos tacones eran a veces azules como el gin,
Y ella los clavaba, todos los días de su vida,
En los corazones de sus seis millones de pobres.
Ahora ha muerto en los terrores de una repentina consideración 
-- Ahogada en sus propias aguas, en su pozo envenenado.”

¿Podemos consolarlas, estrellas,
Por la tan larga supervivencia de esa crueldad?
Mañana y el día después
Las hierbas y las flores crecerán
Sobre el seno de Manhattan.
Y pronto las ramas del nogal y el sicómoro
Ondearán donde todas esas ventanas sucias estuvieron--
La hiedra y la vid silvestre
Derribarán esas débiles paredes,
Sepultando los frentes color ladrillo con frescura y flores fragantes;
Y la rosa y el manzano silvestre
Florecerán en esos valles silenciosos en medio de la ciudad.
 
Habrá nidos de palomas y colmenas de abejas
En los acantilados de los antiguos departamentos,
Y los pájaros trinarán en los soleados espinos
Donde una vez estuvo Park Avenue.
Y donde estuvo el Grand Central, habrá una pequeña colina
Rodeada de pinos dulces y oscuros.
 
¿Habrá algún granjero, crees tú,
Despejando un lugar en el bosque,
Plantando un acre de maíz flameante
En las alturas sobre el bosque de Harlem?
¿Vendrán los cazadores a explorar
Los claros vírgenes de Broadway tras el lince y el ciervo?
¿O algún eremita, escondido entre los abedules, construirá una celda
Con las piedras del edificio municipal,
Cuando todos los túneles del metro se conviertan en arroyos
Y arroyos de peces,
Fluyendo bajo el sol y en silencio hacia el Battery repleto de juncos?
 
Pero ahora la luna está más pálida que una estatua.
Extiende su mano y cuelga su lámpara
En los árboles de hierro de esta Hespérides destruida.
Y por esa luz, bajo las cuevas que alguna vez fueron bancos y teatros,
Los peludos salen a jugar --
Y nosotros creemos escuchar el canto de las mantícoras
Haciendo eco en las rocas de Wall y Pine.
 
Y nosotros estamos muertos de miedo, y más mudos que las estrellas patas arriba
Que cojean en las aguas sosas,
Más mudos que la madre luna, que blanca como la muerte,
Vuela y escapa sobre los residuos de Jersey.

                                                                       (1947)

** Los poemas anteriores pertenecen al libro Geography’s Landscapes.

*** Traversiones hechas la noche del 8 y la mañana del 9 de noviembre de 2016.



PAISAJE: LA BESTIA


Allá, por el mar hacia el este
Donde el humo se derrite en un platillo de ciudades extinguidas,
Los últimos hombres se paran, en las delegaciones,
Esperando ver el negocio de siete cabezas
Que nos han prometido, de esas profundidades inéditas:
Esperando ver esos cuernos y diademas
Y escuchar las siete voces de la blasfemia final.

Y hacia el oeste, donde las otras aguas son tan suaves como la seda
Y se deslizan, en la tarde gris, con luces inciertas,
(Proyectadas por el humo de los estudios extinguidos)
Los últimos hombres esperan ver la cosa de siete cabezas.
Están parados alrededor de las radios
Llevando las insignias de gala en sus finos pechos excitados,
Ondeando las señales de su masonería.
¿Qué pasará, cuando vean esas cabezas, esos cuernos
Despeinando el mar titilante?

¿Cómo desnudarán sus frentes y extenderán sus manos
Y se estremecerán con la última Marca indeleble,
Y llevarán el dolor del número de ese animal,
Y estarán eternamente marcados a fuego con su nombre asqueroso?

Tierra adentro, en la apacible distancia, donde una docena de aviones zumba todavía
Tan fuerte como los tábanos, rondando las ruinas de una ciudad común,
Un dragón mediano, verdiazul, nadando en el río,
Emerge de las aguas fangosas y viene a retozar un rato sobre la tierra.
Se levanta en la orilla sin senderos,
Y va a rodar en las cenizas del campo devastado.
Pero no hay hombre que se vuelva a mirar y se sorprenda
Donde esos flancos grises destellan pálidamente al sol.
¿Quiénes se juntarán a ver un dragón común, en este día de furia,
O se maravillarán de esas escamas tan comunes como los pecados?

Mientras tanto, sobre las rotas montañas del sur
Nadie observa a los ángeles pasar de un lado a otro:
Y nadie ve el fuego que se disparan bajo los cascos
De todos los blancos caballos impacientes.

Y nadie oye ni teme la música de esas espadas ardientes.

(Hacia el norte, hacia el norte, ¿qué queda para ver?
¿Quién contará el terror de aquellas calles arruinadas?

¿Y quién osará mirar donde todas las aves de pico dorado
Acuchillan los ojos azules de los santos asesinados?)


(Traversión hecha la noche del domingo, 4 de diciembre de 2016)