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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."



José Saramago

martes, 15 de noviembre de 2016

CRÍTICA DE CINE POR ANÍBAL RICCI





ARRIVAL (2016)

Dirigida por Denis Villeneuve


Los espacios entre palabras son infinitos, es lo que intenta explicarles la doctora Louise Banks (Amy Adams nos emociona) a unos militares apostados en Montana, en las inmediaciones de una de las doce naves que se han posado sobre la tierra. El lenguaje permite interpretar la realidad, expande nuestro mundo, pero también puede limitarlo. Banks es una experta lingüista que entiende las modulaciones idiomáticas e intenta entender el lenguaje alienígena para descubrir cuál es el propósito de los extraterrestres en su venida a la tierra. Apenas surge el concepto de «arma» los militares se asustan e intentarán atacar a las naves de otros puntos del planeta. Las escenas son limpias, higiénicas a la manera de Kubrick, con planos muy bellos intercalados por lo parecen recuerdos, estableciendo un puente entre el lenguaje y las emociones, la manera de interpretarlas, pero el director es ambicioso, introduce el concepto del tiempo como una dimensión no bien explorada por nuestra mente, una cuarta dimensión si se quiere, tal como visionó Christopher Nolan en Interstellar (2014), donde «Ellos» construían una representación tridimensional de  otras dimensiones no apreciadas por nosotros los humanos y en donde el piloto Cooper podía establecer un puente temporal con su hija, esto es, el tiempo presente y el futuro podían ser experimentados al mismo tiempo. La película de Denis Villeneuve agrega un nuevo enfoque para percibir el tiempo: la clave es el lenguaje. La palabra que confunden en un principio con «arma» significa en realidad «regalo», un lenguaje más avanzado proveniente de una civilización más evolucionada cuyo conocimiento permite una mejor comprensión del tiempo: pasado, presente y futuro pueden ser apreciados simultáneamente. Banks aprende a comunicarse con los seres del espacio, lo que conlleva comprender esta nueva concepción temporal y, por ende, los recuerdos intercalados por el director son la percepción de algo que sucederá en el futuro, el tiempo es uno, no importa la correlación lineal, la conversación que la doctora aún no ha sostenido con el líder chino ya ha transcurrido al adoptar este «regalo» de los extraterrestres. Obviamente la toma de decisiones de la doctora Banks se transforma en un ejercicio mucho más complejo, el nuevo lenguaje no sólo expande la comprensión de realidad sino también de las emociones que surgen a partir de esta nueva percepción. Guion, sonido y un montaje de artesano nos implican en una experiencia alucinante que expande nuestra consciencia como seres humanos.

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