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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."



José Saramago

domingo, 28 de mayo de 2006

DESDE "EL CALEUCHE", A LA DERIVA, EN LOS MARES DE ESTE CHILE



Sin afán de polémica, sin odios, ni rencores, me parece extraordinaria esta ocasión que me ha dado el poeta Felipe Ruiz, lector de mis meditaciones en torno a las letras nacionales (1) , para reflexionar sobre algunos asuntos sobre la poesía chilena, de sus últimos años como de su más ultimísima factura.
Para empezar, debo decir en voz baja y con admiración solemne: cuánta letra, cuánta tinta, cuanto libro y cuánto artículo se ha escrito sobre tan poca cosa, muchas veces, que no merece nombrarse y que parece importante… Se ha perdido la brújula, el timón y el buque. Se ha perdido la mesura, el pudor y el tan mentado "buen gusto" en un afán exhibicionista donde las luces del escenario parecen ser más importantes que la escritura de un poema medianamente bueno o la mínima ética que ha de tener un poeta a la hora de esbozar un par de versos (y en esto pienso en Eduardo Anguita, o en Enrique Lihn o en Juan Luís Martínez). Pareciera más importante poner en escena "lo último" (con todo el valor que puede, o no puede tener) que meditar un par de segundos sobre lo que merece o no merece leer un público de por sí bastante agredido, confuso y ajeno.
Todos reclaman. Reclaman en voz alta o en voz baja (los más en voz baja, en esa voz hiriente, dolorida y curva que pertenece siempre a la inmensa y triste mayoría donde la daga es el arma emblemática en nuestro escudo nacional). Otros porque son nombrados y se olvidan sus méritos más excelsos; estos porque son solo mencionados (obviando, cómo no, su obra extraordinaria); los de acá, valientes y entusiastas, gritan, refunfuñan y patean porque nunca se les tiene en cuenta su "épica y profunda producción literaria"…
Basta ya, amigos escribientes. Este es un país, donde, sin duda (y así lo he escrito y he afirmado en multitud de ensayos, notas, conferencias, reseñas y artículos, dentro y fuera de Chile), se escribe buena poesía. No cabe duda que existe buena cepa, que sabemos lo que es un verso (a veces), que podemos escribir buenos poemas. Pero no somos el epicentro mundial de la lírica. No tenemos el privilegio de ser los únicos poetas del universo… Ese narcisismo de creernos los "iluminados" (sea históricamente, en el hoy más presente que infravalora todo esfuerzo del pasado inmediato o mediato, o que huye de lo ajeno sólo por ser extranjero) no nos conduce sino a una "caja negra" perversa y perdida que acabará pudriéndose sola, envilecida y olvidada.
Por otra parte, es menester decirlo, hay sitio para todos (o para todos casi) en este lejano país.
Nadie desprecia la gran poesía de ayer y de hoy y de mañana en Chile. La que está naciendo con mucha o poca fe. La que desanda y anda la tradición y la vanguardia, la que madruga piedras y anochece mares. No. Nadie niega a la maravillosa loca, a la demente suelta que recorre inquieta aquellos laberintos de la casa a solas.
La poesía en Chile es, quien lo duda entonces, un asunto serio, pero, también, un asunto a observar con cierta perspectiva. La teoría de "mirarse el ombligo a perpetuidad" puede ser el fin de cualquier intento por superar nuestra propia miopía.¡Qué difícil es la poesía! ¡Qué largo y qué paciente este camino! Probablemente más de alguien dirá que este es un lugar común: lo es, sin duda alguna. Desafío al Rimbaud de turno a que escriba como Arthur Rimbaud… Basta ya de tanta basura en celofán, con tintes de presumido y falso género, de teoría barata aprendida por correspondencia o en tres clases con el maestro "al uso", escudado en el margen del margen por el margen.
Sin más palabras que la única palabra: ¿hay algo más terrible, hermoso y desafiante que un verso verdadero que nos mueve, nos llama o nos deslumbra?
La difícil juventud de los poetas. ¿Importa acaso si este, o este otro, o este otro…?
La paciencia del gusano vive más que la del muerto. El difunto es un fantasma. El fantasma y el "Caleuche" por los mares van penando…
Un racconto o una historia: ¿Adónde estuvo el hoy, ayer, el mañana o este siempre?

(1) Esta nota apareció en la Revista de Internet Letras.s5.com, Escritores y poetas en español (http://www.letras.s5.com/), en respuesta a la nota del poeta Felipe Ruíz titulado "Racconto a Andrés Morales" que, a su vez, apareció a raíz de mi artículo (publicado en este blog) "Breve visión de la poesía chilena actual".


5 comentarios:

Martín Toledo dijo...

Como en muchos lares (llamense "escuelas de literatura"), me toca escuchar (y por sobretodo ver) a estas figuras cartulinescas recitando versos ya escuchados. Chillones post-puberes que piensan haber descubierto el fuego en la poesía y gritandola de manera aberrante a los cuatro o doce vientos (según la ocasión).
Poco queda de esos silenciofobicos después de un tiempo, lo digo porque los he visto caer y dedicarse a escribir (sin dejar de ser ombliguistas) trabajos a gusto de sus profesores.
Es ese ombliguismo que tienen, esa limitación, lo que los deja haciendo trabajos. Alguién los criticó feo y lloraron tal que se les olvidó el verso.
La creatividad por el suelo, diría yo. Pero no sería muy valido que hablase yo, estoy en las mismas condiciones. Pero eso podría decir, los buenos poetas están bien curtidos desde chicos (o aprenden a curtirse) o son meros floreros a sueldo.

Andrés Morales dijo...
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Andrés Morales dijo...

Gracias por tus palabras, creo que estamos muy de acuerdo,

Andrés Morales

Ernesto González Dávila dijo...

Andrés:

Bienvenido al mundo del blog. Bienvenido con tu mirada, con tu trozo de realidad, a este mar inconmensurable. Aquí vamos construyendo cierta realidad; entretejemos lo poético con el más profundo narcisismo a veces; pero vamos dialogando.

Espero que no sea sólo un breve entusiasmo este de tu escritura en la red. Siempre hace falta condimiento para el diálogo. Vale.

Un abrazo,

Ernesto

Andrés Morales dijo...

Gracias Ernesto, ojalá envíes poemas (o artículos) para la página,

Andrés Morales