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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."



José Saramago

miércoles, 11 de enero de 2017

DOS CRÍTICAS DE CINE DE ANÍBAL RICCI Y UNA REFLEXIÓN



EL CREPÚSCULO DE LOS DIOSES (1950)
Dirigida por Billy Wilder

Probablemente sea la película que mejor representa al cine dentro del cine, particularmente la época dorada de Hollywood, mediante un largoracconto en la voz de un muerto (Joe Gillis), dirigiéndose al espectador en tercera persona para luego interiorizarnos con su relato en primera persona. «Nadie abandona a una estrella», dice Norma Desmond (alter ego de Gloria Swanson), frase significativa de una actriz del cine mudo de los años veinte, que contrata a un guionista mediocre para pulir una historia que ella misma ha escrito y que supuestamente marcará el regreso a sus años de esplendor. El guion y diálogos de Charles Brackett son fabulosos, en parte un homenaje al cine clásico, pero a la vez un cruel retrato de la industria, de los egos desmesurados, de las cárceles que rondaban a esos mundos ilusorios. Resulta paradojal que la historia sea relatada por un guionista, ser invisible para el espectador, quizás el menos indicado para entender a una diva encerrada en su mansión llena de barrotes, coleccionista no sólo de objetos sino de personas (el mayordomo fue el director de sus primeras películas y también su primer marido) a las que Norma Desmond desea mantener orbitando alrededor de su vida. En el presente (1950) ella ha cumplido los cincuenta años y el cine sonoro la ha enterrado en el olvido. «Las estrellas no tienen edad», insiste, sumida en ensoñaciones que serán antesala de sus delirios. Todavía se siente el centro del universo, mientras el mayordomo se ha rebajado a un papel secundario (incluso alentando la relación amorosa con Joe Gillis) debido a que para Max von Mayerling (alter ego de Erich von Stroheim) ella sigue siendo su musa. El director nunca abandonó a su estrella y alienta la fantasía de que Norma Desmond volverá a rodar con Cecil B. DeMille, productor que la llevó al estrellato y que en la actualidad continúa haciendo cine, ahora sonoro y en colores. Gillis, en cambio, ha renunciado a sus sueños (incluso al amor que siente por una joven) debido a que más que guionista se ha convertido en un gigoló, un mero objeto extirpado de la realidad. Gillis se rebela e intenta huir de la cárcel impuesta por la actriz (la mansión decadente), pero ella le dispara y cae muerto en la piscina. Su intento por abandonar a la estrella ha sido aniquilado por el ego y los celos de Norma Desmond. Acude la policía y la diva, ante la presencia de las cámaras de reporteros, imagina que está en el plató de un estudio. El posesivo mayordomo (titiritero de esta macabra función) ha instalado las luces y filma los últimos instantes de este enfermizo amor por el pasado. La película de Wilder constituye una feroz crítica a los grandes estudios de Hollywood, que endiosaban a sus artistas para luego (ni siquiera el dinero podía impedirlo) dejarlos caer en el olvido. El primer plano final a Gloria Swanson (con su impronta exagerada de cine mudo) es de un sadismo despiadado. Su fisonomía perturbada nos impide despertar de esta pesadilla que podría haber sido filmada por el propio Erich von Stroheim, director megalómano que siempre se excedió en el metraje de sus películas.



MILLION DOLLAR BABY (2004)
Dirigida por Clint Easwood

Una sombra emerge desde la luz y se interna por un pasadizo oscuro. «Ella no está pidiendo la ayuda de Dios… Está pidiendo la mía», le confiesa Frank Dunn al padre Horvak. Ha acudido a misa por veinte años en busca de redención (al parecer su hija jamás lo perdonará) y este acto definitivo terminará de vaciar su corazón. Frankie es un viejo entrenador que con la ayuda de Scrap (antiguo discípulo) mantienen a duras penas un gimnasio. En su vida irrumpe Maggie, una chica empeñosa que quiere triunfar en el boxeo. Ambos son seres maltratados por la vida, sin afectos familiares, luchando por derrotar a sus aciagos destinos. Frank se culpa por no haber tirado la toalla, por haberle fallado a su pupilo, producto de lo cual Scrap perdió uno de sus ojos. Scrap alienta a Maggie y logra que Frankie la acepte, será no sólo su entrenador sino el padre que tanta falta le hace. Logra convertirla en boxeadora de primer nivel, sale de gira y conoce el mundo mientras oye a los aficionados gritar «Mo Cuishle», nombre con que Frankie ha bautizado a su protegida. Un suceso trágico interrumpe su ascenso y ahí donde la película podría haberse empantanado en los conflictos morales de la eutanasia, ahí surge el gran cineasta de Clint Eastwood, con lenguaje conciso que rehúye alargar escenas, dejando de lado cualquier atisbo de melodrama y dotando a la cinta de un implacable determinismo digno de las mejores películas de John Ford. Las imágenes son sombrías, tampoco la música intenta exaltar las emociones del espectador. Prima el silencio y el respeto, la lealtad que todo ser humano merece, donde Frank no dudará en contrariar preceptos religiosos. Mantenerla con vida (parapléjica) sería cometer pecado, es lo que piensa Frank mientras Maggie no quiere olvidar sus momentos de gloria, a lo que Scrap agrega: «le diste una oportunidad y lograste que disputara el título mundial». El trío protagónico son las patas de una mesa de cimientos fuertes, profundamente comprometidos, que se desenvuelven al interior de un sólido guion escrito por Paul Haggis (ganador del Oscar por «Crash») provisto de escenas y diálogos memorables. Mo Cuishle significa «mi sangre», son las últimas palabras que susurra este padre a su hija. Frank no volverá al gimnasio, sólo la voz en off de Scrap puede terminar de relatar esta triste historia.




TODO TIENE UNA EXPLICACIÓN
por Aníbal Ricci 

Debe ser excelente esa película que no le gustó. Nunca debimos colocarle la vacuna contra la meningitis. Las amigdalitis recurrentes indicaban que no era apto para esta vida. Haremos lo posible, pero sin antibióticos que provoquen nuevas enfermedades. Le bajaremos la fiebre con compresas de barro y cebolla. Perderá algunos días de clases, aunque eso es irrelevante, en el colegio sólo enseñan estupideces. Instauraremos once-comidas, la mantequilla y el pan son venenos. Si vienen amigos, que les convide una manzana. La calefacción disminuye las defensas, al final se acostumbra y se resfriará mucho más. Sentado en el comedor puede estudiar perfectamente. Sale a vagar por las calles, sus amigos son mala influencia. Los padres de Juvenal son sobreprotectores, aunque la madre de Roberto está realmente perturbada. Como a todos los psicólogos le debe faltar un tornillo, por algo se separó de su marido. Juvenal tendrá siete años, pero se nota a la legua que es un sujeto superficial. Nuestro hijo tiene facilidad para las matemáticas, capaz que estudié ingeniería y se vuelva loco como mis compañeros. Estudiaron una carrera universitaria, son profesionales, tipos cortados con la misma tijera que no saben cómo vivir. Benjamín obtiene buenas notas, pero eso le hará mal, necesita darse porrazos, no será capaz de sortear obstáculos cuando sea grande. Tiene ocho años, espero que cambie, hasta el momento sólo quiere ir al cine. Me siento más liviano desde que nos robaron el auto, andamos en micro y somos más felices. Estoy harto del último modelo de los padres de Roberto. Los autos japoneses jamás serán mejores que los americanos. Benjamín se pasa todo el verano donde sus amigos, debería ver menos televisión y regar el pasto, tiene mala voluntad, no me ayuda a limpiar las canaletas. Es un egoísta al que sólo le interesa andar en bicicleta. ¿Te acuerdas de esa película de extraterrestres? A Benjamín le encantó, pero son puras fantasías, me aburren esas cintas del espacio, son tan vacías. Me desaparecieron unos pesos, nuestro hijo nunca se priva de nada. Siempre tiene plata para ir al cine, es muy ahorrativo, de dónde habrá sacado el amor por el dinero. ¿Te acuerdas del Chueco Navarro? Tiene una empresa y se construyó una casa en la playa, su mujer tiene ataques de pánico, la gente acaudalada nunca está conforme, quieren más, mira nosotros, lo más bien que nos arreglamos. Tengo que trabajar todos los días, pero siempre me arranco a almorzar. La pega es rutinaria, una pérdida de tiempo que nos mantiene esclavos. La gente se jacta de haber viajado por todo el mundo. Son frívolos, no conocen el gozo interno. En las películas nos damos cuenta de la avaricia del ser humano, siempre quiere tener lo que no posee, ya ves los problemas de Vito Corleone. Esta Navidad no deberíamos celebrar, los niños ya tienen diez años, para qué les vamos a hacer regalos. Benjamín dice que tiene problemas a la vista. No ve el pizarrón, pero debe estar exagerando, mejor que espere unos años antes de ponerse anteojos. No es bueno acostumbrar la vista debido a que las dioptrías avanzan más rápido. Le pasa por ver tanta televisión. Recuerdas que el médico dijo que había que extirparle las amígdalas si tenía más de cinco faringitis. Simplemente se enferma porque va a todos los cumpleaños. Somos vegetarianos, apuesto que come hot-dogs en la casa de los amigos. Se le van a enquistar los riñones con el ácido úrico. La mayonesa está hecha de pura grasa. Qué más da que haya perdido un año de colegio, tiene amígdalas y su sistema inmunológico intacto. Incluso tuvo un cuadro de anemia. Lo alimentaremos con berros, tú sabes que el fierro sintético es muy difícil de asimilar por el organismo. Logramos bajarle la fiebre, pero siguió con tos durante varias semanas. El doctor dictaminó neumonía y le recetó apenas cinco días de antibióticos. Los médicos atacan los síntomas, todo el mundo sabe que se requiere un tratamiento de seis días para curar una neumonitis. Dale con recetarle aspirinas para disminuir la fiebre. Ahora resulta que está deprimido y hay que llevarlo al psicólogo. Lo más bien que sobreviví mi infancia a pesar de no tener padre. «Los psiquiatras dan pastillas para mantener atontada a la gente». Llegará la primavera y se le pasarán las angustias. El verano pasado salía todos los días. Siempre lo encontrábamos comiendo empanadas en la Fuente Suiza. El queso hace mal, el hígado trabaja demasiado. Más adelante le va a dar con el alcohol. Pasa en la calle escapando de su familia. No se le puede hablar cuando está en casa. Siempre está leyendo algún libro. Novelas que son pura mermelada. Emociones exageradas de personajes imaginarios. Qué pesimistas son las películas de ese cineasta polaco. Krzysztof Kieslowski debe ser un católico lleno de culpas. Vimos «No matarás» y esa del chico con el catalejo. «Siempre agrandando los problemas, al ser humano le gusta sufrir». Qué importa que nuestro hijo haya perdido a sus amigos al repetir de curso. Ya conocerá nuevas personas en la universidad. Ahora le dio con las películas de David Lynch, si le gustan a Benjamín deben ser pésimas. Su polola es una neurótica. Nunca he confiado en las colorinas. Qué bueno que no contrajo matrimonio con ella, su madre era psicóloga y la hija debe haber sido igual de loca. Nuestro hijo tiene problemas con las drogas. Desde que perdió un semestre en la universidad nunca volvió a ser el mismo. La polola no supo contenerlo, yo creo que lo engañó con otro hombre. Ahora que estaba solo suponía que iba a estar mejor. Dice que oye ruidos extraños. «Psicosis» es el nombre de una película, pero no creo que escuche voces y vea gente que no existe. «Nunca ha tenido criterio», mejor que trabaje y no piense tanto. La chica con que salió el otro día no estudió una carrera profesional, va a aprovecharse de nuestro hijo. Le metió en la cabeza la idea de un jeep con tracción en las cuatro ruedas. Es un auto muy lujoso para Benjamín, nosotros todavía tenemos un Chevrolet de dos puertas. Y el departamento que se quiere comprar parece sacado de una revista. Gasta más de lo que tiene, andar haciendo viajes a Brasil y Buenos Aires. Su esposa derrocha el dinero, desde que está con ella ha pasado sus peores años. Nos pidió ayuda para pagar unas cuotas atrasadas. Le quedan otros diez años de dividendos, mejor que el banco remate esa propiedad. Está enfermo, yo creo que la esquizofrenia no tiene nada que ver con las drogas. Simplemente su mujer lo hace infeliz. Mejor que vuelva a la casa y disfrute de su pensión. Escucha voces y se droga para acallarlas. Ahora escribe libros, como si no fuera suficiente ir al cine todas las semanas. Se pasa metiendo ruido en el computador y no nos deja escuchar las teleseries. Ni siquiera vende sus libros, al menos Pilar Sordo puede ganarse la vida con lo que escribe. «Siempre he pensado que los cuentos y las novelas son una pérdida de tiempo, una manera de eludir a la muerte». El conductor del matinal perdió la vida en un accidente de avión. Tampoco sabía vivir, pero era alguien especial. «Nunca vuelvas a decir lo que piensas a alguien que no sea de la familia», repite el padre en voz alta, palabras multiplicadas al infinito esperando satisfacer una siniestra venganza.

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