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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."



José Saramago

martes, 22 de marzo de 2011

CUATRO POEMAS DEL LIBRO INÉDITO "ESCRITO" DE ANDRÉS MORALES




I.

DE UN CRONISTA NÁHUATL

                            (Caída de Tenochtitlán, 13 de agosto de 1521)

Escribo en la piedra,
escribo en la piedra,
escribo en la piedra,
escribo en la piedra,
escribo en la piedra,
escribo en la piedra.

No sale una línea,
no marca el punzón,
escribo en la piedra
y la fuerza se agota,
se mueren las selvas,
se caen planetas,
escribo en la piedra:
el tiempo no escribe.

La muerte cabalga,
el dios nos destruye,
el águila cae
mordiendo sus alas,
escribo en la piedra,
la historia que veo,
por todos los niños
y madres que lloran:
escribo en la piedra,
escribo en la piedra,
ya no hay sacrificios,
ya no hay sacerdotes,
escribo en la piedra,
los dardos se han roto,
escribo en el agua,
escribo en el aire:
lo códices huelen
a carne quemada.

Escribo en la piedra
y la sangre es la XOCHITL[1]
y la sangre es la CUĨCATL
y la sangre que cae
no hereda memoria.


(A Teresa Calderón)




[1] XOCHITL CUĨCATL: poesía, en lengua náhuatl.



II. 

[CARTA SUICIDA EN FORMA DE “POEMA” DEL  JUDÍO DAVID BETECH LEVY, MUERTO POR HERIDA DE BALA EN LA CABEZA; ENCONTRADO EN EL SITIO DEL SUCESO, BERLÍN, 22, ZIMMERSRAßE, A LAS 23:45 HORAS DEL DÍA 30 DE JUNIO DE 1934.] 

(Del informe de la SCHUTZPOLIZEI)


Pensé en una carta o en dejarte escrito
lo último que dije la otra noche ciega.

Pensé en lo terrible: en aquel “Domingo triste”
y en esa aguja repitiendo el ruido sordo del final.

Pensé en un discurso. Pensé en una arenga.

Pensé, lo confieso, nunca hacerlo, nunca.

Pero entonces fue un verso la única manera
de no decirte adiós, de no decir te quiero.
de no compadecerme, de no culparte nunca,
entonces fue ese verso que abrió mi cráneo entero
como esta bala cierta de plomo y no palabras:

Conozco una razón para vivir y esa es la muerte.

  
III.

CARTA DE JUAN MANUEL ZALAPA A SU ESPOSA GUADALUPE RAMÍREZ DE ZALAPA


San Isidro Pascual Orozco, 15 de abril de 1928



Estimada princesita:



         Me dirijo a usted dictándole al escribano don Pablo. Usted ya lo conoce de la plaza en nuestro pueblo. Esta cartita llevará solo mi firma. Usted sabe que apenas la remarco, la firma, y como sus estudios de aprendiz de monja le enseñaron rezos, letras y deberes, podrá saber entonces por qué es que la sorprendo con unas penas mías.
         No sé cómo empezar, pero don Pablo que es un sabio, me dice que comience así no más, sin más.
         Se ha muerto la cosecha y hasta las cabras mueren. El rancho no es el mismo desde que usted no está. Parece que un demonio hubiera entrado ahora y no dejara nada para poder vivir. Le juro que he cuidado de todo como siempre y nada me resulta, sabrá mi Dios por qué. Ya vamos en el  fin de la primera plana, no puedo más decirle pues sólo tengo un peso.
         Le ruego que se vuelva de la ciudad lejana, de aquella capital que llaman federal, que traiga a los chaparros y a mi Inesita hermosa que puede que su risa arregle el mechinal.
         Le digo que LA QUIERO, y póngalo MUY GRANDE, por no decir que muero sino se viene usted. Tráigame semillas de algo que florezca, tráigame del Agua Bendita de la Virgen, tráigame plegarias y la montura sana. Queda a su servicio, entrañablemente suyo, su esposo que la quiere, su amado



                                                                                Juan Manuel


IV.

FRAGMENTOS DE UNA TRADUCCIÓN MEDIEVAL IBÉRICA
DE UN “APOCALÍPSIS HEBRAICO”. SIN DATA PRECISA.


“[…] y el Dios misericordioso dijo a los profetas: el agua del Diluvio será un charco estrecho, un río de plegarias, un estero muerto. Y Dios abrió sus ojos y ellos los abrieron y entonces cada casa, cada pueblo […] las ciudades grandes, las pequeñas, las remotas, las altas y las bajas de tierras aún no vistas, todo estaba en ruinas en sequedad de arena […]”

“[…] No habrá una paloma que retorne al arca […] nada de esperanza, nada de piedad. Y el Dios, el Creador, el Infinito Aliento les dijo a los profetas que todos mentirían de su Verdad sin púlpitos, de su Verdad a secas. El Mesías lo dirá, el Mesías que en la cruz perdonará en su llanto todos los pecados que ensucian vuestras manos […]”

Hernando no se atreve,
no copia en sus papeles.
Cierra aquel terrible
libro revelado.

“[…] y el Dios os enviará después del sacrificio, del Hijo, de Su Hijo, un paraíso muerto y un infierno vivo. Os quemareis bañados en las benditas aguas. Os creeréis salvados por templos que levanten los reyes de la Iglesia […] mil Iglesias traidoras y por ingenuos sabios de Órdenes bastardas […] pero éstos caerán, caerán como el desorden de vuestro Satanás […]”

Hernando que en su infancia
amaba Su Mensaje.
Hernando, el buen copista,
no cree en lo que lee,
no cree en esa tierra
yerma sin su Dios.

“[…] ni Babilonia en ruinas por la superchería, ni el Faraón ahogado tras el elegido pueblo, nada será nada, nadie será nadie. No creeréis en nada, en nadie, en nada. El castigo eterno será la permanencia de unas esperanzas que el Dios ya no contempla. Os quedareis a solas y solos cada uno, os mantendrá en vigilia el miedo a toda muerte, a muerte no deseada, a muerte que no acaba. Y creareis más llagas, más dolor y más heridas. No serán las plagas, no serán las guerras. Ni el hambre que consuma al hombre al ser parido. […] será la soledad por Dios y de vosotros. Será la interminable ruta de fracasos. Será un fin sin gloria, sin ruido, sin batallas […] será un fin minúsculo igual que una serpiente que cambia dos mil pieles para morir sin más […]”

Hernando ya no lee.
Hernando no musita.
Hernando es un gemido
que rompe las ventanas
y lanza su tintero,
que llora entre blasfemias,
que grita a sus hermanos,
que ruega por su vida.
  
Hernando es un buen hombre
que en la obediencia, calla.

(A Soledad Chávez)


3 comentarios:

Myriam dijo...

Excelente selección, variados contextos, pero con el denominador común de la buena poesía, del testimonio de valor histórico y del profundo contenido de gran sensibilidad humana. Ha sido un extraordinario regalo post Día de la Poesía. Gracias.

RoseMarie M Camus dijo...

... ciertamente, una se queda acariciando tus letras.
Creo que no hay pausas,
son suspiros.

Gracias Andrés.

y besos!

Thérèse Bovary dijo...

Andrés... estoy impactada, que gran poesía regalada para nosotros tus lectores, querido amigo...
Andrew, en lo que a mí compete, estoy asombrada con los siguientes versos:

"lo códices huelen
a carne quemada".

besos
Tere