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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."



José Saramago

lunes, 24 de enero de 2022

"LICORICE PIZZA", CRÍTICA DE CINE DEL ESCRITOR CHILENO ANÍBAL RICCI


 

LICORICE PIZZA (2021)

Dirigida por Paul Thomas Anderson

 

Escenas despreocupadas y un aire de nostalgia situado en Los Ángeles de la década del 70. La reconstrucción de época es simplemente maravillosa, la música es el telón de fondo perfecto para retratar a los personajes. Gary, un joven productor de 15 años, que invita al bar a una chica 10 años mayor, Alana, aspirante a actriz que tiene una vida mucho menos resuelta que la del joven Gary.

 

El título de la cinta corresponde a la manera popular con que se denomina a los discos de vinilo, parecería un fetiche de la época de la adolescencia, pero las escenas están tan bien urdidas, que fluyen naturales entre esas canciones y un montaje que no deja rastros de su hilván.

 

Son imágenes de un color antiguo que flotan ante los ojos del espectador y reflejan fielmente los inseguros pasos de la adolescencia. Esa magia en que creemos estar viviendo una secuencia que no se detiene cada vez que nos levantamos, ese apenas atreverse a rozar la mano de una chica y aunque no pase nada (el sexo no era necesario en esta cinta) las emociones desbordan a estos personajes. Gary se involucra en variados negocios, arma su vida a cada instante, mientras Alana siente que va tomando decisiones equivocadas y que su vida no alcanza ningún objetivo.

 

La química entre los dos actores jóvenes puede que sea el epicentro de la película. Él es encantador y no esconde dobleces; ella apuesta por una sensualidad que no siempre es tan genuina, pero el cariño que siente por Gary va aumentando conforme pasan estas dos horas deliciosas.

 

Gary observa desde lejos como Alana se relaciona con algunos chicos mayores. La idealiza y está ahí para sostenerla en cada caída. Su amor es leal e ingenuo, en cambio Alana muchas veces es cortante y desnuda la realidad de una vida futura no tan promisoria.

 

Los personajes secundarios aparecen los minutos precisos en escenas que develan las obsesiones de unos adultos que no congenian con el tono mágico que fluye entre Alana y Gary. La cinta no incurre en los cinismos típicos de las comedias románticas, hay una estética luminosa que nos impone el punto de vista de estos chicos y sentimos sus vidas como propias.

 

Las historias secundarias de hecho nunca se concretan, el espectador las ve salir por unos fuera de campo inconclusos, sólo interesa el destino de la pareja protagónica e incluso al final, esas anécdotas adolescentes parecen llegar a su fin y al espectador le queda una sensación de que se le escapa el agua entre los dedos.

 

Los travellings de los chicos corriendo por las calles o acudiendo a su encuentro son fantásticos. Fotografían ese amor de estar compartiendo los instantes más alucinantes de sus vidas, capturan ese tiempo que vuela ante sus narices.

 

La película semeja una sola escena continua donde escasean grandes acontecimientos, sólo fluye el sentimiento de una época que parece extenderse de manera placentera en la retina del espectador.  

 

Quizás el mérito mayor de la cinta es que logra que rememoremos nuestra época adolescente, entendamos los pequeños conflictos de los personajes y los amemos tanto como ellos mismos.

jueves, 20 de enero de 2022

NUEVA CRÍTICA DE CINE DE ANÍBAL RICCI: "EL PODER DEL PERRO" DE JANE CAMPION

 


EL PODER DEL PERRO (2021)

Dirigida por Jane Campion

 

¿Hemos visionado un western crepuscular donde la civilización se abre paso sobre el mundo vaquero? ¿O se trata de un thriller moderno que nos da pistas de cómo burlar la ley? ¿O simplemente un melodrama de emociones ocultas y personajes siniestros? Quizás sea de todo un poco y la mezcla de géneros cinematográficos es hábilmente urdida por la directora.

 

El comienzo responde cabalmente a un western de los de John Ford, pareciera que el personaje de Phil fuera una especie de John Wayne, bajo el dintel de una puerta, esperando ingresar a ese inmenso escenario al aire libre. La naturaleza es un personaje importantísimo. La directora la ha caracterizado con su propia música, a veces tranquilizadora, pero muy a menudo representada por unos violines amenazantes. Los paisajes omnipresentes, en cierta medida observan la moralidad de los personajes.

 

La acción se sitúa en la segunda década del siglo pasado, en un rancho a cargo de los hermanos Burbank. Phil es el hermano salvaje y controlador, mientras George busca ser conciliador y sería el hermano burgués. Ambos asistirán a una taberna pueblerina propiedad de Rose. Es el primer encuentro de Phil con el hijo de la mujer.

 

Phil ha controlado a su hermano por 25 años y siempre está hablando de su mentor ya fallecido, Bronco Henry. La película no ofrece algo muy difícil de digerir: juegos de poder tácito entre Bronco Henry y Phil, entre Phil y George, y ahora que el hermano se ha casado con Rose, entre Phil y Rose. Phil aprendió de Bronco Henry a marcar su territorio, sobre todo con Rose a quien no la dejará respirar, debido a que la considera responsable de destruir su paraíso.

 

El personaje de Peter es central en la trama: es afeminado y no lo oculta, en cierto modo tiene mayor libertad que los otros que juegan papeles más rígidos. Sobre el eje de este personaje, Jane Campion juega sus cartas y alterna su supuesta debilidad con unos contrapicados de un ser que planta trampas, disecciona animales y esconde rencores profundos.

 

Al comienzo de la cinta, la voz en off de Peter nos avisa que haría cualquier cosa por salvar a su madre. Hay mucho de Hitchcock en ese inicio y el thriller se completa con la escena final de Peter enguantado, escondiendo la soga envenenada bajo la cama.

 

Peter es un personaje oscuro y en algunos pasajes las escenas parecen provenir de una cinta de terror. La cuerda, ese cordón umbilical que esconde la traición es un símbolo siniestro. Peter encubre sus acciones bajo su disfraz de homosexual.

 

No se trata de una historia muy enrevesada, pero si hay algo que criticar de la cinta es que la subtrama que une los pedazos, la homosexualidad escondida del mundo vaquero, se tarda una hora y diez minutos en aflorar. Jane Campion abusa de cierta monotonía para esconder una historia simple, la de un ser vengativo que ha sido avergonzado por un depredador que esconde misoginia, machismo y homosexualidad. Una gran interpretación de Benedict Cumberbatch, que maneja a la perfección esos matices y representa a un lobo que al final será una oveja que va directo al matadero.

 

Quizás resulta forzada esa especie de justificación del asesinato: todo lo hizo para que su madre encontrara paz. Peter es un psicópata de tomo y lomo y ese guiño a Psicosis (1960) no cuaja del todo. Rose es un personaje demasiado débil (alcohólica, acaso se insinúa sexualmente al hijo) como para generar el respeto de Peter. Molesta la idea de que la debilidad de la madre engendró a este ser afeminado, pero resulta mejor la explicación de que Peter es un ser calculador y rencoroso y que buscó por todos los medios vengarse de los desprecios de Phil y su jauría de vaqueros.

 

Todo el telón de homosexualidad que sugiere la cinta está expresado sin mediar el acto sexual. El tono demasiado delicado, Phil oliendo un pañuelo, fotografías de desnudos artísticos, los baños en solitario y las caricias a la silla de montar responden a la sensibilidad femenina, desde luego la directora es mujer. Puede ser interesante la debilidad oculta bajo la apariencia de macho, pero la transición de Phil desde un ser brusco y abusador hacia uno dispuesto a entender la sensibilidad de Peter resulta poco convincente.

 

Habría que suponer que Bronco Henry fue el amante de Phil y que debido a que vivía en Montana, Phil enterró bajo llave algunos de esos abusos y en el fondo sufrió el síndrome del abusado y en realidad siempre ha sido una persona fácil de engañar.

 

Demasiados supuestos para una trama bien simple, ejecutada con una estética tan depurada que permite ocultar todos los hilvanes.

 

En este comentario y en el cascarón de la película hay una explicación bíblica para las acciones del personaje, eso tampoco convence demasiado, es como una derivada artística, cuando en realidad, la explicación más burda de una vendetta contra la jauría resulta mucho más sostenible.

 

No es una película muy disfrutable, está bien filmada y su estética es depurada, pero su ritmo es flojo y los giros de guion implica al espectador tragarse muchos ripios. Luego de más de una hora de metraje, resulta un melodrama bastante convencional con pulsiones homosexuales de fondo.

CRÍTICA DE CINE DEL ESCRITOR ANÍBAL RICCI: "NOCHE DE FUEGO" DE TATIANA HUEZO


NOCHE DE FUEGO (2021)

Dirigida por Tatiana Huezo

 

La primera vez que brotan lágrimas en la película, Ana las ha dejado caer ante la pérdida de su cabello. La madre se lo ha mandado a cortar bajo el pretexto de unos piojos inexistentes. En la escena posterior, la niña camina sola ladera abajo entremedio del ganado, mientras la naturaleza llora junto a ella (que bella elipsis), una simbólica lluvia a cántaros que expresa la tristeza ante la pérdida de su femineidad. Ana deberá semejarse a un niño, debido a que ser mujer es peligroso en ese entorno, la directora nos irá dando pistas para desentrañar el misterio.

 

Las palabras no dichas tienen un peso enorme, el silencio es una especie de código que hay que saber interpretar. Esos silencios del ámbito natural son frecuentemente interrumpidos por el zumbido omnipresente de los helicópteros. El ruido que rompe el silencio que emana de los insectos es siempre amenazante, una escena cargada de rojo nos advierte del peligro. Ana contiene la respiración bajo las sábanas, esquivando la presencia de esos helicópteros que lanzan veneno desde las alturas.

 

Las flores rojas de las amapolas también desentrañan peligro, su belleza no es suficiente para ocultar la opresión que se vive en esa aldea en las montañas del estado de Jalisco.

 

Por los noticieros nos enteramos de la corrupción de la policía, no sólo hay que temer de los narcotraficantes que esclavizan a la población. El profesor rural les pregunta a las madres por sus miedos y el silencio impone un manto sobre los misterios de las desapariciones. Nunca serán explicadas, pero el espectador intuye que un peligro antinatural se cierne sobre las hijas. El maestro de la escuela está preocupado, le voltea una silla a Paula (una de las tres amigas), un claro ejemplo de que las cosas en el pueblo están de cabeza.

 

También hay tiempo para los toros en medio de canciones populares. Las muchachas han crecido bajo la apariencia de chicos y su danza desnuda la feminidad escondida. Regresan a casa de noche y en el camino descubren a una chica muerta, una señal de que los narcos vendrán a buscarlas.

 

En la escena siguiente, un becerro entra a la casa y se sube a una cama, las cosas están trastocadas en esa aldea donde hasta los animales se sublevan. Se intercala lo lúdico, las chicas se abrazan y tararean una melodía, la amistad cómplice es lo único que las protege, la cámara gira mientras juegan a adivinar sus pensamientos.

 

Los disparos interrumpen la tranquilidad, surgen las camionetas negras de los traficantes y la directora nos explica qué hacía Ana en la primera escena: esconderse en una excavación en la tierra para que los delincuentes no se enteren de su presencia. En estos primeros cuarenta minutos hemos descubierto el origen del peligro y el clima opresivo que las niñas deben alternar con sus juegos de infancia.

 

Los planos fijos al interior de la casa son demoledores. Rita (la madre de Ana) siempre espera que llegue el momento de la desgracia, sentada en medio del sillón de la habitación principal. En esos silencios de quietud todo está pasando: miedos, tristeza, sobre todo silencio. La ausencia de acción presagia un desenlace terrible. Ellas habitan una tierra de nadie, los narcotraficantes asolan el valle disparando sus metralletas ante la vista y paciencia de uniformados que se cubren bajo sus vehículos.

 

Los habitantes del lugar trabajan en la recolección de goma de amapolas (precursor del opio) que mueve la economía bajo la complicidad de la policía. Los que desempeñan esa labor están protegidos y no deben pagar por su protección. Los animales pastan en libertad, en cambio esa gente es trasladada en camiones asegurados por candados. Viven en una prisión, en tanto Ana atrapa a un alacrán dentro de un frasco. Todos son insectos en ese pueblo, esperando su muerte, el alacrán simboliza que no hay escapatoria.

 

«Me escondes como un gusano», le dice Ana a su madre. Rita le confiesa que algo le hacen a las niñas y el silencio esconde los detalles. Las chicas se bañan en el arroyo y enlazan sus manos bajo el agua. Tararean esa canción mirando al cielo, se relajan, pero luego el rotor de los helicópteros anuncia el peligro sobre la población.

 

Las adolescentes adivinan sus pensamientos a través de un hueco en la pared. Ana ha tenido su primera menstruación y la madre reacciona con frialdad, sabiendo que no es bueno convertirse en mujer en ese verdadero infierno.

 

Todo lo anterior parece una distopía recreada en la mente de la directora, pero estamos frente a una realidad vivida en muchos poblados de Latinoamérica, donde los femicidios suceden a diario y las mujeres son una moneda de cambio.

 

La cámara enfoca la luna. Aparecen las camionetas negras, con vidrios polarizados para escudar a los victimarios. La madre esconde a Ana bajo tierra y estalla en un grito nervioso. Las balas arremeten contra el frontis y ambas mujeres lloran. Esta segunda vez para comunicarle al espectador que las lágrimas son una cuestión de vida o muerte. Tendrán que huir… Ana corre desesperada hacia el pueblo, en un travelling inquietante que desembocará en barricadas levantadas por los hombres del pueblo, dando comienzo a esa noche de fuego que anuncia algo peor: María (otra de las amigas y hermana de Margarito) ha sido secuestrada por los terroristas, los perros no ladraron y el llanto de su madre es desgarrador. Ana enfrenta con su silencio al hermano, sabe que es culpable por haberse involucrado con el narcotráfico. Las dos amigas sobrevivientes huyen de espaldas a la cámara. El silencio es sobrecogedor.

 

La directora ha contado esta historia bajo una mirada documental, un entomólogo que ha dado cuenta de los insectos que habitan el valle. En ningún momento expresa sensiblería melodramática. Este es un drama griego y las pocas veces que asoman las lágrimas son para interrumpir la opresión que ni siquiera el silencio puede contener. Los ruidos de helicópteros, camionetas, de perros ladrando interrumpen esos silencios y los tiñen de sangre, del color de las amapolas, que esconde una historia de sucesivas muertes y desapariciones.

 

Esta producción mexicana recuerda esa atmósfera opresiva de La tierra y la sombra (2015) del colombiano César Augusto Acevedo. Persiste esa incapacidad de los personajes de escapar de ese purgatorio de muertos vivientes, se nota en la postura de los cuerpos de las madres, derrotadas por la explotación de la tierra y sumidas en las sombras de sus mentes.

 

Al día siguiente, las mujeres abandonan el pueblo. Ana tararea la melodía de siempre y el fundido a negro pone punto final a esta pesadilla.

jueves, 13 de enero de 2022

"MECÁNICA DE OLVIDO" POEMA INÉDITO DE ANDRÉS MORALES



 

(Zagreb, 2021)

 

Cada mañana,

a las seis en punto siempre,

Anna saca sus flores

en sus pequeñas macetas.

 

Cada mañana limpia la ventana

en el viejo ministerio

ahuyentando a las palomas

que ensucian su paisaje.

 

Anna observa la calle,

el parque, la avenida

y divisa un hospital

lejano en la distancia.

 

El mismo que aparece

ahora en su memoria,

u otro -ya no sabe-

distinto e imborrable.

 

Aquel de la ciudad

de Vukovar, lejano.

 

Aquel donde hace tiempo

perdió toda esperanza.

 

Aun así, cada mañana,

a las seis en punto siempre

Anna saca sus flores

en sus pequeñas macetas.

 

LANZAMIENTO EN LA "40 FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE VIÑA DEL MAR" DEL LIBRO "MUEJERES DE MEDIANOCHE DE JUAN ANTONIO HUESBE (17 DE ENERO DE 2022)


 

PRESENTACIÓN DEL NUEVO LIBRO DE POEMAS DE GIOVANNI ASTENGO EN LA "40 FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE VIÑA DEL MAR", JUEVES 20 DE ENERO DE 2022



 

PRESENTACIÓN DEL NÚMERO 6 DE LA REVISTA "SIMPSON 7" DE LA SOCIEDAD DE ESCRITORES DE CHILE (SANTIAGO DE CHILE, 17 DE ENERO DE 2022)


 

"BELFAST" CRÍTICA DE CINE DEL ESCRITOR CHILENO ANÍBAL RICCI



 

BELFAST (2021)

Dirigida por Kenneth Branagh

https://cuevana.pro/pelicula/belfast


El director ha recreado momentos de su infancia en este guion realizado con mucho cariño por los personajes.

 

Introduce de inmediato al espectador en el Belfast ambientado en 1969, año en que se inicia el conflicto entre los protestantes y la minoría católica, conflicto que se prolongará por otras tres décadas y el que Branagh traslada a la mirada de Buddy, un chico de nueve años interpretado por un magnífico Jude Hill. El aterrizaje en ese mundo de palos y bombas molotov es violento, pero el director lo observa con ojos de niño, por lo que el carácter terrorista que adquirirá el conflicto no será el foco de atención principal.

 

El chico se las arreglará para jugar a la pelota, a los cazadores de dragones y perseguir a una compañera de curso. Buddy no entiende el porqué del odio a los católicos, a los que distingue sólo por su capacidad para confesarse en la iglesia. La niña de la que está enamorado de hecho es católica y el muchacho lucha por sus notas con tal de sentarse a su lado. La mirada tierna y lúdica también se materializa en los diálogos que sostiene con sus abuelos, unos increíbles Ciarán Hinds y Judi Dench.

 

La madre (Caitriona Balfe) ha criado a los chicos casi sola, debido a que el marido acude al trabajo en Londres. Ella conforma el corazón de la familia y es la que toma las decisiones. La actriz está perfecta en el papel de una madre abnegada y que el chico idealiza y ve siempre hermosa e incluso cuando se enoja parece ser una persona muy dulce.

 

Hay espacio para hacer volar la imaginación en otros ámbitos, el cine por ejemplo, que indudablemente marcó la infancia de Kenneth Branagh. Las películas le mostraron las diferencias entre el bien y el mal; los personajes de los westerns El hombre que mató a Liberty Valance y A la hora señalada son citas perfectas.

 

La fotografía en blanco y negro es luminosa, la de un maravilloso recuerdo infantil, que de vez en cuando recurre a unos contrapicados de la familia enfrentados contra un cielo luminoso, a pesar de la violencia que se respira en las calles llenas de barricadas y vecinos con antorchas.

 

El conflicto no adquiere una densidad real, el niño se ve envuelto en un asalto a una tienda y en su inocencia roba una caja de detergente. En ese pequeño evento, la madre le hace ver lo inapropiado de su comportamiento y al padre de Buddy le encara, por enésima vez, uno de los fanáticos protestantes.

 

En esa escena hay un arma involucrada y la madre recién comprende que el conflicto puede alcanzar a la seguridad de sus hijos.

 

El guion triunfó en los Globos de Oro, es una historia simple muy bien hilvanada y el casting acertadísimo nos sitúa en esa infancia que convive a diario con la muerte y que la religión aborda de manera tan tosca.

LECTURA DEL POETA ANTONIO MAYOR SÁNCHEZ EN EL CICLO "POETAS EN EL ATENEO XL" (VALENCIA, ESPAÑA, 24 DE ENERO DE 2022)



 

PRESENTACIÓN DEL LIBRO DEL POETA THEODORO ELSSACA "HUÉSPED DEL AIRE" (22 DE ENERO DE 2022)


 

domingo, 9 de enero de 2022

TRES POEMAS DEL ESCRITOR CHILENO THEODORO ELSSACA



 

Damero

 

Bajo un reloj detenido por siglos

el pianista ciego eleva la música

pulsando con certeza las blancas de marfil

y matemáticas las negras de ébano.

 

Sus manos se reflejan áureas

en la lustrosa madera,

secreto sarcófago de mi nostalgia

sobre el marmóreo damero.

 

La clavija de bronce bien templada.

En el cielo, lámparas de fulgor y cristal

luz absorbida en el granate del terciopelo

como el sonido y las voces que me abandonaron.

 

Hace reverberar imágenes insepultas

que emergen de la negrura del instrumento

igual a un halcón herido

arrastrado por la tormenta.



Geometría de las Palabras

 

Hago malabares con el lenguaje,

lanzo al aire lo genuino matérico

de la escritura, busco sus facetas,

los prismas que cortan cada rasgo.

 

Para mí las palabras son tridimensionales.

Unas más cúbicas, pentagonales,

poliédricas o redondas,

que en su movimiento se tornan

esféricas, y danzan entre pirámides

construidas con letras o sonidos

de palabras iridiscentes. Veo en el aire

sus palmarios movimientos áureos.

Se armonizan y forman conjuntos

o colisionan semejantes a meteoritos.

 

En su vulnerabilidad o riqueza

pulsan con fuerza sus códigos.

Conjuro de la palabra poética.

Crean diagonales y tangentes,

construyen la geometría semántica

de nuestros delirios y pensamientos.

Se elevan como torres de marfil.

Desde sus miradores auscultan

cada idea nuestra, enarbolada

con sus significantes enmascarados.

 

Subrepticias nos demuestran que somos

lo que pensamos:

                      palabras.



Selva de mi Sur

 

Asumo el paisaje

en íntima actitud poética.

He visto bosques dialogando

al viento, o petrificados

bajo la densa niebla.

Permanecen erguidos bajo la lluvia

y en la noche giran con los astros.

 

He conocido árboles

mejores que personas.

 

Un olivo me saludó al paso

y besó mis heridas abiertas.

Heroicos elevan su fruto místico

emblema triunfal de la historia,

testigos de la magnética Palestina.

 

He visto asesinar bosques,

caer como dignos gigantes.

 

Respira la arboleda el mismo aire

que respiró el tyranosaurius rex,

respiro.

Bebo la misma agua

que Heráclito viera pasar

por aquel río legendario,

la misma agua que el bosque y el rex.

 

Habitado por ninfas y leyendas,

el boscaje es la selva de mi sur,

donde relampaguean ojos de huemul.

 

La floresta es la vestidura de la tierra,

en el misterio de su éter reside el aura.

 

He visto asesinar bosques sin pensar

que son más necesarios que personas.

 

Aquí hubo un bosque

hoy, rodeados de muerte,

solo quedan cenizas en el aire.

 

Quise salvar al bosque, al mundo.

Solo quedan cenizas en el aire.

 

Tal vez, tal vez la humanidad

no merezca seguir viviendo.



Theodoro Elssaca es poeta, narrador, ensayista, artista visual, fotógrafo antropologista y expedicionario. Viajero impenitente y autor de numerosos libros, desde: Aprender a morir (1983), pasando por Viento sin Memoria (1984), Rapa Nui (1988), El espejo humeante-Amazonas (2005), Travesía del Relámpago (antología, Madrid 2013), Fuego contra hielo (Madrid 2014), Celebración del instante 365+1 Haiku (Ediciones UC, 2018), hasta su reciente obra Huésped del aire-visiones desde la pandemia (HB Editores, 2021).

Ha recibido reconocimientos como el Premio Mihai Eminescu, por su prosa, Rumanía (2013). Premio Poetas de Otros Mundos, España (2014). Premio Rubén Darío, otorgado por el Instituto Literario y Cultural Hispánico de California-Westminster (2018). 

CRÍTICA DE CINE DEL ESCRITOR ANÍBAL RICCI: "DRIVE MY CAR"

 


DRIVE MY CAR (2021)

Dirigida por Ryûsuke Hamaguchi

 

Un auto rojo es la metáfora que tan bien utiliza este director nipón. Representa un corazón que bombea sangre por las arterias de la ciudad, al principio se trata de Tokio con sus calles, túneles y autopistas, luego el protagonista, en la segunda parte, se trasladará a Hiroshima a hacerse cargo de la dirección de una obra de teatro escrita por su esposa.

 

La primera hora es sensual, Yusuke Kafuku hace el amor con su esposa mientras ella relata una historia inconclusa. Hacia el final nos enteramos que Oto necesitaba el impulso sexual para generar sus historias, en forma inconsciente ella las olvida, pero Yusuke se las recuerda en la mañana y Oto las transcribe. Luego de la muerte de su pequeño hijo, Oto entró en un estado letárgico y al cabo de un tiempo, de sus labios brotaron relatos que la convirtieron en una reconocida dramaturga.

 

Yusuke ama a su esposa, tienen una conexión profunda, pero ha quedado apesadumbrado al descubrir que Oto tiene sexo con otros hombres. De improviso, ella sufre un ataque cerebral y no alcanza a confesar su infidelidad.

 

En la segunda parte, Yusuke viaja a Hiroshima y le asignan una chofer para que conduzca su automóvil. El título de la película alude a que esa chica se pondrá en el lugar del director de la obra Tío Vania, de Chéjov.

 

Misaki conduce y coloca el casete para que Yusuke ensaye los parlamentos. Según el director, ella maneja tan suave que atenúa la fuerza de gravedad. Son las primeras palabras amables, en realidad los actores personifican a gente muy respetuosa, hay un aire de fraternidad en muchas escenas y de verdad que la cinta, a pesar de sus tres horas, se disfruta, tiene un ritmo sensitivo, los personajes van abriendo sus corazones conforme el automóvil cruza las calles de la ciudad.

 

En gran parte de la cinta hay una intertextualidad con los diálogos de Tío Vania. Los personajes de Chéjov son miserables, apenas navegan sus mediocridades. Esas líneas son reinterpretadas por Yusuke y lo hieren, se confunden con el dolor ante la muerte de su amada.

 

Misaki conduce ese corazón mecánico mientras el director habla con uno de sus actores. Este lo insta a sentirme orgulloso de haber compartido veinte años con una mujer maravillosa. Le completa la historia inconclusa y Misaki está segura de que el joven habló con verdad. Las líneas de Tío Vania también han permeado en ella y comienza a comprender el dolor de Yusuke, al tiempo que se confiesan sus temores más ocultos. Ellos son sobrevivientes y debieran recordar a los muertos con agradecimiento.

 

En el viaje hacia las ruinas de la casa de Misaki, ellos aceptan el amor que les brindaron los que partieron, se perdonan mutuamente y todo termina en un abrazo dulce, como el final de la obra de teatro.

 

Los actores de la obra declaman cada uno en su propio idioma, incluso una de ellos utiliza el lenguaje de señas. Las palabras que han repetido una y otra vez en los ensayos, al final son internalizadas y en el abrazo final entre el Tío Vania y su sobrina ya no son necesarias esas palabras, éstas anidan en el corazón de los actores e incluso dentro de los espectadores.

 

El final es un salto hacia el futuro, definitivamente uno más amable y comprensivo.

 

El guion obtuvo su merecido reconocimiento en el festival de Cannes, es sensual, un viaje doloroso a ratos, pero que conforme pasan los minutos, va destapando las arterias de esa ciudad. Ese auto viejo es testigo de cómo Yusuke y Misaki recobran el sentido de la vida. Misaki cumple la misma edad que tendría la hija de Yusuke, la conexión entre esos personajes desborda la pantalla y algunas escenas conmueven, saltan a nuestros corazones para anidar una melancolía amable que al final nos hará más plenos.