La página de Andrés Morales (1962), poeta, ensayista y académico chileno, es un Blog de apuntes y escritos abierto a todos aquellos interesados en la literatura y, en especial, en la poesía. Contiene poemas, artículos, notas, comentarios, críticas, reseñas, fotografías y en general, todos los tópicos imaginables e inimaginables en torno a la poesía, el cine, la prosa y la literatura chilena, hispanoamericana, española y europea de todas las épocas y estilos.
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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."
José Saramago
José Saramago
sábado, 11 de junio de 2011
POEMAS DE HÉCTOR MONSALVE (CHILE)
CARTAS, POEMAS Y MENSAJES A MAURICIO BARRIENTOS
Mauricio Barrientos
(1960 - 2011)
qué gran pena, qué desolación
querido Mauricio
qué mala noticia nos has dado
habías salido de tantas
que llegué a creer que serías eterno
qué equivocación!
- raúl zurita -
querido Mauricio
qué mala noticia nos has dado
habías salido de tantas
que llegué a creer que serías eterno
qué equivocación!
- raúl zurita -
* * *
Veníamos trabajando desde el año pasado. Mauricio aprobó hace diez días el texto final para la reedición de el hombre invertido y la cotización de la imprenta, curiosamente, llegó ayer por la tarde. Todo tiene un tiempo y un espacio decía mi viejo.
El lanzamiento será su homenaje póstumo: hoy otra estrella nos acompaña en el firmamento.
El lanzamiento será su homenaje póstumo: hoy otra estrella nos acompaña en el firmamento.
- guillermo garcía -
* * *
Parece que nunca te iba a dejar de ver Barrientos
en cualquier parte
de sombrero/ arremangado ebrio riendo
años de años cuando regalaste billetes de diez mil en el topless Minotauro
te veo a lo lejos con el Mario Artigas con Contreras malo
arreglando la tierra donde César Soto
¡Por qué te fuiste a morir Barrientos por la chucha¡
en cualquier parte
de sombrero/ arremangado ebrio riendo
años de años cuando regalaste billetes de diez mil en el topless Minotauro
te veo a lo lejos con el Mario Artigas con Contreras malo
arreglando la tierra donde César Soto
¡Por qué te fuiste a morir Barrientos por la chucha¡
- pepe cuevas -
* * *
Barrientos
Se nos encorvaba por fuera
para aparecer más viejo,
pero en sus adentros era un laberinto
con el Minotauro incluido.
Teseo lo mató esta mañana después de un largo
brindis...
- sergio badilla -
para aparecer más viejo,
pero en sus adentros era un laberinto
con el Minotauro incluido.
Teseo lo mató esta mañana después de un largo
brindis...
- sergio badilla -
* * *
Hoy en la mañana falleció en Osorno, Chile, el poeta Mauricio Barrientos. Tal vez los versos que escribió Juan Gelman con motivo de la muerte del escritor argentino Osvaldo Soriano, retraten de manera más lúcida y precisa este hecho lamentable: YA NO HABRÁ DE IMPORTARLE EL DÍA, AHORA TIENE TODA LA NOCHE PARA SEGUIR ESCRIBIÉNDONOS...
- mario meléndez -
* * *
Hoy llegarías a donde la Gabrielita; que tomara el tren temprano me dijiste el Sábado, porque me tenías una buena botella de Sidra para mi: "anda temprano a rescatar la botella, la prefieres fuerte o suave -fuerte, le dije -como esas que se toman en Argentina o en Francia", me dijiste. Luego me preguntaste por mis perros como siempre y comentaste el carácter de cada uno: ¿como está Zaquito Cabezón, se come la comida de Caballísimo?...-parecías recuperado Barri; nunca te moriste cuando se esperaba que te murieras y no te fui a ver a la sucesión de Hospitales por los que un poeta pobre como tu pasa, antes de morir, y cuando sí me dirigí a verte al Hospital de Peñablanca, el más cercano para mí, lamenté que te dieran tan luego de alta. Ahora si, no se encenderá tu nombre nunca más en la pantalla del celular, un gran abrazo Barri, que los poetas se despidan de uno de los suyos con poesía. Yo caminaré de vuelta a mi casa desde el paseo Latorre de Villa Alemana donde ahora escribo; caminaré 2 estaciones junto a la vía férrea y pasaré por ese hospital que siempre veo desde el tren, para seguír recordándote, hoy, el día en que has muerto, el día en que me regalarías esa botella de Sidra que quizá te tomaste y con la que me tenías engañado y que quizá te causó otra hemorragia más, la última. Fuiste duro de matar Barri, un último abrazo, buen amigo.
-estanislao león lira -
* * *
¿Por qué será que cuando un grande muere, poco tiempo después le sigue otro? ¿será que no quieren que el compañero se quede solo disfrutando de los placeres del paraíso? ¿será un extraño pacto de las musas?
Los dioses le acojan, los suyos, los vuestros o el mio, lo acunen y le entreguen la dicha de ser estrella encendida en la memoria colectiva. La eternidad para repartir las letras entre los ángeles, la vida que nos resta para disfrutar de su legado
Desde Iquique
Los dioses le acojan, los suyos, los vuestros o el mio, lo acunen y le entreguen la dicha de ser estrella encendida en la memoria colectiva. La eternidad para repartir las letras entre los ángeles, la vida que nos resta para disfrutar de su legado
Desde Iquique
- carolina gonzález velázquez -
* * *
Hoy sepultan a mi hermano Mauricio Barrientos. No podré acompañarlo por no estar en Chile.
Dìganle que lo quiero.
Dìganle que lo quiero.
- juan cameron -
* * *
Dolor por los amigos
Querido amigo, el viento del sur
me ha traído la musiquilla de unos
golpes tremendo, justamente
al día siguiente de haber perdido a Martita;
ya me estoy imaginando todo aquel embrollo
de la sorpresa, del silencio de la noche
y de todas esas vainas
que en esencia son como si alguien sin aviso
te soplara en los ojos;
te contaré abriendo despiadadamente mi corazón:
cuando Martita se nos iba para siempre,
los amigos viejos como yo
tuvimos un susto tremendo
y de la prisa que había de saber
la irremediable noticia, uno por uno
de estos amigos viejos
se lanzaba por las ventanas
más altas que había en el cielo;
ya sabes lo que pasó: sus cuerpos
se hicieron chicha en el pavimento,
cada uno de mis amigos
era una sandía abierta en dos,
y esta acción de dar muerte a la muerte,
que es muy mal ejemplo para los niños,
la copié al pie de la letra:
de la terraza del edificio más alto que había
me lancé al vacío; destrozado
todavía en el pavimento, con todos mis huesos rotos,
vinieron a darme el aviso
que mi amigo Mauricio Barrientos había muerto;
llorando todavía a Martita, una muerte
con otra muerte, destrozado como estoy,
todavía no puedo levantarme del suelo.
- eduardo embry morales -
Londres 9 de junio de 2011
Querido amigo, el viento del sur
me ha traído la musiquilla de unos
golpes tremendo, justamente
al día siguiente de haber perdido a Martita;
ya me estoy imaginando todo aquel embrollo
de la sorpresa, del silencio de la noche
y de todas esas vainas
que en esencia son como si alguien sin aviso
te soplara en los ojos;
te contaré abriendo despiadadamente mi corazón:
cuando Martita se nos iba para siempre,
los amigos viejos como yo
tuvimos un susto tremendo
y de la prisa que había de saber
la irremediable noticia, uno por uno
de estos amigos viejos
se lanzaba por las ventanas
más altas que había en el cielo;
ya sabes lo que pasó: sus cuerpos
se hicieron chicha en el pavimento,
cada uno de mis amigos
era una sandía abierta en dos,
y esta acción de dar muerte a la muerte,
que es muy mal ejemplo para los niños,
la copié al pie de la letra:
de la terraza del edificio más alto que había
me lancé al vacío; destrozado
todavía en el pavimento, con todos mis huesos rotos,
vinieron a darme el aviso
que mi amigo Mauricio Barrientos había muerto;
llorando todavía a Martita, una muerte
con otra muerte, destrozado como estoy,
todavía no puedo levantarme del suelo.
- eduardo embry morales -
Londres 9 de junio de 2011
viernes, 10 de junio de 2011
POR QUÉ MUEREN LOS POETAS...
POR QUÉ MUEREN LOS POETAS...
Por
Reinaldo Edmundo Marchant
Los poetas mueren porque la luz dorada no asoma siempre.
Los poetas comienzan a morir mucho antes de morir. Salen a buscar los cantos de los zorzales y los zorzales han desaparecido buscando a los poetas. Entonces echan a caminar con las manos en la memoria y siempre brota la geografía de un mundo infeliz.
Los poetas mueren porque nadie quiso oír sus lamentos.
Los poetas mueren porque llevan en las pupilas a un niño que se resiste a dejar la infancia. Mientras los hombres crecen, los poetas permanecen vigilantes de bosques inocentes, donde se recrean con las aves y levantan del piso retratos de hojas parlanchinas.
Los poetas mueren porque el aire apretó sus palabras.
Los poetas comienzan a morir al sentir las pisadas humanas flotando en el vientre materno. Afloran con marcas en la piel, con el otoño hundido en la mirada y la sangre escurriendo por riberas de ríos imaginarios.
Sólo los pájaros saben por qué mueren los poetas.
Los pájaros dicen que los poetas nunca mueren. Que, a la manera de una flor, de la brizna, de un rocío, parten a divertirse en las galaxias colmadas de murmullos líricos: van al encuentro de los versos que en la tierra cruzaron ausentes por los rostros de los sabios .
Día 8 de junio del 2011, exactamente a las 12, 30, en su natal Osorno, ubicado en las ramas de un álamo, un zorzal soltó el plácido canto de sus cuerdas musicales: Mauricio Barrientos Ortega, el poeta niño, el poeta que vivió como quiso morir, fue juntando sus ojos por un instante. Dicen que el poeta murió.
Ahora nadie encenderá la luz de los astros.
Las cigarras se lastimarán la boca en los árboles caídos.
Los poetas no mueren. Parten. Entran definitivamente a la vida.
Los poetas no mueren, porque no saben morir. Las plantaciones de olvido del universo no han podido marchitar la glorificación de versos: nunca renace más la vida que cuando un poeta se distancia con sus juegos a otra latitud.
Hay un solo problema.
Los poetas cuando mueren dejan huérfanos a otros niños que se alimentan de nostalgias y sueños. De lo demás, el mundo no tiene nada que decir. No se ocupará jamás. Por eso los poetas parten. No es el fin. Viajan a platicar con riachuelos azules.
Los poetas no abrochan en la tierra. Esperan en la estrellas, impregnados de jolgorio y perpetuidad! Están donde se agita el agua, donde se abre una rosa, cuando asoma la luna o despierta la aurora. Te miran mientras piensas en él.
Dicen que el poeta murió.
Resulta que ha viajado hasta acá. A juntar frases. A sonreír. Pinta las murallas con paisajes de luz dorada, esas que le negaron, y que mientras vuela a través del cosmos, ella y él, tú y él, aseguran que los poetas no saben morir.
Los poetas son pan vivo!
La palabra, que es un poeta con manos de gorrión, no conocen el olvido.
Díganle a los niños que sólo duerme serenamente junto al lecho de sus poemas!
EN MEMORIA DE MI AMIGO POETA MAURICIO BARRIENTOS (1960-2011), fallecido el 8 de junio del 2011.
El desprestigio de la muerte.
In memoriam a Mauricio Barrientos
por
Jorge Núñez
Tal vez sea lo único que finalmente tengamos: el cuerpo. Un cuerpo como superficie habitable, una casa, una morada donde cobijarse, un lugar donde vivir. Y también una identidad y un sexo. Y a partir de ahí, el mundo. Todo gira en torno a estos cuerpos, algunos divinos, otros celestiales y, la mayoría, simplemente humanos. El cuerpo es lo que primero se estudia en dibujo, lo que primero nos gusta o disgusta de cualquiera que se nos ponga enfrente. A través del cuerpo sentimos toda la gama infinita de sensaciones que se pueden sentir. Y es que el cuerpo es, realmente, un lugar sin límites. Dentro de él nos propulsamos hasta el infinito; en un suspiro viajamos al fin del mundo, y un roce en la piel, esa capa fina e impermeable que recubre nuestros cuerpos, nos hace creer que podemos ser felices.
El cuerpo es la medida de todas las cosas, dijo Leonardo, y desde luego, es él mismo todas las cosas que crecen y se desarrollan a partir de sus necesidades. En el origen fue sin duda el cuerpo, el verbo hecho carne, y hoy, no quiero decir finalmente, eso es lo que somos: carne. El cuerpo como un objeto abandonado, un objeto que no queremos y modificamos, cortamos, ampliamos, achicamos; cuerpos masacrados por cualquier razón, cuerpos utilizados, destruidos; cuerpos reventados, en la realidad y en la cultura. Fragmentos de nosotros mismo, fragmentos de cuerpos que en cada girón de carne llevan una historia de amor, de dolor, de sufrimiento. Esos son nuestros cuerpos: simple materia para una lección de anatomía sangrienta.
El cuerpo se regenera completamente cada siete años. Cada una de sus células muere y es sustituida por otra que durará igualmente otros siete años. Pero no de una sola vez, los siete años de cada célula no coinciden necesariamente con la duración exacta de la vida de cada célula y, así, estamos continuamente muriendo, permanentemente cambiando, en un proceso de alteridad tan lento que no somos conscientes ni de vivirlo. Mariposas de piel, de carne, de hueso, de sangre, con una vida breve pero intensa. En total vivimos solo siete años, y este cuerpo que hoy habitamos no es el mismo que ayer besaron y amaron. Ese cuerpo se fue. Hoy, este cuerpo ya no recuerda aquellas caricias que nunca sintió. Cada centímetro de nuestra piel sigue siendo hoy, otra vez, virgen ansiosa a la espera de esa caricia que le haga tremolar. Sentimientos que también se borrarán de su piel según se regeneren sus células. La memoria no tiene cuerpo. Habla, cuerpo, cuenta tu gran historia de pasión y de cansancio, porque tu historia será necesariamente breve.
El alma dudosa es la que otorga esa aura de divinidad al cuerpo, la que al parecer le dota de la comprensión suficiente para saber diferenciar los sentimientos a partir de los roces, los tactos, las pulsiones físicas que, como quien toca un piano, sabe distinguir unas notas de otras, la clave de sol de la de mi. Pero la realidad, más o menos dura, es que nuestros cuerpos están en permanente cambio y transformación, mudan como la serpiente su piel, se convierten en ellos mismos otra vez, continuamente, pero cada vez son otros siendo los mismos.
El cuerpo de un hombre se convierte en símbolo de fuerza, de poder; el de una joven, en pureza, o tal vez en símbolo de lujuria; los cuerpos han contado historias de religión, guerra, amor y soledad, de poder y de fracaso. Rara vez se han mostrado exentos de cualquier sentimiento. Huimos de lo que somos: un objeto hecho de carne, sangre, fluidos y otras materias.
Si el arte ha utilizado el cuerpo a su antojo desde el origen, la fotografía realiza un uso más sofisticado de este objeto que en el blanco y negro alcanza el límite de la realidad. El contraste formal entre los tonos de la piel, entre las formas de los cuerpos, alcanza en la fotografía su cima absoluta. Muchos realizan un sistemático estudio de las partes, una taxonomía, una catalogación de los tipos y partes del objeto: manos, pies, hombros, vientres, aislados, sin identidad, sin rostro, fragmentos en los que el sexo no significa sensualidad, al menos no más que un pie o que un brazo. Otros hacen de una parte el conjunto, todo el cuerpo está en ese fragmento que condensa su esencia. Sin embargo, eliminado el rostro, el gesto, la duda y la certidumbre de la mirada, esos cuerpos solo son ya meros contenedores vacíos. Somos personas a través de nuestros sentimientos y vivimos en unos cuerpos que pueden ser alterados e incluso a veces intercambiables. Nuevamente la cámara y la mirada del fotógrafo corta y elimina, como un bisturí, para construir otra lección de anatomía, esta vez sin sangre, plena de belleza pero sin alma.
Qué lugar más adecuado que una morgue para esos objetos que ya no tienen sentido, que ni siquiera como máquinas funcionan. Ajenos a la vida y a los sentimientos, en ese mundo de las cosas, el cuerpo tiene una vida nueva. La fotografía prolonga eternamente, ya sin vida, sin memoria, sin recuerdos, esos muertos necesariamente estáticos sobre el papel.
Mauricio: hiciste de tu cuerpo, de tu vida un material polivalente, bello y abisal. Hiciste de la piel una materia y, de sus contornos, tu paisaje. Pero también hay algo terrible en esta bella deshumanización, algo que nos acerca a los extremos, a la locura, a la angustia, a la soledad, y a la persecución de una respuesta a una pregunta nunca formulada. El cuerpo en tu dimensión más silenciosa, hasta perderse totalmente y desaparecer. Hasta la muerte.
Jorgemente
HOY, EN OSORNO, ESTE 10 DE JUNIO DE 2011, ES EL FUNERAL DEL POETA CHILENO MAURICIO BARRIENTOS
MAURICIO BARRIENTOS EN EL III FESTIVAL "CHILLÁN POESÍA" DEL AÑO 2006
Los elegidos
Fuimos una estirpe generosa
el don que nos fue dado en privilegio
lo hicimos madurar perfectamente.
Sólo que algo nos faltó, no fue el silencio
ni el ansia de morir en la batalla.
Sólo que algo estaba allí detrás del sol
y las noches donde el mar se estremecía.
Vimos los caballos y los peces,
el rápido aletear del tiempo ajeno;
vimos el diluvio, la ruina, el esperpento
y el húmedo contacto de la tierra.
Nada es como ayer ni puede darse
el fruto en el invierno despiadado;
la historia no quisiera recortada
al tiempo reescribirlo en la derrota.
Cada cosa en su lugar,
también la muerte.
Fuimos una estirpe generosa.
(A Mauricio Barrientos)
DE UN POETA MENOR
Ni Verlaine, ni Verlaine, ni Verlaine,
ni la música, ni Mallarmé,
ni nada que decir, ni aquel horóscopo,
ni el odio, ni el rencor,
ni la podrida envidia.
Nada. Nada. Nada.
El último que pueda
cave el agujero muy al fondo,
profundo en el mar de su cabeza.
(A Mauricio Barrientos)
(Del libro inédito Escrito, 2011)
domingo, 5 de junio de 2011
jueves, 2 de junio de 2011
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