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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."



José Saramago

miércoles, 14 de marzo de 2012

NUEVO NÚMERO DE POEMANÍA N. 254 / 2012 (LA MANÍA DEL POEMA…) DEDICADO A DANIEL FREIDEMBERG (ARGENTINA)



POEMANÍA

la manía del poema…
Hoja literaria de aparición virtual
Nº 254/2012

Para el poeta es posible ser, en el poema que escribe,
mejor de lo que es. Esa es una de las funciones de
dedicarse a alguna forma de arte, y uno de los
beneficios de situarse de manera contemplativa
y entregada ante el arte…
Seamus Heaney
  
Poeta invitado

DANIEL FREIDEMBERG 

 Agua finísima


Días de rosas en declinación
y agua finísima,
antigua música en las habitaciones
donde el amor se viene a ser.
Aquí algo pasa que se nombra en vos.
Y lo que huía se detuvo: aquí
todas las cosas son el alma
como eran de alma las palabras
que el aire da lento a caer:
"vienen palabras" oigo
que decís. Palabras
bajando lentas al fondo de todo:
soy en las cosas que en el aire ordenabas,
                           soy,
ahí entre todas las palabras,
el que se entrega al tacto
de la materia impredecible
vuelta a nacer en cada movimiento:
lo que baja en vos.

  
Lo espeso real


Ahora que fuimos expulsados,
gracias a Dios, del Paraíso,
se largó a llover
un agua débil que se alarga
en redes de grisura y música.
"Esto" dijiste "no debía ser así"
pero es así. Más que
maneras de filtrar la luz, más que
armarle al alma un orden suave
de lo que se presenta ¿pasos?
¿algo así como pasos? ¿un
                lento acercarse
del fondo de la materia a los ojos?
¿a algo que mira detrás de los ojos? "Ya
no vamos a volver", te dije, pensaba "esta es mi casa",
"lo que se mueve -pensé- afuera y adentro es lo mismo".
"Estás pensando demasiado", dijiste, y mirabas
esa otra agua, la de mis palabras,
también cayendo, quebrándose también
contra la piedra de todas las cosas,
ni transparente agua ni opaca, agua de aire confuso.

  
Sean, cuando abro los ojos...


Sean, cuando abro los ojos, tus ojos,
sea un perfil que sea el tuyo,
                                      sean,
todas las veces que la distancia llame
como sirena a los desesperados,
los movimientos que te dan a ser
cual si vinieras o si te alejaras,
impronunciable, al estilo del mar
y sea,
            como la mar entonces,
            tu roce en las cosas,
venga a mí el tu dolor
para que me hable, para que descanse y
sea en nos la palabra
como lo que en la niebla se acercaba
y es de la niebla que su
             forma arranca: materia de fondo.
  

De tus costados no nació el amor, mi amor...



De tus costados no nació el
                          amor, mi amor,
sino ahí fui a dar
como quien nombra en la noche su casa,

y no empezaba nada, en realidad, ni yo a
decir verdad, llegaba
          sino algo en mí que en tu estar se juntó,
ahí duros en la guerra de vivir, y a los pedazos
por donde todavía te andaré a buscar
como en la noche con la lámpara

                                  y estás
        igual que la noche y la lámpara
hecha de todo lo callado
y todo lo que no aprendo a nombrar
y lo que, al hacer amor, hago

para que como el agua sea el amor
que en su venir se vaya
               ahora y cuando entera te extendés
como el presente entre las sábanas
y es el presente que celebro, no lo puedo creer.


Noviembre


Lluvia lenta y charcosa, hoy.
Dos autos rojos sobre el gris
                          y, por supuesto, taxis.
Hace un año, mi padre, su
gran cuerpo indefenso en una clínica de extramuros,
                         me daba algo a saber. Soy
ese que pasa ante vidrio iluminado, ante
plástico blando, hierro pintado y mármol
como quien oye otra agua atrás, ¿palabras?
(“Oro”, una palabra: tres letras en papel fluorescente).
Ahora, arribado a esta planicie del cosmos, puedo ver
                             algunas cosas: charcos,
hojas de paraíso en la luneta de un dodge,
dos “o” y una “r” fluorescentes, mármol, plástico y
cielo entre el agua, etcétera,
                     como quien dice “esto era todo”.
                     ¿Esto era todo? Uno: ni azar ni error,
ni el cumplimiento del mandado de nadie. Dos:
saliva agolpada en la boca, tensión muscular.
Tres: manchas, rostros (¿igual que pétalos
en una rama húmeda?). Cuatro: esta ciudad
                                      vulgar en la que vivo
es la misma en que amé y no creí ser amado. Cinco:
de la violenta madrugada, estas paredes
tienen fosforescencias como de mar, una
palabra me inquietaba, o dos. Seis:
lo que llamaba “el corazón”. Siete: la carne,
eso que está, no el alma, eso que al final
se retira y se aplana, territorio de nadie.


Agosto


Roja la carne de sucia paloma y – plumas blancas,
después del paso – de la rueda del taxi:
no símbolo de alguna cosa en derrota, et-
cétera, nomás carne, roja,
            asco de ver carne en el suelo. Sucia,
de paloma pisada – por la realidad,
sucia. ¿Hacer polvo los ojos? ¿La rebelión
de mirar una rosa? Carne,
repetir eso, "carne", y – no está,
ni plumas, ni nada. Sólo asfalto al sol,
formas, ruidos, que pasan.
                        Y un poco más arriba, en
un balcón, sábanas, plantas
que el aire por momentos mece. Va a llover.


  
Octubre (3)


Le gusta dejarme pensando, le gusta
sacarme de mí – por un instante:
pequeños triunfos, pequeñas derrotas,
como en las vueltas del amor
donde no está cuando voy a buscarla,
ni estoy cuando la encuentro. Me gusta
decir lo que ya sabe – que voy a decir,
como quien prueba hasta dónde llegar
o entra a ser parte de una danza.
Como los cuerpos en el aire, las palabras
se van rondando, se tocan, se apartan, son
nada más, entre los ruidos de este atardecer, palabras;
nuestras palabras: las vemos
hacerse y girar, nos gusta
quedarnos de pronto callados, mirarlas
posarse lentas al fondo de todo.



Enero (IV)


Como arrojado por el
mar del mundo, un cuerpo,
respira, encallado
contra una puerta
de vidrio y metal.
Dilema del que
quiere entrar
(o quiere salir)
en lo político y
en lo moral.
Árida, la mañana
de verano
se demora
sin solución
(ni en lo político
ni en lo moral).
Sin solución, la
luz, entera,
de la mañana,
sobre todo.
Oscuro, enorme, un
cuerpo, arrojado
como resaca
de una mar, acá.


 
Noviembre (7)


El gran cuerpo inocente de mi padre, su
pesadez translúcida, la piel
                            extensa y pálida humillada
por la ciencia médica. Enceguecía el
verano, la basura al costado de los rieles
pugnaba por manifestarse. No hay
                                   cuervos en este paisaje:
cerveza tibia y revistas de fútbol.
¿Pasó algo desde aquellos días? ¿Volví?
Ahora que miro esta planicie del cosmos,
es verano otra vez: motores detrás de la luz, la luz
como si para siempre, como
                                 quien avisa “es así” ¿es así?
Soy el que, más papel que carne, gira
dentro de un cubo, ante una ventana. No estoy
                             en esta escena que creció a su modo
entre las ruinas de un planeta ocupado, ¿no estoy?
Papel o carne, me repito, arruinados, tratados mal,
desperdiciados no sé a cuenta de qué (saliva agolpada en
la boca, tensión en los músculos): no el alma, la carne, los
                                                       gestos que me hacen,
fuera de toda razón, de toda belleza, en mi fin.
Alas rasantes sobre un mediodía plúmbeo, palabras.


Septiembre (13)


Ondulan, se
deshacen
                  y
se vuelven a hacer
las ramas,
después de
que llovió, en el agua.


Daniel Freidemberg: nació en Resistencia (provincia de Chaco, República Argentina) en 1945. Libros de poemas publicados: “Blues del que vuelve solo a casa” (1973), “Diario en la crisis” (1986), “Lo espeso real” (1996), “La sonatita que haga fondo al caos” (antología personal, 1998), “Cantos en la mañana vil” (2001), “Noviembre” (plaquette, 2006) y “En la resaca” (2007). Próximo a publicarse: “Sonidos de una fiesta ajena” (antología personal). Ensayo y crítica: “La poesía del 50” (1982), “La palabra a prueba” (1993) y “Cómo se escribe un poema” (en coautoría con Edgardo Russo, 1994). Realizó estudios introductorios para numerosos libros, entre ellos Cantos de vida y esperanza (Rubén Darío), Soledades y sonetos (Góngora), La calle del agujero en la media-Todos bailan (Raúl González Tuñón), Tifón (Joseph Conrad), Poesía completa (Evaristo Carriego), Lunario sentimental (Leopoldo Lugones), Obra completa (Edgar Bayley), Noche Totem y otros poemas (Oliverio Girondo), Los muslos sobre la grama (Miguel Ángel Zapata), Apuntes/Luces que a lo lejos (Alberto Szpunberg) y Antología poética (Juan L. Ortiz). Sus ensayos fueron incluidos en diversas compilaciones, entre ellas Atípicos en la Literatura Latinoamericana (1996), La irrupción de la Crítica (1999), Perspectivas de fin de siglo (2001), Argentina Fin de Siglo (2002), Literatura argentina. Identidad y globalización (2005), Lo que sobra y lo que falta en la literatura argentina (2005), Treinta años de poesía argentina (2006) y Fogwill. Literatura de provocación (2011). Es además autor de una veintena de antologías de poesía, en su mayor parte argentina y latinoamericana. Desde 1981 publica habitualmente reseñas críticas y artículos sobre literatura en suplementos culturales de diarios, entre ellos La Opinión, La Razón, Clarín, El País (Montevideo), revista Ñ, Tiempo Argentino y, actualmente, Página 12 y Suplemento Literario de Agencia Telam. Integró los consejos de redacción de las revistas El Escarabajo de Oro y El Ornitorrinco (cuya sección de poesía dirigió), ambas de Buenos Aires. Cofundador de la revista trimestral Diario de Poesía, en 1986, integró su consejo de dirección hasta 2005. Dirige la colección de poesía “Musarisca” de Editorial Colihue, en Buenos Aires. Reside en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires desde 1966. Para comunicarse con el autor: daniel.freidemberg@facebook.com .
POEMANIA –  POETAS  EDITADOS

Mónica Scaldaferro / Alfredo Omar Busch / Hugo Alberto Patuto / Juan Manuel Inchauspe / Mónica Ruíz Díaz  / Alberto Darío Valenzuela  / Carmiña Candido Daverio  / Esteban Moore  /  Betty Badaui  / Andrés del Pozo / Clara Rebotaro  / Miguel Ángel Migliarini / Liliana Aleman  / Sebastián Olaso  /  Wladimir Bardic / Susana Noemí Cordisco / Santiago Bao / Dora Nélida Zambrano / Rolando Revagliatti  / Silvia Spinazzola / César Bustos / María del Carmen Palomeque / Carlos Barbarito / Nilda Salgueiro / Lady Lopez Zapata / Juan Pablo Roa Delgado / Paulina Vinderman / Luis Benítez / Marizel Estonllo / Raúl Heraud Alcázar / David Antonio Sorbille / Hilda Acosta / Lina Zeron / Cristina Pizarro / Laura Malatesta / Gilberto Carrizo / Rubén Eduardo Gómez / Norberto Pannone / Raquel Zarazaga Pablo / Graciela Licciardi / Marcelo Juan Valenti / Horacio Castillo / Horacio José Lencina / Jaime Icho Kozak / Norma María Francomano / Nilda Barba / Graciela Bucci / María Pugliese / Andrés Casanova / Martha Faure Bluhn / Hugo Mujica / Marcelo Di Marco / César Cantoni / Cristina Berbari / María del Carmen Endres / Evangelina Arroyo / Oscar Wong / Sebastián Gabriel Barrasa /  Ricardo Costa / Oscar Portela / Ester de Izaguirre  / Mary Viccini / Luis Ricardo Furlan / María Eugenia Caseiro / Esther Pagano / Laura Isabel Lugones / Horacio Rega Molina / María Rosa Mó / Aldo Luis Novelli / Cecilia Glanzmann / Alejandro Schmidt / Juan Ruiz de Torres / Gustavo Tisocco / Jorge Santiago Perednik / Jorge Ariel Madrazo / Juan Pomponio / Rogelio Ramos Signes / Carlos Penelas / Lucía Carmona / Enrique Gracia Trinidad / Mario Verandi / Néstor Groppa / Alfredo De Cicco / Virginia Segret Mouro / Alfredo Veiravé / Ana Emilia Lahitte / Guillermo Pilía / Graciela Wencelblat / Alfredo Lemon / Ana María Cossio / Ángela Reyes / Gabriel Impaglione / Milagros Salvador / Alejandro Moreno Romero / Rubén Vela / Mabel Pan / Simón Esain / Ana Santillán / Marta Schofs Maggi / Marieta Cuesta Rodríguez / Julio Bepré / Hebe Solves / Fernando Sánchez Zinny / Carmen Rubio López / Edna Pozzi / Roberto Glorioso / Rafael Felipe Oteriño / Liliana Souza / Rodolfo Leiro  / Liliana Lukin / Julio Huasi / José Emilio Tallarico / Antonio Leal / Leopoldo Castilla / Julia Magistratti /  Simón Zavala Guzmán / Marcos Silber / Alberto Jiménez Ure / Enrique Gallego / Patricia Díaz Bialet / Kato Molinari / Silvia Mathieu / Osvaldo Risso / Genoveva Arcaute / Liliana Chavez / Pablo Balbis /  Luis Luchi / Alba Estrella Gutiérrez / Nina Thürler / Sebastián Jorgi / Roberto Reséndiz Carmona / Concepción Bertone / Luis Manuel Pérez Boitel / Luis Raúl Calvo / Roberto Romeo Di Vita / Luis Edgardo Soulé / Mariano Shifman / Miguel Fajardo Korea / Osvaldo Ballina / Roxana Elvridge- Thomas / André Cruchaga / Elena Cabrejas / Graciela Caprarulo / Balbina Prior / Pepe Junco / Pablo Cassi / Norma Abúndez / Marialuz Albuja / María Rosa Lojo / Beatriz Schaefer Peña / Ketty Alejandrina Lis / Fernando Rendón /Antonio Porpetta / Luzmaría Jiménez Faro / Edmundo García Caffarena / Liliana Celiz / Amilkar Feria Flores / Isabel Krisch / Lorena Cáceres / Ana Guillot / José María Pallaoro / Roxana Rajmilchuk / Máximo Simpson / Sara Cohen / Horacio Laitano / Vicente Gerbasi / Edda Ottonieri de Maggi / Rubén Vedovaldi / Marcela Gros / Juan Calzadilla / Álvaro Olmedo / Juany Rojas / Ignacio Giancaspro / Virgilio Zurlo / Julián del Campo / Elena S. Eyheremendy / Eduardo Dalter / Graciela Malagrida / Fanny Jaretón / María González Rouco / Paulina Juszko / Rodrigo Verdugo / Jorge Cabrera / María Angélica Salguero / Ángel Rafael Nungaray / Leonor Silvestri / José Carlos Gallardo / Enrique Butti / Ángel Oliva / Astul Urquiaga / María Luisa Márquez / Javier Adúriz / Zulai Marcela Fuentes / Reynaldo Uribe / Dorilda Pereyra / Juan José Hernández / Leonor Mauvecin / Carlos Enrique Cartolano / Claudio Portiglia / José Watanabe / Yolí Fidanza / María Laura García del Castaño / Nolberto Ángel Malacalza / Walter Iannelli  / Susana Cabuchi  / Silvina Guala / Alfredo Palacio / Daniel Mastroberardino / Héctor Viel Temperley/ Marta Braier / Máximo Ballester / Rubén Balseiro / Alejandrina Devescovi / Jorge Boccanera /  María Laura Coppié / Ofelia Funes / Norma Etcheverry / Ronald Bonilla / María Elena Rocchio / Karina Sacerdote / Ernesto Goldar / Ana María Vieira / Arabella Salaverry Pardo / Carmen Salamanca Gallego / Gabriela Delgado / Eduardo D’Anna / Adriano Corrales Arias / Eduardo Espósito / Juan Cerda Zúñiga / Marisa Negri /Bibí Albert / Héctor Berenguer / Tatiana Olavaria / Mariana Bernárdez / Elisa Dejistani / Mario Meléndez / Álvaro Mata Guillé / Daniel Erne / Cruz González Cardeñosa / Cristina Ramb / Juan Carlos Bustriazo Ortiz / Florencia Lo Celso / Norman Petrich / Juan  Carlos Miranda Ponce / María Cecilia Micetich / Gustavo Caso Rosendi / Gisela Galimi / María Eugenia Maiztegui / Mónica López Bordón / Moravia Ochoa López / Carlos Carbone / Elisabet Cincotta / Mateo Morrison / Daniel Freidemberg.

APERTURA DE DIVERSOS DIPLOMADOS CULTURALES









DOS GRANDES EVENTOS DEL GRAN PROFESOR Y TRADUCTOR MIGUEL CASTILLO DIDIER: HOMENAJE Y CONFERENCIA





"EL MUNDO COMO ESCENARIO NEOBARROCO" CONFERENCIA EN LA UNIVERSIDAD FINIS TERRAE DEL PROFESOR WILLIAM EGGINTON ESTE MARTES 20 DE MARZO DE 2012 A LAS 10:00 HORAS



APARECE NUEVO NÚMERO DE LA REVISTA "ARQUITRAVE"





Ya está en el aire la edición 51 de la revista de poesía Arquitrave con textos de y sobre Wu Zao, Paul Valery, Gabriel Celaya, Enrique Jaramillo Levy, Mahmud DarwixJabra Ibrahin JabraZacarías MohamedSamih al-Qasim, Ghassan Zagtan, Duvan López, Bei Ling, Tomaso Pieragnolo, Jhon Better y Maximino Ponte. También puede leer artículos sobre la poesía de los indignados, la cultura y las tradiciones, la historia de Fadjen un toro español cuyo destino era morir en una corrida o la poesía en el presidio político cubano. Un archivo guarda medio centenar de números de la revista en papel virtual. Para la edición del próximo abril publicaremos textos de Titos Patrikios, Alberto Arvelo Ramos, Eduardo Escobar, Gabriel Jiménez Emán, Eduardo García Aguilar, Lois Pereiro, Alfredo Pérez Alencart, Andrés Morales, Boris Rozas y Silvio Bolaño Robledo.  
Si tiene sugerencias, encuentra errores, desea colaborar con nosotros o publicar sus textos escriba a asdfghjkl.123456@arquitrave.com




miércoles, 29 de febrero de 2012

LA CAÍDA







(Cadáver exquisito de los Apocalípticos Desintegrados)


Antes de acabar con esta vida,
temo y sé
que la razón no alcanza.

Entonces: grave de mi,
pienso en una estrella
que antes derrumbó aquel silencio.

Se abre la caja de Pandora:

No hay nada en esta cama miserable
que en el último minuto de la vida
respiró horas y horas hasta caer
definitivamente.

lunes, 27 de febrero de 2012

VI ANIVERSARIO DE LA CINETECA NACIONAL, CENTRO CULTURAL "PALACIO LA MONEDA" DEL 7 AL 13 DE MARZO DE 2012



ESTE 6 DE MARZO GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ CUMPLE 85 AÑOS POR HAROLD ALVARADO TENORIO (COLOMBIA)



Evelio José Rosero, Gabriel García Márquez y Harold Alvarado Tenorio

Hijo de un telegrafista y la hija de un coronel que participó en la Guerra de los Mil Días (1899-1903), Gabriel García Márquez (Aracataca, 1928), por causa de la pobreza fue criado por una tía de su madre, Francisca Simodosea, asediado por los recuerdos de sus parientes. Al morir su abuelo le llevaron a Barranquilla a concluir la primaria y gracias a una bolsa de estudios en Zipaquirá, un remoto pueblo de los Andes, se graduó de bachiller mientras se intoxicaba con la más horrenda poesía que declamaban los colombianos de entreguerras y “Javier Garcés” escribía sonetos piedracielistas:
Si alguien llama a tu puerta, amiga mía,
y algo en tu sangre late y no reposa
y en tu talle de agua, temblorosa,
la fuente es una líquida armonía.

Si alguien llama a tu puerta y todavía
te sobra tiempo para ser hermosa
y cabe todo abril en una rosa
y por la rosa se desangra el día.

Si alguien llama a tu puerta una mañana
sonora de palomas y campanas
y aun crees en el dolor y en la poesía.

Si aun la vida es verdad y el verso existe.
Si alguien llama a tu puerta  y estás  triste,
abre, que es el amor, amiga mía.

(Si alguien llama a tu puerta)
Luego asistiría a ciertas clases de derecho en la Universidad Nacional,  pero el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán y las persecuciones desatadas el 9 de Abril de 1948 le llevaron a Cartagena de Indias, los veinte meses que trabajó a las órdenes de Clemente Manuel Zabala (San Jacinto, 1921-1963), un radical que había sido secretario del general Benjamín Herrera y delegado a congresos obreros, y quien parece le enseñó los rudimentos del periodismo moderno. En esa Bogotá de hielo y desolación, sólo la poesía le había acompañado:
“Cuando terminé el bachillerato y me fui Bogotá, confesó a J.G. Cobo Borda en 1981,  mi diversión más salaz era meterme en los tranvías de vidrios azules que por cinco centavos giraban sin cesar desde la Plaza de Bolívar hasta la Avenida de Chile, y pasar en ellos esas tardes de desolación que parecían arrastrar una cola interminable de muchos otros domingos vacíos. Lo único que hacía durante los viajes de círculos viciosos era leer libros de versos y versos y versos, a razón quizá de una cuadra de versos por cada cuadra de la ciudad, hasta que se encendían las primeras luces en la lluvia eterna, y entonces recorría los cafés taciturnos de la ciudad vieja en busca de alguien que tuviera la caridad de conversar conmigo sobre los versos y versos y versos que acababa de leer. A veces encontraba alguien, que era casi siempre un hombre, y nos quedábamos hasta pasada la medianoche tomando café y fumando las colillas de los cigarrillos que nosotros mismos habíamos consumido, y hablando de versos y versos y versos, mientras en el resto del mundo la humanidad entera hacía el amor.”
En Barranquilla, donde vivió cuatro años, conoció a Cecilia Porras, la pintora y compañera de Jorge Child que pagaría, y diseñaría, la edición de La hojarasca, su primera novela. De vuelta a Bogotá, en 1955 El Espectador le envía como corresponsal a Europa pero prefiere matricularse en el Centro Experimental de Cinematografía de Roma. A finales del año va a París y escribe, en una buhardilla de la Rue de Cujas en el Barrio Latino, El coronel no tiene quien le escriba (1958). Después de hacer un viaje por los países comunistas, con el triunfo de la Revolución Cubana es nombrado corresponsal de la agencia de prensa del nuevo gobierno en Bogotá y en 1961 va a New York como corresponsal de la misma. Renuncia al cargo y viaja a México donde redacta Cien años de soledad, que aparece en Buenos Aires (1967) y recibe el premio Rómulo Gallegos (1972). Un año antes había sido investido con un Doctorado de la Universidad de Columbia. Se traslada a Barcelona donde vivió entre 1967 y 1975. En 1982 recibe la Legión de Honor del gobierno francés y el Premio Nobel de Literatura.
Amigo de notables políticos de su tiempo [Alfonso López Michelsen, Alberto Lleras Camargo, Omar Torrijos, José López Portillo, Carlos Salinas de Gortari, Adolfo Suarez, Daniel Ortega, Ricardo Lagos], ["el poder absoluto es la realización más alta y más completa del ser humano, y por eso resume a la vez toda su grandeza y toda su miseria"] al cumplir 80 años y luchando contra un cáncer linfático, Belisario Betancur, --presidente de Colombia durante el holocausto del Palacio de Justicia, el terremoto de Popayán, el comienzo del exterminio de la Unión Patriótica y la desaparición de Armero con cientos y millares de muertos, quien, junto a Olaf Palme, Felipe González, Fidel Castro y Pablo Neruda le postularon al Nobel--, las Academias de la Lengua y el gobierno de Colombia ofrecieron en Cartagena de Indias una fiesta en su honor, a la que asistieron entre otros cientos de adeptos, los Reyes de España, Bill Clinton, Carlos Fuentes, Álvaro Uribe Vélez, Tomás Eloy Martínez, Víctor García de la Concha, César Antonio Molina, Fito Páez y Carlos Vives.
El asunto central de Cien años de soledad (1967), su más conocido poema, es la incomunicación. En Macondo, tierra de lo posible, no existe la solidaridad y trato entre los hombres. Macondo es una Arcadia donde triunfan la muerte y la violencia. Un pueblo habitado por sabios aislados y vidas anacrónicas cuyos símbolos vivos son José Arcadio Buendía, el vidente atiborrado de proyectos que termina junto a su difunto enemigo Prudencio Aguilar; Úrsula Iguarán, que confunde el presente y el pasado y es una muñeca que divierte a sus tataranietos, abandonada por la realidad de la que había sido su único médium; Aureliano Segundo que despilfarra su vida y la de su concubina mientras cubre con billetes de banco las paredes de las habitaciones, bebe ríos de brandy y baila, hasta la misma vejez, una eterna cumbiamba que apenas apacigua el diluvio universal; Remedios, la bella, que vaga por el desierto de la soledad hasta cuando asciende en cuerpo y alma al cielo; Meme, muda desde el día que su madre la llevó a un convento de tierra fría para que diera a luz el hijo de Mauricio Babilonia, y Aureliano Babilonia, un adolescente que ignora el presente pero sabe todo sobre el hombre del Medioevo. El amor, al final de la novela, derrota la soledad cerrando el círculo maléfico del incesto, maldición y destino de la familia.
Pero quien ha narrado la historia es el coronel Aureliano Buendía, que entre los avatares de las guerras compone en versos rimados sus encuentros con la vida y la muerte ["Los escribía en los ásperos pergaminos que le regalaba Melquiades, en las paredes del baño, en la piel de sus brazos, y en todos aparecía Remedios en el aire soporífero de las dos de la tarde, Remedios en la callada respiración de las rosas, Remedios en la clepsidra secreta de las polillas, Remedios en el vapor del pan al amanecer" ] y ya cerca del final, quema, con el baúl de los poemas “la historia misma de la familia, escrita por Melquiades, hasta en sus detalles más triviales, con cien años de anticipación. La había redactado en sánscrito, que era su lengua materna, y había cifrado los versos pares con la clave privada del emperador Augusto, y los impares con claves militares lacedemonias", porque gracias al misterio de la poesía "no había ordenado los hechos en el tiempo convencional de los hombres sino que concentró un siglo de episodios cotidianos, de modo que todos coexistieran en un instante”.
Otro de sus grandes poemas es El general en su laberinto (1989), un sentimental viaje de horror hacia la muerte. Aquí el agonista es un virtuoso abatido por el destino contra quien no solo conspiran los hombres sino la enfermedad de su siglo: la tuberculosis. El cuerpo, las lluvias, el calor, la ropa, el sol implacable hacen más feroces los efectos del que recorre el orbe. Quien lee, sabe qué va a suceder y sólo continúa por placer. Un placer que termina en llanto y dolor. La utopía vuelve a ser el eje central de ésta como en ese Macondo donde las cosas hubo que fundarlas porque carecían de nombre y José Arcadio Buendía persigue el progreso y los secretos de una alquimia, que conducen, ineludibles, al fracaso. Los esfuerzos del General Bolívar, el Coronel Buendía y José Arcadio terminan mal. Como en la gran poesía del mundo, todo está condenado al fracaso, a una ruina de los ideales.
El general en su laberinto  fue la culminación de una saga sobre los estragos de la soledad del poder, el amor y el absurdo de la gloria que había comenzado con El coronel no tiene quien le escriba, la historia del viejo militar que sin tener con que comer libra su última batalla por la vida de un gallo, prolongada en Aureliano Buendía y sus treinta y dos batallas perdidas en Cien años de soledad, y el viaje hacia los tenebrosos dispositivos del totalitarismo en El otoño del Patriarca, porque como había consignado en su gran novela:
“todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.”
Harold Alvarado  Tenorio

TODA LUCHA POR UN CHILE MÁS JUSTO, LIBRE Y DEMOCRÁTICO ES NUESTRA LUCHA








Concordando plenamente con esta declaración aparecida en el portal electrónicoletras.s5.com es que la subo al blog para difundir y solidarizar con los acontecimientos que este texto evidencia de forma decidida y clara. 

Toda lucha que apunte a superar la segregación en el mundo es nuestra lucha; toda lucha que busque justicia para los trabajadores, para las mujeres, para los excluidos, para los niños a los que el sistema les cierra la puerta en la cara clausurando su futuro, es nuestra lucha.

Toda lucha por la humanidad y contra la inquina, es nuestra lucha. Toda construcción y todos los métodos que se opongan a esta dictadura del capital y levanten un mundo posible diferente al del lucro desatado y los patrones inmunes, es nuestra lucha y nuestro mundo en construcción.

Nos resulta imposible no solidarizar activamente con quienes están poniendo el cuerpo y la voz a ese Chile que se quiere más igual, más justo, más democrático.

Ayer, hoy y mañana, la lucha inagotable del pueblo mapuche; ayer, hoy y mañana la educación pública, gratuita y de calidad para nuestros hijos, para los hijos de los trabajadores que hacen el mundo y sus sentidos; ayer, hoy y mañana Aysén, Magallanes, la justa pelea de las regiones contra un gobierno centralista y sordo, represivo y falaz. La Patagonia y su herencia verde, Calama y su herida de siempre, la salud de nuestros hermanos, la dignidad en el descanso de nuestros padres y abuelos tras años de trabajo, el respeto del Estado por los ciudadanos cuando caen en desgracia, la equidad para distribuir una abundancia que no sólo pertenece a la clase dominante. 
Nuestra voz es una más. Quizás se escucha poco, quizás el neoliberalismo y su lógica mercantil nos ha convertido en un margen más. Quizás lo ha intentado. Pero haremos lo posible porque no lo logre.

Nosotros, escritores, novelistas, dramaturgos, poetas, ensayistas, académicos, historiadores, ilustradores, “comiqueros”; nosotros, obreros intelectuales y artistas, que también construimos y somos parte de una clase,
que elegimos ser parte de esa clase que construye, que vivifica y levanta como cualquier trabajador esta patria que son los hombres, mujeres y niños de Chile, también estamos cansados.

Cansados de la represión contra el movimiento social y su criminalización; cansados de la complicidad de los medios de comunicación masivos, todos en manos del mismo dios perverso del dinero y el lucro; cansados de una elite que se revuelca en un discurso vacío para seguir siendo opción cada cuatro años en elecciones bajo un sistema que será siempre un simulacro mientras no considere a las mayorías postergadas, su voz, su mirada, su decisión, expresada con creces en 2011 y que se hará cada vez más fuerte este año, que será, no lo dudamos, un año de batallas por otro mundo posible y necesario.

Los trabajadores intelectuales abajo firmantes, los artistas abajo firmantes, queremos decir que no nos gusta como se ha ido construyendo este país. No nos gusta que las leyes se definan en las oficinas de los grupos económicos, no nos gustan las políticas de licitación de la cultura disfrazadas de fondos concursables, no nos gusta una democracia de mierda donde no tenemos nada mejor que hacer que alimentar las granjerías de una clase que ya no tiene nada que aportar, porque es una casta de cadáveres, fantasmas sin vida, sin amor, sin visión y sin ternura.

Lo que queremos es una democracia real, donde la voz del ciudadano se escuche y se respete. Donde el poder emane de las decisiones y sueños de la gente. Lo que queremos es un país feliz. Lo que queremos es que se generen y se legitimen de una buena vez los mecanismos de representación para que sea el pueblo quien diga a sus dirigentes lo que deben hacer y no al revés.

Lo que queremos es que todas las luchas en curso prosperen, crezcan y se desarrollen, hasta liquidar el poder del dinero sobre la inteligencia, hasta liquidar la supremacía de la muerte sobre la vida.

Raúl Zurita, poeta; Jorge Baradit, escritor; Óscar Barrientos Bradasić, escritor; Juan Manuel Silva, escritor; Christiano, dibujante; David Bustos, poeta; Tania Encina V., editora; Christian Formoso, poeta; Camilo Brodsky, poeta y editor; Ernesto González Barnert, poeta; Soledad Poirot, ilustradora y dibujante; María José Ferrada, escritora; Ignacio Fritz, escritor; Marcela Saldaño, poeta; Leonardo Sanhueza, poeta; Daniel Hidalgo, escritor y profesor; Marcelo Pellegrini, poeta y académico; Alejandra Bottinelli, académica; Marcelo Arce Garín, poeta; Jorge Opazo, dibujante; Hernán Castellano-Girón, escritor; Nancy Garín, historiadora del arte; Simón Villalobos, poeta; Eugenia Prado Bassi, escritora; Guido Arroyo, editor y poeta; Rodrigo Hidalgo, escritor y gestor cultural; Varinia Brodsky, gestora cultural; Alejandra Costamagna, escritora; Alejandra del Río, poeta y educadora; Carlos Henrickson, escritor; Alberto Harambour, historiador y académico; Felipe Moncada, poeta y editor; Juan Christian Jiménez, sociólogo y académico; Felipe Ruiz, poeta.

viernes, 24 de febrero de 2012

EL GRAN PINTOR CATALÁN PERE SALINAS Y UN POEMA....





LOS VIDENTES


Todos íbamos a ser Rimbaud.
Todos íbamos a ser Artaud.
Todos íbamos a ser Edgar Allan Poe.

Lo que pasa es que ni Verlaine,
ni un poeta menor, ni aquellas líneas
del pequeño escribano de la corte.

Nada, ni en el aire, ni un poema:

Todos íbamos directo al matadero. 

jueves, 23 de febrero de 2012

"LA GLOBALIZACIÓN: UN INMENSO AEROSTATO QUE ESTALLA EN EL CEREBRO DE LOS INGENUOS" POR ANDRÉS MORALES (CHILE)





                                               ¿Por qué estar en contra de la globalización? ¿Habremos de tener una postura radical, intransigente, hasta violenta, que no permita por ningún motivo que ese aparente paraíso donde todos podemos acceder a la cultura, a la información, e incluso a los asuntos más banales y pasajeros esté al alcance de todos? Si se mira desde este punto de vista las cosas parecen extraordinarias, la globalización es la “panacea” del siglo veintiuno (sobretodo con herramientas como Internet, los satélites, la televisión, la radio, el chat, Facebook, YouTube, Twitter y todas las redes sociales existentes). Pero, ¿es tan así como aparece y parece? A mi modesto parecer, no lo es. No estoy en contra de las relaciones que puedan favorecer e incrementar el desarrollo intelectual, cultural, hasta emotivo de los pueblos: no, por ningún motivo, pero tampoco estoy por aquellos “metamodelos” o por la estandarización de una forma de pensar, de sentir, de actuar y, casi “pavlovianamente”, de reaccionar.
                                               Seamos honestos, ¿acaso la globalización ha incrementado de forma extraordinaria la cultura, las artes, la sensibilidad, la estética? Me parece que no. Creo, como y con muchos otros, que se trata de una “trampa” muy bien articulada (a través de los medios y las redes sociales) que sólo pretende imponernos ideas, modas, estereotipos y hasta formas de pensar que anulan el derecho a la discrepancia y a la libertad (¿se acabo el “libre albedrío”?). Y en este punto, ¿hasta dónde existe esa aparente democracia de la globalización? ¿Todos queremos comer las hamburguesas de Mac Donald’s, todos queremos tal o cual perfume del “Duty Free”, o beber la mentada Coca-Cola? Nos han ido acostumbrando a aquello, perversamente. Primero, por supuesto, por razones económicas (las cuentas del capital han de engordar infinitamente), segundo,  porque es más fácil producir una necesidad compulsiva a gran escala que individualmente (por supuesto utilizando la técnica del bombardeo incesante donde todo es “maravilloso”  hasta cuando se estropea[1]). De hecho, aquel individualismo egoísta que tanto se criticó en los años setentas y ochentas pareciera ser la solución (aunque una solución con trampas secretas, pues, igualmente, se fortalece el yo sobre el otro, se pierde el valor de la solidaridad y lo que es aún peor, se incrementa la soledad). ¿Cuánta gente pasa horas y horas frente a una pantalla –sea de su computador o del televisor- secando su cerebro hasta masticar el “soma”, al decir de Aldous Huxley en su Mundo feliz? ¿Cuánta gente muere sola en su casa hasta que el hedor alerta a los vecinos y finalmente entierran al fallecido? Por eso el individualismo tampoco es la solución y, además, porque la globalización con la avalancha de productos que nos aíslan de los demás puede penetrar de uno en uno, pero en todos y como dije, masivamente (y eso es lo grave) pretendiendo entregarnos un confortablemente mundo virtual (y tampoco estoy en contra de internet ni de las computadoras, yo mismo los uso frecuentemente) donde la aparente belleza, la mentira, el ocultamiento, la falsa información, las teorías conspirativas, el pánico a no salir de casa, la paranoia delirante del que teme todo lo que vive fuera de sus muros se transforma en una vida “a medias”, mediatizada, hostil, hasta anacoreta… ¿Y qué pasa con los niños y la globalización? Desde pequeños los inducen a tener tal o cual juguete o producto, a quedarse en casa con el “Play Station” o viendo un DVD de Walt Disney mientras los padres hacen el amor de forma mediocre y creen que la infancia de sus hijos se multiplica en saberes y conocimientos. Recuerdo mi infancia: los juegos en el barrio, las canicas, el trepar árboles, el contactarse con los animales no como “mascotas” sino como seres tan vivientes y emotivos como los humanos. La experiencia de haberse herido una rodilla, de recibir la atención de la madre o del padre cada vez existe menos: ahora, se toma el automóvil y, aunque sea un simple rasguño, se atiende al pequeño en el servicio de urgencias de un hospital o de una clínica privada[2]. Los padres se desentienden, los hijos se aíslan, la sociedad nos demanda (y vaya si nos hace trabajar para ganar unos pocos centavos), todo se “esteriliza y separa” bajo el paraguas de una suerte de afecto, no de amor, de una suerte de complicidad y no de solidaridad, que, a veces, llega a producir  asco de ser miembro de la especie humana. ¿Y la globalización? Allí está otra vez campeando con sus botas gigantes sobre los ingenuos que votan a políticos que los engañan prometiéndoles con pactos, “tratados de libre comercio”,  dineros del “Fondo Monetario Internacional”  que irán en ayuda de los más necesitados. Y así me pregunto una vez más, casi, frívolamente, ¿qué pasa con África?, ¿qué pasa con el mundo que no reacciona? Todos nos admiramos de China que ha llegado a ser el segundo país más rico del mundo, pero que nos ha invadido –con su globalización- de millones de cosas útiles e inútiles. Hace unos días un amigo me decía: “Te has dado cuenta que la mayoría de los objetos que nos rodean son fabricados en China?” Y no es que este, otra vez, en contra de China (aunque sí de su política “socialista capitalista”) ni contra Estados Unidos (que impone moldes para pensar en lo que a ellos les conviene) ni contra ninguna nación o estado. Es la clase política –si podemos llamarla así- la que se deja engañar por la clase económica (en mi país, Chile, la distribución de la riqueza es una vergüenza, los ricos manejan casi todo el dinero, la clase media trabaja como hormigas y los pobres se quedan ahí en la mas abyecta pobreza[3]). Son los ricos que mandan a los políticos que, a su vez firman  tratados  y todo bajo la perfumada burbuja de la idealizada globalización.
  


[1] ¿No es verdad que años atrás las cosas, cualquiera que estas sean tenían una vida útil más larga: y me refiero a la ropa, a los electrodomésticos, incluso a los edificios, etc.?

[2] Y por supuesto no me refiero a enfermedades terribles, fracturas o problemas graves, sino a simples rasmillones que perfectamente pueden ser curados en casa.

[3] Aunque, en justicia, hay que reconocer que Chile ha avanzado considerablemente en la erradicación de la pobreza y de la miseria en estos últimos veinte años, independientemente del partido político que gobierne. Esto ha transformado al país en uno de los más pujantes (y neuróticos) de Hispanoamérica.


RÍO DE JANEIRO 2012