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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."



José Saramago

lunes, 26 de septiembre de 2016

"APUNTES SOBRE LA POÉTICA DE JIM MORRISON EN EL ANIVERSARIO 45 DE SU MUERTE" POR LEONIDAS RUBIO (CHILE) DE SU PÁGINA "ACTAS DE (MALA) FE"





Cuando la diversión muere se convierte en Juego.
Cuando el sexo muere se convierte en Clímax.
Todos los juegos contienen la idea de la muerte.

J. M.

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En forma preliminar cabe mencionar que la irrupción de una poética de rango mayor en la música popular y en especial dentro del rock, no es exclusividad de Jim Morrison y su grupo The Doors. Es posible anotar los nombres de Roger Waters y David Gilmour (Pink Floyd), David Bowie, Paul Simons, Freddy Mercury, Keith Reid (Procol Harum), Sixto Rodríguez, Neil Young (Crazy Horse), por mencionar sólo algunos cuya influencia y estatura lírico-musical está fuera de toda controversia. Con esas menciones admito que hago omisiones deliberadas, puesto que la fortuna mediática ha posicionado con gran imagen literaria a otros como Dylan o los muchachos de Liverpool pero en mi opinión personal sus letras no por cantidad alcanzan la calidad exigida al concepto de poema. Talvez habría que empezar a distinguir técnicamente entre poetas del rock y narradores de este género, con lo cual haríamos claridad más allá de las preferencias. De cualquier modo, sea cual sea el criterio, no cabría duda que el nombre de mayor jerarquía poética de la historia de la música popular contemporánea es el de Jim Morrison.


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James Douglas Morrison, más conocido como Jim, era una inteligencia poética por excelencia, en ebullición. Esto implica decir que toda su cosmovisión y su acción de arte estaban impulsadas por la capacidad de construcción verbal, aunque no se agotaba en esa formalidad que damos a llamar poema. Hay un influjo sanguíneo, rítmico, sexual, psico-social y plástico que conduce su proceso creativo.

Es cosa bien sabida que el denominativo del conjunto -literalmente "Las Puertas"- fue adoptado a instancias de Morrison citando a Blake: "Si las puertas de la percepción se abrieran, la realidad se mostraría al ser humano tal como es: infinita". Esta premisa fue reclamada en la década del '60 por Aldous Huxley y Timoty Leare a partir del uso de sustancias psicoactivas, experiencia que condicionó el curso de los acontecimientos no sólo para algunos escritores y los artistas de rock sino para un fenómeno (contra) cultural y generacional completo.

Se advierte entonces que el germen poético de Morrison afirma un punto de origen en la vanguardia post-romántica y acusa recibo del salto cualitativo de la poesía anglosajona entre Blake y los poetas beatnik. Así aparece que sus referentes anglo-americanos obligados remiten al arco que va de Whitman a Ginsberg, donde el concepto de voz ecuménica reclama para sí una especie de épica y una ética tribal o el misticismo en estado salvaje que Paul Claudel usaba para definir a Rimbaud. De allí a que Morrison instale una arista de su obra a partir del ritual convocante, en particular con "Una Plegaria Americana" (1970). Esto trasluce que en su hablante el concepto de "lo americano" abarca la totalidad del receptor y su enunciación se dirige a un sujeto que tiene en común una identidad, un sentido de pertenencia en lo que históricamente se ha dado en llamar "América" como paradigma de la cultura anglosajona colonial, a partir de la toma de conciencia de esa nación en torno a sí misma y su recurrencia autorreferencial en la literatura contemporánea. Como tal, la identidad de "lo americano" no es peor ni mejor que "lo francés" o "lo español" o "lo latinoamericano", pero es básicamente distinto, en tanto "lo americano" es por excelencia una tensión que se polariza entre el conservadurismo luterano y el liberalismo post-industrial, entre el moralismo protestante y el consumismo hedonista, entre el militarismo imperialista y el pacifismo civilista de alto costo, de estatus progresista, principalmente remitido a la clase media blanca ascendente de EEUU, como lo fue el movimiento cuáquero en época de Whitman y lo volvió a ser el movimiento hippie en tiempos de Ginsberg. En los relevos generacionales siempre se produce el extremo de esa tensión con rasgos de ajuste de cuentas y a la vez de remordimiento colectivo. Es una variante social inevitable de lo que Octavio Paz llama "la tradición de la ruptura" en la poesía moderna.

Así lo admite el propio Morrison en el reportaje para revista Rolling Stone (Jerry Hopkins1970), donde no deja dudas de su autopercepción de ser un instrumento de reacciones sociales, en una suerte de aceptación voluntaria de un papel dramático dentro de la dinámica de la cultura:

"Lo que solían llamar rock ha muerto, se convirtió en algo decadente. Y luego surgió un revival del rock desde Inglaterra. Y llegó muy lejos. Estaba bien articulado.Entonces tomó conciencia de sí mismo, algo que para mí es el principio de la muerte. Al tomar conciencia de sí mismo, involucionó y se convirtió en algo incestuoso. La energía se acabó, igual que la fe en él. Creo que para que cualquier generación se afirme como una entidad humana consciente, ha de romper con el pasado, así que obviamente, los chicos que vienen detrás no van a tener mucho en común con nosotros. Van a crear su propio y único sonido."





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En el caso de Morrison la acción social de la palabra está hermanada con la dimensión poético-teatral, la música popular y la representación. De esa manera se da cita inevitablemente el procedimiento de la vanguardia, en especial de Artaud, donde la plasmación del texto no supone un proceso enteramente intelectual sino corporal e instintivo. Por esa vía el poeta Morrison deviene en performance, no por casualidad también llamado "chamán" -el médico-brujo de la tribu- o "Rey Lagarto": una suerte de gurú erótico y declamatorio que convoca el éxtasis masivo por contagio, a la manera de una catarsis colectiva. Habida cuenta de este rol, el poeta Morrison se presenta frente a la acción poética como un ser hiperlúcido, omnipotente, que se ficcionaliza o se autoconstruye mitológicamente a partir del poema en paralelo a la presentación pública en el formato del concierto. Es un ejercicio inconsciente, que procede de una pulsión psíquica personal, pero que es capaz de hacer concurrir un auditorio con la mediación del mito emergente. Es decir que el receptor implícito del poema morrisoniano es un sujeto plural y su lectura moviliza arquetipos de arraigo en el inconsciente colectivo, más allá del ejercicio directo o individual de la lectura o la audición. Es la más plena realización del ideal de Blake y la expresión más extrema del hablante-aedo neo-mesiánico de "Hojas de Hierba" (Whitman) que reaparece en Ginsberg con un ímpetu simultáneo de sacralización y profanación. Es en ese código que el hablante chamánico de Morrison dice:

"Necesitamos doradas, inmensas copulaciones"

El procedimiento, como ocurre con frecuencia, confirma la identidad subjetiva en un efecto espejo, en un inverso proporcional, puesto que el repertorio de imágenes del hablante profético o bardo colectivo no codifica un argumento sino un estado mental: el delirio. Morrison alguna vez se definió a sí mismo frente a la prensa como un "político erótico". En cuanto tal, su poética se proyecta en ángulo piramidal hacia la multitud pero su punto de fuga es el sujeto emisor, el vidente, el incitador, con una mirada de prisma que filtra la visión panorámica. Por algo el chamán es un individuo distinguido y validado por el resto de la tribu, investido de liderazgo. Por tanto su rapsodia se propone ser representativa, aunque nada de esto sea otra cosa que un registro de espejismos. El poeta es, en esta dimensión, como el viejo maestro Houdini, un prestidigitador, un ilusionista. Así sobre todo en "Las Nuevas Criaturas" (1968), los enunciados se encabalgan y se engarzan con libertad plástica en la tradición del poema visionario:

"Las autopistas de la vieja ciudad
Fantasmas en coches
Sombras eléctricas
Ensenada
la foca muerta
el crucifijo del perro
espíritus de los muertos coche sol.
Para el coche.
Lluvia. Noche.
Siente.
Ave marina gemido marino
Terremoto murmurante
Incienso de rápido consumo
Clamor indignado
Carretera sinuosa
Hasta las cuevas chinas
El hogar de los vientos
Los dioses del luto

Otro pasaje:

"La chica de la tienda
a medianoche
se deslizó hasta el pozo
y se encontró con su amante
Hablaron un rato
y rieron
después él se fue
Ella puso una almohada naranja
sobre su pecho
Por la mañana
El Jefe retiró sus tropas
y trazó un mapa
Los jinetes se levantaron
Las mujeres tensaron
las cuerdas
Ahora las tiendas están plegadas
Marchamos hacia el mar"


Parece un guión cinematográfico o un libreto teatral. No es extraño si sabemos que Morrison fue estudiante de cine y poco antes de su muerte, con la declinación de la banda The Doors, su mayor aspiración era la producción audiovisual y la actuación:



"Me interesa el cine porque para mí es la aproximación artística que más se acerca al flujo de la conciencia, tanto en el mundo de los sueños como en nuestra percepción diaria del mundo."

"(…) Me encantaría tener una obra de teatro para mí. Eso me interesa mucho ahora."

"(…) El cine lo comprime todo. Empaqueta toda esa energía. Me gusta llegar a los límites de la realidad. Siento curiosidad por ver qué pasa."

Por demás ya había consignado en otro de sus títulos mayores una verdadera teoría perceptiva aplicada a la imagen visual y sensorial: "Los Señores; Notas sobre la Visión" (1969):

"La ciudad forma —a menudo físicamente y siempre psíquicamente— un círculo. Un juego. Un anillo de muerte con el sexo en el centro. Conduce hacia las afueras de los suburbios de la ciudad. En el límite descubre zonas de sofisticado vicio y aburrimiento, prostitución de menores. Pero en el mugriento anillo que rodea inmediatamente a la zona comercial diurna existe la auténtica vida multitudinaria de nuestro mundo, la única vida, la nocturna. Especímenes enfermos en hoteles de dólar, pensiones baratas, bares, casas de empeño, variedades chabacanas y burdeles, en galerías moribundas que nunca mueren, en calles y calles de cines abiertos toda la noche."

Probablemente algunas de estas ideas no hacen más que redimir y replicar en un código más intimista algo de lo que ya aparece de manera vociferante en "Aullido" (Ginsberg, 1956) pero esa posible réplica está absuelta ya que buena parte de "Aullido", a su vez, es un eco en código presumidamente escandaloso (casi histérico) de Whitman (en especial la sacralización ecuménica del mundo y los órganos sexuales, al borde del plagio). Tiendo a pensar que la sensación de ritmo y lenguaje conocido en el relato urbano proviene de un espíritu de época, una influencia transversal y en último término una conformación psíquica que sintetiza un lenguaje disperso a partir de la capacidad metafísica de la visión:

"Baños, bares, la piscina cubierta. Nuestro jefe herido tendido boca abajo sobre la sudorosa baldosa. Cloro en su respiración y en su largo pelo. Ágil, aunque estropeado, cuerpo de un contendiente de peso medio. Junto a él el periodista leal, el confidente. Le gustaba rodearse
de hombres con gran sentido de la vida. Pero la mayor parte de los periodistas eran buitres descendiendo sobre el lugar en busca del curioso aplomo de América. Cámaras dentro del ataúd entrevistando a los gusanos. Supone un gran horror girar piedras a la sombra y descubrir extraños gusanos debajo.

La cámara, como el dios que todo lo ve, satisface nuestro anhelo de omnisciencia. Espiar a otros desde esta altura y ángulo: peatones entran y salen de nuestro objetivo como raros insectos acuáticos."


Los enunciados casi fílmicos de Morrison van parodiando una bitácora de viaje. Hay un itinerario trazado al que se pasa revista. Sin embargo este viaje-aventura de ruptura colectiva con la percepción convencional no está destinado a la felicidad sino que reviste un fatalismo nihilista ("este es el fin, mi único amigo, el fin"), un finalismo que es de raíz litúrgica protestante pero que a la vez la niega, como recurso de apostasía indirecta que no es capaz de tocar el mito cultural de fondo sino que advierte su crisis. Es una apelación al tópico del Apocalipsis con el aliciente de la resignificación de la utopía, puesto que después del juicio final no podría quedar otra cosa que un atisbo de eternidad (idea sumamente borgeana), es decir, la plenitud y a la vez la total desesperanza. Mismo cauce sigue la filosofía de Nietzsche, donde el "asesinato de Dios" subraya el acto de admitirlo vivo y luego subraya su carencia, pero no pone nada de por medio (como lo debaten los personajes de Lezama Lima en Paradiso), salvo la suplantación de la realidad que podemos entender o admitir como "tiempo presente" o destino sucesivo. Así visto, se iluminan los pasajes de Morrison en "Una Plegaria Americana", cuando expresa:

"Las polillas y los ateos son dos veces divinos
y moribundos
Vivimos, morimos
y la muerte a nada pone fin
Seguimos viaje hacia la Pesadilla"

La anunciación del nihil consecuencial a la descomposición de la cultura importa como ironía. Es el momento de la lucidez previa al colapso o anterior a la fiebre, la bancarrota de la moral oficial -y oficiosa- y el fraude de la fe, no reactiva desde su condición de vacío sino desde el reclamo de una anti-fe que la compense. Es así a la manera catártica enunciada por Nietzsche en el "Origen de la Tragedia", donde el ser dionisíaco irrumpe desde el mismo interior de lo apolíneo, como potencia germinativa, mitopoyética, con capacidad de autofecundación y de autodestrucción. Es el origen del dualismo post-clásico que siempre persistió en el mundo medieval feudal-colonial como resabio del viejo mundo greco-latino que el cristianismo ha admirado y ha intentado suplantar, imitándolo por oposición. Esa tensión mitológica se encuentra en la base de la dominación imperial de las culturas, donde el control histórico definitivo no se hace sólo por las armas sino a través del sexo, con el mestizaje, la colonización genética y la posesión de los cuerpos en la orgía, la violación, el placer delirante del juego de sometimiento y entrega, alternancia de servidumbre y castigo dentro del deseo promiscuo.

Así lo entiende y lo expresa el aedo dionisiaco de Morrison (Dionisio fue otro de sus apelativos), desde la sacramentación irónica post-whitmaniana y beat, con una urgencia poética y política que resulta en cuadro plástico:

"Cuélgate de la vida
Flor nuestra de pasión
Cuélgate de los coños y de las vergas
de la desesperanza
Nuestra última visión nos la dio
la gonorrea
La entrepierna de Colón se hinchó
de muerte verde".

Otra arista de la profanación neo-mística y estética de Rimbaud, cuando el poeta Morrison en lugar de "sentar a la belleza en las rodillas" para la injuria procede a la seducción de la burla esencial de la cultura, que es la muerte:

"(Le toqué el muslo
y la muerte sonrió)"

El código es la vacancia del sitio del Dios ajusticiado, donde la promesa se anota sin confianza en ella pero con la inocencia de la (anti)fe que la advierte como premisa no resuelta, puesto que "el vino joven muriendo está en la viña", y el oficiante de la plegaria no trae promesas nuevas sino la enunciación de la ironía de la mortalidad en un sujeto pluralizado. Un nosotros épico pero anti-heroico, peticionario, humillado por la broma cruel de no ser eterno:

"Burla constante
concédenos una hora para la magia
Nosotros los del guante de púrpura
Nosotros los del vuelo de estornino
y hora de terciopelo
Nosotros la raza del placer
Nosotros los de la bóveda del sol y de la noche."


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A partir de estas reflexiones -después de todo no tan novedosas sino apenas sensatas dentro de la línea de interpretación posible de Morrison- cabe observar una paradoja que sí es imprevista: en Morrison se interpela y se contradice el ideal poético de Mallarmé en función del símbolo y la música del lenguaje. No lo hace deliberadamente, pero al formular su proceso creativo, así resulta. Queda declarado en la citada entrevista cuando diferencia drásticamente el formato de la canción respecto del poema, con estas palabras:

"Para mí, la canción viene con la música, sólo un sonido o el ritmo primero, luego hago las letras lo más rápido que puedo para capturar el impulso emotivo, hasta que música y letra se componen casi simultáneamente. Un poema en cambio no necesita ningún tipo de música... "

Esta contra-utopía de la musicalidad endémica del lenguaje es paralela a la idealización del rol órfico del poema. El autor Morrison define a su hablante lírico en función de esa sumisión a una sustancia expresiva inmanente, que está latente en el lenguaje y que, por lo mismo, no se interesa en buscar. Así lo aclara en la misma fuente (entrevista, op. cit):

"En las cinco o seis primeras canciones que escribí, simplemente estaba tomando apuntes de un concierto que sucedía en mi cabeza. Y una vez hube escrito las letras, no tuve más remedio que cantarlas."

Aparece entonces el desmentido flagrante a la ambición eterna de los poetas contemporáneos a partir de Mallarmé, de consignar la música dentro del texto y hacer operativos los contenidos simbólicos del mismo en función del ritmo, la fonética, la métrica, la disfunción sintáctica, etc. En el caso del poeta Morrison, que opera por definición y por oficio a partir de la música, el texto es entendido como hecho autónomo, despojado de esa correlación musical que lo emplaza desde el lenguaje, a la cual, en este caso, el autor desafía y renuncia precisamente con la autoridad de su condición de músico. Para Morrison sólo un poeta muy sordo tendría la ingenuidad de buscar la reafirmación musical del poema. El poema no es un remedo de la canción sino su plasmación espontánea más cruda. En ese sentido la enunciación morrisoniana no es hermética ni simbolista, sino todo lo contrario. Es una correlación armónica de ideas organizadas, no simplemente emitidas. Con esta premisa es inevitable admitir que, frente al rol chamánico del poeta-juglar, el concepto mallarmeano del poeta aspirante a "músico de palabras" expresa su más rotundo fracaso. Sin embargo esta antinomia de Morrison es otro ardid, no mejor sino sólo "otro". El poeta ecuménico, automesiánico, de voz plural, tiene también el desgaste de un nuevo moralismo que, a no mediar el impulso eléctrico del personaje-chamán como reinvención teatral caótica y postmoderna, también sería un sonado fracaso.

Esta premisa de formulación poética cercana al ideal heroico coincide con el momento en que Morrison empieza a verse a sí mismo cada vez más dentro del concepto tradicional de poeta, en un rol que se resistió a tener durante toda su vida de rock-star: el de presentarse como un escritor, un "poeta de escritorio". Los hechos no permitieron confirmar si esto era posible, pero la posteridad ha guardado una dimensión de Morrison que es cada vez más libresca, más antológica, arrebatada a la cultura pop para concentrar mayormente su figura en su condición intelectual o sociológica. Este mismo artículo podría no ser otra cosa que un resultado de esa mezquina tendencia. Sin embargo creemos que su propósito definitivo era desnaturalizar el género convencional de la canción para ampliar las fronteras del texto y en cuanto tal, su apuesta musical se sabía menos trascendental que su inserción literaria. Por lo mismo, habrá que disculpar la desnaturalización del cantante para hacer prevalecer al poeta extremo que fue, cuyo destino manifiesto se desató un día como hoy hace 45 años, con una bajada de telón irónica y trágica de sincronía inmejorable.


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Post Scriptum: Nunca se agradecerá lo suficiente a Pamela Courson, la compañera definitiva de Morrison, el que haya colaborado y alentado la publicación de la obra poética de éste y más aún después del 3 de julio de 1971, en el breve lapso en que lo sobrevivió (hasta 1974), que se haya dedicado al riguroso trabajo de recopilación y organización de sus poemas póstumos. Rastrear la huella de la Courson detrás de la de Morrison es advertir la delicadeza, la paciencia, la inteligencia, la voluntad y el amor en sus más puras manifestaciones. Valga también esta fecha para recordar al ser extraordinario que ella fue.


La Serena, 3 de julio de 2016.




DOS TEXTOS LITERARIOS DE ANÍBAL RICCI



ENLACE CUÁNTICO

El pasado será un sustituto que permita recomponer daños neuronales. He creado una máquina que proyecta mis pensamientos gracias a una mutación cerebral. Traslada objetos al pasado, pero el amor no viaja en el tiempo. La transposición temporal es incapaz de dejar atrás la tristeza. Avanzan los años, sigo cayendo y me enredo en emociones extrañas. Las conversaciones ajenas paulatinamente me están volviendo loco. Si logro transportarme al pasado quizás deje atrás estos pensamientos suicidas. Requiero encontrar una salida lo antes posible. Haré un viaje al futuro y accederé a una infinidad de horizontes alternativos con la esperanza de que no estén contaminados. Si todos esos escenarios fuesen improductivos, un ser superior hará otra transposición temporal para evitar que el sufrimiento contagie nuevas galaxias.

LA MICRO

Voy cruzando el Puente del Arzobispo y escucho el caudal del río bajo mis pies. Mi abrigo negro me permite capear el frío. Estuvimos estudiando estadísticas con Sebastián durante toda la tarde. Cuando llegó la hora de once se nos unió su hermana y conversamos de un montón de películas de Cronenberg. Antes de reanudar Sebastián colocó un VHS de Pink Floyd. Nos quedamos pegados con el Us and Them del Delicate Sound of Thunder. Estaba oscuro cuando divisé un pub del Barrio Bellavista. Roberto Lecaros tocaba jazz junto a su grupo y me sacó inmediatamente de las probabilidades que todavía anidaban mi cabeza. Me gustaba ir solo a los bares cuando juntaba algo de dinero. Voy a tomar la micro en calle Salvador y me doy cuenta que son recién las nueve. Decido volver mis pasos hacia Providencia e ingreso a la estación del tren subterráneo. Vale sesenta pesos, veinte menos que la micro. Me bajo en el Barrio Lastarria y llego justo a la función del Biógrafo. En este cine dan muchas películas francesas. Compro una entrada para una comedia de Patrice Leconte. Muestra a Mathilde y su esposo encerrados día y noche al interior de una peluquería: aparte de su trabajo disfrutan de las danzas árabes. Viven en su propio universo y vislumbran el mundo exterior a través de la ventana. Mathilde, en secreto, piensa que la felicidad y el amor no pueden ser eternos. Comparten un romance tan distinto al de Lula y Sailor, Lynch es oscuro y me atrae, aunque igual me conmueven los personajes de Leconte. Mathilde no quiere envejecer para su marido. Se la ve feliz junto a Antoine, pero teme que los años arruinen su idilio. Yo con suerte alcancé a pololear tres meses con Antonia y temo no ser suficientemente interesante para las mujeres. En los últimos minutos, de improviso, Mathilde se arroja a las aguas de un río mucho más caudaloso que el Mapocho. En el segundo piso del Café del Biógrafo pido un sándwich con una bebida. Observo a los comensales del primer piso y en sus caras adivino el amor. Desearía que Antonia apareciera y me contara una de sus historias, pero me conformo con los besos de las parejas que se prodigan miradas cómplices. Antonia no se dejaba besar en público y de sus labios surgían imágenes poéticas. Sus diálogos creaban películas románticas, me conformaba con abrazarla y ser parte de su mundo. Esos tres meses me embrujó con sus ojos azules. Cancelo la cuenta y me pongo a caminar por la Alameda. En el Normandie anuncian Stalker, la veré la otra semana. Me gustan los planos extensos de Tarkovski. También reponen No Amarás.Kieslowski intuye un vínculo entre la soledad y la edad, dando a entender lo triste que es no tener a nadie que te acaricie cuando envejeces. Magda va a casa de Tomek, pero el adolescente sigue en el hospital. Ella observa por el catalejo. Las imágenes del pasado, ante la leche derramada, son reinterpretadas por el amor de Tomek y ella recién comprende que nunca ha estado sola. Cruzo la Alameda y me subo a la micro. Observo los colores de la noche. Un ambulante me vende un Super 8. Disfruto del chocolate y veo gente transitando las calles. Las ventanas me ofrecen distintas perspectivas de la vida nocturna. Muchas mujeres llevan bolsos de lana. Algunas suben a la micro y hablan en voz alta. Me interno en las conversaciones y experimento una alegría indescriptible. Algunos van aferrados a pensamientos lejanos. Yo escondo los cuadernos; quizás soy el único que ha estado estudiando. No quiero parecer aburrido ni llamar la atención en medio de la penumbra. Voy sentado en el último asiento y observo desde el anonimato. El chofer y ninguno de los pasajeros se percatan de mi presencia. Soy un adolescente que decodifica vidas ajenas, no necesito ningún catalejo, el cine me ha enseñado a interpretar los códigos. Absorbo la energía de los demás como si fuera un vampiro. Desciendo de la micro en Plaza Ñuñoa. Las Lanzas acoge a decenas de bebedores de cerveza. Hoy sábado no había ninguna fiesta. La sensación de ser espectador de la ciudad fue mucho más placentera que una conversación entre amigos de universidad.

PRESENTACIÓN DE LA REVISTA AURORA BOREAL N° 25, JUEVES 29 DE SEPTIEMBRE DE 2016



PRESENTACIÓN DE LA REVISTA AURORA BOREAL N° 25, PARA EL JUEVES 29 DE SEPTIEMBRE, A LAS 19 HRS., EN EL SALÓN CONSISTORIAL DE LA I. MUNICIPALIDAD DE SAN BERNARDO, EYZAGUIRRE FRENTE A LA PLAZA
DE ARMAS DE ESTA BELLA Y ACOGEDORA CIUDAD, CERCA DEL CORAZÓN DE SANTIAGO.INVITADA ESPECIAL ES LA PINTORA Y POETA,
PAULINE LE ROY.
ESPERAMOS CONTAR CON SU PRESENCIA QUE SIEMPRE NOS INSPIRA A SEGUIR EL CAMINO DE LA LITERATURA Y LAS ARTES.
VINO DE HONOR

"Violences, racismes et religions en Amérique, Cornel West, une pensée rebelle" Mahamadou Lamine Sagna, Essai, éditions Karan, 2016 par NICOLE BARRIÈRE (FRANCIA)






A propos des Etats Unis d’Amérique, que savons-nous ? Que savons-nous de l’histoire et de la pensée des noirs américains ?

Esclavage, guerre de sécession, violences du Ku Klux Klan, Black Panther, Malcolm X.

Nous avons cette imagerie populaire et simple, mais que savons-nous réellement de la pensée de résistance qui s’est construite depuis l’esclavage dans les champs de coton et ensuite dans les villes et banlieues déshéritées.

En consacrant un essai au philosophe noir américain, Cornel West, Lamine Sagna nous restitue, d’une part le parcours atypique d’un intellectuel noir américain, ayant accompli tout un parcours d’intégration puisqu’il est professeur dans de prestigieuses universités comme Princeton ou Harvard, philosophe et spécialiste des religions,  professeur de religion et d'histoire sur les Noirs américains à l'Université de Princeton., et en même temps il est un intellectuel engagé aux côtés des peuples opprimés, qu’ils soient noirs, ou amérindiens ou encore les femmes.

Le travail d’analyse de l’œuvre de Cornel West par Lamine Sagna, est minutieux, fouillé, documenté, et nous le tend ainsi que le souligne Stéphane Douailler «  prends et lis »

La pensée rebelle que narre L Sagna s’articule autour d’un personnage étonnant Cornel West, qu’il qualifie de «  romantique et conceptuel »

Après nous avoir donné un aperçu de sa biographie et des orientations de son travail de recherche, L Sagna entre dans le vif de la pensée de Cornel West, en développant des points de vue passionnants et éclairants sur la politique et la religion (Christianisme constantinien et christianisme prophétique) en nous montrant comment Cornel West s’émancipe lucidement de  l’instrumentalisation des religions tout en conservant les valeurs chrétiennes, comment il met à jour des idées fondamentales pour comprendre l’Amérique d’aujourd’hui mais aussi de ce qu’elle diffuse au niveau mondial : un militarisme agressif, l’autoritarisme, le fondamentalisme économique et le nihilisme.

A partir de cet état des lieux sans concession, Lamine Sagna déploie ensuite la pensée philosophique de Cornel West  (de la révolte à la pensée rebelle) au travers de la pensée du blues. Cette analyse est à la fois puissante intellectuellement, artistiquement et se fonde sur la vie pour nous donner de magnifiques leçons d’art afro-américain.

Cette pensée à contre temps et à contre-courant de Cornel West ne se cantonne pas à une étude conceptuelle et figée, mais s’ancre dans le vivant des situations et des luttes dans lesquelles le philosophe rebelle s’engage.

Cet engagement est le moment où Lamine Sagna analyse les idéologies et les mécanismes d’aliénation et l’implication dans les conflits et mouvements de libération dans lesquels agit Cornel West inlassablement.

L’originalité de cette pensée philosophique, à partir de la pensée du blues et surtout à la posture qu’elle permet d’adopter et de vivre : face à toutes les souffrances, humiliations vécues par les noirs et les peuples opprimés depuis l’esclavage, c’est qu’elle y répond par le tragi-comique, comme un pied de nez à tous les autoritarismes, aux fondamentalismes et  la violence.

La lecture de ce livre donne une telle joie et une telle agilité qu’elle nous insuffle le rythme et la tension pour résister, ce qui est remarquable c’est que la pensée du blues et l’engagement de Cornel West, parle à tous, dans la globalisation à l’œuvre, c’est une pensée de l’espoir, la pensée de la vie, contre tous les stratégies mortifères du capitalisme mondialisé.

Que l’on soit noir, amérindien, femme, exclus de tous bords, il nous donne des outils de réflexion, de posture et d’action, il adopte d’une certaine manière par sa pensée rebelle, ce courant intellectuel anarchiste et scientifique de Feyerabend (« contre la méthode »), pour nous donner des clefs pour être des citoyens du monde libres et vivants, et restitue à l’art sa vocation de transformation des esprits.

Le personnage du philosophe Cornel West, griot afro-américain qui connait parfaitement les philosophies , capte outre les idées et les situations, la connaissance et l’action, il sait aussi distinguer les idéologies de la mort de celles de la vie, et Lamine Sagna a su capter toute la vigueur de ce personnage comme un frère et un ancêtre capable d’aller puiser aux origines des mythologies africaines et d’opérer dans la complexité des situations globalisées, les ressources magnifiques qui sont à l’œuvre dans une autre façon d’appréhender le chaos du monde, dans le blues, le rap, le hip hop et la poésie.

Ce livre « Violences, racismes et religions en Amérique, Cornel West, une pensée rebelle » est un outil de pensée pour tous, et notamment les artistes.

A lire à relire, livre de chevet au même titre que les mouvements d’avant-garde du siècle précédent, sa puissance s’ancre dans la souffrance de siècles d’esclavage pour ouvrir sur la vérité de la joie et de l’amour comme antidotes.

 


25/09/2016

 

domingo, 25 de septiembre de 2016

"MAGALLANES", CRÍTICA DE CINE DE ANÍBAL RICCI



MAGALLANES (2015)
Dirigida por Salvador del Solar

No es una cinta cualquiera que aborda los conflictos internos de víctimas y victimarios. Los personajes esbozan las distintas realidades surgidas de los enfrentamientos entre los agentes del Estado peruano y Sendero Luminoso. No se centra en el grupo guerrillero sino más bien en los abusos cometidos por la milicia contra ciudadanos inocentes. De un lado tenemos al coronel Avelino Rivero, que viola sistemáticamente a una muchacha (Celina) de origen indígena de unos doce años de edad. Harvey Magallanes es aquel que obedece órdenes y le entrega a la muchacha, pero también será quien la ayude a escapar un año después. El mérito de este último personaje es haber sido construido en base a una moral dudosa: en un momento obedece órdenes, en otro las ignora. Veinticinco años después Magallanes maneja un taxi que casualmente es abordado por Celina. Nuevamente reaparece la moral inestable del protagonista: primero intenta extorsionar al hijo del coronel (hacer pública la historia de su padre) para su provecho personal, pero más adelante el fruto monetario del secuestro del hijo del coronel será íntegramente para Celina. La culpa es lo que acaba guiando las acciones de Magallanes (él también se acostó con ella como condición para ayudarla a escapar), mientras que Celina sólo quiere olvidar ese oprobioso incidente. Muy lograda la escena en que Celina apenas puede respirar y sube a los cerros a gritar y desahogarse, en medio de una oscuridad cómplice. Celina es la verdadera víctima del film, no tiene fuerzas para vengarse e incluso rechaza el dinero. Para ella es un recordatorio de algo que la marcó para siempre. En quechua increpa al hijo del coronel, dando a entender que su daño no tiene reparación posible. No entendemos la lengua, pero Celina descarga su orgullo e impotencia y, como espectadores, asistimos a un momento de profundo dramatismo.

sábado, 24 de septiembre de 2016

"POESÍA NO ERES TÚ" COLOQUIO SOBRE REFLEXIÓN Y PRÁCTICA DE LA POESÍA, SANTIAGO DE CHILE, 29 Y 30 DE SEPTIEMBRE DE 2016



"EL AMIGO QUE NO PUDO SALVAR A LORCA" (EXTRAÍDO DE LA PRENSA ESPAÑOLA, 2016)


“Cuando yo me muera, / enterradme con mi guitarra / bajo la arena”. Son versos de Memento, un poema de Cante jondo al que puso música Carlos Morla Lynch. Durante los años de la República, Lorca lo cantó al piano muchas madrugadas en el enorme piso de Morla de la calle Alfonso XII de Madrid, que cada noche después de cenar se llenaba de poetas, intelectuales y noctívagos que encontraban en sus sofás y en su mueble bar un refugio aristocrático. Federico García Lorca era el alma de aquellas veladas, el niño chistoso que sabía cortar las discusiones políticas con una carcajada y arrancarse con coplillas al piano cuando alguien bostezaba.
Hay mucho en la vida breve de Lorca que tiene un aire premonitorio. Ese gusto por la tragedia que lo convirtió en tragedia misma. Hay versos sobrenaturales, como estos de Memento, que ya contienen en sí mismos una inquietud. Pero verlos escritos en la partitura que compuso Morla agranda el escalofrío: esos arreglos con las indicaciones poco piu mosso y très lent et très lié son la aceptación de los deseos del amigo, deseos que no pudo cumplir. No solo no pudo evitar su muerte, sino que fue incapaz de darle sepultura bajo la arena. La gran tragedia, que parece escrita por el mismo Lorca, fue que Carlos Morla Lynch salvó la vida de miles de personas cuyo destino parecía el mismo que el del poeta, convirtiéndose en uno de esos héroes inmensos que la historia se resiste a reconocer, pero no pudo hacer absolutamente nada por su amigo del alma.
Carlos Morla Lynch fue consejero de la embajada de Chile en España entre 1928 y 1939. Al estallar la guerra en 1936, el gobierno chileno le dio libertad para abandonar el país con su familia, pero prefirió no irse de Madrid, donde quedó a cargo de la legación y ofreció refugio (en ella, en su casa y en varios pisos que alquiló para tal fin) a más de dos mil personas que huían de la violencia política. Hizo lo mismo con los republicanos que le reclamaron asilo en 1939, cuando las tropas franquistas entraron en la capital. Nunca pidió un carné ni puso condiciones a nadie, y arriesgó su vida y la de su familia noche tras noche ante una junta de defensa que no podía (ni, seguramente, quería) garantizar su inmunidad diplomática.
Ni siquiera el testimonio de sus diarios, publicados por primera vez en 1958 en una edición muy filtrada por la censura, da cuenta del dolor que debió destruirle cuando se enteró de la muerte de Federico, a quien creía a salvo en Granada, al cuidado de unos parientes. Fue el 1 de septiembre de 1936. Morla estaba en la Plaza Mayor y se hacía lustrar los zapatos por un limpia ocioso en una ciudad donde ya no había señores con zapatos que lustrar, cuando oyó a los vendedores de prensa gritar que Federico había sido fusilado en Granada. Lo atribuyó a un bulo y dedicó toda una semana a confirmar la noticia mediante sus contactos diplomáticos. “Yo que lo consideraba invencible, triunfador siempre, niño mimado por las hadas”, escribió en sus diarios. Madrid se llenó de retratos fúnebres del poeta, ya mártir, y Morla tuvo que seguir atendiendo a sus miles de refugiados sin poder dedicar mucho tiempo al amigo muerto que lo miraba desde las paredes.
La gran amistad de Federico y Morla queda acreditada para la historia de la literatura en la dedicatoria de Poeta en Nueva York: “A Bebé y Carlos Morla”. Se refiere a Bebé Vicuña, esposa del diplomático. Cuando Lorca la escribió, hacía poco más de un año que conocía al chileno, pero ya estaban unidos con una intensidad que algunos han sospechado más propia de los amantes (aunque Andrés Trapiello, gran experto en su figura y quizá su mayor apóstol literario, aduce que este punto no queda claro en los diarios) y en la que siempre estuvo muy presente la muerte. El consejero llegó a Madrid desde París en 1928, donde acababa de enterrar a su hija Colomba, de nueve años. El matrimonio se instaló en España destrozado, en pleno duelo por su niña. En un paseo por la Gran Vía, a Morla le llamó la atención un título en el escaparate de una librería: Romancero gitano. Lo leyó varias veces y encontró en sus versos algo parecido al consuelo, subrayando una estrofa que también suena profética: “La noche se puso íntima, / como una pequeña plaza. / Guardias civiles borrachos / en la puerta golpeaban”.
Morla resolvió que tenía que conocer al tal Federico, del que todo el mundo hablaba maravillas en Madrid, y Federico se convirtió enseguida en su amigo íntimo. A pesar de ser trece años más joven, Lorca entendió su dolor y su catolicismo heterodoxo y libre, pero sentido, tan parecido a su idea de la religiosidad popular. Ambos tenían más filantropía que ideología. Ambos querían a mucha gente y se hacían querer. Al poco de conocerse, Lorca dedicó unas canciones “a la maravillosa niña Colomba Morla Vicuña, dormida piadosamente el día 8 de agosto de 1928”.
De izquierda a derecha, Salvador Dalí, José Moreno Villa, Luis Buñuel, Federico García Lorca y José Antonio Rubio Sacristán, en la Bombilla (Madrid) en mayo de 1926.
Se vieron por última vez el 8 de julio de 1936 en su casa de Madrid. Los invitados a la cena comentaban las noticias en tono apocalíptico. Había preocupación, la ciudad estaba muy agitada. “Federico hoy ha hablado poco -anotó en su diario-; se halla como desmaterializado, ausente, en otra esfera. No está como otras veces, brillante, ocurrente, luminoso”. Aquella noche Federico solo hizo una contribución a la tertulia política: “Yo soy del partido de los pobres, pero de los pobres buenos”. Fue la última declaración que Morla escuchó de su boca.

Casi nadie se acuerda de Morla Lynch


Hasta 2011, 42 años después de la muerte de Carlos Morla Lynch, el Ayuntamiento de Madrid no colocó una de esas placas con forma de rombo en la calle Prado, 26, en cuyos pisos tercero y cuarto derecha estuvo la embajada chilena durante la guerra, recordando que fue allí donde el entonces consejero salvó la vida de miles de perseguidos. Incluso entonces la placa se colocó en el zaguán, no en la fachada, por lo que el lugar sigue pasando inadvertido para casi todos los paseantes. Y ha habido que esperar a 2016 para que una corporación municipal otorgue su nombre a una calle de Madrid.
Entre medias, la sombra de una sospecha: ¿pudo salvar a Miguel Hernández? Neruda (que fue cónsul en Madrid) acusó al diplomático de no haber dado asilo en 1939 al poeta de Orihuela. La acusación suena injusta y no se ha podido probar.
Se saldan deudas, aunque a tan largo plazo que ya suenan vencidas. Pese al esfuerzo de unos cuantos divulgadores, entre los que destaca Trapiello, y de una editorial entusiasta (la sevillana Renacimiento), que ha publicado los diarios de guerra (España sufre: diarios de guerra en el Madrid republicano), los informes diplomáticos y la parte de los diarios referida a su relación con Lorca (En España con Federico García Lorca), a Morla Lynch solo lo frecuentan quienes van por los caminos menos transitados. Casi todos sus diarios (88 cuadernos manuscritos) siguen inéditos por voluntad de sus nietas, que respetan así el deseo de su abuelo.

"LA MISTRAL COLOMBIANA ATACA A LUCAS OSPINA"‏ POR HAROLD ALVARADO TENORIO




Piedad Bonnett [Amalfi, 1951] ha sido considerada, por sus correspondencias entre la vida sentimental y los sofocones del erotismo en una señora bien de una sociedad patriarcal, la Lucila Godoy[1] de la República del Narco. Feminista, intrigante, ladina como la chilena, la señora Bonnett, que en los últimos tiempos se ha dedicado a confeccionar novelas para una editorial española, narrando incluso, episodios dolorosos de sus relaciones familiares o de la vida y la muerte de algunos de sus parientes, fue filo maoísta en su juventud aun cuando pertenecía a una familia pudiente del mundo rural. Su poesía “quiso socavar el discurso legitimador del arte de élite” mediante ciertos mohines que emiten las señoras mientras recuerdan los desengaños pasionales, curando sus angustias con un ansia de sexo irreprimible que termina por realizarse solo en los relentes del lenguaje, donde resplandece, ciega, la carne madura e insaciada. Sexualidad transfigurada en alegoría. “Yo pensaba que el mundo era cosa de hombres, /mientras mis senos/ crecían en abierta rebeldía”, dice la señora Bonnett. Así, con estos postulados “pretende derrumbar la institucionalidad de la familia o el sexo”, eso sí, siempre y cuando la de ella siga intacta, con su marido obediente y ella haciendo hostias. Frases hechas, lugares comunes, tazas cotidianas de café, bufandas tejidas por las tías que se quedan sin usar, cosas anodinas, hombres mustios cuyas historias revelan las anonimias de su aflicción:

Es el soñado,
el hecho de retazos miserables,
de descripciones de otros,
Frankestein del deseo,
el de la hoja de vida imaginaria
y la conversación imaginaria
y la carta de amor imaginaria,
el que se niega
a ser como los otros
pero es todos los otros y ninguno,
muerta literatura,
y la literatura, ya sabemos
está hecha por dioses pequeños e impacientes
y a menudo rabiosos
que adoran lo que existe y sin embargo
viven de consagrar lo que no existe.



NUEVO LOGO DE BIBLIOTHECA UNIVERSALIS DE RUMANÍA




COLECCIÓN DE POESÍA QUE HA PUBLICADO A AUTORES DE TODO EL MUNDO, ENTRE ELLOS A AUTORES CHILENOS.

"CINCO CRÍTICAS DE CINE" POR ANÍBAL RICCI




EL GRAN LEBOWSKI (1998)
Dirigida por Joel Coen

El guion de los hermanos Coen tiene una musicalidad exquisita, muy de acuerdo a la banda sonora, pero sobre todo emparentada con el temperamento de Dude (interpretación genial de Jeff Bridges). Si fuiste de los afortunados en verla en una sala de cine, te habrás dado cuenta de que la atmósfera de la película es tan relajada como su protagonista, de imágenes muy bien logradas, que hay que saber disfrutar al ritmo de un disco de 33 rpm. Los diálogos están llenos de estupideces que se deslizan en cámara lenta, recurso utilizado en la escena memorable en que Jesús Quintana (John Turturro) hace un largo ceremonial antes y después de su lanzamiento de bolo. La cinta es una sátira de la sociedad estadounidense, a la vez que esconde significados que se podrían catalogar de profundos. Cuando se observa a los jugadores concentrados en su propia línea, supone una simplificación de la vida en dicha sociedad. Cada uno ocupado de hacer lo que le compete, como si la existencia se resumiera a un simple juego, donde no es necesario inmiscuirse en la vida del que está al lado. Dude es un vago, desempleado, un tipo que lee la nota de rescate al ritmo de una tortuga y al que lo único que parece importarle es una mugrosa alfombra, para seguir descansando, y es que "el que nada hace, nada teme", sería la filosofía de Dude dicha en buen chileno. Si lo vemos de manera optimista, vale mucho dedicarse a pocas cosas (jugar bolos y beber rusos) para que seas prácticamente el dueño del mundo. Quizás suene mediocre, pero jugando bolos puedes progresar y los problemas se reducirán a hacer bien ese ejercicio. Cada vez que Dude sueña o queda aturdido, sus pensamientos elementales nos hacen regresar a la infancia. Podríamos decir que la vida del Dude es hasta más feliz que la del millonario que lo contrata para encontrar a su hija. Mención aparte para los otros dos personajes principales, cada uno en su propia línea (de vida o de juego), totalmente indiferente al discurso que puedan tener los otros. Walter (John Goodman) se cree judío y no hace nada los sábados, pero por sobre todo es un retardado mental que reduce y relaciona todo con la guerra de Vietnam, donde combatió y que lejos de traumarlo, le confirió una particular forma de ver las cosas, que se traduce en su verdad, conversando con Dude, pareciendo que jamás se pondrán de acuerdo en ningún aspecto. La escena que lo define en plenitud es cuando saca una pistola porque alguien ha vulnerado las sagradas reglas del bowling. Donny (Steve Buscemi) es un sujeto quitado de bulla, con un complejo de inferioridad a cuestas, que por lo general se incorpora en medio de las conversaciones, y al cual invariablemente hace callar Walter. Ninguno reacciona de acuerdo a lo que le dice el otro, una especie de analfabetos auditivos, que van por la vida completando diálogos verdaderamente absurdos, que sólo podrían tener cabida en la mente despreocupada de Dude. La escena de la funeraria y la posterior arrojada de cenizas al mar resumen la idiotez, pero también la profunda amistad que une a los amigos. A fin de cuentas, si te relajas, disfrutarás de esta vida como cualquier pecador.


HUACHO (2009)
Dirigida por Alejandro Fernández Almendras

El cine de este autor chileno es demoledor. Utiliza la cámara fija para narrar desde el silencio las vidas de una familia al margen de la modernidad, fuera del mundo de los malls y de cualquier lógica que los integre a la vida que aparece en televisión. Tres generaciones (abuelos, madre e hijo) que viven de lo que provee el campo los abuelos, dependienta la madre, y el hijo es el compañero pobre del colegio. Representan la progresiva alienación del campo chileno, que desnaturaliza y empobrece a sus miembros, todo vivido en el margen de la cultura que, en el caso del hijo, amante de los videojuegos, alcanza un grado patético. Las historias transcurren durante un día a oscuras, debido a que les han cortado la luz y todo vínculo con el mundo. Es el instante en que el abuelo cuenta sus historias a la familia, pero ninguno de sus integrantes tiene interés en lo que tenga que decir. Se constata una nula transferencia de sabiduría a las generaciones más jóvenes. El director utiliza un lenguaje visual cercano al documental, donde tiene muy claro los elementos repartidos en los cuatro puntos de vista. Utiliza una contemplación naturalista que avanza a una velocidad exasperante, pero que en el conjunto ensambla un inteligente discurso. El cine del colombiano César Augusto Acevedo (La Tierra y la Sombra; 2015) se mueve con esta misma parsimonia, sin embargo, sus imágenes son más poéticas, aunque ambos, el chileno y el colombiano, retratan una visión pesimista y aniquiladora del mundo rural.


UNDER THE SKIN (2013)
Dirigida por Jonathan Glazer

Película inglesa basada en la novela del holandés Michel Faber. Scarlett Johansson interpreta a una alienígena depredadora cuyo subconsciente obedece a instintos primarios de supervivencia. Conforme avanza la cinta, la obtención de pieles humanas para camuflaje deja de ser el único objetivo y, casi imperceptiblemente, la extra terrestre abriga un cierto estado de consciencia de lo que significa ser humano. El proceso de humanización le permite compenetrarse con la naturaleza y volverla vulnerable a los propios seres humanos. Lejos de ser sensiblera (un acierto notable) la alienígena se nos aparece, hacia el final, como un ser mucho más humano que el propio ser humano que, ante la incomprensión y el deseo mal sano, arremete contra el ser aparentemente más débil. Interesante film de ciencia ficción que profundiza en lo humano a través de una historia de extra terrestres.

DOGTOOTH (2009)
Dirigida por Yorgos Lanthimos

Película griega acerca del rol de la familia y la educación. Ofrece una visión distorsionada de la educación, negativa y descarnada, que se produce cuando los modelos de la familia actúan no con el objeto de transmitir conocimiento y permitir la evolución de la especie, sino bajo la premisa de negación de todo lo aprendido y sin el fin último de preparar a las futuras generaciones para aportar a la humanidad. En la cinta, el padre deja de lado el amor o la sabiduría (querer que los hijos tengan una vida mejor) y percibe la educación como un juego para mantener el control según sus propias creencias o aspiraciones, en aras de alejar a los hijos de los peligros que les causan temor a los progenitores. Para ello cuenta con la complicidad de la madre, resultando en hijos incapaces de adaptarse al mundo exterior, sujetos retrasados en cuestiones de convivencia debido a que los padres han subestimado las capacidades de adaptación de los hijos (acaso los consideran inferiores) bajo el pretexto de haber actuado como barrera ante los vicios de la sociedad. Persiste en el jefe de familia la idea de que comprende el funcionamiento de las virtudes y pecados del mundo, una especie de dios temeroso e ignorante. Film perturbador, tributario del cine de Pasolini (Saló o 120 días de Sodoma), Buñuel (El ángel exterminador), Ripstein (El castillo de la pureza), Haneke (La cinta blanca) y Kusturica (Underground).


2046 (2004)
Dirigida por Wong Kar-Wai

“Todos los recuerdos son rastros de lágrimas”, es el primero de los títulos intercalados por este cineasta hongkonés para dar cuenta del transcurso del tiempo. Recurre a imágenes vertiginosas para mostrarnos las conquistas del protagonista en infinidad de fiestas que parecen dilatarse bajo el influjo del alcohol. Este playboy se enamoró una vez de una mujer que huyó hacia un futuro que nuestro periodista decidió capturar en su novela “2046”. El número alude al número del cuarto de hotel donde la conoció, como también al año de la ficción futurista donde el escritor decide refugiarse viajando en un tren donde se reviven los recuerdos y nada cambia, un viaje que permite evitar el sufrimiento al lado de una mujer androide que no quiere guardar secretos, que no desea huir con él y que perpetúa aquel momento del rechazo de su amada. La trama de la novela es complicada y permite que el tiempo transcurra, que el protagonista confunda el amor con el placer, y que convierta su aflicción en una fuga literaria donde los personajes esconden los rasgos de las personas reales. La belleza de las imágenes de este viaje a ninguna parte conforma un escenario donde el tiempo se deforma y donde la estructura tradicional de tres actos es reemplazada por una mente que eterniza los recuerdos, de manera caótica, pero al ritmo de música, planos y encuadres que disfrazan la pesadilla. Es una historia de ciencia-ficción que permite al espectador viajar al futuro en búsqueda de recuerdos del pasado, verdadera paradoja que destruye cualquier idea romántica del mundo occidental.

POEMA "BONSAI‏" DE JORGE RAGAL





Será difícil prohibir nuestras sagradas ceremonias.
Responder nuestros sólidos argumentos.
Minimizar nuestros gestos heroicos.
Será difícil destruir nuestros preciados sueños.
Reprimir nuestros actos solidarios.
Frenar nuestras altas pasiones.
Será difícil cortar nuestras profundas raíces.

CEREMONIA DE ENTREGA DE LOS PREMIOS DE LA ACADEMIA CHILENA DE LA LENGUA 2016, EN SANTIAGO DE CHILE, EL 26 DE SEPTIEMBRE DE 2016