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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."



José Saramago

domingo, 10 de abril de 2016

APARECE LA "REVISTA CHILENA DE LITERATURA" CON HOMENAJE A NICANOR PARRA: COLOQUIO "Nicanor Parra: diálogos sobre la (in)actualidad de la antipoesía" (Universidad de Chile, Facultad de Filosofía y Humanidades 12 de junio de 2014)




Mesa II

Expositores: Andrés Morales, Manuel Jofré, Javier Bello. 
Moderador: Leonidas Morales

"Sobre Nicanor Parra y su poesía"

Leonidas Morales
Lo que queremos ahora es poner el acento no en la creación poética misma, como lo plantearon los que intervinieron, que eran todos poetas, sino más bien en el problema de la crítica, en cómo pensamos la antipoesía hoy. Van a participar en este diálogo Manuel Jofré, que está a mi lado, que es Profesor Titular de Literatura en nuestra Facultad, Andrés Morales que también es un poeta, profesor, también de Literatura, en nuestra Facultad, de Literatura Española, Javier Bello, un poeta joven, aún, que tendrá que decir algunas cosas interesantes me imagino como poeta joven, frente a esta poesía, que ya forma parte de una cierta tradición, o que ha hecho ya un largo viaje, ¿no?
Ahora qué puedo yo decir como moderador y presentador de los que van a intervenir. Simplemente lo que quiero es proponer un par de ideas que puedan servir como marco para esta discusión sobre la crítica, sobre la poesía de Parra. Generalmente, cuando uno oye hablar de la poesía de Parra, de la antipoesía, quienes lo hacen hablan de la antipoesía como si fuera un todo homogéneo, como si fuera una totalidad de la cual puede uno hablar con comodidad: me parece que no es así. Creo que la antipoesía tiene momentos dentro de su desarrollo y también creo que tiene fronteras, más allá de las cuales ya no podemos seguir hablando de antipoesía en los mismos términos en que lo hacíamos para los momentos anteriores. Yo pienso que la antipoesía de Nicanor se va construyendo, indudablemente, de una manera progresiva a partir de Poemas y antipoemas y esa construcción también pasa por una serie de momentos que llegan a puntos culminantes, y sin dudas uno de ellos serían los Artefactos.
Recordemos que lo que ha dicho aquí, Federico Schopf, por ejemplo, en la sesión anterior, la poesía, la antipoesía de Parra es paralela, es contemporánea de un movimiento a nivel mundial, de desplazamientos. Se comienza a desplazar el eje del poder desde Europa a Estados Unidos y estamos ahora en este momento justamente, regidos por este eje. Pero este desplazamiento implica también un desplazamiento en otras zonas o en otros planos. El francés deja de ser la lengua–ícono que había sido en el siglo XIX y las primeras décadas del XX y su lugar lo ocupa el inglés. Ese es uno de los aspectos, me parece, que habría que tener en cuenta para seguir el movimiento de la antipoesía, que nos conquistó en la década del 60. Yo no soy poeta, pero la antipoesía para mí es importante dentro de la construcción de un pensamiento sobre la poesía en general y también sobre la sociedad de donde venimos o en la que estamos. Indudablemente esta antipoesía se desarrolla teniendo como referente anterior una poesía que representaban Huidobro, Neruda, de Rokha y otros. Ahora, este avance de la poesía de Parra, que es el avance también de una lengua nueva, de un lenguaje nuevo, del lenguaje de la calle del lenguaje coloquial tiene, como había dicho antes, ciertos momentos de culminación. Uno de esos momentos me parece que lo marca Artefactos. Ese es un libro, diríamos, que ya no es un libro, se nos aparece como la desintegración del libro, pero lo que se desintegra no solo es el libro, no solo las páginas pasan a ser tarjetas, lo que se desintegra también es una visión, una visión del mundo, que de alguna manera estaba ligada a esa poesía que Parra tenía al frente y que quería de alguna manera desalojar. Se desintegra el libro, se desintegra esa visión. Qué viene después. Algo que me parece absolutamente lógico dentro de este proceso, vienen los Sermones y prédicas del Cristo de Elqui. Ese personaje de ese par de libros nos parece, me parece, un resucitado, un personaje otro, ya no es el personaje que recorría las páginas de Poemas y Antipoemas o de Versos de Salón. No es tampoco ese personaje que se desintegra junto con el libro en los Artefactos. Es otro, un personaje resucitado, pues bien, lo que yo quiero proponer es que la antipoesía propiamente tal, esa que nos impactó en la década del sesenta que se nos aparece cargada, no, de una riqueza de sentido, esa antipoesía termina con los Sermones y prédicas del Cristo de Elqui, lo que viene después creo que es otra poesía, podemos llamarla antipoesía, pero me parece que su identidad es distinta. En primer lugar pierde, yo creo, esa carga de sentido subversivo que tuvo siempre la antipoesía, y yo lo que noté en los libros posteriores a los Sermones y prédicas es exactamente esa pérdida, lo que significa también que el lenguaje mismo se va haciendo cada vez más plano. Creo que eso es lo que por lo menos yo percibo, se va volviendo más plano, y paralelamente a eso, el autor, Nicanor Parra, va también estableciendo una relación muy sintomática con un público nuevo, que podemos llamar un público posmoderno, el de la cultura actual, el de la cultura del espectáculo. Esos libros posteriores a los Sermones y prédicas me parece a mí que han perdido esa carga de sentido subversivo, se han vuelto de alguna manera portadores de un lenguaje más plano y, para terminar esta propuesta, yo diría que esos libros se han vuelto un poco cómplices de un sistema. El que nos rige en este momento, un poco cómplices de un espectáculo, de una sociedad del espectáculo. Esa frontera que yo veo, normalmente no se señala o no se construye; dicho eso, me gustaría ofrecerles la palabra a los integrantes de esta mesa.

Andrés Morales
No creo que sea un error de imprenta que el título de este coloquio se llame diálogos sobre la (in)actualidad de la anti poesía, entonces, creo que es bien interesante tomar estos dos aspectos. Yo pertenezco a una generación que está más cerca de Javier Bello que de Jaime Quezada, por decirlo de alguna manera, que es la generación del 80 u 87. No tuve la experiencia de Clemente que pertenece a mi misma generación, pero que desde muy joven tuvo un contacto directo con Nicanor y más bien yo me formé en el lado opuesto de la poesía parriana, que es el lado de Gonzalo Rojas y de Miguel Arteche. Por lo tanto, mi visión de la poesía de Parra no es precisamente la más exegética, por decirlo de alguna manera. Ahora, yo creo que tus palabras han aclarado muchas cosas y han puesto puntos sobre las íes, que son bien interesantes, y que obviamente despiertan una serie de inquietudes en uno que escribe y al mismo tiempo enseña. Es elemental que hay una evolución en la poesía parriana que tiene que ver con las circunstancias políticas, sociales, económicas, culturales, incluso de la moda, ¿no es verdad?, como tú has señalado bien duramente con respecto al último discurso, a los discursos fundamentalmente de Parra, que podrían cuestionarse desde esa óptica, como dices tú. O sea, hasta qué punto la farándula, entre comillas, literaria, si es que existe, o la contaminación, del populismo en la literatura ha, de alguna forma, desvirtuado la intensidad de la antipoesía.
Voy a citar malamente, y con mucha ironía, por supuesto, a Jorge Guillén, poeta que no tiene nada que ver con Nicanor Parra, que decía: "Y por qué Nicanor Parra quiere hacer antipoesía con lo difícil que es escribir poesía". Bueno, evidentemente esto no es entender nada por supuesto de la antipoesía, pero creer que la antipoesía es totalmente distinta a la poesía es también una soberana estupidez, o sea, yo entiendo que la antipoesía es una variante de la poesía, o sea, dejémonos de tonteras y entendamos bien lo que es la antipoesía. La antipoesía no es anti, no es contra poesía, es una forma de hacer poesía, es una manera de hacer poesía. Una manera de hacer poesía que, por cierto, es nueva en nuestra lengua, pero no es nueva en la lengua inglesa. Basta leer a Eliot, se mencionó a Eliot varias veces en la mesa anterior, basta leer The Waste Land, la visión fragmentada del mundo, el coloquialismo, la puesta en abismo el hombre, etc., etc. Es un epígono de la vanguardia, y en esto hay que preguntar a Federico Schopf. De alguna manera siento que la antipoesía se satisface sola, y lo digo muy conscientemente y es mi opinión personal, por supuesto, ustedes pueden si quieren tirarme ladrillos y tomates, me da lo mismo, pero, en mi opinión personal, es que la antipoesía, ateniéndome un poco al título de esta mesa, empieza y termina con Nicanor Parra y todos los sucedáneos, todos los nescafé que vienen después, y no quiero dar nombres porque obviamente sería insultar a determinados personajes, me parece que no tienen la consistencia, y yo se lo dije a Nicanor y él me dijo, "¿y usted cree realmente eso?", yo creo que todos los que han, de alguna manera, "imitado" a Nicanor Parra le han hecho un flaco favor, porque han caído en el chiste y no tienen ni la ironía ni el conocimiento ni el pensamiento ni la ideología ni la capacidad de ver de usted. Por otro lado, lo que señalaba hace un momento, cuando estaba sentado allá en la platea, esta idea de desacralizar las grandes figuras, como Neruda, Huidobro, De Rokha, etc., etc., estos grandes padres de la poesía chilena, es verdaderamente así. Hay un parricidio desde luego, nunca mejor dicho, de Parra hacia estos monstruos, pero de alguna manera también está la creación y la constitución de un otro yo que poco a poco se va sacralizando, va adquiriendo diferentes caras y para mí, en mi lectura del Cristo de Elqui, en una época muy difícil, como fue la época de la dictadura, cuando salió justamente este libro. Para mí es una gran máscara. En el sentido casi teatral, donde le permite esta máscara entonar la voz, vestido de predicador loco, ¿no es verdad?, y decir cosas que en ese momento no se podían decir tan claramente. Y sobre todo con la leyenda negra de que Nicanor escribió un poema a favor de la junta y con el "Inri" por haberle escrito un poema funerario a Eduardo Frei Montalva. Parra es un gran mentiroso en ese sentido –en el sentido de que todos los poetas mienten–, ¿no?, también crea su historia, y va quemando por ahí, ¿no es cierto?, su edición de cómo se llama el primer libro lorquiano, el del 38, Cancionero sin nombre, y cuando lo pilla lo quema, porque no quiere que nadie lo conozca. De hecho, él mismo dice, mi poesía empieza con Poemas y Antipoemas, no empieza con Cancionero sin nombre. Ahora, yo me declaro un ferviente admirador de su obra y se lo he dicho claramente, pero al mismo tiempo siento que, y aquí voy a citar a Arteche, en otra frase que, ustedes me dirán, es espantosa, ¿no es verdad?, cuando Arteche decía: la antipoesía es el sida de la poesía, porque está metido dentro de la poesía y, de alguna manera, le va quitando toda su especificidad lírica, por decirlo de alguna manera. Yo tampoco estoy de acuerdo con eso, pero me parece que, entendiendo, y a la luz de lo que hemos escuchado de los testimonios de la mesa anterior, que realmente la antipoesía constituyó una revolución, un cambio, un remezón absoluto en la poesía chilena, hispanoamericana y en lengua castellana, porque he de decir que Gabriel Celaya en España, Gloria Fuerte en España y una serie de figuras, no serían las mismas sin Nicanor Parra, esto hay que decirlo, porque hablamos mucho de Latinoamérica, pero también hay que pensar que esto tuvo su eco en su momento en los años sesenta, fundamentalmente, en la época del franquismo en España, ¿no?, entonces es importante entender también que se proyecta más aún a veces una obra de lo que uno cree. Pero también es estúpido y creo que muy provinciano darle todos los créditos a Parra en el sentido de no entender que la influencia de la poesía anglosajona en él es tremendamente poderosa, es tremendamente poderosa, y que muchos de los cambios que la antipoesía inserta en la lengua castellana ya están en la tradición poética occidental. No los descubre Parra, los reinstala, digámoslo así, en la tradición de nuestra lengua, en Chile primero, Hispanoamérica después, España luego. Por lo tanto, su aporte es indiscutible, extraordinario, pero yo creo que empieza y termina con él, para concluir digamos lo que voy a decir. Y en segundo lugar, por todo lo bien y por todo el aire y por todo el oxígeno invisible, como diría Octavio Paz con respecto a Huidobro, que nos dio y que nos ha dado – porque está vivo, no lo enterremos todavía, ¿no?– Parra, también le ha hecho un daño extraordinariamente grande a la poesía chilena, porque cualquier joven con un lapicito se cree capaz de escribir un antipoema, lo cual, y lo digo por experiencia, veintiséis años dirigiendo un taller de poesía, claro, esto también es muy complejo, o sea, porque, por ejemplo, ha hecho que la gente, digamos, valide una línea de autores que va de más a menos: Parra, Cardenal, Benedetti (¡el horror!), ¿no es verdad?, porque eso ya es ilegible, digamos, quiero decir, en el sentido que terminamos con los póster Village, con las tarjetas de cumpleaños, ¿no? Bueno, a eso voy, en una declinación cada vez más terrible y donde los jóvenes autores, sobre todo los muchachos, las muchachas de veinte años, dieciocho años, no son capaces de ir a las fuentes de Parra, lo que también es súper importante. O sea, Parra no nace por generación espontánea, sino que todo autor pertenece a un tejido en la literatura.

Leonidas Morales
Tú tienes razón en el sentido, ¿verdad?, que nosotros podemos encontrar en periodos anteriores o en autores anteriores elementos que Parra recoge, pero yo quisiera poner el acento en eso, ¿verdad?, que es una manera, diríamos, de leer a Parra, pero como un autor situado, históricamente, espacialmente, y desde ese punto de vista creo que se sostiene de alguna manera hacer esa afirmación, se trata de destituir un yo, un sujeto, que en el fondo es lo que ocurre en todos los planos, ¿no?, de la cultura y del pensamiento. A eso asistimos en la actualidad, a la imposibilidad de hablar como un yo, como un sujeto, con una identidad clara. La ambigüedad nos corroe por todos lados, bueno, perdón, Manuel, ¿y Javier?

Manuel Jofré
Voy a hacer algunas consideraciones generales primero y luego quiero entrar a trabajar y analizar el proceso de construcción inicial del antipoema, ciertamente que como toda escritura, y lo que nosotros estudiamos son escrituras, como toda escritura, la escritura de Nicanor Parra tiene sus diferentes momentos y estratos y desarrollos, y esa discusión es una discusión que va a develar nuestros diferentes puntos de vista aquí y en otros lugares y por cierto que hay una vinculación que me parece innegable y primera, una vinculación de la antipoesía con lo posmoderno en un grado tal que es un anuncio de la posmodernidad, la construcción de la antipoesía, y ese concepto de posmodernidad como todos sabemos, recién viene a ser instalado por Lyotard en 1980 cuando aparece el libro que le encargó, La condición posmoderna, el conglomerado de las universidades canadienses.
El desarrollo de la poesía de Parra es clave para entender lo que es el proceso de constitución y desarticulación del sistema poético chileno en el siglo XX.
Partamos por la idea de que hay tres vanguardias y no solo una, ¿verdad?; si utilizamos la terminología de las vanguardias tenemos la vanguardia en la segunda década que comienza entre fines de 1915-1916 y que concluiría probablemente con la publicación de Residencia en la tierra dos, en la versión de Cruz y Raya en Madrid. Hay una segunda vanguardia, que es la vanguardia de medio siglo, la vanguardia neorrealista, lo que yo llamo la revolución antipoética, esa vanguardia se demoró también mucho tiempo en constituirse como tal, hasta emerger con todo su carácter en 1954, y de lo que quiero hablar posteriormente es cómo de los 16 años en que, entre 1935 y 1954 y el año 39 también, hay que tomar varias fechas, todo el proceso que hizo Parra de experimentación y búsqueda que es algo que ha sido, que está en proceso de exploración y no está del todo conocido. De todas maneras, yo aquí voy a coincidir con muchas de las personas que me han antecedido en entender que la antipoesía es un freno a la poética simbolista, que tiene en su centro al sujeto constituido e incólume, por cierto que todos también han concluido que hay una relativización de lo nerudiano, es decir, la hegemonía del lenguaje nerudiano que se impuso, ¿verdad?, sobre todos los lenguajes poéticos. Podemos observar una transformación radical en el sistema poético chileno a través de la escritura de Parra. Sobre todo, me parece a mí importante decir esto: después de Neruda no hubo poetas nerudianos y, por tanto, no me sorprendería que no hubiese poetas parrianos, pero yo voy a decir a la inversa: todos los poetas que vinieron después de Parra, en algún momento de su obra, de sus publicaciones, su escritura, asumen la poética, la antipoesía, la poética de la antipoesía y está presente en su obra. Yo creo que el único poeta nerudiano que tenemos hoy día vivo es, obviamente, Raúl Zurita, quien ha seguido, ¿verdad?, en ciertos aspectos homenajeando a Neruda más que a Parra, aunque digamos, también, es un ferviente admirador de la poesía de Parra, pero eso no está inmediatamente presente en la trilogía por lo menos de Zurita. Entonces, me interesa a mí recordar que, primero, el origen de la antipoesía está al mismo tiempo en la prosa y en la poesía. Eso es en la revista Nueva de 1935, donde aparece "Gato en el camino", un relato absurdo, fantasioso, de Parra y, al mismo tiempo, en esa misma revista, aparece una sección llamada Sensaciones que incluye tres poemas. En esos poemas ya hay imágenes que uno puede llamar surrealistas o absurdas o de superrealidad, según sea la terminología literaria que uno quiera, en ese punto, adoptar. En segundo lugar, me gustaría decir que no se ha hecho adecuadamente una lectura de Cancionero sin nombre. El Cancionero sin nombre es un anti cancionero. No es una imitación de Lorca, no tiene elementos garcilorquianos, tiene una inversión y una parodia, que es el mecanismo esencial, según Jameson y otros, ¿verdad?, el mecanismo esencial de la postmodernidad y es esa parodia o pastiche evidencia que comienza simplemente una exploración de Parra que, básicamente, se da en dos fases: en Santiago, entre el 32 y el 37 y, posteriormente, entre el 37 y el 39 en Chillán. En esa exploración emergen, por ejemplo, poemas no recordados por nadie y no encontrados por Floridor, porque Parra escribió poemas de búsqueda histórica, poemas históricos: un poema dedicado a Manuel Rodríguez, que está allí en el tomo uno y también un poema dedicado a José Miguel Carrera, es decir, recurrió a la historia y a la épica como mecanismos y como formatos para recuperar narrativamente y, esto es súper importante, recuperar diegéticamente parte de la historia nacional. También escribe poesía política, relacionada con problemas sociales, poesía muy política y, finalmente, incluso, tiene poesía nerudiana, como son los llamados "Ejercicios retóricos" o "Ejercicios respiratorios", que son fechados, aunque se publican en el 54, son fechados en Estados Unidos en 1943. Lo que a mí me parece más importante en todo esto es que si uno adopta como óptica la perspectiva del cronotopo, esto es, visualizar la coordenada temporo–espacial como decisiva en la construcción de un texto, de estos textos a los cuales estoy aludiendo, que deben ser unos veinticinco o treinta poemas, ¿verdad?, uno encuentra, primero que nada, un cronotopo que nunca antes se había percibido, no había sido percibido por la crítica: el cronotopo autobiográfico. Esto es, la mayor parte de los poemas están organizados en torno a experiencias personales de un sujeto que está situado en una ciudad que visita; en segundo lugar, esta ciudad tiene costumbres y tiene hábitos y tiene ciertas características típicas. Lo que encontramos es un segundo cronotopo, el cronotopo llamado costumbrista, con esa adjudicación, ¿verdad?, hay variados poemas; setenta por ciento de ellos, diría yo, caben dentro de ello. En tercer lugar, desde el inicio que Parra tiene una consideración positiva de la naturaleza, y esa es la manifestación del cronotopo idílico. Esa idea de la naturaleza está puesta en las aguas, está puesta en la vegetación, está puesta en las montañas, en una cantidad de elementos naturales; y, finalmente, el cuarto y último cronotopo que también es estructurante y omnipresente, si ustedes observan, digamos, y todos, por favor, pongan a prueba mis afirmaciones, el cuarto y último cronotopo es el cronotopo del camino, que implica un encuentro con personas en variadas circunstancias.
Todos los poemas del año [19]39, están marcados por la idea de la muerte, exceptuando "Sinfonía de la cuna". "Sinfonía de la cuna" es el primer antipoema con todas las características antipoéticas. Ahora, no todos estamos de acuerdo en qué significa todas las características antipoéticas, por cierto, pero ese poema, "Sinfonía de cuna", está publicado en Ocho nuevos poetas chilenos, una antología en la cual tuvo una cierta gestión Tomás Lago, él escribió la nota preliminar. Esa antología fue hecha por la Sociedad de Escritores de Chile y publicada por la Universidad de Chile, el año [19]39 y yo creo que ahí ya está la fórmula de los antipoemas. ¿Cuál creo que es la fórmula de los antipoemas? Creo que en un antipoema se construye una situación inicial, que es un punto de partida de una historia, una historia que es una situación, pero que va a tener un devenir, un carácter procesal. En segundo lugar, esa construcción, esa historia tiene, un formato, pertenece a un género y ese género es desestabilizado, es profanado. Voy a preferir en lugar de desacralización, que es una palabra que usó Mario Rodríguez hace muchos años, en los tiempos que estaba de moda Mircea Elíade, voy a preferir la palabra de Vattimo, profanación. Eso es lo que hay en el mecanismo antipoético, es decir, la profanación del género o del formato, el cual suele estar enunciado en el título mismo. Lo que se va a deconstruir en el interior del poema, en la mayor parte de esos poemas, es el título que anuncia la forma que va a ser relativizada y cuestionada. Lo que se hace, se lo parodia, se parodia al género, formato o situación inicial, se la exagera, se la distorsiona. En consecuencia, en el interior del antipoema se produce, como en la propia palabra antipoema, una lucha entre dos fuerzas, una lucha que provoca un conflicto, una tensión interna, una oposición entre estas dos fuerzas de diversa índole. En este sentido, recojo la expresión de Clemente Riedemann en torno a la cuestión del carácter dialéctico, la cuestión de la tesis y antítesis que está siempre vigente en el interior de los antipoemas y que es la mejor manera, creo yo, de abordarlos. Muchas gracias.

Javier Bello
Qué difícil es establecer algunas certezas sobre cuestiones que son completamente pantanosas, y la primera sensación que yo tengo sobre la antipoesía es que voy caminando por un pantano, por una arena movediza, un vals, como dice el propio Nicanor, en un montón de escombros, una empresa de demoliciones, yo creo que esto es parte del interés que puede suscitar una escritura como la de Nicanor. No creo que el interés o la atracción o la calidad o la densidad de la escritura de Nicanor Parra se deba a la invención de un modelo que se llama antipoesía, sino a la propia escritura de Nicanor, como yo creo, por ejemplo, que la atracción o la densidad, voy a hacer la comparación al tiro, no es cierto, de la escritura de Huidobro se deba a la invención de un modelo que se llama creacionismo, sino a la escritura misma. Ahora, si uno, de alguna manera, cree o establece un parámetro de fe en estas fantasías nuestras, chilenas, de construcción de –ismos, como la antipoesía o como el creacionismo, yo debería decir, a diferencia de lo que dice Leonidas, que la antipoesía es una, así como creo que el creacionismo es uno, lo que pasa es que yo creo que son poéticas modulares, que van estableciendo modulaciones, según los contextos y según distintas técnicas, distintos descubrimientos de la escritura. Me parece tan antipoético como quizás no me lo parece el Cancionero sin nombre, para nada me parece un libro que esté dentro de la antipoesía, porque creo que, más bien, hay una influencia bien directa de los elementos lorquianos, pero, por ejemplo, en los Ejercicios respiratorios creo que ya hay una influencia, puede haber influencia –como en Poemas y Antipoemas– de los poetas anglosajones; creo que es parte de un fenómeno plenamente latinoamericano definido por Lezama Lima, por Octavio Paz, por una serie de autores, por lo brasileros, por Osvaldo Andrade, por Girondo, que tiene que ver con la capacidad antropofágica del estómago latinoamericano, de asimilar una serie de cuestiones y sacarlas de contexto. Es lo que hace Darío con la poesía francesa, como lo hacen los brasileros con respecto al arte negro y etc. Dentro de eso, me parece fantástico, como lo que trató de hacer Manuel acá, definir cuál es el modelo, el modelo antipoético, o lo que hizo Federico Schopf en el libro De la vanguardia a la antipoesía, que yo le saco el sombrero. Ese modelo que ya Schopf define con completa lucidez, creo yo, es el modelo que, de alguna manera, se instala como la poesía dominante en Chile a partir de la Generación del Sesenta. O sea, desde los encuentros de los poetas del sesenta, la poesía de Parra pasa a ser un modelo que las escrituras ponen en práctica: Quezada, Millán, Floridor, Lihn, el mismo Schopf, lo ponen en práctica y lo fracturan y lo cambian y lo desestabilizan. Lo que el mismo Nicanor hace con su propio modelo, que es, también, de alguna manera, cambiarlo, desactivarlo y volver a activarlo en otras situaciones. Se ha acusado mucho a Nicanor de sus supuestas inconsistencias políticas, como la tacita de té con la señora de Nixon, el poema que supuestamente escribió a los militares después del 11 de septiembre el poeta postmoderno. Yo creo que, como dice Manuel, es efectivamente un poeta postmoderno desde el comienzo. De hecho, las "Prédicas", en todas sus versiones, son un juego eminentemente postmoderno, donde el sujeto, este borramiento del sujeto, esta capacidad de asumir voces, esta capacidad de asumir distintas perspectivas, distintas posiciones políticas al mismo tiempo, contradictoriamente, es una consecuencia lógica de la incomodidad del establecimiento de la modernidad en las letras de Latinoamérica. La Mistral, Neruda, Huidobro, el mismo Nicanor, Girondo, Octavio Paz, Lezama Lima, padecen y se ríen de esta necesidad de establecer las letras dentro del paradigma de lo moderno. Otra cosa que me llama la atención es que no haya ninguna mujer sentada aquí, en la mesa, porque, fíjense bien, que me interesa harto, porque la máquina de demoliciones de la antipoesía pasa por la negación de las poéticas de Huidobro, de Rosamel del Valle, de Humberto Díaz Casanueva, de Neruda, de De Rokha, de todos los grandes poetas metafísicos, creacionistas, terráqueos, Pablo de Rokha, comprometidos políticamente, los proyectos que la antipoesía considera proyectos previos, proyectos fundadores, pero la Mistral no está incluida entre los poetas de gafas oscuras o el poeta toro furioso. En ese sentido, me parece que la resurrección de la poesía de la Mistral en los ochenta plantea una problemática sobre aquellas negaciones de la antipoesía, como que no existía la Mistral no más, o, por ejemplo, la resurrección de Rosamel del Valle en los años noventa, en que Leonardo Sanhueza publica a Rosamel del Valle. De alguna manera, hay zonas que la antipoesía niega, porque Huidobro es negado como referente desde la poesía de los sesenta. Quería solamente insistir en la cuestión de las mujeres. La figura, la supra-figura de Violeta Parra.
Cuando escribe la "Defensa de Violeta Parra", Violeta está viva. Ahí hay una cuestión que es casi poietomancia… la mata antes. La mata antes porque la necesita muerta, porque no es posible establecer una santidad como la de Violeta Parra, como la que establece en el poema, una súper-santidad. Todos los valores positivos de las mujeres y de la madre resumidos en una sola persona, todos los valores de Cristo Rey en la gloria resumidos en una persona, que es capaz de resucitar a los muertos. Por ejemplo, la Stella Díaz Varín tiene un poema que habla de "la cabellera". Todo el sistema patriarcal necesita una mujer muerta.

Leonidas Morales
Bueno, ustedes ven que textos como la antipoesía, o sea, grandes textos, permiten la diversidad de lectura, que justamente estamos aquí observando. Abriríamos un diálogo, para que ustedes puedan intervenir, interpelando a algunos de los que han intervenido previamente o planteando cuestiones que no se han dicho.

Federico Schopf
Yo he tenido la sensación desde hace tiempo de que las exposiciones de Nicanor son exposiciones que se limitan a mostrar, es decir, que han perdido dimensiones de disidencia crítica y eso creo que hay que estudiarlo. Y también habría que advertir que en los estudios parrianos hay que tener más conciencia filológica. Hace poco yo revisé una buena tesis en que se comentaban textos de Parra de los años 30 y se habla de "los Ejercicios respiratorios". Se llamaban "Ejercicios retóricos", no "respiratorios". Es decir, existen muchas dimensiones de la investigación de Parra en que se ha procedido, o, sin criterio filológico, o, sin contextualización.

David Wallace
Básicamente la percepción de mi generación con respecto a Parra era un Parra que anestesiaba, no conmovía, no provocaba, no pasaba nada de lo que le pasaba a la generación de ustedes, de los sesenta, ¿cierto?, porque era, básicamente, el facilista, el recursivo.
"Chistes par/r/a desorientar a la policía poesía" ya era muy aburrido. Creo que eso es bien importante, porque precisamente esa generación fue a buscar en otros referentes que también visitó Parra. Naturalmente Huidobro y uno puede llegar más atrás también. Podemos llegar a Darío, pero en general a los modernistas en las impostaciones y la gestualidad de las retóricas modernistas. También se reían mucho de sí mismos.

Leonidas Morales
David, yo pienso que esa antipoesía de Parra que nosotros leíamos en la década del sesenta también tenía ciertas condiciones de lectura, de orden social, de orden político, de orden cultural, sin las cuales esa poesía no hubiera operado, no hubiera funcionado.

Andrés Morales
Es que tú no puedes disociar el poema del espíritu de una época.

David Wallace
Eso era en dictadura, Leonidas, y eso anestesiaba.

Leonidas Morales
Bueno, en la dictadura, justamente, comienza a construirse este modelo en el cual estamos. Y probablemente, de una manera inconsciente…

Andrés Morales
Pero, en Dictadura era mucho más duro, El paseo Ahumada de Lihn, o La ciudad de Millán, que el discurso de Parra.

Javier Bello
O La nueva novela de Martínez, si bien son relecturas de la antipoesía. Yo creo que La nueva novela es consecución de la antipoesía.

Leonidas Morales
Hay muchas zonas, ¿verdad?, de la poesía de Parra, de la lectura de la poesía de Parra, que no han sido estudiadas hasta ahora, y que me parecen a mí interesantísimas. Por ejemplo, poder conectar, de una manera más puntual, más precisa, la relación entre la antipoesía y la política, y cuál es la postura del poeta, diríamos, como nombre propio, ¿cuál es la postura del poeta frente a contextos políticos?
A lo mejor voy a cometer una pequeña infidencia pero yo creo que tiene sentido, ¿no? Cuando volví, como muchos otros, de los años de exilio desde luego, algunas de las cosas que hice fue buscar a Nicanor y reanudar una amistad que había empezado muy bien. Entonces a mí me llamó profundamente la atención, y no quise insistir en eso porque iba a terminar en una discusión y una ruptura, me llamó mucho la atención cuando él me dice: "¿Tú sabes que yo estaba en la lista del Plan Z?"

Federico Schopf
A mí me parece comparar la época visual de la poesía de Parra con algunos textos de Diego Maquieira; por ejemplo de los Sea Harrier, donde el lector nota claramente que hay nuevas perspectivas, nuevas maneras de examinar el norte, el sur, el este, el oeste. Estamos alienados en la sociedad en la cual vivimos, sin coordenadas tranquilizantes, suspendidos en el vacío.

Leonidas Morales
Exactamente.

Federico Schopf
Ahí se produce la impresión de desamparo del lector, naturalmente uno puede ponerse a llorar, pues advierte que vivimos en un mundo suspendido en el vacío. En cambio, yo vi la exposición, dos exposiciones de objetos una en Madrid y la otra acá en La Moneda y me produjeron el efecto de un amontonamiento de imágenes que no tienen otra cosa que ser, a veces, una narratividad casi pintoresca, algo que no irradia un contenido claro, tampoco político. Es un espectáculo como el que puede haber, digamos, en los mall, una cosa así.

Leonidas Morales
Exacto, exacto.

Federico Schopf
Todos estos acontecimientos son despolitizaciones de la obra parriana.

Andrés Morales
Son sociología. Además que hay una cosa que es un poquito soberbia y con esto termino, y es cuando en esta búsqueda del parricidio, que yo decía, o en esta necesidad de parricidio que dice Nicanor: "¿y dónde está el pensamiento poético de la Mistral?", "¿y dónde está el pensamiento poético de Huidobro?", "¿y dónde está el pensamiento poético de Neruda?", ¡¿y dónde está el pensamiento poético de Parra?!". Si negamos a todos los pensamientos poéticos; yo creo que cada uno de ellos tiene su pensamiento poético.

Federico Schopf
Pero hay un desarrollo importante de la poesía de Parra. Aunque –según dice Leonidas– produzca la sensación de espectáculo.

Leonidas Morales
Yo quería hacer una observación sobre algo que dijiste tú, Javier. Yo no creo que la antipoesía sea exactamente un modelo. El modelo quizás lo construimos nosotros después como lectores, pero en el momento mismo de la lectura tú no estabas viendo allí un modelo, estabas viendo un lenguaje operar de una manera distinta, ¿no?, a los otros lenguajes poéticos que tú conocías. Eso es, yo diría, más que un modelo, es una respuesta.

Walter Höfler
Solamente una observación. Yo creo que hay cuestiones pendientes. Yo he leído en casi todos los estudios que se habla de ironía, pero no se define la ironía de Parra. Curiosamente, todos mencionan la ironía, pero nadie se detiene a examinarla a fondo.

Leonidas Morales
Gracias por su presencia y su audiencia y ojalá estos diálogos hayan contribuido a hacer justicia al [anti]poeta.
[Aplausos]


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