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"Soy un bicho de la tierra como cualquier ser humano, con cualidades y defectos, con errores y aciertos, -déjenme quedarme así- con mi memoria, ahora que yo soy. No quiero olvidar nada."



José Saramago

miércoles, 6 de julio de 2022

OCHO POEMAS DE “LA ROSA DE TU AROMA” DEL ESCRITOR CHILENO ERNESTO GONZÁLEZ DÁVILA




La rosa en la piedra

 

Detenido en la piedra de la rosa 

por la luz de la rosa detenido 

escarbando ese cuerpo detenido

entre voces que me hablan de la rosa

 

Esa piedra dormida es como rosa 

y mi paso en la piedra es detenido 

por la voz del aroma detenido

en la suave figura de la rosa

 

Esbozada en la piedra aquella rosa 

como un trozo de tiempo detenido

incrustado en la piedra de la rosa

 

Ese tiempo en la piedra detenido

Ese cuerpo cautivo de la rosa

Ese sueño en la rosa detenido

 

 

La rosa de tu aroma


 

En silencio provienes del aroma 

que mis ojos confieren a la rosa 

de tu pelo en cadencia silenciosa

que entre lámparas y voces se asoma

 

Entonces yo te encuentro en la paloma 

de tu voz y tu rostro y de mi ansiosa 

palabra que te llama y que te acosa

en esa rosa que mi mano toma

 

Y no acude fragancia ni sonido 

si mi mano su gesto no apresura

porque todo lo que viene ya se ha ido

 

Y retrato tu aroma en la hermosura 

de aquella rosa que en silencio pido 

a la brisa que mece la espesura

 

 

 

La rosa capital


 

Floreces de fragancia y de belleza 

de la esencia olorosa en el camino 

cumpliendo solamente tu destino

de rosa inalterable en su pureza

 

Contemplo tu figura y no respiro 

no me atrevo siquiera a decir rosa 

inhalo simplemente tu preciosa

sencillez cuando intento algún suspiro

 

A tu lado yo espero en larga vela 

palabras que traduzcan lo innombrable 

que tu imagen de rosa me revela

 

Claridad de la rosa indescifrable 

a tu lado mi voz se hace gemela

del silencio que rodea lo inefable



Rosa eterna y pasajera

 

 

Secreta humanidad cuando apareces

Herida en mi costado tu presencia

Evoco la humedad de tu inocencia

Sagrada claridad cuando amaneces

 

Ajena a tu pasión nunca pereces

Y pueblas y dominas con tu esencia 

Parece que el ser rosa es penitencia

de eterna soledad cuando floreces

 

Crepitas al nacer como si llama

Fulgente amanecer tenaz belleza

Ni las espinas quedan de tu rama

 

Creciendo está la rosa en la tibieza

Botón cuna y sepulcro de tu trama

Y siempre eternidad y fuga presa

 

 

 

La rosa en el río

 

 

La rosa no es la misma en este río 

ni su olor se refleja esa rosa 

porque sólo es una imagen de la rosa

la que brilla en las aguas de este río

 

Mi rosa se estremece ante el sonido  

y no logro tomar aquella rosa 

del agua que refleja la otra rosa

que escurre con la imagen del sonido

 

Imagen de la rosa reflejada 

la sombra de tu sombra está en el río

vestida de cristal y de sonido

 

La rosa en tu ilusión es reflejada 

vibrando en las entrañas de este río 

en busca del candor de tu sonido


 

Mar


 

El sueño del mar y la edad de su huella 

en su canto las olas nos traducen 

y sobre el vientre esas voces relucen

como el brillo del agua que se estrella

 

Este mar no descansa y siempre alerta 

se agita y se levanta y se hace vuelo 

de palomas en el color del velo 

que proviene de aquella herida abierta

 

Este mar conjugado en el delirio 

del sonido del sueño de su oleaje

refleja la quietud que tiene un lirio

 

En mis ojos detiene su carruaje 

y su cuerpo se vuelve luz de cirio

cuando enciende mi voz con su lenguaje

 

  

La campana

 

 

En el bronce modelas tu tañido 

similar al sonido de las alas 

de las aves que danzan y que igualas

en el vuelo del grito repetido

 

La campana es el eco del latido 

de la marcha que asciende sin escalas 

de las aves vestidas con sus galas

en la fiesta del cielo florecido

 

Al tañer la campana se aparece 

el alado sonido y su festejo

en el claro metal que se estremece

 

Y en su cuerpo metálico de espejo 

el aliento emplumado resplandece 

al brillar en la altura se reflejo

 

 

Tiempo


  

Entre las grietas el tiempo se cuela 

en el breve gemido de una puerta 

ensortijada por la mano incierta

de aquel secreto que no se revela

 

El tiempo brilla en la luz de una vela

Danza en las olas de la mar despierta 

Su canto se escucha en la voz desierta

de esa tristeza que no se consuela

 

Del abismo en el dolor que resuena 

el tiempo muestra el poder de su mano

que teje sin cesar una cadena

 

Y siempre tan ausente y tan cercano 

el tiempo nunca acaba su condena

de silencio que parece lejano



Ernesto González Dávila nació en Santiago de Chile. Ha publicado No Muere el Sueño (Mago Editores, 2013); La Rosa en la Piedra (plaquette) en edición inglés-español (Cuadernos de Casa Bermeja y Mago Editores, 2017) y La Rosa de tu Aroma (Mago Editores, 2021). Su poesía ha aparecido en diversas antologías y revistas.  Participó en el primer taller de poesía “Códices”, de la Universidad de Chile, y también fue becario del taller de poesía de la Fundación Pablo Neruda.  

Sitio web: https://ernestogonzalezdavila.cl

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